Un día con mujeres que conocen la verdadera libertad

Por Katie Laitkep

En el capítulo 13 del Evangelio de Lucas, encontramos a Jesús enseñando en el día de reposo en una de las sinagogas. Allí había una mujer encorvada, imposibilitada de enderezarse; ella había estado sufriendo por dieciocho años. Jesús la ve y la llama.  Ella adelanta hacia Él, con sus ojos hacia el suelo, sintiendo los ojos de la multitud sobre ella. De pie delante de Jesús, ella se esfuerza por mirarlo. Él le dice: "Has quedado libre de tu enfermedad.” Eres libre.

Ella comienza a alabar a Dios y se detiene cuando Jesús pregunta al oficial de la sinagoga: "Y ésta, que es hija de Abraham, a la que Satanás ha tenido atada durante dieciocho largos años, ¿no debía ser libertada de esta ligadura en día de reposo?”  La mujer no olvidará estas palabras. Jesús está defendiendo su dignidad en un lugar donde las mujeres tradicionalmente han sido rechazadas; Él está mostrando a los líderes Su poder, y a ella le está mostrando Su cuidado. Él está declarando que ella es una hija de Abraham, una heredera de acuerdo a la promesa, parte de la familia de Dios. Valiosa mujer, bienvenida a la hermandad.

Somos mujeres que Cristo ha hecho libres: mujeres nacidas en un mundo quebrado, en cuerpos adoloridos y corazones amargos, con mentes inclinadas a seguir nuestro propio camino; mujeres que vienen a Cristo con deseos tan torcidos, que jamás pudiéramos enderezarnos por nosotras mismas. Nos mantenemos en pie debido a Él. Permanecemos asombradas ante Él. Somos alineadas y enderezadas por Él.

Un día sin una mujer

Hoy, 8 de marzo, muchas comunidades se verán afectadas por "Un día sin una mujer", una protesta organizada por el mismo grupo detrás de la Marcha Mundial de Mujeres que se llevó a cabo en enero. Durante veinticuatro horas, las mujeres desaparecerán de sus círculos habituales a lo largo del país con el objetivo de que el mundo preste atención. Se abstendrán de trabajar y se abstendrán de comprar artículos en línea o en tiendas. Al retirarse de la economía, las mujeres demandarán que el mundo reconozca su importancia.

Algunas personas se sentirán atraídas por este evento para protestar por la marginación de las mujeres discapacitadas, la misoginia, el abuso doméstico, el racismo y otros asuntos increíblemente importantes. Sin embargo, como mujeres cristianas, necesitamos entender que si favorecemos esta huelga, nuestras acciones afirmarán los Principios de Unidad del movimiento, especialmente los puntos de vista no bíblicos de sus fundadores, acerca del género, el matrimonio y la reproducción. Puesto que estas opiniones contradicen claramente la Escritura, no podemos apoyarlas.

Las mujeres que Cristo ha hecho libres

Los organizadores de "Un día sin una mujer" proclaman: "Debemos liberarnos a nosotras mismas y a nuestra sociedad. .  "  Pero nosotras somos mujeres que hemos encontrado la verdadera libertad en Cristo; somos mujeres a quienes Él ha dado vida a través de Su fortaleza.

Somos mujeres que han muerto a su pecado, que han sido resucitadas por el poder de Dios, que han llegado a ser herederas del Rey crucificado. Aquél que no consideró Su igualdad con Dios como algo a qué aferrarse, entregó Sus derechos para que nosotras pudiéramos ser justas. Él entregó Su vida por amor.

Somos mujeres creadas por Dios a Su imagen, diseñadas con dignidad y valor, que se aferran a la obra del evangelio. Aunque el mundo no siempre ve el valor de las mujeres, buscamos reflejar el respeto y la misericordia que hemos recibido en la Cruz, "estimando a otros por encima de nosotras, buscando edificarlos”, abrazando la hermosura de la gracia.

Somos mujeres que defienden el diseño de la humanidad del Dios Creador; mujeres que ven el concepto de Dios de "hombre y mujer" como parte de Su plan magnífico y lleno de propósito. Somos mujeres que sostienen que el matrimonio es "sagrado y vinculante", entre un hombre y una mujer, y lo celebramos y lo apoyamos como tal. Somos mujeres que vemos el valor que Dios le ha dado a la vida humana, y lo valiosa que es en todas sus etapas y estaciones, de  manera que luchamos para protegerla "desde el momento de la concepción hasta la muerte legítima".

Somos mujeres que han nacido de nuevo, mujeres que doblan sus rodillas sobre la Roca Sólida, que se humillan en solidaridad, "firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio.” Gracias, Señor, por el gozo de esta hermandad.

En Lucas 13 nos encontramos con una mujer que, después de dieciocho años de sufrimiento en tan solo unos minutos experimentará su curación. Cuando Jesús la llama, ella camina hacia Él, y los últimos pasos dolorosos que toma la llevan directamente a Cristo. Él es su meta, su tan esperado Sanador, y nosotras somos mujeres que caminan de la misma manera. Cada paso que damos nos acerca cada vez más, como de gloria en gloria, hasta llegar a ver a nuestro Salvador cara a cara. Totalmente libres, al fin.

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