¡Un salto de fe!

Cuando era niña solía hacer actividades que comprometían mis condiciones físicas, tales como nadar, correr, andar en bicicleta, patinar, saltar la cuerda, entre otros. Era muy divertido, sobre todo cuando había amigos con quienes competir.

Una de las categorías que más admiro de las Olimpíadas es la de los saltos olímpicos. Muchas mujeres son reconocidas como medallistas, por practicar triple salto, salto de longitud y salto de altura. Estas atletas llevan un ritmo de vida muy disciplinado, para conseguir tanta habilidad, movilidad y rapidez.

De igual modo, cada una de nosotras somos llamadas a vivir, dando saltos, no físicos u olímpicos, sino, saltos de fe cuando enfrentas circunstancias donde no encuentras salida, solución o sentido de  las cosas, y en lugar de estresarte, tomar decisiones apresuradas o perder el control, decides creerle a Dios, y dejar todo en Sus manos.

En el libro de Hebreos en la Biblia se nombran grandes hombres y mujeres que vivieron por fe. Estos hijos de Dios, por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas y pusieron en fuga ejércitos extranjeros (Heb. 11: 33-34).

En la Palabra de Dios encontramos muchos versículos que nos ayudan en el proceso de ejercitar nuestra fe:

- Aunque la fatiga, el estrés y la debilidad física nos pueden desanimar,  no importa cuán débil estemos, recordemos estas palabras: “Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Cor. 12:8).

- En Mateo 7:14 la Biblia nos muestra que el camino que guía a la vida, es estrecho y angosto. Muchas veces los obstáculos serán difíciles de lograr, pero la buena noticia es que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece (Flp. 4:13)

- La fe no es algo que se puede palpar o medir. La fe es creer sin ver. Es saber que las promesas de Dios se cumplirán, porque El lo dijo. Podemos estar tan seguras de esto a través del Espíritu Santo que nos trae convicción. (Heb 11:1). 

Un ejemplo increíble de lo que es dar un salto de fe, lo encontramos en la vida de Pedro cuando a pesar de las circunstancias, en una barca azotada por las olas y con un viento contrario, él escuchó la voz de Jesús que caminaba por las aguas, y le dijo: Ven, Pedro descendió de la barca y anduvo sobre las aguas para ir hacia El.

La enseñanza principal de ese evento, no es solo la fe de este hombre pues vemos que tuvo miedo, y comenzó a hundirse, debiendo Jesús extender Su mano para ayudarle a la vez que le decía “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”. La clave para no hundirnos cuando demos un paso de fe es mantener nuestra mirada en Jesús y no dudar.

Aunque haya mucho ruido a nuestro alrededor y tengamos miedo, sin importar lo que ocurra, miremos a Jesús. Así como un padre atrapa a su hija al lanzarse en la piscina, nuestro Padre Celestial estará ahí para sostenernos cuando demos ese salto de fe.  Puestos los ojos en Jesús. (Hebreos 12:2) 

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Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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Sobre el autor

Albelina  Reyes Gómez

Albelina Reyes Gómez

Albelina disfruta de dar consejos a través de la Palabra de Dios a adolescentes y jóvenes. Es voluntaria de varias organizaciones que promueven las misiones, y dar a conocer a Cristo en su país, Republica dominicana. Le encanta escribir, anécdotas y sobre las cosas que aprende a través de las circunstancias y el día a día, en su tiempo libre, le gusta pintar y tocar guitarra. Es su deseo que toda mujer pueda experimentar y conocer el amor y los grandes propósitos de Dios para sus vidas.