Una lección de una anciana malagradecida

Durante años, tuve colgado sobre mi refrigerador un trozo de papel con el antídoto para convertirme en una anciana gruñona. ¿Quieres saber lo que decía? Antes de decirte, déjame explicarte qué fue lo que motivó mi búsqueda por tener esta fórmula a la mano.

Todo comenzó cuando trabajaba como terapeuta en un hospital de rehabilitación y observé la marcada diferencia en las actitudes de dos pacientes ancianas en particular. Una tenía una amputación por debajo de la rodilla. La otra tenía una lista de dolencias que rivalizaba con la cantidad de artículos de una lista de compras navideñas. Ella era hemipléjica, artrítica, osteoporótica y con un poco de ceguera, ¡y eso solo era el comienzo!

Pero la anciana con la condición física debilitante estaba alegre, mientras que la que tenía su pie amputado era malagradecida y tenía poca tolerancia. Por supuesto, que alguien te corte la mitad de la pierna no es para nada la mejor ni más agradable imagen, pero en comparación con la otra mujer, la rehabilitación de esta mujer sería relativamente simple: le colocarían una pierna falsa, saldría del hospital y sería bastante funcional. El pronóstico de la otra mujer fue sombrío: sería dependiente, confinada a una silla de ruedas y terminaría sus días en un centro de enfermería de atención completa en lugar de en su casa.

Sus habitaciones estaban una al lado de la otra, lo que hacía que el contraste entre las dos mujeres fuera aún más sorprendente.

Las cortinas de la habitación de la mujer alegre estaban abiertas para dejar entrar la luz. En todas las superficies disponibles se exhibieron tarjetas y flores de simpatizantes. Tenía un flujo constante de visitantes. A menudo se podía escuchar el murmullo de la conversación y la risa. A las enfermeras y terapeutas les encantaba satisfacer las necesidades de esta mujer, porque siempre eran recibidas con una sonrisa agradable y un agradecimiento: «¡Muchas gracias, querida!».

«El corazón gozoso alegra el rostro, pero en la tristeza del corazón se quebranta el espíritu». - Proverbios 15:13

La anciana malagradecida mantenía las cortinas cerradas. Ella se refugió en la oscuridad. Los visitantes, cuando llegaban, rara vez se quedaban mucho tiempo. En lugar de reír, a menudo se podían escuchar sus quejas fuertes, sus críticas y su forma grosera de hablar al personal de la clínica. «Gracias» era una palabra que no estaba en su vocabulario. Temía entrar en su habitación.

Fue entonces cuando decidí que nunca me convertiría en una anciana malagradecida. Y fue poco después que escuché a Elisabeth Elliot hablando en la radio, y corrí por un pedacito de papel para escribir esta cita: «Siempre es posible estar agradecido por lo que se da, en lugar de estar resentido por lo que se retiene: una actitud u otra se convierte en una forma de vida». 

«No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad. En todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». - Filipenses 4:11-13

La cita estuvo colgada en mi nevera durante años. Me recordó que la gratitud no es solo el Día de Acción de Gracias. Es para todos los días. La gratitud o la ingratitud se convierte en una forma de vida. La enfermedad física de mi paciente de la mitad de una pierna era mucho mejor que la de su contraparte, pero su actitud era mucho peor. Y eso hizo toda la diferencia.

«Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios» - Filipenses 4:6

«Y después de que hayan sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que los llamó a Su gloria eterna en Cristo, Él mismo los perfeccionará, afirmará, fortalecerá, y establecerá». - 1 Pedro 5:10

Así que, ¿qué harás hoy? Es tu elección. Siempre es posible estar agradecido por lo que se nos ha dado, en lugar de estar resentido por lo que se nos ha sido retenido: una actitud u otra se convertirá en una forma de vida.

Esa es la lección que aprendí de esa anciana gruñona. 

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Sobre el autor

Mary Kassian

Mary Kassian

Mary Kassian es una autora galardonada, oradora de renombre internacional y profesora distinguida en el Seminario Bautista del Sur en Louisville, Kentucky. Ha publicado varios libros, estudios bíblicos y videos. ¡En casa en Alberta, Canadá, Mary mira muchos deportes! Sus hijos juegan hockey sobre hielo y su esposo, Brent, es el capellán del equipo local de fútbol profesional. Los Kassian disfrutan el ciclismo, el senderismo, el snorkel, la música, los juegos de mesa, las montañas, las fogatas y el labrador negro de la familia, el general Beau.

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