Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth dice que estás en el lugar donde te encuentras ahora mismo por el propósito de Dios.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Ese esposo, ese hijo, esa asignación, esa tarea imposible, esa situación en el trabajo, ese desafío físico… todo es parte del propósito de Dios para mí en este momento.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, coautora de «Confía en Dios para escribir tu historia», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 4 de agosto de 2026.
Antes de comenzar, quiero darte un aviso importante: el programa de hoy contiene una breve mención de pensamientos suicidas. Sabemos que este es un tema sensible para muchas personas y estamos comprometidas a tratarlo desde una perspectiva bíblica. Solo queremos que lo sepas con anticipación para que puedas decidir cómo escucharlo.
Nancy: Esta semana estamos hablando acerca de cómo …
Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth dice que estás en el lugar donde te encuentras ahora mismo por el propósito de Dios.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Ese esposo, ese hijo, esa asignación, esa tarea imposible, esa situación en el trabajo, ese desafío físico… todo es parte del propósito de Dios para mí en este momento.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, coautora de «Confía en Dios para escribir tu historia», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 4 de agosto de 2026.
Antes de comenzar, quiero darte un aviso importante: el programa de hoy contiene una breve mención de pensamientos suicidas. Sabemos que este es un tema sensible para muchas personas y estamos comprometidas a tratarlo desde una perspectiva bíblica. Solo queremos que lo sepas con anticipación para que puedas decidir cómo escucharlo.
Nancy: Esta semana estamos hablando acerca de cómo sobrevivir a las tormentas de la vida. La vida tiene sus tormentas, y el Salmo 57 nos da una perspectiva de cómo David sobrevivió a algunas de las tormentas que enfrentó. En primer lugar, hablamos de que él fue honesto acerca de que estaba en una tormenta; no fingió que no existía. Y en segundo lugar, él se refugió en Dios. Él dijo:
«Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí,
Porque en Ti se refugia mi alma;
En la sombra de Tus alas me ampararé
Hasta que la destrucción pase» (v. 1).
Ahora David continúa en los versículos 2 y 3 y nos dice algo más que hará en medio de la tormenta:
«Clamaré al Dios Altísimo,
Al Dios que todo lo hace para mí.
Él enviará desde los cielos y me salvará;
Él reprocha al que me pisotea.
Dios enviará Su misericordia y Su verdad».
David dice que, en medio de la tormenta: «Voy a clamar a Dios. Voy a alzar mi voz. Voy a pedir ayuda y decirle que lo necesito».
No sé tú, pero cuando yo estoy en medio de una tormenta, debo admitir que, tristemente, mi primer impulso muchas veces no es clamar a Dios, sino acudir a alguien más.
O sea, ¿no es para eso que están los amigos, los pastores y los consejeros? Y le doy gracias al Señor por los amigos piadosos con quienes puedo compartir mis cargas y que pueden ayudarme a ver las cosas desde la perspectiva de Dios en tiempos de tormenta. Pero te diré algo: cuando ya hemos ido a todos los consejeros, a todos los amigos y a todos los que pueden ayudarnos, si realmente queremos que nuestra necesidad sea satisfecha, tendremos que clamar a ese Consejero Admirable, a ese Admirable Consejero, cuyo nombre es Jesús.
Me encanta enseñar la Palabra de Dios, amo el ministerio, amo servir al pueblo de Dios. Hay muchas bendiciones asociadas con estar en el ministerio, pero también hay muchas demandas. Y debo decir que, en ocasiones, las exigencias y los plazos de entrega se han convertido en una especie de tormenta para mí.
Hace un tiempo me encontré completamente abrumada por todo lo que tenía que hacer. Simplemente parecía que no había suficientes horas para la preparación. Las fechas límite se acumulaban; sentía la presión. Me sentía como un pequeño barco sacudido en medio de un océano inmenso y tormentoso.
Recuerdo que, un viernes en la noche, tomé el teléfono y llamé a una compañera del ministerio donde sirvo, y comencé a llorar; literalmente estaba sollozando. Le dije: «¡No puedo hacer esto! ¡No puedo hacer esto! ¡Es demasiado difícil!». Y derramé mi corazón. Mi querida amiga deseaba tanto poder hacer algo por mí.
Pero había un límite a lo que ella podía hacer. Podía orar, podía mostrar cuidado, pero no podía atravesar la tormenta conmigo. Y descubrí, como tantas veces sucede en medio de la tormenta, que después de haber clamado a todos los demás que creo que pueden escucharme, si realmente quiero sobrevivir la tormenta, tengo que clamar al Señor.
David dice que él va a clamar a Dios por quién Él es. Él dice: «Voy a clamar. Clamaré al Dios Altísimo». Ese es el nombre hebreo de Dios, Elohim Elyon, Dios Altísimo, el soberano del mundo. Dios, Elohim Elyon, quien es el creador y poseedor del cielo y de la tierra. ¿Qué está diciendo David? Que no hay una fuente superior a la que puedas acudir. No hay nadie más grande que Dios. Has acudido al Ser supremo, a Aquel que está por encima de las tormentas. Cuando clamas a Él, estás clamando a Aquel que es infinitamente grande. Él es el Dios Altísimo.
¿Y no es asombroso que el Dios Altísimo también se incline para cuidar de nuestras cargas, nuestras tormentas y nuestras necesidades? ¡El Dios Altísimo se preocupa por nosotras!
David está diciendo: «Estoy clamando al soberano Gobernante de la tierra». Como declaró Daniel: «Su dominio es un dominio eterno, y Su reino permanece de generación en generación» (Dn. 4:34). Clamamos al Dios Altísimo. Ese es Su carácter.
Pero David dice que no solo clama a Dios por quien Él es, sino también por Su propósito. Clamo a Él porque tiene un propósito para mi vida en medio de la tormenta, y ese propósito se cumplirá. Eso es lo que David declara en el versículo: «Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que todo lo hace para mí» (Sal. 57:2).
El Salmo 138 nos dice que Dios perfeccionará todo lo que Él está haciendo en mi vida; que aquellas cosas que hoy me inquietan, las que están sucediendo en mi vida en este momento, tienen un propósito que Dios está llevando a cabo, y Él completará ese propósito.
Me encanta ese pasaje en Job 23. Algunas ya me han escuchado citarlo antes, y volverán a oírlo, porque regreso a él con frecuencia. Job dice, en medio de su propia tormenta: «Miro a la derecha, miro a la izquierda, miro delante de mí, miro detrás de mí, pero no puedo ver a Dios. Pero Él sabe el camino que tomó. Cuando me haya probado, [hay propósito aquí], saldré como el oro» (Job 23:9-11 parafraseado).
Habrá un final para esto. El propósito de Dios para mí en esta tormenta se habrá cumplido, y miraré hacia atrás y diré: «Dios, Tú hiciste todas las cosas bien».
Cuando podamos mirar atrás desde la perspectiva del cielo y ver lo que Dios estaba haciendo aquí en la tierra, no tendremos quejas acerca de ninguna de las circunstancias que llegaron a nuestras vidas. Diremos: «Dios, Tú tenías un propósito, lo estabas haciendo correctamente, y cumpliste Tu propósito en mí».
Me ayuda recordar que el lugar donde estoy ahora mismo forma parte de ese propósito para mi vida. Ese esposo, ese hijo, esa asignación, esa tarea imposible, esa situación en el trabajo, ese desafío físico… todo es parte del propósito de Dios para nosotras en este momento. En los últimos días he estado pensando en ese extenso pasaje del Salmo 107 que habla sobre las tormentas. Allí se nos dicen dos cosas acerca de las tormentas y del papel de Dios en ellas. El versículo 25 dice: «Pues Él habló, y levantó un viento tempestuoso que encrespó las olas del mar».
¿Quién produce la tormenta? Dios lo hace. Él habla y levanta el viento tempestuoso; hace que las olas se agiten. Y luego ese pasaje del salmo 107 continúa diciendo que, en medio de la tormenta, las personas «temblaban y se tambaleaban…» (ver Sal. 107:27). Entonces: «En su angustia clamaron al Señor» (Sal. 107:28). Parte del propósito de Dios en las tormentas es llevarnos a un punto de desesperación tal, que no tengamos a nadie más a quien clamar sino a Él.
Algunas de ustedes están viviendo en una situación con un familiar, o en el trabajo, o en su iglesia, o en una relación, donde no hay nadie más a quien puedan clamar sino a Dios. Han llegado al límite. Parte del propósito de Dios en esa tormenta es llevarnos al final de nuestros propios recursos, al final de nuestras propias ideas sobre cómo manejar la situación, para que clamemos al Señor en medio de nuestras angustias.
Luego, en los versículos 28 y 29 del Salmo 107, leemos: «En su angustia clamaron al Señor y Él los sacó de sus aflicciones. Cambió la tempestad en suave brisa y las olas del mar se calmaron». ¿Lo ves? Dios crea la tormenta, pero Él también la calma. Y como hemos dicho antes, Él sabe exactamente la duración, la intensidad y la fuerza necesarias para cumplir Sus propósitos perfectos en mi vida. Y cuando Él sabe que Su propósito se ha cumplido, pronuncia la palabra y la tormenta desaparece.
Cuando comenzamos Aviva Nuestros Corazones, hubo mucha emoción, pero también fue un tiempo muy tormentoso, especialmente por los desafíos de iniciar un ministerio de este tipo. En aquellos días yo decía con frecuencia, y todavía lo digo a veces: «Si no supiera que Jesús está en esta barca con nosotros, estaría aterrada». No podría hacer esto. No podría aventurarme en los desafíos que implica este ministerio. Pero lo que le da confianza y descanso a mi corazón en medio de la tormenta es saber que Él está en la barca, que hay Alguien a quien puedo clamar.
Así que David mira la persona de Dios, mira los propósitos de Dios y reconoce que se cumplirán. Y luego mira la provisión de Dios. Dice en el Salmo 57:3:
«[Dios] enviará desde los cielos y me salvará…
[Él] enviará Su misericordia y Su verdad».
Algunas traducciones dicen: «Dios me envía su gran amor y su verdad». Estas son dos palabras que con frecuencia aparecen juntas en el Antiguo Testamento: la misericordia y la verdad de Dios; el amor y la fidelidad de Dios.
La palabra traducida aquí como «amor» o «misericordia» es difícil de traducir, porque no hay una sola palabra en español que capture todo el significado del término hebreo hesed. Es una palabra que habla del amor fiel, del pacto de Dios, Su bondad constante y comprometida. Es un amor que no falla en medio de ninguna circunstancia.
Y David dice: «En medio de mi tormenta, Dios envía recursos desde el cielo». Él envía provisión. ¿Y qué es lo que envía? Su amor de pacto. Y Dios envía Su verdad y Su fidelidad. La fidelidad habla de firmeza, de constancia. Sí, las olas son altas. Sí, la tormenta es fuerte. Pero Dios permanece fiel y firme en medio de la turbulencia.
Ahora, es interesante que en el versículo 3 David dice que Dios envía desde el cielo Su misericordia y Su verdad. Pero cuando llegas al versículo 10, dice que la misericordia y la fidelidad de Dios se elevan desde la tierra hasta los cielos. Es decir, van en ambas direcciones. ¿Y dónde estamos nosotras en medio de ese mar tormentoso? Justo en medio, rodeadas por el amor y la fidelidad, la misericordia y la verdad de Dios. Todo lo que necesito en medio de la tormenta, Él lo envía para suplir mi necesidad.
Cuando estuve en esa tormenta que te mencioné al principio, en la que primero clamé a una amiga que fue de ayuda, que alguien orara y mostrara cuidado. Pero después de colgar el teléfono, seguía allí, sola en mi tormenta. Y entonces hice lo que debí haber hecho desde el principio: ponerme de rodillas y clamar al Señor, como lo hizo David.
Clamé al Dios Altísimo, al Dios que cumple Su propósito en mí. Y dije, aunque no con la calma con la que lo estoy diciendo ahora: «Oh, Señor, no puedo atravesar esta tormenta sin Ti. Clamo a Ti. Mi pequeña barca es muy frágil y débil en este momento. ¿Tendrías misericordia? Tú eres el Dios Altísimo y confío en que estás cumpliendo Tus propósitos, y que estoy donde Tú quieres que esté ahora mismo. Estoy aquí por Tu designio».
¿Y qué hizo Dios? Lo que siempre hace cuando clamamos a Él. Envió Su misericordia y Su verdad, Su amor y Su fidelidad. Y dijo: «Esta es Mi provisión. Esto es lo que necesitas. Y es todo lo que necesitas». Y realmente, verdaderamente lo es.
Débora: Bueno, Dios ayudó a Nancy DeMoss Wolgemuth a atravesar esa tormenta y la ha seguido sosteniendo en los años desde que ese mensaje fue grabado. Y así como lo hizo con ella, también nos sostendrá a nosotras.
Nancy compartió esa enseñanza frente a una audiencia en el estudio. Y les pidió a algunas de las mujeres presentes que hablaran acerca de las tormentas que estaban atravesando. Escuchemos.
Diana: Sufrí de depresión desde los nueve años hasta los cuarenta y dos. Mi primer pensamiento suicida fue a los nueve años. Fue un camino muy largo. Yo funcionaba bien hacia afuera, porque hay momentos de alegría y felicidad, y puedes desenvolverte en el mundo. Pero por dentro seguía existiendo un desprecio hacia mí misma casi imposible de describir. Es el lugar más oscuro en el que se puede estar. Puedes decir que sabes que Cristo te ama, pero en realidad no lo crees… y, aun así, amas al Señor. Es realmente el lugar más confuso en el que se puede estar.
Llegué a un punto en el que incluso le dije a mi esposo que estaría dispuesta a divorciarme y dejarle a él la custodia de nuestros hijos, porque sentía que sería un padre mucho mejor que yo. Pensaba que ellos no merecían esto.
Y él me respondió: «No, estoy comprometido con este matrimonio». Él sabía que yo estaba en un lugar profundamente oscuro. Yo solo quería retirarme, esconderme.
Y fue a través del estudio bíblico llamado «En busca de sentido y trascendencia», enfocado en nuestra identidad en Cristo, que sentí como si estuviera saliendo de una oscuridad que me tenía completamente atrapada. Desde entonces no ha regresado. Ha desaparecido por completo, ¡y alabo al Señor por eso!
Nunca había entendido palabras como justificación o santificación; eran términos que no tenían sentido para mí. Tenía una imagen distorsionada de Dios, como si estuviera listo con un garrote para golpearme en la cabeza. Aunque sabía que Él había perdonado mis pecados, el hecho de que todavía pudiera pecar como cristiana, cosas como el orgullo, la envidia o la codicia, esas luchas cotidianas, me hacía pensar que ya no podía seguir perdonándome. No lograba comprender que Él continuara extendiéndome Su perdón.
Hubo conceptos doctrinales importantes que ese estudio bíblico me ayudó a entender profundamente.
Nancy: En realidad, no fue ese estudio bíblico en sí lo que marcó la diferencia en la vida de Diana. Fue la verdad, la verdad de la Palabra de Dios, que ella pudo ver a través de ese estudio bíblico. Jesús dijo: «Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». Y otro versículo que viene a mi mente, y que creo que ilustra lo que ocurrió en la vida de Diana, es el del Salmo 107: «Él envió Su palabra y los sanó» (v. 20).
Tal vez te preguntes: «¿Qué diferencia hace la doctrina en mi vida?». Hoy en día, muchas personas no están interesadas en oír acerca de doctrina. Pero déjame decirte algo: la doctrina lo cambia todo en tu vida, porque lo que crees acerca de Dios, tu teología, afecta absolutamente todo.
Puede que pienses que no te interesa la teología, pero tienes una teología. Es buena o es mala; es bíblica o no es bíblica. Teología simplemente significa lo que crees acerca de Dios. Y lo que crees acerca de Dios afecta cada área de tu vida.
Si tienes una visión distorsionada de Dios, verás todo lo demás a través de un lente distorsionado. Todo estará alterado. En última instancia, todo depende de cómo ves a Dios, ¿no es cierto? ¿Qué clase de dios tienes? ¿Es un dios que has hecho a tu propia imagen o a la imagen de alguien que conociste? ¿Un dios que tú misma construiste? La Biblia tiene una palabra para ese tipo de dios: es un ídolo.
Prácticamente cada problema y cada conflicto en mi vida, de una u otra forma, se remonta a la idolatría: a que he estado adorando a un dios con «d» minúscula. Ese dios puede ser yo misma. Puede ser una idea equivocada de Dios, una visión que no es bíblica. Pero cuando no adoro al Dios verdadero y viviente tal como se ha revelado en la Escritura, tal como se ha revelado en Cristo, termino acusando falsamente a Dios y también tomaré decisiones equivocadas como respuesta a la presión y a las circunstancias.
¿Comprendes esto? Hay circunstancias en nuestra vida sobre las cuales no tenemos control. No elegiste el hogar en el que naciste. No sabías, cuando te casaste con ese esposo, que iba a enfrentar una depresión. Tal vez no tuviste control sobre ciertos problemas de salud. Hay cosas que no podemos controlar, y Dios no nos hace responsables por ellas.
Pero cuando tenemos una teología correcta, una visión correcta de Dios, cuando vemos a un Dios que es El Elyon, el Dios Altísimo, el Creador y Poseedor de los cielos y la tierra; un Dios de hesed, de ese amor de pacto, misericordia y fidelidad; un Dios que se encarnó en la persona de Cristo, se hizo carne y cargó sobre Sí mismo nuestro pecado; un Dios que dio Su vida por nosotros, entonces esas doctrinas como la justificación y la santificación dejan de ser conceptos lejanos.
No me digas que no te interesan esos temas, porque si no te interesan, puedo decirte por qué tienes algunos de los problemas que tienes. Romanos, los capítulos 1–11, es teología, es doctrina.
Entonces, ¿cómo podemos ser libres del pecado a la luz de lo que sabemos acerca de Dios, de Sus caminos y de Su salvación? Basadas en la doctrina, en la teología, ¿cómo podemos andar en novedad de vida? ¿Cómo podemos vivir en el poder del Espíritu? ¿Por qué importa eso? ¿Cómo afecta mi vida hoy?
Efesios 1–3 habla del conocimiento de Dios, del conocimiento de Sus caminos y del evangelio. Y en los capítulos 4–6 vemos cómo eso impacta tu matrimonio, cómo afecta tu adoración, cómo influye en la manera en que vives la iglesia, cómo transforma tu crianza, cómo cambia la forma en que haces tu trabajo. Todo está fundamentado en la teología.
Así que cuando enfrentamos problemas y luchas, con distintos nombres, distintas formas, en diferentes temporadas de la vida, tenemos que volver una y otra vez a esta pregunta: ¿Cuál es mi visión de Dios? ¿Es mi doctrina bíblica? ¿Está mi vida arraigada en la verdad? «Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Jn. 8:32).
Dios envió Su Palabra. ¿Y quién es la Palabra? Jesús… ¡Y los sanó! Toda la sanidad que Jesús realizó aquí en la tierra, la sanidad física, fue maravillosa, impresionante, atrajo multitudes. Pero era una imagen terrenal de una realidad celestial que está destinada a ser verdad para cada una de nosotras: que en Cristo podemos vivir como personas completas.
Puede que hayamos sido heridas en el pasado. Puede que estemos viviendo ahora mismo en circunstancias dañinas, peligrosas o dolorosas. Pero en Cristo estamos completas. No tenemos que depender de consejeros humanos, de medicamentos o de sustancias que nos levanten o nos adormezcan como las drogas o los narcóticos. La suficiencia de Cristo es una verdad extraordinaria de la Palabra de Dios. Él envió Su Palabra a Cristo, y los sanó.
Una mujer me compartió cómo Dios la ha estado guiando a través de un proceso de muchos años tratando con la depresión. Durante años ella vivió dependiendo de las «soluciones» del mundo, de sus alternativas y programas.
Pero llegó a descubrir que, en su caso, aunque la depresión era muy real, era el fruto de una teología equivocada, de una visión incorrecta o insuficiente de Dios. A medida que su teología, su doctrina, su visión de Dios y su comprensión del evangelio crecieron, descubrió que no necesitaba apoyarse en las muletas del mundo. La verdad la hizo libre.
Oh, Señor, presento delante de Ti a cada mujer que me escucha hoy. No sé qué tormentas, qué olas, qué turbulencias están enfrentando. No sé qué situación puedan estar viviendo con un esposo, con un hijo, con un padre, con una pérdida, con una necesidad financiera o con un problema en el trabajo. Pero Tú lo sabes, Señor. Gracias porque Tú controlas esos vientos. Tú eres quien determina el alcance, la intensidad y el momento; ni un solo viento ni una sola ola puede entrar en nuestras vidas sin Tu permiso.
Así que, Señor, oro por cada una de estas mujeres, en cualquier temporada de la vida en que se encuentren, especialmente por aquellas que estén enfrentando vientos fuertes, momentos difíciles en este momento. Oh Dios, dales de Tu gracia. Y juntas te decimos gracias porque Tu gracia es suficiente para cada mujer que me escucha, en cada momento, en cada temporada de la vida. No hay situación en la que seamos tan débiles que Tu gracia no sea mayor.
No hay nada que enfrentemos hoy que Tú no estés enfrentando en nosotras, por medio de nosotras y a favor de nosotras. Gracias porque no tenemos que manejar estas cosas por nuestra cuenta. Oro para que cada mujer corra a Ti, se vuelva a Ti y te encuentre como quien levanta su cabeza. Fortalece y anima a Tu pueblo, Señor, por medio de Tu gracia.
Y, Señor, que en nuestra respuesta a las tormentas, al sufrimiento y a las pruebas, hagamos que el cielo aplauda al ver que Te amamos y Te adoramos, no por Tus dones, sino porque Tú eres Dios. Ayúdanos a confiar cuando no podemos ver, a cantar y a alabar aun cuando nuestros ojos estén llenos de lágrimas. Y en medio de todo, que Tú seas glorificado. De eso se trata todo, y eso es lo único que realmente importa. No es lo más importante que sobrevivamos a la tormenta; lo que verdaderamente importa es que Tú seas exaltado. Te lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.
Débora: Si estás atravesando una tormenta emocional en este momento, espero que hayas estado orando junto con Nancy DeMoss Wolgemuth. Este mensaje forma parte de una serie titulada «Refugio en la tormenta».
Permíteme añadir que, si estás teniendo pensamientos suicidas o te preocupa alguien más, busca ayuda inmediata. Comunícate con una línea de atención en crisis, con un profesional de la salud o llama a los servicios de emergencia. No enfrentes esto sola; hay personas dispuestas a escucharte y ayudarte.
Mañana Nancy regresará para animarte a cantar en medio de la tormenta. Espero que nos acompañes de nuevo aquí, en Aviva Nuestros Corazones.
Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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