Podcast Aviva Nuestros Corazones

Alentándonos con la oración

Nancy DeMoss de Wolgemuth: En 1 Tesalonicenses, capítulo 5 el apóstol Pablo dice: «Y os exhortamos, hermanos, a que amonestéis a los indisciplinados, animéis a los desalentados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos» (v.14).

Annamarie Sauter: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy: Esa palabra «desalentados» viene, en el idioma original, de dos palabras griegas. Significan literalmente «de alma pequeña», alguien cuya alma languidece. Llegan a ser débiles y frágiles. Están desalentados. Están desanimados. El apóstol Pablo dice que debemos animar, consolar, exhortar a esas almas que están empequeñecidas, a aquellos que están desanimados, a aquellos que están abatidos.

Annamarie: Escucharás acerca de cómo hacer eso hoy, aquí en Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Hemos estado hablando esta semana acerca de animarnos unos a otros, y sobre el hecho de que este es un ministerio que todos debemos de poner en práctica en la vida de otros. Empezamos a hablar ayer acerca de algunas categorías de personas que necesitan ser animadas. Vimos la necesidad de abrir nuestros ojos a la gente a nuestro alrededor que debemos de estar intencionalmente tratando de animar.

Déjame mencionar algo hoy que no pude decir ayer, y es acerca de la necesidad de animar a tus hijos. Tus hijos necesitan ser animados, especialmente si tienes hijos en la casa, aunque no solamente si están en la casa. Es tan fácil como madre, enfocarse sólo en situaciones que necesitan corrección. Es fácil para una mamá olvidarse de qué tanto sus hijos necesitan ser animados.

Por cierto, no solamente tus hijos, pero los hijos de otras personas. Jesús tomó niños pequeños  en sus brazos. Los sentó en sus piernas. Los bendijo. Una de las cosas que trato de hacer con los hijos de otros, no teniendo hijos propios, es tocarlos con ternura y compasión, en formas significativas, y preguntarles: «¿Cómo estás? ¿Cómo va tu día?» Me gusta enterarme sobre las vidas de esos niños y no solamente hacer como si estas pequeñas personas no existieran; sino  ser una animadora en las vidas de los niños.

He aquí otra persona o grupo de personas a las que debemos de estar animando, y esos son nuestros pastores y nuestros líderes espirituales, los ancianos, los diáconos, los miembros del personal de la iglesia y sus esposas. Estamos en tiempos cuando es difícil estar en una posición de liderazgo espiritual porque la corriente «de moda», es criticar. A nuestro derredor estamos viendo el daño de iglesias y vidas divididas , porque, entre otras razones, no nos estamos animando unos a otros. Tu pastor necesita que seas su animadora, no su crítica.

Cuando veas una necesidad en sus vidas debe convertirse en una oportunidad para interceder, no para hablar con otros. Estoy simplemente sorprendida de las cosas que traen presión sobre los pastores y las iglesias hoy, al punto que uno se pregunta, «¿Estás destruyendo la iglesia por eso?»

Me ha encantado alentar a los pastores y a los miembros del personal de la iglesia que Dios ha puesto en mi vida a través de los años; personas que tienen autoridad espiritual sobre mi vida. Me esfuerzo por escribir notas, mandar cheques en ocasión de sus aniversarios para que puedan salir en una cita con su esposa a cenar, para que esas parejas disfruten hacer algo alguna noche, sobre todo si tienen hijos y no pueden salir mucho. Busca maneras de hablar con tu pastor, con su esposa, o con ellos como pareja, al igual que con otros en posiciones de liderazgo espiritual, para honrarlos, para animarlos.

Hay otro grupo de gente a la que podemos animar, y esas son otras madres. Hay muchos diferentes tipos de madres en diferentes etapas de la vida. Pienso en una mujer de mi iglesia que se acaba de enterar de que está esperando su quinto hijo y vino a mí el día después que supo que estaba embarazada.

Me dijo: «estaba acostada en la cama anoche pensando: ¿A quién le puedo decir que voy a tener un quinto hijo que no piense que estoy loca; sino que me va a animar?» Y me dijo: «Tú eres una de las pocas personas en las que pude pensar». Bueno, me agrada ser una de esas personas, pero me apena que haya tan pocas.

Las madres en espera necesitan oírnos a nosotras como mujeres venir y decirles: «Estoy tan emocionada por ti». Hermanas, podría ser su quinto, puede ser su primero, puede ser su número quince. Pero no seas una voz de desánimo para esa mujer. Ella no necesita eso. Necesitamos animarnos unas a otras y decir: «Me regocijo contigo en lo que Dios está haciendo al darte este regalo».

Conocí en la iglesia hace unas dos semanas a una mujer que tiene varios hijos, pero acaba de tener un recién nacido hace poco. Está tan cansada en estos momentos. Digo, ella está en esa temporada de la vida en la que estará agotada por un buen tiempo. Yo solamente le dije: «¿Cómo estás, Christy?» Ella dijo: «Nada más estoy cansada».

Puse mi brazo alrededor de ella, cargué a su bebé, la abracé, y dije: «Déjame simplemente orar por ti». Nos paramos en el pasillo de la iglesia y solamente oré que Dios la fortaleciera y la bendijera.

Anima a las madres solteras que están batallando, teniendo que proveer financieramente para su familia, al mismo tiempo que crían esa familia. Ellas necesitan ánimo. Las mamás con muchos hijos necesitan ánimo. Mujeres que les encantaría ser mamás pero no han podido tener hijos; una mujer que es estéril. Ella necesita ánimo. Ella necesita saber que Dios tiene un rol y un propósito y valor para su vida. Ella necesita ánimo. Entonces como mujeres debemos de animar a otras mamás.

Anima a la gente que ha invertido en tu vida; una categoría completamente diferente aquí. He tratado a través de los años de pensar hacia atrás en las maestras, pastores, amigos que han invertido espiritualmente en mi vida. He tratado, en la medida de lo posible, de escribirles notas a esas personas, de darles las gracias.

He estado pensando recientemente acerca de la mujer que me ayudó a editar mi primer libro. He estado pensando esta semana, tengo que escribirle una nota a Carolyn y nada más darle gracias por lo que me enseñó y cómo invirtió en mi vida en ese proceso.

Gente que invirtió espiritualmente en tu vida. Necesitas animarlos. Gente que está sola. En esta categoría pudieran estar los solteros. Pudieran ser ancianos. Una mujer que ha enviudado y que pudiera sentirse sola, necesita alguien que la escuche y la anime.

Alguien que es nuevo en tu área o región. He tenido  gente que ha hecho eso por mí cuando he estado en una región nueva; me invitan a su casa, me toman bajo sus alas. Necesitamos hacer eso para otros. Alumnos de la universidad. Ellos pudieran estar especialmente solos lejos de casa, ¡especialmente los alumnos internacionales! Qué gran oportunidad para ministrar y animar. Estos alumnos que están tan lejos de su casa, traerlos a tu hogar para una comida, para amarlos. En muchos casos puedes amarlos y guiarlos hacia Cristo.

Otras categorías de personas: Gente que está batallando financieramente. Gente que está batallando con una debilidad o enfermedad física, aquellos que están hospitalizados, aquellos que son ancianos. Nuevos creyentes. Ellos necesitan ser animados en su fe.

Gente que está batallando con un hábito pecaminoso, y quieren victoria. Pero ese pecado está tan arraigado desde hace tanto tiempo que no han dado el paso de cultivar nuevos patrones de hábitos de rendirse al Espíritu en lugar de a la carne.

Ahora, una cosa diferente es si están obstinadamente desobedeciendo a Dios, y Pablo dice en 1 Timoteo 5 que debemos reprender a los que continúan en pecado. Pero a aquellos que están desalentados, que están batallando para hacer la voluntad de Dios, debemos confortarlos, venir a su lado y animarlos.

Personas que están sufriendo, o que han experimentado una pérdida. Todos hemos estado ahí y sabemos cómo se siente. Pienso en cuando recibí la noticia de que mi papá había fallecido de un infarto. Lo había visto apenas esa tarde, y murió mientras yo estaba en camino de regreso a Virginia. Una nueva amiga en mi vida en ese tiempo, una compañera en el ministerio donde yo estaba sirviendo, vino y dijo: «Realmente no sé qué decir, pero nada más quiero que sepas que estoy aquí para ti». Todavía recuerdo esa palabra que animó mi corazón desalentado en ese momento. Solamente debemos estar ahí, disponibles, para abrazar, para amar, para animar a los que están entristecidos.

Me viene a la memoria el pasado Día de la Madres. Pensé en cuatro niños que conozco que perdieron a su mamá hace un par de años. Me sentí simplemente movida a mandarles un correo electrónico a esos niños y decirles: «Estoy pensando en ustedes en este Día de las Madres. Sé qué mujer tan preciosa era su mamá, y ella tocó mi vida de tantas maneras. Quiero que sepan que yo la amaba y que los amo a ustedes, y estoy orando por ustedes y solamente quiero que sepan qué mujer tan especial era su mamá. Quiero animarlos con este pensamiento en este Día de las Madres».

Es fácil pensar en nuestros propios días festivos. Yo pienso en el Día del Padre, cuánto extraño tener un papá y cómo desearía tenerlo. Hay otros días festivos que tal vez son difíciles para ti. Pero si tan solo pudiéramos dejar de enfocarnos en nosotras mismas, en nuestra autocompasión, y buscar a gente que tal vez tiene una necesidad más grande y animarlos, entonces podemos llegar a ser un medio de gracia en sus vidas. Pienso también, que en la medida en que impartimos gracia en sus vidas, en la medida en que damos ánimo a los desesperanzados, a esos cuyas almas se han empequeñecido, que están desanimados y secos, en la medida en que lo hacemos, Dios va a engrandecer no solamente su alma sino que también va a engrandecer la tuya propia.

La manera más grande de experimentar el ánimo que necesitas, y que anhelas en tu propia vida, es ser una animadora de otros. Entonces pregúntale al Señor: «¿Quién está a mi alrededor? ¿Quién está en mi vida en este momento que tiene el alma pequeña? ¿Quién está desalentado? ¿Quién está desanimado? ¿Quién está débil? ¿A quién puedo confortar? ¿Al lado de quién puedo estar? ¿A quién puedo alentar?»

Pídele a Dios que te ayude a verlos con Sus ojos, a amarlos con Su corazón, a animarlos con Su mano de ayuda. Conforme lo hagas, Dios va a engrandecer y a animar y fortalecer tu propio corazón.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth volverá en un momento con la segunda parte del programa de hoy. Ella nos ha estado recordando lo importante que es animar a otros. ¿Te vino alguien a la mente, alguien a quién necesitas darle aliento?

Te animamos a escribirle una nota de agradecimiento a esa persona que Dios haya traído a tu mente.

¿Sabías que hay más de 100 referencias a la lengua solo en el libro de Proverbios? Te invitamos a unirte al «Reto de 30 días - El poder de las palabras». Y hablando de alentarnos unas a otras, anima a alguna amiga o hermana y háganlo juntas.

Nos gustaría enviarte un acceso para descargar el recurso que te guiará a lo largo de este reto. Solo visitanos en AvivaNuestrosCorazones.com, apóyanos con una donación de cualquier monto, y descarga el reto.

Ahora Nancy regresa con la serie «Aliéntense unos a otros». Ella empezará hablando sobre lo que pasa cuando no alentamos a otros.

Nancy: Pienso que muchas de nosotras estamos teniendo que buscar otras cosas que llenen nuestros corazones y necesidades porque, en parte, no estamos funcionando como Dios planeó que lo hiciéramos como cuerpo de Cristo, reconociendo que somos parte unos de los otros, que nos necesitamos los unos a los otros, y que de verdad podemos animarnos unos a otros en nuestra fe si nos animamos unos a otros en el Señor. Hablamos sobre algunos diferentes tipos de personas a las que podemos animar, diferentes categorías de personas, y dijimos que tenemos que alentar, sobre todo, a nuestras propias familias.

Aquellas de ustedes que están casadas, espero que se conviertan en las animadoras y porristas número uno de sus esposos. No hay nada más desalentador y desmotivador para un hombre que tener una mujer que lo está menospreciando, degradando, derribando. Puede ser un mal hábito en el que te has metido, pero conforme dejas que el Señor te anime, entonces tú puedes llegar a ser un canal de ánimo, de aliento y de la gracia de Dios para la vida de tu esposo, aun si él no es, y sin duda no es, todo lo que Dios quiere que sea. Puede estar muy lejos de todo lo que Dios quiere que sea.

Pero tú puedes, por el don del ánimo, hablar gracia y ayuda, consuelo y fuerza y motivación a su vida para que llegue a ser todo lo que Dios quiere que sea. Igual con tus hijos, igual con el resto de tu familia.

Hablamos de muchas diferentes categorías de personas en el cuerpo de Cristo que necesitan ánimo. Ahora quiero que hablemos sobre algunas maneras prácticas en las que podemos animarnos unas a otras. Tal vez ya lo estás haciendo. Sé que muchas de ustedes son alentadoras naturales. Pero si este no ha sido un hábito para ti, es algo que puedes aprender. Algunas de ustedes vienen de familias que no eran muy alentadoras, y no tuvieron el beneficio de un modelo de cómo animar a otros, entonces crecieron tal vez en un ambiente de desánimo.

Estoy pensando en una querida amiga que creció en un hogar donde sus padres eran muy críticos y negativos. Ella simplemente tomó algunas de esas características, ella lo dice hoy, y se dio cuenta luego, como esposa y como mamá, que era dada a un espíritu de negatividad, crítica y desánimo.

Dios empezó a tratar con ella sobre esto hace unos años. Se propuso en su corazón llegar a ser una alentadora en su hogar. Me estaba diciendo por teléfono, apenas el otro día, que ella y su hija mayor, que es una adolescente, han puesto esto en su lista diaria de cosas por hacer, el ser una animadora (de hecho, creo que hacen esto cada semana), animan a alguien tres veces por semana.

Esta mujer ha llegado a ser una de las amigas más alentadoras con las que cuento. Ha llegado a ser una animadora para su familia. Entonces puedes aprender a animar a otros. Haz una lista de gente a la que quieras animar o a la que necesitas estar animando, y luego sal y hazlo.

Hablemos ahora acerca de cuáles son algunas de esas maneras de animar. Tengo que decir que tal vez la manera número uno con que la gente ha alentado mi vida es por medio de la oración. No conozco nada más alentador que puedas hacer por tu familia, que tú puedas hacer por mí o que yo pueda hacer por ti, que orar unos por otros.

Recibí un mensaje de voz precioso hace unos días de una amiga que dijo:

Estaba tendiendo las camas de mis hijas. Tú me diste unas cobijas para las camas de mis hijas. Y estaba pensando en ti. Solamente quiero animarte al decirte que el Señor puso en mi corazón que cada mañana, mientras tiendo las camas de mis niñas chiquitas y veo esos cubrecamas, debo de orar por ti y por el ministerio de Aviva Nuestros Corazones.

Y yo conozco a esta amiga. Sí va a orar. Sí lo hace. Pero ella dijo: «Quiero hacer eso por ti cada día». Siempre me anima recibir notas, mensajes de voz, correos electrónicos de gente que dice: «Estoy orando por ti. Estoy orando por ti en estas maneras específicas».

Déjame tomar esta oportunidad para decir «gracias» a muchas de ustedes que me han hecho saber que están orando por mí, que están orando por el ministerio de Aviva Nuestros Corazones. No creo que Dios esté usando este ministerio de la manera que lo hace, cambiando vidas, impactando mujeres en sus corazones y sus hogares, si no fuera porque muchas, muchas mujeres por todo el país y en el mundo, están orando por el ministerio.

No creo que yo esté sobreviviendo todo lo que involucra este ministerio, humanamente hablando, si no fuera porque muchas de ustedes y otras que vienen a mi mente han dicho: «Estoy orando por ti». De manera que, gracias. Me han animado con esas oraciones, y simplemente me recuerda qué tan maravilloso es el ministerio de orar unos por otros.

Orar con otros, no solamente por ellos sino con ellos, esa es una manera de animar a otros también. Puedes hacer esto por teléfono; puedes hacerlo en persona. Me doy cuenta de que trato de tomar las oportunidades que simplemente se presentan para orar en el lugar y el momento si alguien dice: «Estoy batallando con esto, o esta es la necesidad que tengo».

Estaba afuera, caminando con una amiga el otro día, y estábamos hablando acerca de algunas cargas que están en su corazón. Al llegar al final de nuestra caminata, yo dije: «Vamos a orar». Nada más nos paramos ahí afuera de mi casa y oramos por esa situación en específico.

Lo hago en los pasillos de la iglesia cuando veo a alguien después del culto y me dice: «Esta es la carga en mi corazón». Yo digo: «Vamos a orar por esto». Sabes, es fácil decir: «Voy a orar por ti», pero me doy cuenta de que si no me paro y lo hago ahí mismo, entonces es mucho menos probable que cuando me vaya, recuerde orar. Y esta es una gran forma ofrecer gracia y ánimo.

Me doy cuenta que cuando una hermana viene y pone su brazo alrededor de mí y dice: «Vamos a orar» y ora por mí o juntas levantamos nuestras cargas al Señor, me doy cuenta de que eso llega a ser un canal de la gracia de Dios siendo vertida en mi vida. Dios ministra gracia por medio nosotros al orar unos por otros.

Tengo un amigo que está en otro ministerio que ha hecho un hábito, no sé si hace esto con cada llamada de teléfono, pero sé que lo hace al final de cada llamada que me hace; sé que que es un hábito regular para él. El siempre o prácticamente siempre termina la conversación de teléfono con una oración. No importa qué tan ocupado esté, cuál sea su próximo compromiso, simplemente dice: «¿Podemos orar juntos?»

¿No sería bueno si, de tanto tiempo que pasamos las mujeres hablando por teléfono sobre todo tipo de cosas, simplemente hiciéramos de la oración una parte regular de esa conversación?

Me pregunto si, de esa manera, no nos aseguraríamos de que las cosas que decimos en el teléfono son apropiadas, buenos temas de conversación, si supiéramos que estamos hablando en el espíritu de oración, levantándonos unas a otras. No puedes saber la carga o la necesidad profunda que alguien pudiera tener en su corazón que puedes ayudar a levantar si oras por ese hermano o esa hermana o esa familia.

Puedes hacer esto, por cierto, aun con no creyentes. En ocasiones he estado con otros o lo he hecho yo misma (en un restaurante por ejemplo), preguntarle a la persona que nos está atendiendo: «Vamos a orar en un momento y darle gracias al Señor por la comida que ha provisto aquí. Quisiéramos orar por ti. ¿Hay algo en especial por lo que podemos orar por ti»? He visto gente que ha sido tan movida y rápidamente dicen: «Sí, estoy tratando con este problema o esta situación en mi vida», y nos paramos y oramos por esa persona.

He estado tratando de ministrar recientemente a una pareja anciana que conocí; ellos no conocen al Señor. Me han estado platicando de algunos problemas que están enfrentando y algunas situaciones en las que están. He estado en su hogar y de hecho les he dicho: «¿Puedo nada más orar por ustedes?» Oré por ellos ahí en ese momento. No hace mucho tiempo, vi a esa mujer y me dijo: «Por favor sigue orando por nosotros». Entonces aun con un no creyente, Dios puede usar eso para animar y atraer las personas hacia Cristo.

Orar unos por otros es una manera tan increíble de animarnos unos a otros; porque, ¿sabes lo que realmente estamos haciendo cuando oramos unos por otros? Estamos diciendo: «No tengo los recursos para darte lo que necesitas, pero conozco a alguien que sí los tiene. Conozco a un Dios que está sentado en Su trono, y lo llama un «trono de gracia». Entonces yo quiero ir contigo allí ahora, te quiero llevar, te quiero levantar a ese trono de gracia».

Me he dado cuenta muchas veces en mi vida cuando he estado demasiado débil o he tenido demasiado pesado el corazón para aun orar por mí misma, que Dios ha traído a alguien a mi lado para decir: «Déjame levantarte al trono de gracia». En ese trono de gracia está todo lo que necesitamos. Por eso él dice: «Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna» (Heb 4:16).

Hay muchas cosas que podemos hacer unos por otros, pero no hay nada más vital o más valioso que podamos hacer unos por otros que llevarnos los unos a los otros a ese lugar de gracia.

Entonces, aun cuando te encuentres en una conversación con una persona que tiene una necesidad en su vida, y te está pidiendo consejo, seguro dices: «Esta situación es tan grande. No sé qué decir». El problema es que, muy a menudo, decimos algo de todas formas, aunque no sepamos qué decir.

En lugar de hablar de todas maneras, por qué no decimos: «¿Sabes qué? Realmente no sé qué decirte que debes hacer en esta situación. No sé cómo deberías  responder en esta situación, pero conozco a alguien que nos da la sabiduría si se la pedimos. Entonces solamente vamos a orar».

Tengo un pequeño lema en mi escritorio que dice: «¿Has orado al respecto?»Tenemos que recordar que al relacionarnos con otros en el cuerpo de Cristo, debemos orar unos por otros y los unos con los otros. ¡Qué gran forma de alentarnos!

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth en la serie de enseñanzas titulada, «Aliéntense unos a otros». Te animo a que busques un papel y un lápiz y escribas: ¿Has orado al respecto? Una pequeña nota como esta puede ser un gran recordatorio de orar unos por otros. 

La Escritura nos dice: «La muerte y la vida están en poder de la lengua». En nuestro próximo programa hablaremos acerca de algunas formas en las que podemos usar las palabras para construir en lugar de destruir.

Nancy: Piensa en esos momentos cuando tu esposo está bien desalentado. ¿Qué haces tú en esos momentos? Cuando él se siente abrumado o cuando uno de tus hijos se siente abrumado, ¿te acercas a ellos para derribarlos aún más con tus palabras o los fortaleces diciéndoles, «cariño, cobra ánimo, Dios está de nuestro lado»?

Annamarie: Te esperamos en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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