Podcast Aviva Nuestros Corazones

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Artículos por Jani Ortlund «aquí»

Carmen Espaillat: Con nosotras Jani Ortlund.

Jani Ortlund: Si realmente entendemos el evangelio, este tendrá un impacto profundo en nuestros matrimonios. No es que el evangelio esté aquí y mi matrimonio allá, y pienso que la sumisión es reflejo del evangelio en su nivel más profundo.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Cuando ves tus relaciones personales a la luz del evangelio, todo cambia. En el día de ayer, mi querida amiga Jani Ortlund comenzó a enseñarnos acerca de esto. Escuchamos la primera parte del mensaje titulado, «El matrimonio a través de los ojos del evangelio».

Jani está casada con Ray Ortlund, quien es pastor. Ellos han sido amigos cercanos desde hace mucho tiempo, y no solo míos sino también de mi esposo Robert. Aman al Señor, tienen un corazón para el avivamiento y son muy buenos comunicadores. Jani ha escrito un libro titulado, Fearlessly Feminine (Feminina sin temor), y también contribuye con artículos en nuestro blog Mujer Verdadera.

Quiero animarte a visitar el blog, en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. También, en la transcripción de este programa, tendremos enlaces a artículos escritos por Jani.

Si no pudiste escuchar el programa de ayer, espero que lo hagas, allí en AvivaNuestrosCorazones.com. Jani comenzó contrastando dos tipos de esposas. Llamó a una «la señora Ley» y a la otra «la señora Gracia». Ella retoma este mismo concepto al continuar con la segunda parte de su mensaje, «El matrimonio a través de los ojos del evangelio».

Jani: Ahora, volvamos a Romanos capítulo 7. Solo pensemos en esto por un momento, y luego vamos a continuar. Pablo aquí usa el ejemplo de un matrimonio difícil para enseñarnos acerca de la ley y de la gracia. En este pasaje la mujer está casada con el señor Ley. Él necesita que ella actúe de acuerdo a sus demandas.

Llena el espacio en blanco de los «o de lo contrario». Algunas de ustedes probablemente ya han experimentado esto. Tal vez él se enfada, o te da la espalda, o se retira, o te amenaza, o... (llena el espacio aquí). Son tantas las demandas. Esta esposa quería ser buena, ella quería cumplir con la ley en su matrimonio; pero ella no podía con todo eso.

Cada vez que ella se disculpa, el señor Ley solo le dice que trabaje más duro, que se esfuerce más. «¡Tú puedes. Vamos, inténtalo!» Ella termina sintiéndose poca cosa y culpable y avergonzada y sin esperanza, y muy, muy, muy sola, pensando en cómo hacer para que el matrimonio funcione.

Y luego en el versículo 4, el señor Ley muere y ella descubre que puede casarse de nuevo y tener otro esposo llamado señor Gracia. El versículo 4 dice: «Habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro». Ahora ella se relaciona con su nuevo esposo sobre el fundamento de la aceptación, sin amenazas. No más «haz esto o de lo contrario». No más acusaciones.

Jesús dijo: «En la cruz, yo no voy a acusarte más. Yo voy a amarte sacando ese pecado fuera de ti. ¿Vendrás a mí? Mi amor quiere llevarte a la obediencia, y no a la fuerza.» La gracia cambia todo. ¿Cómo podemos nosotras como mujeres, sacar esos «o de lo contrario» fuera de nuestras relaciones con nuestros esposos?

Veamos cómo la señora Ley se relaciona con su esposo, y luego veremos cómo la señora Gracia se relaciona con su esposo, y piensa dónde te encuentras tú. Ahora, necesito agregar una nota aquí: Les estoy hablando a las esposas. Te estoy pidiendo a ti que te evalúes. No estoy diciéndote que vayas a tu casa y le prediques esto a tu esposo. ¿Está bien? Esto es para nosotras las mujeres.

La señora Ley dice –tal vez no en estas palabras exactas, pero sí en sus respuestas: «Cariño, para que yo sea una esposa realmente feliz las cosas deben funcionar de la siguiente manera: Necesitas hacer esto de esta manera, o hacerlo en este momento, o escuchar de esta manera, o entenderme en esto, o no olvidar aquello, y si haces todo esto, tendremos un matrimonio magnífico».

Pero ella no está siguiendo a Jesucristo hacia una relación llena de gracia. Ella está tomando tres diferentes avenidas. La primera avenida que está tomando es la de Eva, al asumir el liderazgo en su matrimonio.

Todas ustedes conocen la historia de Génesis, y la señora Ley es justo como Eva. «Tengo que hacerlo o no se hará».

Esta no es una lucha nueva. Génesis 3:6 dice: «Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer… tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió».

La serpiente, aunque hábil para engañar, ignora al hombre. La serpiente en tu matrimonio puede ignorar a tu esposo porque sabe que tú eres un blanco más fácil.

La serpiente ignora al hombre y comienza a hablar con la mujer, y ella muerde la carnada como si su esposo ni siquiera estuviera ahí.

Cuando llega el momento de tomar una decisión, ella no consulta con su esposo ni le pide su dirección. Ella se involucra con un tercero sin invitar a su esposo. Esa es la señora Ley y no la señora Gracia.

¿Y qué estaba haciendo Adán? No lo sabemos…probablemente observando. No interviene ni se involucra excepto para comer de la fruta que su esposa le da. Este es el primer cambio de roles.

¿Quién está dirigiendo? La mujer. ¿Quién está respondiendo? El hombre. Y esto ha continuado así desde el jardín del Edén.

Mira, nuestra tendencia natural es a tomar las riendas, el control de nuestra familia, de nuestro presupuesto, de nuestra casa, de lo que sea. Irónicamente, la mayoría de nosotras queremos un hombre fuerte. Nos encantaría que un hombre nos guiara. Lo encontramos atractivo y liberador, y queremos eso. Y cuando no lo hace, sentimos que no se harán las cosas, así que insistimos en que la inactividad de nuestro esposo nos ha forzado a intervenir.

Déjame leer un fragmento del libro de Elizabeth Handford llamado: «¿Yo? ¿Obedecer a mi marido? Ella dice esto, y creo que es muy sabio:

«La mayoría de los hombres odian los escándalos. Ellos desprecian la confusión y el desorden. Ellos harán lo que tengan que hacer con el fin de tener paz en sus hogares. Dejarán que una mujer se salga con la suya en lugar de argumentar o pelear. Pero el precio que un hombre tiene que pagar es el precio de su hombría.

Antes de que te quejes porque tu esposo no toma el liderazgo en tu casa, escudriña tu corazón cuidadosamente. ¿Realmente confías en sus juicios? ¿Estás dispuesta a comprometerte con sus decisiones si él las toma? Si no, no te quejes de que él no lidera. Por el bien de la paz, puede que él no pelee por su autoridad».

Bien, vemos a la señora Ley llevar a Eva a tomar las riendas de sus relaciones. La señora Ley también lleva a Sara, nuestra madre, la mujer más mencionada en la Biblia, la lleva a la impaciencia.

Probablemente estás familiarizada con Génesis 16, la historia de Sara y Agar. Sara es con frecuencia tomada como ejemplo, pero al menos en una ocasión, parece que Dios no actuó lo suficientemente rápido para ella, y ella tomó el asunto en sus propias manos.

Cuando ella tenía sesenta y seis años de edad, ¿qué le dijo Dios a su esposo? Que ella iba a quedar embarazada, solo que no le dijo cuando. Eso fue realmente difícil para ella, era mayor de edad para concebir.

Ahora bien, en Génesis 16, (esto es diez años después), ella tiene 76 años de edad, y aún no tiene hijos. Así que recurre a una práctica común de esos días; tener un hijo por medio de su sierva. Esto no era inusual, pero estaba fuera de los límites de la promesa de Dios para ella. Ella le dio su esclava a su esposo, y pareció funcionar. Agar quedó en cinta. Habría un heredero que Sara criaría como su hijo. Pero la situación se volvió amarga incluso antes de que el niño naciera. ¿Cómo miró Agar a su señora? Con desprecio.

Así que Sara va y se queja con Abraham. La señora Ley le echa la culpa a los demás. La señora Ley busca una excusa para su conducta y para su propia infelicidad en todas las circunstancias que la rodean.

En el versículo 6, Abraham dice: «Tu sierva está bajo tu poder; haz con ella lo que mejor te parezca».

La infertilidad de Sara la hizo sentir impotente, y una mujer que se siente impotente es algo peligroso. Queremos el control. No nos gusta la falta de control.

Este fin de semana he hablado con algunas de ustedes que están en cierto punto en su matrimonio y desconocen el próximo paso. No sabes si te vas a mudar. No sabes qué trabajo tendrá tu esposo. Es muy, muy difícil porque quieres saber donde colgar tus fotos. Quieres saber a cuál escuela irán tus hijos. Quieres saber a qué dirección llegarán tus tarjetas de navidad el siguiente año. Quieres controlar estas cosas.

Bueno, esa era Sara, y ella estaba en una posición muy peligrosa. No repasaremos toda la historia, pero ella envía a Agar lejos. Dios se encuentra con Agar—esa es una historia hermosa en sí misma. Agar regresa, y catorce años después, Dios cumple su promesa, porque Dios siempre cumple sus promesas, solo que no nos dice cuándo lo hará.

Abraham y Sara tienen un hijo, pero Ismael, el hijo de Agar, el hijo de la impaciencia de Sara, fue una fuente de conflicto y dolor durante su vida. Me pregunto si Sara alguna vez pensó, «¿si tan solo hubiera esperado catorce años más?»

Tal vez Dios está susurrándote, «espera en el Señor. Sé fuerte. Permite que tu corazón cobre ánimo. Espera en el Señor».

Bueno, la señora Ley no solo es impaciente, no solo busca el control, sino que la señora Ley sigue los pasos del mundo en orgullo y desafío obstinado.

Si realmente entendemos el evangelio, este tendrá un impacto profundo en nuestros matrimonios. No es que el evangelio esté aquí y mi matrimonio allá. Y pienso que la sumisión es reflejo del evangelio en su nivel más profundo.

Permiteme agregar algunas palabras aquí. Sumisión es una palabra muy bíblica, y no solo la encontramos dirigida hacia las mujeres. Por favor escúchame en esto.

En Tito capítulo 3, a todos se les dice que se sometan a los gobernantes y a las autoridades.

En Santiago capítulo 2, se nos dice a todos que nos sometamos a Dios.

Lucas capítulo 2, versículo 51, dice que Jesús se sometió a sus padres. ¿No puedes seguir a tu Salvador en sumisión? ¿Por qué es esto tan ofensivo para nosotras como hijas del Rey?

El elegir ser sumisa sobre ser desafiante, mansa en lugar de arrogante, flexible antes que terca, ser llenas de gracia en la forma en la que nos relacionamos con nuestros esposos, elegir honrar sobre despreciar… esto es trabajo del reino.

La sumisión es una entrega de amor, flexibilidad. No es demandante. Se parece mucho a Cristo. La sumisión correcta es siempre voluntaria.

Si me preguntaras, «Jani ¿quién es el jefe en tu casa?»

Yo diría, «oh, mi esposo».

Y si me preguntaras, «¿bueno, y quién decidió eso?»

Yo te diría, «yo».

Porque la verdadera sumisión tiene que ser voluntaria, no debe ser demandada. La sumisión bíblica nunca puede ser exigida por el esposo. Él podría decir, «cariño, necesito que te sometas a mí en esta decisión». Pero solo tú puedes someterte.

La señora Ley vive por sus sentimientos. Ella siente que como no puede evitar sus emociones, tiene que someterse a ellas en lugar de a su esposo. Pero déjame decirte: tus sentimientos y mis sentimientos, están tan llenos de pecado como nuestros pensamientos y nuestras palabras y nuestras acciones. De alguna manera, creemos que es en nuestros pensamientos, con nuestras palabras y con nuestras acciones que pecamos. Pero nuestros sentimientos…no podemos evitar nuestros sentimientos, ¿verdad? «Si así me siento, no puedo evitarlo». ¡Por favor!

La Biblia nos da mandamientos, una y otra vez, acerca de los sentimientos. Pienso en el décimo mandamiento, ¿sabes cuál es? «No codiciarás». La codicia es un sentimiento. Puede llevarnos a la acción, pero es un sentimiento.

Y Pablo también nos dice: «Regocíjense en el Señor». ¿Crees que ese no es un sentimiento? Es decir, sé que usamos nuestras palabras, pero a veces nuestros corazones están muy lejos. Dios quiere nuestros corazones ahí.

¿Y qué hay acerca de, «no temas»? ¿No es ese un sentimiento? Aquí también vemos un mandamiento.

Busca vivir más allá de tus sentimientos de tal manera que tus emociones cambiantes no determinen el nivel de tu compromiso hacia tu esposo. No debemos pensar en la sumisión como una señal de debilidad o victimización. Nos parecemos más a Jesús cuando nos sometemos. Ese es nuestro rol, es nuestro rol en Jesús.

Mira, Él dice, «sométete como al Señor». Tu sumisión es un acto de adoración. Es un servicio a tu esposo. A fin de cuentas la sumisión de una esposa no dice tanto acerca de la forma en la que ella ve su matrimonio. Esta habla más acerca de la forma en la que ella ve a Dios.

Si no puedes tener un espíritu sumiso y flexible en las altas y las bajas del matrimonio, ¿cómo estarás dispuesta a confiar en Dios en todas las áreas de tu vida como mujer? Puede ser que vivas aquí en la tierra algún tiempo sin un hombre, y ahí también debes confiar.

La justificación cambia mi relación con Cristo de la ley hacia la gracia, y eso cambia mi matrimonio de uno de juicio a uno de misericordia. Escucha Romanos 15:7; «Por tanto, acéptense mutuamente, así como Cristo los aceptó a ustedes» (NVI). Otra versión dice, «Recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió» (RV60).

Podemos hacer eso con alguien que nos visite en la iglesia. Podemos aplicar este versículo con nuestros vecinos. Podemos hacerlo también con nuestra clase dominical. ¿Pero... en casa? ¿Aplica este versículo a mi relación con mi esposo? ¿Debo aceptarlo de la misma manera que me aceptas Tú?

2 Corintios 5:18 y 19… no iremos allí, pero habla acerca del ministerio de la reconciliación. Un matrimonio representa el ministerio de la reconciliación.

Pregúntate: ¿Por qué me importa tanto que mi esposo sea un pecador? ¿Por qué me irrita tanto? ¿Por qué me molesta tanto que él sea humano? ¿Por qué esto ocupa tanto mi mente? ¿Por qué quiero explicarle a él cuán irritada estoy, y cómo, si él hiciera algo diferente, nuestra vida sería maravillosa?

¿Por qué no tratar a nuestros esposos como Dios nos trata a nosotras a pesar de nuestros pecados? Para los cristianos, el pecado no tiene el mismo nivel de crisis que para cualquier otra persona fuera del ambiente del evangelio.

¿Cuál es la mejor defensa contra un matrimonio infeliz? Una profunda satisfacción en el evangelio, un corazón renovado cada día por Su gracia.

Sé una dadora de vida en tu matrimonio. Cuando tengas problemas y te sientas aislada, y no sientas amor por tu esposo, trátalo como si no estuvieras enojada con él.

No estoy diciendo que no necesitas orar por tu esposo. Lo que estoy diciendo es, no seas su consciencia. Sé tu propia consciencia. Tal vez Dios ha traído esto a nuestros matrimonios solo para cambiarnos a nosotras como mujeres.

El matrimonio es un compromiso incondicional con una persona imperfecta. La paradoja del matrimonio es que para construir verdaderamente un gran matrimonio, debes estar dispuesta a ser infeliz algunas veces. Debes estar dispuesta a ser infeliz, y si no eres cuidadosa, puedes tomar una relación excepcional y hermosa —el misterio de dos seres humanos convirtiéndose en una sola carne— y hacerla pedazos con el martillo del egoísmo.

¿Quieres vivir con un hombre que se resista y esté a la defensiva? Sé su consciencia. En lugar de ser flexible con él, libremente señálale a tu esposo las cosas que piensas que sería genial que él pudiera cambiar.

La Biblia dice que este tipo de mujer es peor que un hambre profunda, que una tortura tediosa y es incluso peor que el aislamiento físico y social. ¿Conoces estos proverbios?

«Mejor es vivir en un rincón del terrado que en una casa con mujer rencillosa» (21:9)

«Mejor es habitar en tierra desierta que con mujer rencillosa y molesta» (21:19)

«Gotera continua en día de lluvia y mujer rencillosa, son semejantes» (27:15)

¿Está casado tu esposo con la señora Ley o con la señora Gracia? Los hombres con los que mi esposo y yo platicamos están cansados de ser rechazados por las mujeres a las que prometieron entregarse. Con frecuencia escuchamos esto: «La amo, pero siento un gran vacío».

La señora ley dice, «haz esto o si no… Sé de esta manera o si no… Recuerda esto o si no… Di esto o si no...»

La señora Gracia dice, «ya que Dios me trata con gracia, por Su gracia te voy a tratar con gracia. Permitiré que el canal de la gracia de Dios fluya de mí hacia ti. Con amor voy a echar fuera esta desilusión o rencor. Te voy a liberar al aceptarte con un corazón alegre y no con un dedo acusador. Te voy a animar y no te voy a criticar. Quiero que nuestro matrimonio florezca dentro de una cultura de gracia».

En el cielo, querida hermana, Dios no nos va a decir, «estoy tan orgulloso de cómo cambiaste a tu esposo». No tomes una responsabilidad que Dios nunca te quiso dar.

Lo que hace toda la diferencia, es quien Dios es. La poderosa gracia de Dios es lo único que puede derrumbar las paredes en algunos de sus matrimonios hoy. Si viniste hoy aquí con un corazón quebrantado, esto es lo que Dios te dice: «Escucha quién realmente soy Yo…el Señor, el Señor misericordioso y lleno de gracia». Él tiene suficiente gracia para las paredes en tu matrimonio.

¿Por qué no tratar a mi esposo de la misma manera en la que Dios me trata a mí y a mis pecados? ¿Por qué no recibirlo y aceptarlo de la manera en la que Dios me acepta y me recibe a mí?

Nancy: Jani Ortlund nos ha estado retando con este pensamiento: ¿Qué significa realmente amar a los demás de la forma en la que Cristo me ha amado? Esta es una pregunta importante y difícil de responder.

Y más específicamente, Jani nos ha mostrado cómo se ve esto dentro del matrimonio. Creo que muchas mujeres que nos están escuchando hoy, quieren convertirse en el tipo de mujer que Jani describió como «la señora Gracia». Yo quiero ser así.

Y esto es realmente posible, escuchamos de oyentes que nos escriben contándonos cómo Dios ha obrado en sus vidas. Escucha lo que Silvia nos escribió,

«Las saludo con la paz del Señor. Soy de Argentina… Hace tres años que escuché por primera vez Aviva Nuestros Corazones, y fue, y es una gran bendicion para mi vida. Me ayudó a poder vivir el evangelio en mi matrimonio. La palabra de Dios cambió mi vida y la de mi familia. Ahora soy intencional en la búsqueda de la voluntad de Dios y en vivir como una mujer verdadera. Pero no me guardé esto, sino que lo comencé a compartir, y estamos en la iglesia un grupo de mujeres escuchando los programas y juntándonos para conversar cómo el Señor está obrando, y es maravilloso cómo comenzó a cambiar vidas. Y ellas mismas a su vez comparten esto con otras mujeres.

Dios bendiga la vida de cada una de ustedes que hace esto posible, y el Señor siga obrando en más vidas a través de ustedes. Esa es mi oración. Gracias hermana Nancy DeMoss».

Nos alegra tanto conocer estos testimonios. Ciertamente la Palabra de Dios puede transformar nuestras vidas y relaciones.

La única forma en la que aprenderás a confiar en un esposo imperfecto es al aprender a confiar en un Dios perfecto. Jani estará mañana de regreso para hablarnos más acerca de esto, aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Carmen: Viviendo la belleza del evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Te Llamas Amor, Abel Zavala, Ven a Mi Casa, ℗ 2016 Abel Zavala

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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