Podcast Aviva Nuestros Corazones

El Padre Nuestro, día 39

Temporada:  El Padre Nuestro

Annamarie Sauter: «Amén». ¿Conoces el significado de esta palabra?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Él nos advirtió acerca de las vanas repeticiones, el tan solo repetir palabras en nuestras oraciones sin pensar en ellas, cosas que son hábitos de memoria. Así que espero que después de la sesión de hoy nunca más digas: Amén, ahmen o de la manera en que lo digas; que jamás lo vuelvas a decir de manera descuidada o sin pensar.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Por varias semanas hemos estado en un viaje a lo largo de la oración, «El Padre Nuestro». Hoy Nancy concluye esta serie con la explicación de lo que significa la palabra: «Amén».

Nancy: Bueno, no sé qué pensarán ustedes, pero en mi corazón este ha sido un viaje maravilloso a través del Padre Nuestro. Realmente yo he pasado mucho más tiempo en esta oración que el que ustedes han pasado escuchándome.

La mayor parte del año pasado, estuve meditando en el Padre Nuestro y pidiéndole a Dios que me lo hiciera entender. Como ya les dije (creo que lo mencioné en la última sesión), en las últimas veinticuatro horas el Señor me ha mostrado una nueva luz sobre algunas partes de esa última frase del Padre Nuestro. 

Me encanta estudiar las Escrituras y ver cómo se relacionan los pasajes unos con otros. Así que al hablar de «tuyo es el reino», podemos adentrarnos en un estudio largo y profundo del «reino de Dios», y ver cómo se ve en el Antiguo y en el Nuevo Testamento.

Todo este estudio ha sido muy enriquecedor para mí, no solo para enseñarme cómo orar. Aunque ha impactado toda mi vida de oración y está impactando mi vida de oración. También está impactando la forma en que vivo, la manera en que pienso sobre mis circunstancias, la manera en que pienso acerca de mi vida. Me está dando la perspectiva de Dios sobre todas estas cosas.

Cuando decimos: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga a nosotros Tu reino. Hágase Tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo».

Y entonces pasamos a nuestras peticiones: «Danos hoy nuestro pan de cada día», se refiere a nuestras necesidades presentes, a nuestra provisión.

«Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores». Esta es una petición por perdón, perdón por nuestras ofensas pasadas.

Y luego Señor, al mirar hacia el futuro, necesitamos de Tu protección. «Y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal».

Finalmente llegamos al epílogo, la doxología, la bendición que hemos estado viendo durante estos últimos días. «Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás». Y al terminar ¿cuál es la palabra final? «Amén» (Mat. 6:9-13).

Ahora bien, podríamos sentirnos tentadas a saltar esa palabra. Pero quiero animarlas a que cuando lean las Escrituras, no pasen por alto ninguna palabra; deben entender que cada palabra es importante.

Quizás no te detengas en cada palabra cada vez que la leas y hagas un estudio de gran longitud. Pero al ver una palabra similar a esta, una palabra que se utiliza muchas veces en las Escrituras, te darás cuenta al estudiarla que no es una palabra cualquiera. Es una palabra importante, está llena de significado.

He escuchado al pueblo de Dios orar en diferentes idiomas, ninguno de los cuales entiendo, pero hay una palabra que siempre vas a reconocer cuando la escuches en cualquier idioma en cualquier parte del mundo.

La pueden decir con un acento diferente o con una pronunciación ligeramente distinta, pero sin duda reconocerás la palabra Amén. En algunos países dicen ah-mean (amén). Pero sabes lo que están diciendo.

Sé que algunas personas usan esta palabra como un hábito, sin pensar en ella. Al principio de este estudio dijimos que Jesús nos hizo una advertencia antes de darnos el modelo de oración usado por Él. Él nos advirtió acerca de las vanas repeticiones, el tan solo decir cosas o palabras en nuestras oraciones que son repeticiones de memoria, sin pensar en lo que estamos diciendo. Así que espero que después de la sesión de hoy nunca más digas ah-men (amén) o aymen (amén), o como sea que lo digas; que nunca lo digas sin cuidado y sin pensarlo.

Amén es mucho más que una palabra que decimos al final de una oración. No es una palabra que debemos tomar a la ligera. La palabra aparece en la Biblia noventa y nueve veces. Es una transliteración de una palabra hebrea que significa firmeza o verdad. Se refiere a algo que es fiable, algo seguro, algo verdadero, algo permanente. Es algo absolutamente certero.

En nuestras biblias a menudo se traduce como amén, lo que es, como ya había compartido, una transliteración de la palabra hebrea original. Pero algunas veces en español se traduce como «en verdad», en particular si tienes la versión Reina Valera de 1960. Cuando veas la palabra «en verdad», es realmente una traducción de la palabra hebrea amén.

A veces es traducida como «de cierto». En algunas de las versiones más modernas, Jesús dijo: «De cierto, de cierto os digo». Hablaremos más de lo que significa esto. A veces es traducida como «así sea» en diferentes versiones. También ahí se refiere a la palabra amén.

Como acabo de mencionar, Jesús la utilizaba frecuentemente para enfatizar la veracidad y la fiabilidad de lo que estaba a punto de decir. Así que a menudo empezaba sus enseñanzas diciendo: «De cierto, de cierto, os digo», o «en verdad, en verdad os digo». 

Si leyeran eso en el idioma original diría: «Amén, amén, os digo». Esto es verdad. Lo que estoy a punto de decirles es fiable. Es absolutamente cierto.

Ahora bien, todo lo que diga Jesús es verdadero es fiable. Todo es fidedigno. Todo es cierto. Pero con frecuencia Él usaba la frase, «amén, amén» para enfatizar algo que estaba a punto de decir. Como diciendo: «Escuchen esto cuidadosamente. Tomen nota, es verdadero». 

¿Sabías que Amén es uno de los nombres de Dios? Es apropiado que este sea Su nombre, porque describe Su carácter. En Isaías 65 se le llama «el Dios de verdad». Este nombre se usa dos veces en Isaías 65:16. Si se traduce del hebreo, es «el Dios de verdad, pero en hebreo es el Dios de amén». 

¿Qué significa esto? Significa que:

  • Él es fiel.
  • Él no puede mentir.
  • Él es el Dios de verdad.

En Deuteronomio 7:9, se le llama «el Dios fiel que guarda su pacto». Si nos vamos en el hebreo, sería «el Dios Amén». Él es fiel. Sus promesas son ciertas y verdaderas.

En Apocalipsis 3:14, Jesús se llama a Sí mismo «el Amén, el Testigo fiel y verdadero». Así es como Él se describe a Sí mismo. Él es el Amén de Dios.

Usualmente cuando leemos la palabra amén en las Escrituras, no la encontramos como Jesús la usó muchas veces, al principio de las oraciones. La encontramos más a menudo al final de las oraciones, de un párrafo o de un pensamiento. 

Usualmente es la última palabra de una declaración solemne. A menudo es la respuesta de la congregación para expresar acuerdo o afirmación de lo que se acaba de decir.

Permítanme tan solo mencionar varios ejemplos donde la palabra se usa de esta manera en las Escrituras. Cuando vamos a Deuteronomio 27, nos encontramos con este largo pasaje que es una especie de catecismo de maldiciones que Dios le dijo a Moisés que le enseñara al pueblo. Son las leyes de Dios.

Dice, «maldito el hombre que hace esto», y luego el pueblo decía, «amén». «Maldito el pueblo que hace tal cosa». En otras palabras, habrá consecuencias; habrá un castigo si violas esta ley. Luego el pueblo decía: «Amén».

El versículo 19 de Deuteronomio 27: «Maldito el que pervierta el derecho del forastero, del huérfano y de la viuda» Y todo el pueblo dirá: «Amén». Si te aprovechas de una persona pobre, oprimida o indigente, te meterás en problemas. «Y todo el pueblo dirá: Amén».

¿Qué estaban ellos diciendo? Al decir amén, ellos decían, «estamos de acuerdo con lo que se ha dicho. Lo afirmamos, y estamos dispuestos a someternos a la penalidad que es consecuencia de quebrantar la ley de Dios. Esta era una afirmación muy seria. «Amén, tomamos esto muy en serio».

En Israel, cuando se decía una oración o profecía, o la ley de Dios era leída, a menudo el pueblo decía: «Amén» (Neh 5:13; 8:6). Leemos acerca de ello en Nehemías 5 y 8, los cuales describen unos servicios de adoración en donde Nehemías, Esdras o uno de los sacerdotes oraba, leía las Escrituras o se ponía de pie para bendecir al Señor delante del pueblo. Luego todo el pueblo decía: «Amén».

Ahora veremos otro uso de la palabra, amén, en las Escrituras. Cada vez que se encuentren con una doxología, una bendición del Señor, a menudo se encontrarán también con la palabra amén al final. Permítanme leerles algunas de ellas que se encuentran en el Nuevo Testamento.

«Al único y sabio Dios, por medio de Jesucristo, sea la gloria para siempre. Amén» (Rom. 16:27).

«A nuestro Dios y Padre sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Fil. 4:20)

En el libro de Judas (1: 25): «Al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo, y ahora y por todos los siglos». Y ¿que encontramos al final? «Amén» .

En los salmos podemos encontrar un sin número de veces que cuando se da una bendición al final, esta termina con la palabra amén. Vamos a leer unos cuantos.

Salmos 72:19: «Bendito sea su glorioso nombre para siempre, sea llena de su gloria toda la tierra. ¡Amén y amén! El amén doble significa, «es cierto, así sea. Lo afirmamos».

Sal 106:48: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde la eternidad y hasta la eternidad. Y todo el pueblo diga: Amén ¡Aleluya!»

El apóstol Pablo usa la palabra Amén siete veces en su carta a los Romanos al final de las doxologías o las bendiciones. Pueden buscarlas. De hecho ¿Sabían que la última palabra de la Biblia es amén? Déjenme leerles los dos últimos versículos de Apocalipsis 22.

«El que testifica de estas cosas dice: ¡Sí, vengo pronto. Amén. Y las iglesias dicen: Ven, Señor Jesús! 

Luego leemos en el último versículo, el 21: «La gracia del Señor Jesús sea con todos». Y la palabra final es: «Amén». (Apoc. 22:20-21).

Al principio de la iglesia cuando se reunían para adorar todos juntos, según 1 Corintios 14:16, sabemos que era una práctica de los creyentes primitivos decir amén de manera audible. Al finalizar las oraciones o acciones de gracias lo verbalizaban.

Era la congregación asintiendo, poniéndose de acuerdo y afirmando lo que se había orado, como lo hemos visto a través del Antiguo y Nuevo Testamento. Creo que esto era un recordatorio de que cuando asistimos a la iglesia o cuando estamos con el pueblo de Dios, hablando sobre los asuntos de Dios, orando con el pueblo de Dios, somos participantes, estamos participando

Cuando vas a la iglesia, participas en el servicio. Ese servicio es un medio de la gracia de Dios en tu vida. La intención de Dios es que seas una participante no una espectadora, de que tomes lo que se te está dando y le respondas al Señor.

No se supone que tan solo estemos viendo a las personas en el púlpito o las plataformas en los servicios de la iglesia. Estamos supuestas a involucrarnos mentalmente, espiritualmente y emocionalmente, en lo que se dice.

Es triste decir que en muchos casos, eso no es la verdad. Yo sé lo que es sentarse en un culto de la iglesia y que mi mente esté en otro lugar. Pero Dios quiere que estemos involucradas cuando escuchamos la Palabra, cuando oramos. 

Cuando alguien está orando en el púlpito, o cuando en tu grupo pequeño alguien está orando, Él desea que estemos orando en nuestros corazones. No es el tiempo para que estemos pensando acerca de lo que vamos a orar cuando sea nuestro turno, aunque debo confesarles que me ha pasado muchas veces.

Es el tiempo para que estemos afirmando, siguiendo en oración a quién está orando. En ese sentido, los servicios de la iglesia, los grupos de oración, los grupos pequeños se convierten en diálogos, una conversación con el pueblo de Dios y con Dios mismo. Por eso decimos amén.

No somos tan solo individuos privados, individuos aislados sentados en nuestros cultos en la iglesia. Estamos supuestas a responder activamente, involucradas con aquellos que están orando y predicando, e involucradas con los demás que están a nuestro alrededor. De lo contrario, puedes sentarte sola en tu casa y escuchar un sermón, la radio, o discos compactos o descargar algo en tu computadora.

No tiene nada de malo hacer estas cosas. Pero hay algo sagrado cuando el pueblo de Dios está reunido, la comunión de los santos; eso es la unidad de los santos reunidos en adoración, respondiendo a la Palabra predicada, y ofreciendo oración a Dios.

Ahora, sé que cuando hablo de decir amén en la iglesia o ah-men, si así es como lo dicen en tu iglesia, algunos no se sienten cómodos con eso. Y algunas iglesias probablemente no se sienten cómodas con eso.

Algunos prefieren que su experiencia en la iglesia sea más callada, tener más dignidad en la adoración, y quizás no están acostumbrados a tales expresiones como, «amén» o «bendito sea el Señor», o «estoy de acuerdo», o «así sea».

Creo que algunas de nuestras iglesias probablemente podrían beneficiarse de una mayor dosis de reverencia… un sentido de asombro de que cuando venimos a la iglesia no tan solo estamos parloteando acerca de todo, sino que realmente estamos en reverencia y asombro ante el Señor.

Cuando levantamos la voz para decir algo como amén para afirmar lo que se está diciendo, el punto no es hacer una escena. No es llamar la atención hacia nosotras mismas o hacer un despliegue de, «soy una persona muy espiritual porque estoy diciendo: «¡Amén predicador!»

No es a eso a lo que nos referimos. No debemos estar en desorden o fuera de orden. Si hacerlo estuviera fuera de lugar en la iglesia a la que perteneces, entonces es mejor que no seas tan expresiva.

Pero sí pienso que no nos vendría mal tener… y me atrevo a usar la frase, «algarabía santa»... en algunos de nuestros servicios. Si lo hacemos en eventos deportivos no vemos mal el expresarnos efusivamente o hacer alboroto, pero entonces cuando venimos a la iglesia, permanecemos inmóviles, sin expresión. Si es tan solo por reverencia está bien. Pero a veces pienso que es porque no estamos involucradas. 

Dios quiere que estemos involucradas, que participemos. Cuando decimos «amén», estamos diciendo que estamos de acuerdo sin reservas de que lo que se acaba de decir es verdad. O estamos afirmando y reafirmando con certeza que lo que se acaba de orar está de acuerdo con la voluntad de Dios y será escuchado por Él.

Es un acuerdo solemne. Amén: una palabra que no se debe decir a la ligera, pero que sí se debe expresar.

Cuando decimos amén en la adoración corporativa, en el estudio de la Palabra, y en las oraciones del pueblo de Dios, realmente nos estamos uniendo a la adoración celestial. ¿Sabían que eso es lo que dicen en el cielo?

Vamos a buscar en nuestras biblias Apocalipsis 5. Este pasaje está en medio de una escena de adoración celestial. Los ángeles y los seres vivientes y los ancianos están reunidos alrededor del trono de Dios, cientos de millones de ellos, millares de millares.

«Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono y de los seres vivientes y de los ancianos; y el número de ellos era miríadas de miríadas, y millares de millares, que decían a gran voz:

El Cordero que fue inmolado digno es de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza.

Y a toda cosa creada que está en el cielo, sobre la tierra, debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir:

Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos.

Y los cuatro seres vivientes decían: Amén. Y los ancianos se postraron y adoraron» (vv.11-14).

Así que nos unimos a ese coro celestial. En cierto sentido, nuestra adoración aquí en la tierra es una especie de ensayo, una práctica de lo que vamos a estar haciendo en el cielo por toda la eternidad contemplando a Aquel que está sentado en Su trono, ofreciendo doxologías, bendiciéndole, dándole alabanza, honor y gloria y diciendo: Amén, amén, amén, amén afirmando y estando de acuerdo.

Al principio de esta serie mencionamos un pequeño libro que Martin Lutero escribió sobre el Padre Nuestro. Él lo llamó, Una forma simple de orar. Esto es lo que él escribió sobre esa palabra final del Padre Nuestro:

Tomen en cuenta esto: que siempre deben decir el amén con firmeza. Nunca duden que Dios en Su misericordia ciertamente les escuchará y les dirá «sí» a sus oraciones.

Nunca piensen que están postrados o parados solos; en vez de eso piensen que toda la cristiandad, todos los cristianos devotos, están de pie junto a ustedes, y tú estás parada en medio de ellos haciendo una petición en unidad, la cual Dios no puede tratar con desdén.

No terminen su oración sin haber pensado o dicho: «Pues bien, Dios ha escuchado mi oración, esto lo sé con certeza». Esto es lo que significa amén.

Así que cuando decimos: «Tuyo es el reino, el poder y la gloria, por siempre Señor. Amén. Lo que estamos diciendo es «sí» a todo el Padre Nuestro.

  • Sí, oh Señor, deseo que Tu nombre sea santificado. Quiero darle reverencia a Tu nombre. Deseo que todos alrededor del mundo le hagan reverencia a Tu nombre.
  • Sí, deseo que venga Tu reino.
  • Sí, deseo que sea hecha Tu voluntad sobre todas las cosas.
  • Sí, Señor, afirmo que necesito pan. Necesito cosas prácticas, y creo que Tú las suplirás porque Tú eres el Creador.
  • Sí, necesito el perdón diario y la gracia para perdonar a los demás así como Tú me has perdonado a través de Cristo Jesús.
  • Oh, Dios, sí, amén. Necesito tu ayuda para vencer la tentación y al tentador.
  • Además, oh Dios, cuando haya caído, sí, amén, necesito ser liberada del maligno.
  • Sí, Señor, reconozco que Tú eres el Señor soberano y el Rey del universo, que todo reino, todo poder, y toda gloria Te pertenecen por siempre.
  • Sí, Señor. Que así sea. Así será.
  • Y todo el pueblo de Dios dice: Amén.

Annamarie: Qué manera tan apropiada de concluir esta serie titulada, «El Padre Nuestro». Decimos amén, y continuamos diciendo amén con nuestras vidas y corazones.

Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha hablado sobre diferentes temas a lo largo de esta serie. Para escuchar, compartir o leer cualquiera de los programas anteriores, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Utiliza todos los recursos que tenemos allí para ti, y compártelos con otras mujeres.

Te recuerdo que hay un recurso devocional que acompaña esta serie, titulado, «Devocional de 30 días: El Padre Nuestro». Nuestro equipo desarrolló este recurso para ayudarte a recordar y aplicar a tu vida las enseñanzas que has estado escuchando en esta serie. Por tu donación hoy a Aviva Nuestros Corazones, te enviaremos un acceso para descargarlo. Puedes hacer tu donación a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Una oyente que ha sido bendecida con recursos como este nos compartió lo siguiente….

Stephanie Elias: Mi nombre es Stephanie y para mí Aviva Nuestros Corazones ha sido una inmensa bendición. Yo tengo contacto con el ministerio aproximadamente cinco años y ha sido excelente para mí. Yo realmente tenía una mente acomodada al mundo, así crecí a pesar de que mi madre me enseñó la Palabra pero yo todavía no era cristiana.

Realmente el recibir la enseñanza de Nancy con tanta frecuencia, tan claramente explicada, tan profunda, tan adaptada a nosotras las mujeres, pero con una base sólida bíblica, no simplemente cosas sobre sentimientos y cosas específicas con las que las mujeres luchamos, pero ella abarca toda la Biblia, y eso me encanta y realmente eso es lo que me ha transformado, la verdad de Dios que ha transformado mi mente, mi corazón, y me ha ayudado a cambiar entonces mi conducta.

Agradezco muchísimo al ministerio. Realmente siento que me preparó para mi matrimonio. Ha sido de muchísima bendición aprender no solamente de Nancy sino de tantas mujeres piadosas que ella invita. También estar en contacto con el blog, poder leerlo, poder compartirlo, poder buscar otros programas cuando tengo alguna necesidad específica o cuando tengo alguna amiga o alguna compañera de trabajo o alguien que necesite de algún mensaje específico. De verdad que le doy muchas gracias a Dios por Aviva Nuestros Corazones, porque ha contribuido a mi crecimiento espiritual.

Que Dios les bendiga, que Dios bendiga a Nancy a todo el equipo de Revive Our Hearts y de Aviva Nuestros Corazones para que sigan haciendo esta labor, entendiendo que su labor, su trabajo no es en vano y que no simplemente las que escuchamos estamos siendo receptoras, sino que una vez recibimos, buscamos enseñarles a otras que no conocen el diseño bíblico o que quizás no han sido nunca enseñadas a pesar de ser creyentes, en lo que es el diseño bíblico. Qué gozo nos llena al vivir lo que Dios ha diseñado para nosotras y por eso estoy muy agradecida.

Annamarie: Gracias por compartir tu testimonio con nosotras. Detrás de cada blog, programa y recursos, hay todo un equipo involucrado, y hay varias formas en las que tú puedes ser parte de este equipo. Nancy te explica más.

Nancy: Sin el apoyo de nuestras oyentes, no habría página web, ni transcripción, ni Aviva Nuestros Corazones.

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Hemos estado orando a Dios para que levante y añada cientos de nuevos colaboradores del ministerio. Te animamos a que consideres esto en oración y que Dios te muestre Su voluntad.

Annamarie: Cuando piensas hacia dónde se dirige el mundo, ¿te sientes tentada a temer? Nancy te llevará a lo largo del libro de Proverbios y te mostrará el retrato de una mujer que no le teme al futuro. Ella dará recomendaciones prácticas acerca de cómo elegir la fe en Dios, sobre el temor.

Acompáñanos mañana, en un nuevo programa de Aviva Nuestros Corazones. ¡Te esperamos!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Romans 1:25; 9:5; 11:36; 15:33; 16:20, 24, 27.

2 Martin Luther, from “ A Simple Way to Pray” (1535) in “Martin Luther —Later Years and Legacy,” Christian History, no. 39.

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