Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Arraigadas en la Palabra (parte 1)

Annamarie Sauter: En una ocasión, a la orilla del mar de Galilea, Jesús enseñó desde la barca de Pedro. Cuando terminó de enseñar, le dijo a Pedro que fuera a las aguas más profundas y echara sus redes. Pedro le dijo: «Maestro, hemos trabajado mucho durante toda la noche y no hemos pescado nada; pero si tú lo dices, echaré las redes nuevamente». ¿Sabes qué sucedió luego?

Damaris Carbaugh: ... tan abundante fue la pesca que Pedro se tiró de rodillas y ¿qué dijo? «Apártate de mí, soy un pecador». 

¿Has tenido un encuentro así con Cristo, que te das cuenta que Él es puro y santo y tú no? Pero ¿qué le dijo Jesucristo a Pedro? «No tengas miedo Pedro. De ahora en adelante yo te haré un pescador de hombres».

Él no te condena, pero sí aprecia cuando tú entiendes lo que tú eres.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy arraigamos nuestras vidas en lo que Dios nos dice en Cantares, capítulos 5 al 8.

Patricia de Saladín: Durante estos días queremos que experimentes un poco de lo que fue nuestra última Conferencia Mujer Verdadera ‘20, titulada «Arraigadas». Este fue un evento que Aviva Nuestros Corazones llevó a cabo el mes de marzo de este año en Monterrey, México. 

Esta conferencia, al igual que la del 2017 y la del 2015, pretende traer a las mujeres a un encuentro fresco con Jesús a través de la verdad de la Escritura, de modo que nuestros corazones sean avivados y conozcamos nuestro diseño para nuestras vidas como mujeres. 

En los últimos dos programas escuchaste el primer mensaje que se enseñó en la conferencia de este año, titulado «Arraigadas y cimentadas en Cristo». Si no lo escuchaste, encuéntralo en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Hoy escucharás el mensaje titulado «Arraigadas en la Palabra», enseñado por Dámaris Carbaugh.

Damaris Carbaugh: El tema de este fin de semana es: Arraigadas, ¿verdad que sí? Con raíces fuertes. Que ni viento ni olas ni nada, te saque de donde tú estás en Cristo. ¿Amén?

Pero el tema mío es, Arraigadas en la Palabra. Algunas de ustedes me han oído decir, y lo que digo mucho, son tres palabras: Lee la Biblia. Porque por esa razón, porque yo no leí la Biblia por tantos años, por eso me equivoqué en gran manera. Y puedes estar en la iglesia como estaba yo, toda mi vida. Toda mi vida. Mi abuelo pastor, mis padres misioneros, las que me cuidaban eran mujeres piadosas.

Yo nunca estuve fuera, en la iglesia sin embargo, bien equivocada. Y ¿por qué? Porque no vivía en la Palabra. Y yo no soy la única. A muchas de nosotras nos gusta todo esto pero somos flojas para estar en la Palabra. ¿Verdad que sí? Okey.

Arraigadas en la Palabra. Quiero empezar con una parábola que Cristo enseñó a la multitud, pero cuando terminó los discípulos le preguntaron, ¿y qué significa lo que tú acabas de decir? Quiero decirte, que cuando leas la Biblia y llegas a un sitio donde a veces te sientes como: «Señor, ¿qué significa esto? Dilo, dile la verdad. Espera en el Señor, y Él a Su manera y en Su tiempo, mientras sigues leyendo la Biblia, te va a enseñar lo que Él quiere decir. 

Porque si ellos le preguntaron a Él que era el perfecto maestro, ¿verdad que sí? Pero decían, «¿qué quiere decir esto?», y Jesucristo –quiero empezar, no con la parábola entera, pero cuando Él empieza y les responde a los discípulos– en Lucas capítulo 8, empezando con el versículo 11, Jesucristo dice esto…pero, oh, antes de decirles lo que Él dijo, cuando tú lees la Biblia…cuando yo estaba preparando esta plática para ustedes, yo la tengo que estudiar primero en inglés porque aunque ustedes me oyen hablando en español, yo pienso en inglés. Oren por mí. Porque soy latina, pero soy americana.

Así que Dios me tiene que ayudar, y me va a ayudar. Pero cuando estaba leyendo la Biblia en inglés, de esta parábola, en inglés decía –hay cuatro grupos en esta parábola– y los primeros oyeron, el segundo oyó, el tercero oyó, y decía esa palabra, en inglés es hear, hear, oyen, oyen. Pero entonces el versículo 18, después de la parábola –que Cristo actualmente empezó a decir otra cosa– leí que Él dijo esto: «Así que presten atención a cómo oyen, a los que escuchan mis enseñanzas se les dará más entendimiento, pero a los que no escuchan se les quitará aún lo que piensan que entienden».

Fíjate que el Señor usó la palabra oyen y también usó la palabra escuchar. Y yo pensé, ¿habrá diferencia entre oír y escuchar? Y qué creen… ¡oh sí! Es más, me gustó tanto, me gustó tanto que hay una diferencia, que lo busqué y mira lo que dice el diccionario. Sueno un poquito inteligente pero no lo soy. Como en primera de Corintios, no muchos eran sabios, es más Dios usó a lo ridículo, esa soy yo. 

Mira lo que dice: «Oír es percibir las vibraciones del sonido, oír es pasivo». Así que si un ruido entra por aquí, tú lo oyes, pero no lo buscaste, entró el ruido. Oye esto, oír es pasivo. Por otra parte, «escuchar es la capacidad de captar, atender e interpretar la totalidad del mensaje. Escuchar es deducir, comprender y dar sentido a lo que se oye».

¿Están listas para escuchar? Amén. Que Dios, empezando conmigo, que Dios me haga una persona que no solo oye sino que escucha lo que Cristo quiere decir. ¿Amén? Entonces, Él dice: «Este es el significado de la parábola. La semilla es la Palabra de Dios. Las semillas que cayeron en el camino, representan a los que oyen el mensaje, pero viene el diablo se lo quita del corazón e impide que crean y sean salvos. La semilla sobre la tierra rocosa, representa a los que oyen el mensaje y lo reciben con alegría, pero como no tienen raíces profundas creen por un tiempo y luego se apartan cuando enfrentan la tentación. Las semillas que cayeron entre los espinos, representan a los que oyen el mensaje, pero muy pronto el mensaje queda desplazado por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida; así que nunca crecen hasta la madurez. Y las semillas que cayeron en la buena tierra, representan a las personas sinceras, de buen corazón, que oyen la palabra de Dios, se aferran a ella y con paciencia producen una cosecha enorme».

Yo quiero hablar solamente de esa última parte, de las semillas que cayeron en la buena tierra. Representan las personas ¿de qué?, de buen corazón. Buen corazón, que oyen la palabra de Dios, sinceras, las personas sinceras. Me encantó lo que el pastor Sugel Michelén dijo cuando dijo que hay personas que dicen, «yo nací cristiana»; embuste. Pero también hay algunas que no lo dicen tan… dicen, «yo siempre he amado a Dios». No. «Yo siempre sabía que era de Él». No, tú te crees, pero no, porque cuando lees eres sincera; «pero Damaris, yo soy sincera, y yo tengo un corazón bueno». No, no, no. No entiendes, porque si lees la Biblia, te vas a dar cuenta de que todas tenemos corazones malos.

Pero Él nos salvó y está cambiando nuestros corazones, ¿amén? Tenemos que ser sinceras de esta manera: tienes que entender sinceramente que necesitas un Salvador. Una persona sincera. Para mí el corazón sincero –hay ejemplos– yo quiero la sinceridad que tuvo Pedro. ¿Te acuerdas cuando Jesús prestó el barco de él para enseñar? Y cuando terminó, Jesús le dice: «ahora echa la red para buscar»; ¿y qué dijo Pedro? «Ay, Maestro, pescamos toda la noche, y no… alcanzamos nada». 

–¿Ves?, se me van las palabras– «pero como tú me pides lo haré». ¿Y qué pasó? Tan abundante fue la pesca, que Pedro se tiró de rodillas, y ¿qué dijo? «Apártate de mí, soy un pecador». ¿Has tenido un encuentro así con Cristo? ¿Que te das cuenta que Él es puro y santo, y tú no? Pero ¿qué le dijo Jesucristo a Pedro? «No tengas miedo Pedro, de ahora en adelante yo te haré pescador de hombres».

Él no te condena, pero sí aprecia cuando tú entiendes lo que tú eres. La sinceridad para decir yo soy así, yo soy así, yo soy un corazón bueno. Un corazón bueno dice el Salmo 51:17 –cuánto me gustaría tenerlo de memoria, como el pastor Michelén. Cómo se le salían estos versículos; y no me digas que tú no puedes, sí podemos, a él le salen esos versículos porque se los ha metido. ¿Tú me entiendes? Si tú lees la Biblia y lees la Biblia, y lees la Biblia, se te van a meter esos versículos, y te van a salir.

No me digas que no puedes memorizar, porque todas sabemos, quién me va a curar el corazón partido. Yo ni traté de memorizar esa canción. ¿Por qué me la memoricé? Porque me gustan las palabras. ¡Ay, que me guste más la Palabra de Dios! Pero mira lo que dice el Salmo… (cálmate Damaris) 51:17: «El sacrificio que sí deseas es un espíritu quebrantado, tú no rechazarás un corazón arrepentido y quebrantado», ¿así está tu corazón? 

¿Tu corazón está arrepentido y quebrantado? ¿Te hiere tu corazón cuando sabes que hiciste algo que entristeció al Espíritu Santo? Ese es el corazón bueno. Ese es el corazón sincero que se da cuenta inmediatamente cuando has dicho algo que no deberías haber dicho. ¿Amén? Yo quiero ser esa persona sincera, de buen corazón. Yo quiero que esa semilla –la semilla es la Palabra de Dios. Y déjame decirte algo, la Palabra de Dios no tiene fallo, es perfecta no hay problema con la semilla. El problema está en si el corazón es tierra fértil para que esa Palabra pueda producir en ti raíces.

Y yo pregunto, ¿cómo puedo yo dejar que esa Palabra haga la obra que quiere hacer? El Salmo 1 –¡qué salmo!– nos enseña lo que pasa cuando la semilla cae en tierra fértil. El Salmo 1 dice esto: «Qué alegría para los que no siguen el consejo de malos ni andan con pecadores ni se juntan con burlones…» Déjame parar ahí un momentito. No siguen el consejo de malos. ¿A quién tú le pides consejo? Dios nos libre de buscar consejos de personas que no tienen temor de Dios.

Yo no quiero que me aconseje una persona que no ama a Jesucristo. ¿A quién tú buscas para ese consejo? ¿A personas que aman al Señor? Tienen que ser así las personas que te aconsejan a ti, ¿amén? Que no te aconseje nadie que te va a apartar del Señor; «…y no andan con pecadores». La Palabra, siempre cuando habla de andar, debemos de andar de tal manera, la Palabra no nos está diciendo cómo pisar el piso, no, no, no. Cuando la Palabra dice andar, es otra palabra para decir vivir.

Tu manera de vivir. Tú no puedes vivir con pecadores. Pero… un momento, vivimos en una tierra llena de pecadores, ¿verdad que sí? Pero eso no es lo que quiere decir, porque tú tienes que vivir con mujeres en el trabajo, mujeres en el hogar, mujeres en la iglesia, tú tienes que vivir con personas que no siempre van a ser cristianos. Tenemos que vivir con esas personas. Pero cuando la Palabra dice que vives con pecadores, es más –ay, yo no sé si ustedes usan esta palabra… porque no es una palabra– janguear, ¿ustedes entienden eso? ¿No? ¿Cómo se dice eso? Pasar el rato, estoy janguiando, vamos a janguear…aprendan esa palabra. 

Que pasas el tiempo… ay vamos a la tienda. Y eso es bueno. No estoy diciendo que es malo decir, vamos a hacer esto, vamos a hacer lo otro, y te juntas mucho con personas que no son cristianas. Eso no te va ayudar. «No andan con pecadores ni se juntan con burlones». Sabes que burlones, lo dice así, pero en otras versiones dice escarnecedores. Yo tuve que buscar esa palabra en el diccionario, escarnecedores, suena tan… Pero ¿sabes lo que quiere decir? Que ridículan, ¿así se dice? Ridiculizan, ¿si ves cómo yo me invento las palabras? Ridiculizan, le hacen burla. 

Y es verdad que hay personas que piensan que lo que nosotros creemos es ridículo. Piensan así, nos ridiculizan. ¿Cómo que vas a esperar para casarte? Vive con él. No, eso no es lo que dice la Palabra de Dios. Dios honra el matrimonio, y no podemos estar con personas, aceptar consejo de personas, que se burlan de la verdad de la Palabra. «Alegre», dice el salmo, «es la persona que no anda, no se junta y no sigue el consejo de malos, sino que se deleita en la ley del Señor, meditando en ella día y noche». «Sino que se deleitan en la ley del Señor, meditando en ella día y noche».

Cuando yo leo eso, inmediatamente tengo que decir, «perdóname Señor, que muchas veces no me deleito día y noche en la ley. Y nosotros ahora tenemos mucho más que la ley, ¿verdad que sí? Pero se deleita. No está diciendo, estudia. Deleita, y no estoy diciendo que estudiar sea malo, al contrario, es buenísimo. El estudio te va a permitir entender mejor lo que es deleitarse en la Palabra de Dios. Día y noche se deleita. 

Y yo digo, Señor, perdóname porque cuando mi esposo me escribía cartas –porque el noviazgo nuestro fue de larga distancia, él estaba en Carolina del Norte y yo vivía en Nueva York– pero él me escribía cartas, ¿y tú crees que yo quería leer esas cartas día y noche? Oh sí, oh sí, no me cansaba. Dime más, háblame más, porque estaba enamorada y todavía estoy enamorada, aleluya; este año cumplimos 40 años.

Dios es bueno. Pero esa persona se deleita meditando en ella día y noche. Pídele al Señor que te dé ese amor por Su Palabra, y que te deleites en ella. Porque si eso sucede, ¿sabes lo que resulta? Entonces dice: «Son como árboles plantados a la orilla de un río que siempre dan fruto en su tiempo, sus hojas nunca se marchitan, y prosperan en todo lo que hacen». Ese es el resultado. ¿Quieres estar arraigada? Deléitate en la Palabra de Dios. Pídele al Señor que te dé hambre de Su Palabra.

Yo le dije a una persona esta mañana, unas jóvenes, cuando estábamos llegando aquí, y me estaban hablando, y yo les dije –solamente tengo que pasar como 10 minutos en conversación con alguien, y me doy cuenta que esa persona no vive en la Palabra. No es porque soy tan inteligente, no, no, no, no. Porque así hablaba yo. ¿Tú me entiendes? Personas que son lindas y buenas y dicen, «Damaris, qué bueno verte y qué bueno escucharte. Yo estoy esperando a mi esposo, él iba a venir… ¡pero es tan bobo! 

De eso estoy hablando, yo hablo de eso, de cositas así. Ay, porque tú sabes que alguna gente… cositas que dicen… yo digo, no, no, no. Esos pensamientos están fuera de quisis, ¿eso es correcto, decir quisis…? ¿No? Quicio, fuera de quicio, fuera de quicio, y ¿qué dije? Ah, dije fuera de quisis y es fuera de quicio, ah okay. Sí, 10 minutos y me doy cuenta, o dicen algo un poquito sarcástico, porque esa no debe ser nuestra manera de hablar. 

No te creas que… Yo soy alguien que Dios ha rescatado y me ha enseñado la lindura de Él. Yo lo amo tanto, ¿y sabes lo que yo quiero ser? Buena. Yo quiero ser como Cristo. Yo quiero ser como Él. Él es bueno y Él me ama y como dijo Sugel, Él ya obedeció perfectamente. Así que Él está dispuesto a perdonarme cuando no me he portado como me debo portar. Pero el deseo que tengo es de portarme bien. Quiero portarme bien. Quiero hablarte bien. Quiero darte el cariño que te debo dar. Aunque de vez en cuando se pone un poquito difícil, con hermanita, hermanita, foto, foto, foto. Se pone un poquito difícil, pero también entiendo que son lindos recuerdos. Ellas quieren poder decir: «Mira lo que pasó». Yo entiendo, entiendo y no entiendo.

Pero esas son las cositas, pero yo quiero en mi vida diaria ser una persona que agrada a Dios; que vive en la Palabra. ¿Y sabes? Si tú dices, «pero cómo voy a saber si estoy bien o no? Lee la Biblia. Segunda de Timoteo 3: 16, yo leí ese versículo, me acuerdo que cuando hablé por primera vez en una conferencia de Aviva. Mencioné que cómo era posible que yo pudiera estar tan trastornada por tanto tiempo y ni sabía que estaba trastornada. Y el Señor, un día, leyendo este versículo, –mira esto, «toda la escritura es inspirada por Dios», toda, «y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida», «para hacer ver lo que está mal en nuestra vida», tú nunca vas a darte cuenta que estás mal, a menos que estés en las Escrituras. 

Patricia: Espero que hayas escuchado este mensaje de Dámaris Carbaugh. Ella nos ha hablado acerca de la diferencia entre oír y escuchar, y nos ha recordado la bienaventuranza de aquellos que arraigan sus vidas en la Palabra de Dios. 

Muchas mujeres que estuvieron allí cuando Dámaris enseñó este mensaje durante la conferencia, escribieron en sus tarjetas testimonios. Te voy a leer algunos de ellos.

Este dice:

«Dios está obrando como siempre con gran amor y paciencia. Él es un Dios de oportunidades. Me ha confrontado con la verdad de que debo vivir arraigada en Él, no solo ser una cristiana más. Debo retomar mis tiempos de lectura —realmente escuchar a Dios por medio de leer Su Palabra. Pido que el Espíritu Santo siga trabajando en mí».

Y otra mujer escribió: 

«Debo volver a mi primer amor. Debo recordar de dónde me sacó el Señor y mirar SIEMPRE la cruz, arraigada en Él y en Su Palabra».

Amén. Es nuestra oración que toda la Palabra que fue sembrada en los corazones de tantas mujeres en la Conferencia Mujer Verdadera 2020, continúe dando fruto.

¿Estás en las Escrituras? ¿Puedes saber si estás caminando por el buen o el mal camino? Mañana escucharás a Dámaris con la continuación del mensaje de hoy. Si te has desviado del camino de la verdad, aún hay esperanza para ti.

Damaris Carbaugh: Tu corazón, ¿es un corazón sincero? ¿Te has dado cuenta que necesitas hacer lo que Cristo dice? Arrepiéntete, vuelve a Dios, y confía en Él.

Patricia: Escucha más, mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie:Arraigadas en la Palabra de Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Arraigado, Jonathan y Sarah Jerez ℗ 2020 Jonathan y Sarah Jerez.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca del orador

Dámaris Carbaugh

Dámaris Carbaugh

Dámaris Carbaugh nació en la Ciudad de Nueva York, en una familia dedicada al ministerio. A través de los años ha conocido las cumbres más altas del éxito en la …

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