Aviva Nuestros Corazones Podcast

El Padre Nuestro, día 28

Annamarie Sauter: El no perdonar a otras personas afectará tu relación con Dios.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: De hecho, yo creo que la razón más importante por la que quizás las personas luchan para experimentar el perdón de Dios cuando ellos han pecado, es porque hay falta de perdón en sus propios corazones hacia otra persona.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

A lo largo de esta semana hemos estado escuchando acerca del perdón que Dios nos ofrece por medio de Jesucristo. Hoy Nancy nos explicará la segunda parte de la petición, «...como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores». Estas enseñanzas son parte de la serie titulada, «El Padre Nuestro».

Nancy: Nosotras llegamos hoy a la frase del Padre Nuestro que pienso que es la más difícil de decir, y verdaderamente sentir lo que estamos diciendo. Hemos estado hablando acerca del asunto de perdonar…«danos hoy el pan nuestro de cada día y perdónanos nuestras deudas (y ahora llegamos a la próxima frase) como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores…». «Como nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mat. 6:11–12).

Esta petición, de hecho, es la única que Jesús elaboró un poco más en El Padre Nuestro. Después de repasar completo el Padre Nuestro en el Evangelio de Mateo, capítulo seis, cuando llegamos a los versículos 14 y 15, Jesús le agrega una especie de posdata.

Él dice en los versículos 14 y 15: «Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras transgresiones».

Yo no cité ese versículo, pero sí hice referencia a este punto recientemente en un programa de Aviva Nuestros Corazones y recibí algunos correos acerca de esto. Las personas pensaban que yo estaba diciendo que tú podías perder la salvación. De hecho, nosotros damos la bienvenida a ese tipo de preguntas e inquietudes.

Si algo que nosotras decimos no está claro, no queda claro, queremos escuchar de ustedes. Si tú piensas que yo estoy diciendo algo que no es bíblico, yo definitivamente quiero oír de ti. Me ayuda a decir las cosas más claramente. Yo pienso que cuando tú lees pasajes como este, puedes ver por qué las personas pueden sentirse confundidas porque eso suena como que, si tú no perdonas a los que te ofenden, tú no vas a ser perdonado.

Yo quiero decirte que estos son dos versículos que no podemos separar. Tú no los puedes explicar uno aparte del otro. Hay una clara conexión entre cómo nosotras tratamos a los demás y cómo Dios nos trata, y Jesús lo dijo. Hay una conexión entre nuestra disposición a perdonar a otros y nuestra capacidad para recibir y experimentar el perdón de Dios por nuestros pecados.

De hecho, yo creo que la razón más importante por la que quizás las personas luchan para experimentar el perdón de Dios cuando ellos han pecado, es porque hay falta de perdón en su corazón para alguien más.

Cuando nosotras rehusamos perdonar a otros, rechazamos a otros, cuando retenemos la amargura, cuando nos aferramos al dolor, cuando mantenemos a las personas como rehenes, cuando los mantenemos a ellos como nuestros deudores, cuando rechazamos liberarlos de esa deuda, nosotras estamos afectando nuestra capacidad de recibir y de experimentar la gracia de Dios y su perdón.

Cuando mantenemos a otros como rehenes, terminamos en prisión nosotras mismas. Yo creo que esto explica, por lo menos en parte, el porqué tantos cristianos que yo conozco viven en desaliento crónico, depresión, culpa no resuelta, enojo, asuntos emocionales. Jesús dijo: «Bienaventurados los misericordiosos». Las personas que son misericordiosas, las personas que tienen misericordia para con otros son bienaventuradas pues recibirán misericordia.

Déjame decirte esto a la inversa, yo creo que es cierto también que aquellos que han recibido misericordia serán misericordiosos. Jesús dijo que si tú eres misericordiosa recibirás misericordia. Ahora, eso sugiere que esos que no son misericordiosos, aquellos que no extienden misericordia a sus ofensores se verán forzados a no recibir misericordia para ellos mismos. Se verán forzados a vivir bajo el peso de su propia culpa. Ellos vivirán bajo ese sentir de condenación en sus propios corazones.

Yo creo que es por eso que tantas mujeres cristianas en particular, viven con esa esclavitud emocional, ese sentir de asuntos no resueltos en sus corazones; porque no son misericordiosas con otros. Porque no extienden perdón a los demás, pero están esperando que Dios las libere cuando ellas no están siendo capaces de hacer eso por otros. Nosotras no podemos esperar que Dios nos perdone si nosotras no perdonamos a otros.

Ahora, ¿significa esto que Dios condiciona su perdón? ¿Nos está enseñando Jesús que nosotras podemos perder nuestra salvación? ¿Si no perdonamos a otros, entonces no seremos perdonadas? Tú necesitas mantener en mente que en esta oración Jesús nos está enseñando a orar el Padre Nuestro, está dada para aquellas que pueden decir, «Padre nuestro». Está dada a aquellas que son hijas de Dios, que son parte de la familia. Esta oración no es para no creyentes. Es para creyentes.

A propósito, hay muchas personas que citan esta oración en sus iglesias los domingos en la mañana periódicamente o regularmente, que no deben decir esta oración. Ellos no tienen derecho a orar esta oración porque no pueden decir «Padre nuestro», nosotras hablamos acerca de esto antes en nuestra serie. Esta oración es para aquellos quienes han recibido el perdón eterno de Dios, perdón por sus pecados, sus pecados, pasados, presentes y futuros.

Así que no creo que Jesús esté aquí hablando de justificación, acerca del perdón judicial delante de Dios. Hemos dicho en estas últimas sesiones que nuestra salvación, nuestra justificación, está basada pura y simplemente en el sacrificio de Cristo pagando por nuestros pecados. Él vertió su sangre para que nosotras pudiéramos ser perdonadas. Es a través de la cruz de Cristo, de la muerte de Cristo, de la sangre de Cristo que nosotras tenemos perdón por nuestros pecados.

Así que Jesús no está hablando aquí de que tú vas a perder tu salvación o que no la vas a tener hasta que tú voluntariamente extiendas el perdón a los demás, aunque déjame decirte: Si nosotras perpetuamente, habitualmente rechazamos perdonar a otros, tenemos razones para cuestionarnos si realmente somos salvas. Nosotras no tenemos bases para asegurar la salvación si nosotras no podemos perdonar a las personas.

Asumiendo que tú eres una hija de Dios, si este es el caso . . . si no has estado con nosotras en toda la serie, espero que puedas escucharla ordenadamente, de manera que puedas escuchar las últimas sesiones donde nosotras hemos estado hablando acerca de cómo saber que tus pecados han sido perdonados. Pero, una vez que tus pecados han sido perdonados y tú te conviertes en una hija de Dios, ahora necesitas diariamente y constantemente ser purificada y perdonada para mantener una buena comunión con Dios como Su hija.

Nosotras no estamos hablando aquí acerca de algo que puede causar que tú pierdas tu relación con Dios como su hija cuando ya tienes una. Estamos hablando acerca de algo que puede causar que tú pierdas tu comunión con Dios. Puede ser una barrera en tu relación con Dios. De manera que para mantener en marcha una relación abierta con Dios como creyentes, como dice primera de Juan en el capítulo uno, versículo nueve, «si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados», para poder experimentar el perdón, nosotras necesitamos perdonar a otros.

«Perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores» (v.12). Perdona nuestros pecados así como nosotras perdonamos a los que pecan contra nosotras. Así que este pasaje no está hablando acerca de la salvación del pecado sino acerca de nuestra comunión con Dios. Nosotras no podemos caminar en una correcta relación con Dios si rechazamos perdonar a los demás.

La falta de perdón no solo afecta nuestra relación con otras personas, afecta directamente nuestra relación con Dios. Tú vas a vivir bajo el peso y la culpa del pecado que tú has cometido contra Dios si estás reteniendo los pecados de otras personas.

Ahora, Jesús nos enseña a orar de esta manera, y yo no creo que Él pretenda que solo algunos creyentes oren de esta manera. Esto es para todos los creyentes. Nosotras todas debemos orar, «perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores».

Esto implica algunas cosas. Primero que nada, implica que nosotras tenemos deudas. No solo que otras personas nos deben, no solo que otras personas pecan contra nosotras, nosotras tenemos deudas. Nosotras somos deudoras.

Yo te digo que es mucho más fácil, ¿no es así?, ver como los demás están endeudados con nosotras, que ver cómo nosotras estamos endeudadas con Dios. Nosotras estamos más conscientes de las deudas de los demás o de lo que ellos han hecho para pecar contra nosotras, que de lo que hacemos o de cómo hemos pecado contra Dios.

Cuando tiene que ver con relaciones humanas, cuando tiene que ver con relaciones de pareja, de matrimonio, me gustaría poder tener una moneda por cada vez que una mujer me ha dicho lo que su marido ha hecho para dañar su matrimonio de alguna manera. Yo sé que estas cosas pasan. Yo no estoy dudando de sus palabras. Pero te digo algo, yo sería una persona pobre si estuviera esperando una moneda por cada vez que alguien me ha dicho, «yo soy una pecadora en mi matrimonio».

Ahora, yo no estoy sugiriendo que tus pecados sean peores que los pecados de tu esposo. No estoy sugiriendo que sus pecados son peores que los tuyos. De alguna manera eso realmente no importa. Él es responsable de los suyos y tú eres responsable de los tuyos. Cuando tiene que ver con relaciones, ¿no vemos más rápidamente cómo los demás nos hieren? Nosotras estamos tan conscientes de esto.

Yo comencé a pensar acerca de todo mi mensaje sobre el perdón. Yo hablé sobre esto. Yo enseño esto en conferencias. En ese mensaje me enfoco en cómo nosotras necesitamos perdonar a otros, pero yo me pregunto si no les dije o no puse suficiente énfasis en el hecho de que nosotras somos pecadoras y que nosotras mismas necesitamos ser perdonadas.

El asunto en tu matrimonio, el asunto en el conflicto con tu compañero de cuarto, el asunto en el conflicto con tus hermanas o con tus hijastros o con tu jefe. El asunto no es cómo ellos han pecado contra ti. Mucho más a menudo es también cómo tú has pecado contra ellos, y no siempre lo pensamos.

Si tú no has pecado contra esa persona, yo no te estoy diciendo, ve e invéntate algo. Yo no estoy tratando de hacerte sentir culpable donde no debe existir culpa. Pero el hecho es que en las relaciones humanas, todos pecamos.

La pregunta no es tanto cómo esa persona ha pecado contra tí. Nosotras vamos a hablar acerca de esto en esta sesión y es importante. Pero la primera pregunta debe ser, ¿cómo quizás tú has pecado contra ellos? Es por esto que nosotras oramos primero, «perdona nuestras deudas». ¿Estás tú consciente de tus propios pecados en las relaciones rotas, de la misma manera en la que estás consciente de los pecados de los demás? A esto se reduce.

«Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores»; así que este pasaje implica que todos tenemos deudas. De esto es que hemos estado hablando en las últimas sesiones. Pero también implica que todos tenemos deudores. Nuestros pecados nos hacen deudores a Dios. Nosotras necesitamos su perdón para esos pecados. Y los pecados de las otras personas los hacen deudores a nosotras. Todos hemos pecado, y todos hemos pecado unos contra otros. Nosotros, todos, necesitamos ser perdonados, y nosotros todos necesitamos perdonarnos unos a otros.

Ahora, como tú quizás me has escuchado enseñar antes en Aviva Nuestros Corazones, hay dos maneras esenciales de lidiar con el pecado de otras personas contra nosotras, con sus deudas. Número uno, nosotras podemos mantener esas deudas en nuestros libros. Nosotras podemos mantener al deudor atrapado y mantenerlo para que pague, siendo nosotras colectoras de deudas. O número dos, nosotras podemos presionar el botón de borrar y podemos borrar esas deudas. Nosotras podemos perdonarlos, liberarlos.

Esto es lo que Jesús está diciéndonos en esta oración en la medida en que Él nos enseña a orar. Nosotras oramos, «Señor, sí, yo quiero que tú me liberes de mis deudas, yo quiero que tú me permitas ser liberada de mis pecados por lo que Cristo ha hecho en la cruz para pagarlos, pero, yo no puedo esperar que tú lo hagas. Yo no puedo pedirte sinceramente que tú lo hagas si yo no estoy dispuesta a liberar a aquellos que han pecado contra mí».

Nosotras oramos, «perdona nuestros pecados, como nosotros perdonamos aquellos que han pecado contra nosotros. Perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores». El plural aquí es interesante para mí. Nuestros pecados, nuestras deudas. Nuestros pecados son múltiples y muchos.

Nosotras necesitamos confesarlos todos, y necesitamos pedirle a Dios que nos perdone de todos, lo cual significa que nosotras necesitamos perdonar a todo el que haya pecado contra nosotras y todos los pecados que se hayan cometido en contra nuestra. Si nosotras queremos perdón por todas nuestras deudas, debemos estar dispuestas a extender el perdón a todos nuestros deudores por todos sus pecados.

En la versión del Padre Nuestro en el Evangelio de Lucas capítulo 4, la frase de la oración está de esta manera: «perdona nuestros pecados, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores».

¿Encuentras algunas personas que son más fáciles para perdonar que otras? ¿Quizás algunas ofensas no te hayan herido tan profundamente? ¿No tienes personas en tu vida que se meten debajo de la piel y no hay manera de sacarlas de allí? Quizás tú vivas con ellas.

Quizás es un hijo en particular para el que ningún libro de texto fue nunca escrito y tú estás pensando, «Señor, yo no te pedí esto». Tú puedes encontrar algunas veces que ese hijo se parece mucho a ti. Quizás tú sientes que te estás mirando en un espejo.

Pero cualquiera que sea la razón, hay algunas personas que tú piensas, «yo no puedo perdonar a esa persona». Jesús nos enseñó a orar, perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a (todos) los que nos deben. No podemos retener el perdón de nadie y esperar que Dios nos perdone. La extensión de nuestro perdón debe ser a todo aquel que ha pecado contra nosotros y a todos los pecados que han cometido contra nosotros. Exhaustivo, con cobertura total para todos nuestros deudores y todas sus deudas.

Ahora nosotras oramos, «perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores». Por cierto, esto es lo que la meditación de la Palabra de Dios es. Es tomar una frase como esta y rumiarla, palabra por palabra, frase por frase. Eso es lo que yo hago mientras estudio la Palabra de Dios. No hay gran secreto en hacer esto.

 «Perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores» nosotras le estamos pidiendo a Dios que nos perdone de la misma manera en la que nosotras perdonamos a otros. Negociar con nosotras de la misma manera que nosotras negociamos con aquellos que han pecado contra nosotras. Ahora seamos honestas.

  • ¿Quieres tú que Dios te perdone como tú perdonas a otros? ¿Exactamente de la misma manera? ¿Con la misma amplitud?
  • ¿Por qué Dios debería darnos a nosotras lo que nosotras no estamos dispuestas a dar a los demás?
  • ¿Por qué Él debería perdonar nuestros pecados, que son muchos, si nosotras somos honestas, si nosotras rehusamos perdonar a otros por sus pecados?
  • ¿No piensas tú que es hipócrita de parte nuestra pedirle a Dios que nos perdone por nuestros pecados si nosotras no estamos dispuestas a perdonar a otros?

Esta solicitud, «perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores», no es una proposición de una vez y para siempre. Oh, eso sería fácil, ¿verdad? Nosotras tenemos una necesidad perpetua de ser perdonadas de nuestros pecados. Porque nosotras seguimos pecando.

Ahora, con optimismo, en la medida en que nosotras vamos siendo santificadas, no continuamos cometiendo los mismos pecados una y otra vez y Dios nos va limpiando y cambiando, transformándonos por su gracia. Pero yo pienso que nosotras pecamos repetidamente. Y repetidamente necesitamos del perdón de Dios.

Así que nosotras necesitamos perdonar perpetuamente a otros que han pecado contra nosotras. Mientras tú estés en este cuerpo, en este mundo, siempre habrá pecados por los cuales nosotras necesitaremos ser perdonadas. Y siempre habrá pecados que nosotras necesitaremos perdonar a otros.

Nosotras seguiremos pecando. Nosotras necesitaremos el perdón. Esto significa que nosotras vamos a necesitar mantenernos perdonando a otros. Si en este punto yo me detengo de extender el perdón a otras personas, si hay alguna persona o alguna ofensa que yo rehusé perdonar, quizás yo he perdonado por años, pero luego dije, «ok, ya está bueno. No puedo ir más allá. Esto se ha pasado de la raya». Si yo dejo de perdonar en algún punto, ¿qué es lo que estoy haciendo? Estoy cerrando el fluir del perdón de Dios que cubre mis pecados contra Él.

Tenemos en nuestras casas estos grifos que tienen unos filtros donde el sedimento que trae el agua queda atascado en el filtro. Es como si quedaran apilados en ese filtro. Algunas veces tú te das cuenta que el fluir del agua a través de la llave se está haciendo cada vez menor y menor hasta que finalmente tienes solo unas gotas que están atravesando. Tú dices, «tenemos un problema».

Algunas veces el problema es que tú necesitas solamente quitar la rosca de ese pequeño filtro y limpiarlo de todos esos sedimentos que han estado bloqueando el fluir del agua. Y eso es lo que el perdón hace. Mientras nosotras dejamos que ese sedimento, el pecado de las otras personas, se apile y nosotras nos resistamos a perdonar, esto va a bloquear el fluir de la gracia y del perdón de Dios viniendo a través de nuestras vidas.

Déjame hacerte otra observación acerca de esta petición. Perdona nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Nosotras comentamos antes en esta serie que todos los otros pronombres en el Padre Nuestro están en plural, y que hay una dimensión de comunidad corporativa, en el Padre Nuestro.

Mientras oramos esta oración, nosotras no solamente estamos orando, «Señor, perdona mis pecados, como yo perdono a mis deudores». Nosotras estamos confesando nuestra necesidad de perdón como la familia de Dios. Nuestra necesidad colectiva de ser perdonadas y nuestra necesidad colectiva de perdonar a otros.

¿Qué tan bien nosotras perdonamos a otros corporativamente, colectivamente? Algunas veces la amargura puede afectar a toda la iglesia o a un grupo en la iglesia o a todo un segmento del cuerpo de Cristo o a toda una familia mientras mantienen rencores o amarguras en sus corazones unos con otros. Algunas veces, colectivamente nosotras necesitamos acordar el perdón, perdonar, dejar ir. Cuando nosotras mantenemos esos rencores y esas amarguras, resulta en orgullo, alejamiento, barreras y división.

De aquí es que vienen los divorcios. De aquí es de donde proceden las divisiones en la iglesia. De aquí es que al final vienen las guerras del mundo. Una familia que no perdona o una iglesia que no perdona, apaga el Espíritu, dificulta el libre fluir de la vida en el cuerpo y va a limitar la expresión de Su gracia y de Su amor a través de su cuerpo.

Hace unos días me llegó un correo electrónico de un pastor, refiriéndose a un programa que nosotros hicimos en Aviva Nuestros Corazones, que rompió mi corazón. Él estaba expresando su gratitud por lo que habíamos enseñado en una serie acerca del perdón. Él dijo, «mi iglesia se ha mermado a más o menos trece personas» yo creo que éramos más de cien en un tiempo, si recuerdo bien. Él dijo, «¿sabes lo que pasó? Ha sido el resultado corporativo, de una amargura colectiva y una falta de perdón. Una persona tras otra, una familia tras otra. Ha sido algo colectivo en nuestra iglesia».

Él nos dijo, «yo voy a comprar algunas copias de tu libro, «Escoge perdonar». Yo quiero dárselo a esas personas en nuestra iglesia y a esos que se han ido de ella porque nosotros necesitamos perdonar». «Perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores».

Charles Spurgeon dijo, «a menos que tú hayas perdonado a otros, tú lees tu propia sentencia de muerte cuando tú repites el Padre Nuestro». Piensa en esto. «Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos nuestros deudores».

Si yo mantengo a mi ofensor como rehén, alguien que ha pecado contra mí, alguien a quien yo rehúso perdonar, estoy leyendo mi propia condena de muerte. Yo estoy diciendo, «Dios, no me perdones». Si Dios no nos hubiera perdonado,al final, nos hubiéramos ido el infierno si nosotras no tuviéramos el perdón de Dios a través de Jesucristo.

Si tú oras estas palabras mientras tú estás aferrado a una falta de perdón en tu corazón, le estás pidiendo a Dios que no te perdone a ti. Así que vamos a hacerlo personal. ¿Hay alguien a quien tú necesites perdonar? ¿Puedes pensar en alguien?

Jesús dijo en Marcos 11:25: «y cuando estéis orando, perdonad si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone vuestras transgresiones».

¿Hay alguien a quien necesitas perdonar?

  • ¿Hay alguien contra quien guardas rencor?Quizás a esto no le llames rencor. Quizás tú estás enfocada en lo que te hicieron y no has reconocido tu amargura o tu falta de perdón. ¿Le has perdonado? ¿O se lo estás guardando? ¿Lo guardas contra ellos?
  • ¿Hay alguien contra quien estés resentida?¿Hay alguien que cuando alguien que cuando alguien lo trae a una conversación como que te estremeces? Tienes pensamientos negativos, emociones negativas. Tú quieres que ellos sean lastimados.

Quizás no es una cosa tan consciente. Quizás no es odio en tu corazón, pero es como si el resentimiento estuviera cocinándose a fuego lento. Te encuentras a ti misma tratando de ponerlos a ellos en una luz negativa cuando alguien dice su nombre. ¿Hay alguien a quien tú todavía estés tratando de cobrarle la deuda y hacer que pague?

¿Le dejarías ir? ¿Presionarías el botón de borrar? ¿Dirías, «como Dios me ha perdonado, yo elijo perdonar a esta persona?» Luego puedes orar, «Padre nuestro que estás en los cielos, perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores».

Annamarie: La libertad que encontramos al perdonar es invaluable. Nancy DeMoss de Wolgemuth regresará para orar con nosotras.

Si vino alguien a tu mente a quien necesitas perdonar, no dejes pasar esta oportunidad. Yo misma necesito reflexionar sobre esto. Y para ayudarnos a profundizar más en este tema del perdón, Nancy ha escrito el libro, «Escoja perdonar». En este ella escribe acerca del peligro de la amargura, y te muestra cómo enfrentarla. Te guía en un proceso, para identificar a aquellos que te han lastimado, y para perdonarlos.

Quizás ya has confesado tu pecado delante de Dios, y aún así, luchas con no sentirte perdonada. ¿Cómo puedes decir «no» a las mentiras acerca del pecado que vienen a tu mente? Conoce más sobre esto el lunes, aquí en Aviva Nuestros Corazones. Ahora Nancy regresa para orar con nosotras.

Nancy: Padre, yo oro por un bautismo de perdón en los corazones de tu pueblo. ¡Cuánto lo necesitamos. Cuánto lo necesitamos, Señor!. Lo vemos en los titulares noticiosos. Tan a menudo vemos situaciones que son el resultado de la amargura y de la falta de perdón. No solo lo vemos en la cultura secular. Lo vemos en la cultura cristiana, lo vemos en nuestras iglesias. Nosotras vemos resentimientos, dolor acumulado, relaciones rotas, contenciones y divisiones.

Oh Padre, perdónanos por esto. Perdónanos por nuestra falta de perdón. Perdónanos por traer reproche a tu nombre, a Tu iglesia y al cuerpo de Cristo por causa de nuestras contenciones, por las contenciones en nuestras familias. Oh Dios, tenemos miembros de nuestras familias que no se han perdonado. Yo sé que no es fácil. Yo sé que hay personas escuchando que tienen grandes problemas, barreras, pecados que se han cometido contra ellos.

Señor, yo sé que no es fácil, pero te doy gracias por la cruz y por Cristo que lo hace posible. Padre, ayúdanos a perdonar, a hacer la elección de perdonar, de dejar ir, de liberar. Perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Yo oro en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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