Aviva Nuestros Corazones Podcast

El Padre Nuestro, día 29

Annamarie Sauter: ¿Te has arrepentido de tu pecado con la intención de abandonarlo, y aún así, no te sientes perdonada?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Estos pensamientos, estas emociones, no están enraizados en la verdad, entonces ¿qué debo hacer? Yo transfiero mi enfoque y mi punto de vista de las cosas que no son verdad y disciplino mi mente para que piense acerca de las cosas que son verdad.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Aquellos que han creído en Cristo han sido perdonados. Aún así, muchos dudan de la realidad de ese perdón. A lo largo de los últimos programas, Nancy te ha estado mostrando lo que significa ser perdonada, y hoy, un grupo de amigas que han escuchado esta enseñanza están con nosotras. Ellas tienen algunas preguntas y comentarios. Iniciemos escuchando de Holly Elliff.

Holly: ¿Qué hacemos cuando hemos sido perdonadas por el Señor y luego esos mismos pecados nos vuelven a visitar y el acusador los trae a la mente y nos dice, «sí, pero recuerda, tú lo hiciste».

Yo creo que una de las maneras de pensar acerca de esto es la idea de un tiburón sin dientes. Ese recuerdo puede volver, pero puedes recordarle al enemigo, «tú no puedes perseguirme porque ya eso se ha resuelto delante del Señor. Esto no tiene parte en mi vida. No puede afectar mi vida».

Así que tú lo sacas de tu memoria, aunque vuelva a tu mente. ¿Tiene esto sentido?

Nancy: El punto clave en el libro que escribí, «Mentiras que las mujeres creen», es que nosotras nos atormentamos y terminamos tomando malas decisiones, cuando creemos cosas que no son verdad.

Si yo le estoy creyendo a ese pecado que yo he confesado, por el cual yo he pedido el perdón a Dios con la intención de abandonarlo (no es que yo quiera continuar cometiéndolo), cuando regresa y me persigue, debo entender que eso no proviene de Dios.

Esa no es la verdad. La verdad es que «si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad» (1Juan 1:9). Así que en vez de poner mi enfoque en el pecado . . . ahora, es otra cosa si yo no he confesado verdaderamente ese pecado, si yo no me he arrepentido verdaderamente.

Algunas veces yo pienso que nosotras nos atormentamos porque realmente no hemos roto verdaderamente con ese pecado. Pero en mi corazón, si yo quiero verdaderamente romper con eso, si quiero ser libre de eso, si quiero ser limpiada de eso…tengo que confesarlo con la intención de abandonarlo.

Yo tengo que decir que esos pensamientos, esas emociones no están enraizadas en la verdad, entonces ¿qué hago? Transfiero mi punto de vista de lo que es la verdad, disciplino mi mente para que piense en lo que es realmente verdadero, y es ahí donde mi punto de vista debe ir a Cristo.

Todo esto necesita ser llevado a la cruz. Yo escribí en la parte de arriba de mis notas de esta serie antes de que empezáramos esta sesión, «enfócate en Cristo, en el evangelio y en la cruz».

Esto es lo que yo he estado tratando de hacer a través de la serie y cada día en Aviva Nuestros Corazones. «Pon tus ojos en Cristo, tan lleno de gracia y amor, y lo terrenal sin valor será, (incluyendo nuestros pecados pasados ya confesados) a la luz del glorioso Señor.

Vuelve a Cristo. Vuelve a la Cruz. Mira lo que Él hizo. Mira como Él pagó la penalidad. Escúchalo decir, «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». De eso se trata traer todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo. Es decir, «por la gracia de Dios, no le voy a dar a este pensamiento la oportunidad de enraizarse en mi mente».

«Yo no voy a meditar en ello. Yo no voy a enfrentarme a pensamientos que no son verdaderos». En tantas áreas de nuestras vidas, tenemos que hacer esto. Pero yo creo que en esta área de la culpa sobre las cosas que tenemos que confesar y de las que tenemos que arrepentirnos, esto es exactamente lo que tenemos que hacer.

Nosotras tenemos que seguir yendo atrás y aconsejar a nuestros propios corazones de acuerdo a la verdad, y finalmente, vas a encontrar que la verdad reemplazará la mentira. Mucho de esto depende de en lo que te enfocas.

Bárbara: Cuando tú hablas con relación al perdón de pecados, asumes tu responsabilidad primero, y luego vas donde alguien a quien has ofendido o contra quien crees has pecado, porque tú dijiste que muchas veces somos negligentes a mirar el largo porcentaje del problema con el que hemos contribuido a toda la situación.

¿Cómo tú sabes cuándo ir a hablar con alguien y cuando es el mejor momento?

Nancy: Bueno, no te podría decir cuál es exactamente el mejor momento porque eso es algo que debe preguntársele al Señor, y Él te lo mostrará. Es por eso que Él nos da el Espíritu Santo, pero yo pienso, Bárbara, que tú has tocado dos cosas aquí.

Jesús dijo, «si tu hermano tiene algo contra ti, ve donde él. Si tú tienes algo contra tu hermano, ve donde él» (ver Mateo 5:23-24). El punto es, en cualquier situación donde ha habido una ruptura en la relación, toma tú la iniciativa en la reconciliación.

Tú tienes una responsabilidad, sea que la otra persona haya pecado, o que tú hayas pecado, o que tú no sepas quién ha pecado, que ambos hayan pecado que es lo más frecuente en este caso.

No esperes por la otra persona. No digas, «es su responsabilidad, ellos deberían venir». Sí, ellos deberían venir, pero esa no es tu responsabilidad. Tu responsabilidad es procurar la reconciliación, como Dios inició la reconciliación con nosotros.

Hasta qué punto tú lo manejas; yo aliento a las personas, a pensar en las personas que han pecado contra ti, a pensar en cuáles de esas relaciones estás más consciente de que se trata de un asunto de perdón… «fulano me hizo esto a mí», o «fulano me está haciendo esto a mí» o «yo vivo en esta situación en la cual estoy, una y otra vez, herida en esta área».

Yo no te estoy diciendo que metas eso debajo de la alfombra y lo olvides. Yo te estoy diciendo que tú necesitas tratar con esto, pero antes de que tú puedas tener la sabiduría para saber cómo lidiar con eso y antes de que tú puedas tener la gracia de extender el perdón cuando tú has estado equivocada; y para esto se necesita la gracia de Dios, esto no es natural.

Todo dentro de ti quiere que ellos paguen, quiere que a ellos les duela. Así que, ¿cómo obtienes la gracia de Dios para extender el perdón a alguien que realmente ha pecado contra ti?

Antes de que tú puedas tener esa sabiduría y esa gracia, tienes que asegurarte que tu conciencia esté limpia con relación a ellos. Ahí es donde yo creo que para tener un buen comienzo debes decir, «Señor, está muy claro para mí cómo esa persona me ha herido, pero ¿podrías escudriñar mi corazón y mostrarme, si en alguna manera yo he pecado en esta situación? ¿Hay algo que yo haya hecho que haya provocado esta situación?»

Esto no es para decir que yo soy culpable por lo que ellos hicieron. Yo solo debo asumir responsabilidad por lo que yo hice. «¿Hay algo que yo haya hecho para provocar esto? ¿Hay algo que yo haya hecho para intensificar esto?»

Algunas veces nosotras estamos ciegas a estas cosas, y el Espíritu Santo puede abrir nuestros ojos para que veamos. Quizás fue como tú respondiste a la ofensa. Ellos pecaron contra ti, ellos te hirieron, así que tú replicaste, tomaste represalia, manchaste su reputación. Quizás tan solo te quedaste con todo eso adentro y dejaste que ese resentimiento se cocinara a fuego lento y has guardado hostilidad en tu corazón hacia esa persona.

Quizás haya sido sutil. Quizás haya sido muy evidente, pero tú sabes que tu conciencia no está limpia. Quizás simplemente lo has puesto a un lado, como la tortuga que mete su cabeza debajo del caparazón. «No me van a herir de nuevo».

Así que te metes debajo de tu caparazón, y dices, «voy a poner esta pared alrededor de mí, esta muralla, este caparazón alrededor de mí». Hay mujeres caminando alrededor con un duro caparazón alrededor de ellas porque han sido heridas y no quieren ser heridas nuevamente.

¿Es esta una respuesta de fe? ¿Es esta una respuesta de compasión y amor? Esto es miedo. No viene de Dios. Esa autoprotección no es de Dios.

Así que pídele a Dios que te muestre tu responsabilidad en el asunto, y no lo hagas más grande. Tú no tienes que tratar de decir, «oh, ¿qué hice yo? Yo tuve que haber hecho algo terrible. Yo no lo miré de la manera correcta o yo solo le sonreí por cinco segundos cuando le pasé por el lado en el pasillo».

Esa es una conciencia hipersensitiva. Solo ponte a ti misma a la luz delante del Señor, y dile, «Señor aquí está mi corazón, escudríñame y muéstrame si de alguna manera yo he estado equivocada con esa persona. ¿Tengo yo alguna responsabilidad en esto?».

Esto no es para que tú te sientas mal. Esto es para que tú puedas estar libre de la culpa. Proverbios dice, «el corazón conoce su propia amargura» (14:10). Donde no hay orgullo, no habrá contención.

Donde hay contención, hay orgullo. Y tú dices, «sí, mi esposo es orgulloso». Bueno, él puede serlo, pero ¿eres tú orgullosa? ¿Has estado albergando ese resentimiento que duele?

¿Has estado dándole a él un trato frio e indiferente? ¿Has estado tratándole irrespetuosamente? Tú dices, «pero él no se merece respeto»; quizás estás en lo cierto. Pero eso es lo que significa misericordia.

Nosotras somos todas pecadoras indignas que no merecemos nada, así que es un asunto de decir antes que nada, «Dios, ¿cómo puedo obtener misericordia?» Luego yo confieso mis pecados para poder obtener la misericordia de Dios. Y luego yo voy a tener la habilidad de pedirle a Dios que me muestre cómo manejar esta situación.

¿Cuál es el mejor momento? ¿Cómo debo ir? ¿Qué debo decir? ¿Debo llevar a alguien más conmigo? Hay verdaderamente algunas situaciones realmente difíciles en las que terminamos, en cuanto a relaciones humanas se refiere. ¡El pecado complica todo el mundo!

Nosotras recibimos correos electrónicos de mujeres que yo pienso, «oh Señor, necesitaremos la sabiduría de Salomón y más para saber cómo manejar esta situación». Yo no envidio a las personas que están en esas situaciones. Muchas veces yo no tengo la sabiduría, pero yo sé que Dios sí la tiene.

Yo sé que si su conciencia está limpia y están buscando al Señor. Él les mostrará qué hacer. Ahora, eso no quiere decir que Él hará que el problema se vaya.

De nuevo, el pecado complica las cosas. Algunas de nosotras, a través de numerosas elecciones pecaminosas, por generaciones, estamos viviendo en situaciones que nunca podrán ser verdaderamente saludables de este lado de la eternidad.

Dios puede transformarnos, y Él lo hace. Yo estoy tan contenta de recibir esas cartas también. Pero algunas veces, tienes que continuar viviendo en situaciones que son muy, muy difíciles.

Pero tú puedes hacerlo con una limpia conciencia, y puedes hacerlo sabiendo que tú estás cumpliendo con la responsabilidad que Dios te ha dado en esa relación, en esa situación. Y luego, tú puedes dormir bien por la noche.

Puede no ser fácil, pero al final sufrir por amor a la justicia empieza a santificar las cosas. No es fácil. Yo no quiero minimizar esto de ninguna manera. Pero empieza a ser algo que Dios va a usar para hacernos más como Jesús.

Nosotros tenemos mujeres que nos escuchan quienes están viviendo en circunstancias que son muy, muy difíciles, muy complicadas, que están en muy mal estado, pero sus vidas no tienen que estar esclavizadas a todo eso.

Dios te dará la sabiduría y la gracia que necesitas. Yo no quiero sobre simplificar esto, pero cuando se trata de esto, la sabiduría y la gracia de Dios son dos recursos increíbles que Él nos provee, para poder vivir en un mundo que está corrompido.

¿Alguna otra pregunta o comentario?

Mujer 1: Yo tuve una situación con una vecina hace unos años. Ella pecó contra mí, y yo pensaba que yo era muy pura y muy justa en ese tiempo. Pero encontrándome en un estudio bíblico años más tarde, el siguiente año realmente, a través de Mateo 18, el Señor me convenció de que yo había sido muy pecadora en la manera en la que yo le había respondido a ella.

Yo hice exactamente lo que no debía hacer. Endurecí mi corazón contra ella. La critiqué de manera abierta, inicialmente la odié en mi corazón.

Así que en su momento, el Señor me convenció de que yo necesitaba perdonarla. Ella se había mudado del pueblo. Y yo no sabía hacia donde ella se había ido a vivir, pero le prometí al Señor que si me permitía verla a ella alguna vez, yo le pediría perdón por la parte de la cual yo era responsable al pecar contra ella.

Años más tarde, me encontré con ella en una tienda de alimentos y el Señor inmediatamente trajo a mi mente la promesa que yo le había hecho.

Yo le dije, «oh, no creo que yo quiera hacer esto», pero respiré hondo, y fui donde estaba ella y le pedí perdón. Yo no sabía cómo ella me iba a responder porque ella había sido una persona muy difícil cuando ella vivía en mi vecindario.

Ella inmediatamente me dijo, «oh, todo fue mi culpa. Yo estaba equivocada en lo que hice». Ella confesó su pecado y nos abrazamos. Te digo, la liberación que yo sentí en ese momento es indescriptible. De verdad, la palabra de Dios es verdadera.

Yo aprendí mucho de esa situación y de muchas otras situaciones donde el perdón ha estado envuelto. Dios es fiel. Yo siempre trato de recordar el agradecerle porque Él usa aún las cosas malas para que obren su buen propósito en nuestras vidas.

Yo siento que he aprendido mucho de todo lo que he sufrido por causa de otros en el área del orgullo. Algunas veces el orgullo nos pone los pelos de punta, y estas cosas pasan, el Señor me recuerda que Él no va a permitir que yo viva en orgullo.

Yo solo le alabo y le pido que continúe obrando, y que no se dé por vencido con nosotros. Que se mantenga enseñándonos a través de las cosas que nos hacen sufrir.

Nancy: He estado recientemente haciendo algunas entrevistas en la radio sobre el tema de mi libro, «Escoge perdonar: Tu viaje hacia la libertad». Algunas de esas entrevistas han sido en vivo llamando al programa, donde personas de todas partes del país pueden llamar y comentar sobre la pregunta que se hace.

Hemos tenido algunos testimonios dulces y verdaderos que han sido compartidos por mujeres, y algunos hombres también, que han dicho, «yo pensaba que era tan difícil, era tan difícil llegar al punto de perdonar o de buscar el perdón», lo que fuera necesario en la situación, «pero Dios finalmente me dio la gracia y yo recibí la gracia de Dios para hacerlo».

Luego ellos hablaban acerca de la liberación, del gozo y de la libertad por el otro lado, y el sentido es, «¿por qué me tomó tanto tiempo llegar hasta aquí? ¿Por qué esperé tanto?»

Si te propones limpiar tu conciencia y extender el perdón, Dios está más comprometido que tú en que tengas una limpia conciencia.

Si pasan algunos años antes de que te topes con ella en la tienda de alimentos, yo te diría, si puedes evitar que transcurran años, hazlo antes. Deja que tus dedos hagan el recorrido y ve al internet, encuentra su número.

No debe haber nada que pueda evitar, si es posible conseguir a la persona, el que haya una reconciliación. Hazlo tan rápido como puedas, porque una vez que tú estás del otro lado, tú dirás, «esto es maravilloso, la libertad, la liberación».

Entonces, mira el potencial de las relaciones reconciliadas. Cuando buscas el perdón de alguien o cuando extiendes el perdón a ellos, esto no quiere decir que ellos siempre verán su error y algunas veces ocurre exactamente lo contrario.

Quizás ellos te responden, «sí, yo sabía que estabas equivocada» y tú piensas, «oh, yo estaba esperando, quizás, que tu reconocieras aunque fuera un poco que tu tuviste algo que ver en el problema».

Pero ese no es tu problema. Permítele a Dios obrar. Déjalo trabajar en sus corazones. Puedes estar bien con Dios, «en cuanto sea posible para ti, estad en paz con todos los hombres» (Rom. 12:18).

Yo te diría, ¿hay alguien a quién tú necesitas perdonar? ¿Hay alguien cuyo perdón necesitas buscar? No lo dejes allí en tu corazón y en tu conciencia. Resuélvelo.

Hay tantas personas en nuestras iglesias, me atrevería a decir que en la mayoría, que guardan en su corazón asuntos de falta de perdón y ellos necesitan buscar ser perdonados. Ellos han estado equivocados y nunca regresan para resolverlo.

¿No debería sorprendernos, entonces, el poco fluir, el cortocircuito, el bloqueo que hay en el poder y la presencia de la gracia de Dios y la presencia de Dios en nuestras iglesias?

¿Tú quieres ver la presencia de Dios fluir a través de tu vida, a través de tu hogar, a través de tu iglesia? Entonces nosotras necesitamos tomar seriamente este asunto del perdón.

Yo sirvo con los ministerios Life Action, es el ministerio sombrilla de Aviva Nuestros Corazones. Nosotros tenemos equipos que ministran en las iglesias locales a todo lo largo del país, tenemos cuatro equipos. Ellos vienen y luego pasan un periodo de tiempo extenso haciendo énfasis en el avivamiento en las iglesias.

Una de las cosas de las que ellos hablan es de este asunto de lograr una conciencia limpia y de perdonar a aquellos que han pecado contra ti. No es que las personas no hayan escuchado esto antes. La mayoría de las personas conocen lo que yo enseño sobre este tema.

Es que ellos no lo han hecho. De hecho hay tiempos durante el servicio donde nosotros decimos, «mira, tienes todo un cuerpo de creyentes aquí. ¿Existen algunos asuntos que necesitan ser tratados ahora mismo, aquí mismo, en este servicio antes de que regresen a casa?».

Hay personas, familias, personas que trabajan juntas en ministerios de iglesias locales, líderes de grupos pequeños, equipos de adoración que tienen asuntos relacionales y luego se ponen de pie juntos a liderar el tiempo de alabanza.

Le puede pasar a personas que hacen lo que yo hago, que enseñan la Palabra de Dios. Puede pasarle a tu pastor. Me puede pasar a mí, cuando estoy enseñando algo, pero tengo un problema en mi corazón. Gracias a Dios, usualmente trato de corregir estas cosas tan pronto Él las trae a mi mente.

Pero yo sé lo que es estar sentada en la iglesia. . . Jesús dijo, «si traes tu ofrenda al altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda» (Mat. 5:23-24).

Jesús dijo, «y donde sea que estés orando perdona», en la iglesia, en público o en privado, si estás en tu tiempo de quietud, si estás en la iglesia «si tenéis algo contra alguien» (Mar. 11:25). ¿Qué se supone que hagas?

Detenerte. Perdonar. Resolverlo. Algunas veces decimos en nuestro servicio, «si hay alguien en este auditorio contra quien has pecado, y necesitas confesárselo a ellos y buscar su perdón, vamos a detenernos aquí y esperar a que tú lo hagas».

Y pudieras decir, «¿de verdad la gente hace eso en la iglesia?» Mejor que lo creas, porque Dios ha estado convenciendo a las personas y ha estado preparando sus corazones, y nosotros esperamos en alguno de estos servicios, y las personas son pacientes, y entonces comienzas a ver personas moviéndose hacia alguna otra persona en el auditorio, un esposo que va donde su esposa, madres que se voltean hacia sus adolescentes, adolescentes que se vuelven a sus padres, dos mujeres que han estado trabajando juntas en el ministerio de mujeres, pero que han estado en desacuerdo la una con la otra.

Algunas veces nadie más lo sabe, otras veces todas lo saben. Es sorprendente. Estas cosas pueden ponerse muy grandes. Y usualmente van de una a otra persona de manera privada, y ahí en el servicio, en la iglesia, dicen, «yo estuve equivocada, pequé contra ti. El Señor me ha dado convicción acerca de esto. Esto es lo que he hecho. ¿Me perdonas por favor?»

Es sorprendente. Empiezas a ver por encima de ese auditorio gente con lágrimas descendiendo por sus mejillas. Empiezas a ver personas abrazándose, personas que han estado tan equivocadas unas con las otras. Ahora, nosotros no les dijimos que debían amarse la una a la otra. Solo dijimos, «ve y busca la paz de tu conciencia», pero es asombroso cómo la gracia y el amor de Cristo empiezan a fluir través de un servicio como este.

Ahora, no esperes estar en un servicio como este, lo cual sería una gran cosa, pero no debemos dejar acumular todas esas cosas.

Busca el perdón, humíllate, haz lo correcto, y extiende el perdón. Déjalo ir. Si tú necesitas ir y hablar con esa otra persona, eso está bien. Algunas veces no necesitamos ir a hablar. Algunas veces solo necesitamos decir, «yo me voy a abstener. Este es un mundo caído, somos personas caídas y sé que esa persona no estaba tratando de hacer mi vida miserable».

«Sí, ellos fueron insensibles pero yo soy insensible también y probablemente más de lo que yo creo. Así que Señor, yo voy a elegir presionar el botón de borrar y no tomar la ofensiva».

El Salmo 119:165 dice: «Mucha paz tienen los que aman tu ley, y nada los hace tropezar».

Así que algunos asuntos nosotras necesitamos dejarlos ir y superarlos. Donde ha habido una brecha en la relación, ir y hablar sobre ello. No vayas a señalar su responsabilidad y no te desilusiones si ellos no ven rápidamente la suya.

Tú debes dejar que Dios trate con ellos. Tú trata contigo. Déjame decirte, si nosotras tuviéramos ese fluir en la confesión, en el perdón, en el dar y en el recibir el perdón en nuestras iglesias y en nuestros hogares, yo creo que la iglesia de Jesucristo vendría a ser una poderosa fuerza en la tierra.

Yo creo que las personas no hacen fila para entrar a nuestras iglesias o para tomar a Cristo seriamente porque ellos no nos han visto tomar a Cristo seriamente cuando tiene que ver con estos problemas reales de la vida.

Cualquiera puede amar a alguien amoroso. Cualquiera puede amar a alguien que nunca le ha hecho daño. La gente perdida lo hace. Pero donde el mundo realmente lo advierte es cuando nosotros extendemos el perdón y lidiamos con las relaciones cuando hay personas difíciles o una persona ofensiva o alguien que ha sido herido en una relación.

Si nosotras lidiamos con esto a la manera de Cristo, con misericordia, gracia, perdón, reconciliación, buscando ser restauradas; sería asombroso. El mundo se detendría y lo notaría. La gente quisiera saber, «¿Cómo pudiera yo ser parte de esa familia?»

Annamarie: Encuentras libertad al perdonar como has sido perdonada. Y no solo eso, sino que también es una imagen hermosa del evangelio para aquellos que te rodean. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado hablando acerca de esto, como parte de la serie titulada, «El Padre Nuestro».

Todas tenemos que lidiar con el perdón. Y espero que no dejes pasar la oportunidad de pensar en lo que has escuchado y tomar decisiones al respecto. Un libro que te será muy útil para guiarte en esto es, «Escoja perdonar». Nancy lo escribió para ayudarte a encontrar libertad en esa área de tu vida, así que busca el libro, «Escoja perdonar» en tu librería cristiana favorita.

Este programa y recursos como ese libro, entre muchos otros, son el fruto de la colaboración de nuestros colaboradores mensuales. Estos nos apoyan en oración, comparten los recursos con otras mujeres, y nos apoyan con donaciones económicas. Si nos has escuchado por algún tiempo y has sido bendecida con estos programas, te animo a considerar ser parte de este equipo.

Ayúdanos a continuar llamando a las mujeres a libertad, plenitud y abundancia en Cristo. Por tu donación hoy, te enviaremos un acceso para descargar el recurso devocional que acompaña esta serie, titulado, «Devocional de 30 días: El Padre Nuestro». ¡Gracias por tu apoyo!

Cuando oras, «no nos metas en tentación», ¿qué exactamente es lo que estás pidiendo? Nancy nos hablará de esta frase en detalle, mañana, en tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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