Aviva Nuestros Corazones Podcast

Canales de bendición

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El libro El prinicipio de tesoro por Randy Alcorn

Carmen Espaillat: Tu pasión por el reino de Dios afectará tu presupuesto.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No podemos afirmar ser seguidoras devotas de Cristo y Su reino si no estamos invirtiendo generosamente en ese reino.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Ayer escuchamos un mensaje muy interesante de John Rinehart, acerca del concepto «patrocinadores del evangelio». Estos son aquellos que ven al Señor trabajar y proveen conocimientos y económicamente para impulsar esa obra. John enseñó este mensaje hace un unos años en la conferencia, «Dando con generosidad», y luego de su mensaje, Nancy DeMoss de Wolgemuth tuvo una participación.

Hoy escucharemos la primera parte del mensaje de Nancy, y mañana escucharemos la continuación. Ella nos hablará acerca de cómo podemos cultivar un corazón generoso. Escuchemos,

Nancy: No podías crecer en el hogar DeMoss y no tener un corazón para dar. Era solo parte del aire que respirábamos. Recuerdo llegar a la Universidad del Sur de California como una estudiante de diecisiete años, y me mudé allí. Y tenía una asignación de $50 dólares al mes, y no puedo recordar si eso incluía gasolina o no, el caso es me trasladaba diariamente a la escuela.

Pero sí recuerdo que esa era la mayor cantidad de dinero que había tenido por mes. Y he vuelto atrás y he encontrado registros meticulosos que guardaba, todo a mano, de cada centavo que gastaba, porque el objetivo era qué cantidad tendría cada mes para dar de esos $50 dólares. Así que yo trataba de gastar lo menos posible para poder dar lo máximo que fuera posible. Y en realidad no tomo ningún crédito por pensar de esa manera en absoluto. Porque esa era solo la forma de vida que había visto modelada en nuestro hogar.

Así que cuando llegué a mi primer trabajo, mi primera asignación en el ministerio fuera de la universidad, tuve este gran sueldo de $7,800 dólares al año, y solo pensaba, ¡Wowtengo más dinero para dar! Por supuesto, también tenía más gastos, pero de aquellos días, solo puedo recordar el gozo, la alegría. Le pedía al Señor que me permitiera seguir el ejemplo de mis padres, por así decirlo, en cada área de la vida, y quería que la generosidad fuera una de esas también.

Y he tenido la alegría en mi vida ministerial de invertir todos los recursos que llegan a través de los derechos de autor de mis libros o de los honorarios por las charlas, las conferencias; he podido ponerlo todo de vuelta en el ministerio e invertirlo en la obra del Señor. Eso no solo ha sido un gozo, sino también una gran libertad para mí, el poder tener un corazón completamente transparente. Y con esto no estoy diciendo que todo el mundo debería operar de esa manera, o que soy más espiritual que otra persona porque hago eso. Pero lo que sí estoy diciendo es que ha sido una bendición para mí poder decir: «Mi corazón está en esto, no por lo que puedo obtener, sino por lo que puedo dar para servir al Señor y a Su pueblo».

Y has escuchado muchas historias este fin de semana, y en vez de contarte más historias, quiero que vayamos a la Palabra de Dios. Ahí es donde vemos el corazón y la base de la verdadera generosidad en el evangelio, porque la generosidad apartada de Cristo y del evangelio puede llevarte al infierno. La generosidad en sí misma no es una virtud. No es particularmente noble. Puede ser un asunto aún de tu propia justicia. Puede ser un asunto de orgullo. Puede ser un asunto de seguir a otras personas que lo hacen.

Pero cuando la generosidad está centrada en el evangelio, centrada en Cristo es parte de vivir el evangelio. Y yo quiero que veamos esta secuencia que se encuentra a través de las Escrituras, y lo hemos visto ilustrado aquí varias veces en estos dos últimos días. Pero luego voy a ilustrarla con dos pasajes.

Lo primero es que quiero empezar con nuestra culpa que es infinita. Somos pecadoras. Merecemos la ira y el juicio de Dios. Así que todo lo que tenemos para ofrecer es nuestra culpa, y entonces Dios viene y derrama sobre nosotros Su infinita gracia. Y ¿no es así? Eso es el evangelio: Nuestra culpa y Su gracia.

Y de esa ecuación debe fluir la gratitud, una gratitud sincera, gratitud hacia arriba y luego entonces generosidad hacia afuera. Así que tenemos culpa hacia Dios. Él entonces derrama Su gracia sobre nosotros. Nosotros elevamos gratitud hacia Él, hacia arriba y esparcimos generosidad hacia afuera. Y eso se traduce en más gratitud por parte de las personas que han sido tocadas por Su gracia a través de nosotras hacia ellos. Y la suma total de todo esto es que Dios recibe una gloria masiva. Y Él es digno. Y cantamos acerca de eso.

Así que es nuestra culpa, Su gracia. Elevamos gratitud. Esparcimos la generosidad hacia afuera. Y más gratitud es elevada al Señor, y Él obtiene más gloria.

Ahora, el corazón de esto, y la esencia de esta secuencia se ve en dos grandes capítulos, en dos pasajes de las Escrituras. Uno en el Antiguo Testamento y otro en el Nuevo, en 2 Corintios capítulos 8 y 9. Si tú tienes un corazón para dar generosamente, necesitas detenerte y acampar en estos pasajes. Estos dos capítulos, no hay ninguno más grande. Ellos son un tratado del corazón de Dios sobre dar.

El apóstol Pablo llama el dar una gracia en estos dos capítulos, y se refiere a la gracia siete veces en estos dos. Él habla sobre el ejemplo de los creyentes macedonios que, por un lado, habían experimentado severa aflicción y extrema pobreza, pero al mismo tiempo, también tenían una abundancia de gozo y una generosidad desbordante. Y eso es una locura matemática.

Y eso no tiene sentido para los contadores, pero tiene todo el sentido del mundo en las matemáticas de Dios. Los creyentes macedonios daban conforme a sus recursos, dice Pablo, pero también daban más allá de sus recursos.

Ahora, no estoy muy segura de lo que eso significaba para ellos, pero sé que me encantaría aprender a vivir ese tipo de vida, el poder dar conforme a mis recursos y, luego, de alguna manera por fe y sacrificialmente, dar más allá de mis recursos.

Y al leer este pasaje vemos que no había coerción. No había ruegos por fondos. De hecho, Pablo dice que estos creyentes que habían sufrido tan grandemente, suplicaban fervientemente por la oportunidad de dar a los creyentes que sufrían en Jerusalén. Ellos estaban buscando oportunidades para dar a pesar de su extrema pobreza y aflicción. Y eso es sencillamente ¡asombroso!

Entonces Pablo exhorta a los creyentes de Corinto a seguir el ejemplo de estos creyentes de Macedonia y sobresalir en esta gracia de dar. Él habla con ellos acerca de donaciones planificadas, sobre cómo dar con alegría, con gozo. Él les habla acerca de ser canales de bendición. Dios no nos bendice para que la bendición termine con nosotros, sino que dice en el versículo 11 del capítulo 9: «Han sido enriquecidos por todos los medios para que puedan ser generosos en todos los sentidos». Canales de bendición.

Y él habla en estos dos capítulos sobre el efecto multiplicador del dar. Es sobrenatural. En realidad no se puede explicar. Damos de lo que Él nos ha bendecido, y entonces Él promete multiplicar nuestras semillas para la siembra y multiplicar esa cosecha de nuestra obediencia.

Hice esta oración por una pareja hoy aquí, que son dadores generosos, y he orado esta promesa para mí misma muchas veces a lo largo de los años. Dios dice: «Yo te daré pan para tu sustento diario (en pocas palabras, me ocuparé de tus necesidades), pero luego voy a aumentar la semilla que debes sembrar». Entonces, tú dices: «Señor, ¿me vas a dar más para que pueda dar más?» Y entonces Dios te dice: «Voy a aumentar los frutos de tu andar en obediencia».

Y entonces le digo: «Señor, toma la semilla, lo que sea que tú me has dado para que yo dé, y multiplícala y que a su vez esto tenga un efecto multiplicador que venga como resultado».

Y luego se multiplica más porque Pablo habla de que hay alabanza y acción de gracias que se multiplican de vuelta a Dios. Hay un efecto multiplicador al dar con generosidad.

Y vemos en estos dos capítulos que nuestro dar se fundamenta en el evangelio y en la gracia de Jesucristo. Dice así: «Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos» (2 Cor. 8: 9).

He aquí un increíble Salvador que se despojó a sí mismo por completo de su majestuosa gloria, y que se hizo pobre para hacernos ricos.

Bueno, yo espero que este sea un pasaje en el que te detengas y vivas, en el que pases mucho tiempo. Yo vuelvo allí una y otra y otra vez, y siempre me inspira a una mayor fe, a un mayor sacrificio y a una mayor disciplina, y todo lo que está involucrado en el dar con generosidad.

Pero ahora quiero que vayamos en el tiempo que nos resta a dos capítulos en el Antiguo Testamento. Vamos a pasar a través de ellos rápidamente. Si tienes tu Biblia contigo, creo que sacarías mejor provecho si puedes ir leyendo junto conmigo.

Es a partir del 1 Crónicas capítulo 28. Es posible que quieras dejarlo abierto ahí, porque voy a leer varios versículos de esos dos capítulos, pero permíteme primero establecer el escenario aquí.

El rey David había tenido este reinado ilustre de cuarenta años sobre Israel, y ahora está llegando al final de su vida, y hay algunos asuntos pendientes en el corazón de David. Él no está satisfecho con simplemente haber establecido y ampliado el reino. Él también ha anhelado construir una casa para el Señor, pero recuerda que ese no fue el plan de Dios para David, el construir el templo. Esa tarea iba a ser dada al hijo de David, a Salomón, quien lo sucedería en el trono de Israel

Ahora, permíteme detenerme aquí y vamos a recordar que todas tenemos una misión dada por Dios y un llamado para nuestras vidas, y eso no es igual para todas. En Hechos capítulo 13 nos dice que David sirvió al propósito de Dios en su propia generación.

Y esta semana he estado pensando en esto, y preguntándome: ¿Se diría eso de mí algún día? No que haya servido al propósito de mi organización o de nuestros donantes o de mis amigos, mis colegas, pero que serví al propósito de Dios para mi generación. Y me encuentro tentada (y quizás tú también) adistraerme con tantas tareas que son buenas, pero no son las que Dios me ha asignado a mí.

Y creo que esta es una pregunta que tenemos que estar constantemente reevaluando. Tengo más de cincuenta años y mi padre murió a la edad de cincuenta y tres. Así que estoy pensando en estas cosas y preguntándole al Señor: «Señor, ¿Estoy invirtiendo mi vida en hacer las cosas no solo cosas nobles, buenas, grandes, cosas en la agenda de la gente, sino las cosas en Tu agenda, para lo que me has llamado?»

En los primeros 8 versículos del 1 Crónicas en el capítulo 28, David reúne a todos los líderes de los pueblos en Jerusalén, y les dice cuál es el deseo de su corazón, este anhelo que no se cumplió, de construir una casa un templo para el Señor. Entonces él les dice que Dios ha elegido a su hijo, a Salomón para llevar a cabo esta gran obra.

Y ahora, vamos al versículo 9, y David se dirige a Salomón ahora, y le da un solemne encargo a su hijo que lo sucederá en el trono. Y él le dice,

«En cuanto a ti, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele de todo corazón y con ánimo dispuesto; porque el Señor escudriña todos los corazones, y entiende todo intento de los pensamientos. Si le buscas, Él te dejará encontrarle; pero si le abandonas, Él te rechazará para siempre. Ahora pues, considera que el Señor te ha escogido para edificar una casa para el santuario; esfuérzate y hazla» (vv. 9-10).

¡Qué legado tan increíble para dejarle a la próxima generación! He aquí un paso intencional de este bastón de la fe a su hijo. David llama a su hijo Salomón a orientar su vida en torno al Dios que David había conocido, amado y servido durante todos estos años. Y luego afirma el llamado de Dios en la vida de su hijo, y lo llama a hacer la obra del Señor, a dedicarse a las prioridades del reino de Dios, y a pasar su vida en el amor de Dios.

Bueno, en los versículos 11 a 19, David le da a Salomón el diseño, los detalles para el templo. Eso es todo un párrafo en sí mismo, y David le dice: «Todo esto, me fue trazado por mano del Señor, haciéndome entender todos estos detalles». Así que David había recibido este mensaje de parte de Dios acerca cómo debía ser el templo.

Y luego en el versículo 20, él sabe que esto va a ser una tarea monumental, y así motiva el valor en el corazón de su hijo: «...el Señor Dios, mi Dios, está contigo. Él no te fallará ni te abandonará, hasta que toda la obra del servicio de la casa del Señor sea acabada».

Y él promete que él va a tener dos recursos. Y vamos a verlos: primero, en el versículo 20, él dice,

«Esfuérzate, sé valiente y haz la obra; no temas ni te acobardes, porque el Señor Dios, mi Dios, está contigo. Él no te fallará ni te abandonará, hasta que toda la obra del servicio de la casa del Señor sea acabada».

Entonces, ¿cuál es el primer recurso que vemos que Salomón va a tener? Bueno, es la presencia de Dios. Y eso se nos recuerda de principio a fin, la obra de Dios siempre depende de Su presencia, de Su poder, de Su capacitación.

Y quiero recordarle a esta sala que está llena de dadores generosos, que los ministerios en los que invierten necesitan la presencia y el poder de Dios, más de lo que necesitan su dinero o el dinero de alguien más. Y permíteme recordarte que tú necesitas Su presencia y Su poder en tu vida, más de lo que necesitas el dinero para hacer las cosas que Dios te ha llamado a hacer.

David dice: «Dios, mi Dios que será tu Dios, estará contigo desde el principio hasta el final». ¡Qué promesa tan increíble! Pero aún hay más. En el versículo 21 él promete que Salomón tendrá la provisión de Dios. Y entonces habla de la mano de obra, del trabajo humano, de los recursos humanos necesarios para llevar a cabo esta gran tarea de construir un templo.

Y todo esto anticipa en un sentido del Antiguo Pacto, la construcción de un nuevo templo, de un templo viviente llamado la iglesia, y el templo supremo la Nueva Jerusalén. Una promesa de que cuando hacemos la obra de Dios, tenemos Su presencia, tenemos Su poder, y tendremos Su provisión. Eso es todo el contexto.

Y así llegamos al capítulo 29, y en este capítulo, desde el versículo 1, tenemos un impresionante despliegue de lo que es dar con generosidad, dar lleno de gracia, que se traduce en una gratitud grande y sincera, y en gloria dada a Dios.

Versículo 1, «Entonces el rey David dijo a toda la asamblea: Mi hijo Salomón, el único que Dios ha escogido, es aún joven y sin experiencia, y la obra es grande; porque el templo no es para hombre, sino para el Señor Dios».

Recuerda al servir al Señor, con cualquier habilidad, desde el lugar aparentemente más importante hasta el más insignificante o donde quiera que sea que le estás sirviendo, recuerda que la obra a la que Él nos llama es un gran trabajo. Es un gran trabajo. David dice: «Él va a construir un palacio». Esta es una residencia real, una morada regia, un hogar para el Rey. Y es un recordatorio una vez más del Nuevo Testamento aún por venir, donde Dios va a construir un templo entre Su pueblo en el que Él pueda morar, y David dice: «Estamos haciendo esto no para hombres, sino para Dios. Es para Él. Es un monumento para Su gloria».

Y así dice en el versículo 2: «Con toda mi habilidad he provisto para la casa de mi Dios».

Y ¿no te gustaría que fuera posible decir eso al final de tu vida, que tú fueras capaz de decir eso? Eso es lo que quiero poder decir. Cuando sepa que esté llegando al final de mi viaje, poder decir he hecho todo lo que fue posible para que la obra de Dios pudiera continuar, avanzar y progresar.

Y así David dice:

«He provisto… el oro para las cosas de oro, la plata para las cosas de plata, el bronce para las cosas de bronce, el hierro para las cosas de hierro, la madera para las cosas de madera; también piedras de ónice, piedras de engaste, piedras de antimonio, piedras de varios colores, toda clase de piedras preciosas y piedras de alabastro en abundancia» (v. 2).

Ahora, todas estas cosas, no sabemos, pero los comentaristas, por lo menos los que he leído sobre esto, dicen que esto puede haber sido acumulado en los botines de guerra. Así que no es demasiado difícil para un rey dar del almacén nacional de los tesoros. ¿No es cierto? Pero David quiere hacer más. Él quiere dar generosamente de su propia riqueza.

Así que él dice en el versículo 3,

«Y además de todo eso, en mi amor por la casa de mi Dios, el tesoro que tengo de oro y de plata, lo doy a la casa de mi Dios, además de todo lo que ya he provisto para la santa casa, es decir, tres mil talentos de oro, del oro de Ofir, y siete mil talentos de plata acrisolada para revestir las paredes de los edificios; de oro para las cosas de oro, y de plata para las cosas de plata, es decir, para toda la obra hecha por los artesanos» (vv. 3-4).

Y ¿qué motiva esta generosa ofrenda del corazón de David, de sus propios bienes personales? ¿Por qué? Él dice: «En mi amor por la casa de mi Dios».

Y en 2 Corintios 8, donde empezamos, Pablo dice que nuestro dar refleja y demuestra la sinceridad de nuestro amor. Refleja la sinceridad de nuestro amor. No podemos proclamar ser devotas a Cristo y Su reino si no estamos invirtiendo generosamente en él.

Jesús dijo: «Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón». Y creo que lo contrario es igualmente cierto: Donde está tu corazón, allí también estará tu tesoro. Nuestro dar revela lo que realmente amamos... Nuestro dar y nuestros gastos revelan lo que realmente amamos.

Y quiero dar una pequeña nota aquí: Date cuenta de que David no dejó esta riqueza a su hijo. Su hijo iba a estar involucrado y tendría un papel vital al manejarla, pero él la dejó al avance del reino de Dios. «Estoy haciendo esto para Dios», dijo.

Así que ahora, habiendo hecho su propia contribución, entonces David llama a otros a dar generosamente; que en esencia es de lo que todo este evento se trata, de hacer un llamado a dar generosamente. Y David los está llamando, por decirlo así, a convertirse en patrocinadores del evangelio. Y me encanta ese término. Y voy a usarlo mucho en los próximos días.

Así que él dice en el versículo 5: «¿Quién, pues, está dispuesto a dar su ofrenda hoy al Señor?»

Ahora, nota lo que él no dice. No dice, «¿quién va a traer dinero u oro o plata para este proyecto?» En vez de esto, dice, «¿quién se dará a sí mismo? ¿Quién va a consagrarse?»

Escucha, no puedes estar consagrada a Jesús y no ser una dadora generosa. Dios no necesita nuestras cosas para hacer Su obra. Él no necesita nuestros activos. Él no necesita nuestros recursos. Él creó todo lo que es el universo de la nada, así que Él no necesita nuestras cosas. Él no necesita nuestro dinero. Lo que Él quiere y lo que Él usará es a nosotras, y cuando Él nos tiene, tendrá todo lo que nos pertenece o lo que manejamos, que le pertenece también a Él.

Así que motivados por el ejemplo de David, los líderes y el pueblo de Israel imitaron esto con su propia entrega generosa. Y este es un gran pasaje. Mira el versículo 6.

«Entonces los jefes de las casas paternas, y los jefes de las tribus de Israel, y los jefes de millares y de centenares, con los supervisores sobre la obra del rey, ofrecieron voluntariamente sus donativos; y para el servicio de la casa de Dios dieron cinco mil talentos y diez mil monedas de oro, diez mil talentos de plata, dieciocho mil talentos de bronce y cien mil talentos de hierro. Y todos los que tenían piedras preciosas las dieron al tesoro de la casa del Señor a cargo de Jehiel gersonita» (vv. 6–8).

Es lo mismo que leemos en 2 Corintios 8 y 9. Estos pasajes están muy vinculados entre sí, cuando lees acerca de la donación generosa de los creyentes macedonios que motivaban a los creyentes corintios a dar, y más adelante Pablo les dice a los corintios que su afán de dar ha despertado a los creyentes de Macedonia a dar. Hay motivación mutua en la generosidad.

Y eso me hace preguntarme: ¿Quién ha sido motivado a un mayor nivel de generosidad y de sacrificio por el ejemplo de mi vida? Y si aquellos que te siguen y están influenciados por ti fueran a dar con el mismo nivel de generosidad que tú lo haces tú, ¿cómo sería su donación? Tus hijos, tus nietos, tus colegas, ¿quién está siendo motivado a una generosidad radical, desinteresada, gozosa, libre de corazón, con manos abiertas, por el ejemplo que ven en nosotros?

Bueno, el versículo 9 del capítulo 29, dice que:

«Entonces el pueblo se alegró porque habían contribuido voluntariamente, porque de todo corazón hicieron su ofrenda al Señor; y también el rey David se alegró en gran manera».

Y podemos ver lo que hemos estado escuchando todo el fin de semana, que una donación generosa enfocada, intencional, voluntaria, trae gran alegría para el pueblo de Dios.

Carmen: Esa es Nancy DeMoss de Wolgemuth, hablando acerca del efecto multiplicador que tu generosidad puede tener. Tu dar puede motivar a otros a dar. Tu gozo puede traer gozo a otras personas.

Nancy enseñó este mensaje en la conferencia, «Dando con generosidad» hace unos años. Hoy escuchaste la primera parte de su mensaje, y mañana escucharás la segunda parte.

¿Eres consciente de que tu generosidad tendrá un gran impacto en la vida de aquellos que siguen tus pisadas? Esto es acerca de lo que estaremos hablando mañana, así que te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a decir: «Sí, Señor». Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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