Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cultiva un corazón generoso

Recursos del Episodio

El libro El prinicipio de tesoro por Randy Alcorn

Carmen Espaillat: Si la próxima generación amara lo mismo que tú amas, ¿qué tanto amarían ellos al Señor?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Si abrazan las prioridades que hemos modelado, no solo lo que decimos que son nuestras prioridades, sino las que demostramos en nuestra vida. ¿Qué tan serio sería su compromiso de servir al Señor y a los demás?

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Ayer escuchamos la primera parte de un mensaje que Nancy enseñó en la conferencia, «Dando con generosidad» hace unos años. Ella nos ayudó a captar una visión de una vida de generosidad gozosa.

También nos habló acerca del gran gozo que mostró el rey David al dar con generosidad y al animar a otros a dar. El rey dio para que su hijo Salomón pudiera supervisar la construcción del templo. Esta historia tiene mucho significado para nosotras hoy y Nancy te mostrará por qué.

Ella se encuentra en el primer libro de Crónicas, capítulo 29.

Nancy: Bueno, y en los versículos 10 y 20, no voy a leer todo este pasaje, pero David ora y adora a Dios, él exalta a Dios por Su gran poder, majestad y gloria.

El versículo 12, dice:

«Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú gobiernas sobre todos. En tu mano están el poder y la fuerza, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. Y ahora te damos las gracias, (eso es gratitud) te damos las gracias Dios nuestro, (el agradecimiento va creciendo, te damos las gracias, oh Dios, nuestro Dios) y alabamos tu glorioso nombre. Pero, ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que podamos ofrecer tan generosamente todo esto? Porque de ti proceden todas las cosas, y de lo recibido de tu mano, te damos» (vv. 12-14).

«Oh, Señor Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificarte una casa para tu santo nombre procede de tu mano y todo es tuyo» (v. 16).

Ahora, no estoy diciendo nada que no sepas. Pero creo que tenemos que recordarnos a nosotras mismas de esta realidad a menudo. Y es que todo le pertenece a Dios. Dios es el dueño. Nosotros dependemos de Él para todo lo que tenemos y necesitamos. Él es la fuente de toda riqueza. Todo le pertenece a Él. Él es el dueño de todo, y eso nos da una mayor libertad para compartir generosamente y para compartir como Él nos dirige.

Dice el versículo 17: «Sabiendo yo, Dios mío, que tú pruebas el corazón y te deleitas en la rectitud. Yo he ofrecido voluntariamente todas estas cosas en la integridad de mi corazón, y ahora he visto con alegría a tu pueblo, que está aquí, hacer las ofrendas a ti voluntariamente».

Y ves mucho sobre el corazón generoso en estos versículos. Puedes ver que Dios quiere que demos, con un corazón puro. Eso tiene que ver con nuestras motivaciones. Eso tiene que ver con los métodos y con los medios. Y ves que Dios desea que demos libremente y con alegría. Y vemos que es un estilo de vida generoso, y que inspira a otros a una vida de generosidad.

Versículo 18: «Oh Señor, Dios de nuestros padres Abraham, Isaac e Israel, preserva esto para siempre en las intenciones del corazón de tu pueblo, y dirige su corazón hacia ti; y da a mi hijo Salomón un corazón perfecto para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, para que los cumpla todos y edifique el templo, para el cual he provisto».

Y aquí de nuevo, vemos que con el fin de cumplir con su vocación en la vida, la mayor necesidad de Salomón no eran los recursos materiales. Él no los necesitaba y Dios los proveyó. Pero lo que él más necesitaba, era un corazón para Dios, era un corazón para caminar con Dios, más de lo que necesitaba los recursos materiales. Y debes recordar eso cuando piensas en qué deseas transmitir a tus hijos.

Bueno, en los versículos del 20 al 22, toda la congregación bendice al Señor, ofrece sacrificios. Versículo 22: «Comieron, pues, y bebieron aquel día delante del Señor con gran alegría».

Y tú puedes ver el tema del gozo en ambas partes tanto este capítulo como en 2 Corintios 8 y 9. La alegría, el gozo que viene con la generosidad, que es una respuesta a la asombrosa gracia de Dios.

Y cuando pienso en el gozo de dar, mi mente se remonta a un hombre que era un amigo de mi padre. Su nombre era Dick James, y él fue el inventor del juguete Slinky, el espiral de los dibujos animados Toy Story. Él era un joven ingeniero que inventó esto en la década de los años 1940. Y esta invención, este invento impulsó a Dick James a la fama y a la fortuna inmediatas.

Ahora, de repente, él tenía todos los recursos para hacer todo lo que quería hacer, y lo hizo. Viajó por todo el mundo y probó de todo lo que pudo. Pero se encontró con este profundo vacío y esta añoranza e insatisfacción en su corazón. Y nada de esto le satisfizo como él había pensado.

Y en ese proceso, Dick James llegó a la fe en Cristo. Y mi padre llegó a conocer a este hombre y compartió su historia a menudo con nosotros mientras crecíamos. Este hombre, después de su conversión, se rindió totalmente al Señor. Y él pensó en un momento que Dios lo estaba llamando a América del Sur para ser misionero. Y él dio todo lo que tenía. Tuvo además un tío que murió y le dejó una pequeña herencia, y esto también lo entregó… Él no quería apoyarse en una cuenta bancaria. No quería recaudar fondos. Y mi papá nos recordaba, «Dios no nos llama a todos a vivir de esa manera». Pero esto fue lo que hizo Dick James. Él fue radical. Él quería confiar plenamente en Dios. Pero él también confesó que había resistido a Dios en un pequeño punto. Cuando él se fue a América del Sur, él mantuvo consigo, el troquel original para el juguete Slinky, pensando que si por asuntos de la providencia de Dios lo decepcionaba, él podía empezar a hacer juguetes Slinky en América Latina y abrir todo un nuevo mercado.

Bueno, entonces él contó sobre el día en que Dios habló a su corazón. Y él se dirigió hacia el Océano Pacífico y arrojó el troquel en el océano y fue entonces cuando se convirtió en un hombre realmente libre. Ahora, la historia de este hombre tenía algunas partes tristes y trágicas. Y puede que hayas leído partes de ella en otro lugar. No creas todo lo que lees. Pero este hombre de verdad quería que su corazón fuera en pos de Dios. Y en ese proceso, le escribió una carta a mi papá. Y yo tengo la carta original donde él expresa la alegría increíble que experimentó al rendirse y pertenecer completamente a Cristo. Y permítanme leerles solo un párrafo de esta carta:

Alabo al Señor que me ha mostrado ambos lados: el de tener gran parte de los bienes de este mundo y el de no tener nada. Cuanto más estoy en este mundo, más me doy cuenta de que no hay nada, nada, nada. Las familias, el dinero, las fábricas, la educación, la posición, la reputación, todo equivale a un pedazo de polvo aparte de Cristo. Él es todo, todo, todo. Él es el Rey.

Él es maravilloso. Él es el amor, la vida, la paz, la felicidad, Él es encantador, maravilloso, Él ha de ser alabado. Él es nuestro todo. Él es el fundamento. Él es la roca. Él es el único camino. Él es nuestro aliento, el pan, el agua. ¡Alaba a Dios! ¡Gloria! ¡Gloria! Yo lo deseo a Él, yo lo quiero a Él, y solo a Él, cien porciento a Él. ¡Nada más! ¡Aleluya! Quiero conocerlo, quiero gloriarme en Él, quiero seguirle. Gloria a Su nombre.

Y mi padre al leer esto, a veces decía, «la gente puede llamar a ese hombre un fanático». Y entonces nos decía: «Me gustaría ser ese tipo de fanático».

Pues bien, los efectos de dar generosamente son enormes. Es multidimensional en su influencia y su impacto. Nos mueve hacia arriba y hacia Dios en actos de adoración. Y tiene también una dirección hacia dentro. Podríamos pasar todo un fin de semana hablando de la influencia santificadora de dar generosamente y cómo libera nuestro control sobre lo que es material, y cómo termina con nuestro ensimismamiento y también cómo nos trae gozo y alegría y tiene un efecto hacia adentro.

Pero también tiene un efecto hacia afuera. Bendice otros. Inspira a otros a dar. Y luego está este efecto hacia adelante, tiene también una influencia en la próxima generación, que ellos a su vez puedan pasar esto y dar forma a sus valores, plantando semillas que producirán una cosecha futura en las vidas de quienes nunca podremos saber.

Entonces, la pregunta es ¿qué vas a hacer hoy en tu vida y en lo que tú das en tu dar que va a ir más allá de tu vida? ¿Qué estás pasando a la siguiente generación? Y no me refiero solo a tus hijos. Fui mujer soltera hace poco tiempo. Y no tengo mis propios hijos biológicos, pero estoy influyendo en una próxima generación.

Si esa generación ama lo que yo amo, si la próxima generación ama lo que realmente yo amo, ¿cuánto van a amar al Señor nuestro Dios? Si adoptan las prioridades que hemos modelado, no solo lo que decimos sino aquellas que demostramos, ¿qué tan serio será su compromiso de servir al Señor y a los demás?

Bueno, esto me lleva hablar tan solo unos minutos sobre Art DeMoss.

Y permítanme darles algunos atisbos de él. Hace casi treinta y cinco años durante el fin de semana de mi vigésimo primer cumpleaños, recibí una llamada de que mi padre había tenido un ataque al corazón e instantáneamente se había ido con el Señor.

En realidad, yo había estado con él esa misma mañana, y luego había volado de vuelta a Virginia, donde estaba sirviendo en una iglesia local en ese momento. Mi papá tenía cincuenta y tres años. Mi mamá solo cuarenta. Éramos siete hijos entre ocho y veintiún años en ese momento.

Mi padre conoció a Cristo en un encuentro radical que transformó su vida cuando se encontraba a mediados de sus veinte años. Y él nunca superó la maravilla del hecho de que Dios lo hubiera salvado. Al principio de su matrimonio, él y mi madre comenzaron un pequeño negocio de seguros.

Ellos fueron pioneros en la comercialización masiva de la salud y del seguro de vida. Quizás algunos de ustedes son lo suficientemente viejos para recordar a Art Linkletter haciendo anuncios para esta compañía de seguros, y así es como se desarrolló su negocio. El negocio prosperó, y en el momento de su muerte en 1979, tenía un valor aproximado de doscientos cincuenta millones de dólares.

En el proceso de construcción de ese negocio, él era un hombre de un solo propósito, glorificar a Dios y avanzar el reino de Dios aquí en la tierra. Eso era todo lo que realmente le importaba a Art DeMoss. Y mi madre tenía también el mismo corazón.

Eso era lo que lo levantaba por la mañana, y eso era lo que lo ayudaba a través de las estaciones de prosperidad, así también como en las estaciones de gran adversidad. Él fue un hombre que vivió a la luz de la eternidad. Él sabía que la Corporación Nacional de la Libertad que había fundado, pronto sería olvidada, pero él quería dejar un legado eterno.

Él quería llevar con él y enviar por adelantado antes de ir él mismo al cielo, verdaderas riquezas espirituales. Así que como resultado, él de todo corazón persiguió a Dios y trató de honrarle y servirle. Él amaba la Palabra de Dios, y amaba llevarle el evangelio a la gente.

Le decía a alguien hoy que él compartía el evangelio con todo lo que se movía. Y él tenía algunas maneras interesantes de hacer esto. Pero Dios parecía llevarlo a las frutas maduras, a las personas que estaban listas y el Espíritu se movía en sus corazones para confiar en Cristo.

Tenía este corazón increíble para dar, y de muchas maneras diferentes. Él no era ostentoso o llamativo acerca de esto. Pero nosotros vivimos en esa casa y sabíamos lo que lo condujo. Sabíamos lo que lo motivaba. Nos sentábamos allí los domingos en la mesa leyendo las cartas de los misioneros, con un mapa del mundo en la pared del salón donde desayunábamos. Y había fotos de los misioneros que habíamos apoyado de diferentes maneras. Y había cuerdas atadas desde su imagen hacia el país en el que servían. Y leíamos sus cartas. Nos criamos en esa atmósfera que amaba el dar, porque la generosidad fluye de la gracia, ¿no es cierto?

Anoche un caballero me contó sobre cómo llegó a conocer al Señor. Y me dijo: «Cuando recibí la gracia de Dios, empezó a fluir de mí en generosidad». Y eso es lo que la gracia hace. Los creyentes tacaños, quiero decir es algo que no debe tener ningún sentido en lo absoluto. ¿Cómo podemos ser receptores de esta asombrosa gracia de Dios y luego aferrarnos a cualquier cosa, incluyendo el aire que respiramos? Todo, todo es un don gratuito de Dios.

Así que mi padre vivió con este corazón abierto y con las manos abiertas con ansias de dar. Bueno, y después de un año de su muerte, el negocio que había trabajado tan duro para construir se había vendido. Y nunca más tuvimos ningún contacto o relación con eso. Al día de hoy no tengo ni idea de lo que pasó con ese negocio. Pero sí sé acerca de la inversión que él hizo en un sinnúmero de ministerios, en las vidas de miles de creyentes, y un grupo de ellos está aquí esta noche, y cómo esa inversión ha seguido ha avanzado y no menos importante, es la inversión que hizo en las vidas de sus hijos en riquezas espirituales, en un corazón para Dios y para el ministerio.

Todavía me acuerdo de él a menudo exhortándonos acerca de los peligros potenciales de la prosperidad. Y debido a eso, él no creía que los padres debían dejar una herencia financiera masiva para sus hijos. Él creía que debían dejar una herencia espiritual enorme, y fue muy intencional en tratar de hacer eso.

Pero dejó claro que no tenía intención de dejar un montón de dinero a sus hijos. Él había visto cómo hacer eso había causado muchos daños en las vidas de los beneficiarios de segundas y terceras generaciones. Así que cuando él murió, su voluntad siempre, y sabíamos que este iba a ser el caso, fue que la gran mayoría de todos sus bienes y activos se pusieran en una fundación que él había comenzado años antes de su muerte.

Y estoy tan agradecida por los cuantiosos recursos que se han invertido en la obra del Señor. Y permítanme decir esto. Estoy segura de que esto no fue original de mi papá, pero él me decía: «Da mientras vivas, para que sepas adónde va».

No sabía que a los cincuenta y tres años, en la cima de su negocio el Señor se lo llevaría. Así que él había dado generosamente durante su vida, pero también hizo planes para que si el Señor se lo llevaba, como se diría, de manera inesperada, eso continuara. Y estoy agradecida por muchos, muchos miles de personas alrededor del mundo que han llegado a conocer a Jesús como resultado de la generosidad de mi padre.

Ahora, solo déjame decir esto como la hija de siguiente generación. Estoy agradecida de que esos fondos no hayan estado en mis bolsillos. Estoy agradecida por cómo nos hemos ahorrado tentaciones, opciones, peligros potenciales como consecuencia de su planificación y de su sabia administración. Y sobre todo, estoy muy agradecida por el increíble legado que me dejó, el legado de un corazón para Dios, la pasión por Su reino, el deseo de vivir y dar de manera generosa, y de derramar mi tiempo, mis recursos, y mi vida por la causa de Cristo y del evangelio.

Tengo en mi poder una copia de una nota que mi padre escribió, y tiene fecha del 4 de abril de 1977. Y en la parte superior, escribió: «¿Cuáles son mis objetivos en la vida?» Y enumeró cinco. El primero fue una cierta cantidad de dinero que él quería ser capaz de regalar. Y es una cifra que haría probablemente que cualquiera en este auditorio, se sorprendiera. En la providencia de Dios y como resultado de su sabia administración y planificación, él pudo durante el periodo de vida de sus hijos, dar más de esa cantidad. Así que esa fue su primera meta.

Y luego escribió en la misma hoja de papel: «¿Cuáles serían mis metas para los próximos tres años, si yo supiera que voy a morir en seis meses?» Y ambas listas giraban en torno a su objetivo de liberarse de su negocio para tener más tiempo que dedicar a la obra del Señor.

Lo que él no sabía cuándo escribió esta pequeña nota era que él no tenía tres años aquí en la tierra para cumplir esas metas. Tenía cincuenta y un años cuando escribió estas notas. Y a la edad de cincuenta y tres años, se fue a estar con el Señor. Y dejó un gran legado en muchas maneras.

¿Qué legado les estás dejando a tus hijos? ¿Tienen tus hijos una pasión por el negocio? ¿Por los deportes? ¿Por la política? ¿Por hacer dinero? ¿Por las cosas buenas de la vida? ¿Éxito como el mundo lo mide? ¿O tienen una pasión por Cristo y por Su reino?

Ahora, tú no puede hacer que eso suceda. Tú puedes orar. Tú puedes crear un clima propicio para que ellos deseen escoger a Cristo. Pero treinta y cinco años después de que estés enterrada, como me encuentro hoy yo aquí con la reflexión sobre el legado dejado por Art DeMoss, ¿cuál será el recuerdo de tus hijos, el recuerdo de tus nietos acerca de ti?

¿Será el de un papá y una mamá de rodillas? Esa es la imagen imborrable que tengo de Art DeMoss, comenzando cada día de rodillas en la Palabra, en oración. Era la prioridad número uno de su vida. ¿Pensarán ellos en padres que eran apasionados acerca de llevar las personas a Cristo? ¿Pensarán ellos en padres que vivían generosamente por Cristo y por el evangelio?

Y estoy conmovida por lo que fue compartido antes en esta noche, y por el hecho de que estamos aquí hoy; porque hace cinco generaciones, a sus veinte años de edad, Thomas McClellan se consagró al Señor. Y solo pregúntate lo que en cinco generaciones a partir de ahora Dios hará en este mundo, como resultado de tu vida y de tu corazón para Su reino.

Y quiero compartir solo una frase de cierre con ustedes aquí. Si puedo encontrar la página correcta. Algunos de ustedes recuerdan el nombre de Robert Murray M'Cheyne que fue un pastor escocés en el siglo XIX. Él dijo,

Algunos de ustedes oran día y noche para ser ramas de la Vid verdadera. Oran por ser hechos a la imagen de Cristo. Si es así, deben ser iguales a Él en el dar. Una rama lleva el mismo tipo de fruta que el árbol. Y un antiguo refrán dice así: «¿Qué sería de nosotros si Cristo hubiera sido tan tacaño con Su sangre, como algunos hombres con su dinero?»

Oh, mis queridos amigos, si quieren ser como Cristo, den mucho, den a menudo, den libremente a los viles y a los pobres, a los ingratos y a los indignos. Cristo es glorioso y feliz y así serás tú. No es tu dinero lo que quiere, sino tu felicidad. Recuerda lo que dice Su Palabra, «más bienaventurado es dar que recibir».

¿Te unirías a mí en oración por un momento? Señor, unimos nuestros corazones al decir: «Consagramos a Ti todo lo que somos, todo lo que tenemos, las facultades de nuestra mente, los miembros de nuestros cuerpos, nuestras posesiones, nuestro tiempo, nuestra influencia sobre los demás, que todo sea utilizado en su totalidad para Tu gloria y resueltamente empleado en la obediencia de tus mandamientos, mientras desees mantenernos con vida».

Oh Señor, que sea cierto. Que así sea para Tu gloria, y por el bien de Tu nombre, que el evangelio de Jesucristo sea conocido y amado en todo el mundo. Oramos en el gran nombre de Jesús con acción de gracias. Amén.

Carmen: Nancy nos ha estado mostrando la progresión del dar. Dios nos muestra gracia, nosotras respondemos con gratitud, y luego esta gratitud se desborda. Esto es generosidad.

Nancy enseñó este mensaje en la conferencia, «Dando con generosidad» que se llevó a cabo a hace unos años. Si te has perdido alguno de los programas anteriores en esta serie, te animo a escucharlos o leerlos. Puedes hacerlo a través de nuestro sitio web, avivanuestroscorazones.com.

Y antes de concluir el programa de hoy, queremos compartir contigo el testimonio de algunas de nuestras oyentes. Estos son fruto de tu generosidad al apoyar Aviva Nuestros Corazones a través de tus oraciones, trabajo voluntario o donaciones. Escuchemos,

Mujer 1: Hola, mi nombre es Marta, soy de Colombia. Quiero contar cómo conocí Aviva Nuestros Corazones. Una amiga me recomendó el programa ya que anhelaba y deseaba crecer más como mujer, como esposa, como madre, como hija; y ha impactado mi vida porque realmente he visto cambios en mí.

Cuando crecí, el ideal de la mujer que me enseñaron en mi hogar y la sociedad, no era el correcto. Y realmente al conocer Aviva Nuestros Corazones entendí que el diseño que Dios había hecho para la mujer era totalmente diferente a lo que me vendía la sociedad. Esto trajo bendición a mi hogar porque estoy aprendiendo a tratar a mi esposo, a respetarlo, a comportarme como mujer, como hija de Dios.

Mujer 2: Doy infinitas gracias a Dios por los programas de Aviva Nuestros Corazones porque han producido en mi vida un mayor conocimiento de Dios y me ha llevado al arrepentimiento y por ende a tener un corazón más agradecido. Los blogs de Joven Verdadera y Mujer Verdadera me permiten aplicar de manera práctica en mi día a día lo que Dios quiere de mí en mi diseño como mujer. No solo en mi relación con Él sino también cómo me desenvuelvo en mi iglesia, con mi familia, con mis amigos, en mi trabajo y demás.

La mayor influencia que han tenido los programas de Aviva Nuestros Corazones en mi vida, es ir entendiendo el llamado que Dios nos hace como mujeres en una sociedad tan hostil que nos llama a gritos a dañar ese diseño; pero sobre todo eso, a reconocer la grandeza de Quien ya lo hizo todo por nosotras en la cruz del Calvario.

Carmen: La visión de Aviva Nuestros Corazones es ayudar a mujeres de habla hispana alrededor del mundo a profundizar en su relación con Jesucristo, y eso es lo que tu apoyo hace posible. Si el Señor así lo pone en tu corazón, puedes apoyarnos con una ofrenda especial, o ser parte de nuestras colaboradoras mensuales. Puedes hacer tu donación a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Mañana escucharemos acerca de una familia que fue movida a una generosidad radical. Su historia te retará a pensar de manera diferente acerca de tus posesiones, de tu dinero y de tu seguridad. No te pierdas este próximo programa aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a decir: «Sí, Señor», Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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