Aviva Nuestros Corazones Podcast

La generosidad como un estilo de vida

Recursos del Episodio

El libro El prinicipio de tesoro por Randy Alcorn

Carmen Espaillat: ¿Cómo puedes saber cuánto debes dar para el avance del reino de Dios? Con nosotras el pastor Jimmy Seibert.

Pastor Jimmy Seibert: No es un principio establecido: ¿Treinta por ciento, cuarenta por ciento, el doble del diezmo, noventa por ciento? No se trata de porcentajes. Se trata de rendirse completamente a Cristo: «¡Tú hablas, Señor Jesús, y yo actúo!»

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Estos últimos días hemos estado viendo el gozo de la generosidad. Y escuchamos a John Reinhart hablando sobre los patrocinadores del evangelio, aquellos que apoyan el trabajo que Dios está haciendo alrededor del mundo. Ese mensaje fue dado en una conferencia hace un par de años, en la Conferencia Nacional, «Dando con generosidad».

Luego escuchamos el mensaje que el Señor puso en mi corazón para compartir en esa conferencia. Y hoy, vamos a escuchar de Jimmy Seibert, pastor de Antioch Community Church en Waco, Texas. El Pastor Seibert compartió sobre el camino por el que el Señor lo ha llevado a él y a su familia en relación a la generosidad. Realmente desafió mi forma de pensar. Y me animó a asegurarme de que le estoy entregando todo al Señor.

En este testimonio, escucharás sobre algunas de las decisiones que el Señor llevó al Pastor Seibert a tomar por su familia. Creo que es importante comprender que cuando se trata de dar, Él no nos guía a todos de la misma forma. El Señor podría llamarte a tomar decisiones diferentes en cuanto a los detalles.

Pero todos somos llamados a dar generosamente y a vivir por fe, y eso fue lo que encontré tan desafiante en el mensaje del Pastor Seibert. Espero que escuches este testimonio con un corazón dispuesto, y ores al Señor sobre cómo Él quiere que vivas el gozo de la generosidad. Aquí está el Pastor Jimmy Siebert.

Pastor Seibert: De niño crecí queriendo «cosas». Crecí en una clase media que batallaba, y mis padres dijeron, «nosotros somos responsables de proveer para tus necesidades, pero te toca a ti proveer para tus deseos». Bueno, como todos los niños pequeños, ¡yo quería muchas cosas!

Así que, me di cuenta de que podía vender limonada, o brazaletes de cuero. Después me di cuenta de que podía hacerme de una podadora y comenzar a cortar la hierba. Eventualmente, comencé a lavar trastes temprano en la mañana por menos del salario mínimo o algo así. Encontré formas para ganar dinero. Creo que tuve veinticinco trabajos diferentes antes de graduarme de la preparatoria.

Estaba motivado por las cosas y por el dinero. Comencé a recibir el periódico Wall Street Journal en mi primer año de preparatoria, y dije, «muy bien, si tengo todo este dinero, ahora debo aprender cómo invertir este dinero».

Me convertí justo antes de entrar a la Universidad Baylor. Así que llegué a Baylor; yo quería a Jesús, pero también quería fama y dinero. Y miré a mí alrededor y dije, «Esto es maravilloso. Aquí están todos estos cristianos que son ricos y de influencia. ¡Puedes tenerlo todo!»

Me sumergí en todo aquello con todo mi corazón y dije, «yo voy a amar a Jesús», así que comencé a asistir a estudios bíblicos. «Voy a ser alguien en el campus. Voy a ser un líder, y voy a aprender más habilidades para tener más dinero y ser alguien de influencia».

Para finales de mi segundo año, honestamente, ya no tenía mucha batería, estaba un poco desilusionado. Estaba haciendo muchas cosas que tenían que ver con liderazgo, estaba teniendo un poco de éxito, pero había comenzado a leer la Biblia. Me sorprendió el pasaje central donde Jesús dijo que Él era lo más importante.

Jesús dijo que toda la ley se reducía a esto: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con todo tu ser y con toda tu mente y ama a tu prójimo como a ti mismo». Eso era todo. Yo estaba maravillado. Pensé, yo no lo amo con todo mi corazón. Miré a mi alrededor y pensé, en realidad no conozco a nadie que lo haga.

Pareciera como que estamos jugando un juego. Queremos a Jesús, pero nos gustaría tener todo lo demás también.

Comencé a orar, «Señor, muéstrame cómo amarte con todo mi corazón, alma, mente y fuerza». Bueno, Dios es fiel en contestar oraciones como esas, y ¡Él se encargó de que el amor de mi vida rompiera conmigo!

Había estado saliendo con esta chica, la primera persona con la que pensé que podía llegar a casarme, ¡y de pronto ya no estaba! Se estaba alejando de mí. Tuvimos nuestra conversación final después de los exámenes finales. Estábamos en su casa en San Antonio, y me dijo, «esto terminó; se acabó».

Recuerdo que salí a correr y dije, «¡Dios, esto es tan doloroso! ¿Qué es lo que estás haciendo?» Y sentí que Dios habló a mi corazón: «¡Estoy contestando tu oración! Ya entregaste tu corazón ahora te voy a permitir que me lo des a Mí». Pensé, «está bien Dios, te voy a dar tres meses de mi vida».

Ese verano iba a trabajar en una refinería en Beaumont, Texas, donde crecí. Dije, «Dios te voy a dar tres meses de mi vida para que me demuestres que eres real. Te voy a dar mi corazón, y Tú muéstrame que eres real». ¿No es chistoso… un simple hombre haciendo un trato con el Dios todopoderoso? ¿Pero no es Dios misericordioso a pesar de nuestra inmadurez?

Así que voy manejando hacia mi casa en Beaumont, Texas, y estoy pensando, «¿qué es lo que me está distrayendo?» Pensé, «bueno, la música secular que tenía». En mis tiempos eran cintas de cassette.

Tenía un pequeño Ford Fiesta naranja, y comencé a escuchar mi música secular por la carretera, manejando, simplemente cambiando cintas de cassette por todo el camino.

Después pensé… crecí en Texas. Yo masticaba tabaco; desde que estaba en sexto año. Pensé, eso probablemente sea una distracción… vamos a deshacernos de eso. Así que tiré mi tabaco Beechnut para masticar, eso fue lo más difícil. Entonces pensé, he vivido vicariamente a través de otras personas en toda mi vida.

Veía a alguien en una película, veía a alguien en la televisión, una persona famosa. «Estoy cansado de reflejar en mi vida a otros; debo reflejar en mi vida a Jesús». Así que dije, «bueno, ya no más películas ni TV. No vamos a hacer eso este verano».

Así que, llegué a casa, donde trabajaba de ocho a diez horas cada día. Tenía un trabajo en la refinería. Así que cada mañana me levantaba y decía, «okey, voy a encontrar quién es Jesús». Ahora, recuerden, yo no crecí en la iglesia, no sabía lo que era un tiempo devocional, pero me imaginé que tenía algo que ver con una relación, tenía que conocer a este personaje, Jesús.

Así que hice un trato con Dios. Pensé, okey, voy a leer un capítulo cada día comenzando con el libro de Mateo, lo que sea que Jesús haga, yo lo voy a hacer ese día, lo que Jesús diga que tengo que obedecer, lo voy a obedecer ese día, sin importar nada. Ahora, soy un hombre de carácter fuerte. Estaba resuelto. «No importa lo que parezca, lo voy a hacer».

Bueno, para el capítulo seis, en seis días (estaba leyendo un capítulo por día), había dado todo lo que tenía. ¡Había perdonado hasta a los que no tenía planeado perdonar y mi vida estaba cambiada! ¡Seis días! ¡¿Alguna vez has leído las palabras de Jesús?! (risas) Yo debí haberlas leído antes de hacer el trato. Estaba cambiando mi vida, estaba cambiando mi punto de vista. El reino de Dios estaba llegando a ser el centro, y Jesús estaba llegando a ser mi espejo.

¿Y qué tal acerca del dinero? Me sorprendió que el dinero era algo importante. Había tres pasajes claves. En Mateo 5:42, la Escritura dice que si alguien te pide algo, se lo des, y si alguien te pide algo prestado, se lo des sin esperar nada a cambio. Yo pensé, wow. Está bien.

Así que cada vez que iba a la iglesia, si había algo en mi billetera, simplemente la vaciaba. «Ellos pedían; yo se lo daba». Recuerdo una vez que prendí la TV por solo una hora, y pasaron un comercial de Compassion. Estaban pidiendo que donaras para apoyar a un niño, así que dije: «¡Tengo que apoyar al niño, porque dije que daría! ¡Y están pidiendo!»

Las personas me pedían cosas prestadas. Solía enojarme con las personas, pero se las daba y les decía, «ni siquiera te apures por regresármelo». Otro pasaje que realmente impactó mi corazón fue Mateo 6:19, donde la Biblia dice que hagas tesoros para ti en los cielos y no en la tierra, porque los tesoros en el cielo nunca son destruidos.

Pensé, a mí me interesan las inversiones. Si recibes el diez por ciento, genial; si veinte por ciento, te está yendo bastante bien. ¡Si recibes el cincuenta por ciento es una oportunidad grandiosa! Pero luego pensé, en Jesús, si invierto en el reino de Dios, esa es una remuneración al cien por ciento. Nunca me será quitada.

La inversión más sabia del mundo sería dar mis recursos, mi tiempo y mi energía al reino de Dios. Porque es una remuneración completa. ¡Es la inversión más segura en el planeta! Así que cambió mi punto de vista en cuanto a este tema.

Luego leí este pequeño pasaje en Mateo 6:33. Decía: «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». Y pensé, «está bien». Y lo que seguía era: «No se angustien por el mañana, el cual tiene sus propios afanes», así que se me ocurrió esta pequeña frase: «¡Voy a estar en esto para Él…. y para los demás… y Él va a cuidar de mí! No tengo que hacerlo yo como autopreservación».

Bueno, regresé y obviamente había sido cambiado radicalmente. Estaba montando bicicleta un día con un amigo y él estaba hablando sobre lo que Dios estaba haciendo en su vida, y yo le estaba contando lo que Dios hacía en la mía. Y preguntó, «¿has escuchado de las misiones?» Porque estábamos hablando de, ¿qué hacemos con esta increíble luz de Jesús que acabamos de encontrar?

Cuando me preguntó si alguna vez había escuchado de misiones, contesté, «no, nunca…. Ya que, como dije antes, no crecí en la iglesia.

Él dijo, «bueno, las misiones es cuando vas y hablas a las personas sobre Jesús en algún lugar del mundo, donde nunca han escuchado».

Y dije, «¡genial! ¿Tú sabes de alguien que sepa de esto?»

Pensó por un momento, y me respondió, «no lo sé, pero ¿por qué no vamos a una iglesia mañana y buscamos a alguien que sepa?»

Así que fuimos a esta iglesia llamada Highland Baptist Church, y fuimos a la clase dominical. Se repartieron en grupos para la escuela dominical y hubo un tiempo para saludarse antes de comenzar. Durante ese tiempo dijeron, «hey, hoy tenemos un misionero de Tailandia que está de visita, y quiere hablar del tema: ¿Qué son las Misiones? Si están interesados, pueden asistir a esa clase».

Le di un golpecito a mi amigo. Y dije, «¡excelente! Dios está contestando nuestra oración! ¡Vamos a saber qué son las misiones!» Así que fuimos a esta clase y el misionero nos habló sobre las misiones. Él usó los versículos de Mateo 28:19 al 20. Al final, básicamente, dijo, «todos están llamados a las misiones. Todos están llamados a ser misioneros, donde sea que Dios los haya llamado». Cuando él terminó yo pensé, «este hombre está en lo correcto. Déjame a ir a darle un poco de ánimo».

Me le acerqué y le dije, «hola, señor DePue. Quiero decirle que usted está en lo correcto. Sabe, Jesús dijo lo que usted acaba de decir. Lo leí en Mateo. Leí que Jesús dijo eso, y usted está en lo correcto. Eso es bueno».

Él se rió, y me dijo, «no sé por qué estoy diciendo esto, pero tengo un amigo que busca tribus perdidas, incluso tribus caníbales, en el interior de Nueva Guinea, para predicarles el evangelio. Le encantaría que algunos jóvenes se le unieran este verano. «¿Qué piensas de eso?»

Bueno, pues claro, él está pidiendo, así que nosotros vamos. «¡Nos encantaría!» Así que eso fue en septiembre, y estábamos planeando ir el siguiente verano. Conocía un par de personas de la Cruzada Estudiantil para Cristo que recaudaban fondos, pero no sabía qué implicaba todo aquello, y estábamos yendo a través de una organización que no estaba tan bien organizada.

Éramos yo, el otro joven, una señorita, y todos decidimos, «vamos a ir, y vamos a orar y vamos a creer que Dios nos puede dar ese dinero». Pero, recuerden esto otro que estaba sucediendo en mi vida, que Dios ya me había hablado sobre ser un dador. Así que, había ahorrado como cinco mil dólares ese verano, y el año iba pasando, y si las personas me pedían, yo daba; las personas pedían, yo daba.

Bueno, llegué al final de mi segundo año en la universidad, había regalado como dos mil quinientos dólares; había dado el cincuenta por ciento de lo que había ganado. Eso estaba muy bien, pero ya no quedaba nada. Ya hacia final del año había entrado un poco más de dinero; Dios estaba trabajando de diferentes formas para proveer nuestro dinero para este viaje.

Finalmente llegamos al último día. Juntos, necesitábamos tres mil dólares por persona, nueve mil para pasar el verano en Nueva Guinea, y nos faltaban dos mil dólares. Yo había vendido todos mis libros, y estoy saliendo con mi futura esposa, Laura. (Ella no sabe que soy pobre, porque había estado cuidando de ella). Se supone que seremos presentados frente a la iglesia sobre nuestro viaje a Nueva Guinea, para dar oportunidad a que las personas donen dinero para este viaje.

Así que estamos pensando, ok, nos faltan dos mil dólares. Señor Tú puedes hacer esto. Nos van a presentar a la iglesia, y esto va a funcionar. Así, de repente me doy cuenta de que estoy en un pequeño dilema. Se supone que voy a ir a casa de Laura a pasar algunos días con su familia antes de salir hacia Nueva Guinea. Vendí todos mis libros, pagué todas las cuentas y ya solo me quedan catorce dólares en efectivo (debo decir, que también nos comprometimos a no tener deudas).

Así que tengo catorce dólares y un cuarto de tanque de gasolina. Es un viaje de tres horas de Waco a Houston. Así que estoy entrando a la iglesia orando para que Dios provea. Y sentí el Espíritu Santo diciendo, «trae tu billetera». La había dejado bajo el asiento de mi carro. Yo no sabía lo que eso significaba. «¡Mis catorce dólares se irían!» Yo sabía que iban a recoger una ofrenda, y tenía que dar todo lo que tenía si la pedían.

Y pensé, aww, Señor Jesús. Pero luego pensé, «bueno, ya he llegado tan lejos. Lo voy a hacer». Fui por mi billetera. Pasaron el plato de la ofrenda regular; eché mis catorce dólares. Estaban tocando una canción de adoración durante la ofrenda. Me puse de pie y simplemente sollocé. Simplemente lloré en voz alta. Estoy allí, en un punto sin regreso. Estoy seguro de que las personas estaban pensando: ¡miren a ese joven, cómo ama a Jesús! No, estaba sometiéndome dolorosamente a Jesús.

Bueno, esa noche tuvieron como invitada para hablar a la esposa de Nate Saint (famoso por el martirio de los Aucas, durante los años 50). Ella estaba recaudando dinero para que su hijo fuera a abrir pozos de agua, así que pidieron una gran ofrenda. Y luego el pastor se levanta y dice, «tenemos a Francois de Francia. Y él nos va a compartir lo que está sucediendo en Francia». Y pasaron el plato de la ofrenda otra vez.

Estamos pensando, «estamos acabados. Ya pasaron el plato. Ya tuvieron una ofrenda; tuvieron dos misioneros». Y el pastor dice, «¡estamos tan contentos! Gracias, Francois». Y al pararnos todos para salir, todos pensamos, ¡NO! Y de pronto, creo que el Señor le recordó, y él dijo, «oh, y hay tres muchachos de la universidad que van a Nueva Guinea. Si los quieren ayudar, pueden hacerlo».

El pastor dijo, «¡buenas noches, que tengan una excelente tarde!» [risas]. Y las personas comenzaron a acercarse rápidamente. Inmediatamente, un hombre de negocios se acerca, y me dice, «aquí hay tres boletos para Los Ángeles. Dios ya me habló para que me involucrara con ustedes muchachos».

Luego las personas comenzaron a darnos dinero, fue maravilloso. De pronto estábamos flotando. Estábamos de pie y en shock. Miré hacia abajo para leer un versículo de la Escritura en mi Biblia, y justo allí había dos billetes de cien dólares. Pensé, ¡wow, ok, Dios proveyó mucho más!

Bueno, cuando contamos todo el dinero, teníamos mil dólares más de lo que necesitábamos. Pensé, no puedo tomar ese dinero. Nunca había recibido dinero de nadie. En realidad era una experiencia muy extraña. Siempre había trabajado para obtener todo lo que tenía.

Pero parecía como que el Espíritu de Dios estaba diciendo, «esos son para ti. Yo los puse para ti, para cubrir todos los gastos». Se los iba a entregar al pastor, con quien hablamos al final. Mis amigos y yo dijimos, «no sabemos cómo decir esto…. sobre estos doscientos… pero»… ellos dijeron, «Dios nos habló. Esto es para ti y Laura. Tómalos».

Yo pensé, ¡yay! ¡Puedo llenar mi tanque de gasolina y no va a saber que soy pobre! Bueno, así fueron mis primeros días de ser llamado por Dios, de comenzar esta gran aventura de confiar en Él.

Quiero adelantarme en la historia, porque la pregunta es, «bueno, muy bien… un joven universitario. Así que ¿cómo traduces todo esto una vez que te casaste? Bueno, para Laura y para mí, justo antes de casarnos, yo estaba trabajando en negocios en Houston. Su papá era socio de KPMG, en el área de planificación de patrimonio.

Por mi trabajo y su trabajo, nos encontrábamos en el centro de la ciudad en el Club Petroleum. Yo era lo que él buscaba para su hija. Era un hombre de negocios y estábamos juntos todo el tiempo. Pero Dios me había hablado claramente acerca de ir a las misiones a tiempo completo, que iba a dejar este trabajo… justo antes de casarnos.

Aún recuerdo una reunión que tuve con mi abuela en el club: «¡¿Qué van a hacer... qué?!» Tuve que explicarle una y otra vez que íbamos a dejar nuestros trabajos, que no sabíamos lo que venía en el futuro, pero que Dios quería que alcanzáramos el mundo para Cristo.

Así que, para hacer una larga historia corta, nos casamos, y presentamos una propuesta a nuestra iglesia: «Cómo se vería si la iglesia local se responsabilizara de entrenar y enviar personas a las naciones, en lugar de que las personas tuvieran que pasar por un seminario o ir a través de una organización paraeclesiástica?»

¿Qué tal si a través de relaciones, evangelismo, discipulado, multiplicación de pequeños grupos, tuviéramos una escuela de entrenamiento, y entrenáramos a personas y las enviáramos a las naciones? Ellos dijeron, «suena como una idea maravillosa. Si ustedes y los otros alumnos están dispuestos a establecer la escuela, pueden hacerlo… solo que no tenemos dinero». Así que allí estaba de nuevo, ¿qué hacemos con esto del dinero?

Laura y yo dijimos, «¿qué hacemos sobre el dinero?» Buscamos el rostro de Dios y escudriñamos las Escrituras. También nos topamos con un libro sobre un hombre llamado George Müller. La mayoría de ustedes saben que George Müller era un hombre que comenzó un orfanato en Inglaterra en los años 1800 y que ayudó a cientos de niños. Lo más importante para él era orar sin pedir nada a nadie.

Así que Laura y yo iniciamos el mismo camino con la misma mentalidad: «Solo vamos a orar por nuestras necesidades. No vamos a contar a nadie sobre nuestras necesidades. Vamos a trabajar cuando podamos». Así que los lunes, miércoles, viernes y sábados en la mañana (la escuela era los martes, jueves, y sábados en la tarde) trabajábamos. Eso nos suplía para la mitad de nuestras necesidades.

Pero en medio de todo eso, Laura y yo dijimos, «está bien, no vamos a contarles a las personas nuestras necesidades. Solo queremos confiar en Dios en esto. Pero también queremos ser dadores, así que Señor, no queremos dejar de dar». Así que en medio de todo, vimos a Dios proveer de maneras increíbles.

Un día, un hombre vino de otra ciudad. Él era un pastor que necesitaba una comida, así que lo recibimos. Él estaba llegando a nuestra casa y, literalmente, solo teníamos una lata de frijoles. (Solo para que sepan, nunca debimos ninguna cuenta o una renta en esos dos años y medio, viviendo así).

Pero ese día en particular, estaba cerca y Laura dijo, «¿qué hacemos? Queremos ser hospitalarios y amorosos».

Yo respondí, «amor, él es un hombre de Dios. Si necesitamos, vamos a confiar en que Dios puede multiplicar la comida, o si no podemos ayunar y orar juntos. ¡Vamos a hacerlo!»

El hombre se estacionó en nuestro porche, yo salí al jardín a recibirlo. Él dijo, «hey, me puedes ayudar a cargar algo. Mi mamá vive en Waco, acabamos de instalarla en un hogar de asistencia. Yo había ido a llevarle diez bolsas de comida, pero oré, y pensé mejor traerla para ustedes. ¿Está bien?»

Yo contesté: «¡Hombre, acabas de traer tu propia cena! ¡Esto es maravilloso!»

Recibimos ánimo durante el camino. En otra ocasión tuvimos un hombre de Brasil que estaba pasando por la ciudad. Él estaba trabajando con JUCUM (Juventud con una misión), y estaba recaudando dinero. Había hecho una presentación esa noche, y se estaba hospedando con nosotros. Habíamos preparado su almuerzo e hicimos todo lo que se supone que debíamos hacer para un huésped.

Verdaderamente queríamos darle algo, pero teníamos una cuenta de cien dólares que estaba por vencerse y solo teníamos veinte dólares a nuestro nombre. Así que Laura y yo oramos al respecto, y le dije Laura, «amor, vamos a darle los veinte dólares. Hemos confiado en Dios hasta ahora. Vamos a invertir en su vida y a confiar en que Dios tiene cuidado de nosotros».

Bueno, le dimos los veinte dólares. Claro, no le explicamos nuestra necesidad. Oramos por él, le dijimos que nos gustaría hacer más por él, y pedimos que Dios multiplicara eso. La siguiente mañana él salió y nos escribió una nota que decía: «Al estar orando esta mañana, Dios me mostró que su necesidad es más grande que mi necesidad y que debía dejarles cien dólares».

Pensamos: Sí, Dios sabe dónde vivimos.

Nancy: Ese fue el Pastor Jimmy Seibert con la primera parte de su mensaje, «Persiguiendo un corazón generoso». Espero que esta parte del mensaje te haya impactado tanto, como lo hizo conmigo y espero que te unas a nosotros mañana cuando vamos a escuchar la conclusión de su charla.

Como dije antes en esta semana, hemos recibido gracia que nos debe llenar de gratitud y el resultado debe ser la generosidad abundante. Jimmy Seibert dio este mensaje en las conferencias nacionales, «Dando con generosidad», donde también tuve la oportunidad de compartir la Palabra.

Es un reto para todas nosotras someter todo al Señor con las manos abiertas, con corazón abierto, y después preguntarle, «¿cómo quieres que viva una vida rendida a Ti para los propósitos de Tu reino?» Ahora, las formas específicas van a lucir diferentes para ti para mí y para el Pastor Seibert, pero lo que espero que les quede es un corazón rendido y una gozosa generosidad por Jesús.

Permítanme expresar lo agradecida que estoy con todos los que generosamente dan para que Aviva Nuestros Corazones sea una realidad. Podemos llegar a ustedes a través de la radio y en línea, a través de nuestros podcasts diarios, gracias a radioescuchas quienes apoyan el ministerio financieramente. Así que si crees en el ministerio y en el mensaje, y en la misión de Aviva Nuestros Corazones… si ves la Palabra de Dios ayudando a las mujeres a florecer en Cristo a través de este ministerio, podrías preguntarle, ¿qué quiere Él que des, para apoyar este ministerio financieramente?

Carmen: Gracias Nancy.

Para conocer más acerca de Aviva Nuestros Corazones, o acceder a todo un archivo de recursos centrados en la Palabra de Dios, en español, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también puedes hacer tu donación si así el Señor te ha movido a hacerlo.

Bien, mañana no querrás perderte la la conclusión del mensaje que escuchamos hoy, del pastor Jimmy Seibert. ¡Te esperamos!

Invitándote a decir: «Sí, Señor», Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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