Podcast Aviva Nuestros Corazones

Vive generosamente

Recursos del Episodio

El libro El prinicipio de tesoro por Randy Alcorn

Carmen Espaillat: De acuerdo con el pastor Jimmy Seibert, un estilo de vida de generosidad es mucho más que darle a otros cosas materiales.

Jimmy Seibert: El reino de Dios no es simplemente un conjunto de principios. Es seguir a una persona llamada Jesús, y vivir tanto como podamos como Él. Y cuando no lo hacemos, arrepentirnos abundantemente.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: En esta semana hemos estado viendo algunos aspectos de lo que significa dar generosamente para apoyar y sostener el reino de Dios. Si alguna vez has sentido que tu billetera ya está lo suficientemente vacía, o no tienes suficiente dinero para pagar tus propias cuentas pendientes o para comprar la comida de la semana próxima, o te preguntas, «¿cómo puedo dar más en mi iglesia? ¿Cómo puedo apoyar iniciativas que avancen la agenda del reino de Dios?», entonces el programa de hoy es para ti.

Jimmy Seibert es pastor en el estado de Texas. Ya hace algún tiempo tuvo la oportunidad de compartir un mensaje en la conferencia nacional, «Dar generosamente». Él compartió muchas cosas buenas y confrontadoras, y quizás el llamado del pastor Seibert no es el mismo para mí o para ti, pero la mejor parte de su mensaje es que él vive lo que está enseñando, y es la convicción de Dios para él y su familia. Podríamos decir que su vida, por la gracia de Dios, es un modelo de dar generosamente.

Ayer escuchamos mientras él compartía la historia de sus primeros años de matrimonio, un tiempo en el que dar «dolía»; y también vimos las recompensas de Dios como resultado a ese dar. Espero que hoy seas retada a pensar en maneras creativas en las que puedes ser más generosa, así como Jimmy Seibert y su familia lo han sido.

Jimmy Seibert: Bueno, estas historias sobre el matrimonio podrían continuar por días… pero, ¿qué sobre los hijos?

Vimos tres verdades básicas cuando escudriñamos las Escrituras: Vivir sencillamente, trabajar diligentemente y dar generosamente.

Vivir sencillamente: Esto no quiere decir un estilo de vida en particular. No somos la policía de estilos de vida. Yo sé que en este salón están sentadas personas con casas, carros, barcos y todo eso. Me alegro que los tengan, me alegro que los compartan. ¡Dios los bendiga!

Otros podrían decir, «he escogido una vida sencilla» o «Dios me ha hablado para que viva una vida diferente». Vivir sencillamente para nosotros quiere decir vivir dentro de nuestras posibilidades. No íbamos a entrar en deudas, no nos íbamos a aprovechar. Así que enseñamos a nuestros hijos, «lo que tenemos, es lo que tenemos, y con eso es que trabajamos, ya sea vacaciones o cualquier cosa que sea».

Después enseñamos a nuestros hijos a compartir. Siempre nos asegurábamos de que donde viviéramos, hubiera lugar para que alguien más viviera con nosotros… que hubiera lugar para que alguien más fuera nuestro invitado. Eso quería decir que nuestros hijos tenían que dormir en la misma habitación. Sabes, eso fue lo más sano que hicimos, enseñamos a nuestros hijos a vivir juntos, para poder tener lugar para otras personas. Eso fue otra cosa importante.

La otra cosa importante que hicimos que fue singular, fue que rentamos por dieciséis años, ya que no teníamos para comprar una casa. Hicimos eso de vivir libres de deudas completamente. ¿Sabes cuál era la principal motivación, realmente, para vivir así? Siempre queríamos estar libres para ir a donde fuera que Dios nos dijera, «ve». No queríamos estar atados a nada en este mundo, queríamos poder salir de la casa e ir.

Bueno, y entonces allí estábamos y Dios nos está hablando de que plantemos esta iglesia, y queríamos plantarla en el centro de la ciudad. ¿Cómo vas a ministrar a esta parte de la ciudad? No puedes ministrar a las personas, necesitas ministrar con personas, así que dijimos, «oigan muchachos, nos vamos a mover al centro de la ciudad».

Así que buscamos y encontramos que la ciudad estaba vendiendo lotes por mil dólares, pero era para la construcción de casas. Así que compramos un lote en mil dólares, y dijimos, «muy bien, vamos a construir una casa. No tenemos dinero, pero lo vamos a hacer juntos».

Teníamos amigos, e íbamos construyendo en la medida en que podíamos. Llegamos al punto donde teníamos que pagar dieciocho mil dólares en diez días. Así que juntamos a los muchachos y dijimos, «muy bien, aquí estamos», (probablemente tenían nueve, siete, cinco y un año de edad) «debemos dieciocho mil dólares y no tenemos nada. ¡Maravilloso! Todo va a estar bien». (Yo estoy diciendo esto; Laura no está diciendo eso, pero «aquí estamos».

Les dije, «hijos, fui a correr esta mañana, y encontré siete centavos. Tenemos siete centavos más para el futuro». Así que pusimos los siete centavos en una tina de plástico, y dije, «muy bien, ¿cuántas monedas creen que podemos encontrar en la casa?» ¡Ellos se fueron corriendo y regresaron veinte minutos después con un dólar y cincuenta y dos centavos que encontraron en los sillones y las sillas!

Yo dije, «¡muy bien, tenemos un dólar y cincuenta y nueve centavos! Solamente necesitamos diecisiete mil novecientos noventa y ocho dólares y un poco de cambio. ¡Es todo lo que necesitamos! Vamos a orar y a confiar en Dios. ¿Y saben qué? En la casa Seibert es la semana de «limpiar la alacena». Lo que sea que haya allí, vamos a hacer que funcione. Mamá va a preparar cosas muy ricas. Lo que sea que prepare, no vamos a quejarnos ni a rezongar. ¡Vamos a disfrutar haciendo esto!

Cuatro días después, recibimos una nota de unos misioneros a los que habíamos apoyado durante los últimos diez años. Así que estas personas nos escribieron una nota diciendo: «Recibimos una pequeña herencia y pedimos a Dios que hacer con ella. Les estamos mandando un cheque por once mil dólares». Yo sabía su necesidad, yo sabía dónde estaban. Ellos no tenían el dinero para hacerlo, pero lo hicieron. ¡Y cómo nos regocijamos en casa!

Bueno, ya saben cómo sigue la historia… Obviamente los dieciocho mil llegaron… y construimos una casa en el barrio.

Así que les enseñamos a vivir sencillamente, les enseñamos a trabajar diligentemente. Entrenamos a todos nuestros hijos: «hey, esto es lo que vamos a hacer con los trabajos, así es como vamos a hacer nuestras tareas y todo lo demás». Les enseñamos cómo cortar el césped y enseñamos a nuestras hijas cómo dar clases de natación. Les enseñamos, «así es como provees para ti mismo», y les enseñamos: «Diez por ciento para el diezmo, diez por ciento para las misiones, diez por ciento para los pobres, y puedes hacer lo que quieras con el otro setenta por ciento».

Nos dimos cuenta que el otro setenta por ciento también era dado a Dios. Ellos se lo daban a amigos y familia y cuidaban de otros y tantas cosas sorprendentes.

Pero, adelantémonos un poco. Al llegar a la educación universitaria, la pregunta es: «¿Qué hicieron? ¿Ahorraron para la universidad? Probablemente sabes la respuesta. No. Pero aquí está lo que Laura y yo dijimos: «Si les enseñamos ahora a vivir sencillamente, trabajar diligentemente y dar generosamente… si les enseñamos cómo hacer esto…entonces, sabes que, les estamos dando lo que van a necesitar para el resto de su vida».

Y cuando se trate de la universidad, vamos a hacer lo que sea necesario; vamos a vender lo que se necesite. Uno para todos y todos para uno». Bueno, llegó nuestra hija a la universidad. Vendí mi camioneta, solo nos quedaba un vehículo… pasamos el primer año sin deudas. Su segundo año recibió una beca por su diligencia, y así en adelante…

Y después su otra hermana estaba por entrar a la universidad y teníamos todo menos tres mil dólares. (Nuestra segunda hija vivió en la India su primer semestre ya que había acumulado horas de universidad desde la preparatoria así que comenzó en el semestre de la primavera del siguiente año.)

Así que en diciembre veinte, teníamos que pagar tres mil dólares, y era diciembre dieciocho. Y Laura y yo estábamos preocupándonos un poco y comenzando a preguntarnos, «¿hicimos lo correcto con nuestros hijos?» Así que salimos de la ciudad a la casa de un amigo, cuarenta y cinco minutos de camino, prendimos una fogata, hablamos sobre la transición a la universidad y a la vida adulta y hablamos sobre si comienzas a salir con alguien, y ese tipo de cosas.

Les preguntamos, «al tomar decisiones, ¿estamos en esto juntos o quieres tomar tu propio camino? Y una y otra vez nuestros hijos con gozo decían, «hey, somos un equipo. Este es el Equipo Cyber. ¡Estamos juntos! ¡Todos queremos aportar! Estamos en esto juntos.

Después Laura sacó el tema. Dijimos: «mamá y yo estamos luchando. Sentimos como que no queremos que ustedes batallen económicamente, y Lauren, sabes que nos faltan tres mil dólares, y no podemos hacerlo sin deudas, tenemos que pagarlo en dos días. Solo necesitamos tu sabiduría y retroalimentación en esto.

«Mamá y yo podríamos conseguir un segundo trabajo, ella puede regresar a trabajar. Lo haríamos con gozo». Y comenzamos a hablar sobre las diferentes ideas que teníamos, y los muchachos estaban simplemente en shock y las lágrimas comenzaron a correr de sus rostros, y dijeron, «¿qué están haciendo? ¿Qué están haciendo?» ¡No nos criaron así! Nos criaron para confiar en Dios y trabajar. Nosotros podemos tener dos o tres trabajos, no ustedes. Ustedes han sido llamados a hacer lo que han sido llamados a hacer, y estamos con ustedes».

Estábamos deshechos. Oramos y dijimos, «Dios, somos tuyos». (Todos nuestros hijos trabajaron durante la universidad y han hecho su parte). Un amigo me llamó, al siguiente día y –nadie conoce nuestras necesidades, o nada de lo que está sucediendo– y me dice, «hey, necesito que pases por aquí; solo necesito tu ayuda con algo».

Así que pasé por allí. Y me dijo, «hey, sabes, nos fue muy bien el año pasado, y mi esposa ha estado orando sobre dar un regalo a alguien. Queremos darte algo para la educación de tus hijos».

Y dije, «no necesitas hacer esto. Despreocúpate. No se trata de esto». Y él dijo, «no». Así que me entrega un sobre y yo, por supuesto, le doy las gracias y salgo de su casa. Llego a un semáforo, abro el sobre y allí estaba un cheque por tres mil dólares. ¡Wow!

Les hablé a los muchachos y les dije, «aun seguimos en el camino. No tienen que buscar un segundo o tercer trabajo. Sí vamos a poder».

Obviamente enseñamos a nuestros hijos a dar generosamente. Ellos comparten unos con otros. Mi hija se va a graduar libre de deudas, mi otra hija se graduó libre de deudas. Caleb está al final de su segundo año, Dios ha provisto para ellos. ¿Sabes qué es lo que hacen? Ellos se dan unos a otros. Cuando reciben un poco más del dinero de su beca, se lo dan al otro. Está funcionando en la siguiente generación.

Creo que todos luchamos con estas cosas, se trata de impactar a las personas, ¿no es así? Pero creo que a lo que la mayoría de nosotros somos atraídos es: «¿Cómo va a impactar esto a mis hijos? ¿Lo entenderán? ¿Podrá sobrevivir la siguiente generación?»

Quiero compartir una última historia. No solo enseñamos a nuestros hijos a vivir sencillamente, trabajar diligentemente y dar generosamente… les enseñamos cómo arriesgarse abundantemente... que el reino de Dios es lo más importante… todo por Jesús. Les llevamos casi cada verano a Haití, México, India, África... los llevamos por todo el mundo.

Vendíamos cosas, trabajábamos muchísimo, hacíamos lo que fuera, porque queríamos que fueran activos en el reino de Dios y en el panorama de las misiones mundiales. Pero había momentos donde tenían que dejarme ir.

Una ocasión en particular, estábamos intentando ir a Afganistán, mis hijos tenían nueve, siete, cinco y tal vez un año, y nos juntamos y les dijimos: «Papi necesita ir a Afganistán, y es peligroso y no tenemos el dinero...»

«Tenemos suficiente para el boleto de avión, pero solo tenemos cien dólares para la familia mientras papi no está. ¿Qué es lo que Dios les está diciendo? Yo estaba allí con Laura y estaba diciendo, «solo toma los cien dólares amor. Yo confío en que Dios tiene cuidado de esto. Puedo llegar al aeropuerto en Uzbekistán… caminaré a Afganistán, sí voy a poder». Y los niños se juntaron con Laura y dijeron, «papi, tú llévate el dinero». Así que tuvimos esta gran discusión: «¡No, tú quédate con el dinero! ¡No, tú llévate el dinero!»

Así que acordamos que yo me iba a llevar veinte dólares y ellos se quedarían con ochenta. Así que, ellos estaban orando por mí… y ya sabes, por supuesto, Dios provee para ellos mientras yo no estoy. Pero me subí al avión, sin saber lo que iba a pasar. Llego a Uzbekistán, tenemos amigos allí, misioneros quienes han plantado una iglesia allí.

Me bajo del avión en Tashkent, y un hombre se me acerca y me dice, «hey, ¿cómo estás? ¡Qué bueno verte! Tengo un amigo que me llamó esta mañana y dice que tiene que verse contigo. Él es uno de los otros misioneros en la ciudad». Le dije, «¿en serio? ¿Qué es lo que quiere?» Él dijo, «no lo sé».

Así que, caminé con él y le dije, «¿cómo estás, Dave?» Hablé con él un poco. Él dice, «esto es raro. Nunca he hecho algo así antes, y no sé qué es lo que está pasando, pero escuché que estás intentando llegar a Afganistán».

«Estuve orando esta mañana, y Dios me dijo que viniera al aeropuerto, y que te diera lo que necesitaras para ir y regresar».

Pude mandar un correo a mi familia y decir, «Dios contestó, otra vez, sus oraciones. ¡Muy bien, muchachos!»

Llegamos a Afganistán… tuve la oportunidad de testificar al segundo hombre de la alianza del norte, quien fue asesinado eventualmente. Esto abrió una puerta para hacer nuestro trabajo, que continúa aún hoy en día en este país. Mis hijos oraron por mí por Irak, Irán y todo el mundo. Hemos hecho esto como equipo.

El reino de Dios no es simplemente un conjunto de principios, es seguir a una Persona llamada Jesús y vivir tanto como podamos como Él… y cuando no lo hacemos, arrepentirnos abundantemente, y lo que tus hijos verdaderamente quieren es una vida auténtica. Quieren ver lo que haces y cómo vives, por lo tanto nunca es demasiado tarde.

Estaba en una reunión como esta, con personas que son muy, muy generosas; como veinticinco. Eran solo hombres y yo conté mi pequeña historia y después hicimos una sesión de preguntas y respuestas. Y las personas hacían la misma pregunta de diferentes formas: «Bueno, he llegado al punto donde estoy dando treinta por ciento y me pregunto si está bien», «o qué dice Dios si tengo mucho dinero (y repartí cinco millones el año pasado de mi fundación)…. ¿Qué piensas de esto?», «o estamos intentando hacer eso, ¿qué piensas de eso?»

Yo intentaba contestar a las preguntas de manera práctica, y después de tres preguntas simplemente dije: «¡tiempo!» Todos ustedes están haciendo la misma pregunta, y la pregunta es, ¿cuánto es suficiente? ¿Qué me va a justificar delante de Dios? ¿Y sabes qué es lo que te va a justificar delante de Dios? Nada aparte de Jesús. Somos salvos por gracia a través de la fe…..»

«….ese es el poder del evangelio. Eres amado y deseado por la iniciativa de Dios, por lo tanto eres libre. Eres libre porque Dios murió por ti. No tienes que justificarte a ti mismo. Pero también eres libre para rendirte a Jesús, para ir en esta gran aventura con Jesús».

Dije, «no es una serie de principios: ¿Es treinta por ciento? ¿Cuarenta por ciento? ¿Un doble diezmo? ¿Noventa por ciento? Dije, «no se trata de porcentajes. No es lo que esta persona hace o lo que hace esa persona. Es sobre Jesús guiando tu vida. Es quebrantamiento absoluto… ¡Tú hablas Señor Jesús, y yo lo hago! ¡De eso es de lo que se trata! ¡Es sobre Jesús, y tú siguiéndolo con todo tu corazón!»

Nancy: Acabamos de escuchar al pastor Jimmy Seibert, enseñándonos acerca del corazón de la generosidad.

Una cosa es segura, Dios nos llama a todos a dar con generosidad. Ahora, ¿cómo lucirá esto en tu vida? Pregúntale al Señor en oración, y que sea Él quien dirija tus pasos.

Carmen: Gracias Nancy.

Y no queremos finalizar esta serie de programas titulada, «El gozo de dar generosamente», sin agradecerles nuevamente a todos aquellos que hacen posible Aviva Nuestros Corazones. Estos programas, nuestro sitio web, libros, conferencias y publicaciones son posibles gracias a tus oraciones, al apoyo de nuestras voluntarias y a tu apoyo económico.

También queremos compartir contigo algunos de los testimonios que hemos recibido de nuestras oyentes. Estos son fruto de tu apoyo, a través del cual Dios hace posible que lleguemos a miles de mujeres alrededor del mundo.

Escuchemos,

Mujer 1: Mi nombre es María Gabriela Morales de Grau, y conocí al Señor en el 2004. Aprendí sana doctrina y comencé a crecer en el Señor, rodeada de una hermosa familia de la fe. Pero fue la voluntad del Señor que en el año 2009 tuviera que trasladarme con mi esposo y mi pequeña Sofía en mi vientre, hacia el interior de la provincia de Córdoba.

Rápidamente pudimos constatar lo rara que es una iglesia de sana doctrina, ya que no lográbamos encontrar dónde congregarnos. Por mi parte pronto conseguí trabajo y fui creciendo en el ámbito profesional. Hice como muchas mujeres hacen: conseguí ayuda para el hogar y para el cuidado de los niños, y salí a satisfacer mis propios anhelos egoístas.

No solo tenía mi agenda de docente completa trabajando en colegios prestigiosos de la zona, sino que había inaugurado un instituto de apoyo escolar...pero el Señor, pero el Señor…¡alabado sea Él por no olvidarse de mí! En Su providencia utilizó la enfermedad cardiaca de mi segundo hijo, Juan Manuel, para acercarnos a Su dependencia.

Un día mi pequeño de tres años, en su inocencia me dijo, «siempre te estás yendo, mami». Mi corazón se rompió, la angustia me embargaba y tenía el anhelo de quedarme en casa más tiempo con ellos. Pero había sido criada para ser una mujer independiente, autónoma, una mujer de carrera.

Fue en esas circunstancias, en 2015, que una querida hermana en el Señor nos visita en Villa Dolores, y me presenta el ministerio de Aviva Nuestros Corazones. Comencé a ver la jornada de la conferencia del 2012, y también la conferencia, Ahora es el tiempo, que recién se transmitía y a escuchar los programas por medio de la página.

El Señor con inmenso amor me empezó a hablar del hermoso diseño para mí, de Su voluntad para mi vida. Un velo se corrió de mis ojos, como un gran rompecabezas todas las piezas se unieron para dar forma al maravilloso diseño de Dios para nosotras las mujeres. Pronto renuncié al instituto que había inaugurado y dejé la mayor parte de mi trabajo para volver a mi hogar. Por supuesto, esto significó que debía dejar de tener ayuda en el hogar, ya que no podía sustentarla económicamente. El Señor tuvo que trabajar en mi corazón en esta área también.

Hoy, amo estar en mi casa, cuidar y servir a los míos allí. Pero esto no termina allí, en 2013, cuando no encontrábamos iglesia donde congregarnos, fuimos visitados por nuestro pastor quien nos invitó a iniciar una obra aquí. De 2013 a 2015, no pasó mucho, esa obra no prosperaba. Hoy caigo en la cuenta que el Señor tenía mucho que hacer en mi vida para capacitarme para Su obra, y en la medida que Él restauró la visión de la feminidad bíblica en mí, mi esposo comenzó a tomar el lugar y el rol que Dios destinó para Él, y esto inmediatamente repercutió en el nacimiento de una congregación en Villa Dolores.

Hoy contamos con un grupo pequeño de hermanos y niños, muchos niños sedientos de la Palabra y de crecer en el Señor. Hoy puedo decir que tengo una vida de libertad, plenitud y abundancia en Cristo. No a nosotros oh Jehová, no a nosotros, sino a Tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad.

Mujer 2: Mi nombre es Joany Cruz, de República Dominicana, y quiero en primer lugar dar gracias al Señor por este importantísimo e impactante recurso que Él ha puesto a disposición nuestra, Aviva Nuestros Corazones. Es un recurso que Dios mismo ha usado para abrir mis ojos a tantas verdades que desconocía de la Palabra y la fluidez con la que las expositoras exponen la Palabra de Dios es un regalo que Dios nos ha dado a nosotras las mujeres. Encontrar esas verdades, conocerme más como mujer, abrazar el diseño, abrazar el rol que Dios nos ha puesto. Esas son verdades que en un mundo como en el que vivimos ahora, con el feminismo, Dios mismo nos ha revelado sus verdades, y nos da tanto gozo, de forma particular, a mí me da mucho gozo conocerme como mujer y el llamado que Dios tiene para mí, y abrazar esas cosas de verdad me han hecho una mujer libre. Aviva Nuestros Corazones y el blog de Mujer Verdadera ha sido de mucha bendición, de mucho impacto porque ahí muchas mujeres exponen sus corazones y compartimos muchas veces las mismas luchas. Por ejemplo en mi caso como mujer soltera.

Conozco otras chicas que también tienen las mismas luchas pero que Dios aún en medio de todo trabaja en nuestros corazones y nuestro carácter, y nuestro estado; pero lo hacemos con gozo porque Dios tiene un propósito en medio de todo. Yo, en la medida que puedo, los comparto con mis hermanas en las iglesias, y no solamente las hermanas, las personas que tienen ciertas dificultades y yo puedo llevarlas a los programas, a los recursos, entrar a la página y decirles, «mira, escucha esto; que Dios te pueda bendecir por medio de estos programas; y de verdad que estoy sumamente gozosa por este tipo de recursos que tenemos. Gracias a Dios que los ha puesto en nuestras manos para bendición y expansión de Su reino. Gracias nuevamente a todo el equipo de Aviva Nuestros Corazones por la labor que hace.

Carmen: Estamos muy agradecidas por cómo el Señor ha usado a nuestras oyentes para proveer para este ministerio. Y es nuestra oración que Dios levante más personas que se comprometan a apoyarnos, para poder continuar llevando el mensaje del evangelio y la feminidad bíblica alrededor del mundo.

Si Dios así lo pone en tu corazón, puedes ser una de nuestras colaboradoras regulares, cooperando con una cantidad fija cada mes o puedes simplemente dar una ofrenda.

Nancy: Nosotros queremos poder continuar ofreciéndoles estos recursos de manera gratuita, pero tienen que saber que esta labor tiene un costo, y mantener este ministerio activo y en movimiento, requiere del apoyo de todas las que somos bendecidas por él.

Carmen: Y queremos aprovechar para recordarte que tu iglesia local debe ser siempre tu prioridad a la hora de ofrendar, y que más que nada necesitamos de tus oraciones.

Puedes hacer tu donación a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. También puedes llamar al 1-800-569-5959 e indicar que tu donación es para el ministerio de alcance hispano.

Nancy: Anímate y sé parte de lo que Dios está haciendo en las vidas y los corazones de las mujeres a través de este ministerio. Confiamos en que el Señor proveerá para nuestras necesidades. Te pedimos que nos ayudes a orar por esto.

Carmen: Ahora, Nancy está aquí con nosotras para cerrar en oración.

Nancy: Oh, Señor Tú eres el Dios de la naciones y queremos expresarte nuestra gratitud Señor por todo lo que has hecho en estos años en Aviva Nuestros Corazones. Gracias por cada mujer, gracias por cada servicio voluntario. Gracias por los hermosos testimonios que recibimos y que nos animan a seguir adelante al ver cómo Tú, oh Señor, estás usando estos programas para animar a tantas mujeres alrededor del mundo.

Cuán agradecidas nos sentimos Señor, por cómo tú haces que Tu Palabra corra y ella sea la que traiga aliento, esperanza y gracia a las vidas de tantas mujeres que la necesitan.

Señor, cada una de estas oyentes tiene una historia particular y Tú las visitas allí donde están y cada programa contribuye a fortalecerlas a ministrarlas en sus diferentes situaciones de vida. Por eso Señor te alabamos y te bendecimos, y te bendecimos de manera especial, porque como decíamos, Tú eres oh Señor nuestro mayor donante, nuestro mayor patrocinador, en Ti confiamos, en Ti esperamos y sabemos que no seremos defraudadas. En el nombre de Jesús. Amén.

Carmen: Invitándote a decir: «Sí, Señor», Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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