Podcast Aviva Nuestros Corazones

Canales de la generosidad de Dios

Annamarie Sauter: Por la Escritura, sabemos que Dios cuida del pobre y necesitado.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: En Éxodo capítulo 22 se nos dice que Él es compasivo, clemente y que escucha el clamor de los necesitados.

Otra cosa que no puedes pasar por alto es que las que hemos sido beneficiarias de esa bondad, de la misericordia y de la gracia inmerecida de Dios, debemos entonces ser canales de su generosidad y de su gracia para otros que lo necesiten.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

A través de varias series este año, Nancy ha estado profundizando en el Manifiesto de la Mujer Verdadera. Puedes encontrar el acceso a este documento en la transcripción de este programa, en AvivaNuestrosCorazones.com.

Ya hemos hablado del fundamento de este documento, de las afirmaciones que contiene, y en esta serie continuamos con la segunda parte acerca de las declaraciones.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: En esta parte del Manifiesto de la Mujer Verdadera hemos estado hablando acerca de ir más allá de nosotras mismas, más allá de nuestra zona de comodidad, salir de nuestros claustros cristianos e involucrarnos más en las vidas de otras como mujeres verdaderas.

Hemos llegado hoy a una declaración importante en el Manifiesto de la Mujer Verdadera. Permítanme leerla y después vamos a explicarla frase por frase.

El manifiesto dice:

«Reflejaremos el corazón de Dios hacia los pobres, enfermos, oprimidos, las viudas, los huérfanos y los que están en prisión; ministrándoles a sus necesidades físicas y espirituales en el nombre de Cristo».

Al leer la Biblia de principio a fin, te puedes dar cuenta de que Dios cuida de los pobres y de los necesitados. En Éxodo capítulo 22 se nos dice que Él es compasivo, clemente y que escucha el clamor de los necesitados.

Otra cosa que no puedes pasar por alto es que las que hemos sido beneficiarias de esa bondad, de la misericordia y de la gracia inmerecida de Dios, debemos entonces ser canales de su generosidad y de su gracia para otros que lo necesiten. Así que, somos pobres y necesitadas nosotras mismas, recibimos Su gracia, y luego somos canales de esa gracia en las vidas de otros.

Proverbios capitulo 19 versículo 17 dice que, «El que se apiada del pobre presta al Señor, y Él lo recompensará por su buena obra».

Proverbios 21:13: «El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará y no recibirá respuesta».

Proverbios 28:27: «El que da al pobre no pasará necesidad, pero el que cierra sus ojos tendrá muchas maldiciones».

Este es un asunto serio, debemos estar alertas, debemos ser sensibles y responder a las necesidades de los pobres y de los necesitados. A lo largo de las Escrituras vemos en muchos, muchos versículos, donde Dios provee de manera especial, a veces leyes especiales, para las viudas, para los huérfanos, los extranjeros, los pobres y los oprimidos.

Hay muchos versículos, como el que encontramos en Isaías, capítulo 1, versículo 17, que dice: «Aprended a hacer el bien, buscad la justicia, reprended al opresor, defended al huérfano, abogad por la viuda».

Podemos ver en los evangelios el ministerio de Jesús cuando estuvo en la tierra. Él siempre mostró el corazón de Dios, alcanzando a los pobres, a los cojos, a los ciegos, a los rechazados, a los marginados y satisfaciendo tanto sus necesidades físicas como espirituales.

Esta es una de las más extraordinarias marcas de la iglesia primitiva –su cuidado, los unos por los otros. Había en estas pequeñas iglesias gente que venía de entornos muy ricos, pero también había esclavos y gente en medio de ambos extremos. Ellos no solo adoraban juntos, sino que los que tenían más ayudaban a satisfacer las necesidades de los que tenían menos.

Hechos capítulo 4 nos dice que:

«No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido, y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad» (vv.34-35).

Las necesidades del pueblo de Dios eran cubiertas porque el pueblo de Dios estaba alerta y era sensible. Ellos eran canales del amor, de la generosidad y de la bendición de Dios hacia los pobres y los necesitados.

Segunda a los Corintios, capítulo 8, nos da un ejemplo maravilloso del trabajo conjunto entre las iglesias. Dicen los versículos 1 y 2 de 2 Corintios, capítulo 8, hablando «de las iglesias de Macedonia; pues en medio de una gran prueba de aflicción, abundó su gozo, y su profunda pobreza (porque está hablando aquí de una iglesia muy pobre) sobreabundó en la riqueza de su liberalidad».

Ellos estaban en medio de una gran aflicción, y se encontraban en extrema pobreza, pero sin embargo tenían una gran generosidad.

¿No es esto cierto? Frecuentemente vemos que los que menos tienen son los más generosos, y los que más tienen muchas veces se aferran con más fuerza a lo que tienen. Aquí tenemos que los más necesitados fueron los más generosos.

Pablo dijo: «Porque yo testifico que según sus posibilidades, y aún más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad, (nadie los presionó) suplicándonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos» (vv. 3 y 4).

Algunas de ustedes son esposas de pastores. Te imaginas lo que sería si tu esposo llegara a casa, y te dijera o le dijera a la iglesia, «tenemos mucho dinero entrando, no sabemos qué hacer con tanto dinero, la gente está suplicando para darnos sus ofrendas». Ese usualmente no es el problema que los pastores enfrentan, de gente rogandoles para ofrendar. Esta gente estaba rogando ardientemente para dar sus ofrendas, eran las personas en extrema pobreza, pero sin embargo querían ser dadores.

Pablo dice en 1 Timoteo capítulo 6: «A los ricos de este mundo». Nosotras leemos eso y pensamos, «bueno alguien más es la rica no soy yo». No. Nosotras somos las más ricas. Si tú vives donde tienes un techo para vivir, y hoy comiste y tienes ropa que ponerte, para el estándar del mundo, tú eres rica. Y ese pasaje sigue diciendo que aquel que es rico en este tiempo, ¿qué debe hacer? «Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir» (vv. 17, 18).

Y también Santiago capítulo 1, dice que,

«La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo» (v. 27).

Mira, la Escritura enseña que ministrar a los que están en necesidad es ministrar a Cristo, a Cristo mismo. Jesús dijo, «estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí» (Mat. 25:36).

¿Recuerdas lo que sus discípulos le dijeron?: «¿Señor, y cuando hicimos eso?»

Él les contestó: «En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis» (v. 40).

La escritura enseña que nuestra preocupación por las necesidades prácticas de otros demuestra la sinceridad de nuestro amor. Leemos esto en 2 Corintios, capítulo 8. Esto también prueba la autenticidad de nuestra fe.

Hay un pasaje un tanto fuerte en Santiago capítulo 2. Déjame leértelo, comenzando en el versículo 14:

«¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo?»

Él puede afirmar que es cristiano, pero si su fe no está acompañada de buenas obras, entonces no hay evidencia que nos asegure que realmente tiene fe.

«Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos (Dios te bendiga hermano, le agrego yo a esto), pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta» (vv.14-17).

Pero, ¿qué significa esto? Que no eres una hija de Dios si dices tener fe en Él, pero tu fe no queda evidenciada ni está acompañada por una sensibilidad a las necesidades de otros.

Y esto nos hace pensar, ¿no?

¿Cómo podemos ver a alguien en necesidad, y voltear nuestro rostro, caminar en frente de ellos y ni siquiera preguntarle a Dios si Él desea que hagamos algo al respecto, si nosotras somos las que hemos recibido la increíble gracia y misericordia de Dios?

Ahora, todo este asunto de cuidar de las necesidades de otros, las necesidades tanto prácticas como espirituales, es un llamado para todos los creyentes, pero creo que también es un llamado distintivo para nosotras las mujeres.

Una de las cualidades, una marca de las marcas de la mujer de Proverbios capítulo 31, de acuerdo a Proverbios 31 versículo 20, es que «ella extiende su mano al pobre, y alarga sus manos al necesitado». Ella cuida de su esposo y de sus hijos. Porque te puedes envolver en los afanes del mundo y descuidar a tu familia. Y eso no sería correcto. Esta mujer tiene sus prioridades en orden. Ella cuida de su familia, pero también encuentra el tiempo, y la manera y las oportunidades de extender sus manos a los pobres y a los necesitados, para hacer algo al respecto.

Cuando yo leo ese versículo, recuerdo la novela Mujercitas y pienso en la Sra. March, en Marmee, y la recuerdo siempre cargando esa cesta esa canasta de comida y cómo eso impactó a sus hijas, al verla siempre teniendo cuidado de las necesidades de los pobres.

En Hechos capítulo 9, ¿recuerdas la historia de una creyente llamada Dorcas?

La escritura dice que «esta mujer era rica en obras buenas y de caridad» (v. 36). Pero, ¿qué significa rica en obras buenas? Yo creo que eso se refiere a que ella siempre hacía esto. Ella siempre estaba pensando en los otros, en los demás, siempre estaba tratando de ministrar a sus necesidades.

Bueno y la escritura nos dice en Hechos capítulo 9 que «ella se enfermó y murió, que lavaron su cuerpo y la pusieron en un aposento alto» (v. 37). Y la historia cuenta que los creyentes escucharon que Pedro estaba en un pueblo cercano y lo fueron a buscar.

En el versículo 39 dice: «Entonces Pedro se levantó y fue con ellos. Cuando llegó, lo llevaron al aposento alto, y todas las viudas lo rodearon llorando, mostrando todas las túnicas y ropas que Dorcas solía hacer cuando estaba con ellas».

Aquí tenemos a una mujer que tenía un corazón especial para las viudas y las ministraba de manera práctica, teniendo en cuenta que en esa época, una mujer, al ser viuda, estaba en una situación económica desesperada. Ella no podía salir adelante sin ayuda.

Ahora, hoy en día tenemos algunas viudas que están en esa situación. Algunas viudas tienen la provisión para sus necesidades, pero hay otras que no pueden salir de esa situación sin la ayuda de alguien. Ese alguien en muchos casos, ¿no podría ser alguna de nosotras?

Primera a Timoteo capítulo 5, nos dice que cuidar de los pobres y los necesitados y ministrar las necesidades prácticas de otros, es un requisito, si una mujer quiere más adelante en su vida, ser considerada como una viuda elegible para ser cuidada por la iglesia. Nos dice:

«Que la viuda sea puesta en la lista (en este programa donde la iglesia cuidaría de ella) solo si no es menor de sesenta años, habiendo sido la esposa de un solo marido, que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos, si ha mostrado hospitalidad a extraños, si ha lavado los pies de los santos, si ha ayudado a los afligidos y se ha consagrado a toda buena obra» (vv. 9, 10).

Ese es el estilo de vida al que Dios nos llama, y que prepara a una mujer para ser calificada a ser cuidada si ella queda viuda en sus años adultos.

La compasión por los necesitados siempre ha sido una marca del pueblo de Dios. Los cristianos siempre han sido los primeros en establecer escuelas, hospitales, orfanatos, promoviendo la reforma social, y muchas de estas cosas han contribuido al avance del evangelio.

Desafortunadamente, en nuestros días, hemos relegado de manera significativa el cuidado de los necesitados, ¿a quién? Bueno en algunos casos al gobierno. Tristemente mucha gente en estos días espera que el gobierno cuide de ellos, que les provea. Permítanme decirles que ese no es el papel del gobierno. Es nuestro papel. Es nuestro llamado.

Ahora, sé que es realmente duro en muchas situaciones decidir cómo responder a esto, cómo podemos responder a esto, porque hay mucha necesidad. Mucha necesidad. Muchas malas noticias, desastres naturales, guerras, hambrunas, terrorismo, huérfanos, huérfanos con SIDA en África. Recientemente oí que hay 1.7 millones de niños que tienen a sus padres en prisión. Escuchamos de esto y los números siguen creciendo. Y las necesidades nos abruman. Es fácil inmunizarnos a esas necesidades, porque piensas, bueno, ¿por dónde voy a comenzar?

Bueno, déjame sugerirte que empieces en donde Dios te ha puesto. Mira a tu alrededor. Algo está mal cuando tenemos la percepción de ayudar a gente de los lugares más remotos del mundo e ignorar a la gente que está al lado nuestro, a nuestros vecinos, a nuestros vecinos cercanos que podrían tener necesidades que nosotras podemos suplir.

Tenemos que recordarnos a nosotras mismas que no estamos llamadas a hacerlo todo. No estamos llamadas a suplir las necesidades de todos. El mismo Señor Jesús no acabó con la lepra cuando estuvo aquí en la tierra, Él no acabó con toda la pobreza. Él no eliminó la ceguera, Él no alimentó a todos los hambrientos, Él no sanó a todos los enfermos. Él no proveyó para cada viuda y para cada huérfano. Él pudo haberlo hecho, como Dios, pero no lo hizo. De hecho, Él les dijo a sus discípulos, «siempre tendrán a los pobres con ustedes».

Pero, a cualquier lugar a donde Jesús fue cuando estuvo aquí en la tierra, Él fue sensible a la dirección del Espíritu, y ministraba a aquellos a los que Dios puso en su camino. Él cuidó de ellos. Él se acercó a ellos y ministró a sus necesidades.

Realmente creo que en la medida en que tú y yo caminamos en el Espíritu, Dios va poner cargas y personas y necesidades específicas en nuestros corazones. Nuestra responsabilidad no es resolver toda la pobreza del mundo o cualquier otro problema. Nuestra responsabilidad es seguir a Cristo y ser obedientes a lo que Él pone en nuestros corazones.

¿Te podrías imaginar si todas hiciéramos eso? El peligro está cuando nos comparamos con otras personas que tienen otros llamados y están en otras etapas de su vida. Quizás te pones a pensar que tienes cuatro hijos, y estás con un gran sentimiento de culpa porque dices: «Apenas estoy sobreviviendo y no tengo tiempo de hacer lo que fulana o zutana están haciendo». Bueno, pues fulana o zutana en tu iglesia pueden estar en otras etapas de sus vidas.

No debes compararte con lo que otras están haciendo, debemos decir: «Señor, hazme tierna y compasiva, sensible y atenta cuando pones algo en mi corazón». Hay muchas maneras de involucrarse, dependiendo de la etapa de la vida en que estés y qué es posible que hagas en tu tiempo libre. No te compares. No te sientas culpable. Porque esta no es una cosa más que hacer en tu lista. Pregúntale al Señor, y deja que esta sea una compasión basada en la gracia, y guiada por el Espíritu.

Hay muchas maneras de dar a través de tu iglesia local o a través de organizaciones cristianas establecidas de buena reputación. Pero recordemos que dar dinero no nos exime de la responsabilidad personal.

No solo des dinero, aunque puedes dar dinero cuando tengas para dar, pero también involúcrate cuando puedas. Construye relaciones. Ora por las personas que Dios te guía a servir y ayuda de manera práctica.

Involucra a tus niños. Recientemente oí de una iglesia en donde las familias van juntas en los viajes misioneros. Buscan viudas que necesitan ponerle techo a sus viviendas y toda la familia trabaja junta en eso. Eso es una gran manera de que tus hijos crezcan viendo a sus padres ocupándose de las necesidades de otros a su alrededor.

Una amiga compartió conmigo recientemente que cuando sus hijos estaban creciendo, en los días fríos de invierno, ellos solían ver gente en la calle con letreros solicitando ayuda. Ella me dijo, «siempre era muy difícil saber qué hacer, cuando detenernos a ayudar»; y me dijo, «yo quería que mis hijos vieran que nos importaba, que ellos eran personas y que nos importaban aquellos que estaban en necesidad. Entonces decidí tener siempre una caja en el automóvil con cobijas y guantes y algunas cartas que escribíamos explicando por qué les dábamos esas cosas, compartíamos a Cristo».

Ella me dijo que en la medida que ellos iban manejando por la ciudad en el invierno, ella solía decirles a sus hijos: «Oremos para que aparezca la persona indicada que necesita estos guantes y esta canasta», entonces le pedían a Dios que los conectara con esa persona. Los hijos de esta madre crecieron viendo los ojos y el corazón de Cristo, la compasión y el cuidado por los que están en necesidad.

A veces, con frecuencia, son las cosas pequeñas de las que estamos hablando, esas cosas pequeñas, simples pueden significar mucho.

Pero a veces, tener el corazón de Cristo requiere más de nosotras.

Tengo unos amigos en el área que están en el proceso de adoptar dos huérfanos de Etiopía. Ellos creen que la adopción es una representación palpable del evangelio. En la medida en que ellos comparten toda la travesía por este proceso han visto que es costoso.

Sé que algunas de ustedes han adoptado niños internacionalmente y saben que es costoso. Esta pareja en particular no tiene mucho dinero. Ellos mismos se están preparando para ir en un viaje misionero en los próximos años. Pero han emprendido algunos pequeños negocios; están vendiendo algunas cosas para recolectar el dinero para adoptar estos dos niños.

Su filosofía es, que si fue costoso para Cristo adoptarnos, ¿por qué no debería ser costoso para nosotros adoptar a alguien?

Puede que demande mucho de ti y quizás ser radical. Al compartir estas historias, no quiero sugerirte que Dios te está llamando, está llamando a todas a adoptar niños o a hacer algo radical. Pero creo que cada una de nosotras debe estar dispuesta, si Dios nos lo pide, a hacer algo más, sea lo que sea.

El punto no es lo que debes hacer o cómo se debe de ver. El punto es estar dispuesta a decir: «Sí Señor», a tener Su corazón, Su compasión hacia los que están en necesidad, y a estar dispuesta a responder a lo que sea que Dios te guíe a hacer.

Hay aproximadamente 7.4 billones de personas en el mundo actualmente; y alrededor de 1.4 billones viven en lo que es considerado extrema pobreza, viviendo con menos de $1.25 (dólares) al día. Muchos de ellos no pueden ni siquiera cubrir sus necesidades básicas como agua, comida, albergue, saneamiento, y cuidado de la salud. Hay 30,000 niños que van a morir hoy debido al hambre o a una enfermedad que pudo haber sido prevenida.

Debo decir que la pobreza es un tema muy complejo, hay una tendencia de parte de algunos a simplificar las causas y las soluciones. Nosotras no podemos hacerlo todo, pero podemos pedirle a Dios que nos de Su corazón, y nos muestre qué podemos hacer y qué debemos hacer al respecto.

Olvídate del resto del mundo, ¿qué pasa cerca de tu casa? En tu comunidad, en tu iglesia, hay gente con necesidades físicas básicas, viudas, madres solteras, familias sin trabajo, niños en el sistema de hogares temporales. Dios se preocupa por cada uno de ellos.

La pregunta es: ¿Te preocupas tú? ¿Me preocupo yo? ¿Están tus ojos abiertos a las necesidades de aquellos que están a tu alrededor, o está tu vida tan consumida en las compras, haciéndote un manicure, en Facebook, jugando juegos en el internet, hablando con tus amigas por teléfono, haciendo ejercicio en el gimnasio, en salir a comer un helado o en jugar a las cartas con tus amigas?

Ahora, no quiero que vayas a casa y digas que yo dije que todas esas cosas son malas. Porque solo estoy diciendo o preguntándote, «¿cuál es la pasión de tu vida? ¿Son las cosas materiales? ¿Las cosas temporales? ¿O es la gente y lo eterno?»

Nosotras éramos pobres y necesitadas. Dios nos amó. Él ha sido misericordioso y compasivo con nosotras. ¿Cómo podemos no ser compasivas y misericordiosas hacia los que están en necesidad? Alcanzar a los necesitados en el nombre de Jesús, es una manera poderosa de expresar el amor de Dios y la gracia salvadora de Cristo. Cuando hacemos eso, lo exhibimos a un mundo necesitado que observa.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha mostrado cómo vivir un punto importante del Manifiesto de la Mujer Verdadera. Este nos dice que una mujer verdadera refleja «el corazón de Dios hacia los pobres, enfermos, oprimidos, las viudas, los huérfanos y los que están en prisión, ministrándoles a sus necesidades físicas y espirituales en el nombre de Cristo».

¿Cómo quiere Dios que respondas al mensaje de hoy? Espero que tomes un tiempo para reflexionar sobre lo que has escuchado.

Una oyente, Margarita, nos escribió para contarnos un poco sobre su historia y cómo sirve al señor junto a su esposo. Ella escribió,

Margarita: «Muchas gracias. Quiero contarles que le doy tantas gracias a Dios por su ministerio, ya que a pesar de que desde niña he crecido en el evangelio, para mí la experiencia con Dios es nueva cada día.

Desde los 12 años sirvo al Señor en el ministerio musical, grupos de crecimiento de niños, de jóvenes y de adultos; y ha sido una escuela maravillosa, de eso hace 30 años. Recién hace casi 3 años me casé cuando menos lo creía, y a los ocho meses de casada quedé embarazada… Juntos con mi esposo estamos sirviendo al Señor a cargo de una iglesia, estamos aprendiendo cada día y por esta razón su ministerio ha llegado en un tiempo tan oportuno y de tanta necesidad en mi vida, pues mi deseo es seguir predicando, enseñando y modelando a mi Señor Jesucristo así como Él me lo permita.

… Donde servimos hay mucha pobreza y hogares desintegrados, con muchas madres solteras, pero sé que Dios está obrando en cada una de ellas.

Que Dios bendiga en gran manera sus vidas, a cada uno que conforma este hermoso ministerio y provea siempre todo lo necesario para seguir adelante, llevando fruto abundante en el Señor Jesucristo».

Annamarie: Amén. Hemos sido llamadas a ser fructíferas, y si permanecemos en Cristo llevaremos su amor a los que nos rodean. Y como nos decía Nancy esto no es una cosa más que hacer en tu lista. Busca al Señor, y deja que tu compasión esté basada en la gracia, y guiada por el Espíritu.

Cuando oramos por un avivamiento en nuestras vidas e iglesias, ¿qué es lo que le estamos pidiendo a Dios? En nuestro próximo programa, Nancy nos ayudará a profundizar en lo que significa el avivamiento.

Te animamos a participar activamente en tu iglesia local este fin de semana, y a reencontrarte con nosotros de nuevo el lunes, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Diciendo: «Sí, Señor» juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

1 http://thegathering.com/gws/media/_pdf/N-2010-Spring-No%20Greater%20Love-24.pdf

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