Aviva Nuestros Corazones Podcast

Cantar de los cantares, día 10

Annamarie Sauter: ¿Habiendo disfrutado de una relación estrecha con Jesús, te has alejado de Él?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No te conformes hasta que puedas decir: «He encontrado al que ama mi alma». Y cuando lo hayas encontrado proponte en tu corazón mantenerlo cerca y no soltarlo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy Nancy continúa en la serie, «Cómo enamorarnos y permanecer enamoradas de Jesús». Si te has perdido cualquiera de los programas anteriores en esta serie, escúchalo en la sección de recursos de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Aquí está Nancy,

Nancy: Mientras continuamos nuestra jornada por el libro del Cantar de los cantares, quiero recordarles que este libro no es necesariamente una narrativa cronológica. No es una trama como si se tratara de ver una película o ver un drama; esto es poesía, es una canción de amor. Este libro nos da un vistazo íntimo de una relación amorosa.

Al recorrer este libro vemos unas vistas asombrosas, maravillosas y prácticas en cuanto a lo que un matrimonio humano se refiere. Pero como he dicho antes en esta serie, nos recuerda que el matrimonio apunta hacia otro tipo de matrimonio, apunta a la relación espiritual amorosa entre Cristo y Su iglesia.

Y desde la primera sección hasta el capítulo 2, versículo 7, vimos lo que hemos llamado el primer amor; que era fresco, vibrante, apasionado, lleno de júbilo; era el primer amor; el amor inicial.

Ahora estamos en una sección que comenzó en el capítulo 2, versículo 8, y que continúa hasta el capítulo 3, versículo 5, que hemos llamado «el amor desatendido». Recuerda que en los últimos dos mensajes el amado llama a su amada y le pide que se levante y salga de la recámara donde han disfrutado de su relación especial íntima, y que vaya con Él a las montañas y colinas, a las circunstancias de la vida, al lugar donde él está trabajando.

Pero al final del capítulo 2 en la última sesión, sugerimos que ella no respondió a su llamado, ella no respondió a su iniciativa. Ella prefirió quedarse donde estaba, prefirió estar segura, cómoda, y no tomar ningún riesgo.

Nosotras hablamos sobre cómo experimentamos esto en nuestro caminar con el Señor. Él nos llama a subir a las montañas y asaltar en las colinas; y nosotras decimos, «oh no es que yo no puedo hacer eso». No queremos tomar el riesgo.

Y hoy al llegar al capítulo 3, a los primeros cinco versículos, vamos a ver los efectos colaterales de esta decisión, las consecuencias de la renuencia de la novia a atender el llamado del novio.

Muchos entienden el párrafo que hoy veremos como un mal sueño que la novia cuenta, y eso pudiera ser el caso. Pero si es algo que soñó o algo que ella experimentó en realidad, es claro que este pasaje describe una perturbación en la relación que ella ha disfrutado con su amado. Verás un contraste real entre esta escena que veremos hoy y las escenas más íntimas que la preceden.

Veamos el capítulo 3 del libro del Cantar de los cantares, en los primeros cinco versículos: «Por las noches, busqué en mi lecho, al que ama mi alma».

Ahora, déjame hacer un alto aquí para pedirte que notes la frase, «al que ama mi alma», porque vas a ver esta frase cuatro veces en los primeros cuatro versículos de este capítulo, «al que ama mi alma». De hecho, cuando haces un estudio bíblico, subrayas las frases o los conceptos repetidos. Esto te ayudará a notar lo que está siendo enfatizado. Él es a quien ella ama; ella lo llama de esa manera, «el que ama mi alma» y dice:

«Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma; lo busqué, y no lo hallé. Y dije: “Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad; por las calles y por las plazas buscaré al que ama mi alma”.

Lo busqué, y no lo hallé. Me hallaron los guardas que rondan la ciudad, y les dije: “¿Habéis visto al que ama mi alma?” Apenas hube pasado de ellos un poco hallé luego al que ama mi alma; lo así y no lo dejé…» (vv.1-4).

Vamos a hacer un alto por ahora. Si hiciéramos un bosquejo de este párrafo, de este texto, lo podríamos hacer tal vez con tres palabras: Perder, buscar y encontrar. Perder al amor de mi vida, buscar al amor de mi vida y encontrar al amor de mi vida.

Creo que este párrafo nos da una percepción de las temporadas en un matrimonio cuando la intimidad se rompe, perder la intimidad, buscar la intimidad y encontrar la intimidad; y también nos da una percepción en las temporadas de la vida cuando nuestra comunión con Cristo se rompe, se quebranta, cuando no estamos experimentando con Él la intimidad que una vez conocimos.

En el primer versículo, encontramos que la novia está en su alcoba. «En mi lecho, por las noches» (dice ella). No sabemos si está soñando o si está despierta pero ella se está dando cuenta de que algo anda mal. Cuando dice: «En mi lecho, por las noches, he buscado al que ama mi alma», la implicación aquí es que hay algo que se ha entrometido entre ellos; algo que los ha separado.

Ahora, al final del capítulo 2, ¿recuerdas que hablamos sobre las montañas de Beter? Esa palabra significa separación. «Sube tú a las montañas. Yo me quedo aquí». Bueno, él subió a las montañas. Ella no se levanta y sube inmediatamente con él como él le pide. Entonces, ahora ella se encuentra sola en su lecho, extrañando a su amado y lo está realmente extrañando.

Ella perdió su compañía, perdió la dulzura de la comunión que ellos habían experimentado alguna vez. En español, dice aquí: «Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma». La palabra está en plural «por las noches». Esto quiere decir noche tras noche, esto no era solamente un momento. Se trataba de una temporada. «Por las noches en mi lecho, por un periodo de tiempo, busco al que ama mi alma».

Ella lo extrañaba. Esta comunión ahora no era dulce e íntima como una vez lo había sido. Ella pensó que había sido maravilloso estar ahí en la alcoba con él, pero ahora que él se ha ido a las montañas y a las colinas y a las circunstancias de la vida y ella se ha quedado ahí sola, ella se da cuenta que había perdido esa intimidad que atesoraba.

Entonces ella comienza a buscar la restauración de esa intimidad que ella extraña, ella busca, extrañando al amor de su vida, ella está buscando al amor de su vida. El amor siempre buscará al que ama. Cuando tú pierdes al ser amado tú buscas la restauración. Ella no está contenta sin él; ella no está contenta de estar separada de él.

Una evidencia de que le pertenecemos a Cristo es que cuando pierdes sentido de Su presencia, tú vas en busca de Él, tú vas en busca de la restauración de esa intimidad.

Charles Spurgeon lo dijo así:

El amor no soporta estar separado del amado. Cuando hay amor verdadero por Cristo Jesús, no soportamos, no podemos soportar estar lejos de Él.

Bueno ella dice, «por las noches, busqué en mi lecho al que ama mi alma». Y tú dirás, «es obvio que él no está ahí, ¿por qué lo buscas en tu lecho?» Bueno, es que ella comienza en donde está y esta es la primera parte de la búsqueda que le es conveniente; es fácil, no requiere gran esfuerzo, solo le basta rodarse sobre su lecho y ver si él está ahí. «¿Lo he perdido en algún lugar? ¿Está aquí en algún lugar de este lecho grande?» Ella está preocupada pero aún no está desesperada.

Entonces ella sigue diciendo, «lo busqué». ¿Dónde lo buscó? Lo buscó en su lecho y no lo halló. Él no estaba ahí.

A lo largo de este pasaje veo una novia que es honesta. Ella no está pretendiendo tener algo que sabe que no tiene; «lo busqué mas no lo hallé».

Todas hemos tenido tiempos así, tiempos como éstos, cuando mi corazón está frío; cuando se siente distante del Señor; cuando hay una ruptura en mi comunión o en mi relación con Él. Todas sabemos lo que es ir a los servicios de la iglesia, sabemos lo que es estar en nuestro tiempo de quietud y salir de él sintiendo que no nos hemos encontrado con el Señor.

Cuando este sea el caso, no pretendas; sé honesta. Sé honesta con el Señor; sé honesta tal vez con unas cuantas amigas cercanas y diles, «lo estoy buscándo a Él, pero no estoy sintiendo su presencia en mi vida en este momento».

Ahora, nota en este pasaje que cuando demoras en atender Su llamado, como lo hizo ella en el pasaje anterior, puedes darte cuenta que es más difícil encontrarlo una vez que vas en busca de Él; es mejor, mucho mejor, responderle cuando Él te llama inicialmente.

Y esta novia no experimenta inmediatamente la restauración de la intimidad y una vez que hemos perdido la presencia de nuestro Amado, no lo encontramos tan pronto como lo empezamos a buscar.

Al recordar los años de mi caminar cristiano, estoy convencida de que la desilusión y los anhelos insatisfechos por Cristo nos hacen sentirnos más desesperadas por Él, nos presionan a buscarlo con más empeño.

Entonces aquí tenemos a una novia que no está satisfecha con continuar sin él. Ella no está dispuesta a continuar con esta situación de separación. Y entonces ella dice en el versículo 2: «Me levantaré». No se da por vencida. No regresa a dormir y no dice, «bueno espero a que amanezca y después lo buscaré». No. Ella se levanta y resuelve hacer lo que sea necesario para encontrarlo.

Recuerda que en el capítulo previo, él le dijo a ella, «levántate amada mía. Ven conmigo». Ella está finalmente dispuesta a levantarse, está dispuesta a pararse de su lecho durante la noche. Está dispuesta a perturbar su sueño; está dispuesta a tomar los pasos intencionales para encontrarlo.

Y esto me recuerda al hijo pródigo de Lucas capítulo 15 que dice desde su posición en la pocilga, «¿qué he hecho? Me levantaré e iré a mi padre». Este es un corazón arrepentido. «Me levantaré y haré lo que sea necesario para encontrarlo».

Al meditar en este pasaje, me pregunto: ¿No crees que ella habría deseado haberse levantado antes, cuando él la llamó la primera vez?

Pero si no te has levantado aún, levántate ahora. Ella está respondiendo finalmente, «me levantaré» ahora.

Me pregunto, ¿cuántas veces ha querido Dios ser encontrado por nosotras? Pero nosotras solo nos rodamos en la cama y regresamos a dormir. Escucha, no es posible encontrarlo mientras no estemos dispuestas a levantarnos, levantarnos de nuestras circunstancias y salir y tomar los pasos intencionales para buscarlo.

Eso es lo que ella hace. «Me levantaré ahora, y andaré por la ciudad; por las calles, por las plazas buscaré al que ama mi alma».

Ahora tú ves en este pasaje una búsqueda intensificada. Ella comienza buscándolo en su lecho, y no lo encuentra ahí; entonces ella dice: «Me levantaré ahora, y andaré por la ciudad, por las calles y por las plazas». Esta declaración te da una sensación de que está por iniciar una búsqueda a gran escala, como la que se hace cuando se quiere encontrar una persona desaparecida. «Tengo que encontrarlo». Esta es una búsqueda con determinación. En esencia lo que ella está diciendo es, «¡yo no voy a parar hasta encontrarlo!» Ella seguirá buscando.

Recuerda que es medianoche. Ese no es el tiempo más fácil de encontrar a alguien que está perdido, pero eso no la detendrá. La detuvo en otra ocasión cuando ella dijo, «es de noche, hasta que pasen las sombras de la noche, tú sube a las montañas». Pero ahora es de noche, y es ahora que ella está diciendo, «voy a hacer todo lo que sea necesario, no puedo estar sin mi amado».

Ella quiere revisar todos esos lugares donde él pudiera estar. Es una búsqueda extensiva y exhaustiva, es una búsqueda enfocada. «Por las calles y los mercados» buscando al amor de su vida.

Esa búsqueda extensiva, enfocada, intencional e intensa se requiere frecuentemente cuando intentamos restaurar la intimidad con nuestro Señor. No es que lo vayas a encontrar por casualidad cuando hayas perdido el sentido de Su presencia.

Tenemos que voluntariamente estar dispuestas a alejarnos de otros deseos que compiten por nuestra atención, para enfocarnos en encontrarlo a Él. No puedes buscar a tu amado mientras buscas otras cosas.

Estoy convencida que mucho del ruido, de la tecnología, y de los juguetes que tenemos, creo yo, son una gran razón por la cual muy pocos cristianos están experimentando intimidad en su relación con el Señor; ver televisión, ver películas, leer nuestros muros en Facebook, y estar fascinados con las noticias. No digo que haya algo malo en estas cosas pero nuestra atención perpetua en estas cosas en nuestras vidas es, creo yo, en gran parte lo que nos está impidiendo escuchar Su voz y experimentar Su realidad en nuestras vidas.

Te digo, esta es mi propia historia, es mi propio testimonio. Solo pienso en lo frecuentemente que estoy haciendo o tratando de hacer muchas cosas a la misma vez; en realidad no puedes hacerlas. Solo puedes hacer una cosa a la vez, pero es tan difícil para mí sentarme quieta y estar callada y buscar al Señor intencional y seriamente y con fervor.

Me estoy dando cuenta de que tengo que estar dispuesta a guardar mi Iphone— a ponerlo en otra habitación— a dejar de estar en Facebook, a guardar el control remoto de la televisión, a guardar mi IPad.

Tengo una amiga adolescente que escribió en su muro de Facebook recientemente que se saldría de él para poder jugar fútbol o soccer. Bueno, yo hablé con su mamá y supe que la razón por la cual ella tuvo que salir de Facebook para jugar soccer era en realidad porque tenía que mejorar sus calificaciones y Facebook estaba siendo una distracción para esto. Si ella no mejoraba sus calificaciones entonces ella no podía jugar fútbol o soccer.

Leí eso y pensé, «pero, nosotras no salimos de Facebook para buscarlo, encontrarlo y conocerlo».

No estoy criticando a Facebook… a menos que se convierta en una distracción que te impida conocer a Cristo, caminar con Él o buscarlo.

Hay un libro devocional que me encanta, que amo y he leído muchas veces y me he deleitado en él a través de los años; se llama, The Seeking Heart, de Fenelon, en español sería, «El corazón que busca» . ¿Tienes tú un corazón que busca? ¿O estás contenta en el lugar donde estás, con lo que tienes, y con lo que sabes de Jesús?

  • ¿Qué tanto lo quieres?
  • ¿Qué tan desesperada estás por encontrarlo?
  • ¿Estás dispuesta a dejar tu lecho e ir por la ciudad a buscarlo?
  • ¿Estás dispuesta a atravesar grandes distancias para encontrarlo?
  • ¿Estás dispuesta a hacer sacrificios y a ponerte en situaciones difíciles e inconvenientes por Él?

¿Qué estás dispuesta a negarte para tener una relación más íntima con Cristo? ¿La comida? ¿El sueño? ¿El placer? ¿Los amigos, algunas veces?¿Habrá algún precio demasiado alto a pagar para encontrar nuestro tesoro supremo, Cristo?

Bueno, no estoy diciendo que nunca comas, que nunca duermas, que nunca encuentres placer, que nunca tengas amigos o amigas; pero sí estoy diciendo que muchas de nosotras estamos tan llenas de estas cosas, que no tenemos un apetito intenso por Cristo. Tenemos que estar dispuestas. Dios me ha estado hablando a mí mientras he estado preparando este estudio, me ha estado hablando acerca de alejarme algunas de estas cosas, guardarlas por alguna temporada, por algún momento... Tal vez por algunos minutos, horas o días tal vez...para buscarlo a Él.

Bueno, la búsqueda de esta novia sigue sin ser recompensada. Ella dice, «me levanto y voy por la ciudad, por las calles y por los mercados, buscando al que ama mi alma. ¡Lo busqué y no lo hallé!» Y es la segunda vez que dice esto, «lo busqué» ella está buscándolo.

¿Alguna vez te sientes así? Estoy buscando pero no lo estoy encontrando...

Déjame citar otra vez a mi amigo Charles Spurgeon quien dice:

A veces la búsqueda más entusiasta no encuentra lo que busca de una vez. Por razones sabias, Cristo a veces se esconde de Su pueblo que lo busca.

¿Alguna vez has pensado esto? Yo creo que Él quiere que nos demos cuenta de cuánto lo necesitamos y cuánto realmente Él significa para nosotras. Y tal vez Él quiere que nos demos cuenta de que nos hemos llenado con otras cosas por tanto tiempo, que necesitamos sacarlas de nuestras vidas, de nosotras, necesitamos sacarlas de nuestro sistema. Algunas de nosotras necesitamos desintoxicarnos de la solución intravenosa que el mundo nos ha inyectado en nuestros corazones y nuestras mentes. Necesitamos reenfocarnos y buscarlo a Él.

Bueno, la novia no lo encuentra inmediatamente; se requiere un proceso, se requiere tiempo y esfuerzo. Puedo imaginarme que a este punto le ha sido tentador renunciar, pero ella no desiste y me encanta eso de ella.

Me hace pensar en una madre que busca a su hijo o a su hija pequeña en una tienda por departamentos. ¿Renunciará esa madre a la búsqueda? No importa cuánto tome… Algunas de ustedes dicen: «¡De ninguna manera!» Así es el retrato de esta novia. «No voy a renunciar a esta búsqueda. No voy a desalentarme». ¿Eres así buscando al Señor? ¿Eres así buscando a tu amado, buscando a Cristo?

En el versículo 3 dice: «Me hallaron los guardas que rondan la ciudad». Los centinelas o los guardas en Cantares de los cantares, yo creo, son el símbolo de los líderes espirituales, de los pastores, de los hombres y mujeres de Dios quienes se interesan en nuestras almas. Y ella les pregunta, «¿han visto ustedes al que ama mi alma?» Entonces ella les pregunta a otros quienes lo conocen y a quienes les ha sido encomendado el cuidado espiritual del rebaño de Dios. Ella les pide ayuda.

Me encanta que ella no está avergonzada, a ella no le da vergüenza pedir ayuda. «¡Necesito ayuda! ¿Me pueden ayudar a encontrarlo?» Ella no está avergonzada de declarar su amor. «¿Han visto ustedes al que ama mi alma?» ¿Lo han visto? Ella declara el anhelo de su corazón.

Pero vemos al leer en este pasaje que ni estos centinelas pueden resolver su problema. Con esto recuerdo que los líderes espirituales tienen su lugar, ellos son importantes, ellos pueden ayudar. Es sabio buscar consejo y buscar ayuda de ellos, pero en última instancia no puedes esperar que otro ser humano restaure tu relación con Cristo. Esas personas solamente están ahí para dirigirnos hacia Él.

Cuando has leído todos los libros y has ido a todos los seminarios y has hablado con todos los consejeros, si quieres tu intimidad con Cristo restaurada, tendrás que pasar por alto todos esos recursos, pasar por alto toda esa gente, tan maravillosa como pueda ser, para llegar al maravilloso Consejero.

Ella les pregunta a los centinelas, a los guardas, «¿han visto ustedes al que ama mi alma?» Aparentemente no lo puede encontrar en ese momento, pero luego dice en el versículo 4: «Apenas los había pasado cuando hallé al que ama mi alma». Su búsqueda ha sido recompensada.

No se menciona dónde está el amado. No se menciona cómo lo encuentra y no importa cómo lo encuentra. El punto es que aquellos que buscan y aquellos que siguen buscando lo encontrarán a Él. Esto me lleva a pensar en lo siguiente: ¿cuántas veces desistimos de buscarlo justo cuando estamos al punto de encontrarlo? ¿Qué hubiese sucedido si ella hubiera cesado de buscar a su amado cuando se encontró con los centinelas? Me encanta esa frase: «Apenas los había pasado, apenas había pasado de ellos». ¿Qué habría pasado si ella hubiera desistido en su búsqueda diez minutos antes?

Algunas de nosotras renunciamos a encontrar ese lugar de intimidad con Cristo que Él quiere que experimentemos. Ella dice, «(encontré) al que ama mi alma (¡lo encontré a él!)». Ella no está satisfecha con nada ni nadie más.

No es suficiente encontrar sana doctrina, con lo importante que esto es. No es suficiente saber más de Él, aunque esto sea grandioso. Ninguna de estas cosas puede tomar el lugar de una relación personal ni el lugar de una íntima comunión con Él.

Recuerdo una canción que cantaba cuando era una niña pequeña, no la he escuchado en mucho tiempo, pero decía:

Toda mi vida luché
por sentir la corriente de aire de un manantial fresco,
que deseé saciara el ardor de la sed
que sentía dentro de mí.

¡Aleluya! Lo he encontrado;
¡he encontrado a quien mi alma ha anhelado por tanto tiempo!
Jesús satisface mis deseos;
por Su vida ahora soy salva.

(«Satisfecha» por Clara Tear Williams)
 (“Satisfied” by Clara Tear Williams)

Bueno, y ella dice como dice el versículo, «hallé luego al que ama mi alma, lo así, y no lo dejé; lo encontré, me prendí de él y no quise soltarlo».

En pasajes anteriores cuando ellos estaban solos juntos, creo que ella habría pensado: «No es posible que lo ame más de lo que lo amo ahora». Pero ahora que ella ha echado de menos su presencia, que la ha buscado y que lo ha encontrado, él es más precioso para ella que nunca. Ella no quiere perderlo otra vez. Entonces se aferra a él más fuertemente, con más fervor que el que tenía antes. Anteriormente, quizás lo dio por sentado, pero esta vez ya no. «Me prendí de él y no quise soltarlo».

¿No es la misericordia y la bondad de Cristo que hace que cuando fallamos en ignorar Su llamado, que cuando dejamos que las barreras se interpongan en nuestra relación con Él, Él aun así promete que cuando lo busquemos con todo nuestro corazón, lo hallaremos?

Entonces cuando se restaura Su presencia, ¿no te das cuenta que quieres aferrarte a Él más fuertemente? No quieres estar sin Él otra vez, quieres asirte a él y no soltarlo y ahora sí estás dispuesta a subir con Él a las montañas y a las colinas. Vamos a ver esto en la próxima sesión, vamos a ver que ella sí sube con Él a las montañas, a las colinas y a los viñedos.

¿Dirías hoy que tal vez has perdido sentido de Su presencia y de la intimidad que has experimentado con Él en el pasado? Sé que numerosas veces durante mi estudio en esta serie yo le he tenido que decir al Señor, «Señor mi corazón está seco, estéril, frío, no te amo como una vez te amé y como te quiero amar».

Tú sabes que estás unida a Cristo; que le perteneces a Él, pero has perdido el sentido de tu comunión con Él. Tal vez es porque has ignorado Su llamado, tal vez es porque has dejado que esas zorras pequeñas carcoman la raíz de tu relación con Él, tal vez hay cosas que se interponen entre tú y Él, y no estás contenta hasta que puedas decir: «He encontrado al que ama mi alma». Y cuando lo hayas encontrado, proponte en tu corazón aferrarte a Él y no soltarlo.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado ofreciendo una invitación. Si te has desviado y alejado del Señor, búscalo como una novia que busca a su esposo a quien extraña. Esta enseñanza de Nancy basada en el Cantar de los cantares se titula, «Cómo enamorarnos y permanecer enamoradas de Jesús».

Bueno y, ¿cómo buscas a Dios si no estás tan cerca de Él como quisieras? Nos gustaría ayudarte a reflexionar sobre esto. Nancy ha escrito una serie de preguntas de seguimiento para esta serie de programas. En tu tiempo devocional usa estas preguntas para evaluar tu vida y ver qué pasos necesitas dar. Encuéntralas en AvivaNuestrosCorazones.com, en la sección, «Hazlo personal» al final de las transcripciones de estos programas.

Cuando Cristo te atrajo hacia Él, Él se regocijó en ti. Ahora, tú sabes cuán imperfecta eres, y cómo lucías ante Él. ¿Por qué entonces Dios se regocijaría en ti? Nancy te hablará acerca de esto en nuestro próximo programa.

Te animamos a participar activamente en tu iglesia local este fin de semana, y a reencontrarte con nosotros de nuevo el lunes, para una próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones.

Contemplando la belleza del evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Los pasajes de Cantar de los cantares fueron tomados de la versión Reina Valera 1960.

Hazlo personal

Día 10- Amor desatendido 3: Extrañando, buscando, encontrando
(Cantar de los cantares 3:1-5)

Escuchar programa #10:

  1. «He buscado al que ama mi alma; lo busqué, mas no lo hallé» (3:1). ¿Existe alguna brecha o barrera en tu intimidad con Cristo?

¿Has perdido el sentido de Su presencia que alguna vez tuviste en tu vida?

¿Qué medidas has tomado para buscarlo?

¿Alguna vez has caído en cuenta de que estás buscando a Cristo, pero no lo puedes encontrar? ¿Qué crees que te impide hallarlo?

  1. ¿Cuándo fue la última vez que estuviste desesperada por Cristo? ¿Tienes un corazón que le busca, o estás satisfecha con la condición de tu relación con Jesús? ¿Qué tanto le quieres?

¿Cómo puedes cultivar un mayor anhelo de intimidad con Él?

  1. «Me levantaré ahora. . . . buscaré al que al que ama mi alma» (3:2). ¿Cuáles son algunos de los pasos que puedes dar para restablecer tu comunión con Jesús?
  2. Les dije: «¿Habéis visto al que ama mi alma?» (3:3). ¿Cuál es la diferencia entre pedir ayuda a otros para que te ayuden a acercarte a Cristo y buscar que sean otros los que restauren tu relación con Él? ¿Cómo puedes dejar esas personas a un lado y llegar a tu Amado?
  3. «Hallé al que ama mi alma; lo así y no quise soltarlo» (3:4). ¿Lo has encontrado? Si no es así, ¡sigue buscando! No te contentes hasta que puedas decir: «He encontrado al que ama mi alma». Cuando lo hayas encontrado, ¡proponte retenerlo cerca y no lo dejes ir!

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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