Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cantar de los cantares, día 14

Annamarie Sauter: ¿Estás haciendo un gran esfuerzo para producir fruto?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Confieso que a veces me encuentro a mí misma esforzándome muy duro para dar fruto, tratando de ser esa mujer fragante, fructífera, piadosa, dulce y amorosa. ¿Y tú? ¡Esto te puede matar!

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En las últimas semanas Nancy nos ha estado llevando a lo largo de un estudio, versículo a versículo, del Cantar de los cantares. Ha sido una serie muy significativa, ¡una que te hará enamorar de tu Novio celestial de nuevo!

De hecho esta serie se titula, «Cómo enamorarnos y permanecer enamoradas de Jesús». Y recuerda que Nancy ha elaborado una serie de preguntas para cada programa, que te ayudarán a aplicarlo a tu vida. Las puedes encontrar en la sección, «Hazlo personal», al final de la transcripción de cada programa. Encuéntralas en AvivaNuestrosCorazones.com.

Bien, aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: Venimos hoy en nuestra serie sobre el Cantar de los cantares a lo que pudiera ser mi pasaje favorito de todo el libro. No lo sé, tiendo a amar lo que estoy enseñando en este momento. Todos son mis favoritos, pero este realmente me ha bendecido en gran manera en los últimos años. Estoy emocionada de que hoy lo vamos a ver juntas.

En este pasaje, iniciando en Cantar de los cantares capítulo 4 versículo 12, vemos una poderosa y hermosa imagen de cómo Cristo ve a Su iglesia y lo que Él desea que sea una realidad en nuestras vidas también. El novio es el que habla aquí, y él ha estado hablando durante todo el capítulo 4, y compara su novia con un jardín, con un huerto.

Esta es la primera de las nueve referencias a jardines o huertos en el Cantar de Salomón. Cinco de estas referencias se encuentran en este pasaje que estamos viendo hoy en día, y luego otras se encuentran en los capítulos posteriores. Así que vamos a leer el pasaje y luego a hablar de ello.

El capítulo 4 versículo 12, dice: «Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; fuente cerrada, fuente sellada». Luego, en los versículos 13 y 14 ves los temas recurrentes que tú encuentras a lo largo de todo el Cantar de los cantares, que son la fertilidad y la fragancia.

Él dice: «Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves, de flores de alheña y nardos; nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles incienso; mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas».

Luego, en el versículo 15 dice que su novia es «una fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano». Una vez más, como hemos venido diciendo a lo largo de este libro, es importante que no nos quedemos atrapadas en los detalles, y que pasemos por alto el panorama general. Me encuentro a mí misma a veces, recorriendo las minucias de estos pasajes, y viendo lo que cada comentarista tiene que decir acerca de ellos y a lo que posiblemente podría referirse. Pero entonces es importante dar un paso atrás y decir: «¿Cuál es el gran panorama?»

¿Qué está tratando de decirnos la poesía acerca de la relación del amor del matrimonio, y qué está tratando de decirnos acerca de la relación de Cristo y de Su novia? Así que en el versículo 12, él habla de su novia siendo un jardín, un huerto. Un jardín no es un lugar que crece de forma silvestre, es un lugar que es designado, apartado para un propósito específico.

Ese propósito puede ser simplemente para disfrutar de la belleza y de la fragancia de las flores que crecen en ese jardín, o tal vez es un huerto de frutas o un huerto de vegetales, pero está diseñado para cumplir con el propósito de su dueño y de su creador. Un jardín no crece solo naturalmente.

Si tú tienes un campo que crece de forma natural, vas a obtener cosas silvestres. Pero si tú tienes un jardín, tiene que ser cultivado. Y acabo de decir más de lo que sé acerca de jardines. Algunas de ustedes saben mucho más acerca de esto, y se deben estar preguntando, «¿sabrá ella de lo que está hablando?»

Él dice que ella es un huerto cerrado, un manantial cerrado, una fuente sellada. Cerrado, encerrado y sellado. Esto sugiere que su vida es un jardín privado. . . no es un jardín público para todo el mundo entrar, echar un vistazo, y recoger fruta de los árboles. Este es un jardín que existe para el placer de su novio. Nuestras vidas son un jardín que existe para el placer de nuestro Novio celestial.

Este jardín no es solo privado, está también protegido. Tiene fronteras. Es un jardín cerrado. Pienso en algunos de estos lugares en los que se ven imágenes de hermosos jardines que tienen coberturas altas de privacidad que los rodean y paredes a su alrededor. Ellos encierran, definen los límites, ellos protegen ese jardín de las personas o de las cosas que pudieran amenazar el jardín.

Su vida es un jardín privado, es un jardín protegido. Esa protección me recuerda, en el libro de Job cuando, Satanás le dice a Dios: «Tú has puesto un cerco alrededor de Job, su familia y de todo lo que tiene». Y esto sugiere que Dios nos protege. Él nos rodea con Su bendición y nos cubre con Su mano de modo que nada puede entrar a este jardín que Él está cultivando, aparte de aquello que Él permite.

Si fuéramos a extender esta metáfora un poco, podemos imaginarnos a nosotras mismas como el jardín del Señor, y que Él mismo es nuestro cerco, Él mismo es nuestra protección. «Como las montañas rodean a Jerusalén», dice la Escritura en los salmos, «así el Señor rodea a Su pueblo» (125:2).

Así que este es un jardín cerrado, pero lo que nos rodea es Cristo, es Su amor, Su carácter, Su grandeza, Su providencia. Él rodea a Su pueblo. Y puedo sugerir que hay partes de nuestras vidas y de nuestros corazones que deben ser protegidas, y selladas para el Señor únicamente; que nuestros corazones son una especie del Santo de los santos, donde nadie puede entrar a excepción de nuestro gran Sumo Sacerdote. Hay una parte de nosotras que está reservada exclusivamente para Él.

Ahora, es también importante en el matrimonio que haya exclusividad, un nivel de intimidad que no es para ser compartido con nadie más. Esa exclusividad en la relación matrimonial es una imagen de nuestra relación matrimonial con nuestro Novio espiritual. Hemos de ser un jardín, un huerto cerrado para Su deleite, para Su disfrute —cerrado y apartado del resto del mundo— un jardín consagrado.

Es un jardín privado, es un jardín protegido, es un jardín productivo. En los versículos 13 y 14 se enumeran algunas de las plantas exóticas, frutas y especias que crecen en su jardín. «Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves, de flores de alheña y nardos; nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso; mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas».

Te sientes como que esto es una cornucopia de frutas, aromas y especias. Está lleno y desbordante. Escuchas la variedad, la abundancia, los frutos agradables que rebosan, que crecen en abundancia en su jardín. Es hermoso a la vista, y el fruto es dulce al paladar, y las especias tienen olor fragante, por lo que los sentidos están involucrados en ver, oler y probar lo que hay en este jardín.

Una vez más, lo más importante es que este jardín le trae deleite. Al leer acerca de cómo este amado ama el jardín de su novia, de su vida, pienso en el fruto del Espíritu que Cristo quiere producir en nosotras para Su deleite, para Sus propósitos, para Su bendición y disfrute.

Las cualidades de la semejanza de Cristo en nosotras —ese es el fruto del Espíritu— el carácter, las gracias de Cristo. . . Ese es el fruto que Él quiere que vaya creciendo en nosotras y que vaya aumentando en nuestras vidas. Es dulce al paladar, dulce aroma. Así que no puedo evitar preguntarme al meditar sobre este pasaje: «¿Qué clase de fruto está produciendo el jardín de mi vida?» ¿Es agradable? Habla de frutos suaves. ¿Son como los de Cristo? ¿Es dulce, fragante?

Pregúntate acerca del fruto de tu jardín. Si no estás segura de cómo responder, pregúntale a alguien que viva contigo. «¿Qué tipo de fruto se está produciendo en mi jardín?»

Ella es un jardín, y hay una abundancia de fruto. Ella es un jardín cerrado, que es privado, que está protegido y que es productivo. Luego dice en el versículo 15, que es «una fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano». Aquí tenemos introducido todo este tema del agua. Un jardín necesita agua para florecer y fructificar.

Isaías capítulo 58, pinta el cuadro de la siguiente manera: «y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan» (v. 11). En la medida que se riega el jardín de la novia, no solo produce hermosos frutos para él, sino que al final se va a desbordar y va a traer bendición a los demás y atraerá a otros hacia él. Esto proporciona para nosotras, creo, una imagen de la plenitud del Espíritu Santo aquí: fuente de huertos, pozo de aguas vivas que corren del Líbano, y no solo el jardín cerrado, sino ahora desbordante, trayendo bendición a otros.

El pasaje equivalente en el Nuevo Testamento debe ser Juan capítulo 7, donde Jesús mismo dijo: «Si alguno tiene sed venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva». Esto dijo del Espíritu, que los que habían creído en Él habían de recibir» (vv. 37-39).

La imagen no es de tan solo unos cuantos, sino de ríos de agua viva, enorme, inmensa, increíblemente grande la bendición que sale de nuestras vidas hacia los demás cuando estamos llenas del Espíritu de Cristo. El lema de Aviva Nuestros Corazones es que estamos llamando a las mujeres a «libertad, plenitud y abundancia en Cristo». Este es un buen recordatorio de esto; que el fruto que Él produce en nuestras vidas no es solo para nuestro propio disfrute.

La libertad, la plenitud que Él nos da, en primer lugar, no es solo para nosotras, para nuestra bendición, es para que podamos ser una bendición para otros. Queremos ser fructíferas en las vidas de otros. Me encanta ver estas «mujeres verdaderas» quienes están amando la Palabra de Dios, aman a Dios, están conociéndole, están desarrollando cualidades y rasgos de carácter que son a la imagen de Cristo y se están reproduciendo en la vida de los demás. . . En sus hijos, en sus nietos, en sus amigos, en sus iglesias. Hay mujeres de edad avanzada con mujeres más jóvenes, que llevan mucho fruto, para bendecir y animar a otros.

No se supone que seamos recipientes de bendición, se supone que seamos canales de bendición. Dios quiere que fluya su bendición a través de nosotras hacia otros. Todo lo que Él ha hecho por nosotras, Él quiere que fluya en refrescantes y vivificantes corrientes de gracia para los que nos rodean.

Ten en cuenta, ¿quién es el Agua viva? ¿Quién riega nuestras almas? ¿Quién nos llena para que podamos ser fructíferas? Es Cristo, es Jesús. Bebemos de Él. Él nos llena de Sí mismo, y entonces es Cristo que fluye a través de nosotras. . . No soy yo, no es mi energía, no es mi esfuerzo que está tratando de dar sus frutos, tratando de ser fragante, sino que es Su vida, Su belleza, Su fragancia, que fluye a través de nosotras hacia los demás.

Confieso que a veces me encuentro a mí misma esforzándome muy duro para dar fruto, tratando de ser esa fragancia, de ser fructífera, de ser piadosa y de ser una mujer dulce y de un espíritu amante. ¿Y tú? ¡Te puede matar! Es como: «esto es tan difícil». Pero cuando nos llenamos de Él, el fruto deja de ser una rutina, y se convierte en un gozo. Se convierte en el desbordamiento de lo que Él está haciendo en nosotras.

Y, sí, todavía requiere un esfuerzo y requiere resistencia, esa es la tensión aquí. Hay dos lados en esto. Pero cuando estás conectada a la Fuente, cuando estás guardada en Él, el fruto vendrá, en Su momento, en Su tiempo, y habrá fruto mucho más rico y más abundante que cualquier cosa que podrías producir por tu propia cuenta.

La palabra que viene a mi mente al leer este pasaje es «exuberancia», fertilidad, abundancia, ese fruto que rebosa. Esa es la vida de Cristo en nosotras.

Quiero que notes algo aquí en este pasaje, hay un paréntesis. El versículo 12 y el versículo 15, juntos, nos muestran las dos caras, los dos aspectos de nuestra vida en Cristo. El versículo 12 dice: «Ella es un huerto cerrado, un manantial cerrado, una fuente sellada». Pienso que habla de lo interno, de esa vida oculta del creyente. . .de nuestra relación íntima y personal con Cristo, lo cual es visto y conocido solo por Él.

Colosenses capítulo 3 dice que: «Nuestra vida está escondida con Cristo en Dios». Y Efesios capítulo 1 nos dice que hemos sido «sellados con el Espíritu Santo de la promesa». Somos un jardín cerrado, un manantial cerrado, una fuente sellada, que es la vida interior oculta.

Pero entonces, el versículo 15 dice que «ella es fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano». Creo que es una imagen de la vida activa y externa del creyente. Es el desbordamiento de la vida interior que ahora se manifiesta a otros. Tú ves, no estamos diseñadas para vivir solitarias o vidas monásticas.

La intención de Dios es que la vida de Cristo en nosotras fluya a través de nosotras y sea compartida con otros. Él quiere que Su novia florezca, prospere, que fluya externamente. Esa plenitud, esa fecundidad, esa fragancia, son todos resultados de nuestra unión y de nuestra comunión con Cristo. . . de nuestra intimidad con Él.

Los frutos que se cultivan en ese interior, en ese silencioso jardín cerrado son los que fluirán para bendecir a otros en abundancia. ¿Ves la conexión entre estos dos versículos? Tienes que cuidar de la vida interior de modo que habrá algo que fluirá y bendecirá a los demás en el fruto divino.

Una vez más cito a mi amigo Charles Spurgeon, que siempre dice las cosas mejor que yo: «Si la fuente, la fuente secreta, fuera mejor atendida, creo que habría más de estas corrientes hacia el exterior. Si tu alma no es renovada por la gracia, tú no puedes hacer el bien». Puedes intentarlo, pero el esfuerzo te desgastará.

Es por esta razón que tenemos que cultivar nuestra vida interior, nuestro caminar con el Señor, para que lo que salga cuando uno habla con sus hijos o con ese jefe difícil o al tratar con la pérdida de tu compañero o al tratar con esa persona difícil o un miembro de la familia, o un problema de salud. . . lo que fluya en esos momentos sea lo que se ha cultivado, el fruto que ha sido cultivado en el interior del jardín cerrado.

En el versículo 16, la novia habla por primera vez en este capítulo. Ella responde a todo lo que el novio ha estado diciendo, y expresa su deseo de tener una vida fragante y fructífera. Me encanta este versículo. Ella dice en Cantar de los cantares capítulo 4 versículo 16: «Despierta, viento del norte, y ven, viento del Sur; soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruta».

Hay tantas cosas en este versículo, que me gustaría que tuviéramos tiempo para hacer una sesión completa sobre el mismo, pero vamos a mirar solo un poco. Ella habla de los vientos del sur que ella quiere hacer venir y soplar en su vida. Los vientos del sur son cálidos, refrescantes, suaves, nos encantan esos vientos, ¿no es así?

No es difícil orar: «Señor, permite que los cálidos y refrescantes vientos del sur, vengan soplando hacia mi jardín». Pero ella no se limita a invitar a los vientos cálidos del sur a soplar en su vida, ella también dice: «Despierta, viento del norte». ¿Cómo es el viento del norte? Es frío, es frío cortante, penetrante, es duro.

Si pensamos en el viento en la Escritura como una imagen del Espíritu Santo, nos damos cuenta de que a veces el ministerio del Espíritu en nuestras vidas es cálido, es ese viento del sur de aliento y consuelo. Pero a veces Él tiene que soplar en nuestras vidas con ese viento del norte que está exponiendo, castigando, condenando. Él puede utilizar las circunstancias difíciles o dolorosas como ese viento sopla a nuestras vidas.

Pero he aquí el asunto, necesitamos ambos el del norte y también el del sur, y ambos son expresiones de Su amor. Es por eso que podía orar: «¡Despierta, viento del norte, y ven, viento del sur!» Ella les da la bienvenida a entrar en su jardín. Y lo que quería decir es esto: los vientos del norte vendrán si les invitamos o no. La pregunta es, ¿nos resistiremos a ellos, levantando muros y barreras, y perdiendo el beneficio que podrían tener en nuestras vidas, o les vamos a dar la bienvenida a esos vientos fríos del norte, que son severos, que son duros como una bendición enviada por Dios, el Maestro jardinero, intencionado en hacernos más fructíferas y más fragantes?

Esto se ve en la primavera, en esos meses de mucho viento. Hay algo sucediendo en el ciclo de la naturaleza ahí que está preparando la nueva vida de la primavera y el verano. Algunos de los vientos del norte son realmente muy importantes, en la naturaleza y en nuestras vidas, están destinados a hacernos más fructíferas y fragantes.

Así que ella dice a esos vientos del norte y del sur, «soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas». Hay una fragancia que no se dará a conocer a través de nuestras vidas hasta que hayamos experimentado ambos tipos de vientos. Ahora, aquí está el asunto. Todas queremos el resultado, queremos esta muy fragante, y fructífera vida que tiene todas estas especias que se esparcen. Pero la pregunta es, ¿estamos dispuestas a dar la bienvenida al proceso que va a hacer realidad esto en nuestras vidas?

Porque, ¿cuánto de nuestras vidas gastamos tratando de protegernos de los vientos del norte? No queremos el dolor, no queremos la dificultad, no queremos el sufrimiento, no queremos la convicción. «Solo déjame vivir en. . . Tahití» o en algún lugar que solo tenga los vientos cálidos del sur.

Tengo parientes en el sur, donde es mucho más cálido, mucho más tiempo es templado del que tenemos aquí en el norte, y yo les digo: «Se necesita más carácter para vivir aquí en el Norte». Necesitamos eso, si esas especias van a fluir a través de nuestras vidas.

Ella dice: «Despierta, viento del norte, y ven, viento del sur. Despréndanse sus aromas». Ella los invita a su jardín. Luego dice: «Venga mi amado a su huerto y coma de su dulce fruta». Ahora, ella está diciendo, «mi jardín es su jardín». Ella dice: «Quiero que vengas a mi vida, quiero que estés en casa. Quiero que pertenezcas aquí. Quiero que comas libremente. Quiero que estés contento y satisfecho con la fruta que encuentras en mi vida».

Esto es un recordatorio de que nuestras vidas no son nuestras, sino que son suyas. Son Su jardín, le pertenecen a Él. Queremos que Él entre, para encontrar la fruta agradable, y nuestra oración es: «Señor, lo que sea que esté allí, todo lo que sea que se está produciendo en esta vida por Tu Espíritu, es todo para Ti. Es todo para Tu deleite y para Tu disfrute».

En última instancia, yo no vivo para que las mujeres escuchen este programa. No hago esto por ustedes. Las amo, y estoy contenta de servirles en unión con Cristo, pero al final yo vivo para Él. Si nadie más lo escucha, si a nadie más le importa, si nadie está contenta o es bendecida por el trabajo que estoy haciendo, debería ser suficiente para mí que Él sabe, que Él se complace, y que Él es bendecido, que Él está satisfecho.

Pienso acerca de esto, porque mucho de lo que Dios nos llama a hacer, sin importar cuál es tu trabajo, es ese trabajo de rutina detrás del escenario, que no es público, que no recibe un montón de elogios. Recuerda que estamos haciendo esto por Él. Es Su jardín.

Pues bien, el amado responde en el capítulo 5, en el versículo 1: «Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía; he recogido mi mirra y mis aromas; he comido mi panal y mi miel, mi vino y mi leche he bebido. Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados».

Ella lo invitó a venir a su jardín, a su vida, para comer los frutos, y Él está dispuesto a hacerlo. . . así como Cristo está dispuesto a llegar a los corazones que desean Su comunión y Su presencia. Él dice: «Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados». Esto habla de la comunión de los santos, de la esposa de Cristo, comunión con Él y con los demás, bebiendo profundamente de Él, y alimentándose de Él.

Así que, solo algunas preguntas que le permitan a Dios examinar nuestro corazón al concluir esta sesión. ¿Cuál es la condición de tu jardín? No me refiero al que está fuera de tu casa. Me refiero al que está de dentro de ti. No es la condición de cómo era antes o de cómo quisieras que fuera. . . sino, ¿cómo es la condición en este momento?

¿Tal vez hay malas hierbas que han crecido allí a través de la falta de cuidado y del cultivo? ¿Tener cuidados o riquezas o placeres de esta vida, de los que Jesús habla en el Evangelio de Lucas, han ahogado la fruta en tu jardín? ¿Es tu objetivo principal en la vida traer gloria y deleite a Él?

¿Vives para Su placer, o vives para el tuyo propio? ¿Vives para satisfacerlo a Él, o vives para satisfacerte a ti misma? ¿Confías en Él lo suficiente como para pedirle que envíe a tu vida, no solo los cálidos y refrescantes vientos del sur, sino también cuando Él lo considere necesario, esos severos y duros fríos invernales, vientos del norte?

Si confías en Él, entonces sabrás cuando Él haga eso, que es para mayor fragancia, para mayor productividad, para mayor abundancia, y podrás decir, «ven. . .tráelos». Puedes pedir al Señor que envíe los vientos del norte y aquellos vientos del sur a soplar en tu jardín, que las especias puedan fluir.

Y luego, tu oración será: «Venga mi amado a su huerto y coma de su dulce fruta».

Annamarie: Has estado escuchando a Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la serie, «Cómo enamorarnos y permanecer enamoradas de Jesús». Ciertamente el único que puede darnos libertad, plenitud y abundancia es Jesucristo; y para permanecer en Él y llevar fruto debes pasar tiempo en su Palabra.

Te animo a hacer un estudio personal o en grupo, del Cantar de los cantares. Usa los audios de estos programas y la sección de preguntas «Hazlo personal», para ayudarte en el camino. Encuentra estos recursos en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Cada día de este estudio bíblico tiene su propia sección «Hazlo personal», que Nancy preparó para guiarte en tu estudio del Cantar de los cantares.

Cuando nos visites allí en AvivaNuestrosCorazones.com, en la pestaña «Recursos», encontrarás cada programa de esta serie, la cual continuaremos mañana. Hablaremos acerca de lo siguiente: Cuando el Señor llama y no respondes, estás en una posición de peligro. Descubre por qué, en tu próximo programa.

Contemplando la belleza del evangelio juntas,Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Los pasajes de Cantar de los cantares corresponden a la versión Reina Valera 1960.

Hazlo personal

Día 14- Amor que crece 4: Él quiere que Su novia florezca
(Cantar de los cantares 4:12-5:1)

Escuchar programa #14:

  1. «Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía» (4:12). ¿Cuál es la condición del «jardín» de tu corazón y tu vida? ¿Está muy bien cuidado? ¿O lleno de malas hierbas? ¿Está dando ricos y abundantes frutos para el disfrute de tu Amado? ¿Qué tipo de frutos estás produciendo? (Si no estás segura, es posible que desees preguntarle a alguien cercano a ti).
  2. ¿Haces esfuerzos intencionales para dar frutos espirituales? ¿Qué diferencia hace el permanecer conectada a la Fuente?
  3. «Despierta, viento del norte, y ven, viento del sur; haced que mi huerto exhale fragancia» (4:6). ¿Confías en el Señor Jesús lo suficiente como para invitarlo a enviar a tu vida no solo los refrescantes vientos cálidos del sur, sino también –cuando Él lo crea necesario– enviar esos vientos cortantes, fríos e invernales del norte?
  4. «Haced que mi huerto exhale fragancia, que se esparzan sus aromas» (4:16). ¿Estás viviendo una vida solitaria, o estás viviendo de tal manera que la vida de Cristo en ti pueda fluir hacia los demás?
  5. «Entre mi amado en su huerto y coma sus mejores frutas» (4:16). ¿Es tu objetivo principal en la vida darle gloria y agradar a Jesús? ¿Vives para Su placer, o para el tuyo propio? ¿Vives para satisfacerlo a Él, o para satisfacerte a ti misma?

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.