Aviva Nuestros Corazones Podcast

Cantar de los cantares, día 13

Annamarie Sauter: Con nosotras Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Hace unas semanas en mi iglesia, volteé hacia una dulce joven madre de tres niños, y simplemente le pregunté: «¿Cómo te va?» Ella está en esa época dura de la vida donde siempre estás cansada y empiezas a preguntarte si verdaderamente estás hecha para ser mamá…

Ella me dijo: «Me siento como un fracaso»

Annamarie Sauter: ¿Te identificas con esta joven?

Nancy: Ella me dijo que le había dicho a su marido esa misma semana, «yo creo que tú estarías realmente mejor sin mí».

Ahora, ella no es una persona suicida, pero estaba sintiendo como si ella no estuviera a la altura de su llamado. Ella estaba viendo en sus respuestas y en sus actitudes cosas que ella sabía que no eran correctas, y ella estaba disgustada consigo misma y sentía con seguridad que su esposo lo estaba también. Conozco a esta joven. Ella tiene un corazón dulce para el Señor, y ella es una buena madre. Pero ella no se sentía de esa manera consigo misma, y creo que tan pronto te sientes que eres una gran madre, es muy probable que no lo seas.

Como tuvimos esa conversación, le dije a mi amiga: «Necesitas aconsejar tu corazón con la verdad. El enemigo quiere que tú creas que tu marido estaría mejor sin ti. Pero esas son mentiras que estás creyendo, y tienes que decirte a ti misma la verdad».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Te sientes indigna de ser amada? Hoy Nancy tiene buenas noticias para ti al retomar nuestro estudio basado en el Cantar de los cantares. Esta serie de enseñanzas se titula, «Cómo enamorarnos y permanecer enamoradas de Jesús».

Nancy inició este programa contándonos cómo le dijo a una joven madre que aconsejara su propio corazón con la verdad; y en el Cantar de los cantares...

Nancy: Vemos la verdad donde el esposo le dice a su esposa en el versículo 7 del capítulo 4: «Toda tú eres hermosa, amiga mía, y en ti no hay mancha».

Eso es exactamente lo que esta amiga mía necesitaba oír. Eso es lo que tú tienes que oír. Eso es lo que yo necesito oír. Ahora, sabemos que en nosotras mismas, no somos hermosas. No somos de buen parecer. No somos encantadoras. Hay manchas en nosotras. Pero Jesús nos ve con ojos de amor y nos está convirtiendo en como Él es. Él es en nosotras y a través de nosotras, y vamos a ver más sobre esto a medida que continuamos en el capítulo 4.

Un escritor dijo de esta manera en su comentario sobre el Cantar de los cantares: «Su amor por nosotros es un amor para el que está sin amor, con el fin de hacernos dignas de amor».

¡Me gusta eso! Toma al despreciado, al no amado y al sin amor, y Él derrama su amor en nosotras y nos hace hermosas. Basta con pensar en el efecto que podría tener sobre nosotras. . . Y estoy retomando desde donde lo dejamos en la última sesión. . . ¿si realmente creyéramos que Jesús nos ama, aun sabiendo lo indignas que somos, no crees que nos haría creyentes gozosas, agradecidas? ¿No crees que nos motivaría a agradar y a obedecer al Señor?

Creo que nos haría no querer permitir que cualquier competidor nos robara nuestros afectos. Si realmente tuviéramos un sentido de lo mucho que Él nos ama, indignas como somos, ¿nos preocuparíamos cuando sintiéramos la frialdad o la indiferencia afectar nuestra relación con Él? Y, ¿no querríamos introducir a otros a Él? Verás, llegar a recibir el amor que Cristo tiene por nosotras no es poca cosa. Afecta todas las áreas de nuestras vidas.

Y él le dijo al principio de este capítulo: «Tú eres hermosa». Ahora él vuelve a decirle en el versículo 7: «Toda tú eres hermosa y en ti no hay mancha, en ti no hay defecto».

Te hace pensar en ese pasaje de Efesios capítulo 5 que nos dice que Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella. ¿Por qué? Para que pudiera purificarla —para hacerla sin mancha— para que Él pudiera hacer una iglesia gloriosa, sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante, sino que fuéramos una esposa gloriosa para Él (véase vv. 26-27).

Jesús está purificando para sí una esposa. Lo está haciendo corporativamente con todos los verdaderos creyentes que componen la esposa de Cristo. Pero también lo está haciendo por nosotras de manera individual y personal como parte de esa esposa.

Ahora, sé que ese proceso no estará completo hasta que lleguemos al cielo, pero Él nos habla ahora como si el proceso ya hubiera sido completado. Él ve el final terminado. Y se regocija en lo que somos posicionalmente en Cristo y en la perspectiva de lo que seremos cuando lo veamos cara a cara. Y desde Su punto de vista eterno, Él mira, y es lo mismo. Así que Él puede decir: «Toda tú eres hermosa, amada mía, amiga mía en ti no hay defecto en ti no hay mancha».

Ahora, esta esposa refleja como un espejo la belleza de su esposo y mientras ella se deleita en su belleza, él se deleita y encuentra alegría al ver su imagen reflejada a través de ella.

Y así llegamos al versículo 8 del capítulo 4 del Cantar de los cantares, donde él la llama y le extiende otra invitación. Recuerda que la primera invitación fue: «Levántate, ven, amada mía». Ahora él dice que viene de nuevo, pero esta vez, lo que le dice es, «Ven conmigo desde el Líbano, oh esposa mía, ven conmigo desde el Líbano. Mira desde la cumbre de Amana, desde la cumbre de Senir y de Hermón, de las guaridas de los leones, desde los montes de los leopardos».

Ahora, ¿de qué se trata todo esto?

Bueno, Senir o Shenir, dependiendo de la traducción, y Hermón, son algunos de los picos más altos en todo Israel. Se encuentran en el norte de Israel, y tienen más de nueve mil metros de altura

Él le dice: «Ven conmigo». Vemos que él quiere que ella esté con él. Él no quiere que haya ninguna distancia entre ellos. Él la está llamando a que venga con él y mire hacia abajo desde el Líbano, que está al norte de Israel, para mirar desde lo alto de las sierras de Palestina.

Ahora, hemos escuchado acerca de montañas y colinas antes en este libro. ¿No es cierto? Las montañas y las colinas que él dijo que salta sobre ellas como un ciervo o una gacela. Él quiere que ella suba a esas montañas y a esas colinas con él…

Dijimos en la última sesión que el Líbano representa lugares celestiales, lugares altos. Eso me hace pensar en Colosenses capítulo 3, que dice: «Si habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios» (vv. 1-3).

Este es un llamado a tomar nuestra posición con Cristo en los lugares celestiales, y a mirar hacia abajo y ver lo que está ocurriendo en este mundo desde Su perspectiva exaltada.

Ahora, por supuesto, no vamos a experimentar totalmente esa vida resucitada y ascendida hasta el cielo. Pero ahora estamos llamadas a considerarnos posicionalmente como habiendo resucitado con Cristo, habiendo ascendido con Cristo, reinando con Cristo, lo cual plantea la pregunta: ¿Por qué tantos cristianos pasan gran parte de su vida, y me incluyo, viviendo bajo las circunstancias? ¿Qué estamos haciendo quejándonos en el lodo y en el fango de la tierra cuando hemos sido sentadas en los lugares celestiales con Cristo?

«Ven conmigo a las cimas de las montañas». Él la llama a subir a estos lugares altos, ya hemos sido llamadas a caminar con Cristo en novedad de vida, para vivir con Él en los lugares celestiales, para reinar con Él como un día lo haremos a plenitud.

Pero entonces este esposo le recuerda a su esposa que en estos lugares altos, en esas montañas donde él quiere que ella vaya con él, no todo es belleza y gloria, y simplemente sentarse a disfrutar del hermoso paisaje de nueve mil metros de altura en el aire. Hay guaridas de leones en esas montañas. Hay leopardos. Hay animales salvajes, peligrosos. ¿Qué es todo eso?

Bueno, cuando pienses en eso, piensa en Efesios capítulo 6 que nos habla de una batalla que tiene lugar en los lugares celestiales. Jesús nos llama a ir con Él a la vida de la resurrección, la ascensión, a vivir en los lugares celestiales con Él. Pero hay una batalla en los lugares celestiales. Hay principados, poderes de la oscuridad, demonios, y ellos están haciendo la guerra en el reino celestial invisible.

Así que cuando piensas en el asunto de la guerra espiritual y lo que está involucrado si realmente sigues a Cristo, si aceptas esa invitación, cuando pienses en el asunto de la guerra espiritual y de lo que está involucrado cuando Él nos llama a ir con Él a esas montañas, podrías pensar: «Bueno no estoy tan segura de esto . No sé si quiero tomar mi lugar en los lugares celestiales. Tal vez prefiero arrastrarme por aquí por la tierra; al menos no hay leones y no hay leopardos».

El asunto es que sabemos que Cristo está sentado encima de todos los principados y potestades. No tienen permiso para hacer algo aquí en esta tierra que Él no les otorgue. Estos poderes, leones, leopardos, poderes del mal y la oscuridad, están a soga corta, por así decirlo. Su poder está limitado. El tiempo y la duración de sus esfuerzos son limitados. Y ellos no pueden tocar tu vida sin permiso. Mientras estamos en unión con Él, estamos seguras, incluso en medio de la guerra.

¿Sabes? Como mujer, a veces desearía poder dejar todo eso de la guerra a los hombres. Yo no soy una luchadora, lo creas o no. Yo realmente preferiría sentarme en casa y disfrutar de una vida pacífica. No estoy tan segura de que quiero entrar en eso de la guerra. Pero Él nos llama a ir a la batalla con Él, armada y ceñida con la espada del Espíritu, el escudo de la fe, tomando toda la armadura de Dios.

En unión con Él, tú puedes ser victoriosa sobre el enemigo. Cuando el León de Judá está contigo y tú estás con Él, estás a salvo. «No temeré mal alguno», a la persona mala, a la cosa mala, al poder maligno, o al mal en sí mismo, «porque tú estás conmigo» (Sal. 23:04).

Bueno, él sigue diciendo en el versículo 9:

«Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía; has apresado mi corazón con uno de tus ojos, con una gargantilla de tu cuello. ¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas!» (vv. 9-10).

Él la llama por primera vez, «hermana mía, esposa mía». La palabra hermana sería una expresión de afecto entre los amantes de la literatura del antiguo oriente. Es una expresión íntima, y es un recordatorio de la relación familiar que tenemos con Cristo.

Entonces él la llama, no solo hermana mía, sino «esposa mía», o en algunas traducciones, «mi novia». Él va a usar ese término cinco veces en los versículos del 8 a 12, y luego otra vez, solo un párrafo después, él la llama «esposa mía». Es un recordatorio del pacto matrimonial que los une, como Cristo y Su iglesia están unidos por un pacto eterno.

Escucha, esto de tener una relación con Cristo, no es solo algo que es etéreo o romántico. Está basado en un pacto. Como tú tienes un pacto con tu pareja, Cristo ha hecho un pacto eterno con nosotras, y es por eso que nos puede llamar Su esposa. Hay una relación eterna con Él.

Él le dice a ella que ella ha cautivado su corazón, ha prendado su corazón. Me gusta la forma en que las diferentes traducciones dicen esto, es como si estuvieran faltos de palabra. La Reina Valera del 60 dice, «prendiste mi corazón». «Me robaste el corazón», dice la versión Dios Habla Hoy. Y me gusta como lo dice la Traducción en el Lenguaje Actual, «mi corazón te pertenece». «Has hecho mi corazón latir más rápido», dice otra. Él está impactado por su belleza y su amor, y la encuentra irresistible.

Amigas esto es un vistazo, una visión de cómo Cristo ve a Su esposa, la iglesia. No es de sorprender que nosotras debamos amarlo, con lo maravilloso que Él es, pero es una maravilla que Él nos ame a nosotras, que Él se deleite en nosotras, que nos desee de esta manera, tan pecadoras y tan indignas como somos.

La respuesta de ella a su amor le trae gran gozo, y él dice que su amor el amor de ella es hermoso para él. Y a Cristo le encanta cuando le decimos, «sí» a Él, cuando nos entregamos a Él y recibimos su amor. Él dice: «Tú deslumbras Mi corazón. Tú cautivas mi corazón».

Una vez más, algo que el corazón de una mujer anhela profundamente es ser deslumbrante para otra persona. Y gracias a Dios, en el matrimonio muchas de ustedes han experimentado algún grado de eso. Eso es maravilloso. Pero hay un grado más profundo que podemos experimentar en nuestra relación con Cristo mientras recibimos su amor.

Él le dice a ella: «¿Cuánto mejores son tus amores que el vino, y la fragancia de tus ungüentos que todos los bálsamos».

Ahora, en el capítulo 1, ella le dijo: «Tu amor es mejor que el vino». Pero ahora, él le dice que su amor es mejor que el vino. Él le dice a ella: «Tú me satisfaces profundamente. Tu amor es lo que más deseo». Ahora, ¿alguna vez has pensado en Cristo pensando en ti de esa manera? Él lo hace. Y todo es para Él. Es por Su deseo, y es para Su deleite...

Apocalipsis capítulo 4, nos dice que el propósito de nuestra vida es que fuimos creadas para Su deleite, para traerle gozo, lo que nuevamente plantea la pregunta, ¿por qué entonces tan a menudo nos sentimos miserables? Bueno, yo creo que es, en parte, porque nos olvidamos de para qué fuimos creadas. Cuando resolvamos de una vez por todas la idea de que mi propósito en la vida en última instancia no es ser feliz, sino que mi propósito en la vida es hacerlo a Él feliz, darle alegría y deleite, entonces podremos estar contentas porque vamos a ver todas las circunstancias de la vida bajo una luz diferente.

Él habla de la fragancia de los perfumes de ella que lo bendicen, que le causan gozo. Es solo un recordatorio de que ella lleva en sí misma la fragancia de su perfume, su fragancia. Él la ha ungido, y si recuerdas unos capítulos atrás en el libro, es también para que ella pueda traer gozo y fragancia y bendición a él.

Pues bien, en el versículo 11, él habla de sus labios una vez más, y compara las palabras que salen de su boca con la miel. Él dice:

«Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua…»

Miel y leche, sus palabras gotean como el panal. Piensa en un momento cómo sale la miel del panal. ¿Sale a borbotones? No. ¿Es rápida y fluye como un arroyo? No. Sus labios no son como un arroyo bulloso, no sale a borbotones. La miel sale muy lentamente, una gota a la vez. Y el novio usa la analogía para alabar su discurso. Sus palabras no brotan. Ella no deja escapar todo lo que piensa, lo que, de nuevo, es tan contrario al espíritu independiente que hemos sido entrenadas para tener hoy, donde creemos que tenemos que ser capaces de decir todo lo que pensamos, lo que sea y donde queramos. Por el contrario, sus palabras se miden, son controladas.

Proverbios tiene mucho que decir acerca de nuestras lenguas. En el capítulo 10, nos dice: «Cuando las palabras son muchas, la transgresión es inevitable, pero el que refrena sus labios es prudente».

Seguramente habrás visto estudios que indican que muchas de nosotras, mujeres, tenemos muchas más palabras que queremos hablar que el hombre promedio. Eso puede ser un medio de bendición cuando decimos estas palabras, pero también puede ser peligroso. Se puede hacer mucho daño si la lengua no está bajo el control del Espíritu y dice lo que Él quiere que diga.

Ese es el peligro, para mí, de ser una oradora, de ser una maestra de la Biblia. Permanentemente tengo una necesidad de que el Señor ponga un freno a mi lengua. Esa es una de las razones por las que utilizo notas porque sé que si me voy por mi cuenta, tengo la tendencia a decir. . . Y en la multitud de palabras, siempre habrá pecado. Solo tengo que pedirle al Señor: «No permitas que diga nada que pueda deshonrarte, cualquier cosa que sea menos que la verdad, cualquier cosa que pudiera ser dañina o destructiva en lugar de edificar y de construir a otros».

Es muy importante que tengamos nuestras mentes y nuestros corazones llenos de Su Palabra, de modo que cuando hablemos, lo que salga sea el desbordamiento de Su Palabra, de Sus caminos, Su corazón, Sus pensamientos.

Proverbios también nos dice en el capítulo 24, en el versículo 13, que «la miel es buena y dulce al paladar». Nuestras palabras deben ser dulces si son como la miel.

Proverbios 18: 21 nos dice que «la muerte y la vida están en poder de la lengua». Podemos construir, o podemos destruir con nuestra lengua.

Proverbios 31 versículo 26, dice que «la mujer virtuosa abre su boca con sabiduría, y hay enseñanza de bondad en su lengua». Basta pensar en las palabras que has hablado en la última semana, el último día, la última hora, hoy. ¿Son dulces? ¿Son sabias? Son amables?

Ahora, todas somos dulces, sabias y amables cuando estamos fuera de casa, sobre todo cuando estamos escuchando la Biblia siendo enseñada o un estudio bíblico, pero estoy pensando más en las palabras que hablamos cuando estamos entre las cuatro paredes de nuestros hogares y de las palabras que decimos en nuestros momentos de descuido, o las palabras que hablamos cuando nos vemos en aprietos y las circunstancias no salen como habíamos planeado o esperado. ¿Son palabras dulces como las de un panal de abejas?

A veces me encuentro como que no puedo detenerme. Es como ese arroyo ruidoso… cosas salen de mi boca, brotan. Y como que quiero decir: ¡ALTO! En casos así, aléjate de la multitud, si es posible. Entra en ese santuario interior de tu espíritu con el Señor, y dile: «Señor, necesito que controles mi lengua de manera que lo que salga sea dulzura, bondad, bendición, que beneficie y edifique a los demás».

¿Estás de acuerdo conmigo en que el lugar donde más necesitamos esto es con aquellos que tenemos más cerca? Es en nuestras propias casas. Es en nuestros lugares de trabajo. Es con la gente que damos por sentado, es con aquellos con los que tenemos más confianza, y simplemente decimos lo que pensamos. Bueno, asegúrate de que lo que estás pensando es la manera de Dios, y luego piensa antes de decirlo. ¡Oh, qué diferencia habría en nuestros hogares, en nuestras relaciones, si habláramos palabras que fueran dulces y amables, medidas y suaves.

Algunos de los mayores daños en nuestras iglesias, tengo que decir, que han sido hechos por las lenguas de las mujeres. Eso no quiere decir que los hombres nunca dañan las cosas con su lengua, pero nuestras críticas, el chisme, el control, el hablar negativo de nuestras lenguas pueden crear muchos estragos en el cuerpo de Cristo. Quiero tener una lengua que destile como un panal de miel.

«Miel y leche hay debajo de su lengua», le dice. Miel habla de dulzura. Refuerza lo que es débil. La leche edifica lo que es joven y tierno. Hablamos de niños que necesitan leche para fortalecer sus huesos. Por lo tanto, ¿edifican nuestras palabras a los que nos rodean que son jóvenes y tiernos? ¿Fortalecen a los que son débiles y frágiles?

Tú acabas de ver en esta novia una imagen de una mujer que no es conocida por palabras ociosas o por palabras despectivas o demasiadas palabras, pero sí es conocida por palabras dulces y edificantes.

Tenemos que orar para que Dios nos haga sensibles al poder que tienen nuestras palabras para destruir o para sanar y vendar a quienes están débiles y heridos.

Y él dice en el versículo 10: «El olor de tus perfumes es mejor que todas las especias». Y en el versículo 11 dice: «La fragancia de tus vestidos es como la fragancia del Líbano».

Eso nos lleva de nuevo a uno de los temas del Cantar de los cantares que es este asunto de la fragancia. Dios quiere que vivamos una vida fragante en la medida que la fragancia de Cristo nos llena y fluye a través de nosotras a los demás. Me encontré en este estudio solo teniendo un mayor deseo de tener una vida que sea fragante, una vida que haga que otras personas piensen en Cristo.

Hoy en día no está realmente «a la moda» estar usando perfumes porque hay gente tiene tantas alergias, pero cuando una mujer entra en una habitación llevando un perfume, tú simplemente sabes que ella está ahí. Apunta hacia algo. Te hace detenerte y tomar nota. Tengo que decir entonces, cuando entro en una habitación, ¿qué perfume se crea? ¿Hay alguna fragancia? ¿Hay algún mal olor? ¿Bendice a otros? ¿Ayuda? ¿Ministra gracia?

Recientemente he estado leyendo en un libro devocional escrito por Andrew Bonar –que es de una generación pasada. Él escribió esto en su viaje: «Me sentí muy atraído a orar por esa peculiar fragancia que los creyentes tienen sobre ellos, aquellos que están muy en comunión con Dios. Es como un aroma, no se ve, pero se siente».

Quiero tener el tipo de relación con Cristo que cuando entro en una habitación, cuando me entro en una conversación, cuando tengo una reunión, cuando estoy detrás del escenario, cuando soy presionada, cuando me decepcionan, cuando me siento frustrada, que lo que salga sea la fragancia y el aroma de Cristo, invisible, pero muy sentido por los demás.

Oh Señor, como oramos que Tú hagas realidad en nuestras vidas el aroma, la fragancia de Cristo para este mundo que desesperadamente necesita saber cómo es Él. Te lo pedimos en el nombre de Jesús, Amén.

Annamarie: Las verdades que encontramos en el Cantar de los cantares te ayudarán a enfrentar tu día con una perspectiva correcta, incluyendo el no sentirte amada. Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado mostrando cómo este libro te inspira a llevar la fragancia de Cristo a dondequiera que vayas. Esta enseñanza es parte de la serie titulada, «Cómo enamorarnos y permanecer enamoradas de Jesús».

Bueno y, ¿cómo vives de esa manera, llevando la fragancia de Cristo? ¿Qué paso puedes dar para comenzar? Nancy ha escrito una serie de preguntas de seguimiento que te ayudarán a profundizar en la Escritura y a hacer de esta algo personal. Encuentra la sección, «Hazlo personal» al final de la transcripción de cada programa en esta serie. Encuéntrala en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí puedes acceder al programa del día, y en la pestaña «Recursos» puedes acceder también a programas anteriores.

Y si ya estás usando este recurso, «Hazlo personal», ¡espero que sea de bendición para tu vida, y para mujeres en tu círculo de influencia!

Si tratas de llevar buen fruto para Dios, a partir de tu propia capacidad, terminarás decepcionada y exhausta. En tu programa de mañana, Nancy te mostrará cómo tener una vida de abundancia en Cristo, en el poder de Dios.

No te pierdas la continuación de esta serie de Aviva Nuestros Corazones.

Contemplando la belleza del evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Los pasajes de Cantar de los cantares corresponden a la versión Reina Valera 1960.

Hazlo personal

Día 13- Amor que crece 3: Eres hermosa, mi amor
(Cantar de los cantares 4:7-11)

Escuchar programa #13:

  1. «Ven conmigo» (a las cimas de los montes) (4:8). Esta es la invitación del amado a su novia. ¿Cuál es la invitación de Cristo a Su novia? (ver Colosenses 3:1-3.) ¿Has tomado tu lugar en los cielos o estás arrastrándote aquí en la tierra? Medita en lo que significa resucitar con Cristo, ascender con Cristo, reinar con Cristo y la diferencia que debería hacer esto en tu vida aquí y ahora en esta tierra.
  2. Los «montes» no están libres de peligro y dificultades (¡todavía no!). Hay una batalla en el reino celestial, y estamos enfrascadas en esa lucha. ¿Qué nos puede dar coraje para unirnos a Él en las dificultades y batallas? ¿Cómo podemos estar seguras de que saldremos victoriosas y de que estaremos protegidas? Considera Efesios 6:10-18.
  3. «Has cautivado mi corazón, hermana mía, esposa mía. . . cuánto mejor es tu amor...» (4:9-10). ¿Qué visión nos da esto de cómo ve Cristo a Su novia? ¿Por qué debe asombrarnos que nuestro amor por Él le produzca deleite?
  4. La novia responde a su amado: «¡Cuánto mejores son tus amores que el vino, y la fragancia de tus ungüentos que todos los bálsamos!» ¿Encuentras Su amor profundamente satisfactorio? ¿Hay algo más valioso para ti o deseas el amor de cualquier persona más que el amor de Cristo?
  5. ¿Cuál es tu propósito en la vida –la razón por la que Dios te creó– y cómo debe esto afectar tu forma de ver las circunstancias de la vida?
  6. «Miel virgen destilan tus labios», «miel y leche hay debajo de tu lengua» (4:11). ¿Son tus palabras como el lento goteo de la miel o como un el sonido incesante de un riachuelo? ¿Fortalecen y edifican a los demás o los debilitan y destruyen? Pídele a Dios que te haga más sensible al poder de tus palabras.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

Únete a la discusión