Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cantar de los cantares, día 23

Annamarie Sauter: Aquello en lo que te apoyas revela algo acerca de ti. ¿Sabes qué es?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: El hecho es que nos vamos a apoyar en cualquier cosa que amemos realmente, y lo que realmente amamos se revelará por aquello en que nos apoyamos.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Espero que en la medida en que hayas escuchado esta serie, «Cómo enamorarnos y permanecer enamoradas de Jesús», estés adquiriendo una nueva apreciación del Cantar de los cantares. Recuerda que puedes profundizar en las enseñanzas de esta serie haciendo uso del recurso que Nancy preparó para ti titulado, «Hazlo personal». Son una serie de preguntas que encontrarás al final de la transcripción de este programa, en AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy: Estoy feliz de que hayamos podido proveer estas preguntas que hemos llamado, «Hazlo personal». Es tan importante para todas nosotras asegurarnos de que las verdades que aprendemos de la Palabra de Dios no solo se quedan en nuestra cabeza, sino que llegan a nuestros corazones, a nuestras vidas y a las decisiones prácticas diarias.

Hace algunos días, mientras me estaba preparando para esta sesión, me enviaron una copia actualizada de mi resumen biográfico para revisarlo, para usarlo en la contraportada de un libro que estoy escribiendo. A la luz del pasaje que estamos viendo hoy del Cantar de los cantares, una frase en particular llamó mi atención.

Déjame leerte lo que dice: «El amor de Nancy por la Palabra y el Señor Jesús es contagioso, y permea todo su ministerio, en conferencias, mensajes, libros y los programas de radio diarios a nivel nacional». Y me detuve en «su amor por la Palabra y el Señor Jesús son contagiosos y permea todo su ministerio», esa era una oración en el contexto de un resumen biográfico. Pero la leí varias veces, la releí y tuve que preguntarme mientras estaba trabajando en esta serie, «¿lo que dice esa oración es verdad?»

«¿Tengo yo esa clase de amor por Cristo y su Palabra?» Ahora, algunas de ustedes estarán afirmando con sus cabezas como que sí… Pero en realidad ustedes no saben porque ustedes no conocen mi corazón. He aquí lo que pensé: Creo que esto ha sido verdad algunas veces, tal vez muchas veces. Sé que quiero que sea verdad, pero fue un momento de una genuina autoevaluación para mí. ¿Tengo esa clase de amor por Cristo y Su Palabra?

Y seré la primera en decirte que mi amor por Cristo y Su Palabra fluctúa, va y viene y a veces se desvanece. Gracias a Dios que Él no actúa de esa manera. Pero fue una oportunidad especial para mí de preguntarme, «¿está mi vida reflejando el amor al Señor que he recibido de Él y del cual Él es tan digno?»

Estamos estudiando todo este tema de una relación de amor y hemos caminado con esta pareja a través del amor inicial, del amor creciente, a veces del amor vacilante y ahora que hemos llegado a la conclusión de este libro, ellos están en la estación del amor maduro.

En la sesión pasada, antes de que hiciéramos un paréntesis para hablar acerca de la intimidad en el matrimonio, vimos que la novia vino al lugar donde su único deseo era traer gozo a su amado y trabajar junto a él. Esto representaba un cambio en esta novia, porque hubo un tiempo en que todo lo que ella deseaba hacer era estar sola con él en la recámara.

Ella no deseaba ir a ninguna parte ni hacer nada, solo «tú y yo, nada más, en ningún otro lugar». Pero ahora ella está deseosa, incluso ansiosa, de ir con él a las viñas y a los campos. Ella está caminando en unión y comunión con él, sirviendo con él, sobre la base de su poder sobrenatural. Y es una señal de crecimiento del amor maduro.

Mientras llegamos al capítulo final del Cantar de los cantares, al capítulo 8, algunas de ustedes quizás pensaron que nunca llegaríamos a este capítulo, veremos otra característica del amor maduro en las siguientes dos o tres sesiones. Y es que elamor maduro no permanece estático. No nos quedamos donde estamos en nuestra relación con el Señor o en el matrimonio.

El amor verdadero, el amor maduro, siempre está avanzando y elevándose, a mayores alturas. «Quiero mayores alturas. Quiero más del Señor, quiero amarlo más». Quizás conoces ese antiguo himno que dice: «Anhelo amarte más, oh Salvador, oye mi petición, hoy esta es mi oración, quiere mi corazón, amarte más, amarte más».

Tengo una amiga a quien he escuchado decir muchas veces a través de los años mientras hemos orado juntas, «Señor, te amamos y queremos amarte más». Y supongo que eso es lo que estaba sintiendo cuando leí ese resumen biográfico: «Señor, te amo, pero quiero amarte más». Quiero siempre estar avanzando y ascendiendo, hacia mayores alturas en mi relación contigo. Y mantén este marco de referencia en mente mientras caminamos a través del capítulo 8 del Cantar de los cantares.

Déjame empezar en los versículos del 1 al 3, donde la novia habla primero a su amado. Ella le dice,

¡Oh, si tú fueras como un hermano mío

Que mamó los pechos de mi madre!

Entonces, hallándote fuera, te besaría,

Y no me menospreciarían.

Yo te llevaría, te metería en casa de mi madre;

Tú me enseñarías,

Y yo te haría beber vino

Adobado del mosto de mis granadas.

Entonces ella les dice a las hijas de Jerusalén:

Su izquierda esté debajo de mi cabeza,

Y su derecha me abrace.

Os conjuro oh doncellas de Jerusalén

Que no despertéis ni hagáis velar el amor hasta que quiera.

Detengámonos aquí por un momento y desmenucemos esto. A través de la serie te he animado, si puedes, a seguir leyendo junto con el texto mientras enseñamos.

Hemos estado usando varias versiones como la Biblia de las Américas o la Reina Valera. Puedes encontrarlas en línea, o puedes seguirla en estas transcripciones. Realmente ayuda cuando estás estudiando esto, si puedes ir mirando el texto, así que te animo a hacerlo, si puedes.

Ella le dice a su amado: «¡Ah, si tú fueras como mi hermano, amamantado a los pechos de mi madre! Si te encontrara afuera, te besaría». ¿Qué significa todo esto? Déjame decir primero que todo, que eso nos recuerda el pasaje en el primer capítulo, el versículo 1, donde ella le dijo a su amado, «¡oh, si él me besara con los besos de su boca!» Ella deseaba sus besos.

Ahora que ella está en un lugar de crecimiento, profundizando, madurando el amor, ella quiere devolverle lo que él ha prodigado en ella. Él la ha besado, él la ha bendecido, él la ha amado y ella dice: «Quiero besarte. Quiero regresarte lo que tú me has dado tan abundantemente».

Pero, ¿qué es todo esto sobre, «oh, si fueras como mi hermano y te encontrara afuera, te besaría?» Aquí es dónde nos ayuda un poco entender sobre la antigua cultura del Medio Oriente, donde la única muestra de afecto público apropiada era entre hermanos, un hermano y una hermana.

Aún un esposo y su esposa, en el antiguo Medio Oriente, no podían exhibir públicamente su afecto el uno por el otro. Todo tenía que ser en privado. ¡Cómo han cambiado las cosas! Pero un hermano y una hermana podían caminar tomados de la mano y aún darse un beso inocente como muchachos.

Ella está diciendo, «desearía que fueras mi hermano para poder expresarte mi amor con más libertad, más públicamente, sin contención, sin bochorno ni vergüenza... y sin vacilación». Ella solo está buscando la más completa expresión de intimidad con su amado. Ella se siente refrenada, incapaz de mostrar adecuadamente su afecto por Él.

¿Alguna vez te sientes de esa manera en tu relación con el Señor? Dios es Espíritu, y ¿cómo le adoramos en espíritu y en verdad cuando vivimos en la carne? ¿Te sientes limitada en la forma en la que puedes expresarle tu amor?... ¿Limitada por tu carne, limitada por tu pecaminosidad, limitada por tu debilidad, por el hecho de que no puedes verle? Estás intentando amar a alguien que no puedes ver.

¿Te sientes limitada por lo que otras personas piensan? Posiblemente, algunas veces tienes sentimientos como este, «quiero que otros conozcan la profundidad de mi amor por Cristo». Tal vez sientes que quieres la libertad para expresarle tu amor abiertamente, sin que las personas piensen que te estás pasando o te estás volviendo loca.

Quizás alguna de ustedes tiene alguien en la familia que piensa, «te has pasado de la raya con todo ese asunto de alabar al Señor y amar al Señor». Sé de algunas de mis queridas y dulces hermanas que han experimentado esto de parte de los miembros de su familia que no conocen al Señor y no entienden su amor por Cristo.

Esto es un recordatorio de que hay limitaciones ahora. No experimentamos ahora lo que un día será. Romanos 8:22-23 nos recuerda esto. El pasaje dice: «Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo».

Hay una libertad y plenitud que vendrá después, que no podemos experimentar en su completa dimensión ahora. El día vendrá cuando no habrá limitaciones. Cuando le veamos cara a cara podremos amarle en una forma en la que ahora no tenemos la libertad o la capacidad para amarle... y hacerlo sin ser mal entendidas.

Así que ella dice, «espero por ese día. Quiero más. Quiero poder expresarte mi amor de formas más poderosas, ricas y profundas», y aún estoy luchando con las palabras al decir esto, porque estoy tan limitada.

«Oh, lenguas mil cantar podrán la grandeza del amor de mi Redentor». Pero solo tengo una lengua, soy tan limitada. Nos tropezamos y tartamudeamos, y no sabemos cómo expresarnos a nosotras mismas. De eso es de lo que ella está hablando, las limitaciones del aquí y el ahora, porque amamos a Alguien a quien queremos amar mucho más.

Ella dice en el versículo 2, «yo te llevaría, te metería en casa de mi madre; tú me enseñarías, y yo te haría beber vino adobado del mosto de mis granadas». Esta no es la primera vez en el libro en que ella habla acerca de la casa de su madre. Ya lo habíamos visto. Recuerda en el capítulo 3, después de ser separada de su amado ella dijo, «…hallé al que ama mi alma; lo agarré y no quise soltarlo, hasta que lo introduje en la casa de mi madre y en la alcoba de la que me concibió» (v. 4).

¿De qué se trata todo esto? Ella dice, «quiero entrarte a la casa de mi madre». Muchas cosas diferentes pudieran decirse sobre esto, pero creo que una cosa que esto refleja es cómo nosotras como creyentes deseamos traer a Cristo a la comunidad de la iglesia, a la comunidad de fe, al lugar donde están otros creyentes, donde hemos nacido espiritualmente en el contexto de esa comunidad de fe, en el lugar donde hemos recibido instrucción.

Nos damos cuenta que aún tenemos mucho que aprender, pero ella desea hacer todo eso con él. Ella desea avanzar con él, aprender de él, estar con él en el contexto de la comunidad de fe. Esta no es una fe solitaria, es una fe que es experimentada, sostenida y animada, que crece en el contexto de otros creyentes.

Entonces ella habla y dice lo siguiente, «te daría a beber vino sazonado del zumo de mis granadas». Creo que todo lo que está diciendo es que ella desea una mayor comunión, una mayor intimidad, una mayor unidad con su amado.

Luego se vuelve hacia las hijas de Jerusalén en el versículo 3 y dice: «Esté su izquierda bajo mi cabeza y su derecha me abrace. Quiero que juréis, oh hijas de Jerusalén: que no despertaréis ni levantaréis a mi amor, hasta que quiera».

En estas palabras ella está expresando satisfacción por su amado, satisfacción por su amor. Está feliz de descansar en él: «Esté su izquierda bajo mi cabeza y su derecha me abrace». Está feliz de estar cerca de él, de estar con él. Otra vez ella dice, «…no despertaréis ni levantaréis a mi amor, hasta que quiera».

Creo que en este punto ella está diciendo, «no quiero que ocurra nada que pueda dañar nuestra relación, que pueda ocasionar que él deje de expresar su amor». ¿Puedes ver cómo ella siempre está presionando por más, por conocerlo mejor, por amarlo más, por elevarse y avanzar en su amor? No es una relación estática.

¡Qué triste es cuando muchos matrimonios empiezan a estancarse y a distanciarse, pero es mucho más trágico cuando muchos cristianos dejan de presionar para avanzar y elevarse y se quedan en una fe aburrida, que no crece, que no es retante y la consideran «cristianismo». ¡Todo este pasaje, creo que nos presiona a buscar más de Dios!

En el versículo 5, los observadores, que probablemente son las hijas de Jerusalén a las que ella le estaba hablando, dicen: «¿Quién es esta que sube del desierto, recostada sobre su amado?» Me encanta esta figura... Me encanta este versículo... Me encanta la frase, el concepto de subir del desierto «apoyada sobre su amado». Quiero hablar sobre esto por algunos minutos.

La novia está subiendo del desierto apoyada en su amado. Si has estado con nosotras a través de esta serie, recordarás en el capítulo 3, donde vimos una procesión matrimonial donde él traía a su novia del desierto. Es un recordatorio, cómo el desierto vuelve al centro de atención aquí, de que nuestro Amado nos ha sacado del desierto del pecado y nos está llevando por el desierto de este mundo, en nuestro camino al cielo.

Vivimos en el desierto, hemos hablado acerca de eso. Vivimos en un desierto. Para ti, puede ser el desierto de tu casa, iglesia o un ambiente de trabajo lleno de dificultades. Ellos son un desierto. Posiblemente estás casada con un inconverso o tus hijos no son creyentes y estás caminando a través de ese desierto.

La pregunta no es, «¿tendrás que caminar a través del desierto en tu vida?», porque lo harás. La pregunta es, «¿en quién o en qué te estás apoyando? ¿De qué estás dependiendo para atravesar el desierto?» Ella se está apoyando en su amado. Esta es la única vez que esta palabra particular para apoyar se usa en la Biblia, y tiene el concepto de sostén, de estar recostada en el brazo de su amado.

Decir que nos apoyamos en nuestro Amado es un reconocimiento de que somos débiles, de que estamos en necesidad, de que no podemos hacerlo por nuestras propias fuerzas. Esto, creo, describe la relación que tendremos con nuestro amado Señor Jesús. «Recostándonos en nuestro Amado» significa venir al final de nuestra autosuficiencia y apoyarnos, echarnos enteramente en Él.

Esto es contracultural porque el mundo nos enseña que se supone que seamos independientes. Pero la forma de Dios es que seamos dependientes, que nos apoyemos. Somos enseñadas, «no necesitas a nadie, no necesitas nada». Muchos creyentes, muchas de nosotras, hemos comprado esta filosofía de una u otra manera.

Pero Dios dice: «¡Me necesitas para todo! Soy tu vida y no tienes vida apartada de Mí». He citado periódicamente a través de esta serie, a mi amigo Charles Spurgeon, el «príncipe de los predicadores» de los 1800. Él tiene todo un libro de, creo, unos cincuenta y dos sermones del Cantar de los cantares. Tengo una copia aquí. Se llama, El lugar santísimo—Sermones sobre el Cantar de los Cantares.

No los he leído todos, pero he leído muchos de ellos. Son muy ricos. Déjame leerte otra cita de mi amigo, Charles Spurgeon, cuando él escribió sobre «recostarse en nuestro Amado». Él dijo:

«Recostarse» implica arrojar el peso de uno mismo sobre otro, y esta es la vida del cristiano... dejar todo lo que me atormenta en Él quien me ama más de lo que puedo amarme a mí misma... dejar todo lo que me deprime en Él cuya sabiduría y cuyo poder son más grandes que cualquier emergencia.

En esto consiste la sabiduría, nunca intentar permanecer sola por mi propia fuerza... nunca confiar en las criaturas, porque ellas me fallarán si descanso en ellas, pero hacer siempre de mi bendito Señor Cristo el lugar donde apoyar toda mi alma, echando toda carga sobre Él, quien es capaz de llevarla.

Apóyate, apóyate... ¿Te estás apoyando en Cristo? ¿Te estás apoyando en Él para tu salvación o te estás apoyando en tu propia religión, tus esfuerzos, tus obras? ¿Te estás apoyando en Su gracia para atravesar el desierto de esta vida? No temas cuando Dios te ponga en posiciones donde no puedes hacerlo por ti misma.

No te resientas cuando Él te ponga en una posición donde te sientas impotente, donde lo necesitas desesperadamente. Agradece a Dios por ponerte en situaciones donde tú lo necesitas. No te avergüences de apoyarte en esas situaciones, de acercarte a Su corazón. «Apóyate, échate, descansa en sus brazos eternos…» No hay un lugar más seguro donde pudieras estar.

Me estoy apoyando en Él hoy, a través de un largo día de grabación, después de cuatro horas de sueño anoche. Me estaba apoyando en Él anoche a las diez y cuarenta y cinco cuando mi computadora colapsó, y aun me quedaban varias horas de preparación. Voy a apoyarme en Él mañana y el siguiente día, y cada día del resto de mi vida.

En cada estación de mi vida quiero estar consciente, siempre consciente, de mi propia debilidad y mi necesidad de apoyarme en Él. El texto aquí dice que ella se está recostando en su amado, no «el» amado o «un» amado, sino en «su» amado. El hecho es que nos apoyaremos en cualquier cosa que realmente amemos, y lo que realmente amamos será revelado por dónde nos apoyamos.

Si Cristo no es verdaderamente tu Amado no podrás apoyarte en Él. Tendrás que buscar sustitutos para Cristo, pero quiero asegurarte que nada y ningún otro que no sea Cristo puede verdaderamente ser tu apoyo y llevarte a través de este desierto. Si te estás apoyando en personas, ellas se mudan, cambian, mueren, fallan. Ninguna de esas cosas puede ser tu apoyo. Si te estás apoyando en ti misma, tú caerás, fallarás. Aprende a apoyarte en tu Amado.

Un comentarista escribió: «En la medida en que un alma se acerca más a Cristo, menos del desierto aparece y menos trabajoso llega a ser el camino al cielo. Es Él y Su presencia lo que hace la diferencia».

Debido al tiempo, voy saltar al versículo 6. Estos dos versículos, versículos 6 y 7, son dos de los versículos más conocidos y más amados de todo el Cantar de los cantares. Déjame leértelos:

«Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo, porque fuerte como la muerte es el amor, inexorables como el Seol, los celos; sus destellos, destellos de fuego, la llama misma del SEÑOR. Las muchas aguas no pueden extinguir el amor, ni los ríos lo anegarán; si el hombre diera todos los bienes de su casa por amor, de cierto lo menospreciarían».

Es un hermoso párrafo, y la novia utiliza varias figuras del lenguaje en palabras para intentar describir el amor que hay entre ella y su amado... el amor que ella recibe de él. Quiero mirar solo la primera figura hoy, y luego continuaremos con las otras en la próxima sesión.

Ella dice: «Ponme como un sello (como un anillo labrado, pudiera ser) sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo». En el antiguo Medio Oriente, las personas algunas veces usaban anillos, piedras o sellos labrados; los usaban en su brazo, en su puño o alrededor del cuello. Ese sello, ese anillo labrado, podía tener esculpido el nombre o la imagen de la persona que se los dio a usar.

Usar ese sello significaba que eras amado por esa persona, que le pertenecías. Eso me recuerda —no sé si lo hacen hoy en día— pero cuando yo estaba en la secundaria, los jóvenes les daban a sus novias su anillo de la clase o su chaqueta con la letra de su equipo, y las jóvenes les daban a los jóvenes un brazalete con una identificación o alguna pieza de joyería que pudieran usar, algo que los identificara como una pareja.

Cuando te daban eso, no tenías vergüenza de usarlo. Tú querías que otros supieran con quién estabas saliendo. Esta mujer, esta novia, quiere estar segura de que pertenece a su novio, ella quiere que él reconozca que ella es suya, y que ella está en su corazón.

Mientras pensaba acerca de este sello sobre el corazón y el sello sobre el brazo, recordaba esos sacerdotes del Antiguo Testamento que llevaban sobre sus hombros y en sus pectorales, dos partes de las vestiduras sacerdotales, los nombres de las tribus de Israel. Ellos cargaban a esos hijos de Israel sobre sus hombros, lo cual hablaba de fuerza, y también los cargaban en el corazón, mostrando devoción y afecto.

Esta es una figura de cómo Jesús nos lleva sobre Sus hombros y en Su corazón. Si perteneces a Cristo, el gobierno del mundo está sobre Sus hombros. Eso significa que Sus hombros son lo suficientemente grandes para cargarte. Él nos ha esculpido en Su corazón, aún, dice Isaías, «en la palma de Su mano». Él nos ha puesto como un sello. Eso significa que somos amadas por Él, estamos identificadas con Él, somos cargadas por Él.

Esta novia está diciendo: «Átame a ti, sujétame a tu corazón, así nada me separará de tu amor».

Annamarie: Es inevitable que experimentemos tormentas a lo largo de nuestras vidas. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando lo importante que es que nos apoyemos en el Señor en cada situación.

Este mensaje es parte de una hermosa serie de varias semanas, titulada, «Cómo enamorarnos y permanecer enamoradas de Jesús». Es muy raro escuchar estudios bíblicos profundos sobre el Cantar de los cantares, pero realmente estamos muy agradecidas de poder llamar a miles de mujeres de habla hispana a profundizar en la verdad de la Palabra de Dios a través de series como esta.

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El Cantar de los cantares contrasta dos tipos de mujeres: uno las puertas, y el otro los muros. Esto... puede que te suene un poco extraño, pero creo que mañana lo entenderás, en la continuación de esta serie. ¡Te esperamos!

Contemplando la belleza del evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Hazlo personal

Día 23- Amor maduro 4: Apoyándote en tu Amado
(Cantar de los cantares 8:1-6a)

Escuchar programa #23:

  1. ¿Qué diferencia podría hacer en tu vida cotidiana la perspectiva de saber que estás grabada en el corazón de Cristo?
  2. ¿Estás atravesando por un «desierto» en tu vida? ¿Si es así, ¿en quién o en qué te estás apoyando para superarlo? ¿Qué quiere decir «apoyarse» en Cristo?
  3. «¿Quién es esta que sube del desierto, recostada sobre su amado?» (8:5) Tal y como la novia experimentó la fidelidad y el apoyo de su esposo en el desierto, así experimentamos la fidelidad de Cristo en el desierto de este mundo, mientras estamos de camino al cielo. ¿Cómo te demostró Dios Su fidelidad en el pasado, cuando estabas atravesando una época difícil?
  4. Los creyentes maduros desean crecer en su amor y adoración hacia el Señor Jesús. ¿Cómo podrías expresar afecto por Él con mayor libertad? ¿En una canción? ¿En una nota de amor? ¿En alabarlo delante de los demás? ¿En obediencia o sacrificio? ¿A través de mostrar amor a los demás? Alábalo porque un día serás capaz de amarlo sin restricciones, con mayor libertad y capacidad que la que tienes de amarlo ahora.
  5. ¿Estás esforzándote por conquistar nuevas alturas en tu relación con el Señor, o estás satisfecha con tener una relación estática con Él?

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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