Podcast Aviva Nuestros Corazones

Comienza el día con Dios

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy  DeMoss de Wolgemuth: La vida sin Dios en el centro, es absurda. No tiene sentido. Es vacía. Es frustrante. Comer, trabajar, las relaciones, o cualquier parte de la vida, aparte de Dios, nada de eso tiene sentido y nada de eso ofrece verdadera satisfacción.  

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

El 2017 está por terminar y el 2018 a punto de comenzar. El fin de un año y comienzo del próximo es un buen momento para apartar un tiempo y reflexionar. Acompaña a Nancy mientras ella reflexiona en algunos de los principios importantes que ella y sus hermanos aprendieron de su padre. Gana sabiduría bíblica en esta serie titulada, «La instrucción de un padre».

Nancy: Hace un tiempo me pidieron que hablara a un grupo de jóvenes en edad universitaria. Y era el Día de los Padres. Así que mientras pensaba en lo que podría compartir con estos jóvenes, no pude dejar de pensar en mi propio padre. Había estado pensando en él gran parte del día. Mi papá está en la presencia del Señor ya desde hace muchos años. Sucedió el fin de semana que cumplí mis 21 años, cuando recibí la llamada de que mi papá había tenido un ataque al corazón y se había ido instantáneamente con el Señor.  

Mientras me preparaba para hablar con estos jóvenes, pensaba en algunas de las cosas que él me enseñó en los primeros 21 años de mi vida. Me di cuenta de cuántas de esas ideas y principios –el legado que él me dejó– han permanecido conmigo de una manera increíble a pesar de que hace tanto años de su partida.

No lo he escuchado hablar.  No he podido contar con él para pedirle consejos o para que me dé un consejo, pero me dejó una cantidad de sabiduría, de consejos e instrucción a mí y a mis hermanos y ha sido increíble su influencia en nuestras vidas.  Ha sido básica, fundamental.

Durante todos estos años, he tratado de aplicar en mi vida las cosas que mi papá, y debo añadir que mi mamá también, me enseñaron durante esos primeros años de mi vida.  Ahora, después de haber pasado décadas, casi a mis 60 años, tengo que decir que estoy cosechando bendiciones increíbles hoy en mi vida, por las cosas que mi papá y mi mamá me enseñaron en aquellos primeros años de mi vida.

Así que al hablar con esos jóvenes, yo era una mujer mayor para ellos. No es que soy vieja, pero sí mucho mayor que ellos. Compartí algunas de las cosas que quiero compartir con ustedes en esta serie, algunas cosas que quiero transmitir a la siguiente generación. Estoy empezando a pensar en el legado que quiero dejar a la siguiente generación.

Sé que tenemos oyentes en Aviva Nuestros Corazones de todas las edades.  Recibimos cartas de personas de edad avanzada, de niños pequeños, y todas las edades en medio. Estoy especialmente contenta de saber que hay algunas adolescentes, mujeres jóvenes, de edad universitaria, jóvenes profesionales que están escuchando Aviva Nuestros Corazones. Algunas de ellas vienen de hogares piadosos y lo que estamos diciendo aquí en Aviva Nuestros Corazones viene a complementar lo que ya conocen.  Es repetición para ellas de lo que han escuchado en sus hogares.

Pero otras no han tenido el privilegio de tener padres piadosos. Están siendo discipuladas, enseñadas y nutridas en los caminos de Dios por primera vez. Así que las cosas que quiero compartir, son las que aprendí de la vida de mi padre en aquellos primeros 21 años de mi vida, y por las que estoy muy agradecida de haber sido enseñada como niña, como joven y como adolescente.

Ahora, quiero empezar hoy con lo que para mi papá era lo que lo resumía todo, lo más importante de todo. Lo puedo decir en pocas palabras: Toma a Dios en serio.

Mi papá fue un hombre que tomó a Dios en serio. Él no vino de una familia creyente. Él conoció al Señor de manera personal a mediados de sus 20 años. Él había sido un rebelde. No había tenido interés en los asuntos espirituales. Había vivido lejos de Dios, como lo estamos todos, hasta que Dios viene y nos busca y nos encuentra y abre nuestros corazones para conocer a Cristo y nos da la fe y el arrepentimiento.

A partir de ese punto, viernes, octubre 13, 1950, hasta el día en que se fue a casa para estar con el Señor, 28 años más tarde, mi papá nunca superó la maravilla de lo que Dios había hecho por él. Nunca dejaba de sorprenderle que Dios lo hubiera salvado; que Dios lo hubiera podido salvar, y que Dios le hubiera dado una nueva vida y lo hubiera hecho una nueva criatura.

Para él, el cristianismo no era solo un compartimiento de su vida. No era solo una categoría más, una parte de su vida como su escuela, su trabajo, sus aficiones, sus relaciones, su familia, su entretenimiento, su fe. La fe no era un compartimiento de la vida para él. «Jesús primero» no era solo un prendedor de solapa que se usa. Era una realidad absoluta y fundamental, el núcleo de su vida. Cristo era todo. Él no es una parte de tu vida; Él es tu vida.

Así que su forma de pensar era –y debe ser nuestra forma de pensar también– que si eres cristiana eres una nueva creación. Todo se supone que es diferente. Nuestra relación con Cristo se supone que afecte todo, todo en nuestras vidas. Afecta nuestro propósito de vida, ¿por qué nos levantamos por la mañana, por qué existimos.

Para mi papá el objetivo de su vida, el propósito de su vida era glorificar a Dios. Era meditar en la persona de Dios. Era buscar a Dios y su reino y su justicia sobre todas las cosas.

Mi papá sentía que le debía todo al Señor. Él lo sabía. Sabía que no tenía vida aparte de Cristo, por lo que se dio cuenta de que no podía llamar a cualquier cosa su propiedad; su tiempo, sus posesiones, su influencia, su familia, sus planes, su futuro, su vida. Todo era del Señor.

Él nunca pudo entender que hubiera tal cosa como cristianos a medias o solamente de nombre, nominales. Todo ese concepto no tenía sentido para él en lo absoluto.  Para él, si eras cristiana eras una persona nueva, debias tomar a Dios en serio. Sin alternativas.

Así que las personas que dicen ser cristianas, como muchas lo hacen hoy en nuestras iglesias, son miembros de la iglesia y están activas en la iglesia, pero en realidad viven para el placer. Viven para su trabajo. Viven para su familia. Viven para el reconocimiento, para sí mismas. Eso no tenía ningún sentido para él.

Recuerdo que él contaba una historia de un dia en que estaba de vacaciones y se encontró con una pareja de misioneros que estaban de vacaciones en el mismo lugar.  Mi papá les hizo una pregunta como era su costumbre, «¿Cómo está la pesca por aquí?»

Ahora, ¿lo que él quería decir con eso no era la pesca literalmente hablando, sino que estaba hablando de lo que Jesús habló cuando dijo que debíamos ser pescadores de hombres. Lo que él quería decir era si la gente estaba abierta a hablar de Cristo y del evangelio. ¿Están interesados ​​en asuntos espirituales? ¿Qué han encontrado ustedes?

Estaba impresionado cuando este hombre le respondió: «No sé. Estamos de vacaciones». Mi papá no podía imaginarse a alguien tomando vacaciones de Dios. Puedes tomar unas vacaciones de tu trabajo, pero no de tu relación con Dios.

Dios no nos salvó para tener  una experiencia cristiana de medio tiempo o de fin de semana. Se supone que todos los cristianos debemos ser cristianos a tiempo completo, empleados a tiempo completo del Señor, independientemente de nuestra vocación. Ser cristiano no es un trabajo semanal de 40 horas, o de 2 horas el domingo por la mañana. No, es una relación con Cristo 24 horas al día los 7 días de la semana, todo el tiempo día tras día.

Así que tenemos que hacernos varias preguntas si vamos a tomar en serio a Dios,

  • ¿Cuál es mi propósito en la vida?
  • ¿Por qué existo?
  • ¿Por qué Dios me creó?
  • ¿Por qué me redimió?
  • ¿Por qué me levanto en las mañanas?
  • ¿Qué es lo que me motiva?
  • ¿Qué es lo que me impulsa?
  • ¿Qué es lo que me ayuda a seguir adelante?

Al reflexionar en este punto de tomar a Dios en serio llegaron a mi mente de inmediato muchos versículos de la escritura. Por ejemplo, Colosenses capítulo 1, versículo 16, donde leemos:

«Porque en Él (en Cristo) fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él (mira esto) y para Él.» (Todas las cosas fueron hechas para Cristo).

«Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen. Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia; y Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía.»  (vv. 17-18). 

La supremacía de Cristo. Si tú eres una hija de Dios, ese es tu objetivo que en todo él tenga la preeminencia.

Efesios capítulo 1 lo pone un poco diferente, pero es el mismo pensamiento.  Es ese maravilloso pasaje en los primeros versículos del primer capítulo donde dice que Dios nos escogió.  Él nos adoptó en su familia de acuerdo al propósito de su voluntad, y ¿qué significa eso? Que somos, «Para alabanza de la gloria de su gracia» (v. 6).  De eso se trata todo.  Para eso es todo esto.  Para alabanza de la gloria de su gracia, para que la gente pueda mirar tu vida y pueda decir, ella sirve a un Dios increíble y lleno de gracia.

Efesios 1, versículo 12: «a fin de que nosotros, que fuimos los primeros en esperar en Cristo, seamos para alabanza de su gloria», de eso se trata todo esto.

A mi papá le encantaba ese versículo en Hechos capítulo 20, versículo 24, donde dice el apóstol:

«Pero de ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solamente del evangelio de la gracia de Dios.»  

Para mi papá esto quería decir, no es mi negocio lo que importa, ni mis amistades; ni mis pasatiempos, ni lo que hago con mi tiempo. Lo que importa es hacer lo que Dios me ha llamado a hacer. Dar a conocer a Cristo.

Creo que una de las declaraciones más poderosas en el Nuevo Testamento está en el último versículo de Romanos capítulo 11, versículo 36, donde el apóstol Pablo dice: «Porque de él, por él y para él, son todas las cosas.  ¡A él sea la gloria por siempre!  Amén». Todo esto se trata de Él.  Él es el centro de nuestras vidas. El siguiente versículo, Romanos capítulo 12, versículo 1, va a decirnos ¿y entonces qué?  ¿Cuáles son las implicaciones para tu vida y la mía?

«Por consiguiente, (porque todas las cosas fueron hechas por Él y para Él y para Su Gloria) hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional.»

En mi tiempo devocional ayer, estaba leyendo el libro de Eclesiastés.  Me acordé otra vez de este concepto de tomar a Dios en serio. Al leer el libro de Eclesiastés, y en este caso me senté a leerlo completo de una sola vez, porque hay veces en que esa es la mejor forma para leer un libro de la Biblia debido a que obtienes una mejor idea del panorama y la visión general del libro.

Aquí está lo que creo que es el panorama general del libro de Eclesiastés. La vida apartada de Dios, la vida sin Dios en el centro, es absurda, no tiene sentido, es una vida vacía, es frustrante.   Comer, trabajar, las relaciones, cualquier parte de la vida, nada de eso tiene sentido y nada de eso ofrece verdadera satisfacción aparte de Dios. 

En Eclesiastés 6:2, el escritor dice que tú puedes tener riquezas, puedes tener posesiones, puedes tener honor, pero si no tienes a Dios en el centro de tu vida, no tienes la capacidad para realmente disfrutar de todas esas cosas que trabajaste tan duro para acumular.

Así que cuando llegamos al final del libro de Eclesiastés, vemos un contraste con el tema. Sí, la vida aparte de Dios no tiene sentido, pero la vida con Dios en el centro es una vida plena. Es una vida satisfactoria y es una vida con propósito.  Es una vida muy diferente.  Eclesiastés capítulo 8, versículo 12 dice: «yo sé que les irá bien a los que temen a Dios, a los que temen ante su presencia.»

Teme a Dios. Esa es la conclusión. Toma en serio a Dios. Teme a Dios. Hónralo a Él.  Él es el centro del universo. Él es quien llamó el universo a existencia con el poder de su Palabra y quien sostiene el universo con la Palabra de Su poder. Entonces, qué necio es que nosotras mantengamos a Dios al borde de nuestras vidas, en vez de en el lugar que le pertenece, que es en el centro de nuestras vidas.

Así que al final de Eclesiastés, el escritor dice que el fin de la cuestión, la conclusión es, «ya todo se ha oído...teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque este es el deber de todo hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o mala» (Ecl.12: 13-14).  Un día será el día de pago. La rendición de cuentas se llevará a cabo. En el tribunal de la eternidad, vamos a desear que hubiésemos tomado en serio a Dios.

Si tú y yo tenemos algún remordimiento cuando veamos a Cristo cara a cara, será únicamente, que no tomamos más en serio a Dios. Que desperdiciamos nuestras vidas en cosas de poca importancia que no tenían sentido, porque Cristo no estaba en el centro y en el corazón de nuestra existencia.

Así que cuando pienso en el legado que mi papá me dejó, ese es el primer punto, la primera cosa que ha sido fundamental para mí es tomar a Dios en serio. 

Ahora permítanme añadir un segundo punto aquí. Si has escuchado Aviva Nuestros Corazones por algún tiempo, me habrás escuchado decir varias veces esto, y me escucharás decirlo de nuevo y es, empieza tu día con Dios.

No es ningún secreto que en el lugar donde aprendí esto, fue donde me crié, desde  niña, en el hogar DeMoss, en esa casa era una forma de vida en la que mi papá hizo hincapié sobre todo con su ejemplo, de la importancia, la necesidad de un tiempo de quietud diario, una vida devocional diaria. Llámalo como quieras, pero asegúrate de tener ese tiempo a solas con Dios.

Ahora, eso no es un sustituto del caminar con Dios durante todo el día, pero necesitamos tiempo cada día apartadas para estar en la Palabra, para escuchar a Dios y luego para responder a Él en oración y alabanza. Eso es lo que da la sabiduría, la perspectiva, la dirección para el resto de la vida.

Veo a muchas mujeres hoy en día, mujeres de mi edad, mayores, jóvenes que están viviendo estas vidas frustradas, frenéticas y agotadoras y yo misma caigo con demasiada frecuencia en esto.  Creo que en la mayoría de los casos, la razón principal es que no tenemos a Cristo como el centro de nuestras vidas, no tenemos tiempo para estar a solas con Él en Su presencia, cultivando una relación íntima con Dios en Su Palabra y en oración.

Algunas personas dicen, «yo no tengo tiempo para leer mi Biblia. No tengo tiempo para tener una hora tranquila o una hora santa con el Señor». Escucha, elige tus prioridades para tu vida y luego construye tu vida en torno a esas prioridades. 

Voy a decir esto en especial a ustedes, las mujeres más jóvenes.  Me refiero a todas nosotras, pero sobre todo a ustedes, que están desarrollando hábitos ahora al principio de sus vidas: inicia esos hábitos ahora. Les voy a decir esto: Nunca será más fácil de lo que es ahora.  Puedes ser una estudiante que está pensando, «cuando sea mayor, cuando terminen estos exámenes, cuando termine este año escolar...»

Escucha, cuando obtengas ese título, tendrás un trabajo. O te vas a casar. Vas a tener un marido. Entonces dirás: «Mi vida está mucho más llena ahora, estoy mucho más ocupada que antes, ¿cómo puedo tener ahora un tiempo de quietud?»

Entonces vas a tener hijos, y nunca tendrás cinco minutos sin interrupción en los próximos diez o más años de tu vida. Y dirás: «La vida era tan simple cuando yo era estudiante.  Si pudiera volver atrás, ordenaría mis días alrededor de prioridades bíblicas y piadosas. 

Quiero decirte que en cada etapa de la vida, no importa la edad o lo joven que seas, habrá algo que va a conspirar para evitar que tengas una vida devocional diaria. Lucho con eso casi todos los días de mi vida.

Mira lo que te digo, me siento a tener mi devocional y de repente, estoy pensando en otras 50 cosas que tengo que hacer. Me dan ganas de limpiar la casa, y déjame compartirte que son increíbles las cosas que vienen a mi mente cuando aparto ese tiempo para reunirme con el Señor. Es difícil porque Satanás sabe que si él puede conseguir distraerme y descarrilarme ahí, él va a arruinar mi día y mi vida estará alborotada.

Hay muchos pasajes de la Escritura que hablan de la importancia de buscar a Dios temprano. «Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana presentaré mi oración a tí y con ansias esperaré.» (Sal. 5:3).  Salmo 143:8: «Por la mañana hazme oír tu misericordia», Isaías 50: 4: «El Señor omnipotente. . . me despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para escuchar como los discípulos.»

Luego, en Proverbios 8: 32-34, en realidad es la sabiduría quien está hablando, y ella dice: «Ahora pues, hijos, escuchadme, porque bienaventurados son los que guardan mis caminos. Escuchad la instrucción y sed sabios, y no la menospreciéis. Y la sabiduría dice: Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas día a día», ¿Con qué frecuencia? Diariamente. Cada día velando a mis puertas.

En el libro de Josué capítulo 1 y Salmos capítulo 1, hay versículos que dicen que si meditamos en la ley del Señor de día y de noche, tendremos éxito en todo lo que hagamos, y Santiago nos dice que tenemos que recibir con mansedumbre esa Palabra implantada. No solo la lectura de la Palabra, sino tener también un corazón humilde cuando la leemos cuando la recibimos porque es capaz de salvar nuestras almas. Es capaz de santificarnos.   

Santiago continúa diciendo, no sean solamente oidores de la Palabra. No solamente escuches. Haz lo que dice (Santiago 1:22 , parafraseado).  Recíbela con mansedumbre. Sométete a la autoridad de la Palabra de Dios. Te quiero desafiar a que escuches la Palabra. Cuando lo hagas, ya sea en la lectura pública de la Escritura desde el púlpito o si la estás leyendo en privado, escucha con atención.

Me encanta el hecho de que en la iglesia a la que yo asisto, hacemos la lectura de la Palabra de pie, con reverencia.  Reverencia a la Palabra de Dios. Sométete a ella de corazón. No te sientes a juzgar la palabra de Dios. Deja que ella te juzgue a ti, y que sea la autoridad en tu vida.

En cada área de tu vida, ya sean tus hábitos de trabajo, tus hábitos de sueño, tus hábitos alimenticios, tu matrimonio, la forma en que crías a tus hijos, tu trato con las luchas y los problemas en tu vida, las ataduras de pecado, cómo tratar con la gente, cómo hacerle frente al dinero, cómo lidiar con el tiempo, deja que la Palabra de Dios sea la que le dé dirección y sabiduría.

Luego toma esa dirección y esa sabiduría que te dan y deja que la Palabra de Dios te moldee y te dé  forma y te convenza y te cambie. Somos santificadas por la verdad que Jesús dijo en Juan 17:17  «Oh, Señor, santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad» (parafraseado).

Y al comenzar  tu día con Dios y luego continuar tu día meditando en la Palabra de Dios —haciéndola parte del tapiz y de la trama de tu vida— tendrás bendición. Tendrás éxito. Vas a encontrar sabiduría. Ganarás intimidad con Dios. Descubrirás y experimentaras a través de toda tu vida, el propósito para el cual Dios te creó, y serás capaz de cumplir con ese propósito, porque te has estado llenando de la Palabra de Dios.

Déjame animarte aún en este momento, a no solo ser una oyente de la Palabra sino a ser una hacedora de la Palabra. Me pregunto cuántas de ustedes dirían, honestamente, «la Palabra no es un hábito esencial en mi vida. Yo no tengo un tiempo consistente de estar en la Palabra, leerla, estudiarla, meditar en ella, y de responder al Señor en oración. Yo no tengo una vida devocional consistente. No tengo tiempo de quietud regular».

¿Te puedo decir que no es muy tarde para comenzar? Comienza hoy mismo. Comienza mañana por la mañana. Pon tu despertador un poco antes. Pídele al Señor que te despierte cuando Él quiera que te despiertes, pero toma la determinación en tu corazón de que vas a ordenar tu vida alrededor de la prioridad de la Palabra de Dios. Lo primordial en mi vida es tener un conocimiento más profundo de Dios, buscarlo a Él, desarrollar una relación con Él y crecer espiritualmente. No se puede hacer esto sin un fiel consumo constante, coherente, y regular de la Palabra de Dios en tu mente, en tu corazón y en tu vida.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado compartiendo dos valiosos principios que aprendió de su padre: Toma a Dios en serio y comienza el día con Dios, buscándole en Su Palabra. Nancy estará de regreso para orar.

¿Tomarás el desafío? A partir de ahora, ¿comenzarás el día con Dios aunque debas reordenar otras cosas en tu vida?

Para ayudarte hemos desarrollado un recurso con pequeñas reflexiones que te ayudarán en tu caminar diario con el Señor, y te recordarán hermosas verdades de la Palabra de Dios. Se trata del libro digital titulado, «Devocionales para mujeres: Lecturas diarias para ti». Este recurso lo podrás descargar en formato digital por tu ofrenda de cualquier monto. Solo visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com; apóyanos con tu ofrenda e indica que quieres recibir este recurso. Si vives en EEUU o Canadá, puedes llamarnos al 1-800-569-5959. Asegúrate de indicar que tu ofrenda es para el ministerio de alcance hispano.

Este mes de diciembre es un mes en el que muchas consideran dar de la abundancia que Dios les ha dado. Si Dios te ha bendecido económicamente, ¿considerarías dar una ofrenda especial?

Y bueno, no podemos dejar de pasar esta oportunidad para agradecerle a todas aquellas que nos han apoyado fielmente a lo largo de este año; compartiendo los recursos, con sus oraciones, trabajo voluntario o apoyo financiero. Este ministerio no sería posible sin ustedes.

Escuchen un breve testimonio de lo que el apoyo de cada una de ustedes hace posible,

Daniela:

Hermanas, hola, mi nombre es Daniela Govea, soy de Tapachula- Chiapas, y quiero compartir con ustedes cómo el Señor a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones me ministró, y principalmente quiero compartirles cómo el Señor en su providencia llevó el ministerio a un lugar remoto donde no hay internet, donde no hay medios de comunicación, que es en la parte Sierra de Chiapas, Siltepec, llamado barrio la Soledad. El Señor me permitió ir a un viaje misionero en diciembre del 2016. Al ver la necesidad de las mujeres, el Señor puso en mi corazón regresar y llevar el ministerio. Regresé en marzo de este año 2017, y dejé un karaoke, una bocina con una memoria con varias series del ministerio y por la gracia de Dios, mujeres de esa misión...una de ellas fue confrontada, fue animada y les dejé el material. Entonces yo les pido hermanos, que así como el Señor en su misericordia y en su providencia permitió llegar al ministerio a un lugar tan remoto, porque no hay absolutamente nada, allá en la sierra, nos ayuden a orar y también a animar a las hermanas que con su esfuerzo nos ayudan a pasar el ministerio. El Señor les bendiga y hasta pronto

Carmen: Le damos gracias a Dios por testimonios como este. Es nuestra oración que más puertas sean abiertas para que Su Palabra y su evangelio sean dados a conocer alrededor del mundo.

Ahora, Nancy regresa para orar con nosotras,

Nancy: Padre, te ruego que haya muchas, muchas mujeres que escuchan hoy en día este programa y que hagan este compromiso y digan: «A partir de hoy, a partir de mañana voy comenzar mi día con Dios. Voy a reordenar otras cosas en mi vida»

Señor, creo que si todas las que están escuchando estas palabras hoy tomaran este desafío en serio, en un año miraríamos hacia atrás y diríamos que somos mujeres diferentes. Nuestras vidas estarán haciendo un impacto en nuestros hogares y nuestros lugares de trabajo. Seremos dulce fragancia de Cristo para los que nos rodean, y es porque hemos estado priorizando ese tiempo contigo día tras día.

Oh Señor, que así sea, ruego en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: ¿Luchas con la preocupación? Una de las maneras en que podemos calmar la ansiedad es reconocer que el plan de Dios es más importante que el nuestro. Escucha más acerca de esto mañana, en la continuación de la serie que iniciamos hoy titulada, «La instrucción de un padre».

Aviva Nuestros Corazones con … ¡Espera! Se me olvidó recordarte que hagas planes para asistir o sintonizar la conferencia True Woman 18, los días 27, 28 y 29 de septiembre. Mantente informada a través de nuestra página web.

Ahora sí …

Agradecidas a Dios por un año más, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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