Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cómo hacer rebosar tu amor

Annamarie Sauter: ¿Qué es lo primero que viene a tu mente cuando escuchas la siguiente palabra? «Amor».

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, autora del libro, «Escoja perdonar», en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: El amor descrito por los griegos como ágape es una cualidad de Dios. Eso significa que no es un amor que nos viene de manera natural. Necesitamos primero tener a Dios en nuestras vidas.

Annamarie: Si escribieras la palabra, «amor» en tu buscador de internet, encontrarías muchísimas páginas, documentos, frases, canciones… Bueno, quizá hemos creído mucho de lo que hemos visto o leído, y nos hemos limitado en nuestro entendimiento de lo que es el amor. A pesar de tener tanta información a la mano parecemos estar más bien desinformadas, o al menos confundidas.

En la serie que iniciamos hoy serás retada a buscar la definición de «amor» en la Biblia, y encontrarás cosas que cambiarán tu vida. Estaremos enfocándonos en la primera carta a los Corintios, el capítulo 13.

Aquí está Nancy para dar inicio a la serie titulada, «¿Cómo está tu vida amorosa?».

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Una mujer escribió a una consejera que se especializa en personas con problemas amorosos, lo siguiente:

«Estimada Dra. Tracy,

Tengo un dilema. Mi esposo y yo hemos estado casados por cuatro años y tenemos un hijo maravilloso. Hemos pasado por nuestra cuota de problemas, pero de alguna forma, siempre nos las hemos arreglado para salir adelante. Últimamente no soporto hablar con él o estar cerca de él. Hasta le he dicho que ya no estoy enamorada de él, a lo que él simplemente responde, «eso sucede». Pero no soy feliz en lo absoluto. Él es un gran hombre, solo que no es para mí.

¿Qué debo hacer? Quisiera marcharme y seguir adelante con mi vida, pero tampoco deseo lastimar a un hombre maravilloso. No quisiera llevarme a su único hijo de su lado. Por favor déjeme saber qué piensa al respecto.»

Y lo firma, «Confundida en Nueva York».

A lo que la Dra. Tracy responde:

«Estimada Confundida:

Obviamente estás en una relación que no te funciona ahora mismo, quizás nunca funcionó. No estás enamorada de tu esposo y no muestras deseo alguno por él. ¿Por qué quisieras permanecer con él?

Si estás aburrida, indiferente o ya desenamorada, la relación no va a mejorar. Han estado juntos por cuatro años y ni siquiera soportas ya estar cerca de él. En cuatro años más, solo serás más infeliz.

Eres demasiado joven como para conformarte con una vida sin amor.

Dices que te quieres marchar y rehacer tu vida. Cuanto antes lo hagas, mejor para ti y eventualmente para tu esposo. Regálate un futuro. Regálale a tu hijo una oportunidad para crecer en un hogar donde la gente realmente se ame.

Buena suerte,

Dra. Tracy.»

Esta amiga realmente está muy confundida, y dicho sea de paso, su doctora Tracy también, porque ninguna entiende la naturaleza del verdadero amor. Tristemente esta condición de falta de entendimiento de lo que es el amor es una verdadera epidemia rampante en nuestro mundo.

Cuando finalmente el gran poeta Pushkin se casó en 1831, dijo que «era la 113ª vez que se enamoraba». Obviamente él desconocía el significado de la palabra «amor».

Nuestro mundo está hambriento de amor, y todas tenemos una añoranza por sentir y conocer el verdadero amor. Pero tristemente, muchas veces, hemos errado en la percepción que nos formamos del significado del «amor verdadero».

Usamos la palabra «amor» de manera muy casual. Decimos «amo la pizza», «amo el helado», «amo mi lavadora» o «amo a mi bebe». Usamos la misma palabra «amor», para describir aquello que sentimos por cosas tan diversas como lo son, mi nueva lavadora o mi nuevo bebé.

Para encontrar el verdadero significado de «amor verdadero», debemos buscarlo en la Palabra de Dios, ya que Dios mismo es amor. Él define el «amor», y en Su Palabra descubrimos el significado del «amor verdadero». La palabra «ágape», es una de las palabras más raras de la literatura y del lenguaje griego antiguo, y a la vez es la más usada en el Nuevo Testamento para referirse al amor; y esto se debe a que solo la fe cristiana tiene una cabal comprensión y apreciación del término «amor ágape».

Ahora, ¿qué quiere decir esa palabrita? Bueno, pues al contrario de la palabra «amor», en castellano, la palabra «ágape», en griego, nunca se usa para referirse a preferencias, a sentimientos románticos o a atracciones sexuales. Nada que ver con sentimientos tiernos hacia alguien o algo. No es la palabra usada para definir la amistad estrecha entre dos personas o una hermandad. Hay otras palabras en griego para comunicar esas necesidades. Pero el «amor ágape» no tiene nada que ver con ese empalagamiento sentimental que tantos confunden con el amor hoy en día.

De manera que, ¿qué es el amor ágape? ¿En qué consiste el amor piadoso, el amor genuino?

Al introducirnos en las Sagradas Escrituras, y ver como Dios comunica verdades acerca del amor, conoceremos el verdadero amor. El amor descrito por los griegos como «ágape», es una cualidad de Dios. Eso significa que no es un amor que nos viene de manera natural, necesitamos tener primero a Dios en nuestras vidas, para poder entonces obtener esta clase de amor. Es una cualidad divina y siempre actúa de manera sacrificial.

De manera que, hablar de amor propio, o hablar de amor que busca lo suyo, no es hablar de amor genuino, porque el amor ágape de Dios siempre actúa dándose a sí mismo, sacrificialmente, rindiendo su vida, y no buscando ser él mismo, complacido.

Hace años escuché una definición de amor, del amor divino, y ha permanecido latente en mi corazón, y de continuo vuelvo a ella. Se ha convertido en una herramienta para evaluar mi propio amor. Esta persona dijo que el amor es darme yo misma, totalmente, para satisfacer las necesidades de otros, sin esperar nada a cambio. ¿Qué tal? ¿Cómo te sonó eso? Darme totalmente para satisfacer las necesidades de otros y sin esperar nada a cambio.

Ahora, a veces resulta fácil dar para llenar las necesidades de otra persona, pero muy frecuentemente encuentro que tengo este deseo sutil, secreto, oculto, de que ese amor sea reciprocado. Hago lo que se requiere para servir a tal o cual persona, esperando que me ame de vuelta; pero el amor genuino es dar de mí, totalmente, hasta postrar mi vida, si fuera necesario, para el beneficio de otros, sin esperar recibir nada a cambio.

El amor ágape de Dios, ese amor que inicia en el corazón de Dios mismo y que Él desea depositar en nuestro corazón, no es un sentimiento. Ciertamente, Dios pone ciertos sentimientos de amor en nuestro corazón, pero en última instancia, el amor verdadero no es un sentimiento. Es más bien un acto determinado de mi voluntad. Este tipo de amor siempre resulta en la determinación de darse a uno mismo. La medida suprema, el ejemplo máximo del amor ágape es el amor de Dios por nosotras.

Romanos capítulo 5 dice: «Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos». Y dice, «Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.»...«Porque cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. . .» (vv. 6, 8,10a).

Así que tenemos un Dios que nos amó, no porque lo merecíamos; tampoco porque Él encontrara algo bello o atractivo o deseable en nosotros, sino que nos amó solamente porque Él es amor.

Cuando éramos incapaces de hacer algo por Él; cuando éramos enemigas de Dios; cuando desafiábamos a Dios; cuando éramos rebeldes huyendo de Dios. . . Pudieras decir, «yo nunca fui así, yo conocí a Jesús desde que era una niña pequeña de cuatro años». Y bien puede haber sido así tu experiencia, como lo fue la mía, y no recuerdas haber sido una enemiga de Dios.

Pero aun así, de acuerdo a la Palabra de Dios, yo era enemiga de Dios. Yo estaba empecinada en mi rebelión contra Dios, aun en mis dos, tres o cuatro años. Las Escrituras dicen que estando yo en esa condición, Dios me amó. Él te amó y demostró ese amor en el acto supremo de autosacrificio.

¿Y qué fue lo que Él hizo? «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito» (Juan 3:16), el regalo más precioso que tenía. Se dio a Sí mismo. Él dio Su vida. Esa es la medida suprema y el ejemplo de amor por excelencia. Cuando Jesús vino a este mundo en la forma de hombre, Él vino para ayudarnos a ver el amor de Dios.

Por eso Juan nos dice en el capítulo 13, que «. . .Él siempre había amado a los suyos que estaban en el mundo, y así los amó hasta el fin» (13:1b, parafraseado). Los amó en toda la extensión y la plenitud del amor. ¿Y qué le sigue a este pasaje? Cuando Jesús se humilla y lava los pies de Sus criaturas. El amor no es simplemente una atracción emocional. Es más bien un servicio abnegado y humilde con la intención de llenar las necesidades de otra persona, no importa cuán bajo o servil parezca la tarea o el servicio a brindar, y no importa, tampoco, qué tan poco merecedor sea el recipiente de tal amor, o la persona a quien servimos.

Las Escrituras nos enseñan que ese tipo de amor debe ser la marca distintiva suprema del pueblo de Dios. Jesús dijo que «amando así es cómo sabrán que somos suyas». No será porque te hayas memorizado la Biblia. No será porque tu iglesia esté concurrida hasta reventar. No será por tener un montón de programas innovadores y divertidos. La manera en que el mundo se detendrá para notar la relación que guardas conmigo, dijo Jesús, es «que se amen unos a otros de la misma forma, en esa manera abnegada, de autosacrificio y de servicio con que yo los he amado» (Ver Juan 13:34).

De manera que las Escrituras insisten en que busquemos el amor. «Procurad alcanzar el amor» (1 Cor. 14:1). Haz tu meta el lograr amar con este tipo de amor. Se nos dice que las esposas han de aprender cómo amar a sus esposos y a sus hijos. ¿Sabías que puedes aprender a amar?

Pablo también le dice a los tesalonicenses, «y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos, como también nosotros lo hacemos para con vosotros» (1 Tes. 3:12). No solo un poco de amor. No. Deseo que siempre estén creciendo en amor, hasta tener amor que se desborda. 

Y Pedro dice: «Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros. . .» (1 Ped. 4:8a).

¿Qué dirías tú de una iglesia que tiene los siguientes problemas?

  • Una iglesia donde hay divisiones y disidencias, envidia, pleitos y contiendas
  • Una iglesia donde hay un espíritu de competencia
  • Una iglesia donde los miembros se levantan demandas legales, unos contra otros
  • Una iglesia donde se practica inmoralidad flagrante y donde se condona la inmoralidad de otros
  • Una iglesia donde el divorcio es rampante
  • Una iglesia donde unos se aprovechan de otros
  • Una iglesia donde la gente es egoísta en sus relaciones matrimoniales y retienen el amor físico el uno del otro
  • ¿Qué dirías de una iglesia donde la gente se emborracha durante la santa cena?
  • ¿Qué tal una iglesia donde las mujeres estén tan fuera de orden, que hablan fuera de turno, interrumpen el servicio, y no están cumpliendo con el rol ordenado por Dios en la iglesia o en el hogar?

¿Cuál dirías tú que es el problema de raíz en una iglesia de este tipo?

Bueno, mientras yo leía esa lista, sé que algunas de ustedes notaron que yo estaba describiendo la iglesia en Corinto, de la que habla el Nuevo Testamento, y esos problemas que acabamos de listar están descritos en la 1ª carta a los Corintios. Esta iglesia tenía estos problemas y otros tantos más. Así que retomo mi pregunta, ¿Cuál era la raíz de todo esto? Bueno, pues había muchos asuntos aquí, pero uno en especial es tratado por el apóstol Pablo una y otra vez, y es el asunto del amor.

Podemos ver en esta una iglesia con dones espirituales, muchos dones, y estos eran practicados activamente.

Era una iglesia con una gran herencia, pues nació bajo la enseñanza de grandes maestros de la Palabra.

Estaba también caracterizada por tener buena doctrina.

Pero algo faltaba.

La falta de amor en la iglesia de Corinto creó multitud de problemas. La falta de amor en nuestras iglesias, en nuestras relaciones ocasiona multitud de problemas. Es posible ser doctrinalmente sanos y ser muy ortodoxos pero carecer de amor al mismo tiempo. Es posible estar activos en el trabajo de la iglesia y carecer de amor.

Así como la ausencia de amor origina multitud de problemas, así también la presencia del amor de Dios en la iglesia, en el hogar, en el trabajo y en la nación, la presencia de amor ágape, puede solucionar casi cualquier problema que te puedas imaginar. La presencia del amor ágape, del amor de Dios, de ese tipo de amor que se da a sí mismo, que se sacrifica, ese amor que sirve y está comprometido con los mejores intereses de las otras personas y no espera nada a cambio.

Al leer la primera carta a los Corintios, vemos a gente que promovía sus intereses personales. Que lo que realmente les importaba era, «¿cómo impactará esta decisión en mi vida? ¿Qué me hará sentir bien? ¿Qué me hará feliz?»

Ahora, cuando lees esta carta a los Corintios, Pablo habla de las muchas expresiones del amor y de la diferencia que haría el amor en una comunidad de creyentes, porque, únicamente los verdaderos cristianos poseen el verdadero amor.

Dijimos anteriormente que el amor es una cualidad de Dios. Es algo que no nos viene natural, es algo que no podemos manufacturar o producir. Así que si no eres cristiana, realmente no puedes amar a otros de la manera que Dios nos ordena amar. Dios es amor, y el amor verdadero proviene de Él.

Pablo escribió la primera carta a los Corintios a un grupo de personas que proclamaban ser creyentes. Él les dice: Ustedes tienen acceso al amor del Padre. De hecho, en la carta a  los Romanos nos dice, «que el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo.»  «El amor está ahí, está accesible. Pero tú debes estar dispuesta a apropiarte de tal amor y a vivirlo en tus relaciones diarias, en el ajetreo de la vida cotidiana».

Al leer a través de primera a los Corintios, podemos ver muchas evidencias de lo que pudiera ser verdad si realmente hubiera amor.

Hace tiempo leí esta carta a los Corintios y simplemente traté de hacer una lista de las expresiones del amor auténtico. «¿Cuál es el camino del amor?» Pablo dice que debemos ir en pos del amor, que debemos caminar la senda del amor. ¿Y cómo luce esa senda? En primera a los Corintios, Pablo dice que si realmente nos amaramos los unos a los otros, entonces:       

Nos respetaríamos unos a otros, respetaríamos los diversos dones y fortalezas.

Estaríamos unidos en una misma mente, trabajando hacia una meta común; en vez de hacerlo en contra el uno del otro.

Pensaríamos en el otro como parte de nuestra familia. Pablo les dice, «hermanos y hermanas...» Nos sugiere una relación familiar que es posible.

Si estuviéramos caminando en el camino del amor, Pablo dice, que nosotras estaríamos espiritualmente cuidando de otros creyentes. Estaríamos alimentando a los que están espiritualmente necesitados con la Palabra de Dios.

La senda del amor es un camino de humildad, estimando a los otros como mejores que nosotras, levantándolos en vez de levantarnos a nosotras mismas.

Si existe amor, Pablo dice que debiéramos dolernos por el pecado en el cuerpo de Cristo, y cuando fuere necesario, ejercitaremos disciplina para obtener una posible restauración, con la restauración del pecador como la meta primordial.

Si estamos caminando la senda del amor, vamos a hablar bien de otros siervos de Dios. No vamos a prestar nuestras lenguas a la crítica o al chisme. Hablaremos palabras de elogio y palabras de afirmación acerca de los siervos de Dios.

En la iglesia, en la familia, o en la comunidad que posee amor, existirá la disposición de ser herido sin que haya retaliación. No habrá un espíritu vengativo, ni un espíritu que busca que el otro pague el daño. Estaríamos dispuestas a absorber los males que nos sean infringidos.

En una iglesia donde hay amor, no existe la inmoralidad sexual. Serán moralmente puros, y en una iglesia donde hay amor, en una familia donde hay  amor, en un matrimonio donde hay amor, los hombres y las mujeres se darán a sí mismos, completa e incondicionalmente a su cónyuge. Permanecerán con su pareja de por vida, aun cuando su cónyuge no sea un creyente. Pablo dice que es una expresión del camino del amor.

Y Pablo le habla a los solteros. Les dice, si ustedes caminaran por la senda del amor, no se estarían preguntando: ¿Cómo podré realizarme? ¿Cómo podré ser feliz? ¿Cómo podré sentirme satisfecha? En cambio, estarán preguntándole a Dios, «¿cómo te puedo servir, Señor?» ¿Qué necesitas hacer para que  tu vida sea completamente consagrada a Su reino?

En una comunidad donde hay amor, nos levantaremos los unos a los otros. Nos edificaremos mutuamente, y para ello aún fijaremos límites a nuestra propia libertad, de ser necesario. Aunque algo nos sea permitido por las Escrituras, no lo haremos si es tropiezo o estorbo a alguien más en su caminar con Dios. Esa es la senda del amor.

Si andamos por el camino del amor, vamos a estar dispuestas a ceder nuestros derechos en vez de reclamar que se nos respeten. Estaremos dispuestas a sufrir, si así se requiere, para que el evangelio de Cristo nunca sufra daño, para que nadie piense mal de Él.

Si vamos por el camino del amor, vamos a escoger la senda de una sierva.

Pablo dice que vamos a huir de la idolatría, y vamos a huir de la fornicación y de la inmoralidad.

Solamente nos involucraremos en aquellos asuntos que levanten y edifiquen a otros. Buscaremos el mejor beneficio para los otros, haremos todo para la gloria de Dios, y buscaremos complacer a otros antes que a nosotras mismas.

En ese contexto Pablo escribe a los corintios. Les ha estado hablando en detalle sobre el asunto de los dones espirituales y del abuso de los mismos. También reprende el hecho de que la gente estaba usando sus dones espirituales, provenientes de Dios, para derribarse los unos a los otros y para competir entre ellos mismos.

Y Pablo les dice, «quiero que caminen por la senda del amor. Dejen que el amor sea la regla». «Deja que sea tu ley de vida, deja que sea la ley de tu vida». El amor de Cristo:

Permite que el amor gobierne todo lo que hagas

Permítele gobernar la forma que haces la vida de iglesia

Permítele gobernar tu matrimonio y la crianza de tus hijos

Permítele gobernar la manera en que te conduces, cuando sales de la iglesia y andas por el mundo.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth trayéndonos enseñanza práctica de la Palabra de Dios. Ella regresará en breve para concluir nuestro tiempo juntas.

La enseñanza de hoy me ha ayudado a evaluar lo que creo que es «amar». Verdaderamente necesitamos exponernos constantemente a la Palabra de Dios para conocer Su corazón, y necesitamos Su Espíritu para ver y abrazar la Verdad.

Mejor que buscar en el internet, Nancy nos ha estado ayudando a ver lo que la Biblia nos dice acerca del amor verdadero, el amor ágape. Esta clase de amor es una cualidad de Dios. Él, siendo Dios, se dio a Sí mismo por pura gracia para salvar personas indignas y pecadoras como tú y como yo. Nosotras imitamos ese amor dándonos para satisfacer las necesidades de otras personas. Ciertamente no se trata solo de una emoción, es acerca de servir en humildad. ¡Solo Dios puede darnos esa clase de amor!

Para ayudarte a seguir el camino del amor, queremos invitarte a sacar unos minutos hoy mismo. Lee el capítulo 13 de la primera carta a los Corintios. Acompaña tu lectura de un recurso que hemos titulado igual que esta serie, «¿Cómo está tu vida amorosa?». Lo encontrarás en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com y lo puedes descargar como PDF. Búscalo hoy mismo y tenlo a mano en la medida en que acompañas a Nancy a lo largo de esta serie. Este te será de gran ayuda para ver las evidencias del amor verdadero en tu vida.

Aplica el consejo de Nancy y proponte aprender a amar. A lo largo de esta serie titulada, «¿Cómo está tu vida amorosa?», queremos caminar contigo y aprender juntas; aplicar juntas, los puntos prácticos que vemos en la primera carta a los Corintios, capítulo 13.

Ahora Nancy está de regreso con nosotras para leernos una porción de este texto de la Escritura, 

Nancy: Quiero leer una porción del capítulo 13 de primera a los Corintios, ese capítulo grandioso del amor. Estaremos leyéndolo hoy y en los días por venir, pues quiero que este pasaje penetre nuestros corazones para que nos recuerde y nos ayude a escoger el camino del amor. Empezando en el versículo 1, Pablo dice,

«Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si diera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha.

El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser. . .»

Vayamos al final del capítulo; el último versículo del capítulo dice:

«Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.»

Y entonces, ¿qué dice el versículo siguiente, en el capítulo 14? «Procurad alcanzar el amor.»

Annamarie: ¡Qué porción tan preciosa! Continuaremos escudriñando este texto a lo largo de esta serie titulada, «¿Cómo está tu vida amorosa?» En nuestro próximo programa veremos un área en particular de nuestra vida a la luz de esta porción.

Nancy: Mañana escucharemos cómo es que el amor puede afectar las palabras que decimos. Espero que nos puedas acompañar de nuevo en Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Procurando alcanzar el amor juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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