Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Cómo romper con patrones de pecado

Annamarie Sauter: ¿Estás viviendo según el propósito para el que Dios te creó?

Nancy DeMoss Wolgemuth: «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a la luz admirable».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Levítico capítulos 1 al 3.

¿Has cultivado patrones de pecado a lo largo de tu vida que ahora te son difíciles de cambiar? Hoy Nancy nos hablará acerca de esto al ver las primeras cualidades que debemos añadir a nuestra fe, según la segunda carta de Pedro, el capítulo 1.

Nancy: Hace algunos meses hablé con una joven que vino a verme para hablarme acerca de un ciclo recurrente de pecados y de fracasos en su vida, y ella quería ayuda en esa área; y me dijo, «yo peco, me atrapan, confieso, cambio, crezco, y entonces vuelvo al mismo patrón, al mismo ciclo».

Ella estaba desalentada por esto, como lo estaría yo y como lo he estado en esas áreas de mi propia vida donde veo esos mismos patrones. Crees que lo has superado y entonces los vuelves a ver.

Le dije a ella, y les quiero decir a ustedes: «Esto será una batalla. Tú tienes años con estos malos patrones, malos pensamientos, malas respuestas, manejando las cosas de forma equivocada. Tienes años siguiendo patrones pecaminosos en tu vida, y no vas a cambiarlos de la noche a la mañana en lo que sería un cambio profundo y a largo plazo».

Además le dije, «es por eso que necesitas ser diligente en sumar a tu fe estas siete cualidades que estaremos viendo y que están en 2 Pedro».

Estos no son atajos. Y tampoco será fácil. Le dije esto desde la primera vez que nos vimos. Déjenme aclararles desde el principio, que el objetivo de ella era ser una mujer pura. Estamos hablando de una mujer en el principio de la década de sus veinte años.

Le dije, «esto no sucederá de la noche a la mañana. Será difícil. No será fácil romper esos hábitos pecaminosos. Pero es posible y es ahí donde entra la fe». Le dije, «por la gracia de Dios tú puedes cambiar. Puedes realmente enfrentar esos patrones. Tú puedes hacerlo». He aquí una mujer que ha fallado moralmente, que ha cedido ante la tentación en repetidas ocasiones.

Y le dije: «La buena noticia del evangelio es que puedes convertirte en una mujer virtuosa. Puedes ser una mujer conforme al carácter de Dios. Pero no sucederá solo por leer uno de mis libros o por escuchar Aviva Nuestros Corazones, o por asistir a un curso, a una conferencia o a un consejero. Todas estas cosas podrán ser de mucha ayuda en el proceso, pero es un proceso difícil que requiere diligencia y esfuerzo».

Es por eso que Pedro les dice a los creyentes a quienes les escribe:

Poniendo toda diligencia, por esto mismo, «añadid a vuestra fe virtud, a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor» (vv. 5-6, parafraseados).

Quiero hoy ver las primeras dos de las siete cualidades que debemos añadir a nuestra fe. Súmale a tu fe, añádele a tu fe, virtud y entonces conocimiento. Comenzando por el fundamento de la fe, añadir virtud, y entonces a la virtud añadir conocimiento.

Ahora, la palabra virtud es utilizada en diferentes formas en la Palabra y en el griego y en otras obras escritas en ese idioma. Hay tres vertientes de significado, vamos revisar cada uno de estos.

El primer significado tiene que ver con excelencia moral o bondad. Es ser agradable a Dios, y es la virtud que es un reflejo de la virtud de Dios, de Su excelencia. De hecho, leímos en un versículo anterior en este pasaje que Dios nos ha llamado por Su propia gloria y excelencia. Y es la misma palabra.

La virtud y la excelencia de Dios es a lo que Él nos ha llamado, y Él nos llama ahora a ser virtuosas y excelentes para vivir una vida que refleje Su carácter. Es de eso que habla Filipenses capítulo 4 versículo 8, donde dice:

«Las cosas que son verdaderas, puras, amables y de buen nombre –si hay alguna virtud, alguna excelencia, si hay algo digno de alabanza, piensen en esto» (parafraseado).

Son estas las cosas que son moralmente excelentes.

También hay un segundo aspecto de esta palabra. Y habla de energía moral. No solamente excelencia moral sino también energía moral, vigor espiritual. Otra traducción de esta palabra en otros lugares está relacionada con hombría, valor, coraje.

Esta es una palabra fuerte. Tiene que ver con fortaleza espiritual. Si pudiera decirlo así, es como la columna espiritual, el valor espiritual. ¿Ustedes entienden lo que les quiero decir? Es la energía, la fuerza para vivir una vida que sea agradable al Señor. Es tu fe en acción. La fe no es algo débil. Esta es la fe que se vive. Es ser vigorosa espiritualmente. Es tener energía en el ejercicio de nuestra fe.

Es lo opuesto a la pasividad espiritual. No se trata de «soltar y dejar a Dios». En este pasaje se nos dice que seamos diligentes, que cultivemos una fe que sea enérgica, que sea activa, y que esté viva.

El pastor y profesor de la Biblia, el doctor John MacArthur, comenta sobre este pasaje y dice: «Los cristianos no son nacidos de nuevo para simplemente ser como repollos esperando por la eternidad». (Me gusta esa frase. No están supuestos a ser repollos esperando por la eternidad). «Debe haber una actitud activa y dinámica en el creyente en su búsqueda por la justicia y el carácter de Dios en sus vidas».

Esta es fe con músculos. «A tu fe añade virtud». Trabájala, vívela. Así mismo con excelencia moral, con energía moral. Por otro lado hay otros escritos en el lenguaje griego en donde esta palabra se utiliza para referirse a algo que cumple su propósito o intención, que cumple el propósito para el cual fue designado.

Esto representa para mí la excelencia. Este atril frente a mí es excelente es virtuoso en el sentido de que cumple el propósito de su diseño, que en este momento es sostener mis notas. Esta silla es excelente al cumplir con el propósito para el cual fue diseñada, que es sostenerme sentada. Y ustedes son excelentes, o tienen virtud en este sentido, cuando cumplen con todo para lo cual fueron creadas como hijas de Dios.

¿Para qué fuiste diseñada? Para ser como Cristo. A mayor semejanza con Cristo, a mayor excelencia moral, a mayor energía moral, mientras más añadas a tu fe, entonces estarás llenando el propósito para el cual fuiste diseñada.

Hemos sido salvas, de acuerdo a 1 Pedro capítulo 2 versículo 9, para mostrar al mundo las excelencias, la virtud, de Dios. Dice así:

«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a la luz admirable».

Su excelencia moral—eso es Él. Él nos ha llamado, y Él ahora tiene esa vida en nosotros a través de Su Santo Espíritu. Estamos llamadas a brillar; a hacer una demostración visual, nuestras vidas, nuestro hablar, nuestro caminar, de la excelencia moral y el carácter de Dios, como un reflejo de Su belleza en nuestro mundo. Cuando hacemos eso, estamos siendo excelentes. Estamos añadiendo a nuestra fe excelencia o virtud.

Ahora déjenme hacerles algunas preguntas. Mientras desarrollamos esta serie, yo les voy a hacer algunas preguntas acerca de estas cualidades, pidiéndoles que revisen sus corazones y se pregunten, «¿es esta una virtud en mi vida? ¿Dónde estoy yo con estas cualidades?»

Cuando se trata de virtud o excelencia, ¿está tu vida caracterizada por la excelencia moral?

¿Eliges pensar, leer, entretenerte, y ver cosas que sean virtuosas o excelentes?

¿Son tus palabras, acciones y elecciones moralmente excelentes?

¿Tienes un corazón, un apetito por cosas que son excelentes, buenas y puras?

¿Tienes una fe energizante y vigorosa?

¿Está viva tu fe? ¿Está activa? ¿Está creciendo?

¿Estás cumpliendo el propósito para el cual fuiste creada?

¿Qué refleja tu vida a otros acerca del carácter y la naturaleza de Dios?

Añade a tu fe virtud, o excelencia.

Vamos ahora a ver la siguiente cualidad, conocimiento. Hemos hablado de esta palabra conocimiento antes en esta serie. Esta es realmente una variación de la misma palabra que estudiamos antes.

En este contexto, la palabra conocimiento («añade a tu fe, virtud, y a la virtud, conocimiento»), tiene que ver con la habilidad de aplicar de manera práctica la Palabra de Dios a las situaciones reales de la vida. Es la habilidad de discernir la diferencia entre lo bueno y lo malo. Es sabiduría, es entendimiento, es conocimiento práctico de Dios y de Su Palabra aplicado a nuestras vidas.

Nos habla acerca de demostrar esa fe de forma energizante, excelente y activa en las circunstancias del día a día de la vida. Y déjenme decirles que esto se obtiene de estudiar la Palabra de Dios, no solo de conocerla, sino de utilizarla como base para tomar las decisiones de la vida, utilizándola para actuar sabiamente y agradar a Dios en cada circunstancia de la vida.

Las personas que escuchan Aviva Nuestros Corazones están en diversas etapas de la vida. Situaciones diferentes. Algunas de ustedes están lidiando con problemas gigantescos en sus matrimonios. Algunas están lidiando con asuntos en su trabajo, y otras están luchando con malos hábitos. Estamos en diferentes niveles en nuestro crecimiento espiritual. Algunas de ustedes son solteras, otras están casadas. Algunas tienen niños, otras tienen el nido vacío. Enfrentan circunstancias diferentes.

¿Sabes cómo tomar la Palabra de Dios y aplicarla a la etapa de tu vida, a tus circunstancias de vida, a tu matrimonio, a ese hijo para el cual nunca se escribió un manual?

¿Sabes cómo tomar la Palabra de Dios y utilizarla para manejar esa situación?

¿Tienes la habilidad de tomar la Palabra de Dios para ministrar no solo a tus necesidades sino también a las necesidades de otros?

El apóstol Pablo les dice a los creyentes en Romanos capítulo 15 versículo 14: «Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento (es la misma palabra), de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros». Ellos no eran consejeros profesionales o terapeutas.

Pero sin embargo él les dijo, «ustedes pueden ayudarse unos a otros. Ustedes pueden instruirse unos a otros porque están llenos de toda bondad (eso es virtud y excelencia), y están llenos de conocimiento». Ese es el conocimiento de la Palabra de Dios aplicado de forma práctica a las situaciones de la vida diaria.

Entonces, déjenme hacerles estas preguntas:

¿Estás creciendo en tu conocimiento de la Palabra de Dios, en tu conocimiento de los caminos de Dios?

¿Qué estás haciendo para conocer mejor a Dios y Sus caminos?

¿Estás pasando un tiempo consistente en buscar a Dios y conocerle a través del estudio de Su Palabra, a través de la oración?

¿Eres capaz de tomar la Palabra de Dios y aplicarla a las circunstancias de tu propia vida?

¿Sabes cómo caminar sabiamente?

¿Sabes cómo tomar decisiones basadas en la autoridad y los principios de la Palabra de Dios?

¿Sabes cómo utilizar la Palabra de Dios para ministrar a otros?

Algunas de ustedes son abuelas. ¡Qué oportunidad y qué reto para ustedes en esa etapa de sus vidas el poder ministrar a sus nietos, a mujeres jóvenes —la oportunidad de discipularlas!

No hace mucho estuve con una amiga de 92 años que me dijo: «Estoy siendo mentora de una jovencita». Una mujer que probablemente está entre sus 20 o sus 30 años. ¡Me encanta! He aquí una mujer que ha caminado con Dios a través de muchas, muchas décadas y etapas de la vida, y ahora ella toma la Palabra de Dios y la aplica a esta joven mujer.

¿Sabes cómo hacer esto? Quizás tú me respondas, «no, yo no sé». Entonces sumérgete en la Palabra de Dios. Hazte este propósito este año de adentrarte en la Palabra de Dios, de pasar más tiempo en ella. Y quizás tú me digas: «¡Es que yo no tengo tiempo!» Entonces necesitas quitar otras cosas de tu agenda. Busca conocer a Dios, suplir tu fe con virtud y la virtud con conocimiento, y el conocimiento con dominio propio.

Domino propio. Algunas de las traducciones pueden decir templanza.

De acuerdo al diccionario, la templanza tiene que ver con moderación y con autocontrol. La definición de templanza también tiene que ver específicamente con restricción en el uso o abstinencia de bebidas alcohólicas.

Pero la palabra templanza o dominio propio como es usada aquí en 2 Pedro, tiene que ver con tener poder, dominio sobre uno mismo, autocontrol. «Ser capaz de autocontrolarse en», dice un escritor. Larry Richards dice: «Aquellos que no tienen dominio propio no tienen poder». Si no tienes poder sobre ti misma eres débil. «Dominada por las pasiones que te envuelven y te controlan».

Entonces el autocontrol, la templanza, tiene que ver con controlar tus pasiones y tus deseos, en vez de que ellos te controlen a ti. Si no haces de tus pasiones tus esclavas, entonces tú te convertirás en esclava de tus pasiones.

Dominio propio, templanza, tiene que ver con negarse a uno mismo, manteniendo tus emociones, tus impulsos, tu conducta bajo control.

En el lenguaje griego hay algunos sinónimos para esta palabra de autocontrol, y tienen que ver con estar «libre de influencia excesiva de pasión, deseo, o emoción (diccionario de Vine).

Algunas de estas palabras se aplican específicamente a la borrachera; aunque, pueden ser más extensamente aplicadas en otras áreas de autocontrol. Es interesante cuán a menudo, se utiliza el contraste entre la borrachera –la incapacidad de controlar la forma en que bebemos– y la gracia espiritual del dominio propio.

Una de las palabras significa «ser de mente sana, uno que voluntariamente pone límites a su propia libertad» (diccionario de Vine). Eso es ser autocontrolado, eso es tener dominio propio.

Ahora, también hay antónimos, palabras opuestas en el lenguaje griego. Estas tienen que ver con autoindulgencia –con falta de autorrestricción. Y una de las palabras, de manera interesante, suena en inglés como la palabra que significa borrachín. Es alguien que está sedado, saciado. Sabes que siempre está borracho. Esta palabra griega suena en inglés como la palabra que se refiere a pródigo –uno que gasta mucho.

Y quizás algunas de ustedes pueden estar diciendo, «oh no, mientras estabas hablando de borrachera, me sentía bien y no me sentía confrontada, pero ahora tenías que hablar de gastar. ¿Y lo pones al mismo nivel que pródigo o borracho?»

¿No es interesante cómo estos aspectos están conectados producto de la falta de autocontrol, de autorrestricción? Son autoindulgentes. Así es este borrachín, este pródigo, es una persona que gasta libremente en sus deseos y apetitos. Es perverso, derrochador en su forma de vivir.

Las otras palabras que son opuestas al autocontrol tienen que ver con placer, dando rienda suelta al placer, haciendo lo que te place. ¿Y no es esto lo que realmente quisiéramos hacer al tratarse del cuerpo? «No tengo ganas de levantarme. No tengo ganas de ejercitarme. Tengo ganas de comer».

Nuestros cuerpos o nuestras emociones anhelan ser consentidos. Anhelan ser satisfechos. Cuando cedemos ante estas pasiones, ante estos deseos excesivos; cuando no estamos controlando esos apetitos de la carne, terminamos, como he dicho, esclavizadas por estas pasiones y deseos.

Déjenme decirles, una evidencia de la necesidad en toda esta área del autocontrol es una estadística que leí recientemente. «Un estimado de 14 millones de americanos está actualmente asistiendo a programas de 12 pasos» de diferentes tipos. Ahora, ¿qué están diciendo estas personas? Están diciendo: «Mi vida está fuera de control en esta área en particular. No puedo controlar cómo bebo y lo que bebo. No puedo controlar lo que gasto. No puedo controlar lo que como».

Entonces ellos dicen, «necesito ayuda». Catorce millones de norteamericanos y probablemente muchos más que tienen problemas de autocontrol pero que todavía no han llegado al punto de decir, «necesito ayuda».

Hay un pasaje muy interesante en el libro de los Hechos en el capítulo 24, que utiliza esta expresión de autocontrol. Y en el contexto nos da una idea acerca de su significado y de su importancia. Déjenme darles el contexto.

El apóstol Pablo ha sido detenido por el gobernador de Cesarea. El gobernador de esa provincia era un hombre llamado Félix, que tenía un tercer matrimonio. La mujer con la que estaba casado al momento se llamaba Drusila. Ella no llegaba a sus 20 años. Era una joven mujer judía. Ella había estado previamente casada con un hombre que era el rey de Siria. Pero Félix se prendó de su belleza y la alejó de su primer esposo y se casó con ella. Entonces era el tercer matrimonio de Félix, y el segundo de ella.

Un día Pablo, que estaba en prisión por su fe, fue llamado a testificar ante el gobernador, Félix, quien trajo a su esposa, esta jovencita de 19 años de edad. En el versículo 24 dice: «Después de algunos días Félix vino con su esposa Drusila, quien era judía, y llamó a Pablo y lo escuchó hablar acerca de su fe en Cristo Jesús».

Pablo hablaba del evangelio, acerca de su fe. Ahora escucha lo que Pablo estaba hablando en el versículo 25: «Y mientras disertaba Pablo acerca de la justicia y del dominio propio y del juicio venidero». Y tú dices: «Pablo, tienes que predicar el evangelio a este adúltero que se ha casado con una adúltera. ¿De qué vas a predicar? ¿Justicia? ¿Dominio propio y el juicio venidero?»

¿Crees que pudieras en una situación como esta tener el coraje de elegir estos tres temas? «Mientras (Pablo) razonaba acerca del juicio, el dominio propio, y el juicio venidero, Félix se alarmó». Algunas traducciones dicen que le dio miedo. Él estaba espantado. Y le dijo: «Ahora vete». No quiero escuchar más de esto ahora. «Cuando tenga oportunidad te llamaré» (v. 25). Tal vez otro día hablaremos más de esto, pero no quiero hablar de eso ahora.

¿Por qué? Porque tenía convicción. Cuando Pablo habló acerca de justicia, autocontrol y juicio venidero, Félix supo que Pablo estaba hablando de él. Es decir, el zapato le servía muy bien. Aquí está este hombre que es un adúltero. Se casó con una mujer que se la quitó a su marido.

Él no quería enfrentar su falta de dominio propio. Él no quería afrontar su falta de justicia, y ciertamente no quería ser forzado a afrontar el juicio.

Es interesante que la falta de dominio propio es la razón principal de la inmoralidad y la falta de castidad, y pureza moral. Félix no quería reconocer que había fallado moralmente. Él no quería escuchar un evangelio que requiriera que él ejerciera la virtud y el dominio propio, a pesar de que Pablo había advertido claramente acerca del juicio venidero.

Podemos pensar que somos libres cuando no tenemos que restringir nuestros deseos carnales –libres para comer, libres para beber, libres para engancharnos en esta cultura sexualmente liberal. Pero de acuerdo a la Escritura, las personas que creen que esto es libertad realmente son esclavas.

De hecho, en 2 Pedro capítulo 2, el apóstol Pedro nos habla acerca de algunos falsos maestros que entrarían en la iglesia. Éstos no estaban fuera de la iglesia. Ellos estaban dentro de la iglesia y el versículo 18 dice que ellos «…hablando con arrogancia y vanidad, seducen mediante deseos carnales, por sensualidad, a los que hace poco escaparon de los que viven en el error».

Versículo 19: «Les prometen libertad, mientras que ellos mismos son esclavos de la corrupción, pues uno es esclavo de aquello que le ha vencido».

¿Crees que eres libre? Si eres vencida por la comida, el sexo, el sueño, tus deseos de la carne, entonces no eres libre. Eres una esclava. Es interesante que dominio propio y la próxima cualidad, paciencia, perseverancia, que estas dos caigan justo en el medio de esta progresión en 2 Pedro capítulo 1 –esta lista de 8 virtudes que comienza con la fe y que culmina con el amor. ¿Cuáles dos están en el medio? El dominio propio y la paciencia.

Déjenme leerles algo que escribí en mi diario.

Fe, virtud, conocimiento, dominio propio, perseverancia, paciencia, estas dos cualidades, aquí es donde el proceso ha tenido un cortocircuito en mi vida. Por años he trabajado para añadir virtud y conocimiento a mi fe, pero nunca he cultivado lo suficiente el dominio propio y la perseverancia. Por esto es que no he llegado a experimentar el nivel de piedad, y amor que anhelo experimentar.

Así es que Dios me ha estado hablando a mí acerca de estos asuntos de autocontrol. El apóstol Pablo dice en 1 Corintios, capítulo 9: «Yo disciplino mi cuerpo» (v. 27). Yo lo hago mi esclavo. La palabra aquí es realmente: «Yo aporreo mi cuerpo, yo lo lacero». No en el sentido de abusarlo, pero en el sentido de controlarlo. Diciendo, «cuerpo, no vas a controlar mi vida. Emociones, no van a controlar mi vida. Señor Jesús, Tú vas a controlar mi vida. Mi cuerpo será esclavo. Es un instrumento. No será el amo».

Y Pablo dice: «Si yo no hago esto, entonces corro el peligro de que luego de predicarle a otros, entonces yo mismo deba de ser descalificado de la carrera» (v. 27, parafraseado). 

Este es un pasaje de gran seriedad para mí como maestra de la Palabra de Dios porque me hace ver que si no desarrollo la disciplina, la gracia de tener dominio propio en mi vida, si no controlo mi cuerpo, mis emociones, y las cosas de las que hablaremos en la próxima sesión que necesitan estar bajo el control de Dios, entonces seré vulnerable.

Me convertiré en esclava de mi cuerpo, esclava de mis pasiones, esclava de mis deseos existiendo un gran potencial de que quede fuera de esta carrera. «Convirtiéndome en un náufrago», algunas de sus traducciones pueden decir, convirtiéndome en una inútil. Esto es un asunto muy serio para mí. Yo espero que sea un asunto muy serio para ti también.

Annamarie: Hoy Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado hablando acerca de tres cualidades que debemos añadir a nuestra fe: virtud, conocimiento y dominio propio. Ella nos ha estado ayudando a pensar si estamos viviendo según el propósito para el cual Dios nos diseñó, o si somos esclavas de los deseos de nuestra carne. 

La buena noticia que has escuchado hoy es que puedes ser transformada en una mujer virtuosa. Puedes añadir a tu fe. Y eso no sucederá por leer un libro, asistir a una conferencia o escuchar este programa. Será por medio del poder de la verdad de Dios obrando en ti.

Puedes leer las preguntas de reflexión que Nancy nos ha hecho. Encuéntralas en la transcripción de este programa, en AvivaNuestrosCorazones.com. Haz uso de este recurso para pensar acerca de lo que has escuchado. 

Al mirar tu propia vida, ¿te ha parecido fácil tener dominio propio? Bueno, en el próximo programa, Nancy nos mostrará cómo desarrollar esta importante cualidad; así que te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Añadiendo a nuestra fe juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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