Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cómo tener un corazón sin distracciones

Nancy Leigh DeMoss: Me llamó la atención algo que el pastor oraba en la iglesia a la que tuve el privilegio de asistir el domingo pasado…

Leslie Basham: Esta es Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: En su oración pastoral él dijo, “Que podamos adorarte con la atención de nuestra mente y con los  afectos de nuestro corazón”. Solo me detuve y anoté eso. Y pensé, ¡Sí! Que podamos adorarte, que podamos buscarte con la atención de nuestra mente y con los afectos de nuestro corazón”.

Leslie: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa en la serie llamada Vivifícame conforme a Tu Palabra.

Nancy: Estamos viendo el Salmo 119, el capítulo más largo de la Biblia. No iremos versículo por versículo a través del mismo, sino que solo miraremos algunos temas, algunas meditaciones sobre el Salmo 119 al comenzar este nuevo año. Queremos empezarlo en la Palabra de Dios y queremos continuar en ella todos los días durante todo el año.

Una de las cosas que me sorprende acerca de este salmo es que no es sólo un tratamiento intelectual o teológico de la Palabra de Dios, sino que vibra con intensidad y con pasión. Cuando estoy estudiando la Palabra de Dios o meditando en ella busco temas recurrentes o pensamientos o ideas y eso es algo que no puedes perderte en este salmo. Existe esta pasión intensa por Dios. Es como si cada parte de su ser está comprometida y no puedes perderte el sentido de profundo amor y anhelo y deleite que el salmista tiene por Dios y por Su Palabra. De hecho, amor y anhelo y deleite son 3 palabras recurrentes en este salmo. Él dice, “Mi corazón teme tus palabras. Me regocijo en tu palabra, como quien halla un gran botín. Aborrezco y desprecio la mentira, pero amo tu ley”. (Versículos 161-163)

Miremos algunas de las frases que describen esa pasión. Cinco veces él habla en el salmo acerca de tener un corazón íntegro —la totalidad del ser de una persona, emociones, pensamientos y voluntad. Él dijo, “Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. (v.10) Dame entendimiento para que guarde tu ley y la cumpla de todo corazón.” (v.34)

Nota el énfasis sobre el corazón. No es suficiente con solo obedecer la Palabra de Dios, él quiere hacerlo con todo el corazón. Y luego, escucha palabras como estas… él dice en el versículo 31, “Me apego a tus testimonios; SEÑOR, no me avergüences.” No hay falta de entusiasmo aquí. Me estoy aferrando a tus testimonios Señor, me apego a ellos, estoy aferrándome a ellos. Versículo 32, “Por el camino de tus mandamientos correré, porque tú ensancharás mi corazón.” O como dice otra traducción, “Me apresuro a buscar tus mandamientos.” (DHH)

No hay nada poco entusiasta en este hombre. No hay languidez en su acercamiento a la Palabra. Él no ve la Escritura como algo aburrido. Me apego a ellos, por el camino de tus mandamientos correré. Luego él habla seis veces sobre el anhelo. “Quebrantada está mi alma anhelando tus ordenanzas en todo tiempo.”  Me detengo cada vez que llego al versículo 20; Pienso, “¿Es este hombre real, de verdad?” “Quebrantada está mi alma anhelando tus ordenanzas en todo tiempo.” ¿Te imaginas a uno de tus hijos adolescentes diciéndote esto? ¡Mamá! Quebrantada está mi alma anhelando tus ordenanzas en todo tiempo”. (Risas)

Es real porque él ve en la ley de Dios y en los mandamientos de Dios una expresión del corazón de Dios y de su carácter. Él dice, “Dios —te amo, te anhelo en todo tiempo.” Versículo 40, “He aquí, anhelo tus preceptos.” Versículo 82, “Mis ojos desfallecen esperando tu palabra.” Versículo 131, “Abrí mi boca y suspiré, porque anhelaba tus mandamientos.” Aquí hay una pasión y por supuesto el anhelo es por Aquél que se revela en su Palabra.

Y luego vemos esa pasión junto al concepto de temor y reverencia. Versículo 120, “Mi carne se estremece por temor a ti, y de tus juicios tengo miedo.” Hay pasión aquí, temor, hay reverencia. Luego hay un intenso dolor y angustia cuando se da cuenta que la ley de Dios se quebranta o se ignora. Escucha estos versículos: “Profunda indignación se ha apoderado de mí por causa de los impíos que abandonan tu ley. (Versículo 53) Ríos de lágrimas vierten mis ojos, porque ellos no guardan tu ley.” (Versículo 136) Estaba pensando nuevamente sobre esto esta mañana…“Ríos de lágrimas vierten mis ojos, porque ellos no guardan tu ley”—¿Cuándo fue la última vez que lloraste cuando alguien excedió el límite de velocidad? ¿Rompió eso tu corazón?

Bueno, no nos sentimos de esa manera acerca de las leyes humanas y el problema es que la mayoría de nosotras no nos sentimos así sobre las leyes de Dios tampoco. Pero el salmista no solo ama la ley, sino a Aquél al cual la ley le pertenece y a cuyo carácter refleja. Así que él dice, “Mi celo me ha consumido, porque mis adversarios han olvidado tus palabras.” (v.139) Pasión, pasión, intensidad.

Y aquí hay otra pasión que surge…el odio por todo lo que es contrario a la ley de Dios. Ahora, odio es una palabra que no queremos usar a la ligera o con facilidad pero el salmista la usa varias veces en el salmo. “De tus preceptos recibo entendimiento, por tanto aborrezco todo camino de mentira.” (v.104) La palabra aborrezco aquí significa odiar violentamente. Es un odio intenso. Esto no es algo sobre lo cual él se siente indiferente. Él se siente muy firme acerca de esto. “Por tanto, estimo rectos todos tus preceptos acerca de todas las cosas, y aborrezco todo camino de mentira.” (v.128) Versículo 163: “Aborrezco y desprecio la mentira, pero amo tu ley.” Este es un hombre que se siente muy firme sobre la Palabra de Dios y que odia todo lo que es contrario a ella.

Por otro lado, él tiene este feroz y ardiente amor por Dios y por Su Palabra. Escucha estos versículos: Versículo 47: “Y me deleitaré en tus mandamientos, los cuales amo.”  Versículo 97: “¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.” Versículo 167: “Mi alma guarda tus testimonios, y en gran manera los amo.” Yo amo Tu Palabra.

Así que en este salmo vemos la belleza y la hermosura de la ley de Dios. El escritor la ama; él se deleita en ella, él se aferra a ella y es un recordatorio de que los israelitas no vieron la ley de Dios como restrictiva. Ellos la vieron como liberadora. Ahora, algunos de ustedes han empezado un nuevo viaje a través de la lectura de la Biblia este año. Te gustaría hacer eso en enero y estás en Génesis ahora mismo pero vas a llegar a Éxodo y a Levítico en poco tiempo, y vas a enredarte,  y vas a pensar, “¿Cómo ellos toleraban leer todas estas cosas?” Eso era todo lo que ellos tenían para leer… y cuando el salmo fue escrito, bueno, ese fue uno de los primeros 5 libros de la Biblia. ¡Que difícil es esto! Pero ¿sabes qué? Los judíos amaron la ley de Dios. Ellos la consideraron liberadora. Ellos vieron que esta era la manera para experimentar la bendición de Dios.

Ahora, ellos tenían que darse cuenta de que ellos no podían guardar la ley de Dios; que ellos estaban desesperadamente necesitados de un Salvador. Solo Cristo cumplió siempre, perfectamente, la ley de Dios pero ellos vieron que la ley fue una buena dádiva y misericordia del corazón de un Dios amoroso, a pesar del hecho de que no puede salvar debido a nuestra incapacidad para guardarla.

Experimenta la belleza de la ley de Dios y  la depravación de nuestros corazones y nuestra inclinación a alejarnos de la ley de Dios. Ahí es cuando tu corazón es quebrantado y dices, como Pablo dijo en Romanos capítulo 7, “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?” Y luego viene el Evangelio. Las Buenas Nuevas de que Cristo cumplió la ley de Dios y puede cumplirla en nosotros.

Bueno, me estoy adelantando a la próxima sesión pero quiero que veas la pasión que tenía el salmista; el amor por la ley de Dios. Ahora, cuando se habla de odiar el pecado y de amar las leyes de Dios y de amar Su santidad, al leer este salmo se nos recuerda esto, y quizás te encuentres, como yo, diciendo, “Yo no tengo ese tipo de pasión,” y te das cuenta de que nos hemos convertido en aburridas.

Nos hemos vuelto insensibles. La mayoría de nosotras no odiamos el pecado ni amamos la rectitud, de la forma en que el salmista lo hizo— de  la misma forma que Jesús lo hizo. En Hebreos capítulo 1 dice: “Has amado la justicia y aborrecido la iniquidad; por lo cual Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros.” Así que el mundo nos dice “si disfrutas el mal y te alejas de la santidad entonces serás feliz”. Pero no es así. La mayor alegría llega a aquellos que aman la justicia y que odian el mal. Pero, muchas veces no tenemos ese tipo de pasión.

Aquí hay más de esa pasión. Él habla sobre deleitarse a lo largo de todo este salmo — 10 veces. “Deleitarse” o algunas traducciones dicen regocijarse en la ley de Dios, “Me he gozado en el camino de tus testimonios, más que en todas las riquezas.” (v.14) “Me deleitaré en tus estatutos, y no olvidaré tu palabra.” (v.16) “Tus testimonios son mi deleite.” (v.24) “Hazme andar por la senda de tus mandamientos, porque en ella me deleito.” (v.35) O como dice una traducción “En ella está mi felicidad.” (DHH). Esa palabra significa tener su corazón fijado en algo. Es el deleite, el anhelo de su corazón y el salmista dice, “Eso es lo que siento acerca de tus mandamientos oh Dios”.

Piensa acerca de las cosas que deleitan tu alma y pregúntate, “Los deleites del mundo, ¿están ahogando mi deleite en la Palabra de Dios? O ¿está mi amor y mi deleite por la Palabra de Dios ahogando todos los demás placeres terrenales?” Este tipo de deleite en la ley de Dios es un reflejo del corazón de Cristo. Leemos este salmo mesiánico, el Salmo 40, hablando de Cristo donde dice: “Entonces dije: He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío; tu ley está dentro de mi corazón.”

Jesús se deleitaba en hacer la voluntad de Su padre y cuando Su Espíritu vive en nosotras, nos deleitaremos en hacer la voluntad de nuestro Padre. Así que vemos en el corazón del salmista, vemos el corazón de Cristo, no una actitud compulsiva sobre obedecer a Dios sino una actitud de deleite, deleite en la Palabra de Dios; un deleite para hacer Su voluntad.

Ahora, al hablar sobre las diferentes palabras que describen la pasión que el salmista tenía, su intenso amor y su deleite por la Palabra de Dios, el odio hacia todo lo que es contrario a la Palabra de Dios, su anhelo, su dolor y su angustia cuando la ley de Dios es quebrantada o ignorada…Encuentro que quiero hacerme un chequeo del corazón  y dejar que el Señor busque en mi corazón mi actitud hacia la Palabra de Dios. ¿Cómo es tu actitud hacia la Palabra comparada con la del salmista? ¿La tratas a la ligera? ¿Casualmente? ¿O tiemblas ante la Palabra de Dios y le das el peso que se merece?

Realmente me entristece y a veces me enferma ver cuán fácilmente en nuestra cultura y en nuestras iglesias y a veces en mi propio corazón, tenemos esta visión casual hacia las Escrituras. El salmista tenía una actitud de reverencia por la Palabra de Dios. Temblando ante la Palabra de Dios, dándole peso. ¿Tienes un hambre intensa por la Palabra de Dios como el salmista o tienes muy poco apetito por conocer más de la Palabra de Dios?

¿Cuándo la lees, la lees superficialmente, una lectura rápida que haces por encima o acaso meditas y fijas los ojos en ella? Cuando lees la Palabra de Dios o la escuchas siendo leída, ¿te distraes? ¿Divaga tu mente o te concentras en la Palabra? ¿Te aburres cuando escuchas la Palabra de Dios o cuando la lees? ¿O amas leer la Palabra y escuchar su lectura?

De manera que, en lo personal, yo misma he reflexionado al meditar en el Salmo 119, y me he preguntado, “¿Cómo perdemos ese deleite? ¿Cómo nos insensibilizamos a las bellezas de la Palabra de Dios? ¿Y cómo podemos cultivar un mayor deleite?”

Y ahora quiero pasar los últimos minutos reflexionando acerca de esas preguntas contigo así como las he reflexionado conmigo misma. Y permíteme sugerir que no tendremos ese tipo de deleite por la Palabra de Dios que leemos en el Salmo 119 si pasamos cada minuto libre de nuestras vidas en otras cosas que no sean la Palabra de Dios. He aquí algunas de las cosas que encuentro son ejemplos de lo que eclipsa el deleite por la Palabra de Dios en muchas de nuestras vidas: Facebook, Twitter, la televisión, la radio, las películas, el iPod, los juegos de computadora, los juegos de vídeo, los amigos, la tecnología, los medios de comunicación social, las personas… ¿estamos usando estas cosas reflexivamente o sin pensar? Me he dado cuenta que mi iPhone es un arma de doble filo, por ejemplo.

Sí me ayuda a hacer muchas cosas más rápidamente, y más convenientemente que lo que podría hacerlo si no lo tuviera. Es increíble lo mucho que puedes ver y hacer, aun en el medio de la nada, y obtener respuestas… Así que obtienes muchos beneficios si lo usas correctamente. Pero he encontrado que a veces se convierten en una herramienta para distraerme de mi amor por Cristo y de Su Palabra.

Ahora bien, no es la cosa en sí que es pecado o que sea malo, sino la manera en que usamos algunas de estas cosas y si la estamos usando instintivamente y sin pensar. Si entras a tu carro, prendes la radio, entras a tu casa y prendes la televisión; vas a tu ordenador y revisas tus correos a cada momento, en cada oportunidad que tengas. Algunas personas lo hacen todo el día y noche y yo he sido una de ‘esas personas’ algunas veces…

Si nos estamos acercando a las cosas del mundo por instinto, irreflexivamente, nuestro corazón va a perder el apetito por la Palabra de Dios. No vamos a cultivar ese deleite. Y en este salmo quiero que veas los versículos 36 y 37. Yo veo dos cosas que nos impiden y a menudo me impiden a mí tener un deleite cada vez mayor por Dios y su Palabra. La primera la veo en el versículo 36. Y es un corazón dividido y la segunda en el versículo 37 y es un corazón distraído…veamos estas dos cosas.

El versículo 36 del Salmo 119 dice: “Inclina mi corazón a tus testimonios y no a la ganancia deshonesta.” El salmista ora acerca de tener un corazón dividido.  Él quiere que su corazón se vuelva hacia los testimonios de Dios y no a las ganancias deshonestas. La versión de la Reina Valera del 60 dice avaricia. ¡Son simples cosas!... cosas que roban nuestro afecto por Dios, afectos equivocados, prioridades equivocadas. Me recuerda a Lucas capítulo 8 donde Jesús dice “…las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida pueden ahogar la Palabra de Dios como las espinas pueden ahogar la Palabra de Dios en nuestras vidas y nos volvemos sin fruto.”

Y no siempre son cosas malas, son solo cosas en las cuales nos estamos enfocando más que en Dios. Tengo un ejemplo de este domingo anterior. Me estaba preparando para ir a la iglesia… estaba jugando con mi cabello y mi ropa y ambos me estaban tomando demasiado tiempo. No pude conseguir que mi pelo quedara en la forma que quería que se viera, no podía descifrar lo que quería vestir que me hiciera sentir bien y simplemente pase demasiado tiempo en ambas cosas…diciendo “¿A quién estoy tratando de complacer?” Y me di cuenta de que estaba tarde para la iglesia, con un corazón no preparado…Es decir, solo fue un momento en el tiempo. Ok, no nada es devastador… No es que caí en un gran pecado pero me di cuenta, porque estaba reflexionando en este pasaje, que estaba persiguiendo la ganancia egoísta en lugar de inclinar mi corazón hacia los testimonios de Dios en ese momento.

Ahora si haces esto con mucha frecuencia vas a encontrar un corazón que se inclina hacia lo que es temporal y no hacia lo que es eterno. Un corazón dividido… mi corazón estaba dividido. Me preocupaba más sobre cómo lucía que lo que me preocupaba  la condición de mi corazón y mi afecto por Cristo. Un corazón dividido.

En el versículo 37, tenemos un corazón distraído. “Aparta mis ojos de mirar la vanidad, y vivifícame en tus caminos.” Aparta mis ojos de mirar la vanidad… He sido llevada de vuelta a esta frase una y otra y otra vez en las últimas semanas y aún lo necesito. Cosas vanas. Esa palabra en la versión Reina Valera del 60 se traduce como vanidad, vacío. He aquí una definición que leí de esa palabra: “Cualquier cosa que decepciona la esperanza que descansa sobre ella.” Algo que no tiene sustancia, irreal o sin valor material o moral. Todo lo que es temporal en comparación con lo eterno y el mundo tiene estos placeres corrientes y temporales que empuja hacia nosotros todo el tiempo pero la Palabra de Dios tiene placeres eternos que quiere que disfrutemos por toda la eternidad. Así que, el salmista dice, “¿Estoy siendo distraído por las cosas sin valor? Entonces oro a Dios para que aparte mis ojos de mirar las cosas sin valor y me de vida en sus caminos.”

De nuevo, voy a ilustrar esto en mi propia vida. No comparto esto como un ejemplo a seguir. Lo comparto como una advertencia para ti y para mí. En un fin de semana reciente, otra vez mientras estudiaba el Salmo 119, tenía mi ordenador portátil, y estaba rodeada de libros mientras estudiaba el Salmo 119… al mismo tiempo, estaba viendo un debate político en mi computador. Estaba viendo un juego fútbol en mi iPhone. Estaba enviando un correo a mi hermana —todo mientras estaba tratando de estudiar el Salmo 119. Ahora, ¿llamarías a eso un corazón distraído? – Risas – Es posible que lo llames de otra forma…¡enfermo, por ejemplo! ¿Y qué tal el hacer múltiples tareas? ¿Soy yo la única que alguna vez ha hecho eso?

Esto es lo que sucede. Está bien estar viendo el juego de fútbol, estar viendo el debate político… cualquier cosa; lo que estoy diciendo es que si eso se convierte en un patrón en nuestras vidas, lo que encuentras cuando vas a la Palabra de Dios es que tu mente va a estar yendo en un millón de direcciones diferentes. Estarás distraída, dispersa, experimentarás el trastorno de déficit de atención de los niños—quiero decir, esto es en lo que muchas de nosotras nos hemos convertido con esta era de alta tecnología donde todo es instantáneo y tenemos acceso a todo y yo pienso, “¿Qué se necesita para obtener un corazón sin distracciones? ¿Para tener un corazón no dividido, un corazón deleitado en Dios?”

Alguien oró lo siguiente en una reunión de oración a la que asistí recientemente. “Las distracciones pudieran ser tan eficaces como el pecado en mantenernos alejadas de Dios”. Yo digo, “Sí, eso es cierto, ¿verdad?” Por lo tanto, tenemos que preguntarnos sobre esas “cosas vanas que nos distraen de Cristo”, ¿qué costo implicarán de aquí a un año? ¿Qué valor tendrá en la eternidad esta cosa que se está llevando gran parte de mi atención? Luego, el salmista no solo ora, “Aparta mis ojos de mirar la vanidad, (sino) y vivifícame en tus caminos”. (v.37) Ves, la razón por la cual ponemos nuestra mirada en todas esas cosas vanas, no necesariamente cosas pecaminosas sino simplemente sin valor, vacías, vanas cosas sin sustancia… La razón por la cual vemos esas cosas es porque pensamos que nos darán vida. Pensamos que nos harán felices. Por eso es que las perseguimos, ¡pero no es así! Esas cosas en realidad pueden impedirnos experimentar la vida real en Cristo.

Creo que en muchas de nuestras vidas Satanás realmente no tiene que tratar de llevarnos a negar a Cristo. No creo que eso sea lo que él está tratando de que la mayoría de nosotras hagamos. Yo creo que él puede lograr sus objetivos simplemente causando que tengamos un corazón fragmentado, lealtades y afectos divididos. Él nos lleva a estar tan ocupadas, tan distraídas, tan enamoradas de las cosas, con el entretenimiento, etc. que simplemente no tenemos el tiempo, el interés o el corazón para firme y seriamente buscar a Cristo.

Y entonces la Palabra se vuelve aburrida para nosotros ¿cómo puede la Palabra competir con los juegos de vídeo? ¿O con los juegos de computadora o las películas o la música?... “es aburrido”. ¡Bueno, no es aburrido! El problema es que al igual que tus hijos que se llenan de dulces 10 minutos antes de la cena…nosotros nos llenamos con los deleites del mundo y estos estropean nuestro apetito por la carne de la Palabra de Dios. Están estrangulando nuestro corazón por Dios. El diablo sabe que si nosotras encontramos deleite en actividades triviales, en los placeres insignificantes del mundo, nunca vamos a probar de los deleites y los placeres que se encuentran en Cristo. Y por supuesto, nuestras vidas no inspirarán a otros a buscar a Cristo.

Así que, cuando leas la Biblia este año y espero que estés tomando el reto de la lectura bíblica diaria con que hemos desafiado a nuestras oyentes – a cada oyente. Las hemos llamado a hacer un compromiso a leer la Palabra de Dios cada día durante el año 2014. No puedo rogarte lo suficiente para que hagas eso. Pero a medida que lo vayas haciendo, pídele a Él que te dé un corazón devoto, un corazón gozoso. Ora por un afecto renovado por Cristo, por deleite en Él y en Su Palabra.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando cómo acercarse a la Palabra de Dios con un corazón sin distracciones. Este mensaje es parte de la serie Vivifícame conforme a Tu Palabra basado en el Salmo 119.

De nuevo te invitamos a visitar AvivaNuestrosCorazones.com donde encontrarás recursos que te ayudarán en este reto que Nancy te ha hecho.

¿Alguna vez has sentido que vas por la vida como por inercia? La Palabra de Dios te dará el entendimiento que necesitas para vivir tu vida con propósito. Explicaremos más sobre esto en el siguiente programa. Espero que estén de vuelta con nosotros en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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