Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Contentamiento o amargura

Annamarie Sauter: Con nosotras Nancy DeMoss Wolgemuth.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Escucha, si has recibido la gracia de Dios por tus grandes culpas, Su abundante gracia, entonces no podrás evitar ser una persona agradecida y expresar esa gratitud no solo cuando estés sola sino también cuando estés en público.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Muchas personas atraviesan situaciones realmente difíciles. ¿Tenemos el derecho en esos momentos a la ingratitud? Hoy Nancy nos ayuda a pensar en esto, en la continuación de la serie, Una actitud de gratitud.

Nancy: Todas nosotras hemos sido bendecidas por algunos de los himnos escritos por Fanny Crosby. Esta mujer escribió más de 8,000 canciones en su vida. Estamos muy familiarizadas con algunas de ellas como: A Dios sea la gloria, Bendita seguridad, Redimidos: Cómo amo proclamarlo, Donde Él me guíe, y un sinnúmero más que han sido de tanta bendición al pueblo de Dios a través de los años.

Lo que tal vez no sepas es que Fanny Crosby era una mujer que para los estándares de hoy en día podría haber sido una persona muy desafortunada, miserable y atormentada. Pudo haber sido una mujer infeliz, miserable, problemática. De hecho, si ella hubiera vivido en la cultura de hoy en día, habría podido ser exactamente así.

Su padre murió cuando ella aún era muy joven, y fue criada por su madre y por su abuela. Cuando tenía solamente seis semanas de nacida y como resultado de una negligencia médica, ella quedó ciega de por vida. Esas circunstancias trágicas y traumáticas de su infancia pudieron haberle dado a la mayoría de las personas más que razones suficientes para tener una vida de autocompasión, de lástima, amargura y desórdenes psicológicos.

Sin embargo, en su autobiografía Fanny Crosby escribió estas palabras, ella dijo: «Parecía la intención de que por la bendita Providencia de Dios yo debí haber sido ciega toda mi vida, y le agradezco a Él por la dispensación».

Ves, Fanny Crosby era una mujer agradecida. Ella sabía lo que era tener la actitud de gratitud. El doctor que destruyó su vista nunca se perdonó a sí mismo y se mudó del área. Pero no hubo lugar en el corazón de Fanny para el resentimiento hacía ese hombre.

Ella dijo: «Si pudiera conocerlo en este momento, le diría: ¡Gracias! ¡Gracias!, una y otra vez por haberme hecho ciega».

Ves, la ceguera, que la mayoría hubiese considerado un accidente o una tragedia o una maldición, ella la consideró una de sus grandes bendiciones. De hecho, ella aceptó su ceguera como un don de Dios.

Ella dijo: «No habría escrito miles de himnos si hubiera sido obstaculizada por las distracciones de ver todas las cosas interesantes y los objetos hermosos que se hubieran presentado para que los notara». Siempre buscaba una razón para estar agradecida.

El primer poema de Fanny fue escrito cuando ella tenía solamente ocho años. Y muestra su perspectiva, la actitud de agradecimiento que tuvo desde ese momento hasta su muerte a la edad de 95 años.

Escribió siendo una niña de ocho años lo siguiente:

«Oh, qué niña tan feliz soy, ¡a pesar de que no puedo ver! Estoy resuelta a que en este mundo estaré contenta. Cuántas bendiciones disfruto ¡que otras personas no! Así que llorar o suspirar porque estoy ciega yo no puedo, ni lo haré».

Esa puede ser una estrofa un poco extraña, «yo no puedo, ni lo haré», pero es una gran teología. Una mujer con un corazón agradecido, y qué bendición ha sido su vida. La llenura, la fragancia, la belleza de su vida –aun décadas después– está viva entre nosotras. La llenura de un corazón agradecido.

Hemos estado viendo las características de un corazón agradecido y las características de un corazón ingrato, malagradecido. Y hoy quiero que veamos que la gente con un corazón agradecido está fácilmente contenta, mientras que las personas desagradecidas o malagradecidas se convierten en prisioneras de la amargura y del descontento.

Por muchos años he estado hablando de las personas que son crónicamente infelices, crónicamente deprimidas, crónicamente frustradas y emocionalmente inestables. Hay muchas mujeres así incluso en nuestras iglesias hoy en día –siempre miserables, siempre con algún desorden mayor.

Me he convencido por muchas y muchas conversaciones con personas miserables, que muchas veces estos desórdenes brotan de un corazón malagradecido, de la incapacidad de ser agradecidas.

No estoy diciendo que los problemas no sean reales. Solo estoy diciendo que cuando vas hacia la raíz, seguido encuentras una raíz de ingratitud. Puedes ver circunstancias externas que proveen alguna clase de explicación, pero la raíz no son esas circunstancias.

Fanny Crosby pudo haber sido una mujer miserable, pero ella no lo fue. Ella fue fructífera, estaba plena, fue bendecida. Ella era libre a pesar de que sus circunstancias pudieron haberla dejado miserable, pudieron haberla dejado con toda clase de desórdenes psicológicos.

Pero porque ella fue una persona agradecida, fue una persona contenta y estable.

Una persona malagradecida se aferra a sus derechos, y como resultado se coloca en una posición de dolor y de decepción cuando Dios u otros fallan en alcanzar o llenar sus expectativas. Cuando Dios no hace lo que debería, desde su punto de vista, o cuando otros no alcanzan lo esperado, cuando sus padres o su pareja no hacen lo que ellos piensan que tienen que hacer; entonces estas personas se ponen en una situación de decepción porque están aferrándose a sus derechos.

Pero las personas agradecidas le han entregado todos sus derechos a Dios. Así que ellas ven toda la vida a través de unos ojos agradecidos. Un corazón agradecido realmente te da un par de lentes diferentes con los que ves el mundo.

La persona agradecida no tiene lugar en su corazón para emociones egoístas ni emociones destructivas –emociones como la amargura, el resentimiento y la ira. Así que las personas con corazones agradecidos fácilmente se contentan, mientras que las personas malagradecidas son prisioneras de la amargura y el descontento.

Aquí tenemos otra característica de un corazón agradecido. Un corazón agradecido será revelado y expresado a través de palabras de agradecimiento. Nuestro corazón se muestra en las palabras que hablamos. Jesús dijo: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Lucas 6:45).

Así que una persona que tiene un corazón agradecido hablará palabras de agradecimiento; mientras que una persona que tiene un corazón malagradecido ¿qué clase de palabras hablará?

  • Palabras de queja
  • Palabras de murmuración
  • Palabras ofensivas
  • Lloriqueos

Ves, un espíritu agradecido capacita a las personas para ver las circunstancias más dolorosas de la vida con acción de gracias, para responder a los problemas, al dolor y al sufrimiento con gratitud.

Alguien dijo: «Algunas personas se quejan porque Dios pone espinas sobre las rosas, mientras que otras personas lo alaban por poner rosas entre las espinas». La gente agradecida expresa su agradecimiento con palabras de gratitud.

Algunas de ustedes están familiarizadas con David Brainerd. Él fue un misionero a los indios americanos, de hecho murió a la edad de 29 años. Él realmente derramó su vida en el servicio como misionero.

Encontramos en él a un hombre que fue caracterizado por un espíritu agradecido, y ese espíritu le permitió contar sus bendiciones aún cuando estuvo en medio de increíbles dificultades. Él vivió en circunstancias muy sencillas, primitivas, llevando el evangelio a lugares remotos.

En una ocasión, mientras él visitaba a unos amigos, de repente le dio un dolor de muelas y escalofríos. Durante la noche le atacó una fiebre muy alta y tuvo mucho dolor en todo su cuerpo.

Pero de cualquier forma, él agradeció a Dios que esta situación le tomó mientras estaba con amigos y no mientras estaba solo en esos lugares remotos.

Luego, hubo otra ocasión en la que él se enfermó en su choza y tuvo dolores severos. Y en esta ocasión él escribió en su diario: «Bendito sea el Señor. No estoy al aire libre. Tengo una casa y numerosas comodidades que me ayudan».

Él no tenía numerosas comodidades desde el punto de vista de hoy en día, pero como él tenía un corazón agradecido, verbalizaba esa gratitud incluso en medio de esas circunstancias cuando estaba enfermo en esta pequeña choza en la que vivía.

Luego hubo otra ocasión en la que él enfrentó largas semanas de soledad y escribió: «Forjándome a través de pantanos en terrenos rocosos en noches oscuras y separado de toda compañía humana».

En ese momento él no estaba con amigos. En ese momento estaba solo, y esto es lo que escribió en esta ocasión: «Cuántas razones para estar agradecido tengo por este retiro». Luego siguió explicando que el contacto con la gente le había dado el privilegio de la amistad y el compañerismo, pero que cuando estaba solo, eso lo llevaba a experimentar una comunión más íntima con el Señor.

  • Cuando él estuvo acompañado, estuvo agradecido por las personas.
  • Cuando él estuvo solo, estuvo agradecido porque no tenía gente y eso lo llevaba hacia una intimidad mayor con el Señor.
  • Cuando podía quedarse en casa, estaba agradecido por ello.
  • Cuando estaba en una pequeña choza en aquellos lugares remotos, estaba agradecido de que tenía numerosas comodidades.

Las personas agradecidas expresan su corazón en palabras de agradecimiento.

Aquí hay una característica más. Las personas agradecidas son como manantiales refrescantes, dadoras de vida para otros. Su gratitud se derrama hacia otros. La gratitud es contagiosa, y por cierto, también lo es la ingratitud.

La gente desagradecida halará a aquellos a su alrededor hacia el lodo y el fango de su propia arena movediza de ingratitud. Ambas cosas son contagiosas.

Todas hemos conocido personas con quienes no es divertido estar cerca porque son personas negativas. Siempre hay algo malo. Ellas siempre tienen ese desánimo en la boca para la forma de enfrentar y de ver la vida.

Y les preguntas: «¿Cómo has estado?» Y la primera cosa que sale de sus bocas va a ser negativa.

Puedo decirte que naturalmente tiendo a una manera negativa de pensar y de responder. Una de las cosas que estoy tratando de hacer, que quiero hacer un hábito, es que cuando las personas me pregunten: «¿Cómo estás?» Si hay alguna necesidad, alguna carga o preocupación, quiero sentir la libertad de poder compartirla, pero primero tratar de decir algo sobre cuán bueno es Dios y cuán bendecida soy. Quiero decir palabras de agradecimiento antes de compartir una carga, antes de compartir una preocupación.

Porque te digo, podemos convertirnos en alguien miserable para los que están cerca. Esa actitud negativa es tan contagiosa. Sabemos cómo es tener nuestra propia actitud afectada negativamente por personas que son negativas.

La ingratitud envenena y contamina la atmósfera en nuestros hogares, en nuestros corazones y en otras relaciones. Y déjame preguntarte, por cierto, ¿cómo está la atmósfera en tu hogar? ¿Es posible que entre las cuatro paredes de tu propio hogar haya un espíritu contaminante de ingratitud, un espíritu negativo?

Escuchen mamás, es tan importante que ustedes tengan un espíritu agradecido con su esposo y con sus hijos, que no sean lloronas y quejumbrosas, porque sus hijos crecerán no queriendo estar en casa si la atmósfera en el hogar es un espíritu de quejas. Es contagioso. Contamina.

Pero también te digo que la gratitud es igualmente contagiosa. En las siguientes sesiones queremos hablar sobre cómo luce en la práctica el agradecimiento, el trabajo práctico de un corazón agradecido. ¿Cómo se expresa a sí mismo?

Déjame hacerte varias sugerencias aquí sobre cómo debemos dar gracias. Y voy a ir hacía las Escrituras para encontrar esta enseñanza sobre cómo damos gracias.

Primero, se nos dice en las Escrituras que debemos dar gracias audiblemente, en voz alta, fuerte. No solo teniendo pensamientos agradecidos -–ahí es donde se comienza– sino expresando esos pensamientos agradecidos en palabras.

Anteriormente definimos la gratitud como el aprender a reconocer y a expresar aprecio por los beneficios que hemos recibido de Dios y de otros. Un corazón agradecido reconoce esos beneficios y luego expresa gratitud por esos beneficios a Dios y a otros. Hemos recibido beneficios de otros. Y también hemos recibido beneficios de Dios. Si vamos a dar gracias necesitamos dar gracias a Dios y gracias a los otros.

Necesitamos hablar. Hebreos capítulo 13 versículo 15 dice: «Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre». Me doy cuenta de que hay tantas cosas por las cuales estoy agradecida en mi corazón si me detengo y pienso en ello, pero no me detengo a pensar en ello. A veces cuando pienso en ello, simplemente lo digo.

Dilo. Háblalo. Di: «Dios ha sido bueno».

Mientras manejábamos sobre el puente, cruzando el río esta mañana de camino para esta sesión de grabación, veía sobre ese río y el sol justamente estaba saliendo sobre el río y estaba reflejándose en el agua. Y simplemente dije en voz alta: «Gracias Dios por este precioso paisaje. Nos refresca. Es uno de los lugares más hermosos en esta zona».

Mi corazón se sentía agradecido, y es importante decir verbalmente, «gracias Señor», expresarlo en voz alta, ofreciendo el fruto de labios dando gracias a Su nombre.

Y entonces la Escritura también nos dice que agradezcamos al Señor con música, el Salmo 28 dice: «…le daré gracias con mi cántico» (v. 7). Cántale al Señor. El Salmo 147 canta al Señor con acción de gracias. Este salmo es un mandamiento.

Y quizás puedes estar pensando, «pero es que yo no soy buena cantante». Bueno yo tampoco canto bien. De hecho, me encanta cantar, pero no me dejarían cantar en estas grabaciones. Sigo amenazándolos con que uno de estos días simplemente voy a soltarme a cantar, pero no quieren que haga esto en las grabaciones de radio.

Pero me encanta cantar. Pero lo mejor es cuando lo hago y nadie está cerca. Pero mientras sea en la iglesia con otros del pueblo de Dios o con un grupo como este o simplemente solita mientras me arrodillaba ante el Señor esta mañana antes de venir a la sesión habiendo tenido una noche corta, estando cansada e insegura de cómo todo esto iba a compaginar; simplemente me detuve y de rodillas empecé a cantarle al Señor con agradecimiento, cantándole alabanzas al Señor.

Porque hay algo en cantarle al Señor, cantarle nuestra gratitud a Él, algo que levanta nuestros espíritus, nos energiza y nos recuerda lo mucho que tenemos para estar agradecidas. Hay muchas ocasiones en las Escrituras en las que la música es parte de dar gracias.

Pienso en la historia de Nehemías cuando el muro de Jerusalén había sido reconstruido y el pueblo se reunió para dedicar la muralla. La Escritura dice que: «En la dedicación de la muralla de Jerusalén buscaron a los levitas de todos sus lugares para traerlos a Jerusalén, a fin de celebrar la dedicación con alegría, con himnos de acción de gracias y con cánticos, acompañados de címbalos, arpas y liras» (Nehemías 12:27).

Cantando al Señor usando instrumentos musicales para entonar himnos, acción de gracias y alabanzas al Señor.

Yo estudié piano en la universidad. Pero no toco de oído, así que no he tocado mucho desde mis años en la universidad. No toco mucho. Pero algunas veces me siento en el piano y empiezo a tocar y a cantar con el himnario abierto enfrente de mí, cantando coros e himnos, canciones y salmos de alabanza al Señor.

Algunas veces me encanta hacerlo con un piano, y algunas veces es simplemente genial hacerlo a capela. Algunas veces incluso leo un pasaje de la Escritura que es un salmo de alabanza y empiezo a cantar al Señor sin usar una melodía que alguien más haya escrito sino que solamente creo mi propia melodía cantándole al Señor.

Me hubiese encantado enseñarte cómo, pero de cualquier forma cortarían esa parte de la grabación. Pero tomo un pasaje de la Escritura que es justamente un salmo de acción de gracias y simplemente empiezo a cantarle al Señor. Con mi canto le agradezco. Así que ¡canten!

Hoy en día ves en las iglesias y ves tanta gente que no está cantando durante el tiempo que es para eso. Quiero decir, es un tiempo para cantar, coros, himnos de alabanza, pero la gente no mueve la boca. Y te voy a decir esto: Tú no puedes cantar sin mover la boca; simplemente no puedes hacerlo.

Necesitamos cantarle al Señor. Tú vuelves y me dices, «pero es que yo no soy gran cantante». Bueno, yo tampoco. Pero canto de cualquier forma. Así que ¡habla y canta!

Y luego también damos gracias con la oración. En Colosenses capítulo 1, el apóstol Pablo dice: «Damos gracias a Dios…orando siempre por vosotros» (v. 3). Agradeciendo a Dios en nuestras oraciones.

Pablo continúa diciendo en Colosenses capítulo 4: «Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias» (v. 2). Orando con acción de gracias, así que estoy expresando mi gratitud a Dios a través de las oraciones.

Mientras he estado preparando esta serie he pensado en lo poco que realmente le digo, «gracias» a Dios. Pienso que tengo un corazón agradecido. Me siento una mujer muy bendecida. Pero esto no quiere decir que todo en mi vida haya salido bien, o haya sido fácil, pero trato de enfocarme en las bendiciones de Dios, y trato de pensar mucho en ellas.

Pero a menudo me quedo corta de expresárselo a Él. Así que necesito aprender a decir gracias en mis oraciones. ¿Qué tan seguido clamamos al Señor, le pedimos cosas y luego olvidamos regresar cuando Él ha respondido para darle gracias, o inclusive decir gracias antes de recibir la respuesta? Así que también damos gracias a Dios en oración.

Hay otros dos aspectos más en las Escrituras de cómo damos gracias a Dios, y quiero llamar tu atención hacia ellos en estos últimos momentos. Hay un aspecto privado en el dar gracias, y hay uno público. Vamos a ver primero el privado, la adoración en privado.

Considero que uno de los grandes ejemplos en las Escrituras es Daniel en el Antiguo Testamento. Él fue un hombre con un corazón agradecido. Él expresaba su corazón agradecido con palabras y en oraciones de gratitud.

El capítulo 2 de Daniel nos narra la ocasión en la que el rey Nabucodonosor tuvo un sueño y ordenó que Daniel se lo interpretara. Daniel fue delante del Señor y le pidió que lo ayudara a entender el sueño del rey.

Y el Señor le dio sabiduría. El Señor le dijo lo que significaba el sueño. La Escritura nos lo cuenta en Daniel capítulo 2 en el versículo 19:

«Entonces el misterio fue revelado a Daniel en una visión de noche. Daniel entonces bendijo al Dios del cielo. Daniel habló, y dijo: “Sea el nombre de Dios bendito por los siglos de los siglos…Él es quien revela lo profundo y lo escondido…A ti, Dios de mis padres, doy yo gracias y alabo, porque me has dado sabiduría y poder, y ahora me has revelado lo que te habíamos pedido, pues el asunto del rey nos has dado a conocer”» (vv.19-23). Lo que Daniel estaba diciendo es: «Dios, te pedimos que Tú nos mostraras lo que significaba el sueño del rey, y ahora regresamos a ti y te damos gracias».

Pero él expresó esto en privado. Esta fue una alabanza privada. Daniel era un hombre quien a solas con Dios expresaba gratitud.

Pero luego llegamos al capítulo 6 de Daniel. Y ahora hay otro rey, el rey Darío. Este emitió un edicto, un edicto de que por 30 días nadie podría hacerle ninguna petición a nadie sino al rey para cualquier cosa. Esto fue una trampa para Daniel de parte de algunos de sus compañeros a quienes él no les agradaba y querían deshacerse de él y de su posición en el gobierno.

Y la Escritura relata en Daniel capítulo 6 versículo 10:

«Cuando Daniel supo que había sido firmado el documento, entró en su casa (y su aposento superior tenía ventanas abiertas en dirección a Jerusalén), y como solía hacerlo antes, continuó arrodillándose tres veces al día, orando y dando gracias delante de su Dios» .

Daniel aparentemente tenía el hábito de arrodillarse tres veces al día, orar y agradecer a Dios en privado. Alabanza y adoración en privado.

Pero déjame solamente decir que no es suficiente que nuestra adoración y agradecimiento sea en privado. Necesita también ser en público.

El salmista dijo en el Salmo 57: «Te alabaré entre los pueblos, Señor; te cantaré alabanzas entre las naciones» (v. 9).

Lo que él está diciendo es, «Dios, en medio de aquellos que no son creyentes, en medio de naciones paganas, en medio de los gentiles cantaré alabanzas a Ti». Y luego él dice: «No solamente en medio de los que no son creyentes, sino en compañía del pueblo de Dios daré gracias».

Salmo 35: 18: «En la gran congregación te daré gracias; entre mucha gente te alabaré».

Salmo 111: 1: «¡Aleluya! Daré gracias al Señor con todo mi corazón, en la compañía de los rectos y en la congregación».

¿Te has encontrado alguna vez en esos momentos de adoración en tu iglesia o en tu grupo pequeño en los que el líder dice: «Nos tomaremos un momento para simplemente agradecer al Señor»? Se nos pide que compartamos un testimonio o digamos una palabra de adoración, de agradecimiento, o que elevemos oraciones de gratitud al Señor.

Y entonces escuchas este grande y largo silencio. Luego tal vez una persona valiente lo interrumpe y dice algo por lo que está agradecido. Y entonces otro largo silencio.

No hay nada malo con el silencio, a menos que sea tiempo de agradecer. En ese momento necesitamos hablar, cantar y expresar: «Dios ha sido tan bueno conmigo».

Podrías decir: «Bueno, lo que pasa es que yo no soy del tipo de persona que le gusta hablar en público». Escucha, si has recibido la gracia de Dios por tus grandes culpas, Su abundante gracia, entonces no podrás evitar ser una persona agradecida y expresar esa gratitud no solo cuando estés sola sino también cuando estés en público.

«Daré gracias a Dios con todo mi corazón en la compañía de los rectos y en la congregación».

Padre, debemos confesar que si la condición de nuestros corazones se mide por lo agradecidas que somos, algunas veces nuestros corazones no son muy rectos. Así que oro que nos limpies y nos des corazones agradecidos. Señor, queremos ser como Jesús, así que oro para que seamos tan agradecidas como Él lo fue, en cosas grandes y pequeñas por igual porque todas vienen de Ti. Señor, también queremos agradecerte porque sabemos que esa será la ocupación eterna en los cielos, así que incluso en este momento nos unimos a los ángeles, a los ciudadanos celestiales con los coros del cielo y decimos: Gracias, gracias oh Dios. Tú eres digno de recibir la gloria, el honor, la alabanza y la adoración. Te damos gracias Jesús, te damos gracias por la salvación, por Tu gracia. Y que lo hagamos toda la vida y por toda la eternidad, y te oramos con corazones agradecidos en el nombre de Jesús. Amén.

Annamarie: Para profundizar en lo que Nancy DeMoss Wolgemuth ha estado compartiendo con nosotras hoy, y hacer de la gratitud una realidad en tu vida, te animamos a leer su libro titulado Sea agradecido: Su camino al gozo. Encuéntralo en nuestra tienda en línea, en avivanuestroscorazones.com

Y mañana, asegúrate de acompañarnos para escuchar acerca de una de las mayores razones que tienes para estar agradecida.

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es el libro de los Hechos, capítulos 18 y 19.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Colabora con nosotras

Tenemos el privilegio de proporcionar las transcripciones de estos mensajes vivificantes. Si el Señor ha usado Aviva Nuestros Corazones para bendecir tu vida, ¿considerarías donar hoy para ayudar a cubrir los costos y expander el mensaje?

Donar $5

Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

Únete a la conversación