Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Crea un ambiente que conduzca a la fe

Temporada:  Etapa de cambio | 0

Annamarie Sauter: Danya creció escuchando sobre el Señor, pero al llegar a la adolescencia tuvo que responder una pregunta muy importante. 

Danya Powell: ¿Es esta mi fe porque es algo que creo realmente? ¿O las creo porque es lo que mis padres me dijeron que debía creer?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy continuamos en la serie titulada Etapa de cambio.

Rebecca Ingram: En séptimo grado, en ese momento supe que las cosas eran diferentes. Era tiempo en que como padres debíamos hacer un corte en la crianza, y con ello darnos cuenta de que ella estaba dejando atrás algunas cosas de su niñez. Supe que tenía que respetar eso, aún cuando estuviera bromeando con ella. Era algo que obviamente ella había bloqueado.

Ya sea que ese cambio surja al ir a un grupo de jóvenes o a la escuela secundaria, es importante, porque es reconocer una nueva etapa en su crecimiento.

Danya: Recuerdo que les dije a mis padres que me sentía insegura y que sentía que no les agradaba a las personas, y ellos me enseñaron que si tú sabes que estás en las manos de Dios, entonces sabes que Dios está orgulloso de ti. Si tú sabes que tu relación con Él está bien, entonces puedes caminar con la confianza de que tú puedes ser la persona que recibe a otras personas, incluso, a los que son excluidos.

No importa lo que las personas piensen o asuman acerca de ti. Lo que importa es lo que tú sabes acerca de ti misma y de lo que Dios piensa sobre ti. 

Rebecca: Creo que como madres, al acercarse la época de la adolescencia de nuestros hijos, algunas veces podemos pensar que todo está perdido.

Pero necesitamos ver a los chicos y decir, «esta es una etapa en la cual realmente puedo invertir en mis hijos y conocerlos mejor».

Annamarie: Aquí está Nancy con la continuación de la conversación.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Muchas madres nos han escrito aquí a Aviva Nuestros Corazones pidiendo un poco de sabiduría práctica y ayuda sobre temas relacionados con la maternidad; en especial con relación a los hijos en diferentes etapas de la vida.

Creo que una de las etapas particularmente difíciles son los años de la adolescencia. Estoy muy agradecida de que mi amiga, Rebecca Ingram Powell, escribiera un libro para tratar ese tema. El libro se llama Etapa de cambio (solo está disponible en inglés, Season of Change).Este título describe muy bien esa edad, y el subtítulo es: Criando hijos adolescentes con pasión y propósito.

Esta semana nos sentimos muy bendecidas de tener con nosotras, a la autora de ese libro, Rebecca, y a su hija Danya. Rebecca y Danya, gracias por estar dispuestas a participar de esta conversación y compartir con nosotras acerca de su peregrinaje como madre e hija.

Danya se graduó hace no mucho tiempo de la escuela secundaria…

Danya: Así es, Nancy.

Nancy: Y Rebecca, tú todavía tienes dos hijos más jóvenes en casa.

Rebecca: Así es.

Nancy: Muchas gracias por hablar tan honestamente con nosotras sobre este recorrido en el que Dios las ha puesto. Sé que esto será muy útil para las oyentes que tienen hijos en esta etapa o hijos que tal vez están entrando a esta etapa.

Rebecca: Gracias a ti.

Nancy: Al final del programa pasado hablamos de cómo el objetivo de criar hijos adolescentes, no solo es sobrevivir. No se trata solo de atravesar una etapa. Tú realmente quieres hijos que amen a Dios, hijos que tengan un corazón, hambre y apetito por las cosas espirituales.

Hoy en día escucho a muchos padres de adolescentes o adultos jóvenes decir que no tienen una conexión con sus hijos, simplemente no tienen ese deseo.

Puede que tengas reglas y tengas cosas que decirles sobre qué pueden y qué no pueden hacer, pero si ellos no aman a Jesús, puedes sentir que eso no es realmente suficiente. Pero viendo a tu familia, Rebecca, viendo a tu hija Danya, que ama al Señor, que tiene un corazón para el ministerio, quisiera hablar –no de cómo ser una familia perfecta porque sabemos que no existe una familia perfecta o más perfecta que otra– de las cosas que en tu familia han sido útiles para cultivar un apetito por las cosas espirituales en tus hijos.

Así que, Rebecca, comienza a hablarnos porque sé que realmente has sido intencional sobre esto. A medida que piensas en los años de adolescencia de tus hijos, ¿cómo intentaste crear un ambiente propicio para que tus hijos se interesaran por el Señor?

Rebecca: De acuerdo. Bueno, establecimos una regla a la que llamo «la regla de las 7 am». Una amiga me habló de ello cuando Danya iba al jardín de niños, tenía cinco años, y mis hijos tenían tres y un año de edad. No se les permitía levantarse de la cama hasta las 7 de la mañana.

Ahora, por supuesto, la primera pregunta que uno de ellos me hizo, fue: «¿Qué pasa si tenemos que ir al baño?» «Bueno, –le dije–, tú puedes ir al baño, pero luego debes ir directamente de vuelta a tu habitación». Les mostré el número 7:00 en el reloj digital, y ellos sabían que tenían que quedarse allí porque iba a tener mi tiempo a solas con Dios.

A medida que crecían, una de las cosas que había puesto en su horario era, lo que pudiéramos llamar «las 4 reglas»: Hacer su cama, cepillar su cabello, ir al baño, y luego, Biblia. Ellos debían hacer esas cuatro cosas antes de tomar el desayuno.

Aprendí esto de algo que Elisabeth Elliot escribió sobre lo que sus padres tenían la costumbre de hacer: «sin Biblia, no hay desayuno». Obtuve algunas críticas de algunos amigos por esto, pensaban que era loco que les pidiera eso a mis hijos, pero mi pensamiento siempre ha sido que, si construimos un hábito, el entendimiento y la revelación vendrían después.

Los malos hábitos son tan fáciles de construir como los buenos hábitos.

Nancy: Más fáciles.

Rebecca: Sí, sin duda... así que construyamos un buen hábito.

Nancy: Permíteme detenerte aquí un momento. En realidad estás diciendo dos cosas. La primera es que debemos modelar esa hambre por el Señor si queremos que nuestros hijos tengan esa hambre. La segunda es guiarlos y dirigirlos a formular algunos hábitos que puedan crear esa hambre en sus corazones.

Danya, me pregunto si puedes recordar, en ese tiempo cuando eras una niña entrando a la adolescencia, ¿cuál era tu percepción de lo que el Señor significaba para tus padres? ¿Qué era lo que veías y qué provocó eso en tí?

Danya: Recuerdo entrar a la habitación donde mi madre tenía su tiempo a solas con el Señor, solía encontrarla sentada con su Biblia y su cuaderno abiertos. Ella me preguntaba si necesitaba algo, me hacía una seña con su mano, y me decía: «Espera un segundo, cariño». Yo me sentaba en el suelo y la observaba terminar de escribir, después ella cerraba su Biblia, y seguiamos con el resto del día.

Fuimos educados en el hogar y recuerdo que todas las historias que nos contaban eran sobre personajes de la Biblia, historias bíblicas y sobre Jesús. Cuando estábamos en la escuela primaria, teníamos un tiempo de lectura en el que nos reuníamos, y mamá nos leía la Escritura.

Aprendíamos canciones, incluso les poníamos coreografías. Memorizabamos versículos, y la Escritura fue simplemente implantada en nosotros a través de nuestra infancia. Recuerdo que mamá nunca pensó que nada de eso fuera cursi. Cada historia era verdad, cada canción significaba algo, y cada versículo tenía valor.

Recuerdo estar en mi habitación a la hora de la siesta y tan pronto como fui mayor para no tener que tomar una siesta, mamá me decía que podía leer un libro en ese tiempo. Casi todos los libros infantiles que teníamos en nuestra casa eran historias de la Biblia. Eran historias sobre: ¿Cómo orar a Dios? ¿Qué piensa Dios de mí? Ese tipo de cosas.

Durante toda mi infancia y secundaria estuve completamente rodeada e inmersa de libros, historias y canciones acerca de Jesús. Así fue como supe que esto era importante. Fue muy, muy importante que basáramos incluso nuestro entretenimiento en aprender más acerca de Dios.

Nancy: Lo que tú describes es exactamente lo que Moisés les dijo a los hijos de Israel en Deuteronomio capítulo 6. Tú acabas de dar una versión moderna sobre ese pasaje. Permítanme leer ese pasaje. En el versículo 4 dice:

«Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza». 

No puedes transmitir a tus hijos lo que tú no tienes. Luego dice:

«Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes». 

Se refiere a todo el día, todos los días. Esto es lo que hablarás. A esto te estás comprometiendo. Y sigue diciendo el pasaje:

«Las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas» (vv. 4-9).

Creo que lo que está diciendo este pasaje es lo que acabas de describir aquí, y eso es, todos los días, todo el día, la Palabra de Dios, los caminos de Dios, un corazón para Dios no se supone que es solo una parte de nuestras vidas, sino nuestra vida entera.

Danya, creo que lo que estás diciendo es que viste que esto no era solo una parte de la vida de tus padres, sino que era su vida entera.

Danya: Correcto. Algunas veces nos quedábamos despiertos hasta un poco más tarde para que nuestros padres pudieran orar por nosotros antes de ir a dormir. Era esencial que tuviéramos nuestro tiempo de oración. Lo hacían individualmente con cada uno de nosotros. Ellos entraban a nuestra habitación para darnos las buenas noches, y para orar por nosotros.

Otras veces, mamá entraba y hacía una oración antes de que papá llegara a casa, si él estaba con sus amigos, o en alguna reunión de la iglesia o algo por el estilo. Él llegaba y entraba para darnos las buenas noches, y oraba por mí otra vez. Muchas veces ambos oraban, el que llegaba primero, o juntos. Así que nos quedábamos dormidos con nuestros padres orando por nosotros. Creo que esto es algo que realmente me dio fuerzas. Sus vidas eran las que hablaban a mi vida a medida que crecía.

Nancy: ¿Continuaron haciendo eso en su preadolescencia y adolescencia?

Danya: A lo largo de toda mi adolescencia, sí. Cuando empecé a conducir, en ocasiones llegaba a casa un poco más tarde, y ellos se quedaban despiertos. Aún tenemos tiempos de oración. Todavía oramos juntos.

Nancy: ¿Hubo alguna vez un punto, viendo hacia el pasado, en el cual pensaras que era un poco cursi o un poco aburrido o que no deseabas continuar?

Danya: Bueno, cuando éramos más jóvenes, este tiempo juntos duraba la noche entera. Cantábamos canciones, leíamos historias y orábamos. A medida que fui creciendo estos tiempos se hicieron más cortos. Yo le decía a mi mamá: «No tenemos que cantar esta noche».

Pero la oración seguía siendo esencial, y fue algo que aprendimos. En realidad, fue algo que se volvió parte de nosotros. Porque mamá decía, «es tu turno de orar esta noche. Vas a orar por nosotros antes de dormir». O me decía, «esta noche, creo que debemos orar por tu amigo». Y orábamos por uno de nuestros amigos. O decía, «esta noche, vamos a orar por tu futuro esposo», y orábamos por un futuro esposo.

Creo que también fue realmente importante que empezaran a involucrarnos más a medida que creciamos. En lugar de decir, «bueno, te dejaré sola ahora. Puedes orar tú misma antes de dormir», nos enseñaron más bien cómo hacerlo, y lo incorporaron a nuestros hábitos y a nuestras vidas.

Nancy: Así que la clave aquí es, Rebecca, que tú comenzaste cuando eran muy pequeños.

Rebecca: Así es.

Nancy: Tú no esperaste hasta que tuvieran once años para decir: «Bien, ahora vamos a tener un devocional familiar y un tiempo de oración y lectura de la Biblia». Esto era un estilo de vida para tus hijos. 

Puedo imaginar a algunas de las madres que nos escuchan pensar, «bueno, mis hijos voltearían los ojos si hiciéramos esto en nuestra familia. No se comprometerían a esto; no prestarían atención; ellos no querrían involucrarse en esto. Esto les aburriría. Pensarían que es cursi».

Danya, ¿crees que es importante seguir haciéndolo de todos modos?

Danya: Sí. Y digo que «sí» porque si como madre das marcha atrás cuando tus hijos piensen que es algo cursi o que no es genial, luego ellos cuando tengan su fe, darán marcha atrás cuando sus amigos piensen que no es genial o cuando sus amigos les digan, «eso no es verdad. No es necesario hacerlo».

Nuestros padres eran nuestra influencia. Ellos eran los que nos decían: «así es como lo hacemos en nuestro hogar. Esto es lo que hacemos, esto es lo que creemos. Si esta tarde estás pasando por una fase en la que piensas que no quieres hacerlo, bueno, seguiremos haciéndolo porque esta es la forma en que vivimos, y este es el Dios al que servimos».

Asi que, incluso aún cuando pensaramos que quizás era un poco tonto, o estabamos demasiado cansados, o tuvieramos otro lugar en donde estar, Dios era lo primero. Eso me impactó a medida que pasaba por mi adolescencia y mi juventud. Dios es lo primero en mi vida. Ya sea que mis amigos piensen que está bien o no, Dios es lo primero.

Rebecca: Y también, para aquella madre que está dudando en comenzar, es posible que pueda hacerlo tan solo diciéndole a su hijo, «esto es algo que vamos a empezar a hacer. ¿Hay algo por lo que te gustaría orar?» De igual manera, tú debes orar para que Dios se revele rápidamente y que tu hijo se involucre. Podemos preguntarle, «¿sobre qué te gustaría orar? Veamos qué hará Dios».

Un gran versículo para comenzar sería Proverbios 3:5-6: «Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento,reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas».

O el de 1 Pedro, en el que somos instruidas a echar sobre Él toda nuestra ansiedad.

Si es algo que no has estado haciendo con tu hijo, es importante que ellos entiendan que no hay nada sobre lo que no se pueda orar. No hay nada que no se pueda pedir al Señor o decirle al Señor. Sus hombros son suficientemente grandes para cualquier carga, para cualquier pregunta.

Pienso que la razón para muchos padres de estar reacios a orar con sus hijos es porque ellos mismos no han tenido una vida de oración. Una de las cosas que es tan maravillosa de nuestro Señor es que nunca es demasiado tarde. Mientras respiremos, no es demasiado tarde. Él nos recibe con los brazos abiertos. Él quiere que tengamos esa relación con Él. Él quiere llevar a nuestros hijos en el camino del Señor.

Nancy: Rebecca, citaste el versículo de Proverbios 3, y sé que en tu libro animas a los padres a leer los proverbios con sus hijos. ¿Es algo que han hecho en casa?

Rebecca: Sí, así es.Una de las maneras en las que hemos alentado a nuestros hijos a tomar posesión de su fe es pasar de: «Está bien, este es el tiempo de quietud de mamá y de Danya», a «este es el tiempo de quietud de Danya y así es como debe ser».

Comenzamos con los proverbios por una razón: hay treinta y un capítulos en Proverbios, por lo que no se necesita un libro devocional. Cualquiera que sea la fecha en el calendario, lees ese capítulo de Proverbios.

Nancy: ¿Estamos hablando de hacer esto en la edad de la adolescencia?

Rebecca: Ah, sí. Es muy práctico. Cuando Danya estaba en sexto grado, empecé a buscar un libro devocional que pudiera ser esa pieza de transición que la llevara a establecer y mantener un tiempo devocional diario con Dios. No encontraba algo que fuera solo para chicas, o que tuviera algo específico que yo quería para mi hija, entonces Dios me mostró que yo necesitaba escribir algo. 

Nancy: Lo cual hiciste.

Rebecca: Así es. Ese fue el estudio bíblico llamado, Sé sabia: Experimenta el poder de Proverbios. No se incluyen todos los proverbios, solo los primeros nueve capítulos, que son fundamentales. Hablan acerca de la instrucción que el rey Salomón da a su hijo sobre la amistad y la administración, las decisiones, la pureza, y todas las cosas que son fundamentales para nuestra vida, para sus amistades y las decisiones que se deben tomar.

Nancy: Hablando acerca de la fe que los padres transmiten a los hijos, al abrazar esa misma fe, Danya, ¿hubo alguna vez un punto en el que dudaste en tu mente? Recuerdo que cuando yo era adolescente, yo venía de un hogar piadoso, un hogar cristiano, tenía una gran cantidad de enseñanzas firmes, pero los años de adolescencia fueron probablemente en los que más luché con la pregunta: «¿Realmente es todo esto cierto? ¿Qué tal si no lo es?» ¿Te hiciste alguna de estas preguntas en tu propia mente?

Danya: Las tuve. Tuvimos un grupo de jóvenes muy diverso cuando estaba en la secundaria, y una de las chicas tenía muchas dudas acerca de Dios. Cuando empecé a pensar en cómo se suponía que debía defender mi fe ante ella, empecé a cuestionar mi fe. Pensaba, «bueno, si no puedo responderle, entonces tal vez mi fe no es real».

Lo curioso era que yo oraba, hablaba con Dios y le preguntaba si Él era real. De hecho me gustaba hablar con Dios y preguntarle si era real. Siempre hablaba con Dios; siempre pensaba en Dios. Yo no decía, «bueno, ¿qué haré el día de hoy?» Más bien pensaba, «Dios, ¿qué debemos hacer hoy?» Esto era una constante en mi vida.

Me gustaba orar al respecto, oraba por respuestas, por preguntas, dudas y preocupaciones. Llegué al punto, en la adolescencia, de que incluso cuando tocaba música, empecé a escribir diferentes tipos de música. Yo no estaba muy enfocada en Dios, estaba enfocada en el mundo y en todas estas cosas nuevas que estaba conociendo y que yo pensaba que eran emocionantes, cosas que conocía con mis amigos que no eran cristianos.

Llegué al punto en el que pensaba, «bueno, ¿es esta mi fe porque es algo que yo creo realmente? ¿O creo esto porque es lo que mis padres me dijeron que debía creer?»

Fuimos a un viaje misionero y se suponía que tenía que participar de las alabanzas junto al equipo de música. La noche antes de irnos tuve una reacción alérgica, y mi boca estaba inflamada. Mi lengua también estaba inflamada. Casi no podía hablar. Mi garganta se estaba cerrando. Mamá y papá me dieron un medicamento y me subieron en la parte trasera de la camioneta, y seguimos adelante con el viaje.

Todo el tiempo iba pensando, «no podré cantar. No podré participar en el tiempo de alabanza, no puedo hablar. Esto no está bien. No entiendo lo que está pasando».

Llegamos esa noche, y yo estaba tirada en la cama pensando, «¿por qué Dios se llevaría mi voz?» Realmente sentí que Dios estaba diciéndome: «Bueno, las palabras que han salido de tu boca últimamente, las canciones que has cantado últimamente, no me agradan, y no me glorifican».

Le dije: «Está bien. Si me dejas cantar, voy a glorificarte con mi música y con mis letras».

Al día siguiente, como 30 minutos o una hora antes de comenzar el tiempo de alabanza en una escuela bíblica a la que habíamos asistido, me bajó toda la hinchazón. Ese fue un parteaguas en mi vida en el que dije: «de acuerdo, Dios existe. Dios sana a la gente, y Dios se preocupa por la forma en que vivo mi vida, incluso por las palabras que digo y la música que escucho y canto».

Ese fue un momento esencial para mí. Tenía catorce años.

Nancy: Ahí fue cuando tu fe, se convirtió en fe.

Danya: Se volvió real.

Nancy: Rebecca, ¿cómo oras por tus hijos? ¿Qué oras por ellos?

Rebecca: Bueno, desde que eran pequeños, los libros de Stormie Omartian, El poder de la esposa que ora y El poder de los padres que oran, han sido pilares en mi vida de oración para con mis hijos. Leía esos libros cada mes. 

Están compuestos por ciclos de treinta días, así que al leer esos libros he aprendido cómo orar por mis hijos a través de las Escrituras que ellos dan. Creo que eso ayuda.

Siempre he orado por mis hijos con una visión en mente. Yo se lo pedía al Señor incluso antes de que nacieran todos mis hijos. Solo tenía a Danya y a David en ese momento. Oraba para que Dios me diera una visión para mis hijos. Y Él lo hizo. Él me dio una visión para ellos, rogaba que fueran personas que consolaran, que fueran consejeros, que conocieran sus biblias, que fueran adoradores, que fueran fieles.

Además, no necesariamente en esa oración, pero las características por las que he orado por ellos han sido orientadas al ministerio. Era Dios construyendo las bases en ellos y las verdades que luego les permitirían compartir su amor con otras personas.

Luego, por supuesto, como toda madre, oro por seguridad para mis hijos y por su protección. Pero también oro, al igual que oro para mí y mi esposo, por amar más a Jesús. Quiero amarle más, hasta el día que muera. Yo quiero que siempre pueda amarle más.

Una de las formas en que aprendemos a amarlo es al aprender a amar a otras personas. Ha habido una gran cantidad de veces en las que me doy cuenta de que no soy muy buena en eso. Es fácil amar a las personas que se dejan amar. No es tan fácil amar a las que no son tan fáciles de amar. Como cristianos estamos llamados a amar a las personas y punto.

Nancy: Sé que hay madres cuyos corazones se han agitado a medida que han estado escuchando esto y están pensando: «Me gustaría que mis hijos tuvieran esa clase de corazón, pero no lo tienen» o «ellos son pequeños, y espero que lo tengan, y oro para que lo tengan».

Me gustaría que tomáramos un momento Rebecca, y me pregunto si nos puedes dirigir a unir nuestros corazones en oración por las madres y por sus hijos, para que sus hijos realmente tengan hambre y un corazón por Dios. Creo que sería la primera en decir que en última instancia no hay nada que tú y Rich pudieran hacer para ganar el corazón de sus hijos, o para salvar a sus hijos.

Rebecca: Por supuesto.

Nancy: El Señor tiene que encender la luz.

Rebecca: Eso es correcto.

Nancy: Él tiene que conectar los puntos. Es Su gracia y el poder de Su Espíritu. Porque no importa cuán grande sea la casa, o cuán numerosa la familia, hemos visto a niños crecer en hogares piadosos y alejarse del Señor.

Así que quiero pedirte que nos guíes en oración por las madres, por los niños, para que el Señor dé a los niños un corazón y un hambre por Él?

Rebecca: Claro que sí.

Nuestro querido Señor, Padre, Tú ves nuestros corazones. Encomiendo a ti a aquellas que están escuchando este programa. Padre, te pido que muevas en ellas el deseo de orar a tí a favor de sus hijos.

Señor, te pido que les concedas fe; que les ayudes a ver la diferencia que hará el hecho de que oren por los corazones de sus hijos.

Padre, te pido que bendigas a estas queridas oyentes y les reveles las formas en las que ya estás trabajando en las vidas y en los corazones de sus hijos. Y Dios, te pido nos bendigas a todas con la capacidad de confiar en Tí, para saber que eres fiel a Tu Palabra, y que el que comenzó la buena obra es fiel para completarla.

Así, Señor, alívianos de la carga de pensar que tenemos que hacer esto, que depende de nosotras. Pero, Señor, en cambio, aumenta nuestra fe para saber que vas a hacer esto. Muéstranos los pasos que tenemos que tomar, Señor. Te pido que bendigas los corazones y hogares en este momento. Te damos muchas gracias, en nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Espero que hayas orado junto a Rebecca Ingram. Ella y su hija Danya
Powell han estado conversando con Nancy DeMoss Wolgemuth a través de una llamada en línea. Creo que este episodio te dio ideas prácticas para aplicar en tu hogar, de modo que puedas conducir a tus hijos adolescentes a la fe en Cristo. ¡No es tarde para invertir en las vidas de tus hijos o de jóvenes que te rodean!

Los padres no podrán controlar para siempre las películas, series y música que consumen sus hijos. En algún momento ellos tomarán decisiones por su propia cuenta. Mañana, aprende a enseñarles discernimiento a los jóvenes animándolos a tomar decisiones sabias.

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Llamándote a pasar el bastón de la fe a la próxima generación, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Mateo capítulos 1 al 4.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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