Aviva Nuestros Corazones Podcast

Cristo, nuestro Sacerdote y Rey, día 1

Annamarie Sauter: Quizá te has desanimado en tu caminar de fe al no poder ver a Jesús con tus ojos, pero ánimo, ¡Él reina!

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Los sacerdotes están de pie día tras día ofreciendo esos sacrificios. Pero Jesús se sentó. ¿Por qué? Porque completó Su obra redentora. ¡Está lista, terminada! ¡Está consumada!

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy Nancy da inicio a la serie titulada, «Cristo, nuestro Sacerdote y Rey».

Nancy: Uno de los días más significativos en el calendario de la iglesia, se celebra este año durante el mes de mayo, aunque podría decir que la mayoría de las personas no tienen ni idea de cuál es ese día. Es el Día de la Ascensión. Este año cae el jueves 30 de mayo, y en ese día celebramos la ascensión de Jesús a los cielos, cuarenta días después de haber resucitado durante la semana que ahora estamos celebrando, que es la Semana Santa.

Durante los pasados meses he estado meditando en el Salmo 110. Es maravilloso leer este salmo en cualquier época del año, pero pienso que tiene un significado especial durante esta temporada porque nos ayuda a poder darle un vistazo desde el Antiguo Testamento, a lo que sería la resurrección, la ascensión, y la exaltación de Cristo, y nos permite penetrar en una conversación que tuvo lugar en el cielo cuando Jesús regresó de la tierra.

También nos da una idea de lo que Jesús ha estado haciendo en el cielo desde ese momento y nos da un avance de la batalla final, la consumación de los tiempos, una batalla aún por pelearse.

Ahora, este salmo es muy variado. Es el salmo más citado en el Nuevo Testamento. Una docena de libros del Nuevo Testamento lo citan directamente o hacen referencia al mismo. Y el versículo 1 del Salmo 110, es el versículo más citado del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento. Es citado veinticinco o más veces directa o indirectamente.

Así que a medida que leo el Salmo 110, te invito a que vayas a tu Biblia al Salmo 110, y a medida que lo leo, quiero que te preguntes a ti misma: «¿Qué me ha revelado este pasaje sobre la persona y la obra de Cristo?»

Permíteme empezar leyendo la inscripción, que aquí forma parte integral del texto inspirado, y que viene a ser importante a medida que vemos este salmo. Es llamado «Salmo de David».

Dice el versículo 1:

«Dice el SEÑOR a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. El SEÑOR extenderá desde Sion tu poderoso cetro, diciendo: Domina en medio de tus enemigos. Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder; en el esplendor de la santidad, desde el seno de la aurora; tu juventud es para ti como el rocío.

El SEÑOR ha jurado y no se retractará: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. El Señor está a tu diestra; quebrantará reyes en el día de su ira. Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres, quebrantará cabezas sobre la ancha tierra. Beberá del arroyo en el camino; por tanto Él levantará la cabeza».

Esta es la Palabra del Señor.

Ahora, soy la primera en admitir que este es un salmo difícil de entender. Es muy probable que no sea un salmo que esté citando diariamente, a pesar de que lo he hecho muchas, muchas veces durante estos meses pasados. Pero requiere paciencia, diligencia, arduo trabajo, estudio y meditación.

Y debo decir que me siento que aun estoy rasgando la superficie de la gran riqueza que pueda encontrarse en este salmo, pero aun así quiero que en los próximos días, aunque estamos celebrando la Semana Santa, veamos lo que fue la Ascensión de Cristo, que caminemos juntas a través de este salmo, frase por frase y versículo por versículo.

Y quiero animarte a que durante estos días lo leas varias veces en el día. Son solo siete versículos. Lo puedes hacer en poco tiempo. Puedes meditar en él, repasarlo mentalmente, como lo he estado haciendo yo durante estos meses. El primer versículo lo he citado, probablemente, no sé, quizás miles de veces, seguro que cientos de veces durante los últimos meses, meditando en: «¿Qué quiere decir esto? ¿Qué es lo que dice?» Llévate de estas recomendaciones y el Espíritu Santo te iluminará.

Así es que Señor, te pido que a medida que abrimos este pasaje en las Escrituras que Tú inspiraste y que es tan importante, y que fue citado tantas veces en el Nuevo Testamento, que por medio de él durante estos días, nos des una visión más fresca y dulce de Cristo. Y te pido que al contemplarlo a Él en este salmo, al conocerlo más, amarlo más, podamos entender todo lo que esto significa para nosotras hoy, y cómo podemos guardar estas verdades en nuestros corazones, hacerlo personal y aplicarlo en nuestro caminar contigo.

¡Oh Señor, te pedimos que nos ayudes! Unge, capacita, alumbranos e ilumínanos por medio de tu Santo Espíritu. Haz a Cristo muy personal para cada una de nosotras, nuestro Salvador y nuestro Rey, nuestro Sacerdote, y nuestro Juez. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Así que ahora empezamos con las palabras que se encuentran al inicio de este salmo: «Salmo de David».

En algunos salmos no se nos dice quién lo escribió, otros, en cambio sí lo dicen. En realidad no es tan importante saber quién lo hizo, pero en este caso, en este salmo en particular, sí es muy importante. Como dije anteriormente, en este caso es parte del texto del salmo en sí.

La razón por la que es importante es porque hay unos comentaristas modernos que piensan que este salmo fue escrito acerca de David o acerca de otro rey terrenal pero que no fue David quien lo escribió. Pero el Nuevo Testamento, y Jesús mismo, claramente afirman que fue un salmo escrito por David, el rey de Israel. Ese dato es importante porque de haber sido escrito sobre David, o sobre otro rey terrenal, tendría un significado totalmente diferente.

Pero nosotros creemos que fue escrito por David acerca de un Rey mayor que vendría, un rey con «R» mayúscula. Este Rey es visto en el cielo. Está sentado a la derecha de Dios, y Su gobierno actualmente se extiende por toda la tierra.

Este Rey, el Rey del cual leemos en el Salmo 110, es también un sacerdote, y veremos por qué esto es realmente importante. Este Rey es un sacerdote, y es también un juez. Y al final de los tiempos, Él juzgará a todas las naciones de la tierra. Y el Rey exaltado en este salmo no es un simple mortal. No es solamente un hombre. Él es divino. Es humano y es también Dios. Así que ya sabes que no podría ser ninguna otra persona sino Cristo mismo.

De principio a fin, este salmo es sobre Jesús, es lo que nosotros llamamos en el Antiguo Testamento un salmo mesiánico. Ahora, algunos salmos mesiánicos tienen algunas porciones que hacen sugerencias indirectas acerca de Jesús. Anuncian con sombras y figuras anticipadas a Jesús. Pero este salmo entero, de principio a fin, es sobre Jesús.

Hoy queremos darle un vistazo al versículo 1, y luego veremos los demás versículos durante el resto de la semana.

El versículo 1 del Salmo 110 dice: «Dice el SEÑOR a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies».

Ahora, para empezar, la gramática en esta oración puede ser un tanto confusa. Muchas veces lees algo así, y simplemente le pasas por arriba. «He leído esto. He leído este salmo muchas veces». «Dice el SEÑOR a mi Señor: Siéntate a mi diestra». Detente, para.

¿De quién se está hablando aquí? ¿Qué significado tiene? ¿Quién le dice esto a quién?

«Dice el SEÑOR».

Ahora, en este salmo, este es el primero de dos oráculos que provienen de Dios. Un oráculo es un anuncio divino, una revelación especial de la divinidad. Así es que, «Dice el SEÑOR», en el versículo 1 y en el versículo 4. Tenemos dos de estos pronunciamientos, dos declaraciones que Dios anuncia claramente: «Dice el SEÑOR».

Una traducción dice: «El SEÑOR le dijo a mi Señor» (NTV). Es una declaración del Señor a mi Señor.

Aquí, vemos la palabra «Señor» dos veces. Así es que ¿quién es SEÑOR y quién es el Señor? ¿Quién es el SEÑOR que habla? ¿Y quién es el Señor del cual se está hablando?

Bueno, notarás que en casi todas las traducciones que posiblemente encuentres, el primer SEÑOR está todo en mayúsculas. ¿Ves esto en tu Biblia? «El SEÑOR», todas letras mayúsculas S, E, Ñ, O, R. Siempre que veas esto en nuestras traducciones modernas, es la traducción del hebreo YHWH, Jehová, el SEÑOR Jehová, el autoexistente, el Dios del universo, el Dios de los cielos y de la tierra.

Dios, Jehová, el SEÑOR es el que habla. Él dice: «Dice el SEÑOR».

Cuando revisas este salmo, la palabra «Señor» aparece varias veces. Y cada vez que aparece debes detenerte y preguntarte: «¿Cuál de los señores es este?» Cuando está escrito todo en mayúsculas, es Jehová, Dios el Padre.

«Dice el SEÑOR a mi Señor». Ahí tienes una «S» mayúscula, pero el resto de la palabra en minúscula e-ñ-o-r. Se ve diferente en tu Biblia. ¿Cierto? ¿Quién es mi Señor?

Bueno, la palabra aquí no es YHWH. No es Jehová. Es Adonai-Adonai. «Dice el SEÑOR a mi Señor, Adonai».

Ahora, ¿quién es Señor? ¿Quién es mi Señor? ¿Quién escribió esto? Este es un salmo de David. Así es que, «Dice el Jehová a mi Señor, al Señor de David, Adonai, el Señor de David». Está hablando del Mesías, Adonai, el Cristo, Jesús quien es conocido en el Nuevo Testamento como el Hijo de David, quien es también el Señor de David. No puede ser otra persona más que el Mesías, ningún otro que no sea Jesús.

«Dice el SEÑOR Jehová a mi Señor». Sí, Él será mi Hijo, en lo que a la genealogía se refiere, pero Él es mi Señor, dice el rey David.

Una traducción dice: «Al Amo que sirvo». Esa palabra Adonai tiene que ver con un amo, un gobernante. Mi Señor, mi maravilloso Señor, el Señor al que sirvo, el Amo al que sirvo.

Jesús es el Señor de todo, punto final. Así es que o nos postramos ante Él ahora como sus siervas gozosas y dispuestas así como lo hizo David, «mi Señor», y lo reconocemos como nuestro Señor, o somos otro el grupo de personas al que este salmo también hace referencia, y estos son los enemigos del Señor. Somos Sus enemigos, y Sus enemigos un día serán forzados a inclinarse ante Él como su Conquistador.

Así que, Él es Señor. No es un asunto de que: ¿Lo hacemos nosotros Señor? Nosotros no lo hacemos Señor. Dios hizo a Cristo Señor. El libro de los Hechos nos dice: «Él es Señor de todos».

Así es que David dice: «Jehová le dice a mi Amo, a mi Señor, a mi Mesías a quien adoro». Empieza diciendo, «Él es mi Señor».

«Al nombre de Jesús se doblará toda rodilla… y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor» (Fil. 2:10-11).

De manera que vamos a ver que en este salmo tenemos un grupo de personas que son seguidores de Cristo, son Su pueblo, se inclinan ante Él, reconocen Su señorío. Pero entonces también encontramos aquellos que son Sus enemigos. Ellos no lo llaman Señor, aunque un día lo harán.

Así que ahora, por revelación divina y profética, «Dice el SEÑOR (Jehová) a mi Señor». En este oráculo, a David se le permite escuchar una conversación íntima del Padre (Jehová) con Su Hijo (el Señor de David, el Mesías, el Cristo). ¿Estás siguiendo esto que estamos describiendo? Es una conversación que está teniendo lugar. Dice el SEÑOR a mi Señor, el Mesías, el Cristo... y David escucha estaconversación. Él escucha lo que Dios el Padre le está diciendo a Dios el Hijo. Esto sucede por revelación divina.

¿Enqué momento tiene lugar esta conversación?Es una conversación que tuvo lugar luego de la ascensión de Jesús, luego de Su retorno a los cielos, cuando Él fue exaltado y se sentó en Su trono a la diestra de Dios el Padre.

En esta Semana Santa recordamos esto, Jesús murió en la cruz; tres días después Él fue levantado de los muertos; pero luego caminó durante cuarenta días por esta tierra, enseñándoles a Sus discípulos, haciendo apariciones, enseñándoles sobre el reino de Dios, y en Hechos 1 nos habla acerca de esto. Luego, a los 40 días después de Su resurrección, el día en que celebramos el Día de la Ascensión, Él reunió a algunos de Sus discípulos, les dio algunas instrucciones antes de Su partida y luego ascendió en una nube.

¿Qué fue lo que sucedió? Ascendió en forma corporal al cielo. Y cuando llegó al cielo, donde quiera que este esté, como sea que esto se vea, Dios lo exaltó. Él siempre estuvo exaltado en la eternidad pasada, pero se humilló a sí mismo para venir a esta tierra para hacerse humano. Cuando regresó al cielo, Él no perdió Su humanidad, sino que regresó con Su cuerpo glorificado.

Y cuando fue exaltado a la diestra del trono del Padre: «Dice el SEÑOR YHWH a mi Señor, Mesías Cristo: Siéntate a mi diestra».

Casi se me eriza la piel pensando en esto. «Siéntate a mi diestra».

Ahora, imagínate esa escena, claro, no lo podemos hacer, pero piensa en ella, medita en ella.

  • El sufrimiento de Jesús aquí en la tierra terminó
  • Su obra aquí en la tierra terminó
  • Pagó el precio
  • Peleó la batalla
  • Hizo todo lo que Dios le envió a hacer aquí en la tierra
  • Hizo el sacrificio final de Su vida
  • Él aún lleva esas heridas en Sus manos

Ahora Él ascendió de regreso al cielo, y Dios le dice… el Padre quien lo envió a esta tierra lo recibe en el cielo y le dice: «Siéntate a mi diestra». Es tiempo de descansar. Es tiempo de sentarte. Es tiempo de descansar de Tus obras.

He estado meditando en esto una y otra vez durante los últimos meses. Y para mí una de las enseñanzas más obvias es la obediencia del Hijo. Cuando el Padre le dijo al Hijo, «quiero que vayas a la tierra», el Hijo obedeció al Padre. Él hizo exactamente lo que el Padre le dijo que hiciera.

Eso lo sabemos porque está escrito en el Evangelio de Juan donde Jesús dice una y otra vez, «el Padre me ha enviado» para hacer esto o aquello o decir esto o aquello. «El Padre me ha enviado». Dios me envió aquí.

Y Jesús dice, «está escrito en el Libro de la Ley: he venido, oh Dios, para hacer tu voluntad» (Heb. 10:7).

Vemos la obediencia, la sumisión del Hijo a la voluntad del Padre.

Entonces cuando el Hijo regresó al cielo, el Padre le dijo: «Siéntate a mi diestra».

¿Y qué hizo Jesús? Se sentó a la diestra del Padre. Tú dirás, «eso es algo tan sencillo». Dios le dijo: «Siéntate» y el Hijo dijo, «me sentaré».

¿No es ese nuestro modelo? ¿No es esa la manera en que intencionalmente debemos vivir como hijas obedientes al Padre? Jesús hizo lo que el Padre le dijo que hiciera.

«Siéntate a mi diestra». La diestra indica un lugar de privilegio, un lugar de honor. Por ejemplo, en una cena, pudieras colocar el invitado de honor sentado a la diestra del anfitrión. Eso simboliza honor. El sentarse a la diestra de un rey significa compartir en su gobierno, compartir su reino.

Esto es mencionado en el credo de los apóstoles, uno de los credos de la iglesia primitiva, y quizás has oído que se recita en algunas iglesias, y algunas todavía lo hacen. Hay un punto en que dice que Jesús «ascendió a los cielos, y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso». Recuerdo que siendo niña repetía esto en la iglesia, a veces semana tras semana, que «Jesús está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso».

Ahora, leemos esto en el Salmo 110: «Siéntate a mi diestra», le dice el Padre al Hijo. Pero el Nuevo Testamento nos da aún más detalles de toda esta escena.

En el capítulo 1 de Hebreos se nos dice: «Después de llevar a cabo la purificación de los pecados...» ¿Dónde se hizo esto? Aquí en la tierra, en la cruz. ¿Cierto? Luego de la cruz, «después de llevar a cabo la purificación de los pecados...» y lo que no está dicho aquí pero se asume, luego de la ascensión, es que Él «se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas». Hebreos capítulo 1 versículo 3 nos dice eso.

«La diestra de la Majestad en las alturas» es el lugar más honorable, el lugar más exaltado de todo el universo.

El escritor de los Hebreos continúa diciendo en el versículo 13 del capítulo 1: «¿Pero, ¿a cuál de los ángeles ha dicho jamás: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?» ¿De dónde vino esa cita? Del Salmo 110.

«¿A cuál de los ángeles ha dicho jamás: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?»

Jesús es superior a los ángeles. Él es más exaltado que cualquiera de los ángeles. No adoramos a los ángeles. Adoramos a Jesús. Él es quien está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso.

Hebreos capítulo 10 continúa diciéndonos, «...todo sacerdote está de pie, día tras día, ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados» (v. 11).

Los sacerdotes del Antiguo Testamento, todo ese sistema sacerdotal levítico, hablaremos más sobre esto luego en esta serie, sobre el Salmo 110, esos sacerdotes estaban de pie diariamente en su servicio. Ellos no estaban sentados. ¿Por qué? Porque su trabajo nunca terminaba. Debían continuar ofreciendo sacrificios día tras día, tras día, tras día, ofreciendo repetidamente los mismos sacrificios que nunca pueden quitar los pecados de forma definitiva. ¡Qué trabajo!

Y entonces viene nuestro perfecto Sacerdote. Versículo 12 de Hebreos capítulo 10, «pero Él, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios».

Los sacerdotes están de pie día tras día, ofreciendo esos sacrificios. Jesús se sentó. ¿Por qué? Porque completó Su obra redentora. ¡Está lista, terminada! ¡Está consumada!

De manera que hoy, Jesús ya no está en un pesebre. Jesús no está en la cruz. Jesús está en el reino de los cielos. Está sentado a la diestra de Dios, en un lugar de exaltación, un lugar de honor, un lugar de majestad, un lugar de autoridad.

¿Y qué está haciendo allí? Bueno, pudiéramos hacer toda una serie sobre ese tema y quizás algún día la hagamos. Pero continuando en Hebreos capítulo 10, acabamos de leer que «todo sacerdote está parado, de pie diariamente» pero Jesús ofreció un sacrificio. Él se sentó a la diestra del Padre. ¿Y qué es lo que hace allí? Versículo 13, de nuevo, él cita el Salmo 110: «(Él está) esperando de ahí en adelante hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies».

Jesús está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso esperando. Esperando. Esperando. Han pasado más de dos mil años. Me parece un largo periodo de tiempo. Es un largo periodo de tiempo para nosotras, pero para el Señor, mil años es como un día. Él está esperando.

¿Y qué está esperando? «Está esperando que sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies».

Ese «estrado de Sus pies» significa que Sus enemigos están siendo desvanecidos, conquistados, subyugados, traídos a completa sujeción. En el Antiguo Testamento en el libro de Josué, capítulo 10, hay una imagen de esto, cuando Josué conquistó a los reyes amorreos quienes habían estado luchando contra Israel.

En Josué capítulo 10 versículo 24, «y dijo a los jefes de los hombres de guerra que habían ido con él: Acercaos, poned vuestro pie sobre el cuello de estos reyes».

¿Cuál era el significado de eso? Es un simbolismo: Hemos conquistado a estos reyes. Han sido subyugados. Están ahora bajo nuestro dominio.

Cuando dice que los enemigos de Jesús sean «puestos por estrado de sus pies», está simbólicamente diciendo que «Él ha conquistado cada enemigo». Esto es lo que Jesús está esperando.

Entonces el Padre le dice al Hijo en el Salmo 110: «Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies».

¿Quiénes son estos enemigos? Bueno, estos son los que le hacen oposición al reino y al gobierno de Jesús. Y Dios está poniendo a sus enemigos como su estrado. Dios está haciendo eso. Dios está haciendo eso hoy. Él está activo. Está trabajando. Está conquistando los corazones de los hombres y las mujeres en todo lugar, trayéndolos a la sujeción de Cristo.

Y aquellos que no sean conquistados mientras haya tiempo para el arrepentimiento, aun así, serán conquistados, y cada enemigo vendrá a ser puesto por estrado de los pies de Jesucristo. Ahora, el último de Sus enemigos será derrotado, será traído a completa sujeción. Esto sucederá. Jesús no está esperando como si, «oh, voy a ver si esto quizás sucede». No hay lugar a dudas de que este será el resultado final.

Pero nota que esto no sucede inmediatamente. Ahí está esa pequeña pero importante palabra, «hasta». «Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies». ¿Qué tanto tiempo falta? ¿Días, semanas, meses, un año, un siglo, mil años? ¿Cuánto tiempo faltará? ¿Qué tanto tiempo falta «hasta que los enemigos de Cristo vengan a ser estrado de Sus pies?» No lo sabemos.

Pero ¿sabes qué? No es necesario que lo sepamos. Nosotras, al igual que Jesús, podemos esperar confiadas que el resultado ya ha sido determinado. Y que sucederá. Sucederá. Y entonces esperamos hasta que eso suceda.

Primera a los Corintios capítulo 15, versículo 25, dice que «Cristo debe reinar hasta (aquí está nuevamente esta palabra) que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies». El último enemigo que ha de ser destruido es la muerte.

El enemigo final.

  • No más muerte
  • No más lágrimas
  • No más tristezas
  • No más enfermedades
  • No más dolor
  • No más pecado
  • No más deseo de pecar

¡Puedo oír casi un aleluya! Cada enemigo se colocará bajo los pies de Jesús.

Y aquí hay algo que debemos atesorar en nuestros corazones: «El Padre Jehová, YHWH, le dice al Hijo, le dice a mi Señor: «Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies».

Eso me dice a mí que Jesús está sentado a la diestra del Padre. Es un lugar de supremo poder.

Jesús le dijo a Sus discípulos poco antes de Su ascensión a los cielos en Mateo capítulo 28. Él les dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra».

¿Quién le dio esa autoridad? Dios el Padre, YHWH. «Dice el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra», el lugar de autoridad.

Jesús dijo, «toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra». Jesús está sentado en el lugar de supremo poder sobre todo el universo.

Y Jesús está sentado. Él está esperando pacientemente, pero no está esperando pasivamente. Él está activamente ministrando hoy a nuestro favor.

Romanos capítulo 8, nos dice que Cristo Jesús es el que murió, más aun, quien fue levantado, quien resucitó y quien está sentado a la diestra de Dios, quien sin duda alguna está «intercediendo por nosotros» (v. 34). Él está intercediendo por nosotras. Él está orando por nosotras.

Nosotras no sabemos cómo orar, pero Su Espíritu nos dice cómo orar, y Él ora por nosotras. Él va delante del Padre intercediendo a nuestro favor y suplica por nuestra causa. Él es nuestro abogado. Cuando el diablo viene y nos ataca, o nos acusa o nos culpa, Jesús intercede por nuestra causa, no porque seamos justas y santas, sino porque Él es justo y ha pagado el precio. Él ha pagado el sacrificio por nuestros pecados. La obra redentora de amor ya está completa, y ahora Él intercede por nosotras. Hoy eso es lo que Jesús está haciendo a nuestro favor por ti y por mí en los cielos.

Así que Él está esperando pacientemente, pero no está esperando pasivamente. Está activamente ministrando a nuestro favor.

Y luego me gustaría hacer una observación: No hay pánico en el cielo mientras Jesús espera a que el Padre venza Sus enemigos. Hay enemigos, y vamos a leer más de estos enemigos en este salmo, pero no hay pánico en el cielo o alrededor del trono. Jesús no está corriendo por todas partes tratando de poner todas las cosas bajo control, tratando de ayudar a Dios a resolver todas estas cosas.

Tú dirás, «¡eso es ridículo!» ¡Por supuesto! Pero hay mucho correteo aquí en la tierra, a medida que tratamos de poner las cosas bajo control.

Jesús está sentado. Él está sentado. Está confiado. Él sabe que Dios lo tiene todo bajo control. Está esperando el tiempo de Dios para la victoria final. Entonces, también aquí para nosotras, mientras vivimos entre esos enemigos, no hay necesidad de que tengamos pánico en medio de las batallas. ¿Qué es lo que debemos hacer?

Bueno, lo que hizo Jesús. Acercarnos a Dios. Colocarnos frente a Su presencia y esperar que Él actúe. Esperar en Él, que haga lo que se debe hacer en nuestro mundo, nuestra nación, nuestros hogares, nuestros matrimonios, nuestras iglesias, con esa hija o hijo pródigo.

Ahora, eso no quiere decir que no te importa. No quiere decir que no estás clamando al Señor intensamente, encarecidamente y fervientemente clamando a favor de ellos. Jesús está intercediendo. Él lo hace encarecidamente, pero no hay pánico. Podemos sentarnos y esperar tranquilamente confiando en el Señor.

  • No tenemos que tomar las cosas en nuestras manos
  • No tenemos que manipular
  • No tenemos que controlar todo y a todos a nuestro alrededor

Podemos hacer lo que dice el Salmo 37:

«Encomienda al Señor tu camino, confía en Él, que Él actuará… Confía callado en el Señor y espérale con paciencia; no te irrites a causa del que prospera en su camino, por el hombre que lleva a cabo sus intrigas. Deja la ira y abandona el furor; no te irrites, solo harías lo malo. Porque los malhechores serán exterminados, mas los que esperan en el Señor poseerán la tierra. Un poco más y no existirá el impío; buscarás con cuidado su lugar, pero él no estará allí. Mas los humildes poseerán la tierra, y se deleitarán en abundante prosperidad» (vv. 5-11).

Así es que la batalla no ha terminado. Todavía tenemos enemigos. Pero nosotras no nos ocupamos de la batalla. La batalla es del Señor, y el resultado es seguro. Así que te puedes sentar cerca de Él. En nuestra posición en Cristo, estamos sentadas a Su diestra, mirando toda esta calamidad aquí en la tierra y «dice el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra». Y Él nos dice a nosotras, «siéntate a mi diestra (porque estamos en Cristo) hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies».

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado ayudándonos a preparar nuestros corazones para meditar en la Pasión y Ascensión de Jesucristo. Esta serie de programas que iniciamos hoy se titula, «Cristo, nuestro Sacerdote y Rey».

Leemos que Jesús está sentado a la diestra de Dios, pero la Escritura también nos habla acerca de un momento en el que Jesús está de pie a la diestra de Dios. Mañana, Nancy nos ayudará a ver de qué se trata esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a decir: «Sí, Señor», Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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