Aviva Nuestros Corazones Podcast

Cristo, nuestro Sacerdote y Rey, día 2

Annamarie Sauter: Los soldados enfrentan a sus enemigos con armas físicas. Y el creyente, ¿cómo pelea la batalla espiritual?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Y nosotros conquistamos a esos enemigos proclamando la Palabra y con el poder de la verdad. Conquistamos esos enemigos de Cristo a través de la oración y de una absoluta dependencia en el poder del Espíritu Santo para cambiar los corazones de los enemigos más feroces de Dios. Así es como luchamos. ¡Así es como enfrentamos la batalla!

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy Nancy continúa en la serie a la que dimos inicio ayer, titulada, «Cristo, nuestro Sacerdote y Rey».

Nancy: ¿Soy yo? ¿O alguien más aquí está realmente cansada con todos estos temas de la política y todas sus implicaciones? Me imagino que no soy solo yo, sino que muchas de nosotras estamos realmente cansadas. Siempre estamos escuchando sobre este líder, sobre aquel otro. Cómo surgen y caen los líderes mundiales. Votan por ellos, y luego votan para sacarlos, algunos se autoproclaman a sí mismos. Hay algunas dictaduras que cuando el líder máximo muere, su hijo automáticamente sube al poder. Algunos puede que hagan un buen trabajo, pero la mayoría no. Muchos son incompetentes según las evaluaciones en las encuestas.

Muy pocos son realmente servidores públicos, y damos gracias a Dios por ellos. La mayoría son corruptos, o se vuelven corruptos, porque el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe de manera absoluta; así es la naturaleza humana y su sed de poder.

Y muchos, muchos, muchos de ellos están ahí por intereses particulares, que los colocan en situaciones donde pueden ser fácilmente sobornados. Algunos no son confiables, etc., etc. Y nos cansamos de eso. Pero creo que es muy importante ir a las Escrituras siempre. Sobre todo cuando todo lo que está pasando en este mundo nos perturba, y que podamos tener una idea general de la situación, de la verdadera situación, la situación real; y así poder observar lo que está pasando en este mundo desde una perspectiva celestial, espiritual.

Bueno, esta semana estamos estudiando el Salmo 110, y estamos en la Semana Santa y celebrando anticipadamente el Día de la Ascensión, el día que Jesús ascendió a los cielos. Este salmo nos da una imagen de un reinado muy diferente: un Rey, un Gobernante que es perfectamente puro, justo, recto, admirable; no hay corrupción en Él, sin mancha, no puede ser sobornado. Él es el Soberano de soberanos, el Rey de reyes. Y cuando vemos quién es este Rey, tenemos una perspectiva de lo que está sucediendo aquí abajo en este mundo.

Y lo que también vemos en este pasaje, es que los seguidores de Cristo no son solo espectadores en la expansión de Su reino que está activo hoy en nuestro mundo. Nosotras no nos quedamos quietas mirando lo que sucede, sino que somos participantes activas de lo que Jesús está haciendo en nuestro mundo, para expandir Su reino y Su gobierno.

¡Toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor! Todos esos déspotas, tiranos, malos gobernantes, reyes corruptos, aun los buenos servidores públicos, aquellos que sinceramente tratan de servir bien a su gente, todos caerán, y la bandera del reino de Cristo se ondeará en cada corazón, en cada hogar, en cada pueblo, en cada suburbio, en cada ciudad, nación, parte del mundo, en cada continente. Todo pertenecerá a Cristo, toda tribu, reino, nación, lengua, y pueblo se postrará ante Él como nuestro supremo Líder y Señor.

Así que déjame leer el salmo, Salmo 110. Ayer vimos el primer versículo, y hoy vamos a ver los versículos 2 y 3, pero para que sigamos dentro del contexto, quiero leerlo otra vez. Y te animo a que leas este salmo varias veces durante esta semana.

Pregúntate a ti misma: «¿Qué me enseña este salmo acerca de Dios? ¿Qué me enseña acerca de Cristo?» Hemos dicho que este salmo, de principio a fin, es un retrato del Mesías. Es una sombra de Cristo, el Mesías. Entonces ¿qué nos enseña acerca de Èl?

«Salmo de David:

Dice el SEÑOR (en letras mayúsculas, Jehová, el Padre, el SEÑOR) a mi Señor (Adonai, Cristo, el Mesías. Así que Jehová Dios le dice al Señor de David y a nuestro Señor, Jesucristo): Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. (Así que vemos en este párrafo a Cristo el poderoso Rey de reyes, al exaltado Rey de reyes).

Versículo 2: El SEÑOR (Jehová) extenderá desde Sion tu poderoso cetro, diciendo: Domina en medio de tus enemigos. Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder; en el esplendor de la santidad, desde el seno de la aurora; tu juventud es para ti como el rocío.

El SEÑOR ha jurado y no se retractará: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. El Señor está a tu diestra; quebrantará reyes en el día de su ira. Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres, quebrantará cabezas sobre la ancha tierra. Beberá del arroyo en el camino; por tanto Él levantará la cabeza».

Esta es la Palabra del Señor.

Y, Señor, cuando esta Palabra habla, Tú hablas; cuando este Libro se abre, Tu boca se abre. Y así, hoy Tú estás aquí en este lugar, a través de Tu Santo Espíritu hablando a nuestros corazones. Te pedimos, te suplicamos que nos des entendimiento. Este es un pasaje difícil y necesitamos Tu sabiduría; necesitamos Tu Santo Espíritu para iluminar nuestros corazones, para mostrarnos quién es Jesús. Para ayudarnos a amarlo, obedecerlo, seguirlo y ser sus siervas dispuestas, gozosas y alegres. Así que enséñanos, háblanos, inspíranos y llena nuestros corazones con esta verdad. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Versículo 1: «Dice el SEÑOR a mi Señor...» Ayer dijimos que estamos escuchando una conversación entre el Padre, Jehová, y Su Hijo, Adonai, Cristo, el Mesías, cuando Jesús ascendió al cielo a los cuarenta días después de la resurrección. Nosotros celebraremos este año el Día de la Ascensión el jueves 30 de mayo.

Así que aquí vemos a Jesús con Su cuerpo glorificado. Él ha derrotado el pecado y la muerte, y el Padre le dice,9 para darle la bienvenida en el cielo: «Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies». El sufrimiento de Jesús ha terminado.

Su misión en la tierra ha terminado, está completa. El precio de la redención ha sido pagado, y ahora Él es recibido y bienvenido de nuevo en el cielo. Él es invitado, y se le dice que se siente a la diestra del Padre.

Ahora, hay una parte en la Escritura... Muchas veces leemos acerca de Jesús sentado a la diestra del Padre, pero ¿recuerdas dónde leemos que Jesús está de pie a la diestra del Padre? En Hechos capítulo 7, cuando Esteban es perseguido y está a punto de ser apedreado a muerte. Leemos así:

«Al oír esto, se sintieron profundamente ofendidos, y crujían los dientes contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie (no sentado) a la diestra de Dios; y (Esteban) dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios» (vv. 54-56).

Y luego en los siguientes versículos la multitud grita, va hacia él, lo sacan de la ciudad y lo apedrean; y dejan sus vestimentas a los pies de un joven, testigo, llamado Saulo, quien más tarde vendría a ser Pablo, el gran apóstol. ¡Es una escena muy intensa!

La Escritura no nos dice por qué Jesús estaba de pie en ese momento. Solo sabemos, que algunos pasajes del Nuevo Testamento dicen que en el cielo Él está sentado a la diestra del Padre. Pero podríamos especular que Jesús acabando de ascender al cielo, sabía que este primer mártir de la iglesia cristiana, quien estaba siguiéndolo a Él, a Jesús, siguiendo a Aquel a quién amó y que lo había salvado, iba a morir por la salvación de otros, por el bien de todos los saulos y los fariseos y todos aquellos que estaban observando.

Y tal vez, Jesús mirando cómo se desarrollaba esta escena, sabiendo lo que iba a suceder, listo para darle la bienvenida a Su siervo Esteban al cielo, se puso de pie. «¡Bienvenido! ¡Bienvenido!» Tal vez, Él está diciendo: «¡La maldad tendrá su fin, y todos los enemigos estarán bajo Mis pies!»

No sabemos exactamente lo que Él estaba haciendo, pero creo que es un momento muy sensible y hermoso, cuando Jesús estando de pie, le da la bienvenida a su siervo. Pero, además de eso, nos dice la Escritura que Jesús está sentado a la diestra de Dios. Él está en el trono a la diestra de Dios. Este es un lugar exaltado, de autoridad para nuestro triunfante Salvador.

Él es Señor sobre todas las cosas en el cielo y en la tierra. Todo esto está incluido en ese concepto cuando el Padre le dice al Hijo: «Siéntate a mi diestra». Y en ese lugar, toda criatura en el cielo, todos los santos del cielo, todos aquellos que ya se han ido antes que nosotras, los santos del Antiguo Testamento, Esteban, los santos del Nuevo Testamento, todos aquellos que conocemos y amamos y que se han ido antes que nosotras, todos ellos alaban a Jesús como Señor.

Ellos lo aman, le obedecen, lo escuchan, anhelan estar cerca del Él, lo adoran diciendo: «Santo, Santo, Santo». Pero aquí en la tierra, el asunto es diferente. Tenemos aquellos, por cierto, que adoran a Jesús, que se postran a Sus pies, que anhelan ese día cuando lo verán cara a cara, pero en este momento es solo un pequeño remanente, no muchos.

En la tierra, la mayoría no reconoce el derecho de Cristo a reinar, no lo adoran; son Sus enemigos. Algunos nunca han oído sobre Él; pero Dios les ha dado suficiente luz como para que ya lo conocieran. Ellos han rechazado la luz, por lo tanto, el salmo dice que estos son los enemigos de Cristo.

Aquellos que lo rechazaron y se opusieron a Él cuando estaba en la tierra son parte de sus enemigos, y aquellos que aún hoy lo rechazan y se oponen a Él están dentro de sus enemigos, y un día serán puestos como estrado de Sus pies.

Toda rebelión un día será aplastada, pero todavía se está librando la batalla. Es una batalla por el trono, y es una batalla en la que Dios les está dando tiempo a sus enemigos («hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies») para que se arrepientan.

Y déjame decirte que si hoy estás escuchando el sonido de mi voz (como sea que lo estés escuchando y como sea que hayas sintonizado este programa por la red o por la radio) y eres una de esas enemigas que no se ha postrado ante Cristo reconociéndolo como Señor y Salvador; Dios está esperando y dándote tiempo para que te arrepientas y creas en el evangelio.

¡No es demasiado tarde! ¡Un día será demasiado tarde! Así que mi súplica es que te postres. Cree, recibe a Cristo como tu Señor y tu Salvador.

Ahora, esta batalla por el trono, esta batalla para extender el reino y la soberanía de Cristo por toda la tierra es el tema de los dos versículos siguientes. En el versículo 1, que leímos antes, el Padre le está diciendo al Hijo: «Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies».

Ahora en los versículos 2 y 3, el salmista le está diciendo al Hijo (al Mesías): «El SEÑOR (en letras mayúsculas, que es Yahveh, Jehová) extenderá desde Sion tu poderoso cetro». ¿De quién es el pronombre «tu» que se usa ahî?» Es del Mesías, de Cristo. Así que el salmista le está hablando al Mesías.

«Jehová extenderá tu poderoso cetro, diciendo: Domina en medio de tus enemigos». El salmista se está dirigiendo a su Señor Jesucristo. Ahora, la palabra «cetro» («El Señor extenderá desde Sion tu poderoso cetro»), es símbolo de poder y autoridad.

El Salmo 23 menciona la vara y el cayado del pastor. La vara, el cayado, se usaba para protección y también se usaba para castigar. Pero era un símbolo de autoridad que el pastor tenía sobre sus ovejas. La palabra «cetro» (y esas palabras «vara y cayado» algunas veces se traducen como «cetro») es un concepto que implicaba que un gobernante era el pastor de su pueblo.

El cetro es un símbolo de poder y autoridad. Y así, el Señor, Yahveh, Jehová, «extiende desde Sion tu poderoso cetro». Entonces lo que vemos aquí es que Jesucristo reina desde Su trono en el cielo a la diestra del Padre.

Él ha sido exaltado, está en el trono. Está por encima de todos los ángeles y sobre todos los poderes terrenales y celestiales, y Su reino se extiende por todo el mundo: «El Señor extenderá . . . tu poderoso cetro» (Tu derecho a reinar y gobernar).

Pero ¿desde dónde el Señor lo extiende? «Desde Sion» hablando de la iglesia, del pueblo de Dios, el lugar donde Dios habita en medio de Su pueblo. Su reino se está extendiendo en este mundo a través de Su pueblo, a través de Su iglesia, a través de nuestras vidas, a través de nuestro testimonio, a través de nuestra obra aquí en este mundo.

«El Señor extenderá desde Sion (el salmista le dice a Cristo) tu poderoso cetro, diciendo: Domina en medio de tus enemigos». Dios quiere extender el reino de Cristo a través de nosotros, Su pueblo en este mundo.

Así que le dice al Mesías, «Domina, reina en medio de tus enemigos». Esa palabra «domina» es una palabra muy fuerte. Significa «reinar». Es algo que es seguro, cierto, sin lugar a dudas. Promete el dominio total de Cristo sobre el cielo y la tierra.

Tenemos que decir esto una y otra vez, porque vivimos en una batalla. El resultado de la batalla no está en duda. Jesús domina en medio de Sus enemigos. Sí, Él tiene enemigos. Sí, son poderosos. Sí, los vemos hoy por todas partes.

En nuestros países, en nuestro mundo, vemos que los enemigos de Cristo son poderosos, su palabra es ley, imponen su voluntad, ejercen su autoridad. Pero el salmista le dice al Mesías, a Cristo: «¡Tú mandas! Tú dominas en medio de tus enemigos», asegurando esto sin lugar a dudas, que esos enemigos serán destruidos.

Martín Lutero escribió un comentario de ciento veinte páginas sobre estos siete versículos del Salmo 110. ¡Así que cuatro días para esta serie no es nada largo! En ese comentario, él menciona: «Debemos vivir en medio de los enemigos de Cristo; sin embargo, este versículo no quiere decir que nosotros resistimos a nuestros enemigos físicamente. En Su reino, Cristo no se vale del poder secular o del gobierno (eso no quiere decir que Él no tenga nada que ver con esto, sino que Su forma de llevar a cabo Su reino y Su soberanía no es a través del poder y del gobierno secular), ni los cristianos tampoco vamos a conquistar y a destruir al diablo y al mundo con armas y poder físico».

Así como Pablo les dijo a los corintios, nuestras armas no son carnales, no son naturales, no son armas físicas. Son armas espirituales. A diferencia de otras religiones, no obligamos a la gente a ser seguidores de Cristo.

No conquistamos a nuestros oponentes con la espada, con fuerza, con odio. Más bien, conquistamos a los enemigos de Cristo por la fe, con vidas santas dispuestas a sufrir. Ellos conquistaron por medio de la sangre del cordero y la Palabra de su testimonio.

Nosotros conquistamos a esos enemigos proclamando la Palabra y con el poder de la verdad. Conquistamos esos enemigos de Cristo a través de la oración y una absoluta dependencia en el poder del Espíritu Santo para cambiar los corazones de los enemigos más feroces de Dios. Así es como luchamos. ¡Así es como enfrentamos la batalla!

Entonces él dice: «¡Domina en medio de tus enemigos! Jehová, extiende Tu cetro, Tu símbolo de poder y autoridad, extiéndelo al mundo desde Sion, desde el pueblo de Dios».

Escucha, Dios no solo nos tiene aquí abajo para que estemos en suspenso esperando hasta que ocurra el rapto, solamente esperando que Dios nos saque de este caos. He oído decir eso a las personas cuando las cosas se ponen realmente difíciles en este mundo, dicen: «¡Oh Jesús, ven, ven pronto!»

Bueno, anhelamos la venida de Jesús, pero no solo para ser rescatadas. Dios nos ha dejado aquí para rescatar a otros, para ser los que extendamos el reino y el poder de Cristo en este mundo, no por fuerza, ni con violencia; sino con el poder de una vida salvada y transformada, con el poder del evangelio, con el poder de la verdad.

De manera que esto nos da un sentido de propósito y significado cuando vamos al mundo, y les hablamos a las personas en nuestros sitios de trabajo, y en nuestros vecindarios, y en nuestras comunidades, y a las personas que no conocen a Jesús, y a nuestros hijos e hijas y a las personas que necesitan el evangelio, que se resisten a Él, personas que son Sus enemigos.

Somos parte de lo que Dios está haciendo, para ganar esos corazones, para que sirvan a Jesucristo.

Ahora, hemos hablado de los enemigos de Dios: «Domina en medio de tus enemigos» (v. 2). Ahora, el versículo 3 nos habla de otro tipo de personas, «tu pueblo». «Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder; en el esplendor de la santidad».

Hay básicamente dos clases de personas en este mundo: el pueblo de Dios y los enemigos de Dios. Están los que lo reconocen a Él y Su derecho a reinar en sus vidas, y están los que se resisten a Él y se oponen a Su derecho de reinar en sus vidas y en este mundo. Tú te encuentras en una de esas dos categorías.

Una amiga me contó hace poco sobre un hombre y su esposa, a quienes les habían compartido acerca de Cristo y estaban tratando de ganarlos para Él. Este joven creció en un hogar cristiano y asistía a la iglesia. Él piensa que es cristiano. Pero él admite que no tiene ningún interés en las cosas espirituales, no tiene apetito por las cosas espirituales.

Al contrario, se siente atraído por las cosas mundanas y pecaminosas, y tiene adicciones que lo tienen atado. Así que mi amiga estuvo hablando con él y le dijo: «En tu vida no hay evidencias de que eres un hijo de Dios».

Ahora, esto tal vez sea una sorpresa para algunas de ustedes que me están oyendo decir esto; pero si en tu vida no hay evidencia de amar la santidad, de amar las cosas de Dios, de querer agradar a Dios y obedecerlo, no tiene que ser perfectamente, pero si en tu vida no hay evidencia de que esta es tu inclinación, tu tendencia, tu deseo, entonces tú no tienes las bases de la seguridad de ser una hija de Dios.

¿Eres una amiga de Dios? ¿Eres parte de Su pueblo? Tú dirás: «Oh, no. Yo no iría tan lejos como para decir eso». Bueno, entonces eso te hace enemiga de Dios. Y ¿qué es lo que les va a pasar a Sus enemigos? Serán derrotados. ¡Serán el estrado de Sus pies!

Ahora, vemos la dulzura del versículo 3 que dice: «Tu pueblo, tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder; en el esplendor de la santidad». Vemos ahí un contraste entre los enemigos de Dios —quienes un día serán obligados a obedecer a Dios— y el pueblo de Dios, aquí en el versículo 3, quien gustosa y voluntariamente se postra y le sirve.

Esto me recuerda el cántico que Débora y Barac cantaron después de obtener la victoria contra el ejército de Sísara. Jueces 5:2 dice en ese cántico: «¡Por haberse puesto al frente los jefes en Israel, por haberse ofrecido el pueblo voluntariamente, bendecid al Señor!» Esta es una descripción del pueblo de Dios. Ellos no tienen que ser forzados para servirle. No tienen que ser forzados a obedecer. No tienen que ser forzados a unirse a Su ejército.

Ellos se ofrecen gustosa y voluntariamente porque lo aman. Quieren servirle. Se ofrecieron voluntariamente. Entonces el Salmo 110 versículo 3 dice: «Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder», eso es lo que dice la versión de La Biblia de las Américas. La Nueva Versión Internacional dice: «Tus tropas estarán dispuestas el día de la batalla».

Este es el día de la consumación, el día en que Jesús ejercerá Su derecho a reinar y a gobernar sobre toda la tierra. El día de Su poder. El día de la batalla, y así como veremos más adelante en este salmo en los próximos versículos, es también el día de Su ira, Su ira contra Sus enemigos.

Él redime a aquellos que son suyos de este mundo caído, dividido y confundido. Él pone a Sus enemigos como estrado de Sus pies. Su pueblo se ofrece voluntariamente, para ser parte de Su ejército en el día de la batalla. Un traductor lo dice de esta manera: «Tu pueblo será una ofrenda voluntaria».

Esto me recuerda lo que Pablo dice en 2 Timoteo 4:6, en los últimos días de su vida, cuando él dice: «Porque yo ya estoy para ser derramado como una ofrenda de libación, y el tiempo de mi partida ha llegado». Escucha, ser una hija de Dios en esta era, en este mundo, no es fácil.

Servir al Señor implica ir en contra de la corriente. Ser parte de Su ejército voluntario implica que somos un remanente pequeño, muy pequeño, en medio de una gran multitud de enemigos de Dios. ¡Eso es difícil! Eso significa que no nos van a entender. Significa que nos van a acusar falsamente. Significa que no nos van a aceptar o a valorar o a apreciar en este mundo.

Su pueblo se ofrece voluntariamente. Está dispuesto a ofrecerse como una ofrenda de libación, como una ofrenda voluntaria. No nos han forzado a alistarnos en el ejército de Dios, nuestro servicio no es obligatorio.

Sí, alguna vez no estuvimos dispuestas, pero Su poder y Su gracia intervinieron en nuestras vidas y ahora somos siervas voluntarias de Cristo. Ahora estamos dispuestas voluntariamente a servirle. Nos ofrecemos voluntariamente como sacrificio, aunque eso signifique dar nuestras vidas por Su reino.

Sabemos que el que dé su vida por la causa de Cristo la encontrará. El que se aferre a su vida la perderá. Nosotras ofrecemos nuestras vidas voluntariamente. «Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder; en el esplendor de la santidad». ¡Estamos revestidas en Su santidad, y avanzamos y conquistamos en Su fuerza, en Su poder y con Sus armas, no con las nuestras!

Y luego, al final del versículo 3 dice: «Desde el seno de la aurora, tu juventud es para ti como el rocío». En en el margen de mi Biblia dice: «El significado en Hebreo es incierto». Y, de hecho, muchas traducciones —prácticamente todas las traducciones— traducen esta parte de este versículo de forma diferente.

Pero en la versión de La Biblia de las Américas dice: «Desde el seno de la aurora...» ¿Qué es el seno de la aurora? El inicio, el amanecer, la primera hora del día... «Tu juventud es para ti como el rocío». Esto me sugiere que el Rey al frente de este ejército ¡es fuerte y vigoroso en la batalla!

Desde el inicio, «el seno de la aurora», hasta el final de la batalla, Él se mantiene enérgico, fresco, fuerte y vigoroso. ¡El Rey Jesús siempre está fresco, enérgico y vivo! A Él nunca le falta energía; nunca se cansa; nunca se debilita en la batalla.

Él colma a Su pueblo de gracia y misericordia fresca, y de fortaleza mientras su pueblo sigue Su cruz y lo sigue a Él. Vemos este tema en la Escritura. Dice el Salmo 103 versículo 5: «Para que tu juventud se renueve como el águila».

«(Nosotras) correremos y no nos cansaremos, caminaremos y no nos fatigaremos», dice Isaías capítulo 40 (v. 31). Hebreos capítulo 7, hablando de Cristo nuestro Sacerdote y Rey (veremos este pasaje mañana) dice: (ÉL tiene) el poder de una vida indestructible» (v. 16). El poder de una vida indestructible. «Tu juventud es para ti como el rocío».

Su vida indestructible en nosotras, corriendo por nuestras venas, Su Espíritu en nosotras es la fuente, la provisión y la garantía para mantenernos frescas y vigorosas, no importa cuan larga e intensa pueda ser la batalla. ¿Te sientes débil y cansada en la batalla algunas veces?

«¡Desde el seno de la aurora», oh Cristo, nuestro Rey triunfante, «tu juventud es para ti como el rocío», y porque Tú vives en nosotras, será nuestra también!

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth se encuentra en la serie de enseñanzas titulada, «Cristo, nuestro Sacerdote y Rey». Si te perdiste el programa de ayer, escúchalo, descárgalo o léelo, en AvivaNuestrosCorazones.com. Y no dejes de visitarnos hoy, para que te enteres de un próximo evento muy especial que estaremos llevando a cabo en el mes de marzo del año próximo.

Los reyes de los que leemos en el Antiguo Testamento no podían ser sacerdotes, y de igual manera, los sacerdotes no podían ser reyes. Pero hubo dos personas a las que Dios llamó a servir como reyes y sacerdotes. ¿Sabes quiénes son? Averígualo en tu programa de mañana, de Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a decir: «Sí, Señor», Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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