Podcast Aviva Nuestros Corazones

¿Cuál es el nombre de Dios?

Recursos del Episodio

Serie «La maravilla de su Nombre»

Annamarie Sauter: ¿Conoces al gran YO SOY?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Tienes un alma sedienta? Él dice: «YO SOY el agua viva» ¿Tienes un corazón hambriento? Él dice: «YO SOY el pan de vida» ¿Estás bajo la maldición del pecado y la muerte? Él dice: «YO SOY la resurrección y la vida» ¿Estás perdida? Él dice: «YO SOY el camino».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Ayer dimos inicio a la serie titulada, «El gran YO SOY». Si te perdiste ese primer programa te invito a escucharlo o leerlo. Encuentra tanto el audio como la transcripción en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Hoy Nancy continúa con la enseñanza que comenzamos ayer, e inicia hablándonos acerca de su nombre.

Nancy: Déjame decirte un poco acerca de mi nombre. Nancy es mi nombre de pila, fui la primera hija de mis padres y nací nueve meses y cuatro días después de que ellos se casaron. El nombre de mi madre es Nancy, así que cuando nací, mis padres decidieron llamarme como mi madre.

El nombre de mi hermana, la que sigue después de mí, es Charlotte, que es de dónde mi madre era originaria, Charlotte en Carolina del Norte. Mi padre verdaderamente quería honrar a mi madre, es ahí de donde sale «Nancy». Leigh es el segundo nombre de mi madre solamente que ella lo deletrea Lee, así que nuevamente, tengo su segundo nombre.

Mientras crecía me llamaban «Nancy Leigh», ya que había dos Nancys en casa, y también me llamaban, «Nancita» o «Nancy junior». DeMoss es el apellido que recibí de mi padre, Art DeMoss, quién se casó con mi madre en 1957, Nancy Lee Sossomon. Estoy muy agradecida por mis dos nombres y mi apellido.

Pensaba que esos eran los únicos nombres que tendría… hasta que hace un poco más de tres años, un hombre llamado Robert David Wolgemuth… bueno … ¡el resto es historia!, llegó a mi vida y agregó «Wolgemuth» a mi nombre, como mi nuevo apellido. Estoy muy agradecida por ese nombre también, por la herencia de generaciones piadosas que representa. Así que ahora Nancy DeMoss Wolgemuth es como me llamo.

Los nombres son importantes. Los nombres importan. Ellos nos dicen algo sobre nuestra historia o lo que debió ser. A menudo en las Escrituras encontramos que los nombres revelan algo sobre el carácter de una persona, sus aspiraciones o las aspiraciones que tenían sus padres.

Hemos estado viendo desde ayer Éxodo capítulo 3, y queremos dar respuesta a la pregunta que le hizo Moisés al Señor: ¿Quién eres? ¿Cuál es Tu nombre? ¿Cuál es el nombre de Dios? Vamos a ver esto hoy: ¿Cuál es el nombre de Dios? ¿Qué significa? ¿Qué diferencia hace esto en tú vida y en la mía?

Así que volvamos entonces a Éxodo capítulo 3, versículo 1. Quiero leer el pasaje que leímos ayer, luego continuaremos con la respuesta a esta pregunta. Esta es la Palabra de Dios.

«Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. (Significa desierto o desolación)

Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios» (v. 1-6).

Ahora, déjame interrumpir aquí el pasaje por un momento.

Recuerda que Moisés había vivido (él ahora tiene ochenta años) en tres culturas diferentes. Los primeros dos o tres años de su vida había vivido como hebreo, nacido de hebreos, luego fue criado en el palacio egipcio como el hijo adoptivo de la hija del Faraón, y después pasó los últimos cuarenta años de su vida como fugitivo en el desierto de Madián.

Así que aquí tenemos a un individuo que pudo haber tenido serios problemas de identidad. ¿Era hebreo? ¿Era egipcio? ¿Era madianita? Déjame decirte que no sabrás quién eres tú hasta que no aprendas quién es Dios. Y es esto lo que Moisés va a aprender aquí.

Compartí este mensaje recientemente en una conferencia de mujeres, y el esposo de una de las integrantes musicales que estaba escuchando en la audiencia, era un hombre en sus cincuenta años. Luego me dijo una amiga con la que él conversó, que después de la conferencia este hombre –que había sido adoptado y estaba pasando por problemas en la relación que tenía con su padre adoptivo– compartió con esta amiga, cuán profundamente le habló este versículo.

Él se dio cuenta que su Dios es también el Dios de su padre y de los padres de sus padres. Entendió que Dios quería hacer una obra de restauración, reunión y reconciliación en su vida para juntar las piezas de su historia –las piezas de su historia– y que Dios era el Único que podía hacerlo.

Bueno, Dios se presenta a Sí mismo a Moisés diciéndole: Soy el Dios del pasado, el Dios de tus antepasados.

«Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel…»

Versículo 9: «El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?» (vv. 6-11).

Lo que Moisés decía era: «Soy solamente un pastor madianita, un hombre solitario viviendo en el desierto. ¿Quién soy yo para enfrentarme ante ese trono, ante ese poder?» El más poderoso del mundo, Faraón, quien pensaba que era dios, y las personas –los egipcios– lo adoraban como dios.

«Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?... (Y Dios le contesta): Ve, porque yo estaré contigo… Moisés dijo a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?» (vv. 10-13).

Moisés le dice: «No solamente me importa quién soy yo; me importa quién eres Tú, ¿cuál es Tú nombre? ¿Qué le diré a esta gente para que crea que Tú me has enviado? Ahora vamos a los últimos versículos de este pasaje, versículo 14 de Éxodo capítulo 3.

«Dios le dice a Moisés…Y Moisés le dice a Dios, ¿cuál es tú nombre?» Tú esperarías que Dios contestara, «Mi nombre es____». Todas estamos a la espera…¡redoble de tambores!

«Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. (Este es un nombre inusual, por decir lo menos) Y dijo Dios: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros» (v.14).

Ahora, hemos escuchado a lo largo de las Escrituras mucho sobre el Gran Yo Soy, así que probablemente esto no nos sorprende de la misma forma en la que sorprendió a Moisés: «Yo soy me ha enviado a ustedes»

Dios había revelado su nombre anteriormente, pero quizás durante los años de esclavitud en Egipto lo habían olvidado. Ciertamente los israelitas, y ciertamente Moisés, no entendían por completo el significado de ese nombre.

Versículo 15:

«Dijo además Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: “El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros». Este es mi nombre para siempre, y con él se hará memoria de mí de generación en generación».

Ahora, ¿cuál es el nombre de Dios? ¿Qué nos está diciendo Él aquí? Bueno, en el versículo 15, Él dice: «Dile al pueblo, El SEÑOR me ha enviado». El SEÑOR. Este es un nombre de Dios que está basado en un verbo utilizado en el versículo 14 cuando Dios dice, «YO SOY». Eso es un verbo; ese verbo significa «ser», «existir» Dios dice, «YO SOY aquel que existe». «El SEÑOR» está basado en ese verbo, «YO SOY». EL SEÑOR, todo en letras mayúsculas.

¡Este es el nombre más importante de Dios en la Biblia! Se usa unas siete mil veces en el Antiguo Testamento y consiste en cuatro consonantes hebreas: Y-H-W-H… y no sabemos cómo se pronuncia, a veces se pronuncia «Yahweh» o «Jehová»

Ese nombre es tan venerado por los judíos, y particularmente en la era del Antiguo Testamento, que no tenían permitido escribirlo o decirlo en voz alta. Ahora, la mayoría de las traducciones en español lo llaman SEÑOR. Pero mira en tu Biblia cómo es deletreado, S mayúscula y luego las otras letras en mayúsculas: E, Ñ, O, R

Cuando ves la S mayúscula y luego minúsculas en e, ñ, o, r, es un nombre distinto: «Adonai». Pero cuando ves la S mayúscula y las demás en mayúsculas, E, Ñ, O, R –siete mil veces en el Antiguo Testamento– es el nombre más común, el nombre de «Yahweh», «Jehová» «El que Es» «YO SOY» «El SEÑOR», ese es el nombre propio de Dios: YO SOY y nos dice muchas cosas importantes acerca de Él.

Primero nos dice que Dios es una persona: «YO SOY». Él no es un fragmento de nuestra imaginación, no es una fuerza cósmica. Es un Dios personal que se revela a Sí mismo y se da a conocer. Hay tres cosas importantes acerca de este Dios, «YO SOY», que vemos a través de las Escrituras.

Primero que Él es autoexistente. Él es autosuficiente, Él es independiente. Él es el Creador no creado, Él es el Sustentador de todo lo que existe, Él existe por Sí mismo y para Sí mismo, Él es completamente independiente –no depende de nada ni de nadie más– Él es autoexistente. ¡Él es! Y, ¡Él importa supremamente!, Él es todo suficiente.

Lo que necesites, lo que sea que te falte, ¡Él es! Llena el espacio en blanco. Ese es el gran nombre de Dios para llenar nuestro espacio en blanco. «YO SOY _______» ¿QUÉ NECESITAS? ¡Eso soy! YO SOY tú suficiencia. Dios no nos necesita… nosotros lo necesitamos a Él, el autoexistente, el autosuficiente.

En segundo lugar vemos que este Dios autosuficiente es invariable e inalterable. La palabra que utilizan los teólogos para esto es «inmutable», Él no cambia. En Malaquías 3:6, Él dice: «Porque yo Jehová no cambio». Él no se ve alterado por las circunstancias ajenas a Él.

En este mundo nunca pasa nada de lo que Dios no esté a cargo, o algo en lo que Él no haya pensado o que no haya planeado. ¡Nunca es tomado por sorpresa! Él es el mismo ayer, hoy y por siempre. El Dios del Antiguo Testamento es el mismo Dios del Nuevo Testamento.

Algunas personas dicen: «El Dios del Antiguo Testamento hizo esto y lo otro. Él es santo, es maravilloso. Pero el Dios del Nuevo Testamento es misericordioso y amoroso». No, el Dios del Antiguo Testamento es misericordioso y amoroso también y el Dios del Nuevo Testamento es maravilloso y santo. Él no cambia. Es inmutable.

Esto no se parece en nada a nosotras como criaturas. Nosotras estamos cambiando continuamente. Es por esto que en las Escrituras llaman a Dios, «la Roca». Él es fiel, es constante, Él es Dios, Él cumple sus promesas, se puede confiar en Él. Podemos depender de Él, es el Dios que guarda el pacto. ¡Nunca cambia!

Y luego este Gran YO SOY es eterno. Él no tiene principio –nunca hubo un momento en el que Él no fuera– y no tiene final. Él siempre fue y Él siempre será. Dios le dijo a Moisés: «YO SOY EL QUE SOY», eso incluye el pasado, el presente y el futuro del verbo «ser». Yo era, Yo soy, ¡Yo siempre seré! ¡YO SOY!

Algunas de sus Biblias tendrán quizás una anotación al margen de esta frase que también se puede traducir como: «Seré lo que seré». Él es el eterno YO SOY. Dios está diciendo: «Quién soy hoy es quién siempre he sido y quién siempre seré».

Esto es muy importante para nosotros que vivimos en un mundo cambiante, todo está cambiando –valores, puntos de vista y perspectivas– nosotras cambiamos, todo cambia. Pero Dios es el eterno YO SOY. Estamos necesitadas y Él es autosuficiente. Nosotras cambiamos, Él no cambia. Nacemos y morimos; Dios siempre ha vivido y siempre vivirá.

Este Dios personal, autosuficiente e inmutable se dio a conocer a Moisés y a Su pueblo. Él les prometió estar con ellos, el gran y eterno YO SOY estaría con ellos. Él prometió librarlos de su opresión, de la esclavitud. Él prometió llevarlos a una buena tierra y Aquel que hizo esa promesa la cumplirá porque es YO SOY, EL SEÑOR, Jehová.

Cuando Jesús vino a esta tierra, nació en Belén como un bebé. Creció y se hizo hombre. Él sirvió a Dios y a su pueblo mientras estuvo en esta tierra. Asombró a la gente que lo rodeaba afirmando ser el GRAN YO SOY, Jehová, el mismo Dios que se reveló a Sí mismo a Moisés en el desierto, el mismo Dios que se reveló a Sí mismo a los judíos en Egipto.

El mismo Dios que rescató a su pueblo de la cautividad en Egipto seguía vivo. Él seguía obrando en la historia de la humanidad, mil quinientos años después de la experiencia con la zarza ardiendo. ¡Él seguía redimiendo, rescatando y salvando a su pueblo!

Ves la conexión entre Jesús y Yahweh, YO SOY, más claramente en el Evangelio de Juan; Jesús dice: «YO SOY», veinticuatro veces y siete de esas declaraciones están conectadas a una metáfora o a una analogía.

Jesús dice,

  • YO SOY el Pan de Vida
  • YO SOY la Luz del Mundo
  • YO SOY la Puerta de las Ovejas
  • YO SOY el Buen Pastor
  • YO SOY la Resurrección y la Vida
  • YO SOY el Camino, la Verdad y la Vida
  • YO SOY la Vid Verdadera

En cada uno de estos puntos Él está afirmando ser Yahweh, afirmando ser el GRAN YO SOY. Él está explicando algo más sobre quién es ese YO SOY.

Pero hay muchas otras ocasiones a través del Evangelio de Juan en donde Jesús se identifica a Sí mismo como «YO SOY. Es difícil ver esto en nuestras biblias porque generalmente en las traducciones que utilizamos se le traduce como, «Yo soy Él» o «Soy Yo». Pero el pronombre «Él» o «Yo» no está en el texto griego.

Permíteme darte un par de ilustraciones de lo que esto significa; notarás esto cuando vayas a estos pasajes en el futuro. ¿Recuerdas el relato de la mujer samaritana en el pozo, en Juan capítulo 4:25-26. Ella le dice a Jesús: «Sé que el Mesías viene...cuando Él venga nos declarará todo». Jesús le contestó, «Yo soy, el que habla contigo».

Eso es lo que encontramos en nuestras biblias. Pero literalmente es, «YO SOY el que habla contigo», «YO SOY es quien habla contigo». Él está afirmando ser Yahweh. Él es el eterno YO SOY.

En Juan 6:20 hay otro ejemplo. Cuando Jesús está caminando sobre el agua hacia sus discípulos, les dice: «soy yo», pero el texto debería decir literalmente, «YO SOY, no teman».

El punto de todo esto es que Jesús es Yahweh. Él es EL SEÑOR –todas con mayúscula– del Antiguo Testamento. Él es el Gran YO SOY del capítulo 3 de Éxodo. Él es quien vino a liberar a su pueblo, Él fue enviado por Dios y bajó para liberar a su pueblo, ¡para hacernos libres!

¡Esto es crucial para nuestra fe cristiana! Esto no es meramente conocimiento teológico, «qué interesante». ¡Esto es importante! Esto significa todo. Si Jesús no fuera Yahweh, si no fuera Jehová, entonces sus afirmaciones no serían verdad. Si es Yahweh, entonces es el SEÑOR, y todo lo que afirmó ser es absolutamente cierto.

Rechazar a Jesús es rechazar a Dios, –YO SOY– y todo lo que es verdad de Dios también es verdad de Jesús. Jesús tiene todos los atributos de Dios, Él es autoexistente, autosuficiente, inmutable y eterno. Él siempre fue y siempre será. Jesús hace las obras de Dios.

Cuando Jesús vino a esta tierra, los judíos no pudieron evitar pensar en el Éxodo, ya que Jesús dijo e hizo cosas que solamente podían ser atribuidas a Yahweh. Él hizo milagros, habló de la liberación de su pueblo. Él era Yahweh. Él es Jehová.

Jesús vino a este mundo para revelarnos a Dios. Es la continuación de la conversación que empezó con Moisés cuando le habló en la zarza ardiendo. Jesús es el Gran YO SOY encarnado, y por medio de Él podemos conocer a Yahweh, YO SOY.

En Cristo Jesús, ¡Yahweh se acercó a nosotros! Él es santo. Él vino a darnos Su santidad, vino a salvarnos de nuestros pecados para poder acercarnos a Dios

Y así como Jehová liberó de la cautividad de Egipto a su pueblo, Jesús es el Dios que rescata y da libertad a los cautivos. Él rescata de la esclavitud al peor «Faraón», y nos rescata de la esclavitud de Satanás y del pecado. Diariamente continúa rescatándonos de nosotras mismas, del poder del pecado, del poder de nuestra carne, de las artimañas del pecado, de este mundo y de la maldad.

Él ha prometido que un día nos rescatará por completo y para siempre de la presencia del pecado, ¡Él es nuestro libertador!

Y así como Jehová en el Antiguo Testamento juzgó y destruyó al ejército egipcio, así vino Jesús para destruir cada enemigo, enfermedad, dolencia, a Satanás, a los demonios y a la muerte misma. Él destruirá y juzgará a todo aquel que es contrario a Su carácter.

Así como Jehová guió a su pueblo a la tierra prometida con una nube de día y una columna de fuego durante la noche, así Jesús vino a esta tierra a guiar a sus hijos a la gloria. Nos guía cada día por medio del Espíritu Santo y está preparando nuevos cielos y nueva tierra para que vivamos eternamente con Él. Jesús es Yahweh, el Gran YO SOY!

Y así, Jehová, EL SEÑOR, dijo a Moisés, «YO SOY, estoy contigo, soy todo lo que necesitas». Jesús es Jehová con nosotros, todo lo que necesitamos, el Todo suficiente, se entregó a cambio de lo que nos faltaba.

¿Tienes un alma sedienta? Él dice: «YO SOY el agua viva». ¿Tienes un corazón hambriento? Él dice: «YO SOY el pan de vida». ¿Estás bajo la maldición del pecado y de la muerte? Él dice: «YO SOY la resurrección y la vida». ¿Estás perdida? Él dice: «YO SOY el camino».

Déjame darte un último vistazo del gran YO SOY mientras vamos al último libro de la Biblia, Apocalipsis capítulo 1. Encontramos al apóstol Juan, el discípulo amado de Jesús quién ahora es un hombre anciano. Ha sido desterrado por el gobierno romano a la isla de Patmos, desterrado por su fe.

Ahí está ahí preso, pero no de Roma sino de Dios, preso de Dios, en el buen sentido. Y ahí en esa isla, mientras Juan está exiliado, Dios se revela a su siervo. Dice el versículo 8 de Apocalipsis capítulo 1: «YO SOY…» ¡YO SOY! Vemos esto en toda la Escritura. «YO SOY el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, quién es, quién era y quién ha de venir, el Todo poderoso».

YO SOY el YO SOY que se encontró con Moisés en la zarza ardiente, el YO SOY que vino a esta tierra a hacer milagros, a sanar y a liberar a las personas de la ceguera de la muerte y del pecado. Ese YO SOY ahora se revela al apóstol Juan. Él dice, «YO SOY el principio y el final.

Veamos los versículos 12 al 14:

«Y me volví para ver de quién era la voz que hablaba conmigo. Y al volverme, vi siete candelabros de oro; y en medio de los candelabros, vi a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la blanca lana, como la nieve; sus ojos eran como llama de fuego».

¿Alguna vez has visto el fuego relacionarse con YO SOY? ¿El gran YO SOY?

«sus pies semejantes al bronce bruñido cuando se le ha hecho refulgir en el horno, y su voz como el ruido de muchas aguas. En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos; su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies...» (vv.15-17).

¿Recuerdas a Moisés? Él escondió su rostro porque tenía miedo. Esa es la experiencia que el apóstol Juan tuvo aquí, pero este Gran YO SOY, Jehová, Jesús, mira lo que hizo:

«...Él puso su mano derecha sobre mí, diciendo: No temas, yo soy el primero y el último, y el que vive, y estuve muerto; y he aquí, estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades» (vv.15-18).

Y así Padre, te agradecemos por haberte dado a conocer a nosotros. Hemos simplemente tocado a lo largo de las Escrituras quién es Yahweh: «YO SOY el que SOY». Te has revelado a nosotros en arbustos comunes y corrientes y en lugares desérticos.

Cambias el desierto y los lugares desolados en un lugar de misión, pasión y propósito. Nos das un nuevo propósito. ¡Podemos ver quiénes somos cuando aprendemos quién eres Tú! Gracias por Tu santo nombre y gracias por por ese gran YO SOY que se nos ha acercado en la persona de Jesucristo. Gracias porque quieres que te conozcamos; quieres que nos acerquemos a ti.

Nos dices, «no temas; ¡YO SOY está contigo!» Así que, ¡te adoramos, te honramos, te exaltamos, nos rendimos a ti y confiamos en ti! Te agradecemos que has liberado a tu pueblo, nos has guiado de la cautividad a un lugar hermoso y deleitoso para estar con nosotros para siempre; porque tú no cambias, Tú eres el eterno YO SOY. Tú eras, Tú eres y Tú siempre serás. Así que te bendecimos en el nombre de Jesús, Yahweh, el gran YO SOY, amén.

Annamarie: Es precioso ver cómo el mensaje del evangelio y la historia de la redención están tejidos en el Antiguo Testamento. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando cómo Éxodo capítulo 3, aplica aún en nuestros días. Dios rescató al pueblo de Israel de la esclavitud y nos rescata a nosotras de la esclavitud al pecado, para darnos libertad, plenitud y abundancia en Cristo.

Nuestra vida es como un peregrinaje. Y es a lo largo de este peregrinaje, y profundizando en la Palabra de Dios, que crecemos en el conocimiento de Dios. Y como hemos escuchado, Dios es una persona. Quizás al escuchar esto te preguntas, ¿cómo puedo caminar con Él? En nuestra próxima serie hablaremos más acerca de esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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