Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cuando cosas buenas llegan a ser demasiado importantes

Annamarie Sauter: El enojo puede ser evidente a través fuertes arrebatos, pero también a través de resentimiento silencioso. Con nosotras Paul David Tripp.

Paul David Tripp: Si estás sentada aquí pensando: «No tengo un problema de ira porque nunca exploto en una de esas formas dramáticas», has perdido el punto.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Sabías que las cosas que te hacen enojar dicen mucho sobre tu corazón? Estamos a punto de escuchar un mensaje del consejero y autor Paul David Tripp que llega al corazón de este tema del enojo y la ira, algo con lo que creo que todas luchamos.

Uno de los libros que he tenido en mi mesita de noche es el libro titulado, «El llamamiento peligroso» de Paul David Tripp. En la medida en que lo iba leyendo, resaltaba, subrayaba, marcaba, y ¡guau!, cuánto habló a mi corazón en medio de mi llamado.

Este es simplemente un ejemplo más de cómo Dios ha usado al Dr. Tripp a lo largo de los años, aun cuando no nos hemos conocido personalmente, lo ha usado para fortalecer mi caminar con el Señor, ayudándome a ser más efectiva en el ministerio al que Dios me ha llamado.

Hoy el Dr. Tripp nos mostrará por qué el enojo es, en última instancia, un problema del corazón. Lo que estás a punto de escuchar no se trata acerca de cómo puedes controlar la ira. Sino acerca de cómo el Señor puede cambiar nuestros corazones, lo cual nos protege de pecar con nuestra ira.

Annamarie: Así es, Nancy. El mensaje que estaremos escuchando durante los próximos días es de una serie en video más larga de Paul David Tripp, titulada «How to be good and angry», en español sería, «Cómo ser bueno y estar airado». En la porción que estaremos escuchando, el Dr. Tripp se estará refiriendo a la carta de Santiago, el capítulo 4. Él inició explicando cómo el enojo se manifiesta de muchas formas diferentes.

Paul David Tripp: Era un hombre muy enojado. El problema era que yo no estaba consciente de que era así. Mi esposa sabía que yo vivía enojado, mis hijos también lo sabían, pero yo mismo no me veía como una persona enojada. De hecho, era un consejero y era particularmente bueno en aconsejar a maridos enojados. Entendía muy bien a esos hombres, pero no sabía por qué.

Luella, mi esposa, era muy paciente y perseverante, e intentaba hablar conmigo sobre las lagunas de mi amor por ella y su lucha con mi ira. Pero yo siempre encontraba muchas vías para justificarme, y le recordaba el gran marido que ella tenía.

Soy el tipo de hombre que le gustan las cosas de la casa, soy hogareño. No me importa hacer cosas en la casa, me encanta cocinar, y de una forma u otra le repetía lo maravilloso que era el hombre con el que ella estaba casada. Le decía que su problema era la falta de contentamiento y que oraría por ella, para que Dios la ayudara.

Una vez volvía de un fin de semana, muy parecido a lo que estamos teniendo esta tarde, y estaba viajando con mi hermano Ted en la extensión noreste de la autopista Pennsylvania Turnpike. Él me dijo: «Sabes, Paul, deberíamos probablemente tratar de poner en práctica en nuestras propias vidas todo lo que hemos aprendido. ¿Por qué no empiezas tu?»

Íbamos a sesenta y cinco millas por hora, así que no podía saltar del auto. Empezó a hacerme preguntas, y mientras me cuestionaba, era como si Dios estuviera rasgando el velo y comencé a verme a mí mismo como nunca antes me había visto, y no me gustó lo que vi.

No podía esperar para hablar con Luella esa tarde cuando llegué a casa. Cuando entré, ella se dio cuenta de que hablaba en serio, y le dije que teníamos que conversar. Le dije: «Sé que por años has estado tratando de hablar conmigo acerca de mi ira, pero me he negado a escucharte. Creo que por primera vez, esta noche, puedo decir honestamente que estoy listo para escucharte. Quiero escucharte».

Ella me dijo que me amaba, y luego habló durante dos horas. En esas dos horas, Dios comenzó un proceso de cambio en mi corazón. Pero no sucedió de la noche a la mañana. El cambio es sobre todo un proceso y no un evento, aunque nos gustaría que fuera un evento.

Nunca olvidaré la tarde que bajé a nuestra sala de estar y Luella estaba sentada de espaldas a mí. La miré y no podía recordar la última vez que había sentido esa audaz, explosiva y desagradable ira que lamentablemente había ganado tanto espacio en mi vida.

No estoy diciendo que soy incapaz de irritarme en algunos momentos, pero el dominio de de la ira se había ido. Me acerqué por detrás de ella y puse mis manos en sus hombros. Ella me miró y le dije: «Ya no estoy enojado contigo de la forma en que lo estaba».

Ella me miró y dijo: «Sí, lo sé», y en ese momento nos reímos, lloramos, oramos, en fin…fue un momento de celebración.

Creo que si somos honestos, estamos viviendo en una cultura increíblemente iracunda. Literalmente creo que la ira está en todas partes. Es la pequeña llama del cinismo y la irritación que está a nuestro alrededor todo el tiempo. Es por eso que no se necesita mucho para hacernos enojar… alguien se atraviesa delante de ti cuando estás en el auto o alguien te empuja fuera de la fila de la caja en el supermercado y te hace poner furiosa…tu temperatura emocional cambia tan rápido.

Puede ser una reacción violenta, explosiva, con gritos ... puede ser un acto de furia a favor de otra persona para rescatarla, cuidarla o defenderla. Puede ser un acto oscuro de hacerse daño a sí mismo, o esa depresión que se repite una y otra vez por todas las cosas oscuras que otros te han hecho.

Pueden ser palabras que nunca, nunca se debieron haber dicho, nunca en la forma en que se dijeron. Podría ser cerrandola puerta a las demás personas, diciendo: «Me han engañado una vez y no voy a dejar que me engañen de nuevo; ahora voy a vivir a mi manera». La ira tiene una variedad de formas, y es por eso que es importante que nos hagamos la pregunta: «¿Cómo se ve, realmente, ser bueno y estar enojado?»

La ira puede ser una cosa muy, muy confusa, por lo que queremos examinarla desde el punto de vista de la Escritura. Quiero llevarte a reflexionar en lo que dice la Escritura, el pasaje que más poderosa y detalladamente, explica lo que es la ira. Lo que me gusta de la Biblia es que da el mejor diagnóstico del mundo. Solo conseguirás la cura, la cura apropiada, si obtienes un diagnóstico adecuado. La cura adecuada siempre está unida a un diagnóstico adecuado.

Este es un diagnóstico muy personal y profundo en esta área de la ira. «¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes?» ¡Qué gran pregunta! ¿Por qué vivimos con tal conflicto en nuestras vidas? Tú no debes acostumbrarte a ello. Las personas fuimos destinadas a vivir en armonía unos con otros.

Es por eso que somos tan capaces de vivir en ese tipo de conflicto, porque por lo general ocurre en los pequeños momentos cotidianos. La mayor parte de nuestra lucha con la ira no es con una ira grande, explosiva, o que nos altera la vida. Existen esos momentos, pero para la mayoría de nosotros, son pequeños arranques de ira.

Ahora, no deberías decir que eso no es importante. La razón por la que esos momentos pequeños de ira son importantes es porque ahí es donde vives. Tú y yo no vivimos en grandes y esplendorosos momentos. No hacemos muchas cosas trascendentales con nuestras vidas.

Solo tomamos tres o cuatro decisiones grandes. La mayoría de nosotros no apareceremos en los libros de historia. Varias décadas después de que mueras, la gente que dejas atrás tendrá dificultad para recordar los acontecimientos de tu vida. Lo siento, pero esa es la verdad. Vives en lo cotidiano, y lo que caracteriza lo rutinario, caracteriza tu vida.

El carácter de una vida no se encuentra en dos o tres momentos importantes, el carácter de una vida se establece en diez mil momentos pequeños. Así que déjame decirlo de la siguiente manera: la razón por la que la ira es un tema tan importante, se debe a que en realidad está presente en todos esos pequeños momentos.

Así que si estás sentada aquí pensando: «No tengo un problema de ira porque nunca exploto en una de esas formas dramáticas», has perdido el punto. Lo cierto es que todos vivimos con una cantidad increíble de ira en nuestras vidas, y la ira está presente en todos esos pequeños momentos de nuestra vida cotidiana. No puedes estar alrededor de otra persona mucho tiempo sin que esa relación sea lesionada por la ira en algún momento. Es por eso que este tema es tan importante.

Permíteme leer de nuevo: «¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes?» Qué gran pregunta. Ahora, fíjate que Pablo responde con otra pregunta: «¿No vienen de las personas con las que vives?» ¿Es eso lo que dice? Desearías que la Biblia dijera eso, ¿verdad? Porque cuando te enojas, ¿no es eso lo que dices? «Él me hace enojar tanto o ella me hace enojar tanto».

Por eso decimos: «Es mi marido, es mi esposa, es mi jefe, es mi amigo, es mi vecino… es el tráfico, son todas esas personas en la calle, son todos los que tienen un carro… es cada gobierno humano…» y si no tenemos a nadie más a quien culpar, pateamos al perro. Ahora, eso parecería tener mucho sentido. Así que por eso es razonable, porque vives en un mundo desordenado, y la gente que te rodea lo arruina más.

Es muy fácil pensar que mi problema con la ira existe fuera de mí, y no dentro de mí. Déjame darte un principio aquí; escucha lo que voy a decir. Nadie es más influyente en tu vida de lo que tú eres, porque nadie te habla más a ti de lo que tú misma te hablas.

Lo que te dices a ti misma acerca de tu ira es sumamente importante porque estás formando en ti misma una forma particular de pensar acerca de tu ira. Te estás diciendo a ti misma cosas que son muy influyentes y formativas, mientras hablas contigo misma todo el tiempo. La mayoría de nosotros somos lo suficientemente inteligentes como para no mover los labios, o cambiar de posición cuando respondemos (entonces la gente comienza a preocuparse por nosotros).

Pero estás constantemente hablando contigo misma, y lo que tienes que decir es importante e influyente. Ahora mira lo que dice Santiago en su carta, capítulo 4 versículos 1 al 3:

«¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos? (¡Wow!) Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque no piden. Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones (NVI, parafraseado).

Y nos detendremos ahí. Esto es lo que tendemos a hacer. Cuando estamos enojados, todos miramos en la dirección equivocada, para entender y explicar nuestra ira. (Es el carnicero, el panadero, el fabricante de velas, lo que sea). Eso parece razonable porque hay gente en nuestras vidas que está todo el tiempo arruinándolo todo. Ese es un hecho. Quiero decir, piensa en la visión bíblica de las relaciones humanas; una persona imperfecta en una relación con otra persona imperfecta, en un mundo caído... (¿estás animada ya?) pero con un Dios fiel. Esa es una visión bíblica de las relaciones. Tendemos a mirar de esta manera, fuera de nosotros mismos.

Santiago dice, «no, no, no, no, si alguna vez quieres entender tu ira, tienes que mirar de esta manera (tienes que mirarte a ti misma), porque tu ira está conectada no solo a situaciones fuera de ti, tu ira está conectada a algo que pasa dentro de ti. Nunca le vas a ganar terreno a tu ira a menos que entiendas esto».

La ira no es solo acerca de lo que está pasando fuera de ti. El color, la naturaleza, la expresión, el carácter de tu ira está siempre controlado por algo que sucede dentro de ti. Permíteme decirlo de esta manera. La ira puede ser iniciada por lo que está fuera de ti, pero es coloreada, controlada y determinada por lo que está dentro de ti, una característica muy significativa.

Déjame darte un par de ejemplos: Estás en el tráfico, estás corriendo por las calles de la ciudad, y decides que vas a cortar camino a través de otra calle, y te encuentras en una de esas calles donde hay varios camiones descargando algo. Tú no lo puedes creer. ¡Simplemente no puedes creer que hayas elegido esa calle!

Estás golpeando el tablero y diciendo, «este tráfico me hace enojar tanto». Luego miras hacia fuera de tu vehículo, y hay una señora junto a ti en su vehículo y ella tiene una gran sonrisa en su rostro. Tiene su kit de maquillaje abierto, y está pensando, «Dios me debe amar, porque Él me ha dado un poco de tiempo extra para ponerme al nivel de belleza que quiero estar antes de llegar a mi trabajo».

Ella no está teniendo tu experiencia en absoluto. Si la ira tuvo el poder de ponernos instantáneamente enojados, pensaríamos que esa mujer estaría tan enojada como tú lo estás. Detrás de ti está este señor de alrededor de cincuenta y cuatro años, que tiene algo físicamente mal y no quiere hacerle frente a la vejez que ya le está llegando… pero su esposa lo ha estado sermoneando el tiempo suficiente para obligarlo a ir al médico.

Él está pensando en lo que le va a decir a su esposa: «Cariño, te quiero. Tú sabes cuánto te amo. Hice esa cita solo porque te amo. Y sucedió algo terrible. Me metí en este tráfico horrible, y no pude llegar a la cita (suspiro). Estaba tan triste. Voy a hacer otra cita para la misma, y conduciré por el mismo camino».

Ahora, lo que hay de diferente en esas personas es que hay diferentes cosas sucediendo en el interior de ellas. Están todas en la misma situación. El tráfico no es divertido, por lo general. Es un obstáculo para lo que nos gustaría lograr, pero ellas están teniendo reacciones muy diferentes porque hay algo realmente muy diferente dentro de ellas.

Déjame darte un ejemplo físico. Creo que este es muy fácil de entender. Esto te llevará de vuelta a la escuela primaria. Mira atentamente, (agita una botella con agua). Bueno, ¿por qué el agua salió de la botella? La respuesta simple es: «Porque la agitaste».

Déjame preguntarte de nuevo pero con otro énfasis: ¿Por qué el agua salió de la botella? «Porque el agua estaba en la botella». Si esta botella hubiese estado llena de leche, podrías haberla agitado por toda la eternidad, pero nunca hubiese salido agua. Como puedes ver, cuando eres sacudida por la vida (esto es lo que Santiago está queriendo decir), lo que sale de ti es lo que ya estaba dentro de ti.

A menos que tomes el control de ella, nunca ganarás terreno sobre la ira. Encuentro esto muy humillante, porque quiero pensar que mi ira no tiene nada que ver conmigo. Mi ira solo tiene que ver con este mundo roto y espeluznante y con toda esa gente extraña con la que tengo que lidiar todos los días. Todo es culpa de ellos, no tiene nada que ver conmigo.

Y Santiago dice: «No, no, no, no… Tu enojo está conectado a algo que está pasando dentro de ti», y cuando entiendas eso, comenzarás a ganar terreno en tu ira. Me encanta lo que dice en Lucas 6 en el versículo 45. Jesús dice, «de la abundancia del corazón habla la boca.

Antes de decir algo sobre ese pasaje, permíteme definir el lenguaje bíblico. La Biblia básicamente divide al ser humano en dos partes: El hombre interior y el hombre exterior. El hombre exterior es tu cuerpo físico... es tu ser físico… es tu traje terrenal. Es la casa de tu corazón mientras estés en la tierra. Cuando vayamos a la eternidad, vamos a tener otro «traje» (algunos de nosotros estamos muy emocionados por eso).

Luego la Biblia habla del hombre interior. El hombre interior es el espíritu. Es el verdadero tú, tu ser emocional, motivacional, cognitivo, reflexivo. La Biblia utiliza muchos términos para referirse al hombre interior: mente, emociones, espíritu, alma, voluntad… y todos esos términos son recogidos y puestos en un solo término que es como una gran canasta que se utiliza en toda la Escritura. Ese término es «corazón».

«Corazón» es el término que resume la persona interior. El hombre interior es el verdadero tú, es el real y verdadero tú. Tú te conoces, estás acostumbrada a esto. Cuando digo que estoy conociendo a alguien, no quiero decir que estoy conociendo mejor su nariz o su codo. Significa que sé lo que le hace feliz, sé lo que le causa tristeza, sé lo que esa persona cree. Conozco a esa persona interior.

Esto es lo que Jesús está diciendo. Él está diciendo que es del corazón, de tu yo interior que habla la boca. ¿Alguna vez le has dicho a alguien, «¡oh! No quise decir eso!?» Tal vez sería más honesto decir: «Lo siento, dije lo que quería decir». Si no estuviera dentro de ti, no habría salido de ti. Eso es lo que Jesús está tratando de decir, y Él está tratando de romper nuestra tendencia a mirar siempre de esta manera (fuera de nosotros) por la causa de lo que hacemos y decimos.

La Biblia dice que no puedes ser honesto sobre tu ira, y decir que no tiene nada que ver contigo. Si vas a ser honesto sobre tu ira, tienes que decir, «esto tiene que ver conmigo».Déjame llevarte de nuevo al capítulo 4 de la carta de Santiago: «¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos?» (NVI).

Escucha esto, Santiago conecta tu ira con tus deseos. Tienes que entender esa conexión. Santiago conecta tu ira con tus deseos. De alguna manera, de alguna forma, cuando te enojas pecaminosamente, cuando estás haciendo o diciendo algo que no deberías, en cualquier momento de tu vida, de alguna forma, esa ira está conectada con tus deseos personales.

Tengo que hacer un par de aclaraciones aquí, porque pienso que es muy, muy importante que entiendas exactamente lo que Santiago está diciendo. Primero, él no está diciendo que está mal tener deseos. No está mal que tengas deseos. Dios te dio la capacidad de desear, no hay nada malo en desear cosas.

Cuando renuncias a desear, ¿sabes qué?, estás muerto. Es cierto. Todo lo que haces en la vida, de alguna manera, de alguna forma, es la expresión de tus deseos. Así que Santiago no está diciendo que esté mal desear. Segundo, nota que en los versos que estamos viendo (Sant. 4:1-3), Santiago no escribió la palabra «mal» luego de la palabra «desean».

Él no está diciendo que los conflictos pecaminosos son el resultado de los malos deseos. Tienes que entender que no está diciendo que el desear es algo malo, y no está hablando de malos deseos. Y ahora, quizás estás sentada pensando, «bueno, Paul, ¿entonces de qué es de lo que está hablando?» Nota lo que dice aquí: ¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que (¿cuál es la siguiente palabra?) luchan dentro de ustedes mismos?» (v. 1, NIV)

Nunca entenderás lo que Santiago está diciendo a menos que entiendas esa afirmación. «¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos?» He aquí lo que Santiago está haciendo… está rasgando el velo y ayudándonos a entender que en cualquier situación y relación de la vida humana, existe una guerra incesante que se está peleando en el terreno de tu corazón.

Hay una guerra dentro de ti. La ira se trata de esa guerra. Es una guerra de deseos. Piensa en esto, ¿cuál es el propósito de la guerra? El propósito de la guerra es ganar. ¿Y cuál es el propósito de ganar? Tomar el control. De todo esto podemos decir que existe una batalla, una guerra por el control de tu corazón que está llevándose a cabo en todas las situaciones, en todas las etapas de tu vida y que continuará hasta que nos encontremos en gloria con el Señor Jesucristo.

¿De qué se trata esta guerra? ¿A qué se refiere Santiago cuando dice que existe una guerra entre nuestras pasiones? Mira lo que dice más adelante, «Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque no le piden a Dios. Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones» (vv. 2-3, parafraseado)

Esta es la guerra… déjame decírtelo de esta manera y luego te lo explico. Es una guerra entre mis deseos y los deseos de Dios. Es una guerra entre lo que Dios desea para mí y lo que yo deseo para mí mismo. De hecho, Romanos 1:25 dice que tendemos a intercambiar la adoración y el servicio al Creador por la adoración y el servicio a las cosas creadas.

Esto es lo que me sucede: Cosas que son perfectamente buenas para desear se convierten en mis dioses funcionales. Esta es una increíble verdad que encontramos en la Escritura. En mis propias palabras: «Un deseo, aunque se trate de cosas buenas, se convierte en algo malo cuando ese deseo empieza a dominarte».

Quiero repetírtelo de nuevo: «Un deseo, aunque se trate de cosas buenas, se convierte en algo malo cuando ese deseo empieza a dominarte».

Permíteme darte un par de ejemplos: El deseo de ser aceptado, ¿es este un mal deseo? No, no lo es. Habría algún problema contigo si no quisieras vivir en una comunidad saludable con otras personas. Eres un ser social. Fuiste hecha para relacionarte. Deberías desear tener comunión con otras personas.

Pero escucha, si lo que realmente me importa es que las personas escuchen mi historia, reconozcan que estoy presente y me afirmen, entonces, no estoy allí para amar a las personas. No estoy allí para servirles, ni para escuchar sus historias… estoy allí para recibir esa única cosa que en verdad me persuade y sin la cual me es imposible vivir.

«Si me das esa única cosa, le daré gracias a Dios que estás en mi vida… te amaré». Pero si voy a una fiesta y siento que me han ignorado o «humillado» de alguna manera, me irrito de manera espontánea. Y repetiré en mi mente esa fiesta una y otra vez. Me enojaré cada vez más, creceré en el desaliento y me diré a mí mismo: «Nunca más volveré a ese tipo de fiestas. ¡Cómo se atreve esa persona a hacerme eso a mí!»

Escucha, no se trata solo acerca de esas personas, sino que se trata de ti, porque una cosa buena se ha convertido en algo malo, y por eso se creó el conflicto en tu vida. No es malo desear.

¿Qué hay acerca de tu comodidad? ¿Está mal desear la comodidad? No, realmente es algo muy saludable. Cuando vemos personas lastimándose físicamente a sí mismas, pensamos que definitivamente hay algo malo en esas personas porque nadie debería querer experimentar ese dolor. La comodidad es algo bueno, pero no puede ser lo que te domine.

Si eres una madre y estás obteniendo tu comodidad de tu habilidad decorativa y las posesiones que tienes a tu alrededor y toda la identidad que esas posesiones te dan, y tu hijo adolescente viene y te dice que estropeó tu carro nuevo, al mismo tiempo que se sienta sobre el equipo de música, lo rompe y derrama su soda en tu alfombra oriental, ¿qué sucederá? No te vas a decir a ti misma: «Sabes, este es un maravilloso momento de ministerio». Vas a explotar en ira.

Nancy: Paul David Tripp nos ha estado desafiando a descubrir lo que nuestro enojo dice sobre lo que está en nuestros corazones. Esta serie se titula, «Lo que te hace enojar».

Puedo recordar tantas ocasiones en las que algo en la creación, algo bueno que Dios ha creado, ha tomado el control de mi corazón, y cómo el conflicto y el enojo han sido el resultado, aun cuando el enojo no fue expresado externamente.

Así que necesitaba refrescar este reto de determinar los asuntos del corazón que están detrás de esto. Y en última instancia, los aspectos pecaminosos de esa ira nos revelan nuestra idolatría, ¿no es así? Espero que puedas apartar un tiempo para que Dios te muestre lo que hay en tu corazón a la luz de lo que hemos escuchado en el día de hoy.

Annamarie: Gracias Nancy. Y para las que quieran tomar nota de algo que han escuchado, o compartir este programa, pueden hacerlo a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Allí pueden acceder tanto al audio como a la transcripción de este programa, y compartirlos fácilmente.

Bien, mañana Paul David Tripp continuará llevándonos al corazón de la ira.

Dr. Tripp: Nos enojamos pecaminosamente una y otra vez, no porque la gente haya quebrantado la ley de Dios, sino porque han quebrantado nuestra ley, y no nos gusta.

Annamarie: Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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