Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cuando los deseos son vistos como necesidades

Annamarie Sauter: El pastor y autor Paul David Tripp dice que cuando alguien se interpone entre tú y los anhelos de tu corazón, la ira es lo que usualmente resulta.

Dr. Paul David Tripp: Nos enojamos pecaminosamente una y otra vez, no porque la gente haya quebrantado la ley de Dios, sino porque han quebrantado nuestra ley, y esto no nos gusta.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Piensa en la última vez que te enojaste. Pudo parecer un gran estallido, o tal vez fue un fuego lento. De todos modos, ese incidente probablemente te muestra algo importante sobre tu corazón.

Paul David Tripp nos ha estado mostrando la conexión que existe entre los deseos de nuestros corazones y nuestro enojo, en la serie titulada, «Lo que te hace enojar». Es un concepto realmente importante. Ayer escuchamos la primera parte de este mensaje, y si te lo perdiste, puedes escucharlo o descargarlo en AvivaNuestrosCorazones.com.

Espero que le pidas al Señor que reorganice tus prioridades, que cambie tu corazón y que te libre de cualquier ídolo en tu corazón que pueda estar produciendo ira pecaminosa. Ahora continuemos con la segunda parte del mensaje del Dr. Paul David Tripp.

Dr. Tripp: Me gusta dar esta ilustración, es una ilustración familiar, y como todos hemos vivido en familia, todos podemos entenderla.

Son las diez y media de la noche, dos niños que deberían haber estado en sus camas a las nueve en punto, están peleando, una vez más, en su habitación. Tú no puedes creerlo porque te encuentras en tu zona de comodidad en ese punto, y piensas que es tu derecho en cierto momento de la noche, «desconectarte» de la vida.

Y escuchas la pelea en la habitación, y comienzas a dirigirte hacia allá por el pasillo. Probablemente no estás diciendo: «Gracias Dios por esta maravillosa oportunidad de ministrar a mis hijos». Lo que realmente estás diciendo es: «Están muertos. Están muertos».

Irrumpes en su habitación y les dices: «¿Tienen alguna idea de cómo ha sido mi día? ¿Saben lo que hago? Hago esto y aquello, ¿y esta es la forma en que me lo agradecen? No les pido demasiado. No necesito una mansión o un Rolls-Royce, ¡solamente hijos de este planeta! Soy yo quien les ha comprado cada prenda de ropa que se ponen, he comprado cada pedazo de comida que han puesto en sus bocas, hice sus navidades felices».

Ahora, ¿crees que los muchachos están escuchando lo que les estás diciendo y pensando, «guau, esto es muy útil. Estoy aprendiendo tanto de esta persona. Me encantaría tener a esta persona más a menudo en mi habitación». Y aquí está lo que tienes que aprender de estos dos incidentes; esa madre no está enojada porque su hijo es un pecador. Esa madre está enojada porque en el pecado del hijo, él se está entrometiendo en lo esa madre desea.

Si estás molesto porque el niño es un pecador, te acercas al niño con la ira de misericordia, la ira de sabiduría, la ira de gracia, la ira de corrección y la ira de instrucción. Cuando te acercas en ira pecaminosa le dices, «¿cómo te atreves a hacerme esto?» No es porque esa persona sea pecadora. Es porque, en su pecado, se ha entrometido en lo que tú estás convencida que te es indispensable.

Escucha, nos airamos pecaminosamente una y otra vez, no porque las personas hayan quebrantado la ley de Dios, sino porque han quebrantado nuestra ley y no nos gusta. Quisiera poder decir que eso no es verdad en mi vida. Quisiera poder decir que siempre estoy enfocado en el propósito de Dios para mi vida y no en el mío propio, pero no puedo decir eso.

Quisiera ir a las tiendas y no tener que esperar en la fila. Quisiera estar con personas que amaran estar en mi presencia y siempre afirmen mis opiniones. Quisiera que las calles nunca se congestionaran. Quisiera que todos los negocios tuvieran el tipo de chocolate que me fascina. Yo quiero, yo quiero, yo quiero, yo quiero…

Tus deseos pecaminosos están relacionados con las cosas que en este momento te gobiernan, pero que nunca fueron creadas para gobernarte. La comodidad es un deseo perfectamente bueno, pero se convierte en un dios malo. Ser aceptado es perfectamente bueno, pero se convierte en un dios malo. Esa es nuestra lucha. La lucha con la ira es realmente una lucha entre dos reinos, el reino de Dios y nuestro reino.

Mi lucha con la ira es una lucha de la propia soberanía. Quiero que mi mundo funcione de la manera que yo quiero. No quiero estar con amigos que me fallarán. No quiero eso. No quiero escuchar a nadie que me diga algo desagradable. No quiero eso. No quiero lidiar nunca más con obstáculos y dificultades. Quiero gobernar mi mundo, quiero actuar como me place y si no puedo, me enojo. Quisiera poder decir esto amablemente, pero tú deberías estar sentada ahí, diciendo, «yo también». Necesitamos ayuda, porque un deseo aún de algo bueno, se torna malo en el momento en el que se convierte en lo que te domina. Terminamos siendo controlados por cosas que nunca deberían controlarnos.

Un día me senté con el padre de un adolescente de quince años que estaba realmente metiendo la pata, vale decir portándose muy mal. En un momento de ira, saltó y corrió a través de mi oficina y le dijo a su hijo, «aunque sea lo último que haga» (mientras lo apuntaba con el dedo a la cara), «aunque sea lo último que haga, ¡haré que me respetes!» Guau. Ahora bien, ¿es el respeto algo malo? No, no lo es.

Pero había llegado a un nivel en la vida de este hombre… Una vez me dijo, «¿quieres saber cuánto me falta el respeto mi hijo?» Ahora, cuando llegas a ese preámbulo, tú crees que es algo importante, ¿verdad? Entonces me dijo, ¡él raspa el tenedor sobre el plato en la cena!»

Y estoy pensando, «¿qué?» ¿Puedes imaginarte a un adolescente de quince años diciendo, «de todas las formas que puedo faltarle al respeto a mi padre… este...eee, ¡ya sé! ¡Rasparé el tenedor sobre el plato!... ¡esto lo volverá loco!»?

¿Ves lo que le sucedió a este hombre? El respeto, que es algo bueno, ha escalado a algo que lo gobierna, y la vida con él era un examen final de respeto. Eso es precisamente de lo que Santiago está hablando. De manera que nuestro objetivo no es aprender a manejar nuestra ira. El objetivo es realinear nuestra adoración, no manejar nuestra ira. 

Y tú me dirás, «Paul, no entiendo a qué te refieres». Bueno, la palabra adorar es una palabra difícil. Cuando escuchas la palabra adorar, ¿en qué piensas inmediatamente? En un servicio dominical, un boletín, canciones de adoración, ofrendar, predicar… y tienes que entender esta verdad bíblica, adorar es primero una identidad más que una actividad.

Eres un adorador y por esa razón, adoras. ¿Qué significa eso? Significa que tu corazón siempre está persiguiendo algo. Tu corazón siempre está siendo controlado por algo. Tu corazón siempre está siendo gobernado por algo. Todos tenemos esos «valores». La Biblia utiliza un gran nombre para referirse a todo esto, «tesoros». Siempre tenemos cosas que atesoramos, cosas por las que vivimos.

De hecho, puedes discutir esto, tu comportamiento en cualquier relación o situación muestra tu esfuerzo por obtener lo que valoras de la relación o la situación. El ser humano es un ente orientado por valores. Siempre hay algo gobernando tu corazón, y existen solamente dos opciones: tu corazón es efectivamente y funcionalmente controlado por Dios, por Su benignidad, por Su gracia, por Su amor y Su llamado; o tu corazón está efectiva y funcionalmente controlado por algún aspecto del mundo creado. No existe un punto intermedio. Solo existen dos categorías.

De manera que vivo en medio de relaciones y situaciones gobernadas por cosas que nunca se suponía que me gobernaran. Son deseos perfectamente buenos, pero no se supone que tengan el control de mi vida. O puedo vivir en esas situaciones y relaciones con un corazón controlado por el Señor. 

Santiago está diciendo que el conflicto siempre resultará cuando algo en la creación está gobernando mi corazón.

Esto es lo que el pecado nos hace: El pecado hace encoger nuestras vidas al tamaño de nuestras vidas. En 2 Corintios 5:15 dice esto: «...y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos».

Lo que el pecado me hace es que me obliga a vivir en los confines claustrofóbicos de mi pequeño mundo autodefinido. Nunca fue mi intención vivir así. Nunca tuve la intención de vivir una vida que esté impulsada por lo que quiero y donde lo quiero y cuando lo quiero, como lo quiero y porque lo quiero y todas esas cosas.

Estaba destinado a vivir en el trascendido país de cielos grandes de la existencia de Dios, la gracia de Dios, la voluntad de Dios y el plan de Dios.

Cada vez que la creación asciende y toma el reinado donde solo Dios puede estar, lo que sucede es que nunca me voy con las manos vacías. Salgo con una agenda silenciosa. «Te amo, y tengo un plan maravilloso para tu vida, y trato de incorporarte en el servicio de mi reino, y cuando haces las cosas que me gustan, te amo, y cuando no lo haces, estoy espontáneamente enojado contigo». De eso es de lo que Santiago está hablando.

Tú dices: «Bueno, Paul, no estoy segura de cómo mi corazón es capturado». Déjame que te lo explique. Todo comienza de esta manera, todo comienza con el deseo.

Mira mis manos aquí. Esta es la forma correcta de mantener el deseo. El deseo es básicamente un «yo quiero». No hay nada de malo en eso. Este es Jesús en Getsemaní diciendo, «Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero (¿qué?) no se haga mi voluntad, sino la tuya».

Ahora, mira mis manos. Aquí hay una segunda etapa. El deseo se transforma rápidamente en demanda. Ya no es un «quiero», ahora es un «debo». Este deseo ha tomado terreno en mi corazón. Ha comenzado a controlarme un poco más. Ahora, si me lo quitas, tendrás que luchar un poco conmigo porque ya no estoy dispuesto a vivir sin eso.

¿Comprendes? Quédate conmigo. Pero el deseo se transforma más en la necesidad. «Quiero» se ha convertido en «debo», y «debo» se ha convertido en «lo haré». No puedo vivir sin ello. Tendré esto.

Tienes que saber esto. Una de las palabras más mal usadas en la cultura occidental es la palabra necesidad. La gran mayoría de cosas de las que nos hemos convencido que necesitamos, no son realmente esenciales para la vida. Pero escucha esto, cuando llamas a algo necesidad, te has hecho reacia a vivir sin ella, y esperarás que las personas en tu vida la entreguen.

El deseo se convierte en demanda, la demanda se transforma en necesidad. Ahora, todo sucede dentro de mi corazón. Ahora, mira esto, estalla en mi relación. Necesitar se transforma en expectativa. Este es el siguiente paso. Eso es «deberías».

Deseo es «quiero». Demanda es «debo». Necesidad es «lo haré». Expectativa es «deberías».

Ahora bien, existe una relación directa entre la necesidad y la expectativa, porque si estoy convencido de que es una necesidad y me dices que me quieres, ¿qué parece correcto esperar? Parece correcto esperar que cumplas con la necesidad. Y entonces siempre hay una relación directa entre lo que he dicho que es una necesidad y lo que estoy esperando para ti. Así que ahora no me voy a ir con las manos vacías. Me voy a ir con una agenda. Es muy sutil.

Tengo esposas que me dicen todo el tiempo: «La única cosa. . . todo lo que siempre quise fue que mi esposo me hiciera feliz». Pienso rápidamente, bueno, entonces, él está cocinado, vale decir, no tiene salida. Porque, piensa en esto, por mucho que ese hombre sea amable contigo y te ame, no debe ser el dueño de tu felicidad. Él nunca entregará eso. Te has casado con una persona con defectos y fallas.

Ahora, cuando estás saliendo o en cortejo, intentas convencerte de que no. . . Estás convencida de que has conocido a la persona que encaja bien en tu reino, la persona que te ayudará a realizar los pequeños sueños de tu reino. No tomará mucho tiempo hasta que te despiertes en la mañana junto a esta persona que tiene aliento de zoológico y que te está diciendo, «si quieres sacar la basura, sácala tú misma», de modo que te das cuenta que no te has casado con el ser humano ideal.

Existe una relación directa entre lo que decimos es una necesidad y lo que esperamos de los demás. Ahora, mira esto, la expectativa conduce a la desilusión. De acuerdo, déjame repasar esto de nuevo.

El deseo se transforma en demanda. La demanda se transforma en necesidad. Entonces, lo que una vez tuve como un deseo, ahora estoy convencida de que no puedo vivir sin ello.

Una cosa crucial que sucede en mi corazón. Esa sensación de necesidad ahora establece mis expectativas para las personas que me rodean. Ya no están siendo juzgadas por la Santa Ley de Dios. Están siendo juzgados por mi ley silenciosa y no hablada. Es un juego desagradable.

La expectativa conduce a la desilusión. «No lo hiciste. . .» Aquí está el final, la decepción conduce a algún aspecto de castigo. «Porque no lo hiciste de esta manera, haré esto». Tal vez esas son palabras feas que solo te grito. No puedo creerlo. Quizás sea un acto de violencia. O tal vez es algo tan aparentemente inofensivo como el trato silencioso.

 ¿Alguna vez alguien te dio un trato silencioso? Estás en un automóvil con alguien que normalmente habla, y dices: «Dios mío, estás callado».

 Y la persona dice: «¿Es pecado estar callado?» Esa es una pista.

 Y dices: «Bueno, por lo general eres conversador».

 «No quieres hablar conmigo ahora mismo».

 Y dices: «Bueno, creo que estás enojado».

 «No estoy enojado. Solo estoy callado. Me enoja tanto cuando me acusas de estar enojado. Solo estoy callado».

 «Creo que deberíamos hablar».

 «No quieres hablar conmigo ahora mismo».

Ahora, analicémoslo por un momento. Es algo mundano, pero esto es lo que está pasando. Debido a que has hecho algo que me ofende, porque no me has entregado lo que quiero de esta relación, no voy a apuñalarte con un cuchillo en tu pecho, pero subiré al trono del creador. Te trataré como si estuvieras muerto por el período de tiempo que sea necesario para satisfacer mi venganza personal.

Eso es algo muy, muy feo. De hecho, hay momentos en que maldecimos a la gente con el silencio cuando lo que realmente necesitamos hacer es hablar. Pero no vamos a hacer eso porque para hablar significa que tengo que darme a mí mismo, y no voy a darte a mí mismo por lo que me has hecho.

Ahora, sé que es un material difícil de escuchar, porque vives en un mundo caído. Quiero que me escuches decir esto: Hay personas en esta sala que han sufrido a manos de otras personas. Entiendo eso. Pero debes entender lo que dice Santiago: Tu enojo nunca se trata solo de lo que te ha sucedido. También se trata poderosamente acerca de lo que hay dentro de ti.

Ahora, piensa en esto: No puedes con un pensamiento cambiar tu entorno en uno perfecto, pero puedes participar en cambios radicales dentro de ti misma y hacerte la pregunta: «Qué es lo que está gobernando mi corazón que está perfectamente bien desear pero no debería gobernarme?»

Escucha, la lista podría seguir y seguir.

  • Tal vez es una cierta posición en la vida
  • Tal vez sean posesiones
  • Tal vez sean personas
  • Tal vez es un cierto lugar
  • Tal vez es poder
  • La lista podría seguir y seguir, y seguir y seguir. Esta es solo una lista de iniciadores de bombas.

Dices: «Paul, no sé lo que gobierna mi corazón»

  • ¿Dónde tiendes a estar irritada?
  • ¿Dónde te decepcionas regularmente?
  • ¿Dónde tiendes a luchar contra el desaliento?
  • ¿Dónde tiendes a tener destellos de ira?
  • ¿Dónde están esos momentos en los que dices o haces cosas que sabes que no debes decir o hacer?

Si comienzas a ubicar esos lugares, encontrarás temas en tu vida de cosas que nunca debieron gobernarte. Y cuando toman el control de tu vida, establecen la agenda que tienes para las personas que están en tu vida. Nunca sales a la vida por lo tanto con las manos vacías. Siempre sales cargada de una agenda silenciosa, cargada de expectativas silenciosas. Básicamente, le estás diciendo a la gente: «Te amo, y tengo un plan maravilloso para tu vida, y te juzgaré por la ley de mi propio pequeño reino claustrofóbico».

Pon a dos personas en un departamento y el conflicto no tendrá fin. Pones a tres personas así en el trabajo y el estrés de ese entorno no tendrá fin. Pones a un esposo y una esposa así, y esas personas que una vez se adoraron llegarán al punto en el que apenas podrán decir una palabra civilizada entre ellos.

Y lo que hacemos es comprar la mentira verosímil de que no es nuestro problema, que el problema vive fuera de nosotros. Mira esto: Si tengo un esposo que dice: «Vivo en un matrimonio airado, pero es mi esposa. . . » Y tengo una esposa que dice: «Vivo en un matrimonio airado, pero es mi esposo. . .» No habrá cambio en ese matrimonio porque tienes un matrimonio desastrosamente enojado, y tienes a dos personas totalmente inocentes viviendo en medio de él».

Si no estás reconociendo que la ira se conecta con algo dentro de ti, puede ser iniciada por lo que está fuera de ti, pero está controlada y formada por lo que está dentro de ti; si no lo reconoces, esto es lo que sucederá. Quiero darte varios puntos, y están en un orden lógico:

El primero es este: Tú personalizarás lo que no es personal. Lo harás todo sobre ti. Es muy tentador hacerlo. Como ese padre que realmente cree que su hijo está raspando su tenedor en el plato para volverlo loco.

Debido a que personalizas lo que no es personal, llegarás al segundo punto: convertirás los momentos de ministerio dados por Dios en momentos de ira. Dios quiere que sirvas a la gente en tu vida, pero como te ofendes, ya no sirves a esa gente. Te mantienes alejado de ellos y los ves como adversarios.

Cuando personalizas lo que no es personal, los momentos de ministerio se convierten en momentos de ira, y aquí está el tercer punto: Eres adversaria en tu respuesta.

Tú personalizas lo que no es personal. Transformas un momento de ministerio en un momento de ira. Eres adversaria en tu respuesta. Ahora, este es el último punto: Te conformas con soluciones situacionales rápidas que no llegan al corazón de lo que realmente está pasando. Y así, te conformas con soluciones situacionales que realmente no llegan al corazón de lo que está sucediendo.

  • Rompes una relación
  • Cambias de posición
  • Gritas una condena a una persona
  • Haces una amenaza
  • Inculcas la culpa
  • Tratas de manipular a esa persona a tu favor
  • Todas esas son soluciones situacionales que realmente no llegan al corazón de lo que está sucediendo

Personalizo lo que no es personal, por lo que convierto un momento de ministerio en un momento de ira. Soy adversaria en mi respuesta y me conformo con soluciones situacionales rápidas que no llegan al corazón.

Es muy triste para mí cuando me siento con una de esas parejas casadas, ahora quince años después de casados, y se sientan uno en un lado del sofá y otro al otro extremo. Apenas son capaces de decir una palabra civilizada entre ellos. Sé que hubo un día en la vida en que se adoraron el uno al otro. Sé que les encantaba escucharse hablar uno al otro. Sé que se colgaron de las palabras del uno al otro. Sé que estaban emocionados de estar el uno con el otro. Sé que cuando estuvieron separados, se extrañaron profundamente. Y ahora este legado de indecisión con ira es tan determinante en la relación que es literalmente imposible que haya un momento amable entre ellos.

Oh, no se golpean el uno al otro todo el tiempo, pero se han vuelto hábiles en lo que yo llamo «distensión relacional». Es una guerra fría. Han aprendido a vivir en medio de la guerra. No son amigos, no son compañeros. No hay amor. Hay poco romance. Es un oscuro legado de ira no tratada, y sé cómo han llegado allí.

El esposo se dice a sí mismo diez mil veces: «Todo es por culpa de ella... si ella cambiara... esta relación sería diferente». Al mismo tiempo, la esposa ha estado diciendo: «Todo es por culpa de él... si él cambiara... esta relación sería diferente». Y nada cambia. Más bien continúa y se profundiza.

No tienes que vivir allí. Jesucristo estaba dispuesto a sufrir y morir para que no tuvieras que vivir allí. Él nos da más gracia. Hay gracia para ese momento de ira en tu trabajo. Hay gracia para ese momento de ira en tu departamento. Hay gracia para esas cosas con las que luchas dentro, con ira que nadie conoce. Hay gracia, hay gracia, hay gracia, hay gracia, hay gracia.

No es suficiente para nosotros como cristianos creer en la vida después de la muerte. Creemos mejor en la vida antes de la muerte. Una clase de amor y paz, una clase de vida en nuestras relaciones y situaciones que no sería posible separados de la Persona y la obra del Señor Jesucristo. Escucha, Jesucristo no murió solo por tu futuro. Jesucristo murió por ti aquí y ahora. ¡Alabado sea!

Él sufrió para que tú no tuvieras que ser retenida por una ira desagradable que es un cáncer en tu corazón y es una enfermedad en tus relaciones.

Nancy: Estoy muy agradecida por este recordatorio tan importante del Dr. Paul David Tripp. Este es el segundo programa de la serie titulada, «Lo que te hace enojar».

¿Puedes recordar la última vez que te airaste y pecaste? Probablemente es un recuerdo reciente. ¿Acaso ese incidente revela un desequilibrio en tus prioridades? Espero que le pidas al Señor que reorganice tus prioridades, que cambie tu corazón y que te libre de cualquier ídolo en tu corazón que pueda estar produciendo ira pecaminosa.

Annamarie: Gracias Nancy. Ciertamente debemos examinar nuestros corazones a la luz de lo que hemos estado escuchando. Yo personalmente he sido muy bendecida con esta enseñanza. Los mensajes que escuchamos ayer y hoy son parte de una serie en video más larga de Paul David Tripp, titulada «How to be good and angry», en español sería, «Cómo ser bueno y estar airado».

Nancy: Y hablando de este tema de la ira que hemos visto que nos afecta a todas de una manera u otra, quiero que escuches lo que una mujer nos compartió con respecto a sus luchas sobre este tema.

Mujer: En mi caso es evidente lo que lo detona, es el orgullo. ¿Por qué me aíro? Porque las cosas no son como yo entiendo que deberían ser. Me molesto en el súper porque la cajera no avanza todo lo rápido que espero, y además la señora que está delante de mí parece que no tiene ningún apuro por agilizar el paso de sus productos; y yo quiero terminar rápido. La persona del banco me dice que tengo que esperar varios días para que se resuelva y me voy molesta porque yo quería resolverlo en ese momento.

Estas son manifestaciones sencillas del diario vivir, lo triste de eso es que me he acostumbrado a ellas y las puedo ver como justificables, y en realidad no lo son. Ni tampoco son pequeñas faltas. Es pecado de ira. Pero, ¿no es acaso Dios soberano y gobierna precisamente cada detalle, cada corazón, cada palabra, cada actitud que ha provocado esa ira en mí?

Entonces, a la larga, mi pecado no es solo contra quien ha provocado mi molestia, sino contra el Dios bueno, santo, amoroso que permite cada cosa en mi vida para formarme más a la imagen de Su Hijo. Doy gracias a Él porque cada vez es más fácil detectar en mi corazón cuando esa llama se enciende, y aunque no pretendo haberlo alcanzado, por Su gracia estoy aprendiendo a verlo a Él en cada uno de esos momentos, pero sobretodo a recordar que fue mi pecado el que causó tanto dolor y la muerte a mi Salvador. Oh, que Dios me ayude y que pueda ver cada vez más este pecado como Él lo ve.

Mañana, escucharás del pastor Sugel Michelén, en el mensaje, «La ira de Dios». Creo que muchas de nosotras entendemos que es justo airarnos por ciertas cosas, sin embargo, nos indignamos al escuchar acerca de la ira de Dios. Mañana el pastor Sugel Michelén nos ayudará a entender esto a la luz de la Escritura.

Sugel Michelén: Precisamente porque Dios es amor, Él no puede permanecer indiferente ante el pecado y la maldad que destruyen al hombre creado a Su imagen y semejanza.

Annamarie: Te esperamos en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Ahora, oremos con Nancy.

Nancy: Señor, este mensaje que escuchamos hoy, me recuerda que hay una línea tan fina entre tener deseos en nuestros corazones y que esos deseos se conviertan en demandas. Confieso que en mi corazón he permitido muchas veces que las cosas buenas se vuelvan demasiado importantes, y he comenzado a exigir que Tú hagas las cosas a mi manera y que Tú me des lo que creo que quiero y necesito. Y en el proceso, a menudo me aíro en mi espíritu.

Tal vez hay algunas oyentes hoy que dirían lo mismo. Hemos estado pensando que nuestra ira se debe a lo que está sucediendo fuera de nosotras y debido a nuestras circunstancias o se debe a personas o cosas que no se están alineando de la forma en que pensamos que deberían o esperábamos que lo hicieran.

Solo te pido que en estos momentos, Señor, nos ayudes a ser honestas y a reconocer que nuestra ira, ya sea que se exprese exteriormente o simplemente hierva a fuego lento en nuestros corazones y en nuestros pensamientos, que ello revele algo acerca de nuestros corazones y eso tiene algo que ver con nosotras.

Y, Señor, ¿expondrías nuestros corazones? ¿Nos limpiarías? ¿Nos liberarías de este espíritu exigente y airado, y nos permitirías tener corazones agradecidos y confiados que te glorifiquen solo a Ti en medio de cualquier circunstancia de la vida?

Gracias, Señor, por el recordatorio de que Tú eres nuestro bien supremo, que cuando te tenemos a Ti, tenemos todo lo que realmente necesitamos para nuestra vida y felicidad presentes y con seguridad para nuestra vida eterna y gozo eterno. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.