Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cuando la crianza no tiene sentido

Recursos del Episodio

Serie «Más allá del tiempo de baño»
Serie,«El sufrimiento no es en vano» (Elisabeth Elliot)

Annamarie Sauter: En ocasiones, Dios nos lleva al límite de nuestras propias capacidades.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: «¡Nunca dejes de orar por tus hijos!» Job lo hacía continuamente... ¡continuamente! ¡No dejes de orar! Pero al mismo tiempo, tienes que poner a tus hijos en las manos de Dios.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Ha obrado Dios en maneras que no puedes entender? Hoy Nancy te ayudará a prepararte para momentos que simplemente parecen no tener sentido, momentos en que las cosas no resultan como esperabas. Nancy te trae esperanza y perspectiva, al dar inicio a una serie basada en Job capítulo 1, titulada, «Sabiduría para padres».

Nancy: Si has seguido a Aviva Nuestros Corazones por algún tiempo, sabes que me encanta hacer series extensas, desmenuzar pasajes completos o libros de la Biblia. Pasamos semanas, por ejemplo, en El Padre Nuestro y pasamos semanas en el Salmo 23. Creo que también, en un momento dado, pasamos semanas en los tres primeros versículos del libro de Habacuc.

Pasamos meses en una serie sobre Tito 2, y las iglesias en Apocalipsis 2 y 3. ¡Así que me encanta hacer esa inmersión profunda en los pasajes de las Escrituras! Pero a veces realmente disfruto hacer una reflexión breve y simple, algo en lo que he estado meditando en mis devocionales personales, y no quiero tener que esperar para desarrollar una serie larga sobre eso.

De hecho, en la tapa de mi Biblia tengo una lista de algunas de las cosas en las que he estado pensando, meditando. Son pasajes de las Escrituras que me han estado hablando y que pueden no terminar siendo una serie extensa, larga y completa, sino solo dos o tres días de reflexión. Y deseo compartir una de esas contigo hoy.

Permíteme presentarlo de esta manera: tengo, como estoy segura que tú también, muchos amigos que llevan cargas muy pesadas sobre uno o más de sus hijos. Estuve hablando esta semana con una mujer en nuestra área que es madre soltera. Algunos de sus hijos están en la escuela secundaria y otros son adultos jóvenes.

Ella me estaba diciendo: «¡No tenía idea de que tener hijos adultos jóvenes sería más difícil que tener estos niños cuando eran pequeños!» Es difícil de una manera diferente. Cuando son pequeños, son más cosas físicas, y el cuidado y la energía requerida. Pero ahora, son cosas importantes en sus vidas, decisiones que están tomando y desafíos que enfrentan como familia.

Y así, ya sea que tus hijos sean pequeños, medianos o adultos, pero especialmente aquellas que pueden tener hijos adolescentes o jóvenes adultos (y sé que en nuestra audiencia hay muchas de ellas), hay cosas que te mantienen como mamá, ¡de rodillas! ¿Estoy en lo cierto? O tal vez eres una abuela y estás viendo esto con tus nietos.

Y recientemente, mientras estaba meditando en el primer capítulo de Job, el Señor solo puso algunos pensamientos en mi corazón. Me encontré meditando sobre las cosas en este capítulo, y obtuve una perspectiva y algo de sabiduría que creo que puede ser útil para los padres, en particular para los padres que están experimentado la posibilidad de enfrentar la muerte de sus hijos de alguna manera, tal vez a largo plazo o tal vez a corto plazo.

Pueden ser situaciones sobre las que tú y tus hijos no tienen control. Tal vez problemas físicos, enfermedades prolongadas o crónicas, tal vez abuso, tal vez incluso la pérdida de la vida de tus hijos.

Puede ser algo diferente, luchas emocionales o relacionales o fracasos que tus hijos hayan cometido. Tal vez fueron decisiones que no fueron sabias y que ahora están sufriendo las consecuencias en sus vidas.

Tal vez tienes un hijo pródigo que se ha alejado del Señor y no tiene interés en Cristo. Y ese dolor… ¡No conozco algo más profundo que eso! Porque más que nada, ¡quieres que tus hijos conozcan al Señor!

Deseas que lo amen. Deseas que caminen con Él. Deseas que experimenten las bendiciones de una vida centrada en el evangelio, centrada en Cristo. Así que vamos a adentrarnos en Job capítulo 1, pero permíteme aclarar primero que esto no es solo para padres. Esto es para todas nosotras a medida que experimentamos la adversidad, y mientras enfrentamos algunas de las providencias de Dios que son desconcertantes, y muchas veces decepcionantes.

Y decimos: «Sé que Dios es soberano. Sé que Él está a cargo. Sé que Él me ama. Sé que Él es sabio. ¡Pero, no entiendo _____ (completa el espacio en blanco)! ¡No entiendo esto! No lo entiendo; estoy decepcionada. ¡No parece la forma en que actuaría el Dios que creía conocer!»

Y así, al mirar el libro de Job, comenzando en el capítulo 1, quiero que veamos primero que Job caminó con Dios. No hay ninguna duda o pregunta sobre eso. Job capítulo 1, versículo 1:

«Hubo un hombre en la tierra de Uz llamado Job; y era aquel hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal».

¡Guau! Quiero decir, ¿qué mejor recomendación se le puede dar a alguien que lo que se dice de Job? Él era intachable y recto. Ahora, eso no significa que no pecaba; no significa que él era perfecto. Pero él era piadoso, devoto. Era conocido por ser un hombre de integridad.

Dice que temía a Dios, y que se había apartado del mal. Proverbios capítulo 8 versículo 13, nos dice que el temor del Señor es aborrecer el mal. Dios dice: «Odio el orgullo, la arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso» (NVI). Y así, el temor de Job al Señor y su reverencia y admiración apropiadas por Dios, hicieron que odiara todo lo que no era santo, todo lo que era malo.

¡Qué elogio para este hombre que era justo delante Dios! Y su vida reflejaba su fe, porque la fe es la única manera en que podemos ser justificadas con Dios. Y su vida reflejaba esa relación con Dios. Fue un ejemplo piadoso para su familia y para otros que estaban en su esfera de influencia.

Cuando lees el versículo 8 de Job capítulo 1, Dios está hablando con Satanás, en esta corta conversación que tuvieron en el cielo que Job no podía ni ver ni escuchar. Y Dios llama a Job, «mi siervo», ¡otro elogio!

Quiero preguntarte, ¿te gustaría saber, si Dios estuviera hablando sobre ti en el cielo hoy y dijera: «Nancy» o «Jennifer» o «Anna» o «Patricia» o «Julia» o «Débora», «mi sierva»? «¡Esa mujer es mi sierva!» Y entonces dijo Dios: «No hay ninguno como él en la tierra» (v. 8)... «¡Ninguno como él! ¡Es mi siervo! ¡No hay nadie como él en la tierra!» Y así, Job fue un hombre que caminó con Dios.

Ahora, creo que debemos decir esto desde el principio: este tipo de vida es la excepción, no la regla. Me imagino que ustedes saben que estoy en lo cierto. «Es un camino estrecho y pocos pueden encontrarlo» (ver Mat. 7:14). ¡Esta clase de persona es rara! Pero a esta clase de vida es a la que estamos llamadas todas nosotras, las que conocemos a Cristo y le amamos.

Es para esto que somos salvas, para tener este tipo de vida, para poder tener ese tipo de testimonio, ese tipo de elogios. Ahora, permíteme recordar que no somos salvas porque somos irreprensibles o rectas o justas o porque hacemos las cosas bien, sino que hacemos estas cosas porque hemos sido redimidas.

Y así, Job, un hombre que por fe tenía una relación correcta con Dios... Por supuesto, él no entendió el evangelio de la manera en que nosotras lo entendemos hoy. Pero como un creyente anterior a la cruz, un creyente en Dios y en la revelación de Dios, él era justo delante de Dios y eso impactó la forma en que vivió. Así que, número uno: Job fue un hombre que caminó con Dios.

Número dos: Vemos que Job fue grandemente bendecido. Fue grandemente bendecido. Mira en Job capítulo 1 versículo 2, «Y le nacieron siete hijos y tres hijas». Las Escrituras dicen que los hijos son una bendición del Señor… son una bendición del Señor, y él tuvo muchas de esas bendiciones. Siete hijos y tres hijas.

Y luego tuvo bendiciones materiales y posesiones. El versículo 3 dice que «Su hacienda era de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y muchísima servidumbre; y era aquel hombre el más grande de todos los hijos del oriente». Vamos a detenernos aquí.

Aquí tenemos un hombre que era próspero, prominente en su comunidad, muy estimado... y no hay pecado en eso. Solo quiero establecer que Job era un hombre justo. No hay pecado en ser rico, no hay pecado en ser famoso. Él era todas esas cosas y aún así era piadoso.

Pero Job sabía, y nosotras sabemos, que no podía tomar ningún crédito por ninguna de esas bendiciones. Todas eran regalos de un Dios lleno de gracia y bondad. Estas no fueron sus bendiciones (las bendiciones de Job). En última instancia, todo esto le pertenecía a Dios, y Job debía servir como un administrador fiel y responsable, cuidando de las posesiones que Dios le estaba prestando.

Y Job reconoció que como Dios es el dueño de todo, Dios tiene el derecho no solo de dar sino también de quitar...  Dar bendiciones y quitarlas. Y Job reconoce esto más adelante en el capítulo cuando pierde todo lo que es precioso, querido y valioso para él.

Así que Job camina con Dios. Él es grandemente bendecido, pero se da cuenta de que esas bendiciones no son suyas, son para que él las administre pero le pertenecen a Dios.

Y luego, me doy cuenta en este capítulo, comenzando en el versículo 4, que durante una temporada, los hijos mayores de Job disfrutaron de una relación cercana, y podríamos decir que tenían vidas relativamente libres de problemas (hasta donde sabemos).

El versículo 4 dice, «Sus hijos solían ir y hacer un banquete en la casa de cada uno por turno, e invitaban a sus tres hermanas para que comieran y bebieran con ellos». Así que estos son hijos ya adultos y aparentemente era una familia muy unida. Ellos celebraban las ocasiones especiales juntos.

Esos días de fiesta fueron probablemente cumpleaños, y cuando tienes diez hijos, ¡tienes muchos cumpleaños durante todo el año! Disfrutaban de la compañía uno del otro, ellos se juntaban y celebraban en las casas de uno o de otro. Y sus celebraciones, sus fiestas, sus banquetes, no se ven en este pasaje como algo pecaminoso o indulgente.

Era algo bueno. No hay evidencia de que se tratara de fiestas de bebedores, de que la gente se emborrachara o de que se comportaran de manera pecaminosa. Las Escrituras alientan al pueblo de Dios a disfrutar de la celebración y el banquete, y a disfrutar de la compañía el uno del otro. Y estoy segura de que esto es lo que quieres con tu familia.

Mientras leo este versículo, recuerdo una familia con la que he sido cercana durante muchos años. No tienen diez hijos, tienen tres. Y los conozco desde que nacieron, a sus hijos, y hemos estado juntos en muchas ocasiones familiares.

Todos esos años que estuve soltera, esta fue una de las tantas familias que me tomó bajo sus alas y me incluía en sus celebraciones familiares, en sus vacaciones, en los cumpleaños … Incluso a veces salíamos juntos de vacaciones.

Bueno, ahora esos tres hijos han crecido y están casados, y creo que según el último conteo, tienen trece hijos entre ellos. Así que todo el clan aún se reúne para las vacaciones importantes, para los cumpleaños. (¡Y hay muchos de ellos!)

¡Y esos son tiempos dulces! Me encanta acompañarlos cuando puedo, y Robert y yo ahora vamos juntos a tantas celebraciones como podemos. ¡Son tiempos dulces! Son oportunidades para fomentar relaciones con, ahora, tres generaciones. Y no sé, tal vez viviremos para ver a la cuarta generación de ese clan familiar.

Es algo dulce, y esas relaciones son preciosas, y hay temporadas en las que las cosas van realmente bien, cuando solo disfrutas de la compañía de los demás. Seguro que has tenido algunas de esas temporadas en tu familia, cuando es deleitoso y disfrutan el estar juntos y las personas se llevaban bien, con buenas relaciones. No hay nada de malo en eso, es bueno.

Pero date cuenta una vez más que Dios lo posee todo. Y lo que es cierto para una temporada puede ser muy diferente en otra. Aquí hay algo más que veo en este pasaje, que comienza en el versículo 5, y es que Job trató activamente de influenciar la condición espiritual de sus hijos adultos.

Leemos en el versículo 5: «Y sucedía que cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba». Ahora, permíteme leerte de otra traducción esa parte del versículo 5. La versión Nueva Versión Internacional lo dice de esta manera: «Una vez terminado el ciclo de los banquetes, Job se aseguraba de que sus hijos se purificaran. Muy de mañana ofrecía un holocausto por cada uno de ellos, pues pensaba: Tal vez mis hijos hayan pecado y maldecido en su corazón a Dios. Para Job esta era una costumbre cotidiana».

Ahora, vamos a desmenuzar eso por un momento. Aquí vemos un padre, un papá que está alerta; que está sintonizado con la condición espiritual de su familia, incluso cuando sus hijos ya han crecido. Ciertamente, él habría sentido como lo escribió el apóstol Juan en 3 Juan versículo 4: «No tengo mayor gozo que este: oír que mis hijos andan en la verdad».

Cualquier padre que ama a Dios sentiría lo mismo, ¡no hay mayor alegría! Eso no significa que siempre caminarán en la verdad, ¡pero no hay mayor alegría que escuchar que tus hijos caminan en la verdad! Así que, como madre, como abuela, siempre estás cargada y preocupada por hacer lo que puedas para influir en los hijos jóvenes adultos, y en los hijos adultos mayores para que caminen con el Señor.

Y nota que Job no esperó una crisis o un gran fracaso entre sus hijos. Cuando los envió para que fueran purificados, no hay indicios de que estuvieran actuando de una manera que fuera rebelde o impía. No hay evidencia concreta en este pasaje de que sus hijos hubieran pecado, y no es evidente que Job supiera de algún pecado en particular que hubieran cometido.

Pero él sabía que todos somos tentados y que todos somos propensos, como las ovejas, a desviarnos, a seguir nuestro propio camino. De manera que sabía que podían haber sido tentados, y le preocupaba que pudieran haber cedido al pecado en sus corazones, o incluso en su comportamiento.

Así que sabiendo eso –él conocía su propio corazón, conocía sus propios desafíos y sus propias tentaciones y su propia propensión a dudar de Dios o a pecar contra Dios. Así que sabía que sus hijos eran propensos a lo mismo. Fue intencional y proactivo sobre su papel como padre. Fue proactivo en cuanto a cuidar el caminar de sus hijos con Dios.

Ahora, recuerda, estos no son niños pequeños; estos son hijos que tienen sus propios hogares ahora. Han crecido. Podemos suponer que ellos tienen sus propias familias. Así que Job no está en una posición en la que pueda decirles qué hacer, dónde puede disciplinarlos, dónde puede instruirlos de la manera en que los padres hacen cuando sus hijos son más pequeños. Su influencia fue ir a Dios.

Sus hijos sabían que Job hacía esto. Él los involucró en ese proceso, pero no pudo controlar el resultado de la vida de sus hijos. De hecho, no hay un momento en el que puedas controlar el resultado de las vidas de tus hijos. ¿Tengo razón?… ¡No importa cuán pequeños o grandes sean!

¡Pero a Job le importaba el caminar de sus hijos con Dios y estaba comprometido a hacer todo lo posible para salvaguardar sus corazones! Esto era un mantenimiento preventivo, evitando problemas en el camino. Y fue intencional al tratar de influir en la relación de sus hijos con Dios, interceder por ellos, protegerlos del pecado.

Aquí tenemos a Job tomando la responsabilidad que Dios le ha dado de servir como el sacerdote espiritual de su familia, una responsabilidad que los padres tienen por sus hijos. Si eres una madre, madre soltera, o un papá, o una abuela, hay formas en que puedes actuar como un sacerdote para tus hijos y nietos. Así que Job los consagró, los apartó para Dios con sus oraciones, sus intercesiones y sus ofrendas de sacrificios a favor de ellos.

Como dije hace un momento, esto no es algo que él hizo en privado. Parece que los hijos estaban conscientes de que él estaba haciendo eso. Él enviaba por ellos. Él los llamaba. Ellos sabían que él estaba orando. Sabían que él estaba ofreciendo estos sacrificios.

Y supongo, mientras leo este pasaje, que los instaba a confesar los pecados que podrían haber cometido y a arrepentirse de esos pecados, a arrojarse a la misericordia de Dios y recibir Su perdón. Aun mientras comparto esto, me viene a la mente una mujer, una prima que está ahora con el Señor.

Ella tenía seis hijos. Y cuando esos hijos crecieron, se casaron y tuvieron sus propios hijos. Ella y su esposo (pero ella era la más intencional en esto), una vez al mes reunían a sus hijos y sus esposos y esposas (solo los adultos), y pasaban una tarde juntos. Hablaban, buscaban al Señor y oraban.

Y si había algo entre esos hijos de lo que ella estaba consciente, los enfrentaba. Decía: «¡Ustedes necesitan arreglar esto! ¡Tienen que hablar de esto! Tenemos que lidiar con esto». Y en su funeral, fue increíble escuchar a esos hijos, hijos mayores, ahora padres ellos mismos, ¡hablar sobre la influencia de esta mamá!

Por supuesto, su papá también, pero ella era quien hacía todo lo posible para lograr esto. Ella era una guerrera de oración. Ella fue la que batalló en oración por estos hijos. Y estos hijos, uno de los cuales había sido un hijo pródigo, dijo: «¡Mi mamá hizo que yo volviera a la fe con sus oraciones! Ella decía: «No voy a dejar de orar, voy a perseverar hasta que vea a Dios obrar en las vidas de mis hijos».

Job dice: «Quizás mis hijos hayan pecado» (v. 5). Estaba más preocupado por la santidad de sus hijos que por cualquier problema temporal. No le importaba tanto qué tipo de educación tuvieron, qué tipo de trabajos tenían, en comparación con la preocupación suprema y general por su santidad. Job se dio cuenta de la seriedad del pecado, y adoraba y temía a un Dios Santo, y quería que sus hijos hicieran lo mismo.

Entonces, si sus hijos habían pecado o habían «maldecido a Dios en sus corazones», él quería reconocer eso y abogar por ellos ante el trono de Dios, pedirle a Dios misericordia y suplicar Su perdón.

«(Quizás ellos) maldijeron a Dios en sus corazones…» «Maldecir» ahí, significa «hablar mal, pensar ligeramente, alejar a Dios de sus pensamientos, tener malos pensamientos acerca de Dios, deshonrar a Dios, no darle el honor que Él merece, u olvidarlo».

Y dices: «Maldecir a Dios en su corazón, eso suena como algo realmente horrible que han hecho». Bueno, es algo terrible, pero puede que no se haya manifestado exteriormente. Job simplemente dijo: «Si mis hijos no están honrando a Dios de la manera que Él lo merece, quiero que sean perdonados. Quiero que vivan una vida santa».

«Si mis hijos están pensando ligeramente de Dios, si tienen malos pensamientos de Dios, si están más consumidos con las cosas de esta tierra que con los pensamientos acerca de Dios, eso es maldecir a Dios en su corazón». ¡Guau! Él estaba preocupado por lo que había en sus corazones, y por eso se levantaba temprano en la mañana para ofrecer holocaustos por ellos.

Le preocupaba que pudieran haber pecado y no solo se centraba en su comportamiento, le importaba lo que había en sus corazones, su relación con Dios. Porque el comportamiento de tus hijos y nietos fluye de lo que hay en sus corazones. Eso es lo mismo con tu comportamiento y el mío.

Lo que decimos, lo que hacemos, eso sale de nuestros corazones. Por eso a Job le preocupaba eso. Y cuando ofreció holocaustos y sacrificios, comprendió y estaba enseñando a sus hijos que el pecado tenía que ser expiado por la muerte de un sustituto inocente.

Esto anunció y señaló a sus hijos hacia el Salvador que un día, como el Cordero Sacrificial de Dios, satisfaría la ira de Dios contra el pecado. Y el versículo dice que él hacía esto «continuamente», orando perpetuamente, intercediendo, ministrando a sus hijos.

Un antiguo comentarista dijo acerca de este versículo:

¡Qué hermoso ejemplo proporciona Job a los padres cristianos! Cuando tus hijas van con extraños y tus hijos varones están caminando en los caminos del mundo, y no puedes imponer tu voluntad sobre ellos como en los días de la infancia, aún puedes orar por ellos, cubriéndoles con el escudo de la intercesión sobre ellos con gemidos y lágrimas. Están más allá de tu alcance, pero por la fe, puedes mover el brazo de Dios a su favor.

Ahora, Job no tenía forma de saber cómo o cuándo morirían sus hijos. Creo que es probable que asumiera, como hacen la mayoría de los padres, que sus hijos lo sobrevivirían.

Pero mientras sus hijos vivían, Job los estaba preparando para su muerte, en cualquier momento y de cualquier forma que sucediera. Su condición eterna le importaba supremamente. Ahora, todos tus hijos morirán en algún momento, ya sea antes o después de ti. La pregunta es, ¿habrás hecho todo lo que pudiste para prepararlos para encontrarse con Dios?

Robert y yo estuvimos en un evento no hace mucho y nos encontramos con un joven que reconoció a Robert. Se reconocieron mutuamente. Se habían conocido previamente. Este es un joven que creció en una familia que estaba en el ministerio; él había servido en la obra cristiana. Y tres años antes se había alejado del Señor.

Y en el transcurso de esos tres años, se adentró en cada cosa oscura imaginable: las drogas y muchas otras cosas. Era un hijo pródigo. Y comenzó a contarnos cómo, apenas una semana antes de que lo viéramos, se había reconciliado con el Señor en una habitación de un hotel. El Señor lo había llevado hasta el límite de sí mismo y lo había llevado al arrepentimiento.

Y aquí estaba en este evento del ministerio dando este asombroso testimonio, y le dije: «Debes haber tenido una madre que oraba por ti». Y él simplemente sonrió y dijo: «¡Mi madre pasó los últimos tres años de rodillas!» ¿Crees que se arrepiente de eso? ¿Crees que lo haría por tres años más si tuviera que hacerlo? ¿Crees que va a parar de orar ahora? ¡De ninguna manera!

Permíteme decir, y veremos el resto de este pasaje mañana, «¡nunca dejes de orar por tus hijos!» Job lo hacía continuamente... ¡continuamente! ¡No dejes de orar! Pero al mismo tiempo, tienes que poner a tus hijos en las manos de Dios, al cuidado de Dios. Y tienes que confiar en Su sabiduría, Su amor y Su bondad en lo que se refiere a tus hijos, tus nietos y otras personas que amas.

Mañana veremos cómo Job respondió a pérdidas enormes y veremos el resultado de su caminar con Dios y su fe en Dios.

Annamarie: Qué perspectiva tan alentadora nos ha traído Nancy DeMoss de Wolgemuth. Ella regresará para orar. Esta enseñanza basada en el capítulo 1 de Job, es parte de la serie titulada, «Sabiduría para padres».

Todas enfrentamos adversidad en las diferentes etapas de nuestra vida, y necesitamos el recordatorio de hoy. Podemos confiar en que Dios ama y cuida a todos Sus hijos, aunque nos encontremos en circunstancias difíciles o que no podemos entender.

Cuando nos encontremos desanimadas necesitamos recordar esto: Dios está escribiendo una historia que no podemos ver. Mañana, descubre formas en las que puedes manejar el dolor y la incertidumbre, en un próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Nancy regresa para cerrar en oración.

Nancy: Padre, gracias por Tu Palabra. Gracias por hablar a nuestros corazones en este día, y oro para que animes a las madres, abuelas, tal vez a algunos padres que están escuchando y a cualquiera de nosotros que pudiéramos tener personas que nos importan, que amamos, que nos preocupan en nuestra familia o más allá de ella.

Oro para que nos ayudes a cuidar las cosas que realmente importan. Oro que levantes algunas madres y abuelas que oran, y que no paren de interceder, rogándote, ofreciendo sacrificios de fe, creyéndote para alcanzar los corazones de sus hijos y preparar a esos hijos, esos nietos y generaciones futuras para encontrarse contigo y para pasar la eternidad contigo. Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Agradecidos por tu involucración con este ministerio, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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