Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cuando sea perfecta, entonces lo fastidiaré

Annamarie Sauter: Con nosotras Cindy Easley.

Cindy Easley: No puedo evitar preguntarme qué sería de nuestros testimonios como matrimonios cristianos, si todos entendiéramos nuestros roles como cabeza y ayuda, o líder amoroso y esposa sumisa... voluntariamente sumisa. Creo que si pudiéramos representar esto al mundo, tendríamos un impacto que nunca antes se ha visto.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Estamos a punto de escuchar la conclusión de la serie, «El Manifiesto de la Mujer Verdadera: Afirmaciones, parte 2». Durante los últimos programas Nancy ha estado hablando con Cindy Easley. Cindy y su esposo Michael han enseñado en conferencias para matrimonios por más de quince años.

Cuando se grabó esta conversación, el título del libro escrito por Cindy era, «What’s Submission Got to Do With It». Este a sido publicado con un nuevo título, «Dancing with the One You Love» (disponible en inglés).

Bien, aquí está Nancy con la continuación de la conversación.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Al final de la conversación de ayer Cindy, hablábamos sobre cómo la sumisión no es en realidad sumisión hasta que es probada. Siempre y cuando ambos estén de acuerdo en algo, no hay problema. Entra en juego cuando tu esposo y tú tienen puntos de vista diferentes acerca de algo, y comentaste acerca de una ilustración. Quisiera retomarla con la conversación de hoy. Tenía que ver con tu esposo ofreciéndote alguna dirección en relación a tu horario que tú no estabas segura de querías recibir en ese momento.

Cindy: Sí, de hecho, he aprendido que para mí parte de la sumisión es otorgar a Michael el poder de vetar mi agenda. Soy el tipo de persona a la que se le hace difícil decir «no». Quiero hacerlo todo. Creo que la vida es para divertirse.

Nancy: No creo que ninguna de nuestras oyentes, por cierto, se relacione con lo que acabas de decir.

Cindy: En un momento nos mudamos al norte de Virginia y Michael estaba pastoreando la Iglesia Bíblica Emmanuel. Emmanuel tiene un programa de música increíble. Una cosa que hace cada Pascua es un gran desfile de Pascua, donde la iglesia luce como Jerusalén, y es simplemente increíble. No habíamos estado allí ni siquiera un año. Michael me pidió cuando llegamos: «Por favor, durante el primer año, no hagas nada en la iglesia. Solo conócela. Acomoda la familia, concéntrate en ese tipo de cosas».

Nancy: Pero no asumas ninguna responsabilidad importante.

Cindy: Sí, no asumas ninguna responsabilidad o actividades, y yo estuve de acuerdo cuando nos mudamos allí. Pero nueve meses después, llegó la Pascua, y yo realmente quería estar en ese desfile de Pascua. Así que fui donde Michael y le dije que tenía muchos deseos de estar en el desfile de Pascua. Yo sé que él me había pedido que no hiciera nada durante un año, pero por favor… nueve meses, doce meses... realmente, cuál es la diferencia?

Él me dijo: «Cindy, me he dado cuenta de que todo esto requiere mucho tiempo. Tú estarás allí por horas y hay nueve actuaciones durante la Pascua». En ese momento teníamos un hijo de cuatro años de edad y una hija de nueve años de edad. Él dijo: «No creo que esto sea lo mejor para ti».

Por supuesto, siendo la esposa sumisa que soy, dije: «Sí, querido», sonreí, y ahí lo dejé. ¡No! Yo estaba furiosa de que él me hubiera hecho eso, ¿cómo iba a decirme que no podía salir y divertirme? Bueno, no lo hice. Hice lo que me pidió, y estuve molesta por varias semanas. Por supuesto, siempre soy educada, amable, por lo general no suelo gritar. Solo soy educada, esa es la manera como muestro mi ira.

Nancy: ¿Así que él sabía que tú no estabas feliz?

Cindy: Oh, claro que él sabía que yo no estaba feliz, y él trató con eso y afortunadamente fue paciente conmigo. Pues bien, el año siguiente, la Pascua llegó. Yo participé, con su bendición, y estaba agotada. Volví donde él, y tuve que pedirle perdón por mi actitud el año anterior. Le dije: «Estabas totalmente en lo correcto».

Habría sido horrible haber estado ya en esa situación cuando no estaba preparada. No estábamos totalmente instalados. Cada vez que lo hago a mi manera me arrepiento, sin excepción, porque él está poniendo mis intereses por encima de sí mismo. Él está diciendo, «Cindy, esto no va a estar bien. Cuando finalmente lo hagas, te vas a sentir amargada de tener que participar en esto».

Nancy: Él está cumpliendo su papel de ser un protector.

Cindy: Sí, por su puesto, eso es exactamente lo que está haciendo, y quiere asegurarse de que mis primeros frutos vayan a la familia, no a las personas fuera de la familia. Él entiende mi necesidad y mi deseo de hablar a los grupos de mujeres, pero también entiende la necesidad de nuestros hijos y de él mismo, y esta es mi prioridad en esta etapa de mi vida.

Nancy: Pero él no está siendo egoísta al respecto. Él sabe que serás bendecida también, si estás cumpliendo el llamado principal de Dios para tu vida.

Cindy: Sí claro, es correcto; y no solo que no está siendo egoísta, él sabe que al final voy a estar triste porque voy a estar tratando de hacer demasiadas cosas al mismo tiempo. Voy a estar perdiendo sueño. No comeré. Cuando estoy bajo estrés, tiendo simplemente a no comer, lo que me hará muy infeliz. Y eso se transmitirá a la familia; y como no estoy comiendo ni durmiendo estaré mostrando irritabilidad.

Nancy: Ahora, puedo imaginarme algunas de nuestras oyentes diciendo: «bueno desearía que mi esposo ofreciera ese tipo de dirección, pero él no lo hace». Una de las frustraciones más frecuentes que escucho expresar a las mujeres es: «Mi esposo no lidera». Existe esa pasividad, y el primer día de nuestra conversación Cindy, tú hablaste, en realidad, acerca de cómo con el cambio de roles en nuestra cultura, nosotras hemos castrado a los hombres.

Hemos hecho que teman liderar, pero sean cuales sean las razones detrás de eso, las mujeres están diciendo: «Tengo que tomar la iniciativa. Si yo no intervengo, nadie va a hacer nada». ¿Cómo luce realmente la sumisión? ¿Cómo hace una mujer que quiere tener un corazón sumiso, ella quiere vivir esto, cuando ella siente que su esposo realmente no está proporcionando el liderazgo?

Cindy: Bueno, creo que hay un par de cosas. A menudo pienso que los hombres han tenido un modelo a seguir en casa al tener una familia matriarcal donde su madre lideró a la familia. Tal vez su padre estaba ausente, o tal vez era pasivo. Por tanto, lo que han visto es una mujer liderar, y caen—incluso sin darse cuenta o gustarles— en esto como su respuesta natural.

Nancy: Lo que me recuerda Génesis capítulo 3. Es probablemente lo que sucedió con Adán y Eva.

Cindy: Así es. Es cierto.

Nancy: Él estaba allí, pero ¿quién es que está conversando? ¿Quién es que toma la decisión? Es Eva.

Cindy: Sí, así es. Probablemente él estaba allí mismo en el jardín, mientras ella estaba teniendo esa conversación con la serpiente.

Nancy: Así que este no es un problema nuevo.

Cindy: No, este es definitivamente el problema de los siglos, pero creo que lo primero que la mujer necesita hacer —la esposa— es mirarse a sí misma. Yo les preguntaría:

  • ¿Realmente quieres que él te lidere?
  • ¿Has tomado las riendas del liderazgo y por miedo no quieres soltarlas?

Un esposo no puede tomar ese rol de ser líder si estamos apegadas a él, si no queremos soltarlo, o si él está tomando una decisión y luego lo dejamos solo porque no creemos que sea lo más adecuado. Así que esa es mi primera recomendación: mirarte a ti misma y asegurarte de que lo estás apoyando y permitiendo que avance, que lo estás alentando a tomar decisiones que tú vas a seguir.

Nancy: Y, «que vas a seguir», es una declaración clave aquí. Lo dijiste rápidamente. Él ha tomado decisiones antes, y no las has seguido. Así que creo que algunos esposos piensan: «Ya yo he pasado por este camino...»

Cindy: «¿Cuál es el punto?»

Nancy: «¿Cuál es el punto? Tú solo harás lo que quieres hacer de todos modos».

Cindy: Sí, así es, y por tanto esa es mi primera pregunta. Luego diría que a veces tenemos que decirles a nuestros esposos que no entendemos cómo están liderando. Queremos que ellos lideren. Quizás necesitamos un liderazgo más fuerte. Necesitamos algunas indicaciones de hacia dónde se dirigen.

Hace años Michael, de sorpresa, me dio clases de baile, baile de salón, y no baile de estilo, sino como el baile que haríamos en una boda, fox trot o algo así...fue muy divertido mientras tomamos esas diez semanas de clases.

Nos dimos cuenta de que todo esto del baile era una buena ilustración de nuestro matrimonio, y de que hay veces en que cuando estás bailando, la mujer debe caminar de espaldas. El hombre está dirigiendo, y no tienes idea de a dónde va. Descubrimos que si no lo seguía, si no seguía la presión que ponía en la parte baja de mi espalda o en mi mano mientras me dirigía, no íbamos a ninguna parte.

También aprendimos que había momentos en que Michael estaba tratando de darme la vuelta, y yo no respondía porque no sabía lo que estaba haciendo. Necesitaba una dirección más firme en ese momento, y le decía: «Michael, necesito que seas más fuerte. Presiona más duro mi espalda, o presiona más duro mi mano. Yo estoy dispuesta a seguir, pero no sé a dónde vas».

Nancy: Tenías que comunicarte.

Cindy: Sí tenía que comunicarme, y creo que esa es una buena metáfora para el matrimonio. A veces tenemos que sentarnos con nuestros esposos y decir: «Cariño, quiero seguirte, pero no sé en qué dirección vamos. Dame dirección. ¿Adónde quieres que vayamos? ¿Qué es lo que quieres hacer con esta decisión? Puedo ayudarte con los detalles de la decisión». Tal vez estás tomando una decisión sobre algo para el hogar o lo que sea, «pero necesito saber, ¿en qué dirección quieres ir?»

Entonces no debemos tomar nosotras el liderazgo. Tenemos que dejárselo a ellos, y si toma una semana o dos para que puedan tomar una decisión, tenemos que ser pacientes porque ellos están viendo las circunstancias y pensando algo como... «Tú dices que me me vas a seguir… ¿De veras lo harás? ¿Realmente me vas a dejar tomar la decisión, y realmente vas a seguir voluntariamente sin lloriquear o quejarte?»

Nancy:Pero sin lloriquear y quejarse eso es parte de lo que lo hace que sea muy difícil.

Cindy: Así es. Lo es, sin embargo es muy importante que no fastidiemos ni nos quejemos—de nuevo, todo eso es manipulación. Eso no es sumisión.

Nancy: Y hablando de fastidiar, tú utilizas el ejemplo de los GPS en el libro y cómo eso se convierte en una metáfora de lo que sucede cuando la esposa se queja.

Cindy: Sí, es correcto. Hace años le compré a Michael un sistema de GPS para su carro, y por supuesto, estábamos encantados de tenerlo. Pero a menudo descubríamos que este sistema GPS tenía un camino diferente del que normalmente tomábamos como ruta, y no nos gustaba la forma en que nos conducía. Le decíamos «ella» porque tenía una voz femenina. Así que si te dirigías en una dirección que ella no quería que tomaras, repetía una y otra y otra vez para tratar de hacerte ir por su camino.

Nancy: Gire a la izquierda. Gire a la izquierda.

Cindy: Es cierto. Así es exactamente; y por eso la apodamos, «la alegadora» porque ella nos fastidiaba tanto, que finalmente uno de nosotros la alcanzaba y la apagaba porque nos cansábamos de escuchar su voz diciéndonos que hiciéramos la misma cosa una y otra vez. Creo que como esposas ni siquiera nos damos cuenta de que eso es lo que estamos haciendo.

Pensamos que estamos tratando de conseguir que algo se arregle en la casa, o estamos tratando de recordarle algo a nuestro esposo, y fastidiándolo con eso. Ellos están escuchando la misma cosa una y otra y otra vez. Nos estamos convirtiendo en las «alegadoras» para nuestro esposo, y eso nunca será una buena forma de motivar a un hombre. Quiero decir, no puedo pensar en una manera más rápida de conseguir que mi esposo se cierre y me ignore, que decir las mismas diez cosas una y otra y otra vez.

De hecho, he aprendido que es mejor ir sin ese GPS. Tuvimos en una de nuestras casas —tendemos a comprar casas que necesitan resucitación cardiopulmonar, que están cercanas a la muerte, y teníamos esta casa en la que habíamos estado rehaciendo todas las escaleras. No pusimos barandillas porque mi esposo es muy artístico, y él quería diseñar las barandillas y tener a alguien que construyera lo que él tenía en la cabeza.

Nos estaba tomando mucho tiempo encontrar un carpintero que asumiera un trabajo pequeño. Ellos quieren siempre trabajos grandes que los mantengan empleados durante semanas, y esto tomaría solo unos días. Así que estoy segura de que estuvimos sin barandillas como por seis meses, y probablemente me caí por esas escaleras alrededor de cuatro veces porque no tenía nada de dónde agarrarme.

Nunca me hice daño, por supuesto, pero sabía que tenía que hacer una elección. Mike estaba bajando las escaleras todos los días sin las barandillas también. Tuve la opción de fastidiarlo y fastidiarlo y fastidiarlo con eso, y hacer de esa tarea de las barandillas algo más importante que nuestra relación, o simplemente poner eso a un lado y dejarlo que decidiera hacerlo cuando él quisiera; y finalmente lo hizo. Estaban hermosas y muy bien hechas, y encontró el carpintero correcto. Así que al final todo funcionó, sin embargo tuve que dar un paso atrás y no decir nada.

Nancy: Y tuviste un poco de paz en tu hogar.

Cindy: Sí, así es. Esa es la decisión. ¿Acaso es tener lo que quiero cuando quiero, más importante que la paz? Hay cosas que él me pide que haga que no siempre hago inmediatamente tampoco. He decidido: «Cuando sea perfecta, entonces lo fastidiaré». Puesto que no he llegado a la perfección, creo que tengo que renunciar a ese papel.

Nancy: Es así, y no olvidemos, tú y tu esposo apagaron ese GPS cuando la «alegadora» les comenzó a molestar. ¿Y, qué tienden a hacer los esposos cuando tienen una «alegadora» en el hogar?

Cindy: Nos apagan, ciertamente. Buscan el interruptor y nos apagan.

Nancy: Sin embargo, hay momentos en que necesitas comunicarte, y hablas de lo que llamas comunicación difícil. Eso es cuando algo difícil necesita decirse. Es necesario hablar de esa situación. Cuéntanos lo que significa la palabra en inglés (las letras son H A R D) y creo que ayudará a muchas de nuestras oyentes cuando ese tipo de comunicación sea la necesaria.

Cindy: Bueno, en primer lugar necesito decir que no quiero tomar crédito por esto. Entrevisté a una mujer, Carol, que era o es una terapeuta y que está casada con un alcohólico en recuperación. Este es un acrónimo que ella utiliza con personas a las que aconseja, que aplica a su propio matrimonio. Ella cuenta que aplicando esto a su matrimonio y trabajando en ello y orando por sumisión piadosa, su esposo dejó el alcohol.

Es una historia increíble esta historia de Carol y Greg, y la incluí en el libro. La palabra H A R D (que en español significa difícil). La H es «Honesta». Necesitamos ser honestas y asegurarnos de que nos estamos comunicando honestamente con nuestros esposos. La segunda letra es la A, «Apropiado», que significa que eliges el momento apropiado para hacerlo.

Nancy: Que no solo lo haces y lo dices sin pensar.

Cindy: Así es, y hablas de la manera apropiada. La tercera es la R, de «Respetuosa». Quieres ser amable con tus palabras. Quieres expresar tus opiniones, pero deseas hacerlo en un tono de voz y eligiendo palabras que no sean dañinas, que sean respetuosas. Por último, deseas ser «Directa».

No hay nada peor para un hombre que escuchar a una mujer comunicarse emocionalmente. Tenemos que asegurarnos de que nos estamos comunicando clara y concisamente, y que nos estamos comunicando objetivamente. Los hombres responden a los hechos, no a las emociones, al menos la mayoría de los hombres, reconozco que puedo estar generalizando.

Nancy: Así que estamos hablando de comunicación que es respetuosa y directa, y lejos de fastidiar... pero esa es una línea muy fina muy estrecha, ¿no te parece, a veces, que sabes cuándo se convierte en fastidiar? ¿Cuándo se convierte en un fastidio lo que decimos?

Cindy: Creo que se convierte en fastidio cuando nos encontramos a nosotras mismas más enfocadas en el problema que en nuestro esposo, en quien él es y en sus necesidades. Creo que se vuelve molesto cuando estamos diciéndolo una y otra y otra vez. Sabemos cuándo lo estamos diciendo una y otra y otra vez. Creo que no ocurre cuando nos acercamos a ellos respetuosamente, y les comunicamos la situación y la dejamos en sus manos.

Ahora, puedes volver dos o tres semanas más tarde y decir: «¿Has pensado en lo que hablamos?» O «cariño, ¿recuerdas que te expresé que necesitaba tener esas barandillas porque estoy cansada de caerme?» Te estás acercando a él adecuadamente, amablemente. Eso está bien. Eso no es molestar. Es cuando te conviertes en esa «alegadora» que se torna fastidiosa, y hasta tú misma te cansas de escucharte. Estás cansada de decirlo. Definitivamente has llegado al fastidio.

Nancy: Ahí es donde depende mucho del Espíritu, y estoy pensando en dos palabras amor y humildad. ¿Cómo querríamos ser tratadas? Creo que en muchos casos los esposos se sienten como si fueran otro niño en la familia, que su esposa es su madre o su Espíritu Santo, y la mujer no va a llegar muy lejos con su esposo con este tipo de relación.

Cindy: Así es. Definitivamente, no tendrás la relación que quieres cuando tengas 80 años, si él te ve más como una autoridad en su vida o alguien que lo va a mantener a raya o a impedirle hacer las cosas divertidas que él piensa que quiere hacer o lo que sea.

Nancy: Sí, definitivamente deseas estar en este proyecto a largo plazo. No quieres simplemente ganar esta batalla o conseguir esas barandillas. Debes preguntarte: «¿Dónde queremos estar en este matrimonio? ¿Cómo queremos construir y cultivar esta relación de manera que cuando seamos un matrimonio viejo, nos disfrutemos mutuamente?»

Cindy: Sí, y esas cosas tienen tan poca importancia. ¡Nosotros ni siquiera tenemos esa casa ahora! De hecho, ¡eso fue hace tres casas!

Nancy: ¡Esas hermosas barandillas! ¿Te las llevaste contigo?

Cindy: No, alguien más está disfrutándolas, pero tal vez eso fue lo que vendió la casa. No lo sé, pero sí, nos enfocamos en cosas que son poco importantes y olvidamos lo increíblemente frágiles e importantes que son esas relaciones con las personas en nuestra casa, sobre todo con nuestros propios esposos.

Nancy: Ahora, no hemos dicho eso en esta conversación, y creo que tenemos que estar seguras de que señalamos eso cuando hablamos sobre la sumisión. No estamos hablando de que sigas a tu esposo hacia el pecado o que le permitas ser abusivo o cosas que son contrarias a la Palabra de Dios.

Cindy: Eso es correcto, y una vez más, el capítulo con Carol habla bien de ello. Hay veces que tenemos que, en amor, con respeto, por el bien de nuestro esposo. . .

Nancy: ... y no por resentimiento o amargura...

Cindy: ... y no por resentimiento o amargura, ayudarles a tratar con el pecado en su vida. Creo que esto es cierto con el alcohol o el abuso de drogas, pornografía; sin duda cualquier aventura o lenguaje abusivo, abuso verbal, abuso físico. Algo de ese estilo que esté pasando en el hogar, que sea ilegal o pecado, debemos acercarnos a nuestros esposos suavemente, tal vez con la ayuda de un pastor, un consejero, un amigo cercano de él, o alguien a quien él pueda rendirle cuentas y le ayude con esto.

Una vez más, en el capítulo que trata sobre la codependencia versus la sumisión, Carol habló de los pasos que ella siguió para entender el daño que el alcoholismo de él estaba trayendo a su matrimonio, y cómo en un momento, ella se mudó a una habitación diferente de la casa. Ella le dijo una y otra vez: «Odio no compartir la habitación contigo y no compartir la cama contigo, pero necesito que entiendas la devastación que tu consumo de alcohol provoca a nuestra relación».

Ella fue amable. Ella aún preparaba la cena. Lo veía por la mañana tomando café, y simplemente le decía, «¿cómo dormiste?» Ella no lo trataba mal cada vez que lo veía ni lo menospreciaba si se enojaba con él.

Lo atrajo con su actitud y su amor, y tomó tiempo hasta que él se acercó a ella y le dijo: «Necesito ayuda». Pero fue su sabiduría y la forma en que estableció límites que eran sanos para ella y para los niños lo que lo llevó a responsabilizarse de su pecado.

Una vez más, lo hizo con amor y dulzura, con lo mejor para él en mente, nunca reclamándole: «Me estás haciendo esto a mí» o «tú eres horrible», o cosas como esas. Siempre fue: «Tú estás haciéndole daño a tu relación con otras personas. Esto está dañando tu carrera», por lo que él estaba viendo que ella tenía en mente su bienestar, lo mejor para él.

En cierto modo me recuerda cuando Abigail se dirigió a David. Ella se disculpó por su esposo, pero detuvo a David de ir y masacrar a todos los trabajadores de Nabal, diciendo: «Piensa en lo que esto te hará, David. Piensa en lo que esto hará con tu relación con el Señor», y así fue como ella se acercó a David. Creo que así es como tenemos que acercarnos a nuestros esposos cuando están caminando en pecado, de ese mismo modo. «Esto no te ayuda a bien».

Nancy: Y en esa misma dirección, debemos decir que sumisión no significa que peques con tal de seguir el liderazgo de tu esposo.

Cindy: Eso es correcto. Nunca debemos seguir a nuestros esposos hacia el pecado. Tal vez tu esposo está en pornografía y quiere que tú veas pornografía con él. No, creo que podemos establecer algunos buenos límites allí y decir: «No creo que esto sea lo que Dios quiere que haga». No creo que nuestra necesidad de respetar a nuestro esposo deba llevarnos a violar una de las leyes de Dios.

Nancy: Quiero que volvamos a lo que es probablemente el texto más conocido en toda la Palabra de Dios sobre el tema de la sumisión en el matrimonio. Es un capítulo que muchas mujeres probablemente desearían que no estuviera en la Biblia

Cindy: ¡Solo saquen ese verso de ahí!

Nancy: Pero está en la Biblia, y de hecho, nos da un contexto para la sumisión que nos muestra por qué es un asunto de tanta hermosura y poder. Por supuesto, estoy hablando de Efesios capítulo 5, y podríamos detenernos en el pasaje del esposo, pero no lo haré porque...

Cindy: Ese es otro programa.

Nancy: Exactamente ese sería otro programa. Cindy nosotras vamos a dejar que tu esposo predique sobre ese, pero Efesios capítulo 5, el versículo 22 –por supuesto, todo el contexto aquí es sobre estar llenas del Espíritu– este texto habla de cómo debe lucir el cuerpo de Cristo y la familia de Dios para que podamos vivir nuestra relación con Dios. Luego él lo aplica al matrimonio y habla primero a las esposas.

«Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo» (vv. 22-24).

Quiero terminar esta conversación, Cindy, preguntándote, ¿qué está en juego aquí? Estamos hablando de algo que realmente importa, algo verdaderamente importante, no solo en términos del matrimonio, sino también en términos de lo que tú y Michael, en la danza de su matrimonio, representan al mundo sobre el evangelio, sobre la relación de Cristo con su iglesia.

Cindy: Sabes, Nancy, no puedo dejar de preguntarme cómo lucirían nuestros testimonios como matrimonios cristianos, si todos entendiéramos nuestros roles de cabeza y ayuda, o de líder amoroso y esposa sumisa –voluntariamente sumisa– porque es una imagen de Cristo y de la iglesia. Creo que si el mundo pudiera ver esa ilustración se asombraría y se preguntaría: «¿Cómo pueden amarse tanto? ¿Cómo pueden ser de esta manera? ¿Cómo pueden comportarse de esta manera? ¿Por qué es que siguen ellos poniéndose el uno al otro por encima de sí mismos?» Creo que si pudiéramos representar esto al mundo, tendríamos un impacto nunca visto.

Así que tienes razón Nancy, tu matrimonio es muy importante, pero el impacto que estás teniendo en el mundo va mucho más allá de ahí… llega hasta la eternidad.

Annamarie: Has estado escuchando a Cindy Easley, hablando con Nancy DeMoss de Wolgemuth sobre la importancia que tiene tu matrimonio. Ellas nos han estado ayudando a ver aplicaciones prácticas de la sumisión en el matrimonio.

En nuestro próximo programa, haremos una pausa en nuestras series acerca de las afirmaciones del Manifiesto de la Mujer Verdadera. Susan Hunt estará con nosotras para hablarnos acerca de cómo podemos aplicar Tito capítulo 2, en los ministerios de mujeres en nuestras iglesias locales. Te esperamos para esta próxima serie, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Ayudándote a descubrir y a abrazar el diseño de Dios para tu vida, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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