Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Cuida tus palabras

Annamarie Sauter: ¿Quieres ser una mujer que habla con sabiduría? Arraiga tu vida en la Palabra de Dios. 

Nancy DeMoss Wolgemuth: Tienes que entrarte en este libro, la Biblia, y entrar el Libro en ti para que puedas saber cómo comunicar una palabra piadosa, edificante, a tiempo. Tú sabrás cómo hablar palabras que ministren gracia a los que escuchan y que ministren a la necesidad del momento.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

A lo largo de los últimos días hemos estado leyendo el libro de Proverbios como parte del Reto Mujer Verdadera 365. De hecho, la lectura para hoy es Proverbios capítulos 12 al 15. A través de este reto estamos leyendo la Biblia completa este año, y te animo a enterarte de los detalles en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

En el libro de Proverbios encontramos una verdad muy importante, y es que el principio de la sabiduría es el temor del Señor. Eso es de lo que estaremos hablando en la serie a la que damos inicio hoy titulada Una mujer que teme a Dios. Nancy inicia hablándonos acerca de la importancia de cuidar nuestras palabras.

Nancy: Si yo te dijera que durante la semana pasada teníamos una pequeña grabadora encendida en tu hogar, y ha recogido todo lo que se ha dicho en tu casa durante ese tiempo –todo lo que tus hijos dijeron, sí, todo lo que tu esposo dijo, y todo lo que tú dijiste. Nos las arreglamos para obtener los audios, y vamos a pasarlos en Aviva Nuestros Corazones para que todos los demás los oigan. ¿Tendríamos algunas voluntarias? No creo.

Sabes, esta idea de que todo lo que digo está siendo grabado –que Dios lo está grabando– es algo que nos debe poner a pensar. ¿No es triste darnos cuenta de que somos mucho más cuidadosas con las palabras que decimos fuera de nuestro hogar que con las que decimos dentro de él?

Proverbios 31:26, nos dice que esta mujer virtuosa abre su boca. «Ella abre su boca con sabiduría y hay enseñanza de bondad en su lengua».

Me encanta este versículo. Bueno, quizás no deba decir que me encanta este versículo. Lo que quiero decir realmente es que, yo necesito este versículo, y es un versículo de Proverbios 31, al que vuelvo una y otra vez, probablemente más que a cualquier otro. «Ella abre su boca con sabiduría, y hay enseñanza (o la ley de la clemencia) está en su boca». Sabiduría y bondad o clemencia.

Ahora, permítanme ofrecerles un poco del contexto aquí. En primer lugar, estamos hablando acerca de una mujer que está siendo descrita primeramente en el contexto de su hogar. No es el único lugar donde ella está, pero ella es una mujer cuya vida está centrada alrededor de su casa.

Estamos hablando no solo de la forma en que habla cuando está en la iglesia, sino de la forma en que ella se expresa cuando está en el hogar con su esposo, con sus hijos, o quizás, alguna de ustedes, con sus compañeras de habitación, viviendo con familiares o viviendo en cualquier otra situación, pero esta es la forma en que ella habla en su círculo más íntimo de amigos y familiares.

Muchas de nosotras hablamos de forma diferente cuando estamos fuera de nuestros hogares, en formas que no pensamos hablar dentro de nuestros hogares. ¿Cómo puedo alentar? ¿Cómo puedo hablar palabras de ánimo? Me doy cuenta de que cuando voy a visitar mi familia, muchas veces no tengo las cortesías comunes con ellos que tengo con los de afuera.

Entonces hay cosas que digo en el contexto de mi hogar que no pensaría decir nunca fuera de ese contexto —también la forma en que reacciono. Si un invitado viene a mi casa y derrama el jabón líquido en la alfombra, u otra cosa, y ellos se sienten mal por haberlo hecho, yo les digo, «no te preocupes, no es nada».

Pero que alguien en mi casa o en mi oficina o alguien cercano a mí invada mi espacio o me moleste o haga algo que yo encuentre fastidioso –yo voy a ser más rápida para señalárselo, para criticarlo, para hablar palabras que no son sabias ni bondadosas. Este es un versículo que probablemente estemos más dispuestas a aplicar fuera de nuestros hogares que en el lugar donde más importa: donde vivimos cada día.

Quiero decir que no importa cuántas habilidades domésticas tengas, no importa qué tan bien cocinas, limpias o coses, no importa cuán creativa seas, no importa cuán eficiente y organizada eres en tu hogar, no importa cuán capacitada eres en tu trabajo o en el ambiente de tu casa, no importa cuán limpia esté tu casa, no importa cuán bellamente decorado puede estar tu hogar, puedes destruirlo todo con un pequeño instrumento llamado la lengua.

Es algo terrible pensar en el daño que nosotras las mujeres hacemos con nuestras lenguas, y por eso es que tengo que volver a este versículo una y otra vez y decir, «Señor, hazme el tipo de mujer que abre su boca con sabiduría y que la enseñanza o la ley de la clemencia estén en mi lengua».

Ahora, esto requiere… Ser este tipo de mujer, requiere autocontrol. Nuestro problema es que muy frecuentemente no tenemos dominio propio, así que decimos lo que pensamos. Especialmente cuando estamos con personas que conocemos muy bien, bajamos la guardia, y no estamos tan conscientes de lo que estamos diciendo. Vivimos en una época en que se nos estimula a ser abiertas, a ser auténticas, «solo expresa tus sentimientos».

Pero el hecho de que tú lo pienses o lo sientas, no significa necesariamente que lo debas decir. Ahora, no estoy promoviendo la deshonestidad. No estoy promoviendo la hipocresía, lo que estoy diciendo es que hay algunas cosas que siento, y que no debo decir.

Tú dices, «pero mis hijos lo hacen». ¿Dónde están tus hijos aprendiendo a hacerlo? Ahora, tus hijos necesitan ser entrenados, y yo no estoy diciendo que el hecho de que ellos no tengan autocontrol significa necesariamente que tú tampoco lo tengas. Pero te voy a decir algo: si tú quieres ayudar a tus hijos a que tengan autocontrol con sus lenguas, una de las cosas que ayudará mucho es que ellos tengan una mamá que permita que el Espíritu Santo controle su lengua.

En el caso de esta mujer: «Ella abre su boca». En un sentido ella lo hace deliberadamente. Ella abre su boca cuando tiene algo que decir que necesita ser dicho. Ella es una mujer medida en sus palabras. Sus palabras son pensadas antes de ser pronunciadas. Su boca no está siempre abierta.

Ahora, si vamos a ser mujeres que hablan con sabiduría y gentileza, significa que tenemos que tener un corazón sabio y gentil porque nuestras palabras reflejan lo que hay en nuestros corazones. Tú no te despiertas una mañana con un corazón sabio y bondadoso. Eso debe ser cultivado. Tiene que ser atendido. Tiene que ser desarrollado.

Jesús dijo: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mat. 12:34). ¿Y qué sale de mi boca? ¿Y si tomáramos esa grabación que te dije que hicimos en tu casa la semana pasada? Tú dirás: «Bueno yo no quise decir todo eso…» ¿Sabes lo que es realmente triste? Que todo salió del corazón. Salió de ahí.

Eso refleja mi corazón. Así que si quiero que mis palabras sean diferentes, necesito decir: «Señor, necesito un corazón diferente. Necesito que cambies mi corazón». Eso puede requerir arrepentimiento. Puede significar reconocerlo primero delante del Señor y luego ante tu esposo y tus hijos: «No he tenido palabras sabias ni gentiles, y ha sido un reflejo de un corazón airado o impaciente. Por favor, perdónenme». Y entonces permitirle al Señor que te cambie.

Él puede, y Él te dará ese tipo de corazón que le estás pidiendo. No sucede de la noche a la mañana, pero según le permitimos que nos moldee y cambie nuestros corazones, entonces lo que va a salir de nuestras bocas reflejará un corazón arrepentido, bondadoso y sabio que Dios ha puesto en nosotras.

Esta mujer virtuosa, esta mujer de excelente carácter, cuando abre la boca para hablar lo hace con palabras de sabiduría; «y en su lengua está la enseñanza o la ley de la clemencia».

Cualquiera de ustedes que tenga hijos está enseñando a sus hijos, aun sin darse cuenta, y les están enseñando muchísimo. Les están enseñando muchísimo de la vida, pero…¿saben qué? Les están enseñando aún más en las ocasiones en que no se dan cuenta de que están enseñando, que cuando están sentadas en un tiempo formal y estructurado donde dicen, «esta es nuestra hora de clase».

Cuando enseñas a tus hijos, ¿lo haces con la ley de clemencia? ¿Y cuando los corriges? A propósito, ellos necesitan ser corregidos; no significa que nunca debas que decirles cosas duras a tus hijos. Pero, cuando los corriges, cuando les señalas cosas en sus vidas que tienen que cambiar, ¿lo haces con gentileza?

Si estás reaccionando a sus acciones, no estarás enseñando con sabiduría ni gentileza, pero si puedes retirarte de la situación y buscar la perspectiva de Dios sobre eso, entonces puedes ser controlada por el Espíritu de Dios. No tienes que ser hiriente. No tienes que airarte.

No tienes que decir cosas que luego quisieras no haber dicho porque estarás bajo el control del Espíritu de Dios. Por eso es que es tan importante que antes de que comencemos nuestro día, antes de que abramos nuestras bocas para hablar a otros, primero vayamos a la presencia de Dios y dejemos que Su Palabra entre a nuestros corazones, a nuestras mentes, para que cuando abramos nuestras bocas para hablar, lo que digamos esté controlado por lo que nos está llenando,que es la Palabra de Dios y el Espíritu de Dios.

Como mujer necesitas sabiduría. ¿Cómo la obtienes? Bueno, las Escrituras dicen que «el Señor da la sabiduría; de Su boca viene el conocimiento y la inteligencia» (Prov. 2:6).

¿Quieres tener sabiduría para hablarles a los demás? Entonces tienes que entrarte en este libro, la Biblia, y entrar el Libro en ti para que puedas saber cómo comunicar una palabra piadosa y edificante a tiempo. Tú sabrás cómo hablar palabras que ministren gracia a los que escuchan y que ministren a la necesidad del momento.

Si quieres ofrecer palabras gentiles, necesitas ser llena con el Espíritu Santo. ¿Cuál es el fruto del Espíritu? Amor, gozo, paz, paciencia, bondad… Tú dices, «es que mis hijos están actuando de tal o cual forma», «estas personas con quienes trabajo están actuando de tal manera y es demasiado difícil responder con gentileza».

Puede que sea imposible para ti, pero no es imposible para Dios. Su Espíritu Santo vive dentro de ti, así que Él puede darte en esos momentos una respuesta clemente y bondadosa.

Ahora, déjame decirte como te dije anteriormente en otras sesiones que eso no significa que nunca vas a fallar. Vas a caer. Yo caigo. Ahora, el problema es que después que está dicho, está dicho; pero habiéndolo dicho, devuélvete y enderézalo.

Sea cual sea el principio de la Palabra de Dios que hayas violado, vuélvete al Señor y dile: «Por favor perdóname. Eso no fue gentil. Eso no fue sabio. Eso no fue verdad. Eso no era necesario»; y entonces si lo has dicho a alguien más, sea a tu compañero, a tu hijo o a tu compañero de trabajo o alguien en la iglesia, devuélvete y enderézalo.

Humíllate, y verás que si te humillas cada vez que pecas con tu boca, empezarás a pecar con menos frecuencia con tu lengua. Detente antes de hablar. Piensa y edita antes de hablar. Eso puede significar simplemente decir menos.

Una mujer me escribió recientemente, y decía, «fui convicta de mi «pecadito» cuando leí la transcripción de uno de sus programas en Aviva Nuestros Corazones». Ella dijo, «ahora mismo hay tensión entre mi hija adolescente y yo, y tengo una tendencia a usar demasiadas palabras». Todas podemos entender, ya sea que tengamos adolescentes o no.

Ella continuó diciendo, «nunca consideré que mi uso excesivo de palabras fuera un pecado, pero ahora veo que demasiadas palabras llevan al pecado. De ahora en adelante, antes de pronunciar una palabra a mi hija, quiero consultar con Dios antes de pronunciar las pocas y correctas palabras que debo decir. Creo que este enfoque ayudará a restaurar una relación correcta entre mi hija y yo».

Ya ven que esto es importante, y esa es una mujer sabia. ¿Saben qué más ella es? Es una mujer arrepentida. Es algo que todas debemos estar, arrepentidas, y no solo haberlo sido en el pasado: «Yo me arrepentí cuando me convertí». ¡No! Debo arrepentirme hoy cuando peque con mi lengua y mis labios, cuando mi espíritu y la forma en que digo las palabras sea inapropiada. Si digo demasiadas palabras debo arrepentirme, diciendo: «Señor, lléname con tu Espíritu de nuevo. Dame palabras de sabiduría al hablar».

A propósito, acabo de referirme a la forma en que decimos lo que decimos. Especialmente en nuestros hogares, ese tono de voz es realmente importante. Bondad no es solo lo que dices. Es cómo lo dices.

El peligro de hablar demasiado rápido es que muchas veces hablamos en medio de la ira del momento, en la irritación del momento, sin detenernos a dejar que Dios primero calme nuestros corazones. Por eso no es una mala idea detenerse y contar hasta diez antes de abrir la boca, pero también expresarlo con un tono gentil.

Escucha, tus hijos responderán mucho mejor a tu instrucción si viene con un tono amable. Sé que es muy fácil cuando estás con la misma gente todo el tiempo empezar a usar un tono desagradable, que es irritante, que molesta, que es crítico, demandante, que es controlador; pero ahí es donde necesitamos dejar que el Señor nos dé Su Espíritu para que cuando hablemos, esas palabras reflejen ese tono amable.

Un pasaje sobre Sarah Edwards, quien fue la madre de Jonathan Edwards –un líder durante el Primer Gran Avivamiento, dice que «Sarah, por lo general, se comprometió a hablar bien de todos hasta donde fuese posible, con verdad y justicia para ella y hacia los demás. Ella no era dada a deleitarse en las imperfecciones y debilidades de nadie, y cuando oía a otras personas hablando mal de otros, ella decía lo que ella pensaba que podía decir con verdad y justicia para excusarlos, o simplemente desviaba la difamación mencionando las cosas positivas de esas personas.

En otras palabras, si ella escuchaba a alguien diciendo algo cruel acerca de otra persona, trataba de cambiar o desviar la conversación o decía algo estimulante acerca de esa persona.

Así, ella era cuidadosa del carácter de los demás, aun de los que hablaban mal de ella y la difamaban. Ella podía soportar heridas y reproches con gran calma, sin ninguna disposición a pagar mal por mal, sino por el contrario, estaba dispuesta a compadecerse y a perdonar a los que parecían ser sus enemigos».

Qué compromiso… ¡hablar bien de todos! Eso es lo que la Escritura dice que deberíamos hacer. De hecho, Proverbios dice que si eres del tipo de mujer contenciosa y crítica con tu lengua, llevarás a tu familia al punto de preferir vivir en el techo o en un ático o solos en el desierto, antes de vivir en la misma casa contigo.

He estado leyendo el libro de Proverbios recientemente, y este asunto acerca de las mujeres contenciosas me ha impactado verdaderamente –mujeres argumentativas, siempre debatiendo, siempre discutiendo, no abriendo sus bocas con sabiduría y gentileza. Tú puedes alejar a tu esposo y a tus hijos y a tus amigos si tienes ese tipo de espíritu y ese tipo de lengua, así que antes de hablar, pregúntate, «¿lo que voy a decir es sabio? ¿Vale la pena decirlo? ¿Hay necesidad de decirlo?»

¿Es gentil? ¿Edifica? ¿Construye? ¿Refresca a los miembros de mi familia? ¿Los estimula?

Es importante que sí digas cosas que estimulen. No solo pienses: «Wow, tengo que ir a casa, y ahora no puedo abrir la boca. Ahora que he escuchado esta sesión no puedo decir nada más a mi familia».

No, esa no es la respuesta. Sí hay cosas que necesitas decir. Alguien vino a mí y me habló palabras de estímulo acerca de lo que Dios está haciendo a través de Aviva nuestros Corazones. Se acercaron y hablaron palabras de ánimo. Tú necesitas hacer eso con tu familia.

¿Cuándo fue la última vez que tú afirmaste o alabaste a tu marido? Necesitas alabar a tus hijos cuando veas cualidades en ellos que son dignas de alabanza –solo simples palabras como «gracias». «Te lo agradezco». «Gracias por servirme de esa forma». «De verdad que agradecí cuando hiciste esto».

¿Sabes? Estás instruyendo mucho más, estarás dando una instrucción más efectiva con este tipo de lenguaje que con palabras que son críticas y destructivas. Así que si no llena ese estándar, si no es sabio, si no es amable, no lo digas. No lo digas.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth regresará para orar. Creo que todas podremos beneficiarnos de lo que ella ha compartido con nosotras hoy—quizá tan pronto como en la próxima hora. Si este tema de las palabras es algo en lo que ves que necesitas profundizar en tu vida, te animo a visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí tenemos series de programas sobre este tema (y muchos más) que sé que serán de mucha edificación para ti.

De hecho, una mujer nos escribió para dejarnos saber cómo ha sido animada a través de recursos como estos. Escucha lo que nos dijo:

«Hermanas amadas, estoy profundamente agradecida a Dios por el ministerio que llevan adelante. Por muchos años, junto a mi esposo, buscamos una iglesia bíblica y gente que hablara la verdad, tal como está escrita en la Escritura. Personalmente yo también buscaba la compañía de alguna mujer o anciana que me motivara a seguir el diseño divino de servir en mi casa a mi esposo e hijo, que en un principio de mi matrimonio, 6 años atrás tuve, pero que debido a diversas circunstancias ella se alejó. A pesar de no tener ninguna amiga o compañera de charla, durante los años siguientes, Dios, a través de su Palabra y el consejo del Espíritu Santo, me ayudó a perseverar en este rol. También las palabras de consuelo de mi esposo en los momentos difíciles usando la Escritura fueron determinantes.

Fue cuando ya había perdido toda esperanza de encontrar consejo bíblico por mujeres para mujeres, que escuchando un podcast me enteré de su ministerio. Al principio estaba reacia a escucharles pensando que serían uno de los tantos ministerios que tergiversan la Palabra para acomodar el rol de la mujer a estos tiempos. Para mi sorpresa fue todo lo contrario. Me encontré con un bálsamo para mi corazón y recibí retroalimentación de todo lo que había vivido en estos años... Sin conocerlas siento que pertenezco a una maravillosa familia llena de hermanas que anhelan tanto como yo hacer la voluntad de Dios para nuestras vidas. Les bendigo enormemente. 

Para mi cumpleaños número 28 mi esposo me regaló la Biblia Mujer Verdadera y ha sido una experiencia maravillosa poder llenarme del consejo que Dios nos entrega a través de su Palabra y que se plasma tan bien en cada podcast, blog, recurso y post de las redes sociales. He compartido con cada mujer que puedo en mi iglesia sus artículos que han sido de tanta bendición para mí. Paralelamente, después de 5 años, encontramos una iglesia donde hemos sido acogidos por una gran comunidad de hermanos redimidos por la sangre de Jesús.

Ustedes no se imaginan la magnitud del impacto de su ministerio. Creo que en ustedes hay corazones sinceros de servir al Señor y que luchan por que cada mujer derribe los mitos que tanto mal han hecho a nuestras vidas, y logremos con la gracia de Dios convertirnos en esas mujeres bíblicas llenas de fe y determinación, que abrazan el modelo y diseño de la familia con gozo y sumisión. Les amo y bendigo a la distancia. A pesar de no verlas personalmente ni tampoco conocer sus luchas espero que Dios les provea de todo lo necesario para afrontar cada dificultad y proceso que estén viviendo. Están siempre en mis oraciones y por favor no desmayen, sigan adelante. Cuentan con la oración de una gran familia: la familia de la fe en Cristo Jesús.

«No nos cansemos, pues de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos» (Gálatas 6:9).

Un abrazo grande a cada una».

¡Nos da mucha alegría leer testimonios como este, testimonios de la gracia de Dios obrando en las vidas de tantas mujeres! Esto es posible gracias a oyentes como tú, que abrazan la misión de Aviva Nuestros Corazones y son movidos a apoyarla. Tu donación hace posible que continuemos desarrollando alcances y aprovechando oportunidades de ministerio, sirviendo a más y más mujeres cada año. ¡Gracias por tu participación en la obra que Dios está haciendo!

Algo que es muy importante que recordemos al hablar del tema del uso de nuestras palabras es que no se trata de no hablar, sino de la forma en que lo hacemos y lo que decimos. 

Esto es de lo que Nancy nos estará hablando en el programa de mañana, así que asegúrate de acompañarnos. Aquí está ella para cerrar en oración.

Nancy: Padre, nosotras realmente, realmente, realmente necesitamos Tu ayuda en esto. No podemos hacerlo solas, y estamos rodeadas de personas que sí saben cómo provocarnos. Generalmente, son las personas con quienes vivimos donde más difícil se nos hace aplicar esto.

Señor, no es tan difícil para nosotras cuando estamos sentadas escuchando la Palabra, siendo mujeres que amamos al Señor y que tenemos un interés común en asuntos espirituales. En ese contexto no es difícil hablar palabras de sabiduría y gentileza, pero sé que algunas mujeres viven en hogares, donde tienen miembros de su familia que no hablan con sabiduría y gentileza; donde se les dicen cosas que son críticas y crueles e hirientes.

Va a requerir todo el poder de Tu Santo Espíritu para que estas mujeres puedan hablar palabras que sean sabias y amables, pero Tú puedes hacerlo en nosotras y a través de nosotras. Oramos que lo hagas por amor a Jesús, amén.

Annamarie: Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Muestra a Cristo, Sovereign Grace Music, El Dios Que Adoramos, ℗ 2013 Sovereign Grace Music.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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