Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Edifica con tus palabras

Annamarie Sauter: Queremos edificar nuestros hogares, pero muy a menudo no nos damos cuenta de que con nuestras palabras hacemos lo contrario...

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Nuestras palabras se supone que deben ser buenas palabras, palabras que sean de acuerdo a la ocasión, apropiadas para el momento, palabras que edifiquen a otros y palabras que den gracia a aquellos que escuchan. Así que tus palabras —en tu casa, en tu matrimonio, en tu lugar de trabajo— ¿destruyen o edifican y dan gracia?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Creo que ya te habrás dado cuenta de que estos programas no se transmiten en vivo. Son grabados con antelación y editados de modo que se corrigen los errores en el audio. Y, ¿no sería estupendo tener un editor al lado todo el tiempo—alguien que edite lo que decimos antes de que otras personas lo escuchen? 

Hoy Nancy nos habla más acerca de esto y de cómo podemos edificar a los que nos rodean con nuestras palabras. Esta serie titulada Una mujer que teme a Dios acompaña nuestra lectura del libro de Proverbios en el Reto Mujer Verdadera 365. De paso te recuerdo que la lectura para hoy son los capítulos 16 al 18. 

Aquí está Nancy. 

Nancy: Cada vez que leo un pasaje de la Escritura sobre este tema o me pongo debajo de esta enseñanza es un asunto del corazón pero afecta a mucha gente a nuestro alrededor. Proverbios 18:21, lo dice de esta forma: «Muerte y vida están en poder de la lengua».

Las palabras tienen poder. Nuestras palabras son poderosas y tienen consecuencias. Tienen el poder de cortar, de molestar, de aplastar e incluso de matar y destruir. Pueden destruir, matar una relación. Pueden matar el espíritu de un amigo, pueden matar la reputación de alguien o aún su futuro. Las palabras pueden destruir una comunidad, una iglesia, un lugar de trabajo, una familia, un matrimonio. Todas nosotras en un momento u otro, estoy segura, hemos experimentado el devastador efecto de las palabras dañinas. Podría ser en algunos casos, algo que alguien dijo cuando eras una niña. Tenías cuatro o cinco años de edad y aún tienes esas palabras resonando. Esas palabras están resonando en tu cabeza. Se han quedado contigo por décadas y pareciera como que no las puedes olvidar. No pareces ser capaz de deshacerte de ellas; es el poder de las palabras. La muerte está en el poder de la lengua.

Pero quiero decirles también que no solo somos víctimas de las palabras de otras personas, ¿quién de nosotras no ha hablado palabras que han lastimado el espíritu de una amiga, de un hijo o de una compañera? También permítanme decirles que no solo las palabras tienen el poder para matar, pero «la muerte y la vida están en el poder de la lengua». Las palabras tienen el poder también de dar vida, de sanar, de nutrir, de restaurar, de bendecir, de fortalecer, de animar y por supuesto eso es lo que nosotras queremos que sea verdadero acerca de nuestras lenguas.

Proverbios, es donde encuentras un énfasis concentrado en la vida cristiana práctica y la lengua es uno de los temas que se enfatizan en el libro de Proverbios. Te sugiero que hagas una lista de los diferentes tipos de palabras de que habla el libro de Proverbios y el efecto que esas palabras pueden tener en otros. Así que tenemos palabras que bendicen y dan vida y tenemos palabras que matan y destruyen. Estudia y escribe una lista. Creo que es un tema al que como mujeres necesitamos regresar una y otra vez.

Hacer este programa ha sido tan bueno para mí, y como ves, dije que nuestras palabras, que esto es un asunto del corazón y eso es porque nuestro hablar es un barómetro que revela nuestro corazón, nuestra verdadera condición espiritual. Porque Jesús dijo: «De la abundancia del corazón habla la boca». Así que cuando digo algo y luego exclamo, «ups, no quería decir eso», la verdad es que hasta cierto punto, sí querías decir eso. Podemos decir que lo sentimos, que lamentamos haberlo dicho, podemos pedir perdón porque «se me salió»; pero lo que en realidad estoy diciendo es algo que estaba en mi corazón y lamento que hayas escuchado lo que estaba en mi corazón. No nos gusta ver lo que hay en nuestros corazones y eso es lo que sale de nuestra boca.

Y puedes ver esta conexión entre un corazón malvado y palabras malvadas muchas veces en las Escrituras, permíteme leerte unos cuantos versículos. Salmo 36 versículos 1 y 3.

«La transgresión habla al impío dentro su corazón, no hay temor de Dios delante de sus ojos. Las palabras de su boca son iniquidad y engaños. Él tiene un corazón malvado y lo que sale de su boca son palabras malvadas».

Salmo 64 versículos del 2 al 4:

«Escóndeme de los planes secretos de los malhechores, del asalto de los obradores de iniquidad que afilan su lengua como espada y lanzan palabras amargas como saeta para herir en lo oculto al íntegro».

El corazón malvado usa su lengua como una espada. Como flechas para lanzar aquellos a quienes quiere lastimar.

Salmo 109:2-4:

«Porque contra mí han abierto su boca impía y engañosa. Con lengua mentirosa han hablado contra mí. Me han rodeado también con palabras de odio y sin causa han luchado contra mí. En pago de mi amor obran como mis acusadores».

Aquí el salmista está diciendo. He sido víctima de palabras maliciosas, palabras de mentira, palabras de odio, palabras que atacan, palabras que acusan y mira lo que el salmista hace en respuesta aquí. Versículo 4: «En pago de mi amor obran como mis acusadores pero yo oro». Él recurre a la oración. Como puedes ver las palabras piadosas pueden vencer las palabras malvadas. No siempre pasa de inmediato y en el aquí y ahora pero hay poder en las palabras para matar y para dar vida. Un corazón malvado va a sacar a luz acusaciones, mentiras, odio, maldiciones, gemidos, quejas, chismes, palabras de desánimo y otro tipo de palabras.

Proverbios habla por ejemplo del problema de las muchas palabras y creo que no soy la única aquí con este problema. ¿Qué dice Proverbios 10:19? «En las muchas palabras la transgresión es inevitable». ¿Hablas mucho? ¡Vas a pecar! Es una de las razones por cierto, por las que dependo de un equipo completo de personas orando por mí en días de grabación como este. Estoy hablando muchas palabras hoy. Hablamos muchas palabras cada día pero estoy hablando muchas palabras al estar grabando todos estos programas de Aviva Nuestros Corazones y yo sé que en la multitud de palabras no falta pecado. 

Mientras más hable, más grande será el potencial de que peque con mi lengua. Así que una de mis oraciones al llegar a un día como este es –como oré al principio aquí– «Señor, que las palabras de mi boca sean aceptables a tu vista, delante de ti, ayúdame a que sean verdaderas. Ayúdame a que sean amables, gentiles, restauradoras, sanadoras y dadoras de vida». Es muy fácil decir palabras que van a cortar y a dañar sin siquiera tener la intención o sin darnos cuenta. Es por eso que necesitamos llenarnos del Espíritu de Jesús en nuestras vidas, demasiadas palabras.

Proverbios dice en el capítulo 17 versículo 27: «el que retiene sus palabras tiene conocimiento». Proverbios 29:20: «¿Ves a un hombre precipitado en sus palabras? Más esperanza hay para el necio que para él». Santiago 1:19: «Pero cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira». Y luego están las palabras de mentira y diferentes tipos de mentira; muchas formas diferentes en las que podemos mentir con exageración, adulación, calumnia, chisme, engaño, hipocresía, astucia, promesas rotas… Todas estas son palabras que pueden traer muerte y daño.

También tenemos palabras impuras, Efesios capítulo 5 versículo 4 habla sobre esto y dice: «Ni obscenidades, ni necedades ni groserías que no son apropiadas», no tienen lugar viniendo de las lenguas de las bocas de las hijas de Dios. No inmundicias, no palabras necias, no hablar con crueldad. Me rompe el corazón, me entristece el ver cuán libremente las mujeres de hoy hablan con crueldad, ásperamente, con conversaciones necias y sucias y es por eso que no quieres llenar tu mente y tu corazón con la forma en que las personas de la televisión y las películas, hablan. Existe hoy en día una apertura a decir simplemente lo que piensas. Tener una boca sin filtro y aquí es donde pecamos contra Dios y también pecamos contra otros con palabras impuras, palabras ásperas, cortantes, mordaces.

Hoy esto es una imagen visual de lo que dice Proverbios 12:18:

«Hay quien habla sin tino como golpes de espada pero la lengua de los sabios sana».

Quien habla como golpes de espada, ¿has sentido esa espada entrar a tu propio corazón? Cuando un compañero, un hijo, un padre, un jefe, un colega, alguien en la iglesia te dijo algo, o dijo algo sobre ti y te llegó…«¡oh, me dolió! ¡Me hirió!»

Estaba sosteniendo una conversación con una amiga el otro día y yo dije algo…no tenía la intención de herirla. Y yo miré a mi amiga y simplemente vi la vida salir de su rostro (no sé cómo más describirlo) y le dije, «¿eso te desanimó?» Y ella me dijo, «sí, lo hizo».

Con solo una oración, una frase, podemos desinflar, herir y lastimar. Es ahí cuando necesitamos ser sensibles al Espíritu y regresar y corregir lo que dijimos, asegurarnos que la relación está bien…«golpes de espada».

Una mujer nos escribió e ilustró esto, y cómo es algo generacional muchas veces. Ella escribió: «Mi mamá constantemente abusaba de mí verbalmente mientras crecía. Ella me ponía apodos. Me acusaba de cosas que yo no tenía intención de hacer, hasta que ella lo sugería. Hasta este día (pronto voy a cumplir setenta y cuatro) ella me persigue desde la tumba. Ella tenía un espíritu muy crítico. Después que murió, me di cuenta de que su mamá la había tratado de la misma forma. Ella hizo la vida de nuestra familia miserable. Sus palabras habían sido mi destrucción durante años. Estoy luchando para no ser como ella, pero me encuentro a mí misma haciendo comentarios degradantes sobre personas con sobrepeso, personas sucias, personas con demasiado maquillaje, etc, etc… Lamento tanto que me haya tomado todo este tiempo poder ver cuánto he sido como mi mamá». 

Palabras ásperas, duras, cortantes, mordaces—todas estas— demasiadas palabras, palabras mentirosas, impuras, todas salen de corazones malvados. Descubren lo que hay en nuestros corazones.

Si exprimes un limón, ¿qué es lo que va a salir? ¡Jugo agrio de limón! Cuando ese tipo de palabras salen, descubren lo que está en nuestros corazones en formas que no siempre queremos reconocer.

Por otro lado, ¿qué sucede cuando tenemos un corazón puro? Bueno, nuestras palabras van a dar gracia, van a animar, van a bendecir, van a fortalecer, van a ser palabras adecuadas, como dice Proverbios 25: «palabras a su debido tiempo», palabras que son oportunas. Escucha, hay algunas cosas que necesitas decir, pero no necesitas decirlas en este momento.

Tu esposo puede necesitar escuchar lo que hay en tu corazón, pero puede que no necesite saberlo justo cuando entra por la puerta después de un largo día de trabajo. Y simplemente lo escupes. Muchas veces pienso que me voy a sentir mejor si simplemente lo digo, y luego lo dices y te sientes mucho peor, ¿no es verdad? Palabras oportunas…eso es muy importante.

Proverbios habla sobre una lengua suave y dice que hasta puede quebrar un hueso. No quieres, de forma equivocada, estar quebrando los huesos de las personas con tus palabras, pero una palabra suave puede en realidad romper lugares difíciles en una relación. Pensamos que tenemos que empujar, forzar, decir, hablar con más volumen, ser más fuertes. Proverbios habla sobre el poder de una respuesta suave para calmar la ira.

Un corazón puro va a usar palabras para hablar sobre el Señor. Salmo 71:8, 15 y 24, dicen: «Llena está mi boca de tu alabanza y de tu gloria todo el día». «Todo el día contará mi boca de tu justicia y de tu salvación». «También mi lengua hablará de tu justicia todo el día». ¿Cuánto de nuestra conversación durante el día es sobre Jesús? ¿O qué tan poco es sobre Él?

¿Y qué tal en la iglesia, cuánto de nuestra conversación es sobre Jesús? Sí, yo sé que durante la predicación hay mucho que hablar sobre Jesús, ¿pero qué pasa en los pasillos antes y después del servicio? ¿De qué estamos hablando? Ahora, ¿significa que no podemos hablar sobre el juego de anoche o que no podemos hablar sobre el clima, o que no podemos hablar de cómo les fue a los niños en la escuela?

No, estas cosas están bien, pero ¿por qué hablamos tan poco sobre Jesús? Si Él es quien llena nuestra visión y nuestros corazones pensarías que ¡al menos sería mencionado en nuestra conversación!

Un corazón puro va a usar su lengua para dar gracias al Señor. Salmos 109:30: «Con mi boca daré abundantes gracias al Señor, y en medio de la multitud le alabaré».

Usamos nuestra lengua para compartir el evangelio. Salmo 40:10: «No he escondido tu justicia dentro de mi corazón; he proclamado tu fidelidad y tu salvación…»

¿Y qué sobre las palabras que afirman, animan y edifican a otros? ¡Qué forma tan poderosa de usar nuestra lengua! Efesios 4:29 (otra vez, conoces este versículo, pero este es uno que necesitamos leer cada tres o cuatro horas?): «No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan». ¿Qué es lo que hace la gracia? Hace posible, fortalece.

Nuestras palabras se supone que deben ser buenas palabras, palabras que sean de acuerdo a la ocasión, palabras apropiadas para el momento, palabras que edifiquen a otros y palabras que den gracia a aquellos que escuchan. Así que tus palabras —en tu casa, en tu matrimonio, en tu lugar de trabajo— ¿destruyen o edifican y dan gracia?

Por cierto, si continúas con el resto de Efesios 4, te vas a volver a dar cuenta que estas palabras, estas buenas palabras, son la expresión de un buen corazón, un corazón que perdona, un corazón que ama.

De nuevo, Proverbios habla sobre usar nuestras palabras para edificar: «La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime, mas la buena palabra lo alegra». Este es el mejor antidepresivo que existe, en algunos casos, simplemente ¡una palabra de ánimo!

Amigas, algunos de sus esposos necesitan ser animados. Cada esposo necesita palabras de ánimo. Para algunos de sus esposos ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escucharon palabras de ánimo salir de tu boca. Así que, ellos van a su lugar de trabajo y reciben una paliza y están en ese mundo competitivo y reciben una paliza allí.

¿Qué pasa cuando llegan a casa? ¿Reciben otra paliza o son edificados? Proverbios 31:26, habla de esta mujer virtuosa, esta noble mujer: «abre su boca con sabiduría, y hay enseñanza de bondad en su lengua». No sé tú, pero yo quiero ser una mujer cuyas palabras sean siempre sabias y bondadosas.

Aún no llego allí, estoy muy lejos de allí, ¡pero eso es a lo que aspiro! Cuando abro mi boca, con nuestro staff, con las personas que más me conocen, dentro de las cuatro paredes de mi casa, cuando estoy viajando, cuando tengo reuniones con personas que son extrañas para mí —y por lo general el problema no es con los extraños, no es con los invitados a nuestros hogares— es con las personas que viven en nuestras casas, ¿verdad?

Abrimos nuestras bocas con sabiduría (la sabiduría tiene mucho que ver con lo oportuno del momento) y con bondad. Proverbios 16:24 dice: «Panal de miel son las palabras agradables (deleitosas), dulces al alma y salud para los huesos…» Agradables, palabras dulces. ¿Cuáles son esas palabras? Palabras como: «¡Te aprecio tanto!, estoy orando por ti, ¿hay algo que pueda hacer para ayudarte?, por favor, gracias, ¿me puedes perdonar?, ¡estaba tan equivocada!»

«Te perdono», es otra palabra dulce y agradable. «Estoy tan contenta de que Dios te haya traído a mi vida. Te quiero». ¿Cuán frecuentemente estas palabras salen de tu boca hacia tus amigos más cercanos? Me encanta ese versículo en Cantar de los Cantares donde el esposo le dice a la esposa, «miel virgen destilan tus labios, esposa mía, miel y leche hay debajo de tu lengua».

Ahora piensa en esto: ¿qué es lo que hace la leche? Fortalece lo que está débil, fortalece los huesos débiles. ¡Las palabras agradables y dulces tienen el poder de darle fuerza a tu esposo, a tus hijos, a tus padres! Leche y miel hay debajo de tu lengua.

Y por cierto, no dice, «sus palabras son como un arroyo burbujeante». La miel gotea lentamente, ¿no es verdad? Y es cuando mis palabras son como un arroyo burbujeante, que voy a decir cosas de las cuales me voy a arrepentir y voy a causar daños y perjuicios. Leche y miel —palabras cuidadosamente medidas, cuidadosamente meditadas, habladas en amor.

En ningún otro lugar es más importante esto de las palabras amables que en nuestras casas, y en ningún otro lugar es más importante que en el matrimonio. Una mujer nos escribió y dijo, «nuestro matrimonio se está desmoronando. Mi esposo se fue de la casa hace algunos meses. Oro que no sea demasiado tarde para mostrarle aprecio y decirle palabras de ánimo».

Amigas, hablen las palabras antes de que sea demasiado tarde— ¡mientras tu esposo aún está ahí! Es por eso que a través de los años hemos publicado este reto para las mujeres de animar a su esposo durante treinta días. Sé que muchas de ustedes lo han hecho; tal vez sea tiempo de volverlo a hacer.

Si no has escuchado sobre esto, puedes ir a AvivaNuestrosCorazones.com y buscar el reto de animar a tu esposo durante treinta días. No hay otro reto que hayamos hecho a las mujeres que haya recibido mayor respuesta que el reto de animar a tu esposo. Permítanme leerles algunas de las respuestas que hemos recibido.

Esta es de un esposo y es triste. Él dice, «me gustaría que alguien animara a mi esposa a tomar el reto de treinta días. Hemos estado casados por treinta años. Discutimos mucho, y cuando intento hablar y razonar con ella, ella simplemente se enoja y comienza a gritar».

Ahora, «para pelear se necesitan dos», pero quiero decirte, desde el punto de vista de este esposo, qué es lo que él está sintiendo. Él dice, «ella pasa horas cada día en el teléfono chismeando y diciéndoles a sus amigas y a la familia que mal esposo soy. Por favor oren por ella, que ella deje de hablar mal de mí con otros y que ella busque la guía de Dios para nuestro matrimonio que se está deshaciendo.

Amo a mi esposa y esperaba que nuestro matrimonio durara toda la vida, pero ella está lentamente matando mi amor por ella. Y por favor oren por mí, que yo pueda ser el esposo que Dios desea que sea».

Aquí está el testimonio de otra esposa que dice, «hemos estado casados por dos años, y nuestro matrimonio ha sido inestable. Ha habido gritos, apodos y peleas constantes sobre cosas pequeñas e insignificantes. Yo sé cuán importante es que un hombre se sienta animado y afirmado, y como esposa quiero animarlo y hacerlo sentir que tiene alguien que lo apoya.

Estoy en el día 2 del reto de “animar a tu esposo durante treinta días” y mi actitud hacia él ya está cambiando». (¡Imagina lo que será después de treinta días!) Ella dice, «tomo una tarjeta y escribo el versículo del día y pongo la pequeña nota en su almuerzo».

También le escribo palabras de ánimo en su lonchera de almuerzo. Esta mañana, el día dos, él me escribió para decirme que le encantan las notas. ¡En solo dos días ya puedo ver como estamos avivando nuestra relación que teníamos antes de permitir que toda esa basura se pusiera entre nosotros!»

Esta mujer dijo, «he causado tanto daño con mis palabras apresuradas y sin pensar. ¿Cómo dejo de decir bruscamente palabras de enojo a las personas? ¿Cómo reparo las relaciones que he dañado?» Déjenme sugerir dos cosas, y después les voy a dar otro recurso que puede ser de ayuda.

Número uno, proponte honrar a Dios con tus palabras. «He resuelto que mi boca no peque», dice el salmista en Salmos 17:3. «¡He resuelto que mi boca no peque!» Ahora, ¿cómo haces eso?

¡Llénate de Sus palabras! En lugar de que sean tus palabras viniendo de un corazón malvado, llena tu corazón con la santa Palabra de Dios. En el siguiente versículo, el versículo 4 del Salmo 17, dice: «…por la palabra de tus labios yo me he guardado de las sendas de los violentos». Su Palabra, en ti, al salir, va a ministrar gracia a los oyentes.

Después, pídele ayuda a Dios. ¡Pídele ayuda a Él, al Señor! Quien guarda su boca y su lengua, guarda su alma de problemas. Tenemos esta oración en Salmo 141:3: «Señor, pon guarda a mi boca; vigila la puerta de mis labios».

Y, Señor, esa es mi oración, y creo que es la oración de mis hermanas que nos escuchan hoy, que Tú guardes nuestras lenguas. Que hablemos solamente palabras de verdad, palabras que ayuden, sanen y ministren, palabras que sean sabias y bondadosas, palabras que honren a Cristo y edifiquen a los demás. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Y tú, ¿te llenarás de la Palabra de Dios para ser una mujer que edifica a los que te rodean? Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado animando a hacer esto hoy. Esta es un área en la que muchas mujeres luchamos, pero para esto tenemos la gracia de Dios.

Para cuidar nuestras palabras y usarlas para edificar a otros necesitamos algo muy importante: discernimiento. Mañana Nancy nos hablará más acerca de esto. Acompáñanos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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