Aviva Nuestros Corazones Podcast

Despójate del bagaje

Annamarie Sauter: Si te sientes culpable y drenada por cosas que has hecho, Mary Kassian quiere darte esperanza.

Mary Kassian: No es tan solo el pecado, es la culpa y la vergüenza que acompañan al pecado. Toda la carga es tan oscura, tan opresiva y tan pesada. Estas son cosas que no debemos llevar. Debemos deshacernos de eso corriendo a la cruz y lidiando con nuestro pecado, nuestra vergüenza y nuestra culpa a través de la disciplina de la confesión.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Josué capítulos 5 al 7.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Dannah, tú y yo hemos tenido el privilegio de viajar juntas varias veces. Hace poco hicimos un largo viaje hasta Sudáfrica. Hemos estado en situaciones donde hemos tenido cosas que empacar, ¿has notado que yo no empaco muy ligero?

Dannah Gresh: Sí lo he notado. ¡Una vez te vi sacando una máquina copiadora de tu habitación de hotel!

Nancy: Es que no quiero estar en una situación donde no tenga todo lo que necesito. Mi esposo se ríe al ver la cantidad de zapatos que empaco, y muchas cosas que no voy a usar; pero las llevo por si acaso las necesito.

Dannah: ¿Estás diciendo que llevas mucho equipaje, Nancy?

Nancy: Sí, eso es lo que estoy diciendo. Yo llevo mucho equipaje cuando viajo, pero cuando viajamos por la vida, queremos viajar ligero.

Dannah: Sí.

Nancy: No queremos mucho equipaje.

Dannah: Así es.

Nancy: Te he escuchado compartir cosas muy ridículas y cosas muy sublimes. Nos has contado cómo algunas cosas de tu pasado se convirtieron en cargas muy pesadas, y cómo Dios te llevó a un momento crucial, donde entendiste que tenías que librarte de algunas de esas cargas pesadas.

Dannah: Tenía unos veintiséis años cuando conducía por la autopista escuchando un programa como este, una sesión como esta. El tema era hablar con tus hijos sobre la pureza. Por supuesto, eso no fue lo que yo viví durante mi adolescencia. Ya le había pedido a Dios que me perdonara; ya había salido de la relación pecaminosa. Y me acerque al Señor y le dije: Dios enséñame a vivir una vida de pureza.

Pero no me había dado cuenta de que ese pecado todavía era una carga. Todavía lo llevaba a cuestas, hasta ese día cuando escuché ese programa. Escuché a un señor hacer la siguiente pregunta: «¿Cuál es la pregunta número uno en la mente de una adolescente cuando está hablando con su mamá sobre sexo?» Sin vacilación, una de las oyentes respondió: lo primero que una niña adolescente pregunta es: «Mami, ¿tú esperaste?»

Ese fue el momento de quebrantamiento para mí. Yo paré mi carro al lado de la carretera. Había permitido que diez años me consumieran. Sabes, yo había confesado mi pecado. Sabía que estaba perdonada. Yo era perdonada; pero todavía llevaba ese equipaje conmigo, esa culpa sobre mí. 

Nancy: Y ya no estabas viviendo en esa conducta del pasado—ya lo habías dejado atrás hacía muchos años.

Dannah: Sí, era cosa del pasado, pero había como una resistencia. Yo sentía como si Dios no me estuviera usando realmente, y yo quería que Él me usara. Yo sentía como si mi matrimonio fuera una lucha. Sentía que no sabía hablar con mi esposo. Todo ese peso—esa carga, era puro bagaje, culpa.

Nancy: A veces queremos pensar mejor. Queremos mejores hábitos. Queremos tener vidas espiritualmente fructíferas y valiosas; pero el peso de nuestro pasado nos lo impide.

Hoy queremos hablar acerca de cómo deshacernos de parte de ese bagaje o equipaje, invitando a esta conversación a nuestra amiga Mary Kassian. Mary, muchas gracias por ser parte de esta conversación, y por motivarnos con el nuevo libro que has escrito; para que pensemos sobre esas cosas de nuestro pasado y sobre cómo estas nos pueden estar afectando.

Tú eres madre, abuela y conferencista. Haces tantas cosas, pero lo que yo realmente admiro es cómo amas a Cristo y cómo amas Su Palabra, y nos llevas a Su Palabra.

Has escrito un libro titulado «La verdadera fortaleza». Gracias por estar aquí y participar con nosotras de esta conversación. Siento como si fuéramos tres hermanas, tres amigas muy cercanas. De hecho, luego de la grabación del programa de ayer decía que las mejores conversaciones ocurren entre personas que son amigas, y nosotras tenemos muchas historias para compartir aquí.

Mary: Así es. Y esto es como invitar a las oyentes a una conversación de sobremesa. Es el tipo de conversación que tendríamos. Las tres, disfrutando de la compañía y disfrutando de una conversación sobre la verdad, y hablando sobre la verdad que ha transformado las vidas de mujeres alrededor del mundo.

Nancy: Déjame dar un poco de contexto aquí, y me gustaría hablar un poco sobre el subtítulo de tu libro: Hábitos sorprendemente sencillos... Tal vez son hábitos sencillos, pero sabes, toman toda una vida para desarrollarlos y practicarlos.

Mary: … de una mujer espiritualmente fuerte.

Nancy: Ya hemos visto algunos de esos hábitos—cuáles son esos malos hábitos que debemos dejar, y cuáles son los buenos hábitos que sí debemos desarrollar. Hoy vamos a hablar del tercer hábito, el cual tiene que ver con esta cuestión del equipaje o del bagaje en nuestras vidas.

Mary: Despojémonos del bagaje…vamos a pasar un tiempo estudiando una porción de la segunda carta a Timoteo. 

Nancy: Hablando de equipaje, estamos desempacando unos versículos. 

Mary: Sí, estamos estudiando 2 Timoteo capítulo 3, versículos 6 y 7, donde el apóstol Pablo menciona unas mujeres débiles que estaban en la iglesia de Éfeso.

Nancy: A propósito, leamos el pasaje, porque habla sobre cierto tipo de personas que nosotras debemos evitar, que son peligrosas. Debemos alejarnos de ellas. No debemos enredarnos con ellas. Esa era una advertencia que necesitaban en la iglesia de Efeso; y que nosotras también necesitamos al día de hoy.

Él dice que entre las personas que debemos evitar, están los que se meten en las casas y llevan cautivas (ya hablamos de esto en el programa anterior) a las mujercillas, débiles y cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Ellas no son mujeres fuertes espiritualmente. Dice: «...y llevan cautivas a mujercillas cargadas de pecados, llevadas por diversas pasiones, siempre aprendiendo, pero que nunca pueden llegar al pleno conocimiento de la verdad». Veamos esta frase que habla sobre esas mujeres. Ellas están «cargadas de pecados», llevan mucho equipaje.

Mary: Ellas están cargadas de pecados. Esa palabra «cargada» es muy interesante, porque en el idioma griego también tiene matices de (o hace alusión a) cargar un vagón, sobrecargar un vagón, así que es como amontonar una cosa encima de la otra.

Nancy: ¡Es estresante!

Mary: Estresante. Es tan y tan pesada, tanto que se convierte en una carga opresiva, agobiante.

Nancy: Podría romperse. Podrías no aguantar.

Mary: Cuando estuve en Tailandia, observe cómo tienen la costumbre de sobrecargar sus vehículos. Yo no sé si tú has ido a Tailandia. Ellos amontonan sobre sus vehículos, camiones y motocicletas, todo tipo de cosas, increíblemente alto, tanto que se balancean de un lado al otro. 

Recuerdo estar fascinada por esos vehículos y tomar algunas fotos de ellos. Si tú buscas en internet sobre los vehículos sobrecargados de Tailandia, ¡verás fotos increíbles! Recuerdo estar fascinada, pero recuerdo que no quería acercarme mucho, porque yo sabía que en cualquier momento ellos se podrían…

Nancy: … voltear, ¡o estrellar! Es peligroso.

Mary: Son peligrosos. Podrían estrellarse. Se podrían volcar. Son inseguros. Yo observaba a un muchacho manejando su bicicleta, que estaba cargada hasta arriba, y parecía que se iba a volcar. Si él giraba demasiado rápido, o alguien se le atravesaba, o si tenía que corregir su curso, eso podría haber causado un desastre.

Dannah: ¿Sabes qué me aterra? Yo he visto esto en algunas ocasiones. A veces el conductor lleva a un niño sobre sus piernas. Y pienso: ¿Cómo pueden llevar a un niño de esa manera?

Nancy: Deberían poner una ley.

Dannah: ¡Sí! No es seguro para ellos. No es seguro para sus seres queridos. No es seguro para los demás conductores. ¡Qué escena!

Mary: Es una imagen muy adecuada para lo que estamos hablando hoy. La Biblia dice que hay cargas que Dios nos permite llevar. Cuando estamos cargadas por circunstancias de la vida, ya sean enfermedades, circunstancias que están fuera de nuestro control, cosas muy difíciles, Él nos da la fortaleza para poder sobrellevar esas cargas. Es maravilloso que podamos soportar esas cargas, aquellas que necesitamos llevar según vamos por la vida. Pero hay un tipo de equipaje—de bagaje, de «carga no autorizada», que no debemos llevar y que no necesitamos amontonar en nuestros «vehículos». 

Nancy: Así es. Estoy pensando en Cristiano en El Progreso del Peregrino, y cómo sale de la Ciudad de Destrucción y se dirige hacia la Ciudad Celestial. Él lleva una carga sobre su espalda y él está cansado, y está abatido. Solo quiere liberarse de ella. Hasta que llega a la cruz, hasta que llega a Cristo, esto era algo que lo agobiaba. No se puede liberar. Pero cuando llega a la cruz, esa carga cae al suelo y Cristiano queda totalmente libre. 

Creo que a veces pensamos: Bueno, yo soy cristiana desde hace un tiempo, por lo tanto, soy libre de mi pecado. Pero luego, permitimos que el pecado y la carga del pecado se acumulen sobre nosotras cuando se supone que debemos ser libres.

Mary: Nos preguntamos si esa era la situación con las mujeres en Efeso. Ellas estaban cargadas de pecados, y la razón por la cual ellas eran débiles era porque no estaban confesando ni arrepintiéndose de su pecado de manera continua.

Nancy: Esto no es solamente para los que no creen, es para los creyentes también. Pensemos en Hebreos capítulo 12, donde el autor dice que nosotras estamos corriendo una carrera—y no puedes correr una carrera (estoy haciendo una paráfrasis aquí) con ropa extra y cargando todo tipo de cosas que pesan. Así que él dice que si vamos a correr con paciencia la carrera, tenemos que despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia, que tan fácilmente nos atrapa. Y entonces debemos correr con paciencia la carrera que tenemos por delante. Para esto es muy importante que primero entendamos que el pecado agobia y nos pesa.

Mary: Así es. No es tan solo el pecado, es la culpa y la vergüenza que acompañan al pecado. La sola carga que esto conlleva es tan sombría y tan opresiva y tan pesada. Esas son cosas que no debemos llevar con nosotras. Nos despojamos de eso corriendo a la cruz, y lidiando con nuestro pecado y con nuestra vergüenza y nuestra culpa por medio de la disciplina de la confesión.

Nancy: Y no vamos a confesar hasta que reconozcamos que tenemos pecados. ¿No te parece que hoy en día no hablamos mucho del pecado?

Dannah: Eso es políticamente incorrecto. Me parece que hablar de esto en las iglesias, no en mi iglesia en particular, mi iglesia habla mucho sobre esto; pero ahora hay que tener en cuenta cuán preparados están para poderles decir que la paga del pecado es muerte. Que se requiere de sangre para pagar por ese pecado. Esas son cosas muy duras de escuchar si no se tiene una teología sana sobre el pecado.

Nancy: Bueno, nos reímos del pecado en nuestra cultura.

Dannah: Así es.

Nancy: Nosotras no tomamos en serio las cosas que para Dios son pecaminosas, y pensamos que las cosas que para Dios son santas son en realidad ridículas. Creo que debemos cambiar esa manera de pensar sobre el pecado; pero también considerar sus consecuencias.

David, en el Salmo 32, nos dice que cuando él calló su pecado, cuando no lo confesó, (hacia eso nos dirigimos en esta conversación) cuando él no lo trajo a la luz, la mano del Señor pesaba sobre él. Su cuerpo se consumía.

Dannah: Su vitalidad se desvanecía.

Nancy: Yo pienso que hay consecuencias fisiológicas, mentales y emocionales, no todas estas necesariamente; pero algunas de estas son solo consecuencias, por no confesar nuestros pecados. Por cargar el pecado en vez de deshacernos de él. Así que antes de que podamos confesarlo, debemos reconocer que hay pecado en nosotras. No puedes pretender que no está ahí y que no importa.

Mary: Por eso es tan importante hablar sobre el pecado. Todas somos pecadoras. Nosotras somos perdonadas. Y somos justificadas cuando aceptamos a Jesús. Así que tenemos una posición privilegiada, tenemos el favor de Dios; pero debemos confesar nuestros pecados constantemente. El pecado nos puede agobiar, es una carga muy pesada.

Pienso en alguien que conocí, una mujer joven. Ella estaba trabajando en una organización cristiana. Se me acercó y me contó algunas cosas después de una conferencia. Ella empezó a contarme acerca de un pecado que nunca le había contado a nadie. Ahora, ya le había confesado eso al Señor. Ella sabía intelectualmente que había sido perdonada.

Es hija de un pastor. Cuando se fue a estudiar en la universidad, su mamá y su papá le dijeron que tuviera mucho cuidado cuando saliera con alguien, y que no fuera a los bares. Pero conoció a un joven con el que empezó a salir. Ella pensó que podría serle de testimonio y compartirle el evangelio.

Dannah: «Una cita misionera».

Mary: Citas misioneras. Terminó encontrándose con él en un bar y sin que ella se diera cuenta, él le puso droga en su bebida. Ella se despertó a la mañana siguiente toda desorientada y no sabía lo que había sucedido. Ni siquiera sabía si algo había sucedido. Se despertó en su cama totalmente desorientada.

Bueno, unas semanas más tarde se dio cuenta de que estaba embarazada. Pensó: ¿Cómo les voy a decir esto a mis amigas del grupo de estudio bíblico, a las cuales estoy discipulando? Yo soy líder aquí en la comunidad, en la comunidad cristiana. ¿Cómo puedo decirles a ellas lo que sucedió y lo que hice? Así que, sin decirle a nadie, fue y se practicó un aborto.

Cuando me conoció esta joven me dijo: «Yo he tenido que lidiar con el hecho de que pecaron contra mí, con haber sido abusada». Porque fue terrible que ella hubiera sido violada y que le hubieran hecho daño de esa manera tan terrible. Ella ha tenido que lidiar con eso y con todas las consecuencias y ha estado en consejería. Pero nunca le dijo a nadie sobre el aborto. Ella me dijo: «Esa fue mi decisión aunque el daño que me hicieron estaba fuera de mi control».

Dannah: ¿Ella le trajo esto en oración al Señor?

Mary: Sí, ella lo había hecho y había confesado. Ella dijo: «Yo le he confesado esto todas las noches, todos los días durante ocho años».

Dannah: Yo sé lo que es estar así.

Mary: Pesado. Pesado. Pesado. Todos los días ella le confesaba eso al Señor. Yo le dije: «Hablemos un rato . . . Yo sé que tú has confesado, pero quiero que tú confieses aquí conmigo, y yo voy a escuchar como testigo. Yo quiero que tú ores y le pidas al Señor perdón, y yo voy a luchar contigo». Ahora, Dios ya la había perdonado. Yo estoy segura de que Dios la perdonó desde el primer momento que ella le confesó, pero ella cargaba culpa y vergüenza.

Dannah: Dios quería sanarla.

Mary: Él quería sanarla. Santiago 5:16 dice: «Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho». Así que ella ya le había confesado al Señor, pero nunca lo había confesado abiertamente. Nunca había ido a la comunidad ni había tenido a alguien para que luchara con ella en oración, para soltar esa pesada, pesada carga en su vida, y liberarse de ella. Comenzamos a orar... Fue uno de esos momentos en los que podía sentir la presencia del Espíritu Santo. Ella oró, confesó y luego yo la abracé. Cuando ella terminó de orar, estaba llorando y mirando hacia el piso. Yo levanté su rostro y la miré directamente a los ojos, y le dije: «Has sido perdonada, yo declaro que tú has sido perdonada».

Ahora, yo no tengo poder para perdonar pecados. Es Jesús quien puede perdonar pecados, y ella había sido perdonada. Pero necesitaba oírlo. Ella necesitaba traer ese pecado a la luz, y así ser libre de la carga y la culpa. 

Hay algo bueno acerca de la confesión abierta (pública). Pude orar con ella. Oré la verdad de la Escritura sobre ella. Tal vez estuve como dos o tres horas, orando, clamando la verdad de la Palabra de Dios en su vida.

Dannah: El proceso de arrepentimiento y confesión a veces toma su tiempo. Yo pienso que muchas veces le decimos a alguien: «Voy a orar por ti» o «ve y ora por eso».

Nancy: O nosotras oramos por un minuto.

Dannah: Pienso que si Jesús oró intensamente en el huerto de Getsemaní, por nuestros pecados y por todo el dolor que Él iba a sufrir en la cruz, ¿cuánto más deberíamos nosotras orar así por nuestro pecado? Eso no quiere decir que tenemos que agonizar por eso, lo que queremos es saber cómo ser liberadas, cómo experimentar este evangelio que está escrito en las páginas de la Biblia, cómo experimentarlo en nuestros corazones y en nuestra mentes.

Nancy: También entender que hay una dimensión vertical y una horizontal en la confesión. Nuestro pecado es contra Dios primero, y eso fue lo primero que David dijo en el Salmo 51. «Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos» (v. 4). Al escribir el Salmo 51, él estaba plasmando su humillación, su arrepentimiento, su quebrantamiento, y quedaba como testimonio para que otros lo leyeran y lo vieran.

Yo a veces hablo sobre Roy Hession, un escritor clásico. Él dice que la confesión tiene dos direcciones. Una vertical que va hacia arriba (quitar el techo)—que es con Dios. Y una horizontal (derribar las paredes)—que es con los demás. Dannah, yo sé que cuando luchaste con tu pecado en la adolescencia, el pecado y las fallas que le confesaste al Señor, eso fue la dirección vertical.

Dannah: Casi todos los días.

Nancy: Pero pasó un buen tiempo, antes de que pudieras derribar las paredes y le contaras eso a tu esposo.

Dannah: Sí, de hecho, esa fue la noche en que escuché un programa como este. Fue lo que me dio esperanza para creer que podía liberarme de esa carga que llevaba todos los días—pensaba en eso todos los días.

Fui a casa y le conté a mi esposo, que pensaba que se había casado con alguien muy puro (porque mis convicciones sobre la pureza eran muy fuertes, cuando lo conocí a él). Él me abrazó. Yo confesé y él me abrazó. ¿Sabes qué? Sentí como si los brazos de Jesús me estuvieran abrazando.

A veces nosotras necesitamos ser las manos y los pies de Jesús para alguien. Cuando mi esposo me dijo: «Yo no creo que necesite decirte que te perdono, pero creo que tú necesitas escucharlo. Yo creo que necesitas escuchar que has sido perdonada».

Eso revolucionó mi vida espiritual. Pasaron muchos meses antes de que yo le contara a mi mamá; pero ella dijo: «¿Qué pasó?» Mi mamá había estado orando toda su vida por mí. Ella había visto la tristeza. 

Nancy: Ella vio el cambio.

Dannah: Ella había visto la pesadumbre, la carga, y ahora ella veía tranquilidad, alegría y gozo.

Mary: Así pasó exactamente cuando oré por la joven. Nosotras oramos por horas. Yo declaré perdón y verdad sobre ella para contrarrestar las acusaciones.

Anteriormente hablamos sobre el acusador y cómo ganar la batalla por nuestras mentes. Cuando declaré la verdad sobre ella, fue como si algo se rompiera en el reino espiritual. Fue como si hubiera un alivio increíble y poderoso. A la mañana siguiente cuando ella vino a verme, no la reconocí. El cambio fue tan profundo. Había esta luz y este gozo, y toda su actitud había cambiado, era la bendición sobrenatural de Dios que la liberó de esa carga. El cambio fue dramático.

Nancy: Así como Cristiano, cuando él llega a la cruz en El Progreso del Peregrino. Creo que debemos orar en este momento. Mary, quiero que ores. Vamos a unir nuestras manos en oración con estas mujeres. Si hay alguna mujer que nos está escuchando y está cargada, podrías orar verdad sobre ella, para que el Señor la libere de esa carga a través de la confesión. 

Mary: Claro que sí, Nancy. Oremos.

Padre celestial, te pido por la mujer que está escuchando y está cargada. En este momento, ella está sintiendo el peso de su pecado. Ella se siente culpable. Ella se siente avergonzada.

Padre, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Tú nos has librado de la carga del pecado. Tú cargaste con nuestro pecado. Tú te llevaste el peso y la vergüenza del pecado.

Yo te pido por esta mujer, para que ella entienda que TÚ perdonas nuestros pecados. Tú eres justo para perdonarnos y limpiarnos, para levantar esa carga, para quitar ese peso. Así que Padre, yo te ruego por ella, para que tenga el valor de sacar el pecado a la luz, con un hermano o hermana en la que ella pueda confiar, tal vez su esposo o una hermana en Cristo con la que ella pueda confesar; para que puedan orar por ella y ella pueda experimentar la libertad—la absoluta libertad—que resulta de entender que nuestros pecados han sido lavados, en el nombre de Jesús. Amén. 

Nancy: Amén.

Dannah: Amén. Oramos por ti querida amiga.

Nancy: Y apenas hemos tocado la superficie de cómo es que debemos pensar sobre el pecado, la confesión y la libertad. Mary, me gusta que en tu libro La verdadera fortaleza hayas profundizado en el tema de la verdadera confesión y el verdadero arrepentimiento, cómo podemos experimentar verdadera libertad. Este es un libro que sé que a muchas de nuestras oyentes les gustaría leer y necesitan leer. 

Dannah: Sí. Tal vez necesitas ayuda con este tercer hábito de la mujer espiritualmente fuerte que es:

Nancy: Despojarse del bagaje.

Dannah: Y si lo haces,

Mary: Confiésalo continuamente.

Nancy: Mantén tu corazón limpio continuamente. Limpiarlo una vez, y luego mantenerlo limpio. 

Dannah: Bueno y asegúrate de acompañarnos en el próximo programa. Continuaremos con esta conversación. Veremos el cuarto hábito de la mujer espiritualmente fuerte. ¡Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones!

Annamarie: Creciendo en verdadera fortaleza juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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