Podcast Aviva Nuestros Corazones

Dios es lo primero

Annamarie Sauter: Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que tus decisiones pueden tener serias consecuencias.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Si escoges abandonar al Señor, si escoges hacer alianzas no piadosas con el mundo que nos rodea, cosecharás las consecuencias. Esto es cierto no sólo en el matrimonio sino en cada área de nuestras vidas. Si vas a coquetear con el mundo, entonces necesitas estar preparada para vivir con el mundo y perder la bendición de Dios en tu vida.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Probablemente no eres tentada a inclinarte ante un dios de piedra o de madera… Entonces, ¿cómo aplicas el mandato del Antiguo Testamento de no servir a otros dioses? Descubre por qué este principio aún es importante, mientras Nancy continúa en la serie, «Lecciones de la vida de Josué (Parte 12): Dejando un legado».

Nancy: En la época en que estaba en mis veinte años, el fundador y director de nuestro ministerio en ese entonces, Del Fehsenfeld, Jr., le comentó a algunos en nuestro equipo (y la mayoría éramos jóvenes), sobre el hecho de que había un número de líderes cristianos que ya eran mayores y estaban saliendo de escena.

Él nos dijo: «Nuestro turno para asumir ese liderazgo se está acercando, y tenemos que ir recibiendo el traspaso de mando y pensando en cuál es nuestra responsabilidad hacia la próxima generación».

Varios años más tarde nuestro fundador desarrolló una enfermedad terminal. Se le diagnosticó un tumor cerebral, y murió en el año 1989, a la edad de cuarenta y tres años.

Pero antes de irse a casa, al cielo, Del se reunió con nuestro equipo ministerial completo durante la mayor parte de un día, según recuerdo. Recuerdo que nos sentamos en una habitación y grabamos en video toda esa reunión para conservarlo, y todavía se lo mostramos a nuestro personal de vez en cuando.

Él grabó en video una serie de sesiones sobre los (valores fundamentales), los principios centrales de nuestro ministerio. Algunas empresas los llaman valores fundamentales; para nosotros son los compromisos que marcan la pauta.

Era una lista de doce (compromisos) que nuestro equipo de liderazgo escribió. Él fue uno por uno a través de los doce, y nos dijo: «Estas son las cosas que deben recordar».

Ahora, él no sabía, ni nosotros sabíamos, en ese momento si Dios iba a librarlo de esa enfermedad o se lo iba a llevar. Resultó que el Señor se lo llevó a unos pocos meses de esta sesión. Pero él nos dijo: «Estos son los distintivos de este ministerio,  si estas cosas dejan de ser ciertas, este ministerio dejará de tener impacto».

Había cosas como vivir bajo la autoridad de las Escrituras y el señorío de Jesucristo, el mensaje de la cruz, el ministerio del Espíritu Santo, la importancia de la oración, el mensaje del avivamiento. Estos son los distintivos de nuestro ministerio.

Él nos preparó para el día en que él no estuviera. Él no sabía que ese era un discurso de despedida, pero resultó ser bastante cerca del final, y se convirtió en algo que llevamos y que hemos llevado y atesorado con nosotros.

Hoy en día, años más tarde, tenemos muchos miembros del personal que nunca conocieron a Den Fehsenfeld o no saben acerca de él.  Pero hemos tratado de traspasar esos principios, esos conceptos y otros que son fundamentales para el corazón de nuestro ministerio, a la siguiente generación, a nuestro personal más joven que viene surgiendo.

Me recuerda lo que el apóstol Pedro dijo al final de su vida. En 2 Pedro 1:13-15 dijo,

«Y considero justo, mientras esté en este cuerpo, estimularos recordándoos estas cosas,  sabiendo que mi separación del cuerpo terrenal es inminente, tal como me lo ha declarado nuestro Señor Jesucristo. También yo procuraré con diligencia, que en todo tiempo, después de mi partida, podáis recordar estas cosas».

Pedro tenía el mismo corazón que el fundador de nuestro ministerio. «Cuando no esté aquí, ya sea en mucho o poco tiempo, quiero estar seguro de que pueden recordar estas cosas. Sé que las saben. Sé que no son nuevas para ustedes. Pero quiero recordarles las cosas que ya saben, con la esperanza de que siempre, siempre las recuerden, mientras vivan.

En ese mismo pasaje, Pedro continúa señalando a sus oyentes hacia la Palabra de Dios. Él dice, «La Palabra de Dios es lo que va a demostrar ser el fundamento  de sus vidas en los tiempos por venir» (vv.19-21).

No hace mucho tiempo escuché un CD de un amigo mío que durante muchos años fue pastor. Ahora ha sido diagnosticado con una enfermedad terminal y ha tenido que renunciar a su púlpito. Escuché el último mensaje que predicó a su congregación, una congregación grande en el norte del país. Fue sobre este texto de 2 Pedro 1.  

Este pastor, sabiendo que no podría seguir pastoreando ese rebaño, los llevó y apuntó a  la Palabra de Dios. Él les dijo: «Sean un pueblo de la Palabra. No se vayan a la deriva con otros vientos de doctrina que surgen, con otras cosas que están diciendo para atraer a las personas a filosofías no bíblicas, incluso a los creyentes».

Él les dijo: «Quiero que mantengan sus corazones firmes en la Palabra». Ese es un buen consejo, ya sea que seas un pastor o un padre, porque llegará el momento en que no estarás ahí para tus hijos y nietos, ni para aquellas que estás discipulando. No quieres que se apeguen a ti sino a la Palabra de Dios.

Dirás, «¿qué tiene eso que ver con Josué?» Los últimos dos capítulos del libro de Josué son un gran homenaje apropiado a la vida de este gran hombre de Dios.

Josué es ahora un anciano. Sabe que no va a vivir por mucho más tiempo. Ha sido fiel y leal a Jehová durante toda su vida, hasta el final.

Aparte del tratado que establecieron con los gabaonitas, cuando Josué no buscó al Señor, la Escritura no registra ningún otro lapso de fe u obediencia por parte de Josué. Eso es bastante que decir considerando los muchos años que vivió y sirvió al Señor. Él tuvo un caminar consistente con Dios desde su juventud hasta su vejez.

Creo que esa es una de las cosas que me ha atraído de su vida, porque eso es lo que me gustaría tener. Quiero ser fiel al Señor no sólo como mujer joven, sino también en la edad media y en mis años mayores.

Puedes estar pensando, bueno, yo eché a perder eso hace mucho tiempo. Gracias a  Dios por Su  gracia, y sé consciente que a partir de este  momento puedes ser fiel a Dios por Su gracia.

Vamos a continuar en Josué 23:1-2 y ver el mensaje que él quiere dejar a los que van a seguir después de él.

«Y aconteció muchos días después (diez años o más después de la conquista y la distribución de la tierra), cuando el Señor había dado reposo a Israel de todos sus enemigos de alrededor, siendo Josué ya viejo y avanzado en años, que Josué llamó a todo Israel, a sus ancianos, a sus jefes, a sus jueces y a sus oficiales, y les dijo: “Ahora soy viejo y bien avanzado en años"».

Luego, ve al versículo 14; él dice algo similar a lo que Pedro dijo en 2 Pedro 1. Él dice, «Hoy me voy por el camino de toda la tierra». ¿Qué está diciendo? «Voy a morir pronto. No voy a estar aquí por mucho tiempo».

Entonces, ¿qué va a decir Josué a estos líderes que seguirán liderando al pueblo después de que él se haya ido? ¿Qué es lo más importante en su corazón? ¿Qué es lo que quiere dejar a estas personas que ha liderado durante todos estos años? ¿Qué quiere que recuerden cuando él ya no esté allí?

Bueno en este capítulo y en el próximo (capítulos 23 y 24, el final del libro de Josué), hay dos mensajes diferentes, en dos ocasiones diferentes, en dos lugares diferentes; pero lo que él dice en ambos es similar. Quiero sacar algunas lecciones de estos dos mensajes durante las próximas sesiones. Pero ahora, para darles una visión general de estos mensajes:

Primero, él los anima. Él los anima de dos maneras:

  • En primer lugar repasando su pasado, recordándoles la fidelidad de Dios en el pasado.
  • Luego dándoles una visión para su futuro. Él les asegura que Aquel que ha cumplido todas las promesas que hizo en el pasado, no les va a fallar en los días venideros.

Así que los anima repasando su pasado y dándoles una visión para su futuro. Luego los desafía en relación al presente, los exhorta a permanecer fieles al Señor y a servirle y obedecerle toda su vida. Y finalmente, les advierte de las consecuencias que de seguro experimentarán si no obedecen a Dios.

Esa es una visión general. Ahora vamos a desglosar eso. Quiero ir a través de cada una de esas secciones de estos mensajes.

Primero él repasa el pasado, y esto tiene el propósito de alentarlos. Sé que me anima cuando reflexiono sobre lo que Dios ha hecho y cómo ha sido fiel y cómo me ha sostenido a través de circunstancias y situaciones en el pasado. Esto me anima a ser fiel al Señor en el presente.

Josué dice, 23:3 «Y vosotros habéis visto todo lo que el Señor vuestro Dios ha hecho a todas estas naciones por causa de vosotros, porque el Señor vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros».

Ahora bien, aunque Josué es quien ha peleado y ganado muchas batallas, aún en el final de su vida, él nunca se lleva el crédito por lo que Dios ha hecho. «Es el Señor quien ha peleado por ustedes».  Me encanta ese espíritu humilde de Josué, y espero imitar eso en esta temporada de mi vida y al final de mi vida.

Cuando las personas me dicen: «Gracias por tu ministerio; gracias por tus libros; gracias por este ministerio de radio», quiero decir desde mi corazón: «Estoy tan agradecida de que el Señor las haya bendecido a través de estas verdades que Él está usando para hacerlas libres».

Es la obra de Dios. Es Dios quien pelea las batallas. Así que Josué le da el crédito al Señor por lo que ha sucedido en el pasado.

En el versículo 9, de nuevo repasando el pasado, él dice,

«El Señor ha expulsado a naciones grandes y poderosas de delante de vosotros; y en cuanto a vosotros, nadie os ha podido hacer frente hasta hoy».

Luego, mira el versículo 14:

«He aquí, hoy me voy por el camino de toda la tierra, y vosotros sabéis con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma que ninguna de las buenas palabras que el Señor vuestro Dios habló acerca de vosotros ha faltado; todas os han sido cumplidas, ninguna de ellas ha faltado».

Mientras repasa el pasado, él dice, «Dios ha cumplido Sus promesas. Dios ha cumplido Su palabra. Dios es un Dios que guarda el pacto».

Luego cuando llegamos a su mensaje en el capítulo 24 (no tomaré tiempo para leer esto, pero espero que tú lo leas), en los versículos 2-13 Dios está hablando en primera persona, y Él dice: «Yo los llamé. Yo los bendije. Yo los guié. Yo los libré de la esclavitud».

Dios dice: «Yo les di la victoria sobre sus enemigos. Yo los protegí. Yo les di una buena tierra». Si las cuentas, creo que son dieciocho veces que ves la palabra «Yo» en ese pasaje. Dios está diciendo, «Yo soy el que ha hecho esto por ustedes».

Así que Josué señala a las personas la mano de Dios en su historia. Es el Señor que hizo esto.

Esto no fue casualidad. No fueron tus esfuerzos, no fue tu fuerza no fue por tu bondad que mereces esta redención. Dios es el que ha hecho esto. Vean Su mano en Su historia.

Él los anima a recordar la fidelidad de Dios en el pasado, a repasarla, a contarla otra vez. Dios cumple Sus promesas.

La implicación es que, podías confiar en Dios entonces, lo que significa que puedes confiar en Dios ahora. Él repasa su pasado. 

Creo que eso es algo muy importante para nosotras. Es una razón poderosa para mantener un diario. Al anotar lo que Dios ha hecho, entonces podemos valorar más tarde en nuestra vida con nuestros hijos a repasar, «aquí está lo que Dios ha hecho».

Cuando pensamos, en Aviva Nuestros Corazones, que ya no somos un bebé. Y a veces es bueno para nosotros volver y repasar, «aquí está lo que Dios hizo cuando nació este ministerio, aquí están estas cosas que Dios hizo mientras íbamos en el camino; algunos de los recordatorios, momentos clave, memoriales de las cosas que Dios ha hecho». Eso nos da valor, nos da fe, y confianza para enfrentar el futuro y vivir en el presente.

Ahora, habiendo repasado su pasado, Josué les da una visión para el futuro. Mira lo que dice en Josué 23:4-5:

«Mirad, os he asignado por suerte, como heredad para vuestras tribus, estas naciones que aún quedan junto con todas las naciones que he destruido, desde el Jordán hasta el mar Grande, hacia la puesta del sol.  Y el SEÑOR vuestro Dios las echará de delante de vosotros y las expulsará de vuestra presencia; y vosotros poseeréis su tierra, tal como el SEÑOR vuestro Dios os ha prometido».

Él está diciendo: «Cuando te acuerdas de lo que Dios ha hecho en el pasado, te da la certeza de que puedes confiar en Él para el futuro. Aquí hay algunas promesas para el futuro. Esto es lo que Dios va a hacer».

Ahora, creo que lo más importante de estos mensajes es el, «¿y entonces qué?» Esto es lo que Dios ha hecho en el pasado, esto es lo que Dios va a hacer en el futuro, pero ¿cómo debo de vivir hoy? ¿Cómo me afecta eso ahora?

Así que él los desafía a vivir ese momento a la luz del pasado y a la luz del futuro. Mira el versículo 6:

«Esforzaos, pues (ya que Dios ha hecho estas cosas), en hacer todo lo que está escrito en el Libro de la Ley de Moisés, para que no os apartéis de ella ni a la derecha ni a la izquierda».

El primer «¿y entonces qué?» es, sean personas del Libro. Fundamenten sus vidas en la Palabra de Dios.

Esta es una característica de la vida y el ministerio de Josué. Su ministerio comenzó, en el capítulo 1 de Josué como recuerdas, con Dios dándole un desafío para meditar en la Palabra de Dios de día y de noche. Dios dijo: «Si haces eso, serás exitoso en todo lo que hagas».

Ahora Josué ha visto que eso es verdad. Ha meditado en la Palabra de Dios. Ha tenido éxito en todo lo que ha hecho.

Entonces, ¿cómo termina su ministerio? Pasando ese mismo desafío a la próxima generación.

Creo que también está diciendo: «Los métodos pueden cambiar. Los tiempos pueden cambiar. La cultura puede cambiar. Pero una cosa nunca cambia, y esa es la Palabra de Dios».  Es absoluta; se aplica a cada generación. Sus verdades son inmutables. Élla es la plomada, «no sólo para mí cuando era un hombre joven, sino ahora que soy viejo y por mucho tiempo después de que me haya ido. Y cuando sean viejos, todavía será el estándar para sus vidas». Así que los llama a ser un pueblo del Libro.

Por lo tanto, esfuércense por cumplir todo lo que está escrito en el libro de la ley, no se aparten de él, «a fin de que no os juntéis con estas naciones, las que queden entre vosotros.  No mencionéis el nombre de sus dioses ni hagáis a nadie jurar por ellos, ni los sirváis, ni os inclinéis ante ellos, sino que al Señor vuestro Dios os allegaréis, como lo habéis hecho hasta hoy» (vv. 7-8).

Mira el versículo 11: «Tened sumo cuidado, por vuestra vida, de amar al Señor vuestro Dios».

Sólo estoy escogiendo algunos versículos aquí. Espero que vuelvan y los lean cuidadosamente y los estudien y mediten sobre ellos.

Ves en estos mensajes de Josué que él enlaza el amor y la obediencia. El Nuevo Testamento hace lo mismo. «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos», dice Jesús (Juan 14:15). El amor y la obediencia están inseparablemente ligados.

El amor a Dios no es una sensación sentimental o emocional. El amor a Dios es devoción, apego y rendición de todo corazón a Aquél que nos ha redimido. Él nos ha bendecido. Él nos ha protegido, guiado y ha provisto para nosotras.

El amor a Dios es decir, «sí, Señor». Así es como demostramos nuestro amor por Él.

Ahora mira Josué 24:14, otra ilustración aquí de «¿y entonces qué?» Por lo que Dios ha hecho en el pasado, debido a Sus promesas para el futuro,

«Ahora pues, temed al Señor y servidle con integridad y con fidelidad; quitad los dioses que vuestros padres sirvieron al otro lado del río y en Egipto, y servid al Señor».

Me recuerda a otro discurso que un líder importante dio al pueblo de Israel. Lo encontrarás en 1 Samuel 7.

No te voy a pedir que vayas allí, pero escucha lo que Samuel le dijo al pueblo de Israel. Él dijo:

«Si os volvéis al Señor con todo vuestro corazón, quitad de entre vosotros los dioses extranjeros y las Astorets y dirigid vuestro corazón al Señor, y servidle sólo a Él» (v.3).

Ese es el llamado de estos grandes hombres. Quiten los dioses extranjeros; aférrense a Jehová, el único Dios verdadero.

Josué les está diciendo a estas personas: «No se enreden con los incrédulos. No adopten sus prácticas. No se casen con ellos. No sirvan a sus dioses. Sino aférrense al Señor; Apéguense, agárrense fuerte al Señor. Témanle, ámenle, obedézcanle, sírvanle. Él es el único Dios verdadero».

Luego él dice: «No abandonen al Señor». No abandonen a Jehová y quiten los dioses extranjeros.

Verás ese tema a través de ambos capítulos. Y creo que su punto es que el amor a Dios debe ser exclusivo. Requiere apartar todo lo que pueda competir con Él en nuestras vidas.

El hecho es que no puedes aferrarte al Señor y al mismo tiempo aferrarte a cualquier cosa que amenace Su lugar en tu vida. No puedes aferrarte a Jehová, aferrarte fuerte a Él, servirle, mientras al mismo tiempo te aferras a cosas que sabes que le desagradan. No puedes tener ambas cosas.

No sirvan a estos dioses extranjeros. Sirvan al Señor. No abandonen al Señor. Quiten esos dioses extranjeros.

Ahora, al final de ambos mensajes, él les da una advertencia. Les advierte lo que sucederá si no obedecen. Pueden esperar el castigo divino y la disciplina.

Déjame darte un par de ejemplos de esto. Josué 23:12, «Porque si os volvéis, y os unís al resto de estos pueblos que permanecen entre vosotros, y contraéis matrimonios con ellos…»

Por cierto, este es un punto tan importante. Los hijos de Dios no deben casarse con los incrédulos.

Lo digo con tanta intensidad, porque regularmente recibo correos electrónicos de nuestras oyentes que tomaron decisiones tontas en asuntos del corazón y ahora están pagando consecuencias de las que no pueden salir fácilmente; quizás no puedan salir en lo absoluto.

No te cases con un incrédulo. «¿Pueden dos caminar juntos sin antes ponerse de acuerdo?» (Amós 3:3). Así que él dice,

«Porque si os volvéis, y os unis al resto de estos pueblos que permanecen entre vosotros, y contraéis matrimonio con ellos, y os juntáis con ellos, y ellos con vosotros, ciertamente sabed que el Señor vuestro Dios no continuará expulsando a estas naciones de delante de vosotros, sino que serán como lazo y trampa para vosotros, como azote en vuestros costados y como espinas en vuestros ojos, hasta que perezcáis de sobre esta buena tierra que el Señor vuestro Dios os ha dado» (vv. 12-13).

Hay mujeres que pueden testificar que eso es cierto. «Me casé por emociones. Me casé por rebelión. Me casé por quererlo a mi manera en lugar de la manera de Dios, y eso se ha convertido en una maldición en mi vida. He cosechado consecuencias en mi vida que han hecho que ya no experimente lo que podría tener en términos de la buena tierra que Dios quería darme».

Ahora, permítanme decir que gracias a Dios por Su gracia, incluso en un matrimonio muy difícil o no bíblico, todavía puedes caminar en arrepentimiento y fe y humildad ante Dios, y puedes una vez más experimentar la bendición de Dios en tu vida.

Pero Josué les está advirtiendo que si eligen abandonar al Señor, si eligen hacer alianzas no piadosas con el mundo, cosecharán consecuencias.

Es verdad no sólo en el matrimonio, sino también en cada área de la vida. Si vas a coquetear con el mundo, entonces necesitas estar preparada para vivir con el mundo y perder la bendición de Dios en tu vida.

Mira el versículo 15 del capítulo 23,

 «Y sucederá que así como han venido sobre vosotros todas las buenas palabras que el Señor vuestro Dios os habló, de la misma manera el Señor traerá sobre vosotros toda amenaza, hasta que os haya destruido de sobre esta buena tierra que el Señor vuestro Dios os ha dado.  Cuando quebrantéis el pacto que el Señor vuestro Dios os ordenó, y vayáis y sirváis a otros dioses, y os inclinéis ante ellos».

Josué 24:20,

«Si abandonáis al Señor y servís a dioses extranjeros, Él se volverá y os hará daño, y os consumirá después de haberos hecho bien».

Me doy cuenta de que hoy no estamos viviendo hoy bajo la forma de gobierno y en la situación en que Israel vivió entonces. Así que hay algunas maneras en que estos pasajes no pueden ser aplicados a nosotros exactamente de la misma manera.

Pero creo que hay un principio universal y eterno aquí.

  • Si obedeces a Dios, si sirves al Señor, le temes a Él, quitas otros dioses, cosecharás bendición.
  • Si eliges en cambio alinearte con las cosas y los dioses y las filosofías y los placeres de este mundo, si abandonas al Señor y eliges el mundo, entonces experimentarás consecuencias.

Recibimos muchas, muchas cartas y correos electrónicos desgarradores de oyentes que están experimentando exactamente lo que estas advertencias dijeron que pasaría. Ahora parece que «Humpty Dumpty» (el personaje de esa rima infantil) se ha caído de la pared, y están tratando de juntar todas las piezas de nuevo.

Por eso es que, sabiendo esto, Josué insta a estas personas, «teman al Señor. No lo abandonen. No vayan tras estos otros dioses. No olviden».

Te puedes imaginar a estas personas diciendo: «Ya hemos oído esto antes. ¿Cuántas veces necesitamos oír esto?». Necesitamos seguir escuchándolo. Tú y yo tenemos que escucharlo. Puedes haber seguido al Señor durante todos los años de tu vida, pero aún puedes, aunque sea al final, llegar al lugar donde olvides al Señor, o abandones al Señor, o sigas a otros dioses.

Así que él repasa su pasado, les da una visión para su futuro, los desafía en relación con el presente a permanecer fieles al Señor, y les advierte de las consecuencias que experimentarán si no obedecen a Dios.

Ves, Josué comprendió que la mayor amenaza para la nación de Israel no eran los cananeos. No era una amenaza militar. No eran todos los carruajes del enemigo.

Se dio cuenta de que su mayor amenaza era la espiritual. Era un problema del corazón. Era que olvidaran y abandonaran al Señor.

Esa es la mayor amenaza para los Estados Unidos de América y para cada una de nuestras naciones. No es una amenaza militar. Ahora bien, hay amenazas militares. Hay amenazas a nivel mundial e internacional. Hay amenazas terroristas. Pero la mayor amenaza, el mayor peligro para esta nación es espiritual. Es un problema del corazón. Es que abandonemos al Señor que ha sido tan bueno con nosotras, y nos ha bendecido y nos ha dado una tierra de abundancia; que nos olvidemos de dónde vino todo eso y sirvamos a otros dioses, como lo estamos haciendo de manera generalizada hoy en día.

Lo mismo ocurre en nuestras iglesias, en nuestros hogares, y en nuestras propias vidas. No olvides al Señor. Síguelo. Búscalo. Ámalo. Aférrate a Él. Sírvele y Él te bendecirá.

No significa que tu vida estará libre de problemas o de conflictos. No será así, porque crecemos en esta vida a través de problemas y presiones y adversidades.

Pero puedes estar segura de que si eliges el camino del mundo, si decides tolerar a los competidores de Dios en tu vida, habrá consecuencias.

Josué está diciendo: «Quiero ahorrarles eso. Así que recuerden al Señor. Sean fieles. Aférrense a Él. Agárrense fuerte. Quiten a los dioses extranjeros de entre ustedes, y apéguense al Señor su Dios».

Annamarie: Como líder o como padre, el concepto más importante que le puedes transmitir a aquellos que te siguen es, pongan a Dios primero. Adóralo, aférrate a Él sobre todo dios extranjero. Esto es tan cierto hoy como lo fue cuando Josué instruyó a la nación de Israel.  Esta enseñanza de Nancy DeMoss de Wolgemuth es parte de la serie «Lecciones de la vida de Josué (Parte 12): Dejando un legado».

«He Decidido Seguir a Cristo». Puedes haber cantado esa canción muchas veces, pero, ¿te das cuenta de lo que realmente estás diciendo? Seguir, vamos a explorar lo que esto realmente significa, mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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