Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Dios te ayudará a soportar

Annamarie Sauter: Tan a menudo pensamos que en la Palabra de Dios no encontraremos lo que necesitamos.

Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Qué hará la Palabra de Dios por ti, en la medida en que te enfrentas al sufrimiento y a las dificultades? Hará dos cosas: una, en tu propia vida, te mantendrá con los pies en la tierra. Te dará la perspectiva correcta. Te dará comprensión y sabiduría. Pero también será el arma que necesitas para ministrar en las vidas de otros.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura bíblica para hoy es la carta a los Romanos capítulos 13 y 14.

Hoy continuamos en la serie titulada, «Persevera en las dificultades de la vida».

Nancy: Justo antes de empezar esta sesión, una de nuestras jóvenes aquí, que tiene unos ochenta años de juventud, vino a mí y me dijo: «Me he dado cuenta de que a medida que asciendes, a medida que subes más y más alto y más alto, se hace más difícil respirar».

Y ella dijo: «Se podría pensar que para cuando tengas mi edad, has soportado todo lo que hay que soportar, y que sería más fácil».

Y ella se estaba refiriendo a los retos de esta etapa de la vida que son muy diferentes a los retos que tuvo que enfrentar anteriormente.

Así que aquellas de ustedes que no están todavía en los ochenta, ¡anímense! ¡Va a ser más difícil respirar! Si te sientes muy fuerte y capaz de correr la carrera en este momento, recuerda que vendrán tiempos en que te sentirás enredada y sin aliento. Habrá momentos en que sientas, «necesito ayuda realmente para seguir adelante».

Y de eso precisamente es que queremos hablar hoy, de cómo perseverar, cómo resistir, cómo soportar.

Y hay muchos versículos en las Escrituras acerca de cómo perseverar, y estamos hablando sobre esto en esta serie. En particular, nos hemos concentrado en las palabras que Pablo le dijo a Timoteo, a su joven discípulo, a su hijo en la fe.

En 2 Timoteo, nos encontramos con ideas, principios y puntos de vista relacionados con el sufrimiento. El apóstol Pablo ciertamente tenía, por su propia experiencia, un mensaje que dar acerca del sufrimiento y las penurias. Él sabía lo que era. Él no estaba escribiendo sobre una teoría.

La primera vez que di un mensaje con la perspectiva de Dios sobre el sufrimiento, fue cuando tenía probablemente unos 21 años de edad, y vuelvo y miro algunas de estas notas y pienso, «las cosas que dije entonces fueron ciertas entonces, y aún siguen siendo verdad hoy, pero podría enseñar esas mismas cosas hoy de una manera tan diferente que cuando tenía 21 años».

Cuando tenga la edad de Miss Dorothy, enseñaré estas cosas de una manera diferente a como las enseño hoy. Pero Dios ha provisto para nosotras a través de Su Palabra, y hoy estaremos hablando sobre los recursos que Dios nos ha dado.

Pablo le dice a Timoteo, «sufre penalidades». No las vas a poder evitar. Súfrelas, las necesitas. Y vendrán, aunque tengas una vida piadosa, aunque estés viviendo una vida llena del Espíritu. Vas a sufrir penalidades. Va a haber sufrimientos.

Habrá momentos en que se te va a hacer difícil respirar. Habrá momentos en este maratón donde llegarás a pensar, «no puedo llegar a la próxima curva». Entonces, ¿qué debes hacer? Debes poner un pie delante del otro y seguir adelante, persevera.

Pero la pregunta es, ¿cómo podemos perseverar? ¿Cómo podemos seguir adelante? Y estoy dándoles en esta serie diez principios o diez perspectivas que hay en 2 Timoteo sobre cómo soportar, sobre cómo perseverar.

Hoy estaremos compartiendo el principio número siete, la perspectiva número siete: recuerda los recursos que Dios te ha dado. Recuerda los recursos que Dios te ha dado para esta carrera, y úsalos. Confía en ellos. No te olvides de ellos. No los descuides. Si descuidas cualquiera de los recursos que Dios te ha dado, no tendrás lo que necesitas para la carrera.

Y quiero señalar cinco recursos que se encuentran en 2 Timoteo que son muy necesarios y maravillosos, porque son la provisión adecuada de Dios para poder soportar y perseverar en medio de las penurias y los sufrimientos.

El primero de esos principios es la gracia de Dios. Si no tuviéramos otra cosa más que la gracia de Dios, tendríamos lo que necesitamos para mantenernos fieles en la carrera.

Cuatro veces en 2 Timoteo, Pablo hace referencia a la gracia de Dios, comenzando en el versículo 2 del primer capítulo, dice: «A Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Cristo Jesús, nuestro Señor».

Y ¿de dónde proviene la gracia? La gracia proviene de Dios. Es sobrenatural. Es la habilidad dada por Dios para llenar nuestra incapacidad. Es la fortaleza dada por Dios para llenar nuestra debilidad.

Damos a Dios nuestra insuficiencia, nuestra debilidad, nuestra incapacidad para hacer frente a las presiones, y a cambio Dios nos da Su fuerza, Su gracia, y la capacidad y el poder para hacer lo que Dios quiere que hagamos, para colocar el próximo pie, para llegar a la siguiente curva, o para rebasar en la siguiente curva y seguir adelante.

Pablo dice en el capítulo 2, en el versículo 1, en 2 Timoteo: «Fortalécete en la gracia que hay en Cristo Jesús». La gracia de Dios no es solo lo que nos salva del pecado. Creo que algunas personas piensan, tengo la gracia de Dios que me salvó, ¿ahora para qué la necesito? ¡Yo la necesito para todo! Y tú la necesitas para todo.

Al mirar hacia atrás en tu vida, tienes un testimonio; si has sido cristiana por más de tres horas, tú tienes un testimonio de la gracia de Dios en tu vida. Es un regalo. No puedes merecerla. No puedes ganarla. No puedes trabajar para ella. Es la provisión de Dios para satisfacer mis necesidades, para hacer frente a las dificultades y al sufrimiento. Hay gracia disponible para eso. Ser fortalecidos por ella.

Recuerda que la gracia de Dios es suficiente. La gracia de Dios es suficiente para fortalecerte y ayudarte a soportar las dificultades que parecen tan imposibles.

Y Pablo concluye su carta en el final del capítulo 4, versículo 22, diciendo: «La gracia sea con vosotros». Y es interesante ahí el vosotros, ustedes, es plural. Él ha estado escribiéndole a Timoteo, en singular, pero él dice al final, «la gracia sea con todos vosotros».

Y ¿quiénes son «todos» en este pasaje? No es solo Timoteo, sino que se refiere a cualquier otra persona que lea esta carta. La epístola, la carta de Pablo en la prisión Mamertina iba a ser pasada a otros, compartida y leída.

Estamos leyéndola hoy. Entonces, ¿a quiénes les está hablando Pablo? A todos. A nosotras. «La gracia sea con todos vosotros». Toda la gracia suficiente para todas las circunstancias, para todas las estaciones de la vida, para todos los hijos de Dios.

Y por cierto, estas eran probablemente las últimas palabras inspiradas escritas por el apóstol Pablo. Piensa en ello por un momento. Piensa acerca de dónde él estaba, y piensa en lo que él quería dejar con nosotros— la gracia. La gracia de Dios sea con todos vosotros.

La gracia es un regalo, gracia que se encuentra disponible en cada paso del camino. Y quizás tú podrías pensar, yo no sé cómo voy a manejar esta situación dentro de tres años. Tú no necesitas ahora la gracia que necesitarás en tres años. Todo lo que necesitamos ahora es la gracia para ahora.

Dios te dará la gracia para dar ese paso, y luego todo lo que Dios sabe que necesitarás dentro de tres años, Dios te dará la gracia en el momento presente. Es el recurso que Dios te ha dado, la gracia de Dios.

Pero luego está el don de Dios. Pablo dice en el capítulo 1, en el versículo 6: «Por lo cual te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos» (énfasis añadido).

El don de Dios. Esa es la habilidad dada por Dios para hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer. Dios no nos ha llamado a hacer algo para lo que Él no nos haya dado los dones y la capacidad para hacerlo.

Pero hay que mantener vivos esos dones. Aviva la llama de ese fuego. Mantén la llama a todo su potencial. Manténganlos vivos. Si no utilizas los dones que Dios te ha dado, caerán en desuso, y no tendrás lo que necesitas cuando vengan las dificultades y el sufrimiento.

Pablo continúa diciendo en el versículo 7, justo después de hablar de ese don de Dios, él dice: «Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2 Tim. 1). Esto es algo que Dios te ha dado. Es un don de Dios.

Y pienso en las veces cuando nos encontramos en un matrimonio difícil, o un lugar difícil en la vida: económica o físicamente, en nuestro trabajo, en el ministerio, la cantidad de veces que nos hemos acobardado, que nos hemos rendido al miedo, a quejarnos, a murmurar, y Pablo dice que ese no es el don de Dios.

Dios no te ha dado un espíritu de temor. Eso no proviene de Dios. Lo que Dios te ha dado es un espíritu de poder, amor y dominio propio, una mente sana.

Esto nos pasa a muchas de nosotras, ya que las mujeres cuando nos metemos en un afán de vida, y he estado ahí muchas veces. Sé lo que se siente cuando uno se ha ido agitando por lo difícil que están las cosas y a todo lo que tienes que hacerle frente, y te pones a ti misma tan nerviosa que no puedes pensar con claridad.

Eso no viene de Dios. Dios nos ha dado el don de una mente sana, de una mente gobernada por la Palabra de Dios, una mente gobernada por el Espíritu de Dios, una mente que puede pensar sabiamente, correcta y profundamente en medio de la presión de mantener el equilibrio, aun en la prisión Mamertina; enterrada en las entrañas de la tierra, como se encontraba Pablo cuando escribió esto.

No es un espíritu de temor. Recibe y usa el don de Dios. La gracia de Dios. El don de Dios. El poder de Dios. Ese es otro de los recursos que Dios nos ha dado. Capítulo 1, versículo 8: «Participa de las aflicciones por el evangelio, según el poder de Dios».

Según el poder de Dios, así es como se soporta, según el poder de Dios. A veces pienso que solo tratamos de trabajar en nuestras propias fuerzas, trabajar con nuestra propia energía, trabajar con nuestra propia fuerza en lo que sea: «Yo voy a subir esta colina aunque me muera».

Y Pablo dice: «Esa no es la manera de vivir esta vida. Esa no es la manera de correr esta carrera. Sufre según el poder de Dios. Es Su poder». Esa palabra en el idioma original, es dunamis. Es la palabra de donde obtenemos nuestra palabra dinamita.

El poder inherente de Dios. Es decir, lo que te capacita, lo que te permite, lo que te hace superar cualquier fuerza. Sufre según el poder de Dios. Es el poder que nos mantiene en medio de las dificultades y del sufrimiento, no es el nuestro.

Nosotras somos débiles, pero Él es fuerte. Fácilmente decimos la primera parte, «Señor, soy débil», pero cuán difícil es que lleguemos a la parte de descansar, y decir «pero Señor, Tú eres fuerte».

«Es Dios que obra en ti, tanto el querer como el hacer, para Su beneplácito» (Fil. 2:13). El poder de Dios. «Fortaleceos en el Señor y en el poder de Su fuerza» (Ef. 6:10).

La gracia de Dios, el don de Dios, el poder de Dios, y aquí hay otro recurso: El Espíritu de Dios que mora en nosotros. El Espíritu Santo. Pablo dice en el capítulo 1:14: «Por el Espíritu Santo que habita en nosotros, guarda el buen depósito (el tesoro) que te ha sido encomendado».

Ahora bien, si Pablo hubiera dicho: «Guarda el buen depósito (el tesoro) que te ha sido encomendado», quizás estarías pensando, bueno, tengo que hacer esto. Pero Pablo dice, «hazlo mediante el Espíritu Santo que mora en ti». Es Su vida, Su poder, Su fuerza, Su habilitación. Es Cristo en nosotros, la esperanza de gloria. Ese es un recurso que tienes en la medida que te enfrentas al sufrimiento y a las penurias.

Pero también tenemos la Palabra de Dios. Una y otra y otra vez en por lo menos cinco veces en 2 Timoteo, Pablo habla acerca de la Palabra de Dios siendo un recurso para Timoteo que está viviendo en tiempos difíciles.

«Pero la Palabra de Dios te ayudará a saber qué hacer» (parafraseado). Pablo dice en el capítulo 2:7: «Considera lo que digo». Recuerda que Pablo dijo que la Palabra es inspirada, es la Palabra de Dios.

«Considera lo que digo, pues el Señor te dará entendimiento en todo». Y tú dices: «Pero no hay nada en la Biblia que trate con mi situación». Pablo dice: «Considera lo que lees en la Palabra de Dios, y Dios te dará entendimiento en todo, en cada situación».

QuizásDios no habla de tu tema en particular en Su Palabra, pero Dios te dará sabiduría y entendimiento acerca de cómo lidiar con todos los problemas, cuando piensas sobre estas cosas.

Pablo dice en 2 Timoteo 2:15: «Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la Palabra de verdad».

Puedes estar viviendo en una situación en la que te enfrentas cada día con los que se oponen a la Palabra de Dios. La mejor defensa y la mejor ofensiva contra el error de quienes se oponen a la verdad es la verdad.

Puedes hacerlo con cuidado. Puedes hacerlo con gracia, pero sigue usando la Palabra de Dios. Ahora, manéjala correctamente, con precisión. No la utilices para defender tu posición si tu posición no es bíblica. Úsala correctamente, y no tendrás ninguna necesidad de avergonzarte si lo haces.

Pablo continúa en el capítulo tres y en el capítulo cuatro. Y puedes leer algunos de estos versículos por ti misma. Habla de «la Escritura, la Sagrada Escritura que es útil para todas las áreas de nuestra vida» (3:16, parafraseado).

Él dice: sé fiel en el ministerio de la Palabra. ¿Qué hará la Palabra de Dios por ti, en la medida en que te enfrentas al sufrimiento y a las dificultades? Hará dos cosas: una, en tu propia vida, te mantendrá con los pies en la tierra. Te dará la perspectiva correcta. Te dará comprensión y sabiduría. Pero también será el arma que necesitas para ministrar en las vidas de otros.

No te limites a estar compartiendo con otros tus propias opiniones o tu propia experiencia. Hay poder en la Palabra de Dios.

Al ministrar a otras personas que tienen que soportar dificultades, usa la Palabra de Dios. Al vivir con personas que son adversarios de la verdad, usa la Palabra de Dios con un espíritu de humildad y mansedumbre, usa el poder de la Palabra de Dios.

Recuerda los recursos que Dios te ha dado. Confía en ellos, descansa en ellos, y utilízalos. Ellos son lo que necesitas.

Ahora te voy a dar una octava perspectiva o principio de 2 Timoteo sobre cómo soportar las dificultades y el sufrimiento: Recuerda que no estás sola.

Quiero comenzar esta en el día de hoy, y vamos a terminarla en la próxima sesión. Recuerda que no estás sola, en primer lugar, porque tienes la presencia de Cristo, la presencia de Dios donde quiera que estés.

En la prisión mamertina, Pablo tuvo la presencia de Cristo. A Timoteo, siendo un pastor en Éfeso, Pablo le dice: «Dios estará con vosotros». Te digo, a través de todas las Escrituras, el recurso que Dios les dio a Sus siervos en la lucha, en el miedo, en el sufrimiento, fue esta promesa: «Yo estaré con ustedes».

Es como si Dios estuviera diciendo: «Si estoy contigo, tú no necesitas nada más. Tienes todo lo que necesitas». Recuerda que tú no estás solo. Dios está con ustedes.

Y Pablo dice en el capítulo 4:16-17: «En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron. Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció».

Cuando no tienes a nadie ni nada más a que aferrarte, sin nadie que te ayude, nadie que te sustente, sin apoyo humano o ayuda en tus momentos más oscuros, más desesperados, más solos, puedo decirte, Dios mismo estará contigo.

Piensa en esto, si tuvieras que escoger, ¿preferirías un ser humano imperfecto, frágil y finito, o preferirías tener al Todopoderoso Jehová Dios de pie junto a ti? Qué guardaespaldas tenemos. Qué protección. ¡Qué fuente de ayuda! Él te fortalecerá. Él se asegurará de que Sus propósitos se cumplan en ti.

El Señor Jesús sabía que iba a ser abandonado, que lo dejarían solo. Él les dijo a sus discípulos en Juan capítulo 16: «He aquí, la hora viene, y ya ha llegado, en que seréis esparcidos, cada uno por su lado, y me dejaréis solo; sin embargo, yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo» (v. 32).

Tú no estás sola. El Padre está contigo, si eres hija de Dios, y la presencia de Cristo estará contigo en el fuego, así como Cristo mismo entró en medio del fuego con los tres jóvenes hebreos.

Había un cuarto ser allí, era el Hijo del Hombre, y es Su presencia que te puede proteger del miedo, del peligro, del desastre, y que va a mantener tu corazón y tu mente estable, según te enfrentas al sufrimiento y a las penurias.

Estuve leyendo en mi tiempo devocional, en el libro de Jeremías capítulo 1, y pensaba, de alguna manera, me identifico con él, con Jeremías, aunque él fue un profeta tan fiel.

Y lo veo en el capítulo 1. Jeremías era un profeta, solo estaba pensando en sus cosas, haciendo su trabajo, y Dios viene y lo señala y le dice: «Te puse por profeta a las naciones» (v. 5).

¿Puedes imaginarte a Jeremías diciendo (esto está realmente parafraseando): «Yo no firmé para ese trabajo. ¿Profeta a las naciones? ¿Yo? Solo soy un sacerdote. ¡Soy un sacerdote! Hay muchos sacerdotes, y yo soy solo uno de muchos. Yo soy solo un sacerdote de los judíos».

Pero Dios le dijo: «Yo tengo un propósito diferente para tu vida, un propósito más amplio».

Y Jeremías le contesta: «Yo soy joven, no sé qué decir».

Y Dios le dijo: «No digas: Soy joven. Yo te he nombrado. Elijo al que nombro. Yo te daré palabras. Vas a ir a donde yo te envíe» (vv. 6-8, paráfrasis).

Y no quiero ser irrespetuosa, cometer cualquier falta de respeto aquí, pero lo que estoy diciendo es, le señalamos a Dios nuestra debilidad y nuestra insuficiencia. Pero Dios dice: «Esto no se trata de ti. Esto se trata de mi fuerza».

Dios dice en el versículo 18: «¡No tengáis miedo de ellos, porque contigo estoy para librarte. Lucharán contra ti (espera sufrimientos), pero no prevalecerán contra ti, porque Yo estoy con vosotros, dice Jehová, para librarte» (vv. 18-19, parafraseado).

Recuerda que no estás sola. Dios va contigo a ese fuego. Hebreos capítulo 11 dice que «Moisés se mantuvo firme como viendo al invisible» (v. 27, paráfrasis). Dios estaba allí.

Samuel Rutherford, un teólogo escocés del siglo XVII que fue desterrado por su fe dijo: «Jesucristo vino a mi celda ayer, y cada piedra brillaba como una joya». ¡Ese es el poder transformador de la presencia de Cristo!

David Livingstone, uno de mis héroes desde hace mucho tiempo desde que era una niña, era un estadista misionero del siglo XIX en África. Y dijo, «voy a través de las selvas de África, y Jesús está a mi lado».

No sé cuál es tu selva. No sé qué es tu horno de fuego. No sé cuál es tu prisión Mamertina, pero tú no estás sola; Jesús va contigo.

Como dice Joni Eareckson Tada en su libro, Cuando Dios llora: «Tú puedes soportar casi cualquier cosa, incluso horas sentada en vigilia al lado de un lecho de un enfermo, si tú sabes que Dios está sentado a tu lado».

Recuerda la presencia de Cristo. Tú no estás sola.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth te ha estado recordando que no estás sola, y te ha animado a recordar los recursos que Dios ha puesto a tu disposición: Su gracia, Sus dones, Su poder, Su Espíritu y Su Palabra. Te animo hoy —ahí en la circunstancia en que te encuentras— a elevar una oración de acción de gracias a Dios por todo lo que Él te ha dado para que puedas perseverar en la carrera de la fe.

Una oyente que ha sido animada a perseverar por medio de recursos como este programa compartió su testimonio con nosotras. Escucha lo que ella nos dijo,

Yadahí: La verdad, para mí Aviva Nuestros Corazones… Dios ha usado mucho este ministerio porque ha cambiado mi perspectiva, mi manera de pensar. Hace tres años mi papá murió y yo ya escuchaba los recursos de Aviva Nuestros Corazones desde hace como cinco años. Pero no había habido oportunidad para que Dios hiciera realmente un cambio tan radical como lo hizo hace tres años.

Cuando falleció mi papá pasé por una etapa de duelo y dije, «voy a buscar algún podcast que haya de Aviva Nuestros Corazones que me pueda ayudar en esta etapa de dolor». Encontré uno que fue de mucha bendición, y al mismo tiempo escuché la canción de Vivir es Cristo de Jonathan y Sarah Jerez, y fue un bálsamo para mí en ese momento. Entonces dije, «voy a ver si en la transcripción dice quién la canta», porque nunca había escuchado a este matrimonio.

Fue lo que Dios usó en esa etapa, los recursos de Aviva Nuestros Corazones y la música, la alabanza tan centrada en el evangelio lo que me llenó. Fue un bálsamo en ese momento y el Señor empezó a sanar mi corazón. Tuve la experiencia de llevar a mi papá camino al hospital y tuvo un infarto y yo iba junto a él, y las últimas palabras que yo le decía eran que solamente esta vida se vive para Cristo.

Cuando escuché esta canción de Vivir es Cristo, dije, «eso es lo que le dije a mi papá», y Dios lo estaba trayendo a mí. Ha sido un caminar desde hace tres años con esa perspectiva de vivir para Cristo, de que realmente Cristo haga la obra día a día en mi corazón, en mi vida. Definitivamente Aviva Nuestros Corazones ha sido el recurso que Dios más ha usado durante este tiempo. El que estas hermanas animen tanto a ser mujeres de la Palabra.

Tenía muchos años de ser creyente pero no había podido terminar de leer la Biblia completa. Y estas mujeres que han sido mis mentoras han retado tanto mi vida y me he convertido en una mujer de la Palabra. Termino de leerla y vuelvo a comenzar otra vez. La estudio y estoy muy animada en seguir enseñando a las mujeres porque trabajo en mi iglesia con mujeres. Estamos liderando un grupo femenil, Dios nos ha dado la oportunidad de servirle de esa manera y también en casa y con los hijos y con mi esposo ha cambiado mucho la perspectiva.

Soy mamá de tiempo completo y este recurso de Aviva Nuestros Corazones me ha animado a continuar cuando el mundo me dice que vaya a trabajar, que luche por la carrera que yo concluí, y otra vez tengo que volver a Cristo y estos recursos me ayudan a centrarme. Gracias a Dios por Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: De manera especial queremos expresar nuestra gratitud a Dios, en este Día de acción de gracias, por la manera en que ÉL está usando Aviva Nuestros Corazones para apuntar a muchas mujeres, como esta, a Cristo y a Su Palabra, y por cada colaborador que hace esto posible. Y sabes, tú también puedes ser un canal de la gracia de Dios a las personas que te rodean. Mañana Nancy nos hablará más acerca de esto, pero antes ella regresa para cerrar este programa en oración.

Nancy: Oh Señor, quiero darte las gracias por cada oyente que ha contribuido con este ministerio. Quiero darte las gracias por Tu fidelidad hacia este ministerio a través de los años. Señor, quiero agradecerte por cada uno de nuestros colaboradores. Pido Tu bendición sobre ellos. Oro para que Tú les multipliques muchas veces en riquezas espirituales todo lo que han invertido en Tu reino.

Gracias Señor porque Tú eres nuestro proveedor. Gracias por la forma en que utilizas a Tu pueblo. Gracias por cómo han sido satisfechas las necesidades de este ministerio mes tras mes, año tras año, y cómo Tú vas a continuar supliéndolas en los meses venideros. Por todo esto decimos: «Gracias Señor Jesús». Amén.

Annamarie: Llamándote a —no solo sobrevivir— sino a tener una vida abundante en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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