Aviva Nuestros Corazones Podcast

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Disciplina en el desierto

Annamarie Sauter: «Si caminas con Dios, no atravesarás dificultades». ¿Es esto cierto?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Dios algunas veces, por su diseño, nos guiará al desierto para hacernos crecer y fructificar en nuestras vidas ya que de otra manera no lo haríamos.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia Saladín.

Durante los últimos programas, Nancy nos ha estado dando consejos para tiempos de sequía espiritual en nuestras vidas. Hoy continuamos con esa enseñanza, en la serie titulada, «Atravesando los desiertos de la vida».

Nancy: Bueno, ¿ya las deprimí?— ¿Con toda esta conversación acerca del desierto y lo difícil que es? Si tú no estás atravesando por un desierto, debes estar pensando, «¿de qué es que ella está hablando?» Bueno, solo quiero que sepas que te estoy preparando para algo que tienes por delante porque no puedes vivir la vida cristiana por algún tiempo y nunca haberte encontrado en medio de tiempos de desierto.

Quiero referirme a la pregunta del día de ayer, ¿cómo es que terminamos en el desierto?, ¿cómo es que llegamos ahí?, ¿por qué Dios nos lleva ahí? En las siguientes sesiones vamos a estar hablando acerca del propósito de Dios en el desierto, pero en el día de hoy veremos, «¿cómo es que terminamos en el desierto?»

Quiero sugerir que hay dos maneras primarias por las que nosotras terminamos en el desierto. Algunas veces terminamos allí porque Dios nos está disciplinando. Algunas veces es la disciplina de Dios que nos lleva allí.

Esto quiere decir que estamos en el desierto como consecuencia de nuestras propias decisiones equivocadas. Dios dice: «No», nosotras decimos, «sí, Io haré», y Dios dice, «está bien, mira aquí están las consecuencias».

Tú haces elecciones en la vida. Cada elección que haces en tu vida, no importa qué tan vieja seas, cuán piadosa seas o cuán no piadosa seas, cada elección que tú haces en la vida tiene consecuencias. Tenemos en nuestra audiencia algunas adolescentes que están cursando el bachillerato, y ustedes jóvenes están tomando muchas decisiones en esta etapa de sus vidas. Si tomas decisiones sabias, experimentarás bendiciones en tu vida; si tomas decisiones necias o no tan sabias, vas a experimentar consecuencias.

Si no guardas tu corazón, si no aplicas la sabiduría en asuntos tales cómo con quién sales, y qué haces cuando sales con esa persona, sobre tu vida moral—en alguna de estas áreas tú puedes tomar decisiones que te acompañarán en términos de consecuencias dolorosas para el resto de tu vida.

Ahora, al decir esto, no estamos diciendo que no hay gracia. A través del arrepentimiento Dios puede darte un nuevo comienzo, pero hay algunas decisiones que todas nosotras hemos tomado en la vida en las que vamos a experimentar, en algún grado, las consecuencias de esas decisiones por el resto de nuestras vidas. No lo puedes evitar.

Cuando nosotras tomamos decisiones incorrectas, Dios nos disciplina — ¿porque nos odia? No, porque Él nos ama y quiere hacernos más santas. Quiere que seamos como Jesús.

Si tú eres una hija de Dios, tú no puedes escapar de la disciplina de Dios, lo que quiero decir es que si tú eres hija de padres buenos, tú no puedes escapar la disciplina de tus padres, porque un buen padre disciplina a sus hijos. Dios es un buen Padre, y Él disciplina a sus hijos.

Y esto lo vemos en las Escrituras. Hemos estado viendo a los israelitas, por ejemplo, en el desierto vagando. Cuando ellos salieron de Egipto, cruzaron el mar Rojo. Dios los llevó al desierto, pero no era la intención de Dios que esta experiencia durara 40 años.

La intención de Dios para ellos era que estuvieran en el desierto, pero no por 40 años. Los israelitas fueron rebeldes. Ellos no creyeron a Dios.

Ellos dijeron, «lo vamos a hacer a nuestra manera, no vamos a hacerlo a Tu manera»; y como resultado, ellos vagaron por el desierto durante 38 años más.

Ellos pudieron haber estado en la tierra prometida todo ese tiempo. Ellos pudieron haber estado disfrutando de las bendiciones de Dios, de la plenitud, la abundancia, pero terminaron durante 38 años de esos 40 años en el desierto, innecesariamente.

Y esto es así, no solo con los israelitas. He visto personas hacer esto. Y estoy pensando en un amigo –ahora mismo– que está en un largo y difícil desierto, y que va seguramente a durar muchos años más por haber tomado decisiones necias y equivocadas al no obedecer a Dios en el área de su matrimonio y de su moral. Hay consecuencias. Él ahora mismo está quebrantado y arrepentido, y siente tanto lo que ha hecho, y no puede creer lo que hizo, pero hay consecuencias que este hombre va a tener que seguir pagando por elegir decirle que no Dios.

Números capítulo 32 dice: «...y se encendió la ira del Señor contra Israel, y lo hizo vagar en el desierto por 40 años» (v. 13). Esa era la disciplina de Dios. Era Dios castigándolos...

El Salmo 68, versículo 6, dice que «solo los rebeldes habitan en una tierra seca». Eso suena como un desierto. «Una tierra seca»—¿quiénes son los que habitan allí? Los rebeldes.

Algunas veces terminamos en el desierto porque le decimos que no al Señor, y Dios dice, «¿piensas que tú estás a cargo? Permíteme enseñarte quién es el que está a cargo».

Ahora, yo estoy asumiendo que tú eres una hija de Dios. Estoy hablando aquí acerca de creyentes. Cuando un creyente peca voluntariamente contra la Palabra de Dios, y no se somete a la autoridad de Dios en su vida, Él le lleva a la tierra del desierto. Dios lo va a disciplinar.

Tengo una amiga que se llama Karen, que experimentó por años una depresión crónica con tendencias suicidas. Ella tenía tantos asuntos emocionales, mentales y hasta físicos que traía como su equipaje de vida. Cuando Dios la hizo atravesar por este desierto, ella ahora mira hacia atrás, dice, «yo sé ahora que todos esos años de depresión y de tendencias suicidas salían de mi propia rebelión contra Dios cuando las tormentas de la vida atacaban».

Hubo algunas tormentas en su vida. Ella no tenía control sobre ellas pero se resistía a la gracia de Dios cuando estaba en esas tormentas—algunas cosas que estaban pasando en su familia.

Ella se volvió amargada en vez de agradecida. Ella no confió en Dios, no creyó a Dios, ella rechazó a Dios.

Ella le había dado la espalda y se había rebelado contra Él en medio de esas tormentas. Y como resultado, esta mujer terminó en una experiencia innecesaria de desierto en su vida por todos esos años.

Hebreos capítulo 12, nos dice que Dios disciplina a sus hijos. ¿Por qué? Para purificarnos, para hacernos santos, porque Él es un Padre bueno. Él nos ama y quiere que seamos como Jesús.

Yo sé que en mi vida he tenido experiencias de desierto que han sido innecesarias, donde Dios solamente me estaba disciplinando. Él me ha dicho, «necesito que tú sepas que no puedes ir por tu propio camino y salirte con la tuya». Y estoy tan agradecida en la medida en que miro hacia atrás –más de 40 años caminando con Dios– y que Él me haya amado lo suficiente para que aún cuando levantaba mi puño delante de su rostro y le decía que «no» , Él no me dejara salirme con la mía.

Ahora, realmente yo no he levantado mi puño abiertamente en el rostro de Dios, pero algunas veces lo hacemos de manera sutil. Cuando he dicho, «yo voy a vivir mi propia vida. Voy a ir por mi propio camino. Voy a tomar mis propias decisiones», y entonces Dios dice, «puedo hacer que tu vida sea difícil. Puedo hacer que me necesites. Puedo hacer que tú me quieras», y Dios es tan bueno al hacer esto.

Así que, cuando te encuentras a ti misma en un desierto como resultado de la disciplina de Dios, ¿cuál es tu respuesta? ¿Te arrepientes? ¿Confiesas a Dios? Algunas veces es necesaria la disciplina para mostrarte cómo has pecado, y si te encuentras en un desierto y estás allí como consecuencia de tus propias elecciones pecaminosas, la respuesta es sencilla —honestidad, humildad, quebrantamiento, arrepentimiento.

Estar de acuerdo con Dios acerca de tu pecado. No quiere decir que las consecuencias se irán o que todas ellas se irán rápidamente, pero Dios empezará otra vez a bendecir tu vida. Cuando tú digas, «sí» a Él.

Ahora, he dicho que nosotras terminamos en un desierto como resultado de la disciplina de Dios, pero ese no es el enfoque que yo quiero dar durante esta serie del desierto. Hay otra razón por la que nosotras podemos terminar en los desiertos. No es por la disciplina de Dios. No es como consecuencia de nuestras propias decisiones erróneas. Es el diseño de Dios, es el plan de Dios para nuestras vidas.

Tú dices, «¿Dios algunas veces planea mandarnos al desierto, aunque no hayamos pecado?» Sí. Sí, ese es el plan de Dios para ayudarnos a ser más como Jesús, y quiero que tú veas esto tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

Acompáñame, si puedes, al libro de Éxodo, al capítulo 13. Yo quiero que veamos una vez más la vida de los hijos de Israel. Anteriormente en esta serie habíamos visto en el capítulo 15, donde los judíos habían atravesado el mar Rojo, y habían llegado al desierto. Ahora vamos atrás a Éxodo capítulo 13, inmediatamente después que los hijos de Israel acaban de salir de la tierra de Egipto.

Yo creo que este es un versículo asombroso, Éxodo capítulo 13 versículo 17: «Y sucedió que cuando faraón dejó ir al pueblo, Dios no los guió por el camino de la tierra de los filisteos, aunque estaba cerca...», esta era la ruta más cercana, la más directa para llegar a la tierra prometida, pero Dios no los llevó por la más cerca, por la más directa.

«...porque dijo Dios, no sea que el pueblo se arrepienta cuando vea esta tierra y se vuelva a Egipto». El pueblo no estaba listo para luchar contra los filisteos todavía. Todavía no podían manejar una guerra. Ellos habían sido esclavos en Egipto por 400 años. Ellos no estaban organizados. No sabían cómo lidiar con la batalla. Dios necesitaba prepararlos para lo que ellos iban a enfrentar, así que, ¿qué fue lo que pasó?

Versículo 18: «Dios hizo que el pueblo fuera alrededor del camino del desierto, hacia el mar Rojo». Fíjate lo que ves en este versículo. Dios dirigió a su pueblo. Dios estaba todavía guiándolos, pero Dios no los llevó por la ruta más directa. Él los guiaba alrededor. Parecía como si ellos fueran en círculos (te has sentido así alguna vez en tu vida?) por la ruta del desierto a atravesar el mar Rojo.

¿Cómo llegaron ellos al mar rojo? ¿Cómo llegaron ellos al desierto? Dios los guió. Ellos estaban allí no porque habían pecado.

Ahora, los próximos 30 años fue porque ellos habían pecado; pero al principio, al llegar al desierto no fue porque ellos habían pecado, fue por el diseño de Dios para sus vidas.

Ese era el plan de Dios, el perfecto plan de Dios; y algunas veces tú también, vas a terminar en el desierto porque Dios dice, «hay algo que necesito enseñarte aquí. Hay algo que yo necesito hacer en ti de alguna manera, y necesito prepararte para las cosas que tienes por delante».

Lo mismo le pasó a Jesús, leíamos antes en la serie, en el capítulo uno de Marcos, después que Jesús fue bautizado dice que «el Espíritu le impulsó al desierto, algunas traducciones dicen que el espíritu lo guió al desierto. Uno de los evangelios dice, «Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto».

Tenemos esta imagen. El Espíritu Santo está yendo detrás de él guiándolo o yendo detrás de Él enviándolo. Antes y después está el Espíritu Santo diciendo, «tú vas al desierto».

Dios lo envió. Jesús no terminó en el desierto porque Él había pecado porque Él nunca pecó.

Dios no estaba disciplinándolo, Él no necesitaba ser castigado como nosotras algunas veces lo necesitamos. Las Escrituras dicen que Él estaba lleno del Espíritu Santo. Él subió del Jordán. Y fue impulsado por el Espíritu Santo al desierto.

Ahora, eso va en contra de algunas teologías modernas que dicen, que si tú estás obedeciendo a Dios, si tú estás bien con Dios, si tú estás caminando con Dios, nada malo pasará en tu vida. Tu esposo te amará, tus hijos te amarán, tú vas a conseguir buenas notas, vas a conseguir un buen empleo, vas a tener suficiente dinero. El sol siempre va a estar brillando. Tendrás una buena salud.

Esto es una mentira. Eso no es cierto. Y lo que quiero decir es que mires a tu alrededor. Dios, algunas veces, por su diseño, nos guiará al desierto para hacernos crecer y fructificar en nuestras vidas ya que de otra manera no lo haríamos.

Una amiga me escribió recientemente, y mientras estábamos dialogando acerca de desiertos, ella me dice, «yo pienso que la peor parte de la experiencia en el desierto para un cristiano, es este sentimiento persistente que dice que de alguna manera yo estoy desobedeciendo a Dios y haciendo que Dios esté airado, ya que de otra manera las cosas estarían mucho mejor de lo que están. Yo estaría viendo resultados, cosas buenas estarían sucediendo, las cosas estarían yendo bien».

Luego ella me dice, «la verdad es que Jesús cuando estuvo aquí en la tierra, siempre estuvo exactamente en el centro de la voluntad de Su Padre y Su vida fue todo menos fácil, agradable, y llena de resultados inmediatos».

¿Puedes ver el punto? Nosotras nos desilusionamos porque pensamos, «si yo estoy obedeciendo a Dios, todo debería ir bien, y si algo no va bien, debe ser porque yo he hecho algo que ha hecho enojar a Dios». Ahora, Dios puede estar disciplinándote, Dios puede estar castigándote por causa de Su amor, pero puede ser que tú no hayas hecho nada incorrecto.

Tú puedes haber terminado en el desierto solamente porque Dios quiere que madures y que crezcas. Así que cuando te encuentres en el desierto, hazte un par de preguntas. ¿Estoy aquí porque Dios me está disciplinado? ¿Estoy cosechando las consecuencias de mis propias decisiones erróneas?

Proverbios dice que las personas toman sus propias decisiones para hacer sus propias cosas, para ir a su manera, rebeldes contra Dios, y luego se enojan con Dios cuando experimentan las consecuencias. Esto es una paráfrasis del versículo de Proverbios, pero es verdad. Nosotras queremos seguir nuestro propio camino, y luego nos sorprendemos cuando las consecuencias negativas llegan a nuestras vidas.

Si tú le has dicho a Dios que no, si tú estás viviendo tu vida yendo por tu propio camino, haciendo lo que quieres, siendo tu propia jefa, entonces no te sorprendas cuando Dios te discipline. Así que pregúntate a ti misma cuando te encuentres en el desierto, «¿es este desierto, son estas circunstancias y experiencias negativas, el resultado, las consecuencias de mis propias decisiones incorrectas? ¿Estoy aquí porque Dios me está disciplinando?» Y mientras nosotras hacemos esto, si la respuesta a esto es «sí», la respuesta a este desierto es simplemente, arrepentimiento.

Ponte de acuerdo con Dios. Confiesa tu pecado. Di, «Señor, yo he pecado, perdóname». No solo porque quieras salir del desierto, sino porque tu corazón está afligido porque has pecado contra Dios.

Y luego si Dios no te muestra algo en tu vida, alguna manera en la que has pecado contra Él, no te vayas en una cacería de brujas. No digas, «yo sé que debí haber hecho algo malo, yo sé que debí haber pecado». No te pongas a indagar donde no hay nada, no digas, «yo sé que debí haber pecado, yo debí haber hecho algo incorrecto para que Dios me enviara a este desierto».

Escucha, si has hecho algo incorrecto, el Espíritu Santo de Dios te lo mostrará. No tienes que ir detrás de una gran cacería. Si Dios no te da convicción de que de alguna manera tú has pecado contra Él, entonces dile, «¿estoy en este desierto por diseño de Dios? ¿Estoy aquí porque Él me ha impulsado como lo hizo con los hijos de Israel al sacarlos de Egipto hacia el desierto?» Dios les estaba llevando a la tierra prometida, pero Él les llevó por otra vía de manera indirecta, a la ruta del desierto.

Ahora, permíteme decirte, de cualquier manera, fuera por la disciplina de Dios o por el diseño de Dios, Dios está contigo en tu desierto. Dios no te lleva al desierto y luego te deja allí sola para que puedas salir por ti misma.

Una de las características del desierto puede ser que sientas a Dios muy lejano, pero quiero asegurarte que Dios está allí. Él está activo. Él está trabajando. Él va a ministrarte a ti y a tus necesidades en el desierto, así que puedes confiar en Él.

Sea por la disciplina de Dios o por el diseño de Dios, tú no estás en esas circunstancias difíciles y desesperadas en las que te encuentras, por accidente. Dios no comete errores, así que si tú le crees a Él, entonces debes aceptar Su plan, y debes abrazar Su propósito.

Y quizás tú digas, «Señor, pero yo no lo entiendo. Yo no puedo ver lo que tú estás haciendo. Yo no puedo ver hacia dónde Tú me estás guiando. Yo pensaba que tú me estabas llevando a la tierra prometida. Y ciertamente esta no es la ruta más directa para llegar allí, pero yo confío en que Tú me estás llevando allá, y que Tú en Tu sabiduría y en Tu providencia me estás dirigiendo en este desierto».

Recuerdas este coro que dice:

Mi Señor conoce el camino a través del desierto, 

todo lo que tengo que hacer es seguirlo. 

Mi Señor conoce el camino a través del desierto, 

todo lo que tengo que hacer es seguirlo. 

La fuerza para todo el día de hoy es mía, 

y toda la que necesite para mañana. 

Mi Señor conoce el camino a través del desierto, 

todo lo que tengo que hacer es seguirlo.

En la medida en que tú confías en Él, confías en Su plan y confías en Sus propósitos, tú puedes hacer algo más mientras tú estás en el desierto. Tú puedes agradecerle. Puedes agradecerle aún cuando no puedas ver los resultados, cuando no puedes creer cómo Él te va a llevar, pero tú puedes saber que Él es bueno, y que Él está cumpliendo sus propósitos en tu vida mientras tú estás en el desierto.

Una mujer me escribió recientemente acerca de un desierto de intensas tentaciones que ella estuvo atravesando a través de un número de años. Ella me dijo,

A través de este desierto Dios estuvo revelándose Él mismo como fiel y poderoso. Cuando Él hace un pacto con su pueblo y da una promesa, Él siempre lo cumple y libera.

Yo no cambiaría esta batalla. Yo nunca más buscaría una salida rápida, porque Él está construyendo fortaleza y virtud en mi vida. Estoy muy agradecida por este tiempo. Es un recordatorio diario deI poder del evangelio, de Su muerte y Su resurrección y Su vida vivida a través de mí. El evangelio es real para mí y son buenas nuevas.

Cuando tú has estado en el desierto o cuando estás en el desierto enfrentando intensas tentaciones, soledades, privaciones o luchas, llegas a un lugar donde tú nunca más querrás la salida rápida. Todo lo que tú quieres es conocer a Dios, contemplarlo a Él, ver Sus manos, confiando que Él te está dirigiendo a través de este desierto.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado ayudando a entender cómo atravesar los desiertos en nuestras vidas. 

El desierto nos enseña mucho acerca de la confianza. ¿En qué o en quién te apoyas cuando estás en un desierto? En nuestro próximo programa hablaremos más acerca de esto. 

Ahora, Nancy regresa para orar con nosotras.

Nancy: Inclinemos nuestros rostros y nuestros corazones ante el Señor, y quiero pedirte, mientras piensas en las cosas difíciles que tú puedes estar experimentando en tu vida en este mismo momento. Quizás lo llamas un desierto, pero quizás no es tal desierto. Quizás simplemente estás bordeando un desierto.

Permítete un momento para preguntarte, «¿estoy en esta situación por la disciplina de Dios? ¿He estado yendo por mi propio camino, he resistido la autoridad de Dios en mi vida, he fallado en confiar en Él, he fallado en obedecerle, estoy cosechando las consecuencias de mis propias decisiones?»

Si esto es verdad, ponte de acuerdo con Dios y confiésale lo que sea que Él te haya mostrado, y dile, «Señor yo he pecado, estoy en el lugar que merezco estar. Perdóname por favor. Restáurame, llévame a un lugar de obediencia y de rendición a ti».

Él quizás no remueva inmediatamente todas las consecuencias, pero Él restaurará tu corazón. Él te perdonará. Él te limpiará. Y Él va a restaurar su comunión contigo.

Quizás tu corazón diga, «Dios no me ha mostrado ningún pecado. No creo que yo esté aquí como resultado de ninguna desobediencia de mi parte. Yo me abro para que Dios me muestre, pero creo que estoy aquí por el diseño de Dios».

¿Puede alentarte el saber que es la mano de Dios que te ha guiado a este lugar, a estas circunstancias más allá de tu control –que no están más allá de Su control– y que confías que Él es fiel y que está contigo en este desierto, que Él te está amando, cuidando, dirigiendo y que Él conoce el camino a través del desierto, y que tú lo único que vas a hacer es seguirlo?

Señor, yo oro para que Tú puedas alentar y fortalecer los corazones de Tu pueblo en este día. Gracias por lo que estás haciendo en nuestras vidas en este desierto, y oro para que no demandemos de Ti que nos des una salida rápida, o que nos quites el dolor, y que nosotras podamos estar más concentradas y preocupadas porque nuestra relación está bien contigo, por conocer Tus caminos que algunas veces requieren dolor.

Oro que nosotras queramos conocerte, tenerte y caminar contigo más que ser libres de este desierto. Gracias que en Tu tiempo y a Tu manera, Tú puedes y nos liberarás. Mientras tanto, ayúdanos a confiar en ti y aún llévanos al lugar donde podamos decirte gracias, Señor, es bueno para mí ser afligida para poder aprender tu ley.

Alienta los corazones de tu pueblo en este día, por Tu gracia. En el nombre de Jesús oramos, amén.

Annamarie: Atravesando los desiertos de la vida juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son de la Biblia Las Américas a menos que se cite otra fuente.

Espera en Dios, Jonathan & Sarah Jerez, Periscopio ℗ 2017 Jonathan & Sarah Jerez

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca del orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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