Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Salmos 126, Día 1

Annamarie Sauter: ¿Te has visto insuficiente ante las necesidades en tu hogar y en tu iglesia?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Cuando vemos las necesidades de la iglesia, cuando vemos las necesidades de nuestro mundo en la actualidad, cuando ves las necesidades de tu hogar, necesitamos dejar de mirar hacia dentro y dejar de mirar hacia afuera buscando soluciones, y comenzar a mirar hacia arriba.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Alguna vez te has preguntado cuál es el rol de la oración en el avivamiento? Uno de nuestros pilares como ministerio dice: «Nada de valor eterno puede ser logrado separados de la oración… El avivamiento genuino no es logrado por nuestros esfuerzos, sino que lo buscamos de rodillas en oración. Nunca debemos estar tan ocupados que no nos dediquemos al ministerio de la oración».

Y es que la obra espiritual en la vida de una persona no puede ser hecha por nadie. No puedes hacer que ocurra, porque es una obra soberana y de la gracia de Dios. Pero hay algo que sí podemos hacer, y es clamar a Dios. A través de la serie a la que damos inicio hoy estaremos profundizando en un salmo que nos guía a hacer precisamente eso y que nos muestra el fruto del avivamiento.

Aquí está Nancy con la serie, El clamor de los cautivos.

Nancy: Como me han escuchado decir antes, nuestra carga aquí en Aviva Nuestros Corazones es llamar a las mujeres a experimentar libertad, plenitud y abundancia en Cristo.

Muchas veces estamos hablando a mujeres que son madres o abuelas. Ellas ya están un poco más adelante en la vida, y tienen que lidiar con muchos asuntos en sus vidas que se iniciaron hace algún tiempo, tal vez en la secundaria, cuando eran adolescentes o aún más jóvenes. Y qué bendición, sé que ellas piensan, hubiera sido para ellas si hubieran escuchado antes algunas de estas cosas.

Así que aquellas de ustedes que son jóvenes, jóvenes que nos están escuchando, convirtiéndose en mayores, nuestra oración por ustedes durante esta serie, es que el Señor pueda animarlas y hablarles. Sabemos que ustedes son las mujeres del futuro, las mamás y las abuelas del futuro, y lo que Dios está haciendo en sus vidas durante estos días es muy importante.

Y es una increíble oportunidad para las jóvenes, reflejar la belleza de Cristo y la gloria de Dios en su generación, probablemente de una forma que yo no puedo hacerlo o que tu mamá no puede hacerlo.

Pero estamos agradecidas por aquellas que nos escuchan, y oramos que Dios pueda bendecirlas y hablarles, no solo a través de Aviva Nuestros Corazones, sino también mientras continúan buscando al Señor, que sean mujeres piadosas, jóvenes piadosas usadas por el Señor en su generación. 

A través de esta serie, en partes diferentes, van a tener la oportunidad de escuchar a Byron Paulus, mi jefe, el director de nuestro ministerio, compartir algunos pensamientos acerca de todo este asunto del avivamiento: Cómo se ve y cómo es cuando Dios se mueve. En diferentes puntos de esta serie, Byron estará compartiendo con nosotras algunas de las cosas que él ha visto a Dios hacer en un avivamiento, no solo en los libros de historia, sino también en la vida real.

Así que permíteme invitarte a abrir tu Biblia en el Salmo 126.

Al Salmo 126 se le ha dado un título. Dice: Cántico de ascenso gradual. Un cántico de ascenso. Es uno de varios salmos que se titulan de esta manera. Los Salmos del 120 al 134, son parte de un himnario judío, por así decirlo. Estas son las canciones que los peregrinos judíos cantaban mientras subían a Jerusalén. Por esto son llamados de ascenso.

Jerusalén estaba en un monte y mientras ellos ascendían a Jerusalén, tres veces al año para sus fiestas nacionales, ellos cantaban. Cantaban salmos. Cantaban alabanzas al Señor. Cantaban sus oraciones. Y esta es una de esas oraciones que cantaban.

Ahora, el contexto de este salmo en particular es probablemente después de la cautividad babilónica. Probablemente no fue escrito por David. Fue escrito, quizás, por Esdras mientras él regresaba con el pueblo de Babilonia. En realidad no sabemos quién lo escribió.

Pero los exiliados habían regresado a la tierra prometida. No todos regresaron. Algunos todavía estaban en Babilonia y todavía estaban en cautividad. Estos que habían regresado todavía tenían luchas y asuntos que resolver. El salmo comienza con una referencia a una gran liberación del pueblo de Dios.

Creemos que esa referencia es probablemente de las personas que regresaron de la cautividad a la tierra prometida. Ellos habían sido liberados de la cautividad de Babilonia y traídos a la tierra prometida.

Ahora, como una forma de introducir este pasaje, permíteme leer todo el salmo. Es corto. Les voy a dar el bosquejo general y luego vamos a comenzar a desmenuzarlo por partes en los próximos días y veremos qué nos dice a nosotras.

Los primeros tres versículos están en tiempo pasado. En los primeros tres versículos vemos al pueblo de Dios recordando. ¡Recordando! Y en la medida en que recuerdan dan alabanzas por el pasado. Permítanme leer los versículos del 1 al 3.

«Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion, éramos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de gritos de alegría; entonces dijeron entre las naciones: Grandes cosas ha hecho el Señor con ellos. Grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros; estamos alegres».

¿Puedes ver el tiempo pasado? Algo ha ocurrido. Probablemente es el retorno de la cautividad de Babilonia. El Señor en el pasado ha hecho algo por nosotros y le alabamos por eso.

Así que el pueblo de Dios está recordando y alaba a Dios por lo que ha ocurrido en el pasado.

Ahora, en el versículo cuatro ya no es el pueblo de Dios recordando, sino el pueblo de Dios pidiendo. Esta es su petición. Ellos están haciendo una petición. Es un ruego para el presente, no agradecimiento por el pasado, sino un ruego por el presente. Versículo 4:

«Haz volver, Señor, a nuestros cautivos, como las corrientes en el sur».

Señor, Tú nos has liberado de la cautividad en el pasado, ahora te pedimos, que una vez más, nos liberes de nuestra cautividad actual.

Y en los próximos días, vamos a estar hablando de lo que esto significa y por qué ellos sintieron la necesidad de orar así por eso.

Luego en los versículos cinco y seis, vemos al pueblo de Dios segando. Primero, el pueblo de Dios recuerda, luego el pueblo de Dios pide y ahora el pueblo de Dios siega. Y mientras ellos siegan, ellos tienen una promesa para el futuro. Así que tenemos pasado, presente y futuro, ahora una promesa para el futuro.

Versículo 5: «Los que siembran con lágrimas, segarán con gritos de júbilo» (Es algo por venir. Una promesa para el futuro). Versículo 6: «El que con lágrimas anda, llevando la semilla de la siembra, en verdad volverá con gritos de alegría, trayendo sus gavillas» (vv. 5-6).

Así que encontramos al pueblo de Dios recordando. Ofrecen alabanza por el pasado. Tenemos al pueblo de Dios pidiendo. Versículo cuatro, hay un ruego por el presente. Luego encontramos al pueblo de Dios segando en la medida en que Dios les da una promesa para el futuro. Este es el bosquejo al que nos dirigimos en estos próximos días. Espero que te ayude a recordar cómo este salmo está entretejido.

Comencemos hoy con el versículo uno. El pueblo de Dios está recordando mientras expresa gratitud por el pasado. Para nosotras como creyentes del Nuevo Testamento vamos a ver maneras en las que este cántico, este salmo, podemos aplicarlo al expresar nuestro anhelo de que Dios obre de una manera fresca por el poder de Su Espíritu en nuestras vidas, en nuestros hogares, en nuestras iglesias, en nuestros días.

Versículo 1: –El pueblo de Dios recordando– «Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion, éramos como los que sueñan». Ahora, algunas de sus traducciones dicen: «Cuando Jehová hizo volver de la cautividad de Sion» (RVR95).

Pero antes de hablar acerca de lo que esto significa, el volver a los cautivos o hizo volver de la cautividad de Sion; antes que nada, date cuenta quién está haciendo esta obra. ¿Quién fue el que trajo de vuelta de la cautividad? El Señor lo hizo. ¡El Señor! La liberación fue una obra soberana de Dios.

La salvación, tu liberación del pecado es una obra soberana de Dios. Tu santificación, la liberación de ti misma –y esa es una tremenda prisión ¿no es verdad?– es una obra soberana de Dios.

La obra espiritual en la vida de un hombre, en una mujer o en una persona joven no puede ser manufacturada por los hombres. Tú no puedes hacer que ocurra. Es una obra soberana y de la gracia de Dios.Cuando el Señor hizo volver de la cautividad de Sion.

Él continúa diciendo en este salmo: «El Señor ha hecho grandes cosas y estamos contentos» (v. 3).

Cada vez que algo bueno sucede en tu vida espiritual, solo existe una persona a quien le puedes dar el crédito de esto. Es el Señor. El Señor es quien nos ha libertado. El Señor ha hecho grandes cosas por nosotras.

Hay un salmo paralelo. No vamos a hablar acerca de este salmo en esta serie pero es el Salmo 85:6: «¿No volverás a darnos vida?» ¿Quién es el que vivifica? Dios es el que aviva.

Quizás algunas de las que nos escuchan han estado orando por un avivamiento por mucho, mucho tiempo. Necesitamos recordar mientras oramos, sea que estés orando por un avivamiento en tu vida, en tu hogar, en tu iglesia, o en tu nación, el avivamiento es una obra soberana de Dios. Nosotras no lo podemos producir; no podemos hacer que suceda.

Martyn Lloyd-Jones fue un predicador en Inglaterra muchos, muchos años atrás y él tenía una carga por un avivamiento en sus días. Escribió un libro sobre el avivamiento, un conjunto de sermones. Él dijo:

«El avivamiento es un milagro. Solo puede ser explicado como la acción o la intervención directa de Dios. Los hombres pueden producir campañas evangelísticas pero ellos no pueden y nunca podrán producir un avivamiento. Por definición, un avivamiento es un acto soberano de Dios. Dios y solo Dios lo hace».

Esta es, por cierto, la razón por la cual la oración es tan importante para el avivamiento.

¿Quieres ver a Dios obrando en tu familia? La oración es esencial porque hay cosas que quieres ver a Dios haciendo en la vida de tus hijos, en tu matrimonio, en tus nietos. Algunas de las jóvenes que nos escuchan, sé que quieren ver a Dios haciendo un milagro en sus familias y quizás un milagro es necesario, pero tú no puedes hacer que suceda.

Tú no puedes hacer que tus padres se amen. Tú no puedes hacer que el pueblo de Dios se una. No podemos ni siquiera cambiar nuestros propios corazones. Es una obra de Dios y es por esto que nosotras necesitamos orar, ¿Señor, podrías hacer lo que solo Tú puedes hacer?

Tenemos una imagen aquí de alguien que no se siente satisfecho con el cristianismo explicable, eso que nosotras podemos hacer. Nuestros esfuerzos. Nuestros programas. Lo que queremos ver en nuestros días es lo que Dios puede hacer. Y lo que Dios puede hacer no puede explicarse en términos de un programa, de una estrategia o de esfuerzo humano.

Hemos visto lo que la religión puede hacer. Hemos visto lo que la iglesia puede hacer. Hemos visto lo que los esfuerzos de mercadeo pueden hacer. Hemos visto libros escritos por cristianos que han vendido millones de copias y programas que han sido vendidos a miles de iglesias pero queremos ver en nuestras iglesias, en nuestros hogares y en nuestras vidas lo que solo Dios puede hacer. ¡Lo inexplicable! ¡Lo sobrenatural!

Por eso es por lo que estamos orando cuando oramos por un avivamiento. Y cuando vemos las necesidades de la iglesia, cuando vemos las necesidades de nuestro mundo en la actualidad, cuando ves las necesidades de tu hogar, necesitamos dejar de mirar hacia dentro y dejar de mirar hacia afuera buscando soluciones, y comenzar a mirar hacia arriba.

Solo Dios puede satisfacer esas necesidades. Cuando el Señor hizo volver de la cautividad de Sion. Tú has hecho grandes cosas por nosotros. El Señor ha hecho grandes cosas; las cosas grandes que tú quieres ver en tu familia.

Algunas de ustedes que son mamás están cansadas de tratar de arreglar las cosas en sus familias, y yo digo que eso es una cosa buena. Pero lo mejor es cuando tú llegas al punto de entender que tú no puedes arreglar nada en tu familia. No puedes hacer que tus hijos tengan un corazón para Dios. No puedes hacer que tu esposo tenga un corazón para Dios. Pero Dios sí puede.

No hay un hogar, no hay una vida, no hay un ambiente, no hay una iglesia que Dios no pueda transformar por el poder de Su Espíritu. Así que el avivamiento, una obra de Dios, es una obra soberana de Dios.

Entonces, leemos acerca de una liberación del cautiverio y de la esclavitud. Porque dice: Cuando el Señor trajo de la cautividad de Sion, Él está diciendo, éramos prisioneros, estábamos cautivos. Ellos estuvieron cautivos en Babilonia por setenta años.

Antes de eso habían estado cautivos en Egipto por 400 años, esclavos en Egipto. Fue el Señor quien nos volvió o nos trajo de nuestra cautividad. Dios nos hizo libres. El salmista está alabando a Dios por su liberación de la cautividad.

Cuando leo este versículo pienso en las palabras de Charles Wesley. «Él rompe el poder y cancela el pecado. Él libera al prisionero». Esa es la obra que Dios está haciendo, ¡liberando prisioneros!

Tú puedes ver este tema correr por toda la Escritura. Pienso en Isaías 61:1: «El Señor me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar libertad a los prisioneros» (parafraseado).

Quizás me hayas escuchado compartir antes en Aviva Nuestros Corazones, pero me encanta la imagen que encontramos en Juan capítulo 11, cuando relata la resurrección de Lázaro. Cuando Jesús llegó a esa tumba donde Lázaro estaba después de haber muerto, ¿cuál era la condición de Lázaro cuando Jesús llegó allí? ¡Estaba muerto! Por cuatro días, y como dice la Biblia, «ya hiede». Quiero decir, estaba muerto. Esta es una imagen de las personas perdidas. Ellas están muertas. Las personas perdidas, por cierto, no pueden ser avivadas.

Avivamiento significa volver a la vida. Las personas perdidas necesitan vivir. Ellas no tienen vida. Lázaro es un retrato de esa condición. Él está muerto. Luego, cuando Jesús habló la palabra y dijo: «¡Lázaro, ven fuera!», Lázaro salió en obediencia a la Palabra de Cristo. Pero ¿cuál era su condición cuando salió de la tumba? Estaba vivo pero estaba atado. Con esa mortaja con sustancias pegajosas para mantenerla unida entre capas, como una momia. Es decir, no podía moverse bien. Como si todavía estuviera muerto en términos prácticos. Estaba vivo pero estaba atado.

Creo que esa es una imagen del cristiano promedio que conozco hoy día. Vivos pero atados. Casi no respiran. Es decir, podría decirse que están prácticamente muertos y algunas veces, verdaderamente, no puedes ver la diferencia.

Solo Dios sabe si en realidad están vivos. La intención de Dios es que tú no vivas esa vida de esclavitud siendo hija de Dios. Fue para libertad que Cristo te hizo libre.

Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo ir». Esta es una imagen de lo que Dios hace en el avivamiento. Él libera al cautivo.

Recuerdo haber hecho una conferencia de Aviva Nuestros Corazones hace algunos años. Yo estaba saliendo al final de la conferencia y una mujer vino corriendo hacia mí aI vestíbulo y me dijo: «¡Soy libre! ¡Soy libre!»

Ella estaba tan emocionada de ser libre. Yo no tenía idea de lo que estaba pasando. Entonces ella me contó la historia de cómo por años había vivido con ataduras de esclavitud en su vida, lidiando con relaciones pasadas, relaciones rotas. Había ido a consejeros, había asistido a seminarios, había asistido a conferencias, había escuchado a muchas comunicadoras mejores que yo. Pero Dios le había hablado a su corazón en esa conferencia y le había mostrado la raíz del problema. Así que cuando ella respondió y dijo: «Sí, Señor», las mortajas cayeron. Ella exclamó: «¡Soy libre! ¡Soy libre!»

Esa es la condición en la que Dios quiere que Su pueblo esté. Y el proceso de ser libres es algo que a veces es llamado «avivamiento».

Muchos creyentes que conozco hoy, han perdido la esperanza de ser verdaderamente libres. Ellos se han conformado con, «así son las cosas». Ellos están gastando sus vidas caminando por ahí con sus mortajas de esclavitud.

Así como los hijos de Israel se acostumbraron a vivir en Babilonia, se acostumbraron a vivir en Egipto. A ellos no les gustaba pero asumieron que ese era el lugar donde permanecerían por el resto de sus vidas.

Quizás tú todavía estás allí. Quiero decirte, Dios quiere hacerte libre. Tú no tienes que quedarte en esa esclavitud. Pero te diré esto. No hay ningún medio humano que pueda liberarte.

No hay pastor, libros, conferencia, seminario, enseñanza cristiana en la radio o consejero que pueda liberarte. Cristo es el Único que da libertad a los prisioneros.

¿Quieres libertad? Busca a Cristo. ¿Quieres avivamiento? Tienes que ir a Cristo. ¿Quieres avivamiento en tu hogar? ¿Quieres avivamiento en tu matrimonio? ¿Quieres avivamiento en tu iglesia? El Señor volvió de la cautividad de Sion.

Segunda de Pedro 2, dice que eres esclava de aquello que te ha vencido (v. 19). ¿Estás esclavizada a algo? ¿Estás atada a algo? Amargura, relaciones rotas, vergüenza, culpa, miedo, ataduras del pasado. Atada a cosas que te fueron dichas en el pasado. Es como esas mortajas: palabras que alguien te dijo cuando estabas en tercer grado de primaria (tú nunca; si tan solo tú, tú no puedes, tú serás…) Esas palabras son como mortajas que te envuelven y se aferran a ti y no puedes liberarte.

Pero te digo que puedes ser libre. No tienes que dejarte esclavizar por eso. Quizás estás esclavizada al temor al hombre. El miedo a lo que piensen los demás. Quizás es un desorden alimenticio, quizás es un pecado sexual, quizás es un hábito contra el que estás luchando, un hábito personal inmoral, quizás es un pecado del espíritu: celos, un espíritu competitivo, pornografía.

Tú puedes creer que esto es un asunto solo de los hombres, pero recuerdo a una mujer que nos escribió y nos dijo, «he sido prisionera de la pornografía por cuarenta años».

Recibí una carta la semana pasada de una mujer y hasta que no llegué al final de la carta no supe que ella tenía 70 años. Pensé que era alguien en sus veinte años describiendo una atadura en su vida, sus asuntos; y resultó que esta mujer había estado casada por cincuenta años y había vivido con esa esclavitud todos esos años.

¿Y sabes que? Dios la había liberado. Ella dijo, «hubiese querido no haber esperado hasta los setenta para escuchar estas verdades». Mi corazón se duele por esa mujer y por las mujeres que están en el lugar donde ella estaba si no llegan a la verdad y esta las libera ahora. Tú no tienes que esperar hasta que tengas setenta años. Él libera al cautivo.

¿Has sido traída de vuelta de la cautividad? Quizás todavía no eres una hija de Dios. Quizás nunca has sido liberada de tu pecado ni de ti misma. Tú dices, «pero yo estoy aquí sentada y estoy escuchando esta grabación, claro que soy cristiana».

¿Sabes algo? Tú puedes asistir a una iglesia cristiana, a una escuela cristiana, vivir en un hogar cristiano y nada de eso te hace cristiana, al igual que el ser criada en un garaje no te hace un automóvil.

¿Alguna vez has sido hecha libre por Cristo de ti misma, de tu pecado, de tu esclavitud? Tú dices, «sé que soy cristiana, pero todavía estoy vestida con estas mortajas que me envuelven».

«Cuando el Señor haga volver a los cautivos de Sion, seremos como los que sueñan». ¿Puede esto ser cierto? Esto parece casi irreal. Una mujer estuvo con nosotras en nuestra última sesión de grabación y mientras nos presentábamos ella dijo: «Algo ha pasado en mi corazón recientemente», y podías verlo en su cara. Ella no sabía cómo explicarlo, pero es una mujer que está viviendo un avivamiento. Ella dijo, «he sido salva por muchos años, pero es ahora que lo estoy entendiendo». Ella está siendo liberada.

Ella dijo, «no me canso de la Palabra. ¡Amo esto!» Tiene hambre, tiene apetito. Escucha, los recién nacidos están hambrientos. Ellos comen. Por lo general tú no tienes que hacerlos comer si están saludables.

Una vez que eres libre tienes amor por la Palabra y amor por el Señor, tienes hambre por Él, un apetito por Él que no puedes tener mientras tus mortajas te envuelven.

Dios quiere liberarte. No hay nadie ni nada que pueda hacerlo. Nadie a quien acudir. Ningún lugar a donde ir. Tu terapeuta no podrá hacerlo por ti. El Señor te libertará. Y cuando Él lo haga, dirás como el salmista, «El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros y estaremos alegres».

Annamarie: Y tú, ¿cómo está tu amor por el Señor? ¿Cómo está tu apetito por Su Palabra? Quizás has buscado vida en ti misma, o en cosas de este mundo, pero no has clamado a Dios. Nancy DeMoss Wolgemuth te ha animado a hacer eso hoy de modo que experimentes verdadera libertad. Ella regresará para orar con nosotras.

En ocasiones gastamos tanta energía quejándonos de lo mal que están las cosas a nuestro alrededor—del pecado en el mundo— cuando a lo mejor deberíamos estar enfocadas en lidiar con el pecado en nuestras propias vidas y en nuestras iglesias. Mañana, como continuación de esta serie de programas, Nancy nos hablará sobre esto. Aquí está ella para cerrar en oración.

Nancy: Oh Dios, gracias por liberar a los cautivos y podrías seguir haciéndolo aún en este día en los corazones de Tu pueblo. Oh Señor, ¿hablarás palabras de liberación y liberarás a aquellas que han estado viviendo en una prisión por quién sabe cuánto tiempo? Libera a Tu pueblo, Señor, para que te ame, para que te obedezca, para que te adore. Vuelvenos de nuestra cautividad, oh Señor, en el nombre de Jesús oramos, amén.

Annamarie: Clamando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Salmos 79 al 85.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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