Podcast Aviva Nuestros Corazones

Salmo 126, día 2

Carmen Espaillat: En algunos círculos religiosos se le da tanta atención a asuntos como tratar de ganar las elecciones o cambiar las leyes. Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que podríamos tener un impacto aún mayor si nos enfocamos en tratar con nuestros propios corazones.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Lo que quiero decir es que lo que ocurre hoy en día en la Casa Blanca o  en el Palacio de  Gobierno de  tu país, no es tan importante, no es tan determinante, como lo que sucede en la Casa de Dios. Eso somos nosotros, el pueblo de Dios.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nos sorprendemos tanto cuando un incrédulo actúa como tal. Pero en realidad no debería sorprendernos tanto que el mundo esté lleno de pecado, más bien debería dolernos cuando hay pecado en la iglesia. Hoy Nancy continúa con el segundo día de una serie titulada, «El clamor de los cautivos».

Nancy DeMoss de Wolgemuth: En la última sesión fuimos a través de la primera línea del Salmo 126. Me dejé llevar un poco, pero eso es lo que la Palabra de Dios hace en ti. Está viva y se expande, y esa es una gran manera de estudiar la Escritura. Sólo meditar en la Palabra y dejar que te  hable y se haga viva en tu corazón.

Estamos viendo el Salmo 126. He llamado a este salmo el clamor de los cautivos, y verás por qué en la medida en que avancemos. En algunos sentidos, es una oración por avivamiento. Es una súplica a Dios para que Él venga a liberar a su pueblo y era un salmo que realmente era una canción destinada para ser cantada por los peregrinos judíos. Habían salido de la cautividad de Babilonia y ya estaban de vuelta en su tierra natal, pero todavía tenían algunos problemas.

Dijimos que el salmo tiene una división natural en tres secciones: pasado, presente, y futuro. Empezamos en la última sesión mirando el pasado, que son los versículos del 1 al 3, el pueblo de Dios recordando. Mientras recuerdan lo que Dios ha hecho, ofrecen alabanzas por el pasado.

Leamos una vez más la primera parte del Salmo 126: «Cuando el SEÑOR hizo volver a los cautivos de Sion, éramos como los que sueñan» (v. 1). Dijimos en la última sesión que cada vez que hay una obra espiritual que tiene lugar en tu vida o en la vida de aquellos que amas, ya sea la salvación, santificación o un  avivamiento, es una obra soberana de Dios. Tú no puedes hacer que suceda.

Ahora, podemos ponernos en un lugar en que seamos candidatas para que Dios se mueva. Podemos, como dijo un escritor: «Desplegar nuestras velas para aprovechar el viento del cielo cuando Dios escoja soplar sobre su pueblo una vez más.» Pero este es un reconocimiento de que es el Señor quien libera a los cautivos. «Cuando el SEÑOR hizo volver a los cautivos de Sion, éramos como los que sueñan.»

Permítanme comentar mientras terminamos con ese versículo antes de pasar al siguiente que el avivamiento es para el pueblo de Dios. El avivamiento es para el pueblo de Dios. Lo mencioné en la última sesión, pero deja que te lo  muestre en este pasaje. Habla de la cautividad de Sión.

Sión es un antiguo nombre de la colina sobre la que está construida Jerusalén. La colina sobre la que está construido el templo. Pero en el Antiguo Testamento, por lo general, se refiere más ampliamente a toda la nación de Israel, al pueblo de Dios, el santo Monte de Dios. Es una metáfora para el pueblo de Dios. Así que cuando lees «Sión», puedes decir que Dios puso fin a la cautividad de Su pueblo.

Vemos en el versículo 3: «Grandes cosas ha hecho el SEÑOR (¿por  quién?) por nosotros ; estamos alegres.» El avivamiento es para el pueblo de Dios. En el Salmo 85:6, al cual me referí en la última sesión, tenemos la famosa oración: «¿No volverás a darnos vida para que tu pueblo se regocije en ti?.»

Te preguntarás: «¿Por qué necesitas señalar esto?» Bueno, creo que nuestra tendencia en el mundo cristiano de hoy, es centrarnos en los problemas y las necesidades de los que están fuera de la iglesia. Así que estamos muy preocupadas por la cultura secular. Ahora, no hay duda de que la cultura secular necesita a Cristo, en el campo de la educación, en la industria del entretenimiento, en el mundo político. Pero la Palabra de Dios enseña que el juicio debe comenzar por la casa de Dios. Ese es el punto de partida para que Dios se mueva.

Quiero decir que lo que ocurre hoy en día en la Casa Blanca o en la Casa de Gobierno de  tu país , no es tan importante, no es tan determinante como lo que sucede en la casa de Dios. Eso somos nosotros, el pueblo de Dios. Mira, la iglesia está esperando que el mundo se regenere. Pero el mundo está de pie mirando y esperando a que la iglesia se arrepienta.

¿Qué es lo que va a convencer a la gente que está fuera de la iglesia de que necesita creer en Cristo, arrepentirse de sus pecados y someterse al señorío de Cristo? Si miran a los que van a la iglesia y saben que no nos estamos rindiendo ante Cristo como Señor, que somos miserables, que tenemos relaciones rotas, que la tasa de divorcio a veces es la misma en la iglesia o hasta un poco más alta que fuera de la iglesia, ¿qué los podría persuadir acerca de nuestro mensaje, si no lo estamos viviendo? Esto comienza con el pueblo de Dios.

Podría ser incluso un poco más personal que esto. Tiene que empezar conmigo. Con nosotras. Conmigo. Tú dices: «Mi familia necesita avivamiento». Pero yo digo que tiene que empezar con la persona que hace el comentario. A veces llevo una carga por  nuestro ministerio, por nuestro personal. Necesitamos avivamiento, y luego Dios me dice: «No, deja que empiece contigo». Así que hay un aspecto muy personal en este concepto de orar por un avivamiento.

Pero déjame señalar que hay una dimensión corporativa también. ¿No volverás a darnos vida? Seis veces en este salmo verás que se refiere a nosotros, a lo nuestro. Estamos orando para que Dios se mueva, no sólo en nuestras vidas individuales, sino en el cuerpo de Cristo, en la familia de Dios, en la comunidad de fe. No es suficiente que nosotras disfrutemos y experimentemos una relación con Cristo para nosotras mismas, sino que anhelamos ver esas temporadas en que Dios se mueve colectivamente en los corazones de su pueblo, la iglesia, la novia de Cristo, que una vez más será en nuestro mundo el hermoso y radiante reflejo de Cristo.

Si eres cristiana, eres parte de un cuerpo, del cuerpo de Cristo. No eres un llanero solitario. Entonces, lo que oramos por nosotras, lo oramos por el cuerpo colectivo de Cristo. Anhelamos que Dios se mueva en nuestros corazones personalmente y en su pueblo colectivamente.

Ahora, a medida que avanzamos a los versículos 2 y 3 de este salmo, vemos el fruto del avivamiento. Pero el primer fruto y el más obvio que veo en este salmo es el gozo y la alegría entre el pueblo de Dios. Quiero parar allí por un momento. Alegría y gozo.

Mira al Salmo 126:1: «Éramos como los que sueñan cuando el Señor hizo volver a los cautivos» (parafraseado). Versículo 2: «Entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de gritos de alegría.» Versículo 3: «Grandes cosas ha hecho el SEÑOR con nosotros; estamos alegres.» Versículo 5: «Los que siembran con lágrimas, segarán con gritos de júbilo.» Versículo 6: «El que con lágrimas anda, llevando la semilla de la siembra, en verdad volverá con gritos de alegría.»

¿Ves estas palabras: alegría, gozo, regocijo, gritos de júbilo, risa? Cuando Dios nos volvió de nuestro cautiverio, cuando Dios nos liberó de nuestra esclavitud, primero en la salvación y luego liberándonos, santificándonos, liberándonos de las mortajas de las que hablamos en la última sesión que nos mantenían en la esclavitud, éramos como los que sueñan.

¿Sabes cómo a veces te despiertas de un sueño y dices, «¿realmente sucedió?» Parece tan real y sin embargo dices: «Sabes, tengo que pellizcarme para asegurarme de que esto realmente está sucediendo». Somos como los que sueñan. Parece demasiado bueno para ser real. Apenas podíamos contenernos porque la alegría, es el sentimiento que se percibe al leer este salmo.

El gozo y la alegría que se ven en este salmo no sólo son gozo y alegría privados. Tienen que ser expresados. De hecho, el concepto de la alegría en el Antiguo Testamento no es tanto una emoción privada, como una respuesta entusiasta de una comunidad de adoración, de fe que se junta, experimentan la bendición de Dios y luego expresan su alegría. Expresan su alegría con gritos de júbilo, con alabanza, con risa. Es un gozo que se manifiesta exteriormente. Es una alegría que sale cuando el pueblo de Dios está junto y no puede mantenerse oculta porque es incontenible.

Vemos en este pasaje y en otros pasajes del Antiguo Testamento que la única fuente verdadera de ese tipo de alegría, la clase de gozo que vemos descrita aquí, es Dios mismo. La verdadera alegría viene de esa fuente de bendición de Dios, de Su vida y de Su gracia en nosotras que brota como gozo. Esa risa, ese gozo, esa alegría, eso es lo que llena los corazones que han sido limpiados. Los corazones que han sido liberados de la esclavitud. Los corazones que han sido perdonados. Los corazones que están bien con Dios.

Mientras meditaba sobre este pasaje, sólo traté de imaginarlo. Ya sabes, no somos tan expresivos normalmente, por lo menos en la iglesia a la que voy, guardamos la compostura. Y tiendo a ser de esa manera, que es una de las razones porque las que voy a esa iglesia. Tiendo a ser no tan expresiva exteriormente. Pero si piensas sobre la adoración judía, tal vez lo has visto algunas veces, es un tipo de alabanza de mucha alegría y celebración; es muy física; es muy visceral; es muy visible, visual y audible.

Pero traté de pensar en otras imágenes para describir este tipo de alegría que vemos expresada aquí. Piensa en otras ocasiones en las que has visto ese tipo de expresión colectiva de celebración. Al final de la Segunda Guerra Mundial, ¿recuerdas los desfiles, las celebraciones, las personas simplemente abarrotando las calles? ¿Ese tipo de alegría?

Puedes ver esas fotos de alguien cuando gana un programa de concurso o gana la lotería y se vuelve loco. Su familia se vuelve loca. Todos están abrazándose y gritando por la lotería (las estadísticas sostienen que en dos años, van a estar en la quiebra y miserables de nuevo), pero por el momento es una gran celebración.

No creo que pueda olvidar cuando en 1991, al final de la Operación Tormenta del Desierto, Kuwait fue liberado. ¿Te acuerdas de las imágenes de los kuwaitíes en las calles cantando, bailando y celebrando? ¡Oh, fueron liberados! No podían evitar celebrar. Hubo alegría y gozo.

Ese tipo de alegría y gozo en el reino espiritual es el fruto, es consecuencia del avivamiento. Es la consecuencia de ser liberados del cautiverio. Mira la progresión en el Salmo 126. «Cuando el SEÑOR hizo volver a los cautivos de Sion, éramos como los que sueñan. Entonces, nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de gritos de alegría.» ¿Cuándo? Después de que fueron liberados del cautiverio.

El problema es que queremos en nuestras iglesias hoy en día y en nuestra experiencia cristiana, que el gozo, la risa y la alegría de la celebración estén al inicio del servicio en lugar de pasar por el proceso de quebrantamiento, humillación, clamor a Dios y de arrepentirnos de nuestros pecados que nos ponen en cautiverio. No queremos pasar por todo ese duro proceso para llegar al gozo y la alegría. Queremos el gozo y la alegría ahora y Dios dice que no vienen de esa manera.

Primero, el quebrantamiento. Primero, la cruz, después la resurrección. Eso es lo que dice Santiago 4:9. Antes de que puedas experimentar el gozo y la alegría, «aflígete, haz duelo y llora. Que tu risa se convierta en luto y tu gozo en aflicción» (parafraseado). Humíllate delante del Señor.

Tenemos el carruaje delante del caballo. No vas a tener ese tipo de gozo y alegría que ves expresado aquí como fruto del avivamiento hasta que estés bien con Dios, hasta que hayas sido liberada. Pero una vez que experimentas eso en tiempos de avivamiento, el pueblo de Dios expresa libremente el gozo en el Señor.

Una y otra vez en las Escrituras, puedes ver eso. El Salmo 85, al que me he referido a esto una y otra vez en esta serie: «volverás a darnos vida.» ¿Cuál es la consecuencia? ¿Cuál es el fruto? «Que tu pueblo se regocije en ti». Avívanos. Libéranos de nuestra cautividad para que podamos tener una verdadera razón para celebrar.

En Nehemías capítulo 8, es posible que recuerdes haber leído acerca del avivamiento que tuvo lugar en la puerta de las aguas. ¿Cuál fue el resultado? La Escritura dice que hubo una alegría muy grande. Hubo mucho regocijo. Primero el avivamiento y la liberación, después la celebración.

En 2 Crónicas capítulo 29 y 30, hay una maravillosa descripción del avivamiento que tuvo lugar en los días de Ezequías. Escucha estos cuatro versículos en sólo esos dos capítulos. No te voy a pedir que vayas allí, pero estoy en 2 Crónicas 29:30. Escucha: «Cantaron alabanzas con alegría, y se inclinaron y adoraron.» Esto fue después de que habían pasado por limpieza, quebrantamiento, humillación y arrepentimiento. Entonces ellos alabaron con gran alegría.

Capítulo 29:36, «se regocijó Ezequías con todo el pueblo por lo que Dios había preparado para el pueblo.» Capítulo 30:21, «celebraron con gran alegría…por siete días.» No se puede fingir este tipo de fiesta. Es la consecuencia natural de Dios moviéndose en los corazones de su pueblo. Capítulo 30:26 de 2 Crónicas, «Y hubo gran regocijo en Jerusalén.»

¿Quieres tener gozo en tu familia? ¿Quieres el verdadero gozo en tu iglesia? Primero la liberación del cautiverio y entonces vendrá el gozo. No tienes que decirles a esas personas que ganaron $2 millones en la lotería, «¡Emociónense ahora!» Hay algo evidente que emana de nosotras cuando hay por qué regocijarse.

Eugene Peterson ha escrito un comentario sobre el Salmo 126 llamado, «Una obediencia larga en la misma dirección» Escucha lo que dice acerca del gozo. Es una cita larga, pero pensé que era muy convincente. Quiero que entiendas este concepto del gozo.

El gozo es un producto de la abundancia, es el desbordamiento de la vitalidad... Tratamos de conseguir gozo a través del entretenimiento. Pagamos a alguien por hacer bromas, contar historias, realizar acciones dramáticas y cantar canciones. (¿Y no es eso cierto, incluso, en muchas de nuestras iglesias?) Sigue diciendo: La enorme industria del entretenimiento en nuestra tierra es un signo de agotamiento del gozo en nuestra cultura.

No tenemos lo que es real, así que tenemos que comprarlo. La sociedad es como un rey glotón y aburrido, empleando un bufón de la corte para divertirlo después de una comida excesivamente indulgente. Pero este tipo de gozo nunca penetra nuestras vidas. Nunca cambia nuestra constitución básica. Los efectos son extremadamente temporales, van de unos minutos a unas pocas horas, unos pocos días, como máximo.

Cuando nos quedamos sin dinero, el gozo se va. No podemos hacernos gozosos. El gozo no puede ser ordenado, comprado o arreglado. Pero hay algo que podemos hacer. Podemos decidir vivir en respuesta a la abundancia de Dios y no bajo la dictadura de nuestras pobres necesidades.

Podemos decidir vivir en el ambiente de un Dios vivo y no en nuestro propio ser moribundo. Podemos decidir centrarnos en el Dios que da con generosidad y no en nuestros propios egos, que con avaricia atrapan. Una de las consecuencias ciertas de esa vida, de una vida centrada en Cristo, es el gozo, el tipo de gozo expresado en el Salmo 126.

Una de mis descripciones preferidas del gozo viene del Progreso del Peregrino porque viene de una persona que ha sido liberada, el cautivo que ha sido liberado, es un pasaje que quizás es familiar para muchas de ustedes. Recuerda la historia de cómo Peregrino (o Cristiano) ha estado llevando esa grande y pesada carga... Él salió de la Ciudad de la Destrucción y se dirige a la Ciudad Celestial, pero tiene esta carga en su espalda.

Es la carga del pecado, la carga de la culpa, la carga de la vergüenza y no puede deshacerse de ella. Esto hace su viaje muy difícil. Pero luego llega a la cruz, el único lugar en el que puede deshacerse de esa carga.

Permítanme leerles lo que el pasaje dice en El Progreso del Peregrino en esa parte de la historia.

«Después, en mi sueño, vi a Cristiano ir por un camino resguardado a uno y otro lado por dos murallas llamadas salvación. Marchaba, sí, con mucha dificultad, por razón de la carga que llevaba en sus espaldas; pero marchaba apresurado y sin detenerse, hasta que lo vi llegar a una montaña, y en cuya cima había una cruz, y un poco más abajo un sepulcro. Vi en mi sueño que tan pronto Cristiano llegó a la cruz, instantáneamente la carga se soltó de sus hombros, y rodando fue a caer en el sepulcro y ya no la vi más. ¡Cuál no sería entonces la agilidad y el gozo de Cristiano! «¡Bendito Él —le oí exclamar— que con sus penas me ha dado descanso, y con su muerte me ha dado vida!

Por algunos instantes se quedó como extático mirando y adorando, porque le era muy sorprendente que la vista de la cruz así hiciese caer su carga; continuó contemplándola, pues, hasta que su corazón rompió en abundantes lágrimas… Cristiano, al ver todo esto, dio tres saltos de alegría y continuó cantando.» 2

¿Cuándo llegó la risa? ¿Cuándo llegó el gozo? ¿Cuándo empezó el canto? ¿Cuándo llegó el corazón ligero? ¿Después de que pagó un bufón de la corte para entretenerlo durante unas pocas horas? ¿Después de que fue a ver una película para sentirse mejor, para anestesiar su dolor? No. Fue al llegar a la cruz. No hay soluciones rápidas. No existe una solución temporal. No hay un alivio temporal, sino una liberación permanente. Fue entonces cuando llegó el gozo.

Si no estamos experimentando gozo, profundo gozo incontenible, y si no está brotando en nuestras vidas y en nuestra comunión corporativa, si no estamos expresando alabanza y gozo, tal vez sea porque no hemos estado por el camino de la cruz. O tal vez estuvimos allí en un momento dado, pero lo hemos dejado y hemos recogido parte de esa carga por la que Cristo murió para salvarnos de ella.

El problema es que hoy estamos tratando de inflar y llenar de gozo y alabanza a la gente que todavía está en cautiverio. Están muertos espiritualmente y no tienen capacidad para la vida o son como Lázaro cuando salió de la tumba. Están vivos, pero están atados a esas mortajas.

El gozo de una persona que está en esa tumba o en esa situación de atadura, tiene que ser fabricado, tiene que ser fingido. Tienes que pagar por él. Tienes que alquilar el entretenimiento. Pero en tiempos de avivamiento, no puedes contener el gozo, no puedes contener la alabanza.

Un hombre que acaba de ser liberado de la cárcel, sobre todo si pensaba que iba a estar allí de por vida, cuando sale de la cárcel, no puede dejar de reír y de cantar, sobre todo si su sentencia ha sido perdonada. Ha sido perdonada. Tiene algo de qué reírse, algo por lo cual sonreír, algo por lo cual estar gozoso. Nadie tiene que decirle que sea feliz.

Así que la ausencia de esas cualidades en la vida de un creyente o en la comunión del cuerpo de Cristo es una indicación de que algo está mal. Si nos fijamos en este salmo, creo que podría ser una de tres cosas:

(1) Que aún estamos en la cárcel y en cautiverio; no hemos sido liberadas.

(2) No nos damos cuenta, de acuerdo con el versículo 3, de las grandes cosas que Dios ha hecho por nosotras.

(3) Tal vez (y vamos a llegar a este pasaje más adelante en la serie, en los versículos 5 y 6), tal vez no hemos pagado el precio de sembrar entre lágrimas. Veremos cómo los que siembran con lágrimas, son los que cosechan con mayor alegría.

¿Cómo está tu coeficiente de gozo? ¿Cómo está tu nivel de gozo? Estudiar todo esto me trajo convicción, soy una persona muy seria y paso gran parte de mi vida cargada. Algo de eso es una carga que Dios mantiene sobre mí para que proclame la verdad. Mantiene una carga sobre mí cuando veo a tantas personas viviendo en cautividad.

A veces siento la carga y el peso del ministerio y sus responsabilidades. El apóstol Pablo experimentó esto. No hay nada de malo en todo eso. Pero si en medio eso hay una ausencia de gozo, ¿por qué? Tal vez necesitas hacer un viaje de nuevo, un viaje refrescante a la cruz.

«Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion, éramos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de gritos de alegría…Grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros; estamos alegres» (Salmo 126:1-3).

Carmen: Definitivamente necesito entender el balance entre la tristeza y el gozo espirituales, y es probable que tú también. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos acaba de dar una perspectiva muy útil. Ella estará de regreso para orar.

¿Conoces a alguna mujer que podría beneficiarse de estas enseñanzas? A lo largo de los años hemos escuchado de mujeres que comparten los programas y otros recursos que tenemos en AvivaNuestrosCorazones.com. Esto ha hecho que muchas más puedan decir junto a nosotras, «sí, Señor, me rindo a ti». Anímate tú también a compartir con otras mujeres aquellos recursos que te han bendecido.

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Y así como el bienestar no necesariamente proviene de hacer ejercicio físico (aunque es importante), el gozo no viene por sentarnos a ver un programa de comedia. Si quieres experimentar gozo, necesitas primero dar el difícil paso de arrepentirte. Mañana Nancy nos hablará más acerca de esto. Ahora, aquí está ella para cerrar nuestro tiempo juntas.

Nancy: Sólo quiero cerrar, Señor, orando esa oración del Salmo 85, y la hacemos nuestra oración de hoy. «Oh, Dios, ¿No volverás a darnos vida para que tu pueblo se regocije en ti?» Por amor de Jesús te lo pido, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy de Wolgemuth DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Eugene H. Peterson. A Long Obedience in the Same Direction: Discipleship in an Instant Society. Downers Grove, IL: IVP, 1980. 92-93.

2 John Bunyan, El Progreso del Peregrino.

Me Rindo a Ti, Jonathan & Sarah Jerez ℗ 2016 Aviva Nuestros Corazones

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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