Podcast Aviva Nuestros Corazones

Salmo 126, día 3

Carmen Espaillat: Una vez te humillas y te arrepientes de tu pecado, encuentras un gozo increíble. Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que hoy en día en nuestras iglesias nos enfocamos en el gozo pero eludimos el arrepentimiento.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¡De hecho, no queremos llegar a la parte del quebrantamiento, de la confesión y el arrepentimiento! Queremos evadir todo eso, pensamos que es muy negativo, muy intolerante, muy deprimente, y que no es la manera de atraer simpatizantes  a la iglesia.

Te diré cómo atraer simpatizantes a la iglesia: Deja que aquellos que se dicen creyentes, los que dicen que han encontrado a Cristo, se pongan a cuentas con Dios y los que han de venir, vendrán.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

¿Cuándo fue la última vez que lloraste en la iglesia? Probablemente has cantado un sinnúmero de coritos alegres, pero ¿has llorado en arrepentimiento? Nancy cree que si en las iglesias pasáramos más  tiempo doliéndonos por nuestro pecado y arrepintiéndonos, tendríamos tiempos de gozo y cánticos aún más significativos. Aquí está ella para explicarnos esto más a fondo. Nos encontramos en el día tres de la serie titulada, «El clamor de los cautivos».

Nancy: En caso de que no te hayas dado cuenta, me encanta leer sobre avivamientos del pasado. Comencé a leer algunas de esas historias cuando estaba en la secundaria. No recuerdo cómo me topé con ellas pero siempre han cautivado mi corazón.

Me he preguntado, a lo largo de los años, al leer esas historias, de cómo era que Dios se manifestaba en un avivamiento, y me he preguntado, ¿Por qué no es así hoy? En mi corazón sé que Dios no ha cambiado. Además de mi estudio de las Escrituras sobre este tema, las crónicas de avivamiento han provocado que mi corazón a lo largo de los años a clame:  «¿Señor, lo harías otra vez? ¿Lo harás otra vez?»

Estamos viendo un gran pasaje de avivamiento en las Escrituras, en el Salmo 126. Permítanme introducirlo leyendo uno de esos relatos históricos de avivamiento. En 1973 Dios envió un avivamiento sobre Borneo, al sureste de Asia. Un anciano de una de las iglesias en Borneo le escribió a uno de sus amigos en Inglaterra diciendo:

«Los servicios religiosos son tan diferentes de lo que yo he experimentado anteriormente. Cuando el Espíritu Santo desciende sobre la congregación, la gente comienza a clamar con grandes lamentos (algunas veces veinte o treinta personas a la vez) rogándole a Dios por el perdón de sus pecados».

Puedes ir a muchas iglesias hoy en día y escuchar mucho ruido, pero esto no era solamente ruido. Estas personas estaban arrepentidas y quebrantadas. Él dijo:

«Le ruegan a Dios por Su perdón y algunos dicen los nombres de personas con quienes se han enemistado, con un deseo desesperado de reconciliarse».

¿Te puedes imaginar estar en uno de estos servicios y ser la persona que se ha distanciado y alguien se pone de pie, orando y dice tú nombre, rogándole a Dios por reconciliación? Él continúa diciendo:

«Muchos casos judiciales pendientes han sido cancelados porque ambas partes se han reconciliado de una forma dramática con lágrimas y abrazos de amor piadoso».

Por cierto, he visto a Dios hacer lo mismo en casos de divorcio. Personas irremediablemente distanciadas, esposas y esposos separados, y Dios, por medio del poder de Su Espíritu Santo, los atrae a ambos a la cruz y les concede la reconciliación. Y continúa diciendo, y este es el punto que quiero resaltar. Él dice:

«Después de que los problemas de pecado han sido resueltos por Dios y se ha concedido el perdón, el servicio continúa con cánticos en voz alta de adoración mientras siguen fluyendo lágrimas de gozo».

¿Te puedes imaginar esta escena? Primero el quebrantamiento, el arrepentimiento y la confesión; después la reconciliación, la restauración y el perdón. Luego, el servicio continúa con cánticos de alabanza en voz alta y lágrimas de gozo fluyendo por las mejillas de las personas.

Esa es la progresión y nosotras la queremos revertir. ¡De hecho, no queremos llegar al quebrantamiento, a la confesión y mucho menos al arrepentimiento! Queremos evitar todo eso pensando: es muy deprimente; muy negativo, muy intolerante, y ¡no es la manera de atraer simpatizantes a la iglesia!

Te diré cómo atraer simpatizantes a la iglesia: Deja que aquellos que se dicen creyentes, los que dicen que han encontrado a Cristo, deja que ellos se pongan a cuentas con Dios, y los simpatizantes, aquellos que lo buscan,  vendrán. Juan Wesley solía decir, «¿Quieres atraer a la multitud? Préndete en fuego y la gente vendrá a verte quemar» (paráfrasis). Eso es lo que sucede. Pero, lo que sucede después de experimentar el quebrantamiento, después del arrepentimiento y de la confesión que atrae a aquellos que están buscando a Dios,  es ese gozo, adoración y alegría que no se pueden reprimir.

Esta progresión es la que vemos en el Salmo 126. Comenzamos con el primer versículo, unas cuantas sesiones atrás, cuando el Señor hizo regresar a los cautivos de Sion. «Éramos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risas; y nuestra lengua, de gritos de alegría» (v. 2).

Estamos hablando sobre el fruto del avivamiento; el fruto que resulta cuando el pueblo de Dios es librado del cautiverio, es gozo y alegría entre el pueblo de Dios. Quiero ampliar lo que dijimos sobre eso en la última sesión y enfocarnos en la última frase del versículo 2. «Entonces nuestra boca se llenó de risas, y nuestra lengua de gritos de alegría».

Nuestra lengua con gritos; esa palabra gritos es usada después en este pasaje y es traducida como «gozo» o «alegría», pero en este versículo en particular, en mi traducción es traducida como «gritos», «nuestra lengua fue llena de gritos» (paráfrasis). La NVI dice, «de canciones jubilosas».

Investigué el significado de la palabra «gritos» durante mi tiempo de quietud esta mañana. Estaba meditando sobre esto, y la palabra en el griego original literalmente quiere decir «un rechinar, un chillido» (o un aullido); «un grito de alegría». Cuando leí eso, pensé, «¡Eso describe mi canto!» Un sonido estridente o agudo. Es derivado de un verbo que significa «rechinar o emitir un sonido estridente».

No estoy segura lo que significa exactamente la palabra estridente, y es este sonido que sale de tu boca que es una referencia a un grito de alegría. Un sonido agudo que no necesariamente sale entonado. Eso no es lo importante. Sale como un grito de triunfo; y a menudo es traducido como «un grito de gozo», «cantar en voz alta» o «triunfar».

«Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion, nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de gritos de alegría» (Sal. 126:1-2)

Ahora, si vas al Salmo 137, solo unas páginas más adelantes en los Salmos, verás un contraste; y quiero que notes este contraste. Este es un pasaje sobre aquellos que no pueden cantar; aquellos que no tienen canción. Mira la razón por la cual no pueden cantar. Es porque todavía están bajo esclavitud. La gente que aún está bajo esclavitud no tiene razón para cantar; no pueden cantar de corazón. No tienen la capacidad de cantar con gritos de alegría; no tienen la capacidad de expresar ese gozo del Señor que no se puede reprimir.

Lo puedes ver en la primera parte del Salmo 137: Es una figura de los cautivos que aún están en Babilonia: «Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sion» (v. 1). Estábamos cautivos; no estábamos en nuestro país natal, no estábamos en el lugar donde se suponía que estuviéramos. En lugar de risas y gritos de gozo y alegría, como lo que hemos leído en el Salmo 126, ellos estaban llorando, en un país lejano, como cautivos.

Versículo 2, «Sobre los sauces en medio de ella colgábamos nuestras arpas» o nuestros instrumentos de cuerda. Simplemente guardamos nuestros instrumentos, nuestros violines en sus estuches y dijimos, «no podemos cantar aquí. No tenemos razón para cantar. No tenemos nada porque cantar».

Mientras leía este pasaje esta mañana, pensé, «este pasaje representa a mucha gente hoy en día en las iglesias» ¿No lo crees? No es sorprendente que esta actitud describa a la gente que no conoce a Cristo. Pero, ¿no se te hace extraño que esta imagen describa al pueblo de Dios, quienes aseguran haber sido rescatados del pecado y conocer a Cristo, y que no tengamos capacidad o razón para cantar?

Pero hay mucha gente en las iglesias, muchos creyentes, yo misma, a menudo, que nos encontramos desanimadas, desalentadas, deprimidas. Sin razón para cantar. «¡Oh! ¡pobre de mí!; abrumada con la vida, abrumada con los problemas». No estoy diciendo que al ser rescatada del cautiverio, no tendrás más problemas; pero lo que sí quiero decir es que si fuiste rescatada del cautiverio, a pesar de tus problemas, tienes mucho porque cantar.

Así que El Salmo 137 dice, «Colgamos nuestras arpas», nuestros instrumentos. Versículo 3, «Pues allí los que nos habían llevado cautivos nos pedían canciones, y los que nos atormentaban nos pedían alegría». Ellos decían, «alégrense, celebren, entonen canciones», eso decían sus captores. «Los que nos atormentaban nos pedían alegría, diciendo: ¡Cantadnos alguno de los cánticos de Sion!» Los cautivos dijeron en el versículo 4, «¿Cómo cantaremos la canción del SEÑOR en tierra extraña?»

¡Somos cautivos! No podemos celebrar con cánticos. No tenemos razón para celebrar, nada porque cantar.  Esta es una imagen que refleja el lugar en donde muchos cristianos se encuentran hoy, aún vestidos de luto, en pecado y egoísmo, esclavos de su pasado, de ellos mismos y de hábitos pecaminosos. No pueden cantar aquellos que permanecen en cautiverio.

Pero regresemos al Salmo 126, el pasaje que estamos estudiando en esta serie. «Cuando el SEÑOR hizo volver a los cautivos, cuando nos rescató de nuestro cautiverio, entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de gritos de alegría” (vv.1-2).

Ahora, tenemos razón para cantar; saquen los violines, las arpas, las liras, ¡Saquen sus instrumentos! Los cristianos que caminan en la plenitud del poder del Espíritu de Dios tienen razón y capacidad para cantar.

Ese tipo de canto, esos gritos de alegría, fluyen de corazones que han sido avivados. El arrepentimiento, el lamento, la pena sobre el pecado, ahora abren el camino para poder cantar. Este es el canto de un corazón que ha sido liberado.

Esta es una característica de avivamiento, como dijimos hace algunos momentos. En un avivamiento encontrarás a la gente cantando las mismas canciones que han cantado por años en la iglesia, pero ahora es un cántico nuevo. Algunos de esos himnos, algunos de esos coros, algunas de esas alabanzas ahora están llenas de vida, son entonadas con una nueva libertad, una expresión y una plenitud, sin ser forzadas ni fingidas.

Te voy a compartir una de las cosas que me molestan; esto es a Nancy estoy diciéndote algunas de las cosas que me desagradan. Una de ellas es cuando voy a una iglesia y tiene que haber instrumentación con alto volumen y música amplificada en la tarima para que la gente se anime a cantar. No estoy diciendo que haya algo malo con la música a volumen alto, de hecho hay en las Escrituras ilustraciones de esto. Lo que sí estoy diciendo es que hay algo que está mal con esta imagen si hay que amplificar el sonido para lograr que la gente cante.

El pueblo de Dios no necesita algo en frente de ellos para animarles a cantar. Ellos tienen un deseo, una pasión y un corazón para cantar. Así que, puedes pensar en mí cuando entres a una iglesia y escuches algo así. No lo quiero sobreenfatizar, pero  bíblicamente, cuando el pueblo de Dios ha sido redimido, cuando ha sido liberado, cuando ha sido rescatado, entonces en realidad canta.

Muchas veces puedes entrar a la iglesia, y ver que las personas en la tarima producen toda la música, y alguna gente en la congregación, en la audiencia ni siquiera mueve sus labios. Podrías decir, «bueno, no soy cantante». Oye, yo no soy cantante tampoco, pero te digo que hay algo muy liberador al expresar lo que Dios ha hecho en nuestros corazones cuando abrimos nuestros labios, nuestras bocas en alabanza al Señor. Salmos 40:3, «Puso en mi boca un cántico nuevo (un himno) de alabanza a nuestro Dios».

La progresión es: Primero, somos libradas de nuestro cautiverio, y después cantamos. Puedes leer esto en las historias de avivamiento una y otra vez. Permíteme leerte algunas citas de tiempos pasados. Jonathan Edwards, por ejemplo, escribió lo siguiente sobre el avivamiento en Nueva Inglaterra en el siglo 18. Él dijo, «ellos (cantaban) con una elevación inusual de corazón y de voz, que de verdad hacía disfrutar el deber».

¿No te parece una gran manera de decir eso? La frase «era un deber» es una forma de hablar antigua y pintoresca, pero era un deber agradable por lo que Dios había hecho en los corazones de la gente y su canto era inusual con elevación de corazón y de voz. Ellos levantaban sus voces al Señor cuando fueron librados.

Robert Murray McCheyne fue un ministro en la iglesia de Escocia a principios de los años 1800, y él dijo, «los cantos de los salmos», era como llamaban a los cánticos en aquellos tiempos, «eran tan tiernos y conmovedores, como si la gente sintiera que estaban alabando a un Dios presente».

Las personas sentían en realidad la presencia de Dios. ¡Qué concepto! ¿Ir a la iglesia y que Dios esté ahí? Esa era una gran razón para cantar y eso afectaba su cantar, le añadía ternura y dulzura. No solamente iban sobre todas las rutinas  y los formalismos, no solamente realizaban deberes. La gente sentía que estaba alabando a un Dios presente. Él está presente, y cuando hemos sido librados de nuestro cautiverio y caminamos en avivamiento, entonces reconocemos la presencia Dios.

En Ulster, Irlanda, en 1859, otro escritor dijo, «el cántico de los salmos fue una explosión perfecta de sonidos en melodía». Después en Gales, en los años 1700, un evangelista dijo, «sus oraciones y cánticos realmente están saturados de Dios» (Howel Harris, 1743).

Otro escritor dijo de los cánticos en Gales (y los galeses de todos modos eran un pueblo de canto), pero cuando llegó el avivamiento de nuevo al principado de Gales, a principios de los años 1900, uno de los escritores dijo: «Los cánticos en verdad eran magníficos y conmovedores» (R.B. Jones, 1904). ¡Magníficos y conmovedores!

Otro escritor dijo: «En un avivamiento, el canto no es fríamente formal ni es insensiblemente repetitivo» (B. Edwards). No hay nada de malo en cantar la misma frase, palabras o coro una y otra vez, como lo hacen hoy algunas iglesias, a menos que sea insensiblemente repetitivo. Él dice que el cántico que produce el avivamiento no es fríamente formal, porque no hay frialdad en los tiempos de avivamiento sino que hay vida, y tampoco son insensiblemente repetitivos.

¿Recuerdas el pasaje en el Salmo 51 donde David cometió ese gran pecado de adulterio con Betsabé y después mandó asesinar a su esposo para cubrir su pecado? Pero después Dios se apoderó del corazón de David. David se quebrantó, se arrepintió, confesó su pecado, y escribió públicamente su confesión para que todos la leyéramos en el Salmo 51.

Al acercarse al final de esa oración, él dice: «Líbrame de delitos de sangre, oh Dios, Dios de mi salvación; entonces mi lengua cantará con gozo tu justicia» (v. 14). Ese es el fruto del avivamiento: la alegría y el gozo son expresados en cánticos, cuando los cautivos son liberados, cuando han sido perdonados.

Una de las experiencias más memorables de mi vida… Me encanta leer como Dios se ha manifestado en el pasado, pero aún más, me encanta experimentarlo. Me encanta verlo suceder. He tenido el privilegio de entrever la gloria de Dios en avivamientos en algunas ocasiones. Una de las ocasiones más sobresalientes fue hace algunos años, cuando participé con un grupo de servidores cristianos (miles de ellos) quienes se habían reunido en una conferencia anual para escuchar y buscar al Señor.

Me habían invitado a hablar en esa conferencia. He compartido esta historia antes en Aviva Nuestros Corazones. Dios se manifestó allí en nuestros corazones de una manera extraordinaria. Nuestros corazones fueron dirigidos hacia el tema del quebrantamiento, del arrepentimiento y la humildad y como se manifiesta y se expresa a sí misma.

Allí se encontraba un hombre en la conferencia (pertenecía a ese ministerio en particular que organizó la conferencia), lo llamaré, «Jordan». He escrito sobre su historia en mi libro sobre el quebrantamiento, y él nos ha dado libertad para compartir su historia, aun así aquí lo llamaré Jordan. Él escribió una carta a sus amigos después de la conferencia, donde les contaba lo que Dios había hecho en su corazón durante esos días; permíteme leerte algunos fragmentos de lo que él escribió.

«Me presenté al inicio de la conferencia con un corazón frío y agotado».

Este es un trabajador cristiano a tiempo completo. Puede sucederle a los trabajadores cristianos, y puede sucederle a cristianos en cualquier tipo de trabajo: vocaciones seculares, madres, cualquiera puede llegar a tener un corazón frío y agotado. Él dijo,

«Fue difícil para mí cantar las alabanzas durante las sesiones de apertura. Algunas veces ni lo intenté».

¿Podría este hombre estar aún estar bajo cautiverio? Si lo estaba. Él dijo,

«Yo solamente escuchaba a los demás».

Durante los próximos días, Dios lo llevó a un lugar de arrepentimiento profundo, y quebrantamiento sobre algunos asuntos pecaminosos en su vida.

Yo diría esto, si existe un asunto pecaminoso que te mantiene cautivo, eso es muy grave. Pero Dios comenzó a quitar las capas que cubrían el corazón de este hombre y comenzó a enseñarle asuntos morales, relacionales, cargas emocionales que este hombre había mantenido como parte de su vida por años. Al responder a Dios en quebrantamiento, confesión y arrepentimiento, llegó un sentido nuevo y fresco de libertad y gozo en su espíritu. Así que, él continuó describiendo lo que Dios había hecho en su vida, y dijo,

«Más tarde, esa noche (y esto sucedió después de haber confesado su pecado públicamente), cantamos varias de las mismas canciones que habíamos cantado al principio de la conferencia. Sin embargo, esta vez, ¡yo estaba cantando! Y no solamente cantando, sino experimentando un gozo en mi corazón que no había experimentado en muchos años. Al cantar una canción titulada Blanco como la nieve, no podía contener mis lágrimas al experimentar el perdón de mis pecados. Muy similar a la mujer pecadora que no podía dejar de llorar a los pies de Jesús. Yo, al igual que ella, había sido tocado por Su amor purificador.

¿Puedes ver la progresión aquí? Mientras él estuvo cautivo, él no podía cantar. Su corazón estaba frío, endurecido y agobiado, cansado. Él realmente no podía participar. Quiero decir, hubiera podido cantar, pero solamente hubiera estado siguiendo la mecánica del asunto, por lo tanto ni siquiera lo intentó. Pero, al ponerse de acuerdo con Dios sobre su pecado, confesarlo, y arrepentirse ¡Dios lo liberó!

¿Qué sucedió después? Sus labios se abrieron, primero en confesión y después en cántico y alabanza. Fue interesante verlo. Él fue uno de muchos que se encontraron con Dios de una manera extraordinaria durante ese tiempo. Fue maravilloso ver el transcurso de los próximos días y lo personal y colectivo que era el quebrantamiento entre esos servidores cristianos y cómo resultó en una capacidad nueva de amar, de alabar y de adorar.  

Al principio, cuando la gente comenzó a lamentarse y a llorar por sus pecados, la atmósfera se sentía pesada al sentir la pesada mano de Dios trayendo convicción sobre el auditorio. Hubo un tiempo en que nadie quería cantar. Pero en los próximos días, cuando la gente comenzó a ser liberada y perdonada, comenzaron a cantar –a veces espontáneamente– no porque se haya puesto de pie el líder de alabanza sino simplemente cantaban en gratitud y devoción al Señor Jesucristo.

No recuerdo haber escuchado con mucha frecuencia una música tan hermosa como la que fluía o brotaba de aquellos corazones avivados y purificados. Al progresar la semana, el espíritu de alabanza y adoración se comenzó a intensificar. Tienes que imaginarte, esto no era algo… sabes como cuando alguien pasa al frente y provocas o creas que las emociones se intensifiquen. Aquí no sucedía eso.

Era el pueblo de Dios. Era una libertad, un derramamiento, que fluía de esa gente. No sé si estoy describiendo adecuadamente esto. Tal vez debiste estar ahí para entenderlo, pero fue increíble ver esa inundación y derramamiento de alabanza.  

Después, en la última noche de la conferencia ¡oh, Señor, la celebración fue inolvidable! En un auditorio inmenso con miles de personas (en verdad, un estadio inmenso) la gente entonaba la canción «Canta al Señor toda la creación», y ¡se sentía como si el techo se fuera a elevar! ¡Fue algo increíble!

Los corazones de verdad habían sido librados. ¿Qué fue lo que pasó? La noche de lamento fue convertida en gritos de alegría. Los huesos que Dios quebrantó comenzaron a regocijarse, Salmos 51 (v. 8 paráfrasis). ¡Los corazones que habían sido liberados de su culpabilidad, ahora eran libres para cantar a voz en cuello sobre la justicia de Dios! Ese espíritu pesado fue reemplazado con ropas de alabanza, y así será para todas las vidas que escojan la senda del quebrantamiento.

El pueblo de Dios que ha sido liberado tiene una razón para cantar. Por eso la iglesia avivada siempre es una iglesia que canta. ¡Un corazón  avivado es un corazón que canta!

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth regresará para orar. Ella te ha estado invitando a cantar con gozo sincero a la luz de lo que Dios ha hecho, no como un deber o un hábito.

Nos encontramos en una serie titulada, «El clamor de los cautivos». Esta enseñanza nos ha pintado un cuadro de la libertad que experimentamos cuando Dios aviva nuestros corazones.

¿Cuál es la mejor manera de darle a conocer al mundo lo que tu iglesia está haciendo? Podrías anunciarlo en la radio o en la televisión, contratar a una agencia de relaciones públicas o hacer una campaña publicitaria. Bueno, lo cierto es que cuando Dios visita a Su pueblo por medio de un avivamiento, Él no necesita ninguna de esas estrategias para llamar la atención de los que nos rodean. Escucharemos más acerca de esto mañana. Ahora oremos con Nancy.

Nancy: Gracias Señor, por habernos dado algo por lo cual cantar. Gracias por lo que Tú estás haciendo en muchos corazones, en este día, a través de todo el mundo, para liberar a tantas mujeres de la esclavitud del pecado, de la culpa y de la vergüenza.

Y mientras Tú nos libras de la esclavitud, nuestros labios se llenan de risa y nuestra lengua de gritos de alegría. Así que te bendecimos Señor y te pedimos que continúes liberando a los cautivos para que Tu iglesia de nuevo sea una iglesia de cánticos. Oro en el nombre Jesús. Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy de Wolgemuth DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1Brian Edwards. Revival! A People Saturated With God (England: Evangelical Press, 1990). 137-8.

2Ibid.

Canta al Señor, Ingrid Rosario, Canta al Señor ℗ 2010 Integrity Music

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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