Aviva Nuestros Corazones Podcast

El día en que somos libradas del mal

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Annamarie Sauter: ¿Alguna vez te has preguntado…?

Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Por qué razón a Él le importaría mi situación, mi herida, mi pena, mi problema, o tu situación inexplicable, el misterio con el que estás lidiando? ¿Por qué le importaría eso a Dios? No sé por qué, ¡lo que sí sé es que a Él le importa! El Señor es tu guardador, Él cuida de ti.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Deuteronomio capítulos 14 al 16.

¿Sabías que el Salmo 121 es considerado como el salmo del viajero? Este ha sido de mucho consuelo para los creyentes a través de los siglos, y hoy Nancy nos ayudará a ver por qué. Nos encontramos en la serie titulada, «Un cántico para el peregrinaje del creyente».

Nancy: Ayer me llegó un correo electrónico de una amiga que estaba pidiendo oración. Su familia está saliendo hoy para un viaje fuera del país, y van a un país donde recientemente hubo un ataque terrorista. Ella me dijo, «¡esto es muy aleccionador!» Bueno, como he estado inmersa en el Salmo 121, esto es lo que ha estado en mi mente, y le comenté que estaría enseñando sobre este pasaje hoy.

Le dije, «toma estas promesas y hazlas tuyas». Esta es la canción de un viajero. Este salmo era para el pueblo de Israel que estaría viajando para ir al templo en Jerusalén, tres veces al año para sus banquetes y días feriados, y ellos iban a cantar esta canción.

En este pasaje en el Salmo 121, vemos que hay afanes, tribulaciones y pruebas. Hay cosas que nos pueden hacer caer en el camino. Pero tenemos a Dios quien es nuestro guardador, quien nos protege en nuestro viaje todo el trayecto de la la vida hasta que lleguemos al cielo.

Estamos hablando de los versículos del 5 al 8, a medida que meditamos en el Salmo 121 en el dia de hoy, pero permíteme leer el salmo completo, solo para acordarnos de donde hemos estado.

«Levantaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. No permitirá que tu pie resbale; no se adormecerá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. El Señor es tu guardador el Señor es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te herirá de día, ni la luna de noche. El Señor te protegerá de todo mal: Él guardará tu alma. El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre» (Sal. 121: 1-8).

Es una canción maravillosa para los que están viajando, literalmente para ser animados a medida que salen y regresan, pero también para nosotros en los vaivenes de la vida cristiana, las cosas que nos pasan, las circunstancias, las dificultades, las pruebas. ¡Es maravilloso saber que tenemos un Dios a quien le importa, quien vela, quien guarda, quien nos cuida, que preserva a su pueblo! «El Señor es tu Guardador».

Si no lo reconoces como tu Señor, si no tienes una relación redentora con Él, entonces no puedes contar con que estas promesas se aplican a ti. Es así de simple. Ahora, Dios da gracia común, y Él a menudo protege a aquellos que no le conocen… o no habría nadie vivo, ¿cierto? Todos estaríamos muertos. Todos estaríamos bajo Su juicio. Así que, Dios preserva y protege.

No puedes mirar al cielo y reclamar Su preservación, Su protección, Su cuidado, si no le conoces, si no tienes una relación con Él. Puedes decir, «deseo vivir mi vida a mi manera. Deseo ser mi propio señor. Deseo ser mi propio dios. Deseo tomar mis propias decisiones. Pero, ¡uyyy! cuando me meto en problemas, deseo alzar mis ojos al cielo y decir, «¡oh Dios ayúdame!

Muchas personas hacen esto, ¿no es verdad? Pero lo que Dios está diciendo es, «¿deseas ayuda? Entonces me necesitas como Señor. Si soy tu Señor, seré tu Guardador».

¿Ves? Dios no les dio estas promesas a los moabitas o a los amonitas o a los egipcios. Él tiene la promesa para las naciones que al volverse a Él, Él será su Dios. Pero aquellos quienes están siguiendo a dioses falsos, que adoran ídolos, que son sus propios dioses, no pueden reclamar esta promesa.

Estas promesas fueron dadas en el Antiguo Testamento a la comunidad de fe, al pueblo judío que creía en Dios, que le siguió y creyó en Él. Ahora, mientras abandonaron a Dios, el hecho de que eran judíos no significaba que podían reclamar estas promesas si no estaban obedeciendo a Dios como su Señor. No solamente era el linaje de sangre lo que importaba, era su fe. ¿Su fe estaba cimentada en Dios?

¿Estaban ellos confiando en Él para que fuera su Guardador? De modo que el hecho de que te llames cristiana, no significa que puedas reclamar estas promesas, así que, la pregunta es:

  • ¿Eres cristiana?
  • ¿Eres una seguidora de Cristo?
  • ¿Has puesto tu fe en Él?
  • ¿Estás confiando en Él para que sea tu Guardador, tu Preservador?

Dios es nuestro Guardador; y hablaremos más sobre eso mañana en la sesión final.

Pero para aquellos que le pertenecen, aquí en este salmo tenemos algo que encuentro maravilloso a medida que he estado meditando en él. ¡El creador de los cielos y de la tierra, el Señor soberano del universo cuida de ti!

¿Cuántas personas tenemos hoy en día en el planeta, seis o siete billones de personas? ¡Él cuida de ti! ¡Él cuida de mí! En realidad, ¿cómo hace Dios esto? Bueno, Él es Dios. Esto es lo que lo hace a Él ser Dios. Algunas de ustedes tienen seis hijos, no seis billones (¡a veces pareciera que son seis billones!), y piensas, no puedo ni siquiera llevar la cuenta de seis hijos y saber lo que están haciendo y cuidar de todas sus necesidades. ¡Parecería que es mucho!

Es mucho para nosotras, porque somos humanas. Pero para Dios, y no sé cuántos millones o billones o creyentes en Cristo hay en este mundo –y a través de todos los siglos– pero Él, cuida de cada una de nosotras. ¡Él, cuida de ti! ¿Alguna vez te has comenzado a sentir como que estás perdida en el universo? Como que todo lo que es importante, los problemas de las demás personas, todos los problemas del mundo que leemos en las noticias, que Dios debe estar realmente ocupado tratando con todo eso.

Y piensas, ¿por qué razón a Él le importaría mi situación, mi herida, mi pena, mi problema, o tu situación inexplicable, el misterio con el cual estás lidiando? ¿Por qué le importaría eso a Dios? No sé por qué, ¡lo que sí sé es que a Él le importa! El Señor es tu guardador, Él cuida de ti.

¡Pienso que esto es maravilloso! Debería ser causa de gran gozo, celebración y acción de gracias: «Dios, gracias porque yo te importo. Tú me guardas. Tú eres mi Guardador». El pasaje dice que el Señor es tu Guardador y luego dice, «el Señor es tu sombra a tu mano derecha». La palabra «sombra» puede tener varios significados.

Pudiera ser la sombra de un árbol, por ejemplo. Imagínate aquí algún tipo de cobertura que provea alivio del sol. Pudiera hablarnos sobre la frescura de Su presencia en una tierra desértica y calurosa, en un desierto caluroso. Él es la sombra. Él es el árbol que te provee sombra. Él es quien te cubre, el toldo que nos protege, que nos refresca. Pudiera significar eso.

Esta es una palabra que también se traduce a menudo en las Escrituras como «sombra». El Señor es tu sombra a tu mano derecha. He estado pensando en esto y me doy cuenta de que no puedes acercarte más a ti mismo que tu sombra. Quiero decir, tu sombra nunca se separa de ti, ¿verdad? La sombra no puede separarse del objeto ni el objeto de la sombra.
Eso dice que el Señor tu Guardador no es distante ¡Él está ahí! Él está cerca. Está más cerca de ti que cualquier amenaza o peligro en el que puedas estar. Eso no quiere decir que no habrá amenazas o peligros, sino que ¡Él está ahí! Él está a tu mano derecha, allí mismo. Un árbol que da sombra, que está a cincuenta pies de distancia, no puede protegerlo del calor del sol, ni un refugio que está a una cuadra de distancia.

Pero Dios no está a cincuenta pies de distancia ni a una cuadra ni a ninguna distancia. Él está a nuestra diestra; Él está justo aquí, cubriendo, protegiendo a su pueblo, a nuestro lado. No puedes ir a ninguna parte si Dios no va allí contigo. Piensa en tu sombra cuando pienses en este salmo. Te mueves, tu sombra se mueve. Tú te mueves, Dios se mueve, por así decirlo, no porque Dios esté limitado al tiempo o al espacio o a un lugar.

Pero dondequiera que estés como su hija, Él está allí en ti, alrededor de ti, sobre ti, debajo de ti, detrás de ti y por todos lados. Hagas lo que hagas... Vas a trabajar, sales a comprar, sales a comer, vas a la iglesia, vas a eventos deportivos, vienes a casa a relajarte… Hagas lo que hagas, Él va contigo.

Él está allí como tu protección; Él está ahí como tu defensor. Él está a nuestro lado como un guardaespaldas. Ves estas imágenes del presidente o del vicepresidente de tu país, y tienen servicio secreto, ¡pero no son muy secretos! Quiero decir, puedes ver quiénes son. Son los hombres de traje negro y auriculares.

Siempre están ahí, justo allí, y siempre están mirando alrededor para ver qué está pasando, para ver si hay algo fuera de lo común o algo por lo que preocuparse. Bueno, ellos podrían equivocarse en su trabajo, podrían obviar algo, podrían no ver algo, pero Dios siempre está ahí. Él es El Roi, el Dios que ve. Él siempre está atento, siempre vigilante, siempre cuidando de ti.

¡Eso debería animarnos! También debería darnos lo que las Escrituras llaman «el temor del Señor», porque en todos los lugares donde estoy, allí está mi «Sombra». Él es la sombra a tu diestra. Cuando estoy viendo ese programa en la televisión o navegando por la internet, Él está allí, Él está mirando, Él es mi sombra que nadie más puede ver.

Él sabe lo que como. Él sabe lo que hago en medio de la noche. Él sabe lo que hay en mis pensamientos cuando estoy sola. Incluso si hubiera alguien más allí, no podría ver lo que estoy pensando. Pero Él está ahí. Él ve, Él sabe. Así que «el temor del Señor» es vivir con la conciencia constante y consciente de que «Dios está aquí».

Pero también es un gran estímulo, porque dondequiera que vaya, cualquier cosa que haga… Por ejemplo esos amigos que llevaron a su familia a otro país esta semana, Dios está con ellos. Ahora, eso no significa que no sucedan cosas malas, pero significa que, si suceden, entonces se filtran a través de los dedos de amor de Dios, a través de Su sabiduría, porque Él sabe. A Él le importa.

Y no solamente puedes estar segura de que Dios está a tu lado y cuidando de ti, observando y protegiéndote, sino que también puedes asegurarle a tu esposo, a tus hijos, y a tus amigos que conocen a Jesús, las mismas promesas, Él está con ellos, Él está mirando, Él les está protegiendo, Él les está cuidando.

Cuando envías a tu hijo o hija al segundo grado al comienzo del año escolar, o envías a tu hijo o hija a la universidad, o se casa y te das cuenta de que ya no está en un lugar donde tú puedes estar con él o ella, sosteniendo, cargando, protegiendo, debes enviarlos con el Señor a quien le importa, quien protege. ¡Eso debería ser un gran estímulo para los padres!

Recuerdo haber dejado a un joven amigo mío en la universidad, hijo de unos amigos, cuando era aún una adolescente. Sus padres no pudieron hacer ese viaje. Entré en el dormitorio y vi algunos de los carteles y el tipo de ambiente en la universidad. Y no estaba mal, pero mi corazón comenzó a preocuparse por este joven que era joven en su fe.

Comencé a orar por el temor del Señor, para que el Señor pusiera la conciencia de Su presencia allí en ese dormitorio, en esa habitación, en ese lugar con él. Mi corazón comenzó a relajarse, y comencé a tener paz, cuando me di cuenta (no era ni mi hijo; era el hijo de otra persona): «Puedo confiar este joven al cuidado y protección del Señor». ¡Eso debería ser un estímulo!

El pasaje continúa en el versículo 6 diciendo: «El sol no te fatigará de día ni la luna de noche». Ahora, esto es todo porque el Señor es tu Guardador. El Señor es tu Guardián, así que Él será tu sombra a tu mano derecha y el sol no te golpeará de día ni la luna de noche.

Esto podría ilustrar varias cosas diferentes. El «sol de día» podría recordarnos el peligro de una insolación mientras estos peregrinos judíos viajaban durante el día en el cálido desierto de esa región. Él va a ser tu protección, «tu sombra», tu refrigerio. Entonces, si eso es cierto, ¿qué significa «la luna de noche»? La gente ha especulado sobre lo que podría significar.

Algunos dicen que podría significar las noches frías en el desierto, el peligro de congelación, Él te protegerá allí. Se podría hablar de una enfermedad mental o emocional. Los antiguos escritores a veces usaban la expresión «golpe de luna». De la palabra «luna» —en latín, de donde viene nuestra palabra «lunático», que significa «perder la cabeza». La enfermedad o enfermedad mental o emocional que a veces se asociaba con la luna.

Has escuchado que ocurren locuras bajo la luna llena, o mujeres que tienen bebés, cosas que pueden suceder bajo la luz de la luna. Es decir, sea lo que sea que enfrentes, de día o de noche, el Señor estará contigo. Él es tu Guardián, tu guardador. Él es tu protector. Se podría hablar de peligros reales o imaginarios.

A veces, las cosas que tememos son cosas reales, y otras veces las cosas que tememos están solo en nuestra imaginación, pero nos parecen reales. Entonces, ya sea una insolación o un golpe de luna, si es que existe, sea lo que sea, de día y de noche, a toda hora, todos los peligros 24/7, Él es nuestro Guardador a medida que avanzamos en ese viaje.

El versículo 7 simplemente resume que: «Él Señor te guardará de todo mal; Él guardará tu vida»; o como dicen algunas traducciones, «tu alma». ¡Escucha, lo que más necesita ser guardado es el alma, mucho más que el cuerpo!

Porque, si preservas tu cuerpo pero pierdes tu alma, ¿qué habrás ganado? Pero si pierdes tu cuerpo, pero salvas tu alma, entonces estás a salvo. Él guardará tu vida. Él guardará tu alma. Él te guardará de todo mal. Es solo una sensación de completa protección. Nada puede entrar en nuestras vidas que no se filtre a través de Su voluntad, a través de Su soberanía, a través de Su mano, a través de Su designio.

No hay nada aleatorio en este universo; no hay nada casual en tu vida. Hablamos de tener «un accidente». Yo tuve un hermano que murió en un accidente automovilístico, pero no lo llamo un accidente automovilístico. Yo lo llamo una destrucción automovilística. Fue un desastre, pero no fue un incidente fortuito. Dios no estaba dormido ese día. Él estaba en Su trono.

Él era el Guardián de mi hermano, Él era el Guardián de nuestra familia, Él lo es ahora. Él llevó a David al cielo después del incidente automovilístico, pero guardó su alma y lo mantuvo alejado de toda maldad. Lo llevó al cielo donde ahora está libre de todas las influencias y circunstancias malignas.

Pero debemos recordarnos, en primer lugar, que las cosas que vemos como calamidades Dios no las ve necesariamente malas como tal. Esas circunstancias que nos parecen malas, cosas que no quisiéramos escribir, que no elegiríamos, pueden ser instrumentos que Dios va a usar para un mayor bien en nuestras vidas, para hacernos más como Jesús.

Lo que Él promete no es evitarnos todo eso, sino que Él nos guardará en medio de todo eso, y no seremos vencidas por el mal, si somos Sus hijas. Y esa es una protección que Dios nos da de lo que podríamos llamar circunstancias naturales malas. Pero, la mayor protección es del mal moral, del pecado.

Tim Keller lo dice de esta manera:
¡Una onza de pecado nos puede dañar más que una tonelada de sufrimiento! El pecado puede endurecer nuestros corazones para que perdamos todo, pero el sufrimiento, si se maneja correctamente, puede hacernos más sabios, felices y profundos.

Así que confiemos en Dios cuando decimos: «¿Por qué me pasó esto a mí? ¡Esta es una circunstancia mala!» Puede que no lo sea.

Puede ser una circunstancia que Dios está usando para librarte del mal en tu corazón, para hacerte más dependiente de Él, más amorosa, más compasiva, más misericordiosa, más santa. Dios está usando esa circunstancia, si lo dejas, para protegerte de todo mal. Así que oramos: «Señor, no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal» (Mat. 6:13).

Esa oración está en el Padre Nuestro, y estamos orando para ser liberadas, no solo de las circunstancias que no son de nuestro agrado. Estamos orando para ser liberadas de todo mal dentro de nuestros corazones. «Señor, líbrame del mal que ni siquiera veo y ni siquiera me doy cuenta del pecado oculto. Sí, guárdame de los pecados que son obvios, y también guárdame de los pecados ocultos. Guárdame de cosas que ni siquiera me doy cuenta.

Sabes, nunca llegamos al lugar donde no necesitamos la atención constante de Dios y la protección constante contra el pecado, el mal y el maligno. Cuando era niña, de alguna manera tenía esta imagen en mi cabeza, de que a medida que crecía en gracia y crecía en Cristo, un día sería una creyente madura que no tendría atracción por el pecado; que no haría las cosas mal.

¡Les digo, algunos días la tentación es mayor ahora que hace cincuenta años! Y pienso, ¿qué es esto? Bueno, es un recordatorio de que todos los días necesito que me mantengan alejada del mal y del maligno. Él no deja de venir por nosotros. Incluso cuando el diablo tentó a Jesús en el desierto, las Escrituras dicen que después de cuarenta días y cuarenta noches de esto, lo dejó «por un tiempo» (Lucas 4:13).

Pero hubo otros momentos en la vida de Jesús cuando experimentó la tentación. Experimentaremos lo mismo de este lado del cielo. Hasta que nos liberemos de este cuerpo de pecado, de la presencia misma del pecado, nunca seremos inmunes a la tentación ni a la posibilidad de caer. Nadie es invencible. Nadie es inmune a caer potencialmente en el peor de los pecados, si no fuera por Su cuidado y protección, y la preservación que viene de Su gracia y Su poder.

Para estar protegidas del pecado es necesario que sigamos dependiendo de Él, confiando en Él para no caer. Esto fue lo que Jesús oró por nosotros en Juan 17, cuando se estaba preparando para ir a la cruz y para abandonar esta tierra. Él oró:

«Padre Santo, guárdalos en tu nombre… cuando estaba con ellos, los guardaba en tu nombre… Los guardé, y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición… No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno» (vv. 11–12, 15).

Tenemos la promesa de Dios de que un día seremos eternamente liberadas del mal y del maligno. ¿Estás esperando eso? ¡Yo sí!

¡Con seguridad esto es lo que dice el apóstol Pablo en 2 Timoteo 4:18!

«El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a su reino celestial. A Élsea la gloria por los siglos de los siglos. Amén».

Me encanta esa bendición. Me encanta esa promesa. Y la reclamo, «el Señor me rescatará de toda mala acción, de toda obra mala y me llevará a salvo a su reino celestial».

Podríamos decir que esta es la versión del Salmo 121 en el Nuevo Testamento. Y así dice en el versículo 8, si vamos de vuelta al Salmo 121: «El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre». Esto nos da un sentido completo de protección… de algo íntegro, el alcance de Su protección.

Y puedes ver los contrastes en este pasaje: Él nos guardará de día y de noche; Él nos guardará de todo mal; Él guardará toda nuestra vida, cada parte de nosotros, cuerpo, alma y espíritu. Él guardará nuestra salida, nuestra entrada, nuestra salida al trabajo, de compras, cuando salimos en automóvil con otras personas, al jugar, al ir la iglesia y de vuelta a nuestros hogares, en nuestros deberes públicos, en nuestra vida privada. Nos guardará en toda esa gama de experiencias en nuestro viaje, en nuestro peregrinar; en nuestra salida y nuestra entrada, ahora y para siempre, en la vida y en la muerte.

Como dijo el gran misionero Adoniram Judson, quien fue a Birmania como misionero:
Él no me ha guiado tan tiernamente hasta ahora como para abandonarme a las puertas del cielo.

Así que Él nos guía en nuestra salida y en nuestra entrada. Esa entrada podría ser cuando finalmente entremos en nuestro hogar celestial en el momento de nuestra muerte.

Él nos guiará. Él cuidará de nosotros. Él nos protegerá. Las personas temen a la transición de esta vida a la siguiente, y puede ser dolorosa. Algunas de ustedes tienen seres queridos que están en esa transición en este momento. El Señor es tu Guardador. «(Él) guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre».

Hay otro salmo que nos resulta familiar a muchas de nosotras, y que nos recuerda de muchas maneras el Salmo 121. Solo quiero rociar nuestros corazones (por así decirlo) con las palabras del Salmo 91, a medida que cerramos esta sesión:

«El que habita al abrigo del Altísimo morará a la sombra del Omnipotente.

Diré yo al Señor: Refugio mío y fortaleza mía, mi Dios, en quien confío.

Porque Él te libra del lazo del cazador y de la pestilencia mortal.

Con sus plumas te cubre, y bajo sus alas hallas refugio;

escudo y baluarte es su fidelidad.

No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día,ni la pestilencia que anda en tinieblas, ni la destrucción que hace estragos en medio del día.

Aunque caigan mil a tu lado y diez mil a tu diestra, a ti no se acercará.

Con tus ojos mirarás y verás la paga de los impíos.

Porque has puesto al Señor, que es mi refugio, al Altísimo, por tu habitación.

No te sucederá ningún mal, ni plaga se acercará a tu morada.

Pues Él dará órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos.

En sus manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra» (vv. 1–12).

Un compositor de himnos lo puso de la siguiente manera: 

Al alma que anhele la paz que hay en Mí,

Jamás en sus luchas la habré de dejar;

Si todo el infierno la quiere perder,

¡Yo nunca, no nunca, la puedo olvidar!

 (Cuán firme cimiento se ha dado a la fe, de John Rippon)

Y Padre, confiamos en Ti, nuestro Guardador, en esta vida y en la próxima, ahora y siempre, en nuestra salida y nuestra entrada, en nuestra vigilia y en nuestro sueño, en el día y en la noche, en todo momento… ahora y siempre. Tú eres el Señor nuestro Guardador, y por eso te damos gracias en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Has estado escuchando a Nancy DeMoss Wolgemuth. Ella te ha estado recordando que si has puesto tu fe en Jesús, tienes una promesa de que un día serás liberada por completo y eternamente del mal. Este mensaje es el tercero en la serie titulada, «Un cántico para el peregrinaje del creyente». Si te perdiste alguno de los programas anteriores, puedes encontrar tanto el audio como la transcripción en AvivaNuestrosCorazones.com.

Imagina la pequeña mano de una niña entre en las manos cálidas y fuertes de su padre. Esto ilustra la seguridad que tienes en Cristo. Mañana, escucha más acerca de esto y acerca de por qué no tienes que temer. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones. 
Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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