Podcast Aviva Nuestros Corazones

El encuentro de Ana con la divinidad

Annamarie Sauter: ¿Alguna vez has sentido que Dios no está en control de tu vida? Erin Davis tiene un mensaje para ti.

Erin Davis: Sea que te parezca o no que Él es Dios en tu vida en estos momentos, Él lo es. Él es divino. Ha habido muchas ocasiones en mi vida cuando he pensado, Si tú fueras Dios, harías algo respecto a esto. Gracias a Dios, Él es Dios sea que yo lo sienta o no, sea que me parezca o no, sea que tenga o no la perspectiva para saberlo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Esta semana, estará con nosotras una invitada que nos ayudará a explorar las historias de ocho mujeres que tuvieron un encuentro con Jesús.

Nancy: Erin Davis ha sido una amiga por mucho tiempo y una compañera en este ministerio. Muchas de ustedes reconocen su nombre en el blog: Mentiras que las jóvenes creen; ella es la bloguera principal (y sabrán un poco más de esto conforme transcurren los siguientes días).

Erin ama al Señor, ama Su Palabra, y como maestra de la Biblia tiene un gran don. Y hace un tiempo le dije, «Erin, ¿quisieras venir a grabar una sesión en Aviva Nuestros Corazones…enseñarles a nuestras mujeres, y hablarnos de la Palabra?» Y ella estuvo de acuerdo, y estamos emocionadas de ver a Dios levantando mujeres más jóvenes que tienen el don para hablarle a otras.

Erin, de manera particular, tiene un corazón por las jovencitas, así es que hoy, de manera especial, si eres joven y nos estas escuchando, este programa es para ti; y si tienes hijas o nietas, tenemos muchas jóvenes con nosotros que nos escuchan, y Erin va a estar enseñando una serie sobre mujeres de la Biblia que conocieron a Jesús.

Erin, bienvenida a Aviva Nuestros Corazones. Has estado con nosotros antes y te hemos entrevistado. Has compartido el corazón que tienes por las jóvenes y hemos hablado de tus libros, pero hoy estoy muy contenta de que te toca tomar el micrófono y enseñarnos. Así que, voy a sentarme entre la audiencia voy a estar escuchando y permitiendo que el Señor me hable, mientras vas exponiendo lo que hace la presencia de Jesús; cómo transformó a estas mujeres de las Escrituras, y cómo Él puede, aún hoy, cambiar nuestras vidas. Así que, bienvenida a Aviva Nuestros Corazones.

Erin Davis: Gracias Nancy. Imaginen esto: mi esposo Jason (de quien van a escuchar mucho mientras hablo) y yo, nos dirigíamos a un restaurante a cenar. Vamos entrando, y justo cuando paso por la puerta de entrada, Gary Sinise va saliendo.

Quizás ustedes no sepan de quién hablo. Es un actor relativamente famoso. Lo conozco bien por Forrest Gump, en donde él hace el personaje del teniente Dan. Entonces, yo voy pasando por la puerta y Gary Sinise está saliendo. Me gusta pensar que toparme con celebridades no me «marea», pero tan solo me acerqué a unas pulgadas de su cara, y grité con toda la fuerza de mis pulmones, «oye, ¡tú eres el teniente Dan!» … por supuesto ese no es su nombre, el tiene un nombre verdadero.

Y él traía a este inmenso guardaespaldas detrás de él. Y el guardaespaldas dijo, «je, je, je, me tomaste desprevenido con esa». Y en ese momento, me di cuenta qué ridícula me había visto. Entré apenada al restaurante y probablemente intenté esconderme debajo de la mesa.

Mi esposo Jason se quedó afuera bromeando con el «teniente Dan», Gary Sinise, y su guardaespaldas. Fue muy vergonzoso. Fue un encuentro que nunca olvidaré. Todas nosotras hemos tenido encuentros como ese que nunca olvidaremos, bueno, quizás no tan humillantes como este. De eso se trata este programa radial.

Afortunadamente no trata sobre mis momentos más vergonzosos, porque no podríamos condensarlo en ocho programas.

Pero estos programas tratan sobre encuentros que transformaron todo. Las mujeres que tuvieron estos encuentros jamás lo olvidarían. Son ocho preciosos encuentros. Estas mujeres no son famosas en las páginas de la historia. No es Martha Washington o alguna persona de la que leemos cosas interesantes.

Estas mujeres se encontraron con Jesucristo mientras Él vivió en la tierra. Ellas comparten una cosa importante en común. Hay muchas diferencias entre ellas. Están en diferentes etapas de su vida; muchas cosas sucedieron a su alrededor, pero tenían esto en común: su vida se convirtió en un lienzo sobre el cual Jesús pintó preciosos cuadros de Su carácter.

Aunque son interesantes, (y a todas nos encanta una buena historia), realmente no se trata sobre estas mujeres, sino de lo que sus historias revelan acerca de quién es Jesús, y por eso vamos a estudiarlas juntas. Las historias se tratan menos sobre las mujeres, y más acerca de Jesús.

Es mi oración que estas historias nos lleven a tener nuestros propios encuentros con Jesús, conforme avanzamos. Comencemos. Vamos a comenzar en Lucas 2, con una mujer poco conocida del Nuevo Testamento. No sabemos mucho acerca de ella. No hay mucho acerca de ella en las Escrituras, pero podemos aprender mucho de Jesús a través de su historia.

Vamos a estar en Lucas 2:36-37:

«Y había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella era de edad muy avanzada, y había vivido con su marido siete años después de su matrimonio y después de viuda, hasta los ochenta y cuatro años. Nunca se alejaba del templo, sirviendo noche y día con ayunos y oraciones».

Esta fue la biografía completa de Ana. Esto es todo lo que sabemos acerca de ella. Ella era de la tribu de Aser, la cual es una de las doce tribus de Israel. Sabemos que estuvo casada una vez, pero ese matrimonio no duró mucho. Enviudó a los siete años. Cuando la conocemos, ella es anciana, y se ha entregado por completo a adorar al Señor como viuda.

Ella se pasa toda su vida en el templo. La Biblia dice que ella no se iba. Ella adoraba. Ayuna, ora noche y día. Ésa es Ana, y Ana es una guerrera, es una guerrera de oración. Seguramente en tu iglesia, tienes una guerrera como Ana… mujeres de edad avanzada. Eso es lo que la Biblia dice acerca de Ana, «de edad muy avanzada». Es una forma muy amable de decir que Ana era una anciana.

Mujeres como Ana, avanzadas en años, que se dan completamente a sí mismas para el Señor. Ellas son las guerreras de oración entre nosotras. Necesitas conocer a una «Ana» en tu vida. Jóvenes, ustedes necesitan una «Ana», sea tu abuelita o la amiga de tu abuelita, o una amiga de tu mamá o tu vecina. Necesitas una mujer de edad avanzada, que se haya entregado completamente al Señor y sea una guerrera de oración. Todas necesitamos una mujer como ella .

Ellas no son pretenciosas. Estas no son las mujeres en nuestras iglesias que tienen una plataforma, o libros o títulos, o tal vez ni siquiera un ministerio público. Pero ellas son guerreras para el reino, y eso es lo que Ana era. Ella vivió una vida tranquila, apartada por completo para el Señor.

Y porque Ana estaba totalmente rendida al Señor, es que ella tuvo el privilegio que ninguna otra mujer en toda la historia llegará a tener. Qué maravilla. Vamos a regresarnos algunos versículos y encontraremos a Jesús siendo presentado en el templo como un bebé…

El versículo 22 dice,

«Cuando se cumplieron los días para la purificación de ellos, según la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentar (a Jesús) al Señor (como está escrito en la Ley del Señor: TODO VARÓN QUE ABRA LA MATRIZ SERÁ LLAMADO SANTO PARA EL SEÑOR), y para ofrecer sacrificio conforme a lo dicho en la Ley del Señor…» (vv. 22-24)

Entonces, esto es lo que está sucediendo. Es hora de que María y José lleven a cabo la ceremonia de presentación del bebé. En nuestra iglesia tenemos presentaciones de bebés, y supongo que se parecen mucho a las presentaciones llevadas a cabo en tu iglesia. No son como esta.

Son como ceremonias de varios bebés, Cada bebé nacido durante el año anterior es llevado al frente, «vamos a bendecirles rápidamente». Así es como sucede en nuestra iglesia.

Presentamos a uno de nuestros hijos, creo que apenas tenía unas cuatro o cinco semanas de nacido, cuando se llevó a cabo la presentación de bebés en la iglesia. El ministerio de los niños me envió una lista por correo electrónico acerca del orden en que se iba a llevar a cabo.

Comencé a entrar en pánico porque, entre veinte familias, la familia Davis era la familia número dos. Eso significaba que necesitaría lograr que mis hijos de tres y cinco años de edad se pararan al frente sin golpearse, patearse, ni jugar a que eran piratas… Tenía que lograr que mi bebé recién nacido no necesitara dormir, ni comer, o estuviera babeándome, así que… practicamos.

Todo lo que puedo decir es que hice mi parte. Y entonces el pastor de los niños, que seguramente tiene algo contra mí, estando ahí al frente, me entregó una bolsa de juguetes. Mis hijos, por supuesto, querían los juguetes, así que les dije, «no, no pueden tener los juguetes. ¡Estense quietos! Pongan sus manos en los bolsillos», ¡varias veces!

Otro de mis hijos ve a sus abuelos entre la audiencia, «¡hola, Gigi! ¡Hola abuelito!» Y está saludando. Elí yace en el piso, y quieren el disco volador que está en la bolsa, y yo estaba sudando a mares. Pero lo logramos. No sé si Judá fue bendecido apropiadamente o no, pero sobrevivimos la bendición. ¡Sé cómo debió haberse sentido María en este momento!

Jesús solo tenía cuarenta días de nacido cuando esto sucedió. Belén estaba como a seis millas de Jerusalén. Su pobre mamá no había dormido en cuarenta días, yo sé, porque yo he vivido eso. Ella solo quiere sobrevivir, ella está privada de sueño, sus hormonas están fuera de control y tal vez todavía tiene que ponerse sus pantalones de maternidad para la presentación y después tiene que recorrer las seis millas de su casa al templo, y luego tiene que regresar con su bebé en ese apestoso burrito. Solo desea sobrevivir el día, y entonces sucede esto.

Vamos Lucas 2:25:

«Y había en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón; y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y por el Espíritu Santo se le había revelado que no vería la muerte sin antes ver al Cristo del Señor.

Movido por el Espíritu fue al templo. Y cuando los padres del niño Jesús le trajeron para cumplir por Él el rito de la ley, él tomó al Niño en sus brazos, y bendijo a Dios y dijo: Ahora Señor, permite que tu siervo se vaya en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; LUZ DE REVELACIÓN A LOS GENTILES, y gloria de tu pueblo Israel.

Y los padres del niño estaban asombrados de las cosas que de Él se decían. Y Simeón los bendijo, y dijo a su madre María: He aquí, este Niño ha sido puesto para la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción (y una espada traspasará aun tu propia alma) a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones» (vv. 25-35).

¿Qué les parecería una bendición como esta? Lo que Simeón hizo fue confirmar la divinidad de Jesús. Manténganse con esa palabra por un minuto, porque Simeón no fue el único en reconocerlo. Este pasaje nos lleva de regreso a Ana. Recuerden, ella está en el templo, ayunando, orando, no se ha ido.

Ha estado velando y esperando por un Salvador, ¡por cincuenta años! Ella ha estado mirando al horizonte con desesperación, esperando que llegue Dios. «Deidad» es una palabra rebuscada para describir la naturaleza de Dios.

¡Deidad es algo importante! Deidad es lo que hace a Dios, Dios. Su naturaleza divina es lo que lo separa a Él de nosotras. ¿Cuándo fue que la humanidad por primera vez reconoció que Jesús era divino? ¿Fue cuando Jesús realizó su primer milagro? ¿Cuando predicó su primer sermón? ¿Cuando enfrentó a los líderes religiosos de esos días?

Tal vez fue cuando resucitó de entre los muertos. Quizás fue hasta entonces que las masas conectaron los puntos. Pero Ana no. Ana reconoció la divinidad de Jesús antes de que Él hiciera algo. Él era un bebé de cuarenta días de nacido, envuelto en una cobija, y en los brazos de su mamá, y ella lo había estado esperando por cincuenta años. Ella corrió hacia Él y reconoció que ese no era cualquier bebé, ¡ese bebé era Dios!

Él aún estaba envuelto, y estoy segura de que no se veía mucho como Dios. Los bebés de cuarenta días de nacidos no hacen nada. Son como un bultito nada más, y son muy dependientes de su mamá. Ese es el estado en que Jesús se encontraba cuando Ana exclama un «¡ah! ¡Aquí está! ¡Dios está aquí!».

La razón por la que ella sabía que él era Dios fue porque ella había estado esperando y orando por décadas. Ella había estado esperando que Dios se revelara a Sí mismo entre su Pueblo.

Nos agrada el lado humano de Jesús, ¿correcto? Sin embargo, si solo nos enfocamos en la humanidad de Jesús, nos perderemos la parte más importante de Jesús. Existen más de siete mil millones de personas en nuestro planeta. En muchas maneras, nuestras experiencias son similares, y lo han sido desde el principio de los tiempos.

Pero solamente hay una Persona en toda la historia que es tanto Dios en plenitud y completamente humano. Es por eso que Su Divinidad es tan significativa, y es por eso que Ana reaccionó tan fuertemente a lo que, hasta ese momento, se veía solamente como un bebé ordinario. Ella cruza el templo corriendo y exclama, «¡Él está aquí!». Y la Biblia nos dice que ella siguió hablando de Él a todo el que quisiera escucharla.

«¡Acabo de ver a Dios en el templo!»

«¿En serio? ¿Cómo era?»

«Bueno, se veía como un bebé envuelto en una cobija»

«¡Oh!»

Pero desde ese momento, ella supo que se había encontrado con la Deidad. Reaccionó tan fuertemente porque Él era Dios envuelto con piel humana. Si llevamos mucho tiempo en la iglesia, es posible que nos hayamos acostumbrado a estas ideas respecto a Dios, pero de vez en cuando Él necesita llenar de asombro nuestra mente justo con aquello con que nos hemos familiarizado.

Él necesita hacer que nos asombremos con el hecho de que Él vino como Dios envuelto en piel humana, y era tan obvio que, aún como bebé en los brazos de su mamá, era obvio que Él era divino. Creo que es una tendencia el emocionarse más con Su humanidad que con Su deidad. Quizás sea porque eso es lo que podemos entender, y la deidad simplemente rebasa nuestra mente.

Pero para que podamos verdaderamente encontrarnos con Jesús, tenemos que tener un encuentro como lo tuvo Ana. Él es Dios envuelto en piel humana. Ella había estado en el templo por décadas, y a diario estaba rodeada de humanidad. Me imagino que el templo se parecía mucho a nuestros centros comerciales… gente por todos lados, por aquí y por allá.

Puedes estar rodeada de tanta gente, golpeándose contra ti, yo misma no me desenvuelvo bien en esas situaciones. Quiero encogerme en posición fetal o tomar café cuando estoy rodeada de tanta humanidad. Esa era la realidad de Ana, se encontraba rodeada de gente por décadas.

Pero no era humanidad, gente, lo que necesitaba. Era la Deidad lo que ella ansiaba. Ella anhelaba la Deidad. Era la Deidad lo que ella sabía que realmente necesitaba, y sabía lo que su pueblo realmente necesitaba . No sé qué tipo de Dios estaba esperando Ana. No sé a quién esperaba que se pareciera, pero dudo que ella esperara que fuera un bebé todavía dependiente de su mamá.

Ella había estado orando porque su pueblo fuese redimido por mucho tiempo… ¡Y aquí estaba! ¡Qué interesante que las circunstancias de Ana no cambiaron instantáneamente, y tampoco las de su pueblo. Aquí estaba Él como un bebé, y su pueblo continuaba estando en las mismas circunstancias de antes, y Ana seguía en las mismas circunstancias en las que había estado, pero al parecer ella pudo entender todo lo que necesitamos saber de la deidad de Jesús. Ella pudo comprender que la divinidad de Jesús no depende de nuestros sentimientos o nuestras circunstancias.

Tengo una gran amiga, que con frecuencia me dice esto (y me encanta), «los sentimientos no son hechos, Erin, solo son sentimientos». Tal vez Jesús no parecía como Dios. En esos momentos Él solamente se sentía como un pequeño bebé, pero Ana supo que los sentimientos no son hechos. Ella estaba en presencia de la Divinidad.

Él no cambió sus circunstancias en ese momento. Pero Ana supo que estaba ante la presencia de la Divinidad, sea que pareciera o no. Sea que te parezca o no que Él es Dios en tu vida en estos momentos, Él lo es. Él es divino . Ha habido muchas ocasiones en mi vida cuando he pensado, si tú fueras Dios, harías algo respecto a esto. Gracias a Dios, Él es Dios sea que yo lo sienta o no, sea que me parezca o no, o sea que tenga o no la perspectiva para saberlo.

Por supuesto, Ana no tenía la perspectiva de todo lo que iba a suceder con Jesús en los próximos treinta y tres años. Pero definitivamente sí iba a parecer y ser Dios, y sacudir todas las cosas.

Así que, Él siempre ha sido Dios, y siempre será Dios, y eso es verdad sin importar lo que vemos o sentimos o experimentamos. Me recuerda la historia de Juan el Bautista cuando estaba esperando en la cárcel. Juan conocía la importancia de la Divinidad.

Juan 3:27-28 dice,

«Respondió Juan y dijo: Un hombre no puede recibir nada si no le es dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos de que dije: “Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de Él”».

Juan era humano de pies a cabeza y lo sabía, y él no era Dios y quería asegurarse de que otras personas también lo supieran.

Él estaba diciendo: «Todo lo que tengo, desciende de Dios. Yo no soy Él. Ustedes necesitan estar buscando a Dios». Juan parecía entender esta tensión entre humanidad y deidad, y que las personas estaban buscando desesperadamente a un Salvador. Él entendía que algunas personas como que se confundían y pensaban, bueno, tal vez sea Juan.

Juan fue pronto para señalarles, «no, no. Solo soy un hombre. No soy Él. Necesitan seguir buscándolo. Todo lo que yo tengo viene de Dios». Él reconocía esta tensión entre humanidad y deidad.

Pero en Mateo 11, Juan ha sido encarcelado por Herodes. Él le estuvo hablando respecto a una relación en la que Herodes estaba involucrado, y a Herodes no le gustó eso, así es que lanzó a Juan en la cárcel. Juan estaba en la lista de muerte. Solo unos cuantos capítulos después, en el capítulo 14, Juan es decapitado.

Pero antes de eso, en Mateo 11, Juan está sentado en la celda de una cárcel, y probablemente sepa que está en la lista de los condenados a muerte. Él envía este mensaje a Jesús en Mateo 11:2:

«Cuando Juan estando en la cárcel oye de las obras de Cristo, mandó por medio de sus discípulos a decirle: ¿Eres tú el que ha de venir, o esperaremos a otro?»

Lo que realmente estaba diciendo es: «¿Eres Dios o solamente eres un hombre? Porque yo esperaría que si Dios estuviese aquí, mis circunstancias fueran un poco diferentes. Esperaría que Dios se manifestara y agitara un poco las cosas. No esperaría que cuando Dios se manifestara me estaría pudriendo en la celda de una cárcel, esperando a ser decapitado por un rey pagano».

Básicamente lo que Juan dijo, fue: «¿Eres Dios, o eres un hombre?» Le preocupaba que no podía empatar sus circunstancias con su comprensión de Jesús como Dios. Entonces, nuevamente, está la misma tensión: «Si Jesús es Dios, ¿por qué estoy aquí?» Pero Jesús era Dios.

Entre que Juan envió ese mensaje a Jesús hasta cuando fue decapitado, Jesús sanó al hombre de la mano seca; Él hizo que el ciego y mudo viera y hablara; Él enseñó del reino de Dios con parábolas; enseñó la parábola de la cizaña, de la semilla de mostaza; enseñó la parábola del tesoro escondido, la parábola de la perla de gran precio; Jesús podía enseñar acerca del reino de Dios, porque Él era Dios.

No me cabe la menor duda, de que las historias de sanidad y de sus enseñanzas radicales, encontraron camino hasta la cárcel donde estaba Juan. Había evidencia más que suficiente para que Juan pudiera irse a la tumba convencido de la divinidad de Jesús. «¡Él es Dios!» Jesús era Dios cuando Juan estaba sentado en la cárcel, y Jesús era Dios aunque no estuviera a la «altura» de las expectativas de lo que Dios sería en la tierra.

Es por eso que tener un encuentro cara a cara con la divinidad de Jesús es todo un evento de transformación. Tiene que haber un punto en que mires a Jesús como lo hizo Ana y como lo hizo Simeón, y digas, «Jesús, Tú eres Dios. Sé que no siempre se siente así, y mis circunstancias no siempre lo revelan así, pero creo en tu divinidad».

Cuando tomamos esa decisión veremos la divinidad de Jesús por todos lados. Será muy obvio para nosotras que Jesús es Dios, pero tenemos que ser guerreras como Ana, para poder verdaderamente reconocerlo. Recuerden que Ana era sencilla, tú ni siquiera la hubieras visto entre las multitudes. No era famosa; no era una maestra de la Biblia. Ella era simplemente una mujer que oraba y ayunaba, y oraba y ayunaba, y oraba y ayunaba, y buscaba al Señor… ella era una guerrera.

Por el tipo de guerrera que era, ella estaba vigilante. Ella estaba adorando. Ella estaba orando. Y es por ello que pudo ver a Dios como Él realmente era. Y cuando vivimos como lo hizo Ana, adorando constantemente, orando constantemente, buscándole constantemente, entonces podremos verlo por quien Él es. Y las buenas nuevas son que ¡Él es Dios!

Nancy: Erin, ¡muchas gracias! Hoy nos has hablado de uno de mis personajes favoritos en el Nuevo Testamento. ¡Cuánta riqueza hemos podido extraer de la vida de esta mujer! Estaba escuchando y pensaba, algunas de nosotras hemos crecido sabiendo que Jesús es Dios, pero en nuestra cultura de hoy, eso no se da por sentado.

Y hay muchas personas que piensan que Él era solamente un hombre, solo un buen hombre, un buen maestro. Y en verdad, si creemos que Él es Dios, eso es contracultural, ¿o no? Vamos a tener que ir contra la corriente.

Erin: Sí, es extremadamente contracultural. De hecho, las jóvenes han sido etiquetadas «la generación mosaico». Así que ellas podrían decir: «Sí, Jesús es Dios», pero también puede que crean que otros personajes históricos tienen un rol importante, o tienen cierta forma de divinidad. Son la generación mosaico porque acomodan muchas piezas de la verdad.

Hemos ministrado en Jamaica, y ahí hay rastafarianos que te dirán, «oh sí, Jesús es Dios, y también lo es el rey Selassie». Y te das cuenta de que realmente es una línea trazada en la arena.

O Jesús es Dios, y el único Dios, o no lo es. Si lo es, eso tiene tremendas reacciones en cadena en nuestra vida.

Nancy: Y esa precisamente es mi siguiente pregunta: ¿Por qué es tan importante, y qué diferencia hace realmente? Si ese pequeño bebé en el que pensamos en Navidad, y del que cantamos villancicos que creció hasta hacerse hombre, si Él realmente es Dios, ¿qué diferencia hace eso?

Erin: Bueno, si Él es Dios, Él está a cargo. Si tan solo se hubiera quedado bebé, creo que tal vez por eso nos gusta la historia de Navidad; es tan cálida y linda. Pero Él no se quedó como un bebé. Él avanzó hasta la cruz y luego a la resurrección, y ahora Él reina. Él está a cargo. No se trata de Jesús solo dándonos sentimientos cálidos. Se trata de ceder las riendas, porque Él es Dios. Él está a cargo, sea que lo sintamos así o no, o si nuestras circunstancias lo dicen o no.

Nancy: Bueno, y como resultado de que Él es Dios, Él es el Único que puede salvarnos de nuestros pecados. Por eso esto es tan importante. Pienso en las jóvenes que están creciendo en una cultura que no acepta la divinidad de Jesús; que Él es Divino y de manera única Él es Dios. Él es el único Dios. Si lo entiendes no solamente con la mente, sino que lo crees en tu corazón, esto cambiará tu vida.

Así que, muchas gracias, Erin, por llevarnos a la Palabra y apuntarnos hacia Jesús.

Muchas gracias de nuevo, y estamos ansiosas de oír de la siguiente mujer de este grupo de ocho mujeres que tuvieron un encuentro transformador con Jesús, y estas enseñanzas son parte del libro que escribió Erin para jóvenes que se titula, «Beautiful Encounters», que se encuentra disponible solamente en inglés. Asegúrense de acompañarnos en Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Hemos estado escuchando de Nancy DeMoss de Wolgemuth y de nuestra invitada, Erin Davis.

Hablando de encuentros, los días 27, 28 29 del mes de septiembre nos estaremos encontrando para la conferencia True Woman o Mujer Verdadera’18, en Indianápolis. Encuéntrate con miles de mujeres, y juntas escuchemos sólidas verdades bíblicas en las que podemos confiar.

Diariamente escuchamos tantos mensajes distintos, y ¿cómo saber en qué confiar? ¡Únete a nosotras para esta conferencia y conoce la verdad que te hace libre! Mantente informada al visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com.

La Biblia nos cuenta la historia de una mujer llamada, «mujer adúltera». ¡Qué etiqueta! Erin Davis nos hablará acerca de las etiquetas que tú y yo usamos, y acerca del hermoso encuentro que esa mujer tuvo con Jesús. Esto será el lunes, en la continuación de esta serie titulada, «Encuentros hermosos». ¡Te esperamos!

Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.