Aviva Nuestros Corazones Podcast

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El evangelio según Rut

Annamarie Sauter: ¿Te has visto como una pecadora? Entonces la salvación es para ti. Con nosotras Sugel Michelén.

Sugel Michelén: La salvación es para todo pecador que reconoce su pecado, humillado ante el trono de la gracia, viene arrepentido confiando únicamente en Cristo para el perdón de sus pecados. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Patricia de Saladín: A lo largo de los últimos días, el pastor Sugel Michelén nos ha estado ayudando a entender el rol que juega el libro de Rut en el cumplimiento de las promesas de Dios. Si te has perdido alguno de los programas anteriores en esta serie, quiero animarte a que lo escuches, que lo descargues o que lo leas. Puedes encontrar la serie completa en AvivaNuestrosCorazones.com.

Aquí está el pastor Sugel Michelén con la conclusión de la serie titulada, «Mujer Verdadera 365: Rut».

Sugel: El día de hoy estamos concluyendo esta breve serie de estudios en el libro de Rut. El propósito de este libro es mostrarnos el extraordinario amor de Dios por una humanidad rebelde, al cumplir su promesa de proveer un Redentor a través de seres humanos comunes y corrientes, como tú y como yo. Es por eso que la palabra redimir, comprar, adquirir, aparece unas 17 veces en el capítulo 4 del libro de Rut. La palabra redimir significa liberar mediante el pago de un rescate.

Decíamos la semana pasada, que si una familia en Israel caía en desgracia, podía vender o arrendar la tierra, pero no de manera permanente. Cada 50 años, en el año del jubileo, todas las tierras debían ser devueltas a sus dueños originales. Pero en el ínterin se le daba la oportunidad a un pariente cercano de la familia que había vendido, de volver a comprar la tierra y dársela al familiar pobre que había tenido que venderla.

Ese era un mecanismo legal provisto por Dios para preservar la heredad de cada familia en la tierra prometida, y evitar que los ricos se aprovecharan de los pobres y de las viudas; o que unos pocos acapararan mucha tierra. Nadie podía quedarse con la tierra de otro, a menos que el nombre familiar desapareciera por falta de un heredero. Es por eso que Dios también estableció en la ley, que si un hombre moría sin dejar descendencia, su hermano debía casarse con la viuda para dejarle un heredero legal a su hermano fallecido.

Y es alrededor de estas dos necesidades que gira la historia que se narra en el libro de Rut. En el capítulo 1, vemos que tanto Noemí como Rut, se han quedado viudas y ahora necesitaban un redentor, que no solo rescatara la heredad familiar, sino que también proveyera un heredero que preservara el nombre de la familia de Elimelec. En el capítulo 2 aparece una opción redentora en la persona de Booz. Así que en el capítulo 3, nos encontramos con Noemí dándole consejo a su nuera de que vaya donde Booz, y le pida formalmente que la redima.

Booz está de acuerdo con la propuesta pero otra vez hay un problema en el camino. Resulta que hay un pariente aún más cercano que tiene más derecho que él para redimir la propiedad y para casarse con Rut. Así que el capítulo concluye con la promesa de Booz de resolver ese asunto ese mismo día. Si el pariente cercano rehusaba redimir, Booz redimiría. Es el desenlace de esta historia, que es lo que veremos en el día de hoy al considerar el capítulo 4, que como hemos dicho ya, comienza con lo que parece una transacción comercial bastante ordinaria, pero que no es otra cosa que la providencia de Dios en movimiento para proveer un redentor. Aquí está mi primer punto, la provisión de un Redentor. Booz le ha prometido a Rut, «no te preocupes, yo resuelvo ese asunto hoy». Así que Booz se dirigió a la puerta de la ciudad en Belén. Era en la puerta de la ciudad donde se hacían los negocios, donde se resolvían los litigios. Versículo 1: «Booz subió a la puerta y allí se sentó, y cuando el pariente más cercano de quien Booz había hablado iba pasando, le dijo: “Oye, amigo, ven acá y siéntate”. Y él vino y se sentó. Y Booz tomó diez hombres de los ancianos de la ciudad (como testigos de la transacción), y les dijo: “Siéntense aquí”. Y ellos se sentaron».

El autor del libro de Rut identifica a este pariente usando la expresión hebrea peloni almoni, que lo que significa es, un fulano. Versículo 3: «Entonces dijo al pariente más cercano: “Noemí, que volvió de la tierra de Moab, tiene que vender la parte de la tierra que pertenecía a nuestro hermano Elimelec. Y pensé informarte, diciéndote: ‘Cómprala en presencia de los que están aquí sentados, y en presencia de los ancianos de mi pueblo. Si la vas a redimir, redímela; y si no, dímelo para que yo lo sepa; porque no hay otro aparte de ti que la redima, y yo después de ti’”. Él dijo: “La redimiré”. Entonces Booz dijo: “El día que compres el campo de manos de Noemí, también debes adquirir a Rut la moabita, viuda del difunto, a fin de conservar el nombre del difunto en su heredad”(hay que darle al difunto un heredero para que la tierra pase a él). Y el pariente más cercano respondió: “No puedo redimirla para mí mismo, no sea que perjudique mi heredad. Redímela para ti; usa tú mi derecho de redención, pues yo no puedo redimirla”» (vv.3-6).

Al introducir a Rut en la ecuación, una viuda joven que todavía puede tener hijos, al fulano ya no le parece una buena inversión porque según la ley del levirato ese hijo vendrá a ser el heredero legal de Elimelec y de Malón, y por lo tanto, en el año del jubileo todo lo que él comprara volvería a ser de la familia de Noemí. Así que fulano no parece estar pensando en términos de sus obligaciones como miembro de la comunidad del pacto que debía estar dispuesto a sacrificar lo suyo por el bien de una familia en necesidad. No, él está pensando como un hombre de negocios frío y calculador; así que este fulano le cede a Booz su derecho a redimir.

Así que Booz acaba de adquirir los derechos, no solamente de la propiedad sino también de casarse con Rut, y por si acaso, él quiere confirmar el asunto bien claro delante de los testigos. Versículo 9: «Entonces Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: “Ustedes son testigos hoy que he comprado de la mano de Noemí todo lo que pertenecía a Elimelec y todo lo que pertenecía a Quelión y a Mahlón. Además, he adquirido a Rut la moabita, la viuda de Mahlón, para que sea mi mujer (y noten las palabras de Booz) a fin de preservar el nombre del difunto en su heredad, para que el nombre del difunto no sea cortado de entre sus hermanos, ni del atrio de su lugar de nacimiento; ustedes son testigos hoy”».

Booz estuvo dispuesto a pagar el precio que fuera necesario para perpetuar el nombre y la heredad de Malón y del Elimelec. Si llegaba a tener un hijo con Rut, legalmente hablando, el hijo ya no sería suyo, sería de Malón. Booz actúa en esta historia como un verdadero redentor. Lo que nos lleva a nuestro segundo encabezado el significado de este acto Redentor. La ceremonia de compra concluye con unas palabras de bendición de parte de los testigos que están observando la escena. Una bendición que no se enfoca primariamente en Booz y en Rut. ¿Cuál es la bendición de los testigos? Versículo 11: «Y todo el pueblo que estaba en el atrio, y los ancianos, dijeron: “Somos testigos. Haga el Señor a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y que tú adquieras riquezas en Efrata y seas célebre en Belén.

Que sea la mujer como Raquel y Lea. Mis hermanos, no olviden que Rut estuvo casada con Malón por 10 años y nunca tuvieron hijos. Aparentemente Rut era estéril, no podía concebir. Pero ¿qué pasó? Versículo 12: «Además, sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por medio de la descendencia que el Señor te dará de esta joven. Booz tomó a Rut y ella fue su mujer, y se llegó a ella. Y el Señor hizo que concibiera, y ella dio a luz un hijo». 

Raquel y Lea fueron al mismo tiempo estériles y fructíferas porque Dios las hizo parir. «Sea vuestra casa como la casa de Raquel y de Lea, tan fructíferas fueron, que entre ellas y sus criadas pusieron el fundamento de la nación. Así que ahora estos hombres, los testigos, están tratando a Rut como una de esas matriarcas que jugaron un papel tan importante en la historia del pueblo de Dios.

Pero ¿notaron también que mencionan a Fares, el hijo de Tamar? ¿Y qué hace Fares ahí? ¿Por qué de repente traer esta historia? Esta historia que se narra en Génesis capítulo 38, es extremadamente importante en este contexto porque Tamar al igual que Rut, fue otra viuda indefensa a la que se le negó el cumplimiento de la ley del levirato. ¿Qué pasó con el fulano? No quiso casarse con Rut. ¿Qué pasó con Tamar? Que Onán no quiso dejarle hijos a su hermano y Judá tampoco quiso resolver el problema hasta que Tamar engaña a Judá y tiene un hijo con él llamado Fares.

Y resulta que este Fares es uno de los ancestros de Booz. Así que el hecho de traer esta historia a colación, resalta una vez más la actuación de Booz, que a diferencia de Onán y de Judá, abraza el levirato voluntariamente al tomar a Rut como su esposa. Booz está actuando aquí como un hombre de fe, al casarse con una viuda moabita, que para colmo de males no pudo tener hijos en diez años de matrimonio. Es un acto de fe porque Booz se está casando para dejar un heredero. ¿Qué heredero si esta mujer no puede tener hijos? 

Mi hermano, esta historia es acerca del establecimiento y la expansión del reino de Dios. ¿Quién era Fares? Era el hijo de Judá por medio del cual iba a venir la línea mesiánica. Eso fue lo que el fulano de esta historia no pudo ver en su egoísmo. Estaba demasiado preocupado por la edificación de su propio reino. Déjame hacerte una pregunta, ¿cuál es el reino que tú estás tratando de edificar? Porque si estás gastando tus energías y tus recursos en el engrandecimiento del limitado e intrascendente reino de tu propio ego, vas a terminar desperdiciando tu vida. «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia», dice el Señor en Mateo capítulo 6:34, «y todas estas cosas os serán añadidas». 

Booz no estaba preocupado por proteger su heredad y perpetuar su propio nombre, él estaba preocupado porque el nombre de su pariente no fuera cortado de sus hermanos y Dios mismo se encargó de engrandecer su nombre. ¿Saben por qué? Porque Dios ha prometido honrar a aquellos que lo honran. Vean una vez más el final del versículo 11. Dice: «Haga el Señor a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y que tú adquieras riquezas en Efrata y seas célebre en Belén».

Dios iba a hacer famoso a Booz. Versículo 14: «Entonces las mujeres dijeron a Noemí: “Bendito sea el Señor que no te ha dejado hoy sin redentor; que su nombre sea célebre en Israel. Que el niño también sea para ti restaurador de tu vida y sustentador de tu vejez; porque tu nuera, que te ama y que es de más valor para ti que siete hijos, lo ha dado a luz”». ¿Y saben cómo le llaman al niño? Tu redentor. El redentor no es Booz, el redentor es el niño. Dice: «Bendito sea el Señor que no te ha dejado hoy sin redentor, que su nombre sea célebre en Israel. Sea él también para ti restaurador de tu vida y sustentador de tu vejez; porque tu nuera que te ama y lo ha dado a luz» ¿A quién? Al redentor de Noemí.

«Entonces Noemí tomó al niño lo puso en su regazo y fue su nodriza». Fue como si fuera su propio hijo. ¿Se dan cuenta? Rut había decidido vivir también para un propósito más trascendente que el de ella misma, y su nombre quedó perpetuado para siempre no solo en esta historia sino también en la genealogía de Jesús. Rut le ha dado un heredero a Noemí, pero la importancia de este niño iba a trascender la vida de sus padres, la vida de su abuela –es a eso que ella se refiere al pedir que este muchacho, este niño sea célebre en todo Israel.

¿Y cómo iba a cumplirse este deseo de las mujeres? Versículo 17: «Las mujeres vecinas le dieron un nombre y dijeron: “Le ha nacido un hijo a Noemí”. Y lo llamaron Obed», que significa, el que sirve. Es un siervo. ¿Por qué lo llaman Obed? Porque este redentor que acaba de nacer iba a desempeñar su papel actuando como un siervo, en este caso, de su abuela Noemí, al ocuparse de ella en su vejez.

Pero tenían que pasar muchos años antes de que pudiera evidenciarse la importancia de este niño en la historia de la redención. Ya Noemí va a estar muerta, y Booz y Rut van a estar muertos. Mis hermanos, ni Booz, ni Rut, ni Noemí, ni los testigos habrían podido imaginarse que este niño iba a ser el abuelo del rey más importante en la historia de Israel. ¿Saben lo que eso nos enseña? Que nunca podremos ver en esta vida qué es lo que Dios está haciendo en nuestra vida. Muchas veces queremos ver de manera inmediata cuál es el propósito de Dios en lo que nos está pasando, y olvidamos que somos parte de un enorme tapiz que Dios está tejiendo en la historia.

Un tapiz que solo podemos ver en parte y por atrás. ¿Han visto las alfombras por la parte de atrás? Un hilo que viene por acá, otro por allá… Tú no sabes qué es lo que Dios está haciendo; porque el propósito de Dios con tu vida, va más allá de tu vida. Dios está haciendo algo. Algún día veremos el tapiz y diremos, «cuánta sabiduría tuvo Dios al guiar mis pasos. La pregunta es, ¿acaso no puedes –ahora que estás viendo ese pedacito del tapiz y por detrás– decir por fe, cuán sabio es Dios, yo no sé lo que Él está haciendo, pero sé que Él es bueno, que para siempre es Su misericordia, sé que Él es infinito en sabiduría.

David no solo habría de ser el rey más grande en la historia de Israel, sino que Dios le iba a prometer en 2 Samuel 7, edificar a partir de él una dinastía que nunca tendrá fin. Eso nos lleva a nuestro tercer encabezado, la esperanza futura de redención. Hemos visto la provisión del redentor, el significado de esta provisión, veamos ahora la esperanza futura de redención. El libro concluye con una genealogía: «Estas son las generaciones de Fares: Fares fue el padre de Hezrón, Hezrón el padre de Ram, Ram el padre de Aminadab, Aminadab el padre de Naasón, Naasón el padre de Salmón, Salmón el padre de Booz, Booz el padre de Obed, Obed el padre de Isaí e Isaí fue el padre de David».

Yo creo que esta es la parte más extraordinaria de todo el libro de Rut. El autor está trazando aquí la genealogía de David partiendo de Fares, el hijo que Tamar tuvo con Judá. Ahora, ya dijimos que esta historia entre Tamar y Judá, una historia rarísima, se narra en el capítulo 38 el libro del Génesis; a partir del capítulo 37, es decir, en el capítulo anterior, Moisés comienza a contarnos la historia de José, cuando de repente introduce esta historia tan retorcida del encuentro entre Judá y Tamar. Génesis 38 concluye con el nacimiento de Fares y en el capítulo 39, Moisés sigue contando la historia de José.

Y uno se pregunta, ¿y qué hace esa historia ahí? Porque Fares desaparece de la Biblia hasta que vuelve a ser mencionado en el libro de Rut como uno de los ancestros del rey David. Es entonces cuando nos damos cuenta que esta historia de Tamar estaba allí por la sencilla razón de que el Mesías no vendría de la tribu de José.

No, la línea mesiánica viene a través de la línea de Judá. Y esa línea mesiánica continúa precisamente a través de Fares. Mis hermanos, esa es una de las razones por las que encontramos tantas genealogías en la Biblia, porque la promesa de Dios de enviar un redentor se fue desarrollando en la historia a través de seres humanos reales, rastreables. Hombres y mujeres comunes y corrientes como tú y como yo. Dios había revelado que el Mesías iba provenir de la tribu de Judá, pero Él no había revelado de cuál de las líneas de esa tribu; hasta que llegamos a Rut y encontramos esta línea directa entre Judá y el rey David. Sin embargo cuando nosotros leemos la historia bíblica, nos damos cuenta que él tampoco era el tipo de rey que podría resolver el problema planteado en el libro de Jueces.

Resulta que él también necesitaba un redentor, lo mismo que nosotros, y Dios lo iba a proveer a través de un descendiente suyo que habría de venir cientos de años más tarde en la aldea de Belén, nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo. Es por eso que el Evangelio de Mateo comienza con una lista de nombres. «Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham». En Jesús se cumplen las promesas dadas a Abraham y a David. ¿Qué le prometió Dios a Abraham? «En ti serán benditas todas las familias de la tierra». ¿Qué le prometió Dios a David? Un rey que se sentaría en Su trono para siempre. Jesús es esa descendencia. Jesús es ese rey. Y eso es exactamente lo que Mateo quiere probarnos aquí.

«Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, y Esrom a Aram; Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón; Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, y Obed engendró a Isaí; Isaí engendró al rey David. ¿Se dan cuenta por qué titulamos este mensaje el evangelio según Rut? Porque el Evangelio según Mateo comienza como el libro de Rut termina. Aunque con una sola diferencia, que Mateo incluye en su genealogía los nombres de Tamar, Raab y Rut.

Tamar era cananea, Raab, una ramera de Jericó, Rut, una moabita. Mis hermanos, era necesario que por las venas de Jesús corriera sangre Cananea y corriera sangre moabita; porque Él vino a cumplir la promesa que Dios le dio a Abraham, de que en él serían benditas todas las familias de la tierra y es ahora cuando entendemos que todas las calamidades de la familia del Elimelec, sucedieron en la providencia de Dios, para que la sangre que iba a teñir la cruz del calvario fuera al mismo tiempo judía, cananea y moabita, para que supiéramos que la salvación es por gracia y que era para todos.

Dice en el capítulo 5 del libro de Apocalipsis que los habitantes del cielo cantan en la presencia del Cordero: «Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos porque tú fuiste inmolado y con tu sangre nos has redimido para Dios de todo linaje y lengua y pueblo y nación». Nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo es el rey que tú y yo necesitamos. Un Rey que se hace siervo como Obed para pagar nuestras deudas por la justicia de Dios. En el día del juicio nadie tendrá excusas porque Dios se encargó de dejarnos en Su Palabra todas las pistas necesarias para que sepamos que Jesús es el Redentor que fue prometido en el huerto del Edén. Porque toda la historia bíblica apunta hacia Él. Dios se encargó de dejar en Su Palabra demasiadas pistas para que cuando ese niño naciera en Belén, en la ciudad de David, de dos descendientes del rey David y de la tribu de Judá, no hubiera duda ninguna que ese era el Redentor.

Amigo, tú también necesitas ser rescatado de la esclavitud y la condenación del pecado y solo hay uno que cumple con las condiciones necesarias para redimirte. La segunda persona de la Trinidad que por amor a pecadores asumió una naturaleza humana semejante en todo a la nuestra pero sin pecado para morir en nuestro lugar en la cruz del calvario. La salvación es para todo pecador que reconoce su pecado, humillado ante el trono de la gracia; que viene arrepentido confiando únicamente en Cristo para el perdón de sus pecados. En ningún otro hay salvación dice la Biblia, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres en que podamos ser salvos.

Patricia: Y tú, ¿te has arrepentido de tu pecado y has visto a Cristo como tu Redentor? O quizás lo has hecho pero has estado tan enfocada en edificar tu propio reino que no estás buscando el reino de Dios. El pastor Sugel Michelén te ha estado animando a meditar en esto en la medida en que nos muestra la maravilla del evangelio de nuestro Salvador Jesús. 

Este es el cuarto de una serie de sermones que él predicó sobre el libro de Rut. Los hemos transmitido esta semana como parte de unas series que acompañan nuestro Reto de lectura de la Biblia en un año. Si no te has unido a los cientos, o miles de mujeres que lo estamos haciendo, busca información en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, y únete hoy; no dejes pasar un día más.

Y te animo a que a la luz de lo que has escuchado en esta serie de programas, reflexiones acerca de la forma en que estás viviendo. Nos rodean circunstancias complejas, y hay muchas cosas que nos pueden hacer perder la esperanza, pero Dios es Rey soberano sobre toda la historia. Cada día de tu vida está en Sus manos; eres parte de una Gran Historia, en realidad tu vida no se trata de ti, se trata del tapiz de la redención que Dios está tejiendo. 

Annamarie: Nuestras vidas están llenas de demandas y presiones, y eso nos lleva a sentirnos insuficientes y cansadas. En nuestro próximo programa, Patricia de Saladín nos ayudará a ver la suficiencia de Cristo y cómo es posible recibir Su fortaleza en y a través de nuestra debilidad. Acompáñanos para este próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Ayudándote a contemplar la belleza del evangelio, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

La lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es 1 Samuel capítulos 1 al 3.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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Sobre el maestro

Sugel Michelén

Sugel Michelén

Sugel Michelén ha sido pastor en la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.

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