Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Una arriesgada propuesta matrimonial

Annamarie Sauter: Con nosotras Sugel Michelén.

Sugel Michelén: Todos nosotros somos esa moabita gentil en necesidad, estamos en una situación miserable por causa de nuestros pecados, somos esclavos de nuestras pasiones y deseos y no podemos rescatarnos a nosotros mismos. Necesitábamos un pariente que pagara el precio. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Patricia de Saladín: En los últimos programas has estado escuchando una serie de sermones del pastor Sugel Michelén acerca del libro de Rut. Los estamos transmitiendo a la luz del Reto Mujer Verdadera 365, que estamos llevando a cabo este año como parte de lo que todas queremos, que es profundizar un poco más en las Escrituras. La lectura bíblica para hoy en nuestro reto es precisamente el libro de Rut.

Aquí está el pastor Sugel Michelén con la continuación de su enseñanza.

Sugel: Aunque los personajes de este libro no podían saberlo en ese momento, Noemí, Rut y Booz, el encuentro providencial entre Rut y Booz en uno de los campos de Belén, habría de cambiar la historia del mundo para siempre. Pero como veremos en el día de hoy, nuestro Dios suele moverse por senderos misteriosos.

Dejamos a Rut viviendo en casa de la suegra luego de haber concluido la cosecha de la cebada y el trigo. Booz ha manifestado una bondad inusual hacia Rut, que nos deja entrever que hay algo de interés en este hombre por esta mujer. Pero pasan los tres meses de la cosecha y Booz no da ningún paso concreto. El asunto es que Noemí parece que se está desesperando.

Así que ella planifica una arriesgada estrategia. Veamos los versículos 1 al 5: «Después (de la siega) su suegra Noemí le dijo: “Hija mía, ¿no he de buscar seguridad para ti, para que te vaya bien? Ahora pues, ¿no es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas estabas? Mira, él va a aventar cebada en la era esta noche. Lávate, pues, perfúmate y ponte tu mejor vestido y baja a la era; pero no te des a conocer al hombre hasta que haya acabado de comer y beber. Y sucederá que cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta; irás, descubrirás sus pies y te acostarás; entonces él te dirá lo que debes hacer”. Ella respondió: “Todo lo que me dices, haré”».

Lo que Noemí le está diciendo a Rut es raro. Ella le está diciendo a su nuera, «vístete bien, perfumate y ve de noche y acuéstate a los pies de Booz, después que haya comido y bebido». Definitivamente era un plan sumamente arriesgado. 

Ahora, antes de pasar juicio sobre la estrategia de Noemí, debemos entender que lo que ella le está pidiendo a Rut no es que vaya a la era a seducir a Booz; lo que ella le está pidiendo es que vaya a proponerle a Booz que la redima. Esa es la propuesta. En los días del Antiguo Testamento no existía la seguridad social. Es por eso que Dios proveyó un mecanismo legal para preservar tanto el linaje como la propiedad de la familia, dos de los elementos del pacto que Dios había hecho con Abraham.

Dios había dicho explícitamente en el Antiguo Testamento que Él era el propietario final de toda la tierra. Dios es el dueño de toda la tierra. Si tú tienes un campito, Dios es el dueño de toda la tierra. Pero Él había repartido la tierra de Canaán entre las familias de Israel para que ellos la pusieran a producir –tanto para su propio sostén como para ayudar a los necesitados– de manera que los israelitas debían verse a sí mismos simplemente como mayordomos de los bienes de Dios. Ahora bien, si una familia caía en desgracia y no podía poner a producir la tierra, ellos podían vender o arrendar parte de su posesión, pero nadie podía adquirir de manera permanente la propiedad de otra familia.

Yo la puedo vender por un tiempo, la puedo arrendar, pero en el año del jubileo –cada 50 años– todas las tierras volvían a sus dueños originales. Pero también Dios había provisto el mecanismo de que un pariente cercano podía actuar como el redentor de esta familia que había caído en desgracia. Este pariente cercano podía, antes del año del jubileo, volver a comprar la posesión de la tierra que esta persona o esta familia había puesto en venta o en arrendamiento.

Por eso era tan importante la preservación del linaje familiar; o sea que el pedazo de tierra que Dios le había dado a la familia, tenía que quedarse en la familia –a menos que esa familia desapareciera– y por eso era importante procurar un linaje familiar, un heredero. 

Dice en levítico capítulo 25 versículo 23: «Además, la tierra no se venderá en forma permanente, pues la tierra es Mía; porque ustedes son solo extranjeros y peregrinos para conmigo. Así que en toda tierra que ustedes tengan en propiedad, proveerán para que la tierra pueda ser redimida. Si uno de tus hermanos llega a ser tan pobre que tiene que vender parte de su posesión, su pariente más cercano vendrá y redimirá lo que su hermano haya vendido».

¿Se dan cuenta? Este era uno de los mecanismos provistos por Dios en la ley para la defensa del más débil y para que cada familia de Israel pudiera preservar la heredad que Dios le había otorgado en la tierra prometida. Los miembros del clan familiar debían redimir la propiedad de aquellos que habían caído en desgracia. De manera que el redentor debía cumplir dos requisitos básicos: ser un pariente cercano y tener los medios necesarios para adquirir de vuelta la propiedad que su pariente había tenido que vender o arrendar.

En cuanto a la preservación del linaje familiar, la ley también establecía –como vimos en un mensaje anterior– que si un hombre moría sin dejar descendencia, el hermano debía casarse con la viuda para dejarle un heredero al hermano fallecido. Eso es lo que se conoce como la ley del levirato, de la palabra latina levir que significa cuñado. Cuando muere Elimelec, el esposo de Noemí, automáticamente su hijo Malón, el esposo de Rut, se convierte en su heredero. Pero Malón muere también.

Así que ahora las dos viudas, Noemí y Rut, necesitaban un pariente cercano que redimiera la propiedad de Elimelec, pero también necesitaban un heredero que preservara el nombre de la familia. En otras palabras, ellas necesitaban un redentor. Es por eso que Noemí se emociona cuando se entera, que de una forma casualmente casual, Rut se va a espigar a los campos de Belén y llega precisamente al campo de Booz. Esa emoción de Noemí es porque él era un pariente cercano de su marido. Así que si bien es cierto que la estrategia de Noemí fue muy arriesgada, al menos podemos decir dos cosas a favor de Noemí. La primera es que ella estaba procediendo dentro de los parámetros establecidos por Dios en Su ley. Noemí amaba a Rut; como dice el versículo 1: «¿no he de buscar seguridad para ti, para que te vaya bien?» Ella amaba a Rut, y fue con eso en mente que ella armó todo este plan, amparándose en lo que Dios había establecido en la ley. Lo que ella le estaba recomendando a Rut es que fuera a la era a pedirle a Booz formalmente que la redimiera.

Por otra parte, podemos decir a favor de Noemí, que su confianza en la soberanía de Dios no fue un impedimento para que ella decidiera actuar. Es evidente en todo el libro, que si algo tenía claro Noemí en su teología, es que Dios decreta y gobierna todas las cosas; pero en vez de llegar a ser una espectadora pasiva, esa convicción la movió a hacer algo. ¿Qué dice Daniel capítulo 11 versículo 32? «El pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará». Lo que estoy tratando de decir es que no debemos excusarnos en la soberanía de Dios para dejar de hacer lo que nosotros debemos hacer que es nuestra responsabilidad.

Eso nos lleva a nuestro segundo encabezado. Ya vimos la estrategia de Noemí, veamos ahora la actuación de Rut. Versículo 6: «Descendió, pues, Rut a la era e hizo todo lo que su suegra le había mandado. Cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estaba contento, fue a acostarse al pie del montón de grano; y ella vino calladamente, le destapó los pies y se acostó. A medianoche Booz se sorprendió, y al voltearse notó que una mujer estaba acostada a sus pies. Booz le preguntó: “¿Quién eres?”. Y ella respondió: “Soy Rut, su sierva. Extienda, pues, su manto sobre su sierva, por cuanto es pariente cercano”». 

Los hombres solían dormir entre los montones de granos para protegerlos para que no los robaran. Así que Rut llega en plena noche y se queda escondida en la oscuridad; observa bien donde se acuesta Booz, sigilosamente se acerca de noche y le descubre los pies y se acuesta allí. Booz se despierta y se da cuenta que hay una mujer acostada a sus pies pero él todavía no puede percibir quién es. Así que le pregunta, «¿quién eres?» Y escuchen la respuesta de Rut, «soy Rut, tu sierva, extiende pues tu manto sobre tu sierva por cuanto eres pariente cercano». 

En el capítulo 16 del libro de Ezequiel, Dios usa un lenguaje similar cuando toma a Israel como Su esposa. Dice en el versículo 8 de Ezequiel 16: «…extendí Mi manto sobre ti y cubrí tu desnudez. Te hice juramento y entré en pacto contigo, y fuiste Mía, declara el Señor Dios». 

Bueno, eso es precisamente lo que Rut le está pidiendo a Booz aquí, cásate conmigo. Porque debido a tu parentesco con Elimelec, estás en la capacidad de preservar su linaje; por eso es que le dice, «tú eres pariente cercano». Y eso nos lleva a nuestro tercer encabezado la respuesta de Booz. Versículo 10: «Entonces él dijo: “Bendita seas del Señor, hija mía. Has hecho tu última bondad mejor que la primera, al no ir en pos de los jóvenes, ya sean pobres o ricos”».

Qué respuesta tan llena de gracia. Vean una vez más el versículo 10: «Bendita seas del Señor, hija mía. Has hecho tu última bondad mejor que la primera»; ¿tu última bondad a favor de quién? ¿De qué está hablando Booz? ¿De quién ha tenido Rut bondad desde el principio de esta historia? De su suegra Noemí. Lo que Booz le está diciendo es, «hija mía, si yo te alabé cuando te conocí porque he oido lo que tú has hecho a favor de tu suegra, tú te has crecido delante de mis ojos porque tú habrías podido aceptar la propuesta matrimonial de cualquier hombre joven de Belén. Pero has preferido acogerte a lo estipulado en la ley para procurarle una descendencia a Noemí y preservar el nombre del Elimelec». 

Booz está sorprendido por la virtud de Rut. Noten lo que dice el versículo 11: «Ahora, hija mía, no temas. Haré por ti todo lo que me pidas, pues todo mi pueblo en la ciudad sabe que eres una mujer virtuosa». La palabra virtuosa que Booz está usando aquí es la que se usa en proverbios 31 para hablar de la mujer virtuosa. Mis amados hermanos, no podemos poner en duda ni la integridad de Booz ni la piedad de Rut. Pero Booz no solo respetó la pureza de Rut sino que al mismo tiempo decidió cumplir al pie de la letra lo que la ley establecía. 

Versículo 12: «Ahora bien, es verdad que soy pariente cercano, pero hay un pariente más cercano que yo». Booz sabía que había otro pariente más cercano y por lo tanto él no iba a hacer absolutamente nada hasta que ese pariente renunciara a sus derechos. ¡Qué integridad! Booz está dispuesto a obedecer a Dios y dejar en Sus manos los resultados. 

Versículo 13: «Quédate esta noche, y cuando venga la mañana, si él quiere redimirte, bien, que te redima. Pero si no quiere redimirte entonces, como que el Señor vive, yo te redimiré». Este era un hombre. Booz le promete, «no te preocupes hija mía, el asunto lo resuelvo hoy mismo y temprano». Por eso es que en el versículo 18, Noemí le dice, «espera hija mía, porque el hombre no descansará hasta que lo haya arreglado hoy». Queridos solteros, y hablo a los varones que se encuentran aquí. Nosotros debemos ser diligentes en todas las áreas de nuestra vida, incluyendo el hecho de buscar esposa cuando estamos en edad de buscar esposa.

Booz quiso hacer las cosas dentro de los límites de la voluntad revelada de Dios, pero dentro de ese lindero él hizo diligentemente lo que tenía que hacer. Nosotros vemos en la historia que Booz comenzó a proteger a Rut desde esa misma noche. Primero protegió su pureza, no la tocó. Pero por otro lado también protegió su reputación. ¿Se dieron cuenta en el versículo 14? «Que no se sepa que ha venido mujer a la era».

Te vas a ir a una hora prudente, que nadie te vea, protegió su reputación. Y una vez más proveyó materialmente para el sustento de ella y de Noemí. Versículo 15: «“Dame el manto que tienes puesto y sujétalo”. Y ella lo sujetó, y él midió seis porciones de cebada». Eso era provisión como para dos semanas, eran como 60 libras de cebada. Y me encanta el detalle; dice, «y se las puso encima». En cierto modo yo pienso que Booz cumplió las palabras de Efesios 5:25, cientos de años antes de que Pablo las escribiera. «Maridos, amad a vuestras mujeres así como Cristo amó a la iglesia, se entregó a sí mismo por ella para santificarla». Y luego dice, «porque nadie aborreció jamás a su propia carne sino que la sustenta y la cuida como también Cristo a la iglesia». 

Eso es lo que Booz está haciendo con Rut. Jóvenes, el amor, el verdadero amor, se manifiesta en la pureza, el respeto y la protección.Chicas, no se dejen manipular cuando su novio les dice que si no se acuestan con él antes del matrimonio no lo aman. Eso es manipulación. Eso no es verdadero amor. El verdadero amor protege, respeta, conserva la pureza. 

Booz protegió a Rut porque realmente la amaba. Y lo que es más sorprendente, Booz desde ya estaba cuidando a Noemí. Vean el versículo 16: «Cuando llegó a donde estaba su suegra, esta le preguntó: “¿Cómo te fue, hija mía?”. Y Rut le contó todo lo que Booz había hecho por ella. Y añadió: “Me dio estas seis porciones de cebada, pues dijo: ‘No vayas a tu suegra con las manos vacías’”». Interesante, ¿qué fue lo que dijo Noemí cuando llegó a Belén? Dijo, «yo me fui llena pero he vuelto vacía». Y ahora Booz está usando exactamente la misma expresión.

Yo creo que Dios está tratando con el alma de esta mujer. «Yo volví vacía», en el capítulo 1 volvió con Rut y en el capítulo 2 llega a la casa con 30 libras de cebada; en el capítulo 3, Rut llega la casa como con 60 libras de cebada y un hombre que le ha prometido: «No te preocupes yo resuelvo eso hoy». Vacía. Dios estaba lidiando con el alma de esta mujer. Y miren el impacto que tiene esto en Noemí, versículo 18: «Entonces Noemí dijo: “Espera, hija mía, hasta que sepas cómo se resolverá el asunto; porque este hombre no descansará hasta que lo haya arreglado hoy mismo”».

Permítanme compartir algunas lecciones que aprendemos de este capítulo. La primera es que aunque muchas veces cosechamos las consecuencias de nuestras malas decisiones, nuestras imprudencias nunca van a frenar el plan de Dios. La extraordinaria sabiduría de Dios es como él lleva a cabo Sus planes para la gloria de Su nombre y para el bien de Su pueblo, a pesar de nuestras malas decisiones.

Y, por si acaso, eso no quiere decir que ahora vamos a actuar alocadamente confiando en que Dios enderezará las cosas al final de cuentas, porque lo cierto es que vamos a cosechar los resultados de nuestra necedad. Sin embargo, es muy consolador saber que cuando estemos en la gloria y miremos hacia atrás veremos que nuestras estrategias no escaparon del control soberano de nuestro Dios, y que en una forma misteriosa, Él las usó para llevar a cabo Su plan, a pesar de nosotros.

¡Qué Dios tan sabio! Lo segundo que aprendemos de esta historia, es que Dios quiere que Su pueblo redimido actúe como una comunidad de redención. ¿Por qué esta ley del redentor para que los miembros de la familia se cuiden entre sí? ¿Por qué tantas leyes en la ley de Moisés para alcanzar incluso a los extranjeros que venían a refugiarse en medio de ellos? Los israelitas debían tener misericordia del pobre, de la viuda, del desamparado, del extranjero, así como Dios tuvo misericordia de ellos rescatándolos de la opresión de Faraón en Egipto y llevándolos a una tierra que fluye leche y miel.

Lo sorprendente es que cuando vamos al Nuevo Testamento, nos damos cuenta que muchas de estas leyes tienen su contraparte en el nuevo pacto. 1 Timoteo capítulo 5: –por poner un ejemplo– escuchen esto: «Honra a las viudas que en verdad son viudas. Pero si alguna viuda tiene hijos o nietos (o sea que la iglesia debe cuidar a las viudas, pero si alguna viuda tiene hijos, que no se cargue a la iglesia), que aprendan estos primero a mostrar piedad para con su propia familia y a recompensar a sus padres, porque esto es agradable delante de Dios. (¿No es el mismo principio?) 

Versículo 8: «Pero si alguien no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo». ¿Se dan cuenta? Nosotros debemos mostrar el carácter misericordioso y bondadoso de Dios siendo misericordiosos y bondadosos con aquellos que padecen necesidad. Pero lo más sorprendente de esta historia es que nos lleva a mirar hacia adelante hacia un acto de redención infinitamente más sublime y más trascendental. 

La redención tenía un costo para el redentor, porque él debía comprar de vuelta lo que su pariente cercano había perdido. Se trata de un rescate en el que el redentor tiene que perder algo para recobrar algo por el bien de otro, es un acto de bondad. Pero cuando vemos la bondad de Booz en acción, protegiendo y proveyendo para una moabita en necesidad, debemos ver allí un ínfimo e imperfecto reflejo de la bondad de Dios en Cristo, que nos libró de la opresión y de la condenación del pecado al precio de Su bendita sangre.

Todos nosotros somos esa moabita gentil en necesidad. Estamos en una situación miserable por causa de nuestros pecados. Somos esclavos de nuestras pasiones y deseos y no podemos rescatarnos a nosotros mismos. Necesitábamos un pariente que pagara el precio. No en balde dice en el capítulo 2 de la carta a los Hebreos que Jesús no se avergüenza de llamarnos…¿qué? Hermanos. Jesucristo tuvo que hacerse hombre, tuvo que asumir nuestra naturaleza para poder actuar como nuestro Redentor. En ese mismo capítulo 2 de la carta a los Hebreos, dice en el versículo 17, que Él «tenía que ser hecho semejante a Sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote para hacer propiciación por los pecados del pueblo». 

Nuestro Señor Jesucristo se hizo como uno de nosotros para poder pagar el precio de nuestra redención y ahora escuchen, «y así poder perpetuar nuestro nombre y darnos una heredad eterna en los nuevos cielos y la nueva tierra. Qué bendito Redentor tenemos en Cristo. Jesucristo se hizo como uno de nosotros para poder morir en la cruz, pagar el precio del rescate y librarnos de la condenación y la esclavitud. Pero si ese no es tu caso, mi amigo, si no puedes decir con certeza que Jesús es tu Redentor, yo te invito a que vengas hoy al trono de la gracia arrepentido de tus pecados y confiando únicamente en Su obra de redención. Yo te invito por medio de la Palabra de Dios a que vengas por la fe a refugiarte bajo la sombra de las alas de ese Redentor.

Patricia: Has estado escuchando el tercer sermón, en una serie de cuatro sermones sobre el libro de Rut, por el pastor Sugel Michelén. Espero que puedas reflexionar en las lecciones que él ha compartido con nosotras y que tus ojos sean abiertos para ver a Jesús como el glorioso Redentor que es.

Si te perdiste alguno de los programas anteriores en esta serie, encuéntralo en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también tenemos disponibles para ti las transcripciones de estos programas, de modo que puedas tomar notas y aun repasar lo que has escuchado.

Mañana estaremos viendo la conclusión de esta serie de mensajes del pastor Michelén así que asegúrate de acompañarnos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Ayudándote a contemplar la belleza del evangelio, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Sugel Michelén

Sugel Michelén

Sugel Michelén ha sido pastor en la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.

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