Aviva Nuestros Corazones Podcast

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Temporada:  Unción divina | 0

Annamarie Sauter: Si estás confiando en tus habilidades naturales entonces no estás confiando en algo lo suficientemente fuerte.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Estoy convencida de que hemos inoculado personas en contra de la verdad, en contra de que la verdad penetre sus corazones porque hemos colocado sobre ellas capas y capas de contenido, pero no los hemos llamado al arrepentimiento ni a creer y obedecer el evangelio, no los hemos exhortado a obedecer y esto toma tiempo.

El mundo y la iglesia no necesitan ver lo que nosotros podemos hacer. Ellos ya han visto lo que somos capaces de hacer; necesitan ver lo que solo Dios puede hacer.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Para servir de manera efectiva a los que te rodean y edificar el reino de Dios, necesitas una vida ungida. Dios obra en ti por medio de Su Palabra y entonces obra a través de ti en la medida en que vives y proclamas el evangelio de Jesús. Nancy nos habló acerca de esto ayer, en la primera parte de la enseñanza titulada, Unción divina.

Nancy compartió este mensaje por primera vez con un grupo de mujeres líderes de ministerio, y sé que también será de edificación para ti. Hoy retomamos la enseñanza en el segundo punto: para poder ministrar de manera efectiva necesitas tener unos labios ungidos. 

Nancy: Si tuviésemos labios ungidos, estaríamos señalándoles intencionalmente a los demás de manera constante, consciente y sincesar a Cristo y la cruz. Todo se trata de Jesús. De esto se trata el evangelio. 

Pablo dijo: «Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús» (2 Corintios 4:5). «Pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y a éste crucificado» (1 Corintios 2:2). «Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego» (Romanos 1:16). «Yo soy el Alfa y la Omega—dice el Señor Dios—el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso» (Apocalipsis 1:8) Y de principio a fin toda la Escritura apunta hacia Cristo.

Antes de empezar mi programa radial diario, tenía alrededor de quince mensajes. Tuve un ministerio itinerante de mujeres por alrededor de quince años y luego empezamos con este asunto de tener un programa de radio diario, y me di cuenta que había mucho de las Escrituras que debía ser enseñado. Ha sido un gozo el empezar a extraer más de todo el consejo de Dios y proclamarlo a la vida de las mujeres. El gozo, y a la vez el reto más grande de mi ministerio hacia las mujeres, es encontrar a Cristo en todas las partes de las Escrituras.

Siempre lo estoy buscando a Él, buscando el evangelio. Y es emocionante para mí encontrarme continuamente con Cristo en las Escrituras, y ser capaz de mostrarlo a Él, mostrar Su evangelio en cualquier cosa que esté enseñando.

Hoy no se necesita ningún mensaje nuevo. Es la misma antigua historia. Me gusta contar la vieja, la antigua historia de Jesús y de Su amor, y no me canso de contarla. Por toda la eternidad estaremos cantando, contando y adorando al Cristo crucificado, al Cordero que fue inmolado antes de la fundación del mundo. Esa es la verdad. Ese es el evangelio. Jesús dijo que si levantamos a Cristo, entonces Él atraería a toda la humanidad a Él mismo (ver Juan 12:32).

Si tenemos labios ungidos nos comunicaremos con fervor, seriedad y convicción. Si no creemos que lo que estamos diciendo es crucial, ¿por qué habrían de creerlo los que nos escuchan? Al escuchar la enseñanza y la proclamación de la Palabra, a menudo me pregunto: ¿Dónde está la pasión?

Dice Marcos capítulo 1: «Y se admiraban de su enseñanza, (de la enseñanza de Jesús) porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas» (Mar 1:22). Si alguien habla, debería hacerlo como uno que habla las mismas palabras de Dios.

«Por tanto, conociendo el temor del Señor», dijo Pablo, «persuadimos a los hombres… Pues el amor de Cristo nos apremia» (2 Corintios 5:11 y 14). «Les imploramos en nombre de Cristo que se reconcilien con Dios».

El apóstol Pablo no estaba interesado en tan solo darle más información a las personas. Les estaba rogando, suplicando que se reconciliaran con Dios.

Pablo les dijo: «Hijitos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros» (Gálatas 4:19). Vemos ambas cosas, seriedad y convicción.

Entonces, mientras lo hacemos de esa forma, Dios nos llama a confrontar el corazón y la voluntad—los corazones y las voluntades de los que nos escuchan. Porque elobjetivo es la transformación, no tan solo la información. No queremos que los que nos escuchan simplemente conozcan más acerca de Dios; queremos que ese conocimiento transforme la manera en que viven.

En el Nuevo Testamento podemos ver ese elemento de convicción. Se compungieron de corazón después que Pedro predicó en el Día de Pentecostés. La prédica de Esteban penetró sus corazones. ¿Cuánto de esto vemos hoy en día, personas siendo convencidas de pecado, afligidas por la convicción?

Siempre encontramos esto en la historia del avivamiento… Ese sentido sobrecogedor de la presencia de Dios, esa convicción de pecado que nos humilla.

Sé que esta es una obra del Espíritu, y nosotros no podemos fabricarla. Pero creo que es sumamente importante y por eso en mis enseñanzas estoy tratando de incluir una proclamación que incluya la exposición de la Palabra de Dios. Si la Palabra de Dios no está ahí no hay poder—una ilustración extraída de las Escrituras, una aplicación, aplicación práctica, y luego la confrontación de la voluntad.

A menudo en mis notas para el programa de radio escribo dos letras, AP—aplicación personal, o escribo: P—personalízalo. Es un recordatorio que pongo en mis notas para pasar de la información y llegar a los corazones de esas mujeres. Personalízalo; hazlo personal para ellas. Haz preguntas que traigan convicción a la conciencia —preguntas de autoexamen para que no puedan dejar de pensar acerca de lo que van a hacer al respecto. Así que les pregunto: «¿De qué manera está alineada tu vida con esta verdad que estoy enseñando? ¿Qué vas a hacer con relación a lo que acabas de oír?»

Oswald Chambers dice:

Lo que el mundo necesita no es un poco de amor, sino una operación quirúrgica. El llamado de un obrero del Nuevo Testamento es develar el pecado y revelar a Jesucristo como Salvador. Debemos sondear tan profundo como Dios lo ha hecho con nosotros, y con agudeza y sensibilidad llevar esas verdades directo a casa, aplicándolas sin ningún temor.

Esto significa tener la disposición de:

  • Hablar la verdad aún cuando no sea agradable
  • Hablar la verdad aún cuando haya resistencia
  • Hablar la verdad aún cuando implique un mensaje de advertencia o de juicio
  • Ser libres del temor a los hombres o del amor por la alabanza de los hombres
  • Ser libres de la necesidad de aprobación de las personas a las que estamos hablando

Cuando empecé el programa de radio una de las cosas que el Señor me ayudó a establecer en mi corazón, fue esa conciencia de que no iba a hablar por un salario, o para obtener un índice de audiencia, o para salir en un gran número de estaciones—no que esto no haya sido un reto para mí. Pero me propuse, con Su ayuda y por la gracia de Dios, hablar la verdad, la Palabra de Dios y la sabiduría de Dios, sin importar a quién le molestara o cuán políticamente incorrecto fuera lo que debía a decir. Deseo hacerlo con gracia, y de manera agradable, pero quiero hablar la verdad. No puedo dejarme intimidar por la reacción o por la indiferencia de las personas. 

Antes de salir al aire le dije al Señor: «Si servirte y ser fiel a Tu llamado significa que nuestro ministerio radial no va a durar mucho, entonces me apunto para eso. Dios, ayúdanos a llevarlo directo al corazón».

Y entonces al final, solicitar, esperar una respuesta de parte de los oyentes. No dejarlos con la enseñanza y la predicación solamente. Recordar que no se trata tan solo de dar información, sino de transformación. Cada vez que somos expuestos a la Palabra de Dios se requiere una respuesta personal. Si no lo hacemos, dice Santiago que seremos como la persona engañada que mira su rostro en un espejo, y se va y dice: «Oh, eso no se ve muy bien», pero no hace nada al respecto (Santiago 1:23-24).

Estoy convencida de que hemos inoculado personas en contra de la verdad, en contra de que la verdad penetre sus corazones, porque hemos colocado sobre ellas capas y capas de contenido, pero no los hemos llamado al arrepentimiento ni a creer y obedecer el evangelio; no los hemos exhortado a obedecer. Y esto toma tiempo.

Recientemente leí acerca de una iglesia que empezó un servicio nuevo de treinta minutos como un complemento a sus otros servicios. Su sitio de internet promueve los servicios y dice: «¿Tienes más cosas en tu lista de cosas por hacer que el tiempo para hacerlo? ¿Necesitas arrancar tu semana con el enfoque energizante de conectarte con Dios? Pues ven a nuestro servicio de treinta minutos. Su lema es: «Entra, sal y echa raíces».

Ahora, con todo el respeto, solo digo que uno no entra y sale y echa raíces. Toma tiempo para que los corazones de las personas se afirmen en la Palabra de Dios. Es semejante a llegar a la sala de parto con nueve meses de embarazo y una dilatación de seis centímetros…lo que sea—no sé, porque nunca he dado a luz— y decir, «rápido, sáquenme de aquí!»

Quizás tú has dicho esto o lo has estado pensado, pero se requiere de un proceso. Lo que está sucediendo es que se está abortando el proceso del parto. Me temo que esto es lo que está sucediendo en nuestro ministerio—se necesita tiempo para preparar el corazón, para proclamar, para responder.

Y luego, debemos buscar intencionalmente y depender del poder del Espíritu Santo. De manera consciente busca y depende del poder del Espíritu Santo, pidiéndole a Dios, «por favor Dios, dame aceite fresco».

Me carga el corazón ver en tantos de nuestros círculos teológicamente ortodoxos…y deseo decir esto con mucho cuidado. No quiero generalizar porque sé que hay excepciones maravillosas. Pero en muchos de nuestros círculos teológicos, se deja muy poco espacio para la obra, o el ministerio sobrenatural, misterioso y fresco del Espíritu Santo.

Cuando se trata de esa obra misteriosa del Espíritu Santo y la unción de la vida y de los labios del que la proclama y del que escucha, hay cierto temor. Y he visto este temor aferrarse a ministros y ministerios bíblicos y ha sido lamentable. Y el Espíritu, como el viento, se mueve donde Él desea y no podemos encerrarlo en una caja.

Debemos clamar a Dios por este aceite fresco, por el poder del Espíritu Santo, porque la obra, el poder, no está en las palabras que hablamos. No se encuentra en la elocuencia natural. No está en nuestros métodos impresionantes y contemporáneos. No es por fuerza, no es por nuestro poder. Es por Su Espíritu Santo, dice el Señor de los ejércitos.

Y pienso en ese pasaje de 2 Reyes capítulo 4 (vv. 18-37) donde se encuentra la mujer que tuvo el hijo de manera milagrosa y luego este murió. Ella salió a encontrar a Elías, pues estaba segura que el hombre de Dios podía hacer algo al respecto. Qué gran hombre de Dios debe haber sido para que ella creyera esto, aunque este niño estaba muerto, él sería capaz de hacer algo.

¿Recuerdan cómo Eliseo envió a su siervo, Giezi, delante con su báculo? Se imaginan a Giezi diciendo: «Tengo el báculo de Eliseo ahora. Lo he visto hacer cosas asombrosas antes. Ahora yo tengo el báculo». Él se le adelantó a Eliseo, y le colocó el báculo a ese cuerpo sin vida, y ¿qué pasó? Absolutamente nada porque los báculos no producen vida. La vida no está en las personas o los cayados, o los siervos de una iglesia, o en los currículos o en los libros y programas.

¿Qué sucedió cuando Eliseo llegó a esta escena de muerte? Él colocó su propia vida sobre este cuerpo sin vida, cabeza con cabeza, mano con mano, brazo con brazo, cuerpo con cuerpo, pierna con pierna, y oró, y Dios sopló Su aliento en Eliseo, y a través de Eliseo este cuerpo sin vida resucitó.

Se trata de la obra del Espíritu Santo en la medida en que nosotros entregamos nuestras vidas, no nuestros programas, no nuestras notas, no nuestras ilustraciones, sino cuando nos ponemos nosotros mismos sobre esos cuerpos muertos, mientras clamamos a Dios diciendo: «Oh Dios, unge con el poder de Tu Espíritu. Muévete, provoca que estos huesos secos revivan y se conviertan en un gran ejército».

Y Dios, de una manera misteriosa, llena de gracia y maravillosa, mientras se movía sobre la faz de la tierra y mientras las tinieblas cubrían la faz del abismo, habló y el mundo fue hecho. Él habló y fue hecho. Él creó la vida. Él hizo la luz, y de igual manera lo hace hoy cuando nos ofrecemos a Él. Él nos llena, Él nos unge. Nos da el poder para salir y ser instrumentos de vida.

Pablo dice: «Y ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios» (1 Corintios 2:4-5).

Más veces de las que puedo contar, he tenido con el Señor la conversación que tuvo María de Nazaret con el ángel en Lucas capítulo 1. Cuando le anunció Su llamado, ella dijo: «¿Cómo puede ser posible?» Cuando he sentido el llamado del Señor, he buscado Su rostro mientras me pregunto: «¿Cómo puede ser posible? No tengo lo que Tú me estás pidiendo que dé. 

Pero entonces ese versículo maravilloso—no sé cuál es mi versículo de vida, pero este sería uno de ellos— donde el ángel dice: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra» (Lucas 1:35). Ese es un ministerio ungido bajo el poder y la sombra del Todopoderoso. 

Nosotras somos débiles, inadecuadas, pobres, pero tenemos esa fuente ilimitada de gracia, y al Espíritu de Dios disponible para suplir nuestras necesidades, y nunca, nunca se agotará. Simplemente volvemos una y otra vez a Él y le decimos, «Oh Dios, más, más, más aceite fresco; más de Tu aceite fresco. Dame, Dios aceite fresco».

He estado leyendo un libro titulado, Los sermones de Charles Spurgeon sobre la muerte y resurrección de Cristo». Ha sido una lectura muy enriquecedora para mi alma. He empezado a notar que el príncipe de los predicadores era absolutamente dependiente del poder del Espíritu Santo. Se puede ver una y otra vez en sus mensajes. Él dice cosas como: «Oh Espíritu del Dios viviente permite la bendita entrada del Cristo bendito en esta mañana».

En otro sermón decía:

Amados hablo demasiado fríamente sobre un tema que debería mover mi propia alma primero y luego las suyas. Espíritu del Dios viviente, ven desde el cielo como un viento vivificador y permite que nuestro amor crezca y se convierta en una llama ardiente en este momento, si así te place.

Dependencia en el poder del Espíritu Santo. De manera que necesitamos orar para que el Espíritu Santo:

  • Ilumine y haga arder nuestros corazones
  • Unja nuestros labios
  • Prepare el terreno de los corazones que nos escuchan
  • Abra sus ojos y les dé vista a los ciegos
  • Dé entendimiento
  • Aplique el mensaje
  • Doblegue las voluntades
  • Conceda el regalo del arrepentimiento y la fe
  • Preserve y proteja la semilla que ha sido plantada en sus corazones

Esta última semana alguien me envió un correo electrónico sobre un nuevo libro que fue publicado. Se llama Con o sin Dios». Fue escrito por una señora que nunca había oído mencionar. Es una apóstata muy liberal, una mujer ministro de una iglesia unida de West Hill en Toronto. En su libro, exhorta a la iglesia cristiana a que se deshaga de lo que ella llama sus «mitos, doctrinas, y dogmas». En esencia ella está diciendo: «Desháganse de Dios, desháganse de Cristo, desháganse de la salvación». Les hace un llamado para que redefinan la salvación y a Dios en maneras que sean estrictamente seculares.

En la porción del libro que me enviaron, en particular me llamó la atención una parte que dice: «Generalmente, no aparece ningún ser divino en los servicios litúrgicos dominicales de West Hill».

Mi pregunta es la siguiente: ¿Acaso se podría decir lo mismo de muchos de nuestros servicios evangélicos y ministerios? «Por lo general, ninguna presencia divina hace su aparición».

Nunca decimos que podemos arreglárnoslas sin Dios, pero ¿cuánto de lo que hacemos lo estamos haciendo nosotros mismos? ¿Cuánto de lo que hacemos puede ser explicado apartados de Dios? Con o sin Dios. Creo que eso define el tema de si sentimos contentamiento al seguir adelante sin la unción del Espíritu de Dios. 

El mundo y la iglesia no necesitan ver lo que nosotros podemos hacer. Ellos ya han visto lo que nosotros podemos hacer. Ellos necesitan ver lo que solo Dios puede hacer.

Un amigo pastor de mucho tiempo, que nos ha acompañado en el ministerio Un Clamor en los últimos años, me envió un correo electrónico hace dos años. Este mensaje realmente me tocó. De hecho, me reenvío este correo cada vez que me estoy preparando para hablar o participar en algún ministerio público para recordarme esta encomienda.

Él dijo:

Llevo una carga de que la unción de Dios descanse sobre ti. Nunca la des por sentada. Es el poder que penetra el corazón del asunto. Dicha unción viene por la gracia de Dios, pero a través de un gran precio. Un precio que vale la pena a la luz de la necesidad y de la eternidad.

No permitas que tu ministerio se ponga rancio. No permitas que se convierta en un programa o en una fórmula. Date cuenta que siempre es Cristo la respuesta y la necesidad, tanto de hombres como de mujeres. Lleva a las personas a Cristo. Considera cada programa, cada página de cada libro que escribas, cada entrevista, cada conversación, como una oportunidad para dirigir Su pueblo a Su presencia, porque esto es lo que necesitamos. La evaluación de todo en tu ministerio debe ser: ¿Estaba Dios allí? ¿Encontraron las personas al Dios del universo? ¿Mengüé yo para que le pudieran experimentar y ver con claridad?

Este es mi clamor. ¡Oh Dios!, aceite fresco. La unción, el poder del Espíritu Santo, la llenura de esos ríos de agua viva que Tú prometiste que fluirían de nosotros y a través de nosotros si somos llenos de Tu Espíritu. Es el corazón de Moisés cuando dijo: «Oh Dios, si Tu presencia no va con nosotros, no podemos seguir adelante». 

No quiero sentirme satisfecha, y creo que tú tampoco quieres estarlo, con la cotidianidad, con vidas y ministerios que se pueden explicar, con vidas que pueden ser vividas sin Dios.

Oh Dios, a Ti clamo por aceite fresco, por la unción de tu Espíritu. Y luego, por fe, habiendo suplicado por aceite fresco, que podamos recibirlo y creerle a Dios, amén.

Annamarie: Y tú, ¿estás viviendo en dependencia del Espíritu de Dios? ¿Te apoyas en tu propia opinión para lidiar con los retos en tu vida, o te apoyas en Dios y en Su gracia para vivificar tu corazón y el de los que te rodean?

Sea que tu servicio al Señor sea público o no, todas estamos llamadas a proclamar y vivir el evangelio de Jesucristo—allí donde nos ha puesto; en nuestro hogar, en nuestra iglesia y en nuestra comunidad. Y esto no tendrá un efecto eterno en las vidas de los que nos rodean si nos basamos en nuestras propias capacidades. Solo en el poder del Espíritu Santo podremos llevar a cabo Sus propósitos según Su diseño para nuestras vidas como mujeres.

Hoy también hemos sido animadas a fijar nuestros ojos en Cristo permaneciendo en la Escritura. Y como nos has escuchado mencionar anteriormente, esto es algo que te estamos ayudando a hacer a través del Reto Mujer Verdadera 365. La lectura bíblica para hoy es Ezequiel capítulos 30 y 31. 

Te animo a perseverar en este reto —o a unirte hoy— junto a miles de mujeres más, de modo que juntas crezcamos en el conocimiento de Dios y de Sus caminos. Entérate de los detalles en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Llamándote a un avivamiento genuino y a abrazar tu diseño como mujer, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Serviremos al Señor, Para Su Gloria, Serviremos al Señor ℗ 2020 PSG

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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