Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

El ministerio de los ángeles, día 2

Annamarie Sauter: Sabes, tenemos una audiencia celestial.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Cuando recuerdas que tu audiencia es el cielo, eso te dará mucho más valor para continuar adelante, que cuando piensas que nadie está viendo lo que estás haciendo aquí en la tierra. «Nada es trivial aquí si el cielo está mirando. Debemos jugar un mejor partido si recordamos quién está en las gradas».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura bíblica para hoy es la segunda carta a Timoteo.

Muchas mujeres alrededor del mundo se han unido este año 2020 para seguir el Reto Mujer Verdadera 365. Este nos ha llevado juntas a lo largo de la Biblia –de tapa a tapa. Escucha lo que una mujer que lo está siguiendo nos escribió:

«Oro para que el Señor siga bendiciendo este ministerio de Aviva Nuestros Corazones. Por primera vez después de 25 años de estar en el conocimiento de la Palabra, estoy leyendo la Biblia con ustedes. Cuánto bien ha traído a mi alma. Cada vez me convenzo más de lo hermoso que es recibir la doctrina de una forma fresca y profunda. Dios ha estado trabajando en mi corazón y me ha dado una carga profunda por las almas. Oro para que, en medio de todo lo que ha sucedido en el mundo en este tiempo, el Señor cumpla su perfecta voluntad. No solo en quien no lo conoce, sino también en Su iglesia».

Amén. Es nuestra oración que más que leer, nuestros corazones sean vivificados, así como el de esta mujer, para amar lo que Dios ama y para orar que se haga Su voluntad en medio nuestro.

Bien, ayer vimos que los ángeles son mensajeros de Dios y enviados por Él para ministrar a los creyentes aquí en la tierra. Hoy Nancy nos hablará acerca de que las cosas que hacemos pueden traerles gozo o pesar. Este mensaje es parte de la breve serie titulada «El ministerio de los ángeles en las vidas de los creyentes»

Nancy: Hablamos de los ángeles de Dios, los mensajeros santos de Dios. Los siervos invisibles de Dios, y cómo estos ángeles nos ministran como hijos de Dios, como creyentes en Cristo. En la última sesión aprendimos cómo los ángeles se regocijan cada vez que un pecador se arrepiente.

Hemos visto que los ángeles acampan a nuestro alrededor. Ellos forman un límite, una protección, alrededor de los que temen al Señor. Hemos visto cómo esos ángelesnos protegen del daño y cómo son enviados, en muchos casos, para liberarnos o rescatarnos de situaciones imposibles.

Ahora me gustaría que viéramos otra forma en que los ángeles ministran en la vida de los creyentes. Las Escrituras enseñan que los ángeles nos asisten en la batalla espiritual contra las fuerzas de Satanás, contra las fuerzas del mal.

Sabemos por el libro de Efesios, capítulo 6, que nos encontramos en una batalla, y que la batalla no es contra personas. El enemigo no es tu esposo ni tus hijos ni tus padres ni tu prójimo. Nos encontramos en una batalla que es espiritual, y estamos batallando contra fuerzas espirituales de maldad, contra el poder de Satanás y el mal de este mundo.

Pero las Escrituras nos dicen que no tenemos nada que temer. Tan fuertes como esas fuerzas del mal pueden ser, no podrán contra Dios y Sus ejércitos celestiales. Estamos protegidas y ayudadas por un ejército poderoso de ángeles que nos ayuda en esta batalla contra las fuerzas de Satanás y del mal.

Hay varias ilustraciones sobre este tema en las Escrituras. Una que viene a mi mente se encuentra en el libro del Génesis, capítulo 19. ¿Recuerdas cómo una muchedumbre de hombres violentos rodearon la casa de Lot en Sodoma? Ellos querían hacerle daño a Lot y a su familia, pero Dios envió dos ángeles para ayudarles.

En medio de ese ataque, los ángeles golpearon a los atacantes con ceguera, de modo que no pudieran encontrar la puerta. Si no hubiese sido por la presencia de esos ángeles en ese momento, Lot hubiese estado en aprietos. Los ángeles fueron enviados para asistirle en la batalla espiritual contra las fuerzas de Satán y del mal que estaba motivando a esa muchedumbre.

Luego venimos al libro de Daniel, capítulo 10. Daniel ha estado orando a Dios por varios días. Dios ha enviado a un ángel para entregar un mensaje a Daniel, que es la respuesta a las oraciones de Daniel. De hecho, las Escrituras dicen que en el momento, el día en que Daniel empezó a orar, Dios envió el ángel con el mensaje.

Pero de alguna forma, de una manera que no podemos comprender porque no podemos ver estas realidades invisibles, durante 21 días, se nos dice que el ángel mensajero de Dios fue resistido y detenido por ángeles caídos. Los agentes de Satanás retuvieron al ángel de Dios durante 21 días para que no pudiera entregar el mensaje a Daniel.

Ahora bien, Daniel continuó orando durante todo ese tiempo. A veces me pregunto, ¿qué habría sucedido si Daniel hubiera parado de orar el día 20, o el 19 o el 18?

A veces te habrás encontrado en una situación donde estás orando por algo durante un largo periodo de tiempo, quizás por un hijo que está lejos de Dios o en rebelión contra Dios, quizás por un compañero que no conoce a Dios; y has orado y orado… Quizás para ti no sean solo 21 días. Quizás sean 21 semanas o 21 años, y no hay evidencia de que Dios te haya escuchado o de que esté contestando tu oración.

Este pasaje debe darte esperanza de que Dios oye, y Él está trabajando en los cielos para enviarte una respuesta y cumplir Sus propósitos. No sabemos exactamente cuál será la respuesta, de qué manera Dios te responderá, o cuándo llegará Su respuesta. Pero es tan importante que perseveremos en la oración, que no nos rindamos antes de que Dios envíe Su respuesta.

Mientras la historia se va desarrollando aquí en Daniel capítulo 10, el ángel finalmente llega a la presencia de Daniel y le explica que durante 21 días había estado tratando de entregar el mensaje, y que Dios finalmente había enviado al ángel Miguel —Miguel era llamado el arcángel, el ángel principal— para ayudar a este ángel anónimo que trataba de entregar un mensaje a Daniel.

Entonces Dios tenía, en este caso, dos ángeles que estaban involucrados en asistirle en este asunto de la batalla espiritual que se estaba llevando a cabo en los cielos, una batalla de la cual Daniel no tenía ni siquiera conocimiento.

Ahora bien, a veces estamos conscientes de que se está librando una batalla cuerpo a cuerpo contra las fuerzas del mal y contra los poderes de la oscuridad. Pero considero que muchas veces no estamos conscientes de que estamos lidiando con esto.

El punto importante es que Dios sabe sobre esto. Él sabe y Él ve lo que está sucediendo en los cielos, y Él está en control de todo eso. Aun los ángeles caídos no pueden hacer más de lo que Dios les permite que hagan. Ellos están bajo Su control y bajo Su poder. Y Dios envía a menudo ángeles para asistir en la batalla espiritual contra las fuerzas de Satanás y del mal.

Existe también otra manera en que los ángeles ministran nuestras vidas. Las Escrituras nos enseñan que los ángeles nos ministran o nos sirven, y que ellos proveen fuerza y sustento para nosotros cuando estamos débiles. Otra vez, vamos a las Escrituras y encontramos varias ilustraciones de este tipo de ministerio de parte de los ángeles.

¿Recuerdan en el libro de 1 Reyes, cuando el profeta Elías había ganado su gran batalla en el nombre de Dios? Fue Dios quien obtuvo la victoria, pero Elías era un siervo de Dios. Él se dirigió al Monte Carmelo y se mantuvo en pie defendiendo la causa de Dios contra 850 falsos profetas —este es el profeta solitario y sin esperanza que había sido superado en número, por mucho.

Pero Elías creyó en el poder de Dios, quien era el Dios del fuego. Él sabía que los falsos dioses, estos falsos profetas, no tenían poder en absoluto. Entonces, aceptó el desafío. Él enfrentó los poderes del mal y de la oscuridad, y Dios ganó una gran victoria, vindicando Su nombre y Su poder.

Ahora vemos en el siguiente capítulo, 1 Reyes 19, y encontramos que el profeta victorioso Elías estaba ahora exhausto. Estaba agotado. Está desalentado después de este enfrentamiento, y corre por su vida huyendo de la malvada reina Jezabel, quien había amenazado con matarlo antes del final del día. Ella estaba enojada por lo que había sucedido.

De manera que él está desalentado y se sienta bajo un árbol y le pide a Dios que tome su vida, para que le deje morir. Luego, se recuesta bajo el árbol y se duerme. Él estaba exhausto.

Quizás te relaciones con este momento cuando te sientes desgastada. Para ti puede que no sea ese gran encuentro en el Monte Carmelo. Puede ser un encuentro con tres niños pequeños que has cuidado todo el día, y estás agotada. Bien, en esas ocasiones podemos estar desalentadas y todo lo que queremos hacer es dormir y tal vez hasta morir.

Las Escrituras dicen: «De repente un ángel tocó a Elías y le dijo: Levántate y come» (v.5). ¿Ahora, no es eso práctico? «Él miró alrededor, y allí en su cabeza había una torta de pan horneada sobre carbones calientes y una jarra de agua».

¿Cómo llegó aquello ahí? No creo que hubiera una cocina cerca en este desierto. Dios, en su obrar sobrenatural, intervino y proveyó exactamente lo que se necesitaba en ese momento.

Las Escrituras dicen: «Elías comió y bebió y luego se acostó otra vez». Él todavía estaba cansado. «Y otra vez el ángel del Señor vino por segunda vez, le tocó y le dijo: Levántate y come, ya que el viaje es demasiado para ti» (v. 7). Dios envió Su ángel, un mensajero, para fortalecer a su siervo en su tiempo de necesidad.

Cuando nos adentramos al Evangelio de Marcos, encontramos a Jesús en medio del desierto. Las Escrituras dicen que en ese tiempo de tentación Jesús estaba con los animales salvajes, y que los ángeles lo asistían (Marcos 1:13). Ahora, lo que me encanta de ese versículo no es solo que los ángeles servían a Jesús, sino que también, a medida que profundizamos más en el Nuevo Testamento, nos damos cuenta que esos mismos ángeles cuidan de nosotras.

El libro de Hebreos nos dice en Hebreos 1:14: «Todos los ángeles son espíritus ministradores para atender...» Encontramos la misma palabra, atender, servir, esperar –no solo a Jesús– sino «aquellos que heredarán la salvación…», los hijos de Dios.

De la misma forma en que los ángeles ministran a Jesús en medio de ese desierto rodeado de animales salvajes, así mismo Dios, en los momentos claves de nuestras vidas, tal vez aun sin el conocimiento de nosotros, envía a Sus ángeles para fortalecernos, animarnos, ministrarnos y conocer nuestras necesidades.

Existe también otro momento crucial en la vida de Jesús donde es ministrado por un ángel. Es justo al final de Su vida aquí en la tierra. En Lucas capítulo 22, encontramos a Jesús en el huerto de Getsemaní, orando a Su Padre de los cielos justo antes de ir a la cruz, donde Él llevaría todo el peso de nuestros pecados sobre Él.

Jesús ora en Su humanidad: «Padre, si es posible, aparta de mí esta copa. Sin embargo, me rindo. Que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (v. 42, paráfrasis).

Las Escrituras nos dicen que, «en ese preciso momento, un ángel del cielo se le apareció a Jesús y le fortaleció» (véase v. 42). La palabra aquí en el lenguaje original significa «hacer fuerte interiormente». Lo hizo fuerte por dentro. El ángel lo fortaleció en medio de esta gran batalla espiritual.

Lo que me intriga es que en este momento de la vida de Jesús, donde Él estaba completamente solo, humanamente hablando, Sus discípulos estaban durmiendo, y Él necesitaba fortaleza interna para hacer la voluntad de Dios. Y en ese momento tan crucial de Su vida el ángel lo fortaleció. Pero los versículos siguientes nos dicen que ese no era el final de la batalla.

Continúa diciendo, «estando en angustia Él oró más intensamente y Su sudor era como gotas de sangre que caían a la tierra» (v. 44). Y tú dirás, «siel ángel lo fortaleció... ¿no lo libraría entonces de la batalla? ¿Sabes lo que hizo? Por el contrario, le dio la fortaleza para seguir adelante en la batalla.

Si tienes esos tres niños de los que acabamos de hablar, no solo necesitas liberación de la batalla. Necesitas liberación para mantenerte en la batalla. Necesitas fortaleza interior para poder afrontar el día siguiente, y el siguiente, y el siguiente…

Fue el ministerio de los ángeles que le dio a Jesús la fortaleza interna y el ánimo necesarios para seguir adelante y orar más intensamente. Él fue fortalecido por los ángeles para hacer la voluntad de Dios.

En la medida en que miramos a Dios, vemos que Dios es el Único que nos fortalece. Pero creo que muchas veces Él envía a Sus ángeles como instrumentos de Su misericordia y de Su gracia. Puede que muchas veces no estemos conscientes de que son los ángeles los que nos alcanzan en determinado punto. Ellos vienen de Dios, así que no creo que debamos orar a los ángeles para que vengan y nos fortalezcan.

Debemos orar a Dios y decirle, «Dios, soy demasiado débil. Estoy muy necesitada. ¿Podrías venir a fortalecerme en este momento de debilidad para no defraudarte? ¿Me podrías dar el valor y el coraje para continuar? Y cuando Dios responde, considero que en algunos casos Él contesta a través de Sus ángeles.

Las Escrituras nos enseñan que los ángeles nos están observando. Pablo dice a Timoteo en 1 Timoteo 5: «Te encarezco delante de Dios, del Señor Jesucristo y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas» (v. 21). Jesús está observando. Dios está observando. Y Pablo dice, los ángeles escogidos están observando, así que asegúrate de obedecer estas instrucciones.

Luego continúa Pablo y dice, en 1 Corintios 4, que nuestra forma de vivir es un espectáculo para los ángeles. A medida que obedecemos a Dios, a medida que ejercitamos nuestra fe, a medida que sufrimos por hacer lo correcto, somos un espectáculo. Estamos haciendo, en cierto modo, una representación que los ángeles observan.

Pienso en el libro de Job y cómo este siervo de Dios, este hombre justo, fue probado sin saber lo que nosotros sabemos acerca de la historia completa, acerca de lo que estaba sucediendo en los cielos entre Dios y Satanás. Todo lo que él sabía era que estaba sufriendo increíblemente.

En un solo día Job enfrentó la pérdida de todas sus posesiones y de todos sus hijos y luego se encontró luchando con sus bien intencionados –aunque no muy provechosos– amigos, (y su esposa, debo añadir), quienes no fueron capaces de animarle y confortarle.

Pero las Escrituras dicen: «En todo esto no pecó Job ni atribuyó a Dios despropósito alguno». Él no acusó a Dios falsamente. En su lugar dijo: «Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová» (1:21-22).

Ahora, desconozco, porque las Escrituras no lo dicen, y no podemos estar seguros de nada que las Escrituras no nos digan. Pero solo puedo imaginarme que en ese momento quizás los ángeles en el cielo estaban observando qué sucedería, tal vez echando un vistazo desde un balcón, por así decir. Ellos sabían lo que estaba sucediendo en el cielo y observaban para ver cómo el siervo de Dios respondería, el siervo de Dios que no sabía cuál sería el resultado. 

Cuando Job dice, «bendito sea el nombre del Señor», me pregunto si esos ángeles no habrán empezado a aplaudir. Dios había sido vindicado. Su siervo había confiado en Él y dijo luego: «Aunque Él me mate», aunque pierda no solo mis bienes, sino mis hijos y mi vida, «aún yo confiaré en Él» (Job 13:15). Los ángeles están observando.

Las Escrituras dicen en Hebreos capítulo 12 que hay «una gran nube de testigos» (v. 1) juntos, en una especie de tribuna en el cielo. Ellos nos observan en la carrera que tenemos por delante aquí abajo. Considero que los ángeles forman parte de ese equipo anfitrión que está en el cielo observando si seremos fieles en correr la carrera que Dios nos ha puesto por delante.

Ahora bien, el hecho de que los ángeles nos están observando desde el cielo, debe ser para nosotros una increíble fuente de ánimo y de motivación, y me permito añadir, una responsabilidad también, a medida que caminamos aquí en esta tierra.

En su libro, Aunque camine por el valle, el Dr. Vance Havner nos habla de un viejo predicador que trabajaba durante la noche en un sermón para su pequeña congregación. Su esposa le preguntó por qué estaba empleando tanto tiempo en un mensaje que sería escuchado por tan pocas personas; a lo cual el ministro le respondió, «te olvidas, mi querida, lo extensa que será mi audiencia».

Cuando recuerdas que tu audiencia es el cielo, eso te dará mucho más valor para continuar adelante cuando piensas que nadie está viendo lo que estás haciendo aquí en la tierra. El Dr. Havner añadió, «nada es trivial aquí si el cielo está mirando. Debemos jugar un mejor partido si recordamos quién está en las gradas».

Así que madres, cuando piensen que nadie las ve y que nadie aprecia todos esos pequeños detalles que tienen cada día para con su familia, recuerden que los ángeles las están observando.

Cuando te sientas tentada a tirar la toalla –cuando te canses, cuando te sientas débil en tu corazón, cuando te canses de hacer las cosas correctamente– sé fiel, porque los ángeles están observando.

Cuando te sientes sola y tentada a caer en ese pecado que tan fácilmente te acosa, Dios está observando y los ángeles están observando.

Finalmente, los ángeles nos ministran de otra forma. Las Escrituras nos enseñan que en el momento de nuestra muerte, los ángeles nos toman y nos escoltan hacia el cielo. Hay un versículo en Lucas capítulo 16 que nos indica esta afirmación.

¿Recuerdas la historia que Jesús dijo sobre el mendigo Lázaro, que había estado pidiendo en la puerta del hombre rico hasta su muerte? Cuando ellos murieron, la Escritura dice que el mendigo fue llevado (la palabra aquí es escoltado) por los ángeles a la presencia de Dios.

Creo que esto nos da una idea sobre lo que pasa en el momento de nuestra muerte. Normalmente no podemos ver este acontecimiento cuando alguien muere. Quizás no podamos verlo cuando muramos. Pero Dios envía a Sus ángeles santos para escoltar a Sus siervos, a Sus hijos, de esta vida a la siguiente.

Hace muchos años, fui responsable de dirigir un campamento para niños; niños en edades tempranas –primero, segundo y tercer grado– venían cada día. Teníamos consejeros en el campamento y los niños se iban a la casa en la noche.

Bien, ese verano en particular, el 4 de julio resultó ser miércoles, así que tomamos el día libre en el campamento. Nuestros consejeros, quienes eran estudiantes de una universidad cristiana local, se fueron a escalar a las montañas Blue Ridge. Ese día me encontraba en casa estudiando y preparando la lección que enseñaría a los niños al día siguiente.

Como el Señor iba disponiendo, me preparaba para enseñar un mensaje sobre el momento en que Jesús levantó a Lázaro de la muerte. Así que estaba pensando en todo este tema de la resurrección y cómo les enseñaríamos a los niños sobre la resurrección.

Recibí una llamada en la casa de uno de los consejeros que me dio la noticia que, mientras estaban en la excursión, una de las jóvenes había resbalado en el camino, se había caído y había fallecido de forma instantánea.

Al día siguiente tuvimos campamento. Tuvimos que regresar y decirles a los niños lo que había sucedido con Miss Vicki, su consejera de campamento. Compartí con esos niños, pensando en este pasaje de los ángeles escoltándonos al cielo y sobre otros pasajes como el que nos dice que Dios envía Sus ángeles para sostenernos, para guardarnos no sea que tropecemos contra una piedra.

Les dije a los chicos que nosotros no podíamos ver lo que había sucedido aquella mañana, pero que Dios le había dicho a uno de Sus ángeles, «quiero que vayas y tomes a Miss Vicki, y quiero que la traigas a Mí hoy». Entonces cuando nos toca ver lo sucedido a Miss Vicki que se resbaló y en esa caída, lo que realmente pasó es que los ángeles la tomaron y la llevaron a Dios en los cielos.

Cuando enfrentamos la muerte, como todos lo haremos tarde o temprano, y cuando enfrentas la muerte de aquellas personas que amas, si son hijos de Dios, creyentes en Jesucristo, sabes que ellos no se fueron solos a su siguiente vida; ellos fueron escoltados. ¡Solo imagínate esa escolta de ángeles en la presencia de Dios para vivir con Él para siempre!

Gracias Dios, por Tus santos ángeles y por cómo ellos nos ministran como Tus mensajeros, cómo traen gracia a nuestras vidas en tiempos de necesidad. Señor, mientras vivamos aquí en la tierra, recuérdanos que estamos siendo observados, que en nuestros momentos privados, en nuestros momentos de lucha, en nuestros momentos de debilidad y de cansancio, los ángeles nos están observando. Queremos vivir el tipo de vida que haga que ellos te aplaudan.

Señor, a medida que enfrentamos la muerte –ya sea la nuestra o la de alguien que amamos– lo que es el momento de la muerte, permite que no temamos si somos Tus hijos y hemos colocado nuestra fe en Jesucristo, sabiendo que Tú caminas con nosotros por el valle de sombra de muerte y que cuando llegue el momento Tú mandarás a Tus ángeles para escoltarnos a Tu presencia. ¿Qué más gozo que este?

Gracias a Ti, Señor, por el regalo de esos ángeles. Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Amén. Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado hablando acerca del ministerio de los ángeles en las vidas de los creyentes. Si te perdiste la primera parte de esta enseñanza, encuéntrala en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí puedes escucharla, leerla o descargarla. También puedes compartir fácilmente estos programas por medio de diversas plataformas.

Bueno, hemos visto cómo Dios usa a los ángeles en nuestras vidas. Y es que Él no es un Dios lejano que no tiene nada que ver con Su creación. Él está presente y está obrando en tu vida y en la mía. Y esta época de Navidad es más que un tiempo en el que decoramos nuestros hogares; celebramos el nacimiento del Príncipe de Paz, el Admirable Consejero, Dios poderoso y Padre eterno. Este, es el Dios que obra en nuestras vidas. 

Nancy: La Escritura dice: «Porque un niño nos ha nacido», Isaías 9 versículo 6. «Un niño ha nacido». Ese es el retrato de la humanidad de Cristo.

«Nos ha nacido un niño, nos han dado un hijo». Ese es el recordatorio de la deidad de Cristo. Él se hizo hombre, pero Él es Dios. Un hijo ha sido dado, un niño ha nacido, Dios hombre.

«Y la soberanía reposará sobre sus hombros». Él es el Rey. El Mesías es el Rey. Él se viste con ropaje real. Él es el Rey de todo el universo. Él es el Rey de Israel. La soberanía reposará sobre sus hombros; «y será llamado: Consejero Maravilloso,Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (NVI).

Annamarie: Escucha más acerca de esto en la próxima serie de Aviva Nuestros Corazones.

Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

A Ti Sea La Gloria, Para Su Gloria, El Fin Desde El Principio ℗ 2018 PSG.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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