Aviva Nuestros Corazones Podcast

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El consejo más sabio

Annamarie Sauter: ¿A qué podríamos asemejar a nuestro asombroso Dios? 

Nancy DeMoss Wolgemuth: Todas las maravillas del universo combinadas –ya sean naturales o hechas por el hombre– todas palidecen ante la maravilla de Cristo, ante quién Él es, ante lo que Él ha hecho. ¡Su nombre es Maravilloso!

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura bíblica para hoy es la carta a Tito y la carta a Filemón.

Creo que todas sabemos que cuando se acercan días festivos, como la Navidad, la vida se complica. Se nos hace difícil encontrar momentos para detenernos y reflexionar sobre la belleza de nuestro Salvador. Hoy Nancy nos ayudará a hacer eso, como parte de la serie titulada, «Su nombre es Maravilloso».

Nancy: Tengo amigas jóvenes, y quizás ustedes también, que han escogido nombres verdaderamente inusuales para sus hijos. ¿Se te ocurre alguno? Yo pienso en una amiga –muy querida– que le puso a su hijita el nombre de Mahleija. Parejas como esa, que han escogido ese tipo de nombres para sus hijos, lo han hecho para que el nombre de sus hijos tenga un significado especial. El nombre Mahleija significa, si mal no recuerdo, «la ternura de Dios». Por lo que aquí tenemos a una niñita que –a lo largo de toda su vida– su nombre le va a recordar la ternura de Dios.

Mientras meditaba acerca del texto que vamos a estar estudiando en estos próximos programas, pensé en el hecho de que Dios le puso nombre a Su Hijo, 700 años antes de que naciera. Y no solo un nombre, sino múltiples nombres dados al Señor Jesucristo. Nombres que fueron especialmente escogidos por Dios Padre, porque representan lo que Él quiere que sepamos acerca de Su Hijo.

Cuatro de esos nombres aparecen en el capítulo 9 del libro de Isaías. En el día de hoy, vamos a ver solo un versículo que nos recuerda este tiempo de Navidad. Isaías capítulo 9 versículo 6, es un versículo que nos suena muy familiar. Este versículo aparece en el contexto de una predicción de Isaías capítulo 9, en la que se habla de la venida del Mesías, quien sabemos es nuestro Señor Jesucristo.

En ese contexto, la Escritura dice: «Porque un niño nos ha nacido», Isaías 9:6. «Un niño ha nacido». Ese es el retrato de la humanidad de Cristo.

«Nos ha nacido un niño, nos han dado un hijo». Ese es el recordatorio de la deidad de Cristo. Él se hizo hombre, pero Él es Dios. Un hijo ha sido dado, un niño ha nacido –Dios hombre.

«Y la soberanía reposará sobre sus hombros». Él es el Rey. El Mesías es el Rey. Él se viste con ropaje real. Él es el Rey de todo el universo. Él es el Rey de Israel. La soberanía reposará sobre sus hombros; «y será llamado: Consejero Maravilloso,Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (NVI).

Hoy vamos a ver el primero de esos nombres: Maravilloso Consejero.

En algunas traducciones (más antiguas) lo encontramos como «una maravilla de Consejero». La mayoría de los comentaristas y traductores han fusionado estos dos atributos en uno solo: «Maravilloso Consejero». Es correcto de cualquiera de las dos formas.

La frase, unida, quiere decir un Consejero maravilloso, pero Su nombre es Maravilloso.

Esa palabra, en el lenguaje original, es un nombre. No es un adjetivo. Es un nombre. Ese es Su nombre. No es solo que Él es maravilloso. Su nombre es Maravilloso. La palabra quiere decir «un milagro», «una maravilla», «una cosa o un hecho maravilloso».

Cuando pensamos en maravillas, podríamos pensar en las siete maravillas del mundo. Entre ellas, el Monte Everest, las Cataratas Victoria o el Gran Cañón –y son espectaculares, son extraordinarias.

Podríamos pensar en las siete maravillas del mundo antiguo. Cuando hablamos de maravillas, maravillas naturales, maravillas del mundo antiguo, estamos hablando de cosas sorprendentes, de hazañas sorprendentes, cosas ante las cuales maravillarse. Son dignas de admiración. No son logros que se ven todos los días. Ves las Cataratas Victoria o el Monte Everest y piensas admirada, «¡wao! ¡Es increíble!»

Su nombre debe ser Maravilloso. ¡Qué maravilla es Él! Solo quiero que recordemos que la combinación de todas las maravillas del universo –ya sean naturales o hechas por el hombre– palidecen y son insignificantes si son comparadas con la maravilla que es Cristo, con quien Él es, lo que Él ha hecho. Su nombre es Maravilloso.

En los 1800 –y por un período de varios años– Charles Spurgeon predicó una serie de sermones basados en este texto acerca de los nombres de Jesús. Y dio acerca de esta sola palabra Maravilloso, todo un sermón. De una sola palabra, Maravilloso, dijo «esta palabra es infinita y podríamos predicar sobre ella por la eternidad».

El Antiguo Testamento usa la palabra maravilloso para referirse a los milagros de Dios, los aspectos extraordinarios de cómo lidió con Su pueblo.

Por lo que leemos en el Éxodo capítulo 15 versículo 11: «¿Quién como tú entre los dioses, OH SEÑOR? ¿Quién como tú, majestuoso en santidad, temible en las hazañas, haciendo maravillas?»

Ahí tenemos esa palabra.

En el Salmo 77 en el versículo 11:«Me acordaré de las obras del SEÑOR, ciertamente me acordaré de tus maravillas antiguas».

Salmos 78 versículo 12: «Él hizo maravillas en presencia de sus padres, en la tierra de Egipto…»

Cosas maravillosas. Su nombre es Maravilloso; Admirable.

Ahora bien, en el libro de Jueces, en el Antiguo Testamento, tenemos lo que creo que es una aparición del Maravilloso, el Consejero Maravilloso, del Mesías, del Cristo preencarnado. Dios mismo en la forma de ángel quien se le apareció a un hombre llamado Manoa. Recuerda que Manoa era el papá de Sansón. El ángel vino a Manoa para decirle que iba a tener un hijo, Sansón. En Jueces capítulo 13 versículo 18, el ángel le dijo:

«¿Por qué preguntas mi nombre, viendo que es maravilloso?»

Aquí está esa palabra. Algunas traducciones podrían decir, «más allá de todo entendimiento» o «secreto». La raíz es la misma. Significa «incomprensible, maravilloso, notable». Su nombre es Maravilloso.

Cuando usamos la palabra Maravilloso como nombre de Dios, estamos diciendo que Él no es un Dios común, que no es usual. Él es maravilloso. Él es majestuoso.

Charles Spurgeon, en su mensaje, dijo de este texto: Aquellos que mejor lo conocen dicen que la palabra no agota Sus méritos, sino que se queda corta ante Su gloria merecida. El nombre maravilloso en sí mismo ni siquiera describe lo maravilloso que Él es.

Charles Spurgeon, fue un gran predicador en la Inglaterra del siglo XIX. Probablemente el más popular de su época. La gente venía de todas partes a escucharlo, especialmente la clase trabajadora. Les encantaba escucharlo predicar. El público sobrepasaba una y otra vez la capacidad (de distintos locales) hasta que rentaron una especie de teatro. Se llamó «Surrey Music Hall o Teatro de Variedades Surrey». Sentaba de 12000 a 15000 personas. En octubre de 1856, Spurgeon predicó por primera vez en ese lugar.

El teatro de variedades sobrepasó su capacidad, ya que, aparentemente, miles quedaron afuera sin poder encontrar un asiento en el auditorio. Al empezar el servicio, alguien gritó, «¡fuego!» armando un pandemonio. Alguien gritó, literalmente, «¡fuego!» en aquel teatro lleno de gente. Siete personas murieron como resultado. Hubo muchos heridos y toda esta experiencia afectó profundamente a Charles Spurgeon –como podrás imaginarte– por el resto de su vida. Sencillamente acabó con su vida.

Casi dos años después de este evento, él predicó este sermón, «Su nombre es Maravilloso». Finalmente, habló de cómo quedó afectado por este incidente y de cómo Dios lo había restaurado. He aquí lo que dijo:

«No les he contado la historia detrás de mi aflicción. Quizás ningún alma estuvo tan cerca del horno encendido de la enajenación mental y salió ilesa. Atravesé ese fuego hasta que mis rizos parecieron quebrarse con el calor de aquello. Mi cerebro quedó atormentado. No me atrevía a elevar la mirada ante Dios y la oración –en la que siempre había encontrado consuelo– se transformó en miedo y terror de solo pensar en intentarlo».

Cayó en una depresión profunda después de este incidente. Y luego dijo:

«Nunca olvidaré el momento en el que, finalmente, me sentí restaurado. Fue en el jardín de un amigo. Un amigo que trataba de animarme con su amor y con su bondad. Estaba caminando en un jardín solitario –reflexionando acerca de mi miseria– cuando de repente el nombre de Jesús me vino a la mente como un rayo.

La persona de Cristo me pareció tan real. Me quedé quieto. La lava que quemaba mi alma se enfrió. Mis agonías fueron calladas. Me arrodillé allí y –el jardín que parecía mi Getsemaní– se transformó en un paraíso. En ese momento me pareció extraño que nada de valor me restauró, excepto el nombre de Jesús. En ese instante pensé que debía amarlo aún más por el resto de mi vida.

Pero hubo un par de cosas que me dejaron pensativo. Me preguntaba cómo siendo Él tan bueno conmigo, pude ser tan mal agradecido con Él. Su nombre vino a mí como Maravilloso, y por eso, debo dejar registrado lo que Él hizo por mi alma».

Él es Maravilloso. Su nombre es Maravilloso. 

Cuando pensamos en el Señor Jesús como consejero, nos damos cuenta de que estamos amando y adorando a un consejero que lo sabe todo, que tiene toda la sabiduría.

Piensa en ese pasaje de Romanos capítulo 11 los versículos 33 y 34, en el que la Escritura dice: «¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pues, ¿quién ha conocido la mente del Señor? ¿O quién llegó a ser su consejero?»

¿Alguna vez te has detenido a pensar en que Dios nunca ha tenido una pregunta no contestada? Nunca ha habido algo que Él no sepa. No necesita preguntarle su opinión a nadie o que lo ayuden a tomar una decisión sabia. Nunca ha tenido que preguntarle a alguien «¿qué crees que debo hacer?»

Nosotras sí tenemos que hacer ese tipo de preguntas. ¿Por qué? Porque no somos Dios. Dios es el Maravilloso Consejero. Tengo distintos consejeros en mi vida y en nuestro ministerio. Y les estoy muy agradecida. Les pregunto de todo.

Cuando le pido a alguien un consejo, asumo que saben más de lo que yo sé al respecto. Al menos del tema o situación que se trate. El hecho es que a quien quiera que le pregunte, aunque sepa muchísimo, no lo sabe todo. Su conocimiento es limitado. Puede que el consejo de otra persona sea atinado, pero sigue siendo limitado. De hecho, algunas veces podría estar equivocado. Las personas más piadosas siguen siendo falibles.

El único consejo infalible que podemos encontrar está en la Palabra de Dios. La Palabra escrita de Dios y la palabra viva de Dios en Cristo Jesús, Mesías y Maravilloso Consejero.

Por lo que cuando le pedimos un consejo a Dios, Él nos habla a través de Su Palabra y a través de Su Hijo, estamos recurriendo a alguien que lo sabe todo, alguien que no tiene límites de conocimiento, que no tiene límites de entendimiento. Su consejo siempre es el correcto.

Los reyes típicamente tienen consejeros. Cuando veas la palabra consejero en el Antiguo Testamento, se refiere –con toda probabilidad– a alguien que es un consejero en la corte del rey, un asesor al servicio de reyes. Pero este Rey no tiene consejeros. Este Rey es Su propio consejero. Él es el Maravilloso Consejero.

Un comentarista dice sobre este nombre de Cristo, «cada una de Sus instrucciones es maravillosa. Sus opiniones son extraordinarias. Sus recomendaciones son impresionantes. Su consejo es fenomenal. Él es el único digno de ser escuchado».

El Espíritu de Dios descansó en el Señor Jesucristo. Él es el Maravilloso Consejero. Él tiene el Espíritu consejero de Dios. Aunque Cristo siempre fue un buen consejero. Antes de que viniera a esta tierra, una vez aquí y desde niño era el Maravilloso Consejero.

¿Recuerdas la historia en el templo de cuando Jesús era un niño de doce años? Lucas 2, nos recuerda cómo Sus padres lo dejaron accidentalmente en el templo de Jerusalén y qué vieron cuando se devolvieron a buscarlo.

Luego de tres días lo encontraron en el templo sentado entre maestros, escuchándolo y haciéndole preguntas. Y todos los que lo oyeron se quedaron asombrados ante Su grado de entendimiento y Sus respuestas (Lucas 2:46-47, parafraseado).

¿Por qué? Porque Él es el Maravilloso Consejero.

Ese hijo que nos fue dado es Dios. Dios el que todo lo sabe y Dios el que sabe todo lo que debes saber. Él vino a esta tierra para ser tu Maravilloso Consejero.

¿Recuerdas esa otra historia del Antiguo Testamento en 1 Reyes en el capítulo 10, acerca de la reina de Sabá, quien vino a visitar al rey Salomón porque era conocido como el hombre con más sabiduría, el rey más sabio que alguna vez vivió?

Y cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón... se quedó sin aliento. ¡Se quedó muda!

Y le dijo al rey: «Es verdad lo que había oído en mi tierra acerca de tus palabras y de tu sabiduría (v. 6). Pero yo no creía lo que me decían, hasta que he venido y mis ojos lo han visto. Y he aquí, no se me había contado ni la mitad (v. 7). En otras palabras lo que dijo fue, ¡asombroso! ¡Eres una maravilla de consejero!

«Tú superas en sabiduría y prosperidad la fama que había oído. Bienaventurados tus hombres, bienaventurados estos tus siervos que están delante de ti continuamente y oyen tu sabiduría» (v. 8).

Una persona feliz es aquella que tiene a un maravilloso consejero que le hable la verdad durante toda su vida.

Cuando vamos al Evangelio de Mateo, el capítulo 12, encontramos que Jesús habla de esta historia. Sus oyentes debían saber la historia. Su audiencia judía debía estar familiarizada con la historia de la reina de Sabá y el rey Salomón. Debían conocer el texto que les acabo de leer, sin embargo Jesús dijo a sus oyentes:

«La reina del sur (la reina de Sabá)... vino de los confines del mundo para oír la sabiduría de Salomón; y mirad, algo más grande que Salomón está aquí» (v. 42).

¿A qué se está refiriendo Jesús? Está diciendo: «Salomón fue un consejero maravilloso, pero uno más grande que Salomón –Cristo el Mesías, Maravilloso Consejero– está aquí ahora».

Sí, es verdad que en los tiempos de Salomón la gente venía de los confines de la tierra en busca de su sabiduría, y sí, es verdad que (hoy en día) la gente va a los confines de la tierra en búsqueda de conocimiento, en búsqueda de sabiduría. Leen libros, navegan la red, atraviesan el país para escuchar reconocidos oradores y pagan una gran cantidad de dinero a terapeutas para recibir buenos consejos. ¡Es verdad! La gente viaja grandes distancias y paga mucho dinero para recibir buenos consejos para tener a alguien que les conteste sus preguntas. Y escuchamos a Jesús decir, «uno más grande que Salomón está aquí».

¿Por qué moveríamos cielo y tierra para encontrar sabiduría cuando el Maravilloso Consejero ha venido a vivir con nosotras, Emmanuel, Dios con nosotras, Dios en nosotras?

¿Y entonces qué? ¿Qué aprendemos sobre este nombre de Maravilloso Consejero? Jesús es una maravilla de consejero; Él es el Maravilloso Consejero. ¿Y qué implica esto? ¿Qué significa esto para nosotras? Bueno, muchas cosas.

Significa que:

Debemos buscar Su consejo

Debemos preguntarle qué hacer cuando tenemos interrogantes

Debemos preguntarle cada vez que sintamos incertidumbre, cuando tenemos dilemas

Debemos preguntarle cuando tenemos problemas, cuando tenemos confusión

Debemos preguntarle cuando tenemos situaciones en nuestras vidas o en las vidas de nuestros seres queridos, con las que no sabemos cómo lidiar.

Pregúntale al Maravilloso Consejero. Busca Su consuelo. Ve a Su Palabra. Ahí es donde nos ha dado Su corazón, Su mente, Sus pensamientos. Ora y pregúntale al Maravilloso Consejero.

No busques solo Su consuelo, sino confía en Su consejo. A diferencia de los consejeros humanos, no importa cuán maravillosos o cuán santos sean, algunas veces se van a equivocar. Algunas veces, aunque no lo creas, tu marido se va a equivocar.

Y dirás, «eso yo lo sabía».

Pero el Maravilloso Consejero nunca se equivoca. Puedes confiar en Su consejo.

«Confía en el Señor con todo tu corazón, no cuentes con tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos y Él va a enderezarlos» (Prov. 3: 1-6, parafraseado).

Por lo que confía en Su consejo y luego, quizás esto que voy a decir no te parezca diferente a lo que acabo de decir, pero además de confiar en Su consejo, creo que es importante que confíes en el Consejero. Confía en Él. Su consejo es reflejo de Su carácter. Él es Maravilloso.

Cultiva una relación con Él y date cuenta de que en Cristo –y a través del Espíritu que mora en ti– siempre tienes a un Maravilloso Consejero contigo. No tienes que preocuparte porque sean las diez de la noche y no puedes llamar a tu consejero, o de que es muy temprano en la mañana para localizar a la amiga que te aconseja. Tenemos al Maravilloso Consejero las 24 horas del día, los 7 días de la semana viviendo dentro de nosotras. Confía en Él.

Busca Su consejo; confía en el Consejero

Confía en Su consejo; confía en el Consejero

Luego, muy importante, ¡llévate de Su consejo!

Sigue Su consejo. Eso significa rendirte. Eso significa obediencia. Esto significa hacer lo que Él dice –independientemente de si te gusta o no, independientemente de si la gente a nuestro alrededor está de acuerdo o no. Toma Su consejo. Nunca te vas a equivocar.

Por lo que ¿a dónde vas para consejería? ¿A quién escuchas? ¿A la gente? La gente piadosa puede ser una buena fuente de consejo y necesitamos solicitar y atender al consejo proveniente de personas que vivan así.

Pero dime ahora, ¿a quién acudes para que te aconseje? ¿Acudes a aquellos que son piadosos? ¿Buscas el consejo de fuentes piadosas o de fuentes mundanas y seculares?

Tú tienes que querer conocer la voluntad de Dios acerca de lo que debes hacer. Puede ser acerca de un trabajo que estés considerando, o un cambio de trabajo, una mudanza, a cuál universidad deberías ir, qué deberías estudiar. ¿Quieres conocer la voluntad de Dios? Pregúntale al Maravilloso Consejero.

¿Quieres saber cómo responderle a tu marido, que no está siendo un líder espiritual o que quizás no es ni siquiera un creyente? ¿Quieres saber cómo debes responderle en esos momentos difíciles de tu matrimonio? Pregúntale al Maravilloso Consejero.

¿Quieres saber cómo criar a tus hijos? ¿Quieres saber cómo suplir las necesidades de ese niño especial? Pregúntale al Maravilloso Consejero.

¿Quieres saber cómo lidiar con esa compañera de trabajo o esa tensa situación o la relación con los miembros de tu iglesia? Pregúntale al Maravilloso Consejero.

Él es una maravilla de Consejero, por lo que busca Su consejo; confía en Su consejo y toma Su consejo.

Annamarie: ¡Qué Maravilloso Consejero tenemos! Esto es de lo que Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado hablando. Él es la fuente de sabiduría más confiable a la que puedes acudir.

En el mundo en que vivimos hablamos de superpotencias y de personas con mucho poder, pero ninguna persona, arma o nación puede compararse con nuestro poderoso Dios. Mañana Nancy nos hablará más acerca de esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Gloria en las Alturas, Jonathan & Sarah Jerez, Gloria en las Alturas ℗ 2017 Jonathan & Sarah Jerez.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Acerca del orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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