Aviva Nuestros Corazones Podcast

El Padre Nuestro, día 21

Annamarie Sauter: ¿Dónde obtienes tu provisión? ¿Amazon? ¿Una tienda por departamentos? ¿El mercado? ¿Un ave te la trae?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Escucha, si Dios necesitara, Él enviaría cuervos . . .

Annamarie: . . . Así como lo hizo con el profeta Elías.

Nancy: Yo me pregunto a cuántas de nosotras Dios pudiera proveernos en maneras inusuales y extraordinarias para satisfacer nuestras necesidades si nosotras estuviéramos en el lugar donde Su Palabra dice que debemos estar, y estamos dispuestas a confiar y a esperar en Él cuando nosotras no podemos ver de dónde vendrá la respuesta.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Qué tendría que pasar para que nunca más te preocuparas por el dinero? La respuesta no es: tener más dinero. Nancy te ayudará a entender dónde encontrar verdadera paz financiera, como continuación de nuestra serie actual titulada, «El Padre Nuestro».

Nancy: Bueno, continuamos con nuestra meditación en esta petición del Padre Nuestro: «Danos hoy nuestro pan de cada dia». Y no es sorprendente que en nuestra cultura, nuestra sociedad, donde tenemos –en comparación con el resto del mundo– tanta abundancia, que las personas se encuentran estresadas acerca de cosas en el dia de hoy y que tengamos tantas personas endeudadas, desalentadas, frustradas, temerosas, ansiosas y preocupadas.

Es tan solo una evidencia de que tener más cosas no es necesariamente vivir mejor. Si no tenemos la perspectiva de Dios acerca de la riqueza y el sustento, podemos terminar empobrecidas en nuestras almas, aun hasta materialmente, si no nos manejamos a la manera de Dios.

Ahora, mientras continuamos pensando en la petición, «danos hoy nuestro pan de cada día», yo quiero reflexionar otra vez acerca de las actitudes que se encuentran implícitas en esta petición. Nosotras tocaremos un poco esto y luego quiero ampliarlo un poco, solo un poco, en la sesión de hoy.

Primero que nada, vemos implícita aquí la actitud de gratitud; gratitud por la provisión pasada. Esta petición del pan diario es un reconocimiento humilde, agradecido de la provisión fiel de Dios en el pasado. «Nada me falta pues todo provees».

«Señor, tú supliste las necesidades de ayer y del día antes de ayer y del día anterior a ese. Así que yo vengo hoy con un conocimiento fresco de que tú eres el que ha provisto en el pasado. Estoy agradecida por esto de tal manera que vengo humildemente a pedirte, si pudieras proveer otra vez para hoy.

Luego esta petición implica una actitud de contentamiento. Contentamiento con lo que sea que Dios provea para el día de hoy.

John MacArthur en su comentario de este pasaje dice que «aceptar la provisión del Señor para el día presente, sin preocuparnos por nuestras necesidades o nuestro bienestar del mañana, es un testimonio de nuestro contentamiento en la bondad y en la fidelidad de Dios».

Nosotras decimos, «yo estoy satisfecha con lo que Dios ha provisto para este dia. Es suficiente». Contentamiento es darnos cuenta de que Dios ya ha provisto para mí hoy, todo lo que yo necesito para mi paz y la felicidad presente. Yo no necesito nada más. Esa definición, dicho sea de paso, no es original mía. Es darme cuenta de que Dios me ha dado todo lo que necesito y que si hay algo que yo no tengo en este momento significa que en este momento yo no lo necesito.

Lo que está implícito en esta petición es la fe. Fe de que Dios va a proveer, no solo hoy, sino que mañana Él proveerá lo que se necesite para mañana. Así que porque estamos agradecidas, porque tenemos contentamiento, porque estamos creyendo en Dios, confiando en Dios, nosotras tenemos fe, no hay lugar para la preocupación, la ansiedad, el miedo.

No habrá lugar para tener ese impulso de proveer por nosotras mismas. Yo he podido ver algunas personas embarcarse en situaciones de trabajo nada saludables porque ellos no esperaron a que Dios les dirigiera o proveyera. «¡Yo tengo que hacer esto! yo tengo que hacerme cargo de esto».

Permíteme decirte que hay algunas madres que se han ido a la fuerza laboral por una falta de contentamiento y una falta de fe. Ahora yo no estoy diciendo que esto es así en todos los casos, pero me pregunto si es así en algunas familias. Nosotras asumimos hoy que ambos padres necesitan estar trabajando fuera de la casa. Yo no estoy diciendo que ese nunca sea el caso, pero pienso que es algo incorrecto que lo asumamos.

Si tú crees que Dios puede ser glorificado si tú te quedas en la casa cuidando a tus hijos, entonces ¿por qué no pedirle a Dios que provea de alguna manera para tu pan diario, para que esto sea posible? Yo he visto mujeres estresadas en sus pensamientos, estresar a sus hijos, vivir vidas estresadas, sus familias muchas veces confundidas, rotas y disfuncionales.

Nunca hay paz o quietud en esa familia porque todo el mundo está corriendo de aquí para allá para proveer y quizás no se detienen para decir, «Señor, danos nuestro pan diario». ¿Tú crees que Dios puede proveer para una familia con el ingreso del esposo? «Bueno, quizás Él pueda hacer esto para otros, pero yo tengo que ir a conseguir ese empleo». Yo te estoy diciendo, pídele al Señor. «Señor, ¿es esta la manera en la que tú quieres satisfacer nuestras necesidades o podría haber otra manera en la que tú quisieras satisfacer nuestras necesidades?».

Tener fe no deja lugar para que nosotras seamos impulsadas bajo la compulsión de obtener nuestro sustento a nuestra manera. Nosotras casi no sabemos nada de vivir de esta manera en este tiempo en que vivimos: un tiempo de almacenamiento y acaparamiento, de ahorros y de gastos excesivos, de créditos y de deudas.

¿Qué ha pasado con los días de, «Dios dame lo que necesito solo para hoy»?

Ahora, de nuevo, Dios puede darme más de lo que necesito, y eso está bien. Pero, ¿debemos tener más para poder estar contentas y sentirnos seguras y ser felices?

Pedir de esta manera, con humildad, con fe sencilla, nos libra de esta clase de esfuerzos ansiosos de los que Jesús nos habla en el pasaje que sigue inmediatamente al Padre Nuestro, en Mateo capítulo 6. De hecho, déjame pedirte que me acompañes a Mateo capítulo 6. Hemos estado viendo el Padre Nuestro en el versículo 9 y los que le siguen. Pero ve un poco más adelante al versículo 25, en ese capítulo, Mateo capítulo 6, versículo 25.

Nota cuántas veces la palabra preocupación o ansiedad aparece en este pasaje. Ahora, esto es justo después de que Jesús nos enseñó a orar, «danos hoy nuestro pan de cada día». Cuando nosotras oremos de esta manera, Él nos protegerá de esa clase de ansiedad que nos preocupa y nos inquieta, de la que Jesús nos habla comenzando en el versículo 25.

Jesús dijo, «no estén ansiosos». La Biblia de las Américas dice: «No se preocupen». Esta palabra ansiedad o preocupación, tiene que ver con tu mente siendo halada en muchas direcciones. Estás siendo fragmentada por tus miedos y preocupaciones acerca del futuro.

No se preocupen. Este es un mandato, por cierto. No se preocupen.

«Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa?Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial (a quien oramos) las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? ¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?

Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis? Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan;pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos. Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?» (Mat. 6:25-26; 28-30).

Mira, cuando oramos, «danos hoy nuestro pan de cada dia», nosotras estamos expresando fe. Versículo 31: «por tanto, no os preocupéis». Yo pienso que esto es algo en lo que Jesús se interesa. Recuerda todo el Sermón del Monte es acerca de la vida del reino, ¿cómo luce la vida en el reino de Dios? Si tenemos a Dios como nuestro Rey, Dios como nuestro Padre celestial, ¿cómo podemos estar ansiosas?

Hay algo que no está bien cuando los hijos de Dios están llenos de temor, de ansiedad, de inquietud y de preocupación. Yo he estado allí tantas veces. He vivido allí tantas veces y Jesús me dice, «no te preocupes». «No te preocupes, diciendo ¿qué comeremos, qué beberemos o qué vestiremos? O ¿dónde viviremos o conseguiremos esto o aquello? O ¿Qué haremos después de que nos retiremos? Preguntas básicas.

Versículo 32:«Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; (los gentiles son las personas que no conocen a Dios, son aquellos que no tienen un Padre celestial) vuestro Padre celestial sabe que necesitáis de todas estas cosas. Pero buscad primero el reino de Dios, (venga tu reino) y su justicia (se haga tu voluntad) y todas estas cosas (las cosas materiales y temporales que tu Padre sabe que necesitas te serán añadidas) os serán añadidas».

¡Qué manera de vivir! Los pájaros comunes, los gorriones ordinarios que decimos, ¿quién se daría cuenta de ellos? ¿A quién le importaría si uno de ellos cae al suelo? Pero cuando uno cae al suelo tu Padre celestial lo sabe. A Dios le importa.

Estos pájaros, estas flores, glorifican a Dios solamente siendo recipientes de la bondad de Dios y viviendo vidas sin estrés, así que cuando nosotras miramos a estos pájaros o esas flores silvestres, como Jesús nos instruyó a nosotras a hacer, cuando los consideramos como Jesús nos dijo, nosotras deberíamos decir, «Dios es bueno. Dios es fiel. Dios provee. A Dios le importa».

En este sentido los pájaros y las flores nos enseñan una lección. No nos preocupemos, no estemos ansiosas. Ese es su mensaje. Eso es lo que ellos nos dicen si tomamos el tiempo para mirarlos, si los escuchamos, si los consideramos. ¿Qué nos dicen a nosotras? Que la ansiedad es innecesaria, es inútil, y no es productiva. Este es su mensaje.

Luego yo pienso en mí y mi corazón me dice, «Señor, yo quiero ser capaz de que las personas miren mi vida y así como yo considero los pájaros y las flores, yo quiero que cuando las personas vean mi vida puedan ver el testimonio de la provisión de Dios y del cuidado de Dios y puedan ver que Dios llena mis necesidades sin esfuerzos y sin estrés».

Cuando las personas vean mi vida, cuando ellos vean cómo vivo, cuando vean cómo dirijo el ministerio de Aviva Nuestros Corazones, cuando ellos vean cómo funciono en todas las diferentes relaciones y responsabilidades que tengo, yo quiero que las personas que mejor me conozcan puedan sentirse retadas a confiar en mi Padre celestial para todas sus necesidades, sin ansiedad y sin cuidado.

 Recuerdas la historia en el primer libro de Reyes capítulo 17, que hubo un tiempo de sequía y de escasez en toda la tierra porque la nación había pecado. Elías era el profeta de Dios, el hombre de Dios. Él era un hombre de oración. Él era un hombre de fe, pero él había sido afectado por la sequía como todos los demás.

Nosotros leemos en 1 Reyes 17:2, que la Palabra de Dios vino a Elías en medio de la sequía, en medio de la hambruna. Y Dios le dice: «Sal de aquí y dirígete hacia el oriente, y escóndete junto al arroyo Querit, que está al oriente del Jordán. Y beberás del arroyo y he ordenado a los cuervos que te sustenten allí».

¡Hablando de un medio poco ortodoxo de provisión! ¿Ser alimentado por cuervos? ¿Qué otro pudo haber escrito esa Escritura fuera de Dios? Pero Dios dice en ese tiempo de sequía, en ese tiempo de necesidad, en ese tiempo donde todo el mundo estaba hambriento y sediento; no había agua, no había comida, y Dios le dice a su siervo, «yo tengo un lugar donde tú vas estar seguro, donde tú vas a ser provisto, donde tus necesidades van a ser satisfechas».

«Ve a ese arroyo». Él le dijo exactamente dónde estaba. La palabra de Dios vino y le mostró: «Y beberás del arroyo, y he ordenado a los cuervos que te sustenten allí. Él fue e hizo conforme a la palabra del Señor, pues fue y habitó junto al arroyo Querit, que está al oriente del Jordán. Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne al atardecer (danos hoy nuestro pan de cada día), y bebía del arroyo».

Ahora, algunas de ustedes deben estar pensando, «ese es el Antiguo Testamento. Dios no hace esas cosas hoy en día». ¿Sabes por qué Dios no hace más de esas cosas hoy en día? Porque Dios no tiene más Elías que oren y crean a Dios. Tú dices, «no hay manera de que yo me quede en casa y cuide a mis hijos. ¡Yo tengo que salir y conseguir un trabajo!».

Ahora, yo no estoy tratando de decir, de ninguna manera en esta sesión, que Dios quiere o no quiere que tú vayas a conseguir un trabajo, no es eso. Pero lo que estoy diciendo es que si la Palabra del Señor dirige tus valores y tus prioridades para tu vida y esas son que estés en tu casa con tus hijos, entonces Dios va a satisfacer tus necesidades en la medida en la que sigues su Palabra.

Tú dices, «pero ¿de dónde va venir? ¡El cheque de mi esposo no es suficiente para satisfacer nuestro préstamo hipotecario!». Bueno, Dios puede dirigirlos a vivir en un lugar diferente donde tu préstamo sea menor, o escucha, si es necesario, Él enviará cuervos para traer el pan y la carne. Cuando yo digo esto, algunas de ustedes pueden mirarme y decir, sí claro. Tú no crees eso, ¿verdad?

Nosotras estamos tan atrapadas en nuestro sofisticado siglo XXI, y en su manera de pensar acerca de la provisión, que yo me pregunto a cuántas de nosotras Dios pudiera proveer en maneras inusuales y extraordinarias para satisfacer nuestras necesidades si estuviéramos en el lugar donde su Palabra nos manda a estar y dispuestas a confiar y esperar en Él cuando nosotras no podemos ver de dónde vendrá la respuesta.

Si Dios no envía cuervos, quizás es porque tú no has orado. Tú no le has pedido a Él. Tú no has esperado o no has ido adonde Él te ha dirigido. Ahora, yo no quiero hacer de esto una norma o decir que esta es la manera ordinaria de Dios proveer a sus siervos, enviandoles cuervos en tiempos de necesidad, pero lo que estoy diciendo es que Dios puede enviar pájaros a alimentar a tu familia si Él necesitara hacerlo, o cualquier otra forma que Él elija usar.

Versículo 7, 1 Reyes 17: «Y sucedió que después de algún tiempo el arroyo se secó, porque no había caído lluvia en la tierra». ¿Qué vamos a hacer? Teníamos provisión y ahora se ha acabado. Después que se secó el arroyo, no antes. Luego en el versículo 8 dice: «Vino después a él la palabra del Señor, diciendo: Levántate, ve a Sarepta, que pertenece a Sidón, y quédate allí; he aquí, yo he mandado a una viuda de allí que te sustente».

Yo digo, ¿qué tan extraño es esto? No fondos fiduciarios, no ganarse la lotería, no herencia, no aumento de salario, ningún medio ordinario, ni métodos o cosas que nosotras hubiéramos puesto en el guión. Dios dice, primero es este arroyo. Son los cuervos. Ellos traen la comida. Cuando el arroyo se seca, Dios dice: «Yo te estoy mandando a una viuda».

¿Tú crees que Dios quiere que su siervo aprenda quién es el proveedor? ¿Tú piensas que Dios quiere que nosotras leamos este pasaje y que recordemos quién es nuestro proveedor? ¿Realmente crees que Dios puede suplir tus necesidades? Dios siempre proveyó para Elías, solo lo que él necesitaba cuando lo necesitaba.

Ahora, déjame hacerte esta pregunta aquí: ¿Quiere decir todo esto (no te preocupes; Dios conoce tus necesidades; Dios va a proveer; Él puede enviar cuervos; Él puede enviarte una viuda para proveerte) que si tu eres un hijo de Dios, nunca te va a faltar nada? ¿Dios ha fallado alguna vez en proveerles el pan de cada día a sus hijos que se lo han pedido?

El Salmo 37, versículo 25, habla acerca de: «Yo fui joven, y ya soy viejo, y no he visto al justo desamparado, ni a su descendencia mendigando pan». ¿Mendigará el justo pan? Asumiendo que una persona es verdaderamente un hijo de Dios, asumiendo que ellos oran, que ellos le piden a su Padre que satisfaga que supla sus necesidades, ellos están confiando a Él su provisión, ellos están contentos con ver suplidas sus necesidades básicas; ellos no están demandando provisión más allá de lo que ellos necesitan para vivir. ¿Es posible que ellos todavía pasen hambre?

Piensa, en la medida en la que tú respondas esta pregunta, acerca de algunos de nuestros hermanos y hermanas creyentes en Sudán y en esas partes del mundo donde hay hambruna. Piensa en algunos de nuestros hermanos y hermanas que están presos por su fe y están siendo sustentados con raciones diarias mínimas. ¿Cómo encaja eso en tu teología?

¿Cómo esto encaja en la teología que el apóstol Pablo nos muestra en 1 Corintios 4:11: «Hasta el momento presente pasamos hambre y sed». ¿Él no oraba? ¿Él no creía en Dios? ¿Le había fallado Dios a él?

¿Qué acerca de Jesús mismo, el hijo de Dios, cuando estaba colgando en la cruz y dijo, «tengo sed». ¿Y qué cuando Él experimentó hambre en el desierto después de haber estado ayunando y todavía rechazó el pan que Satanás le estaba ofreciendo. ¿Se había olvidado Dios de su hijo?

¿Qué acerca de Deuteronomio 8:3, donde dice: «Y te humilló, y te dejó tener hambre»? Dios llevó a sus hijos al desierto y los llevó a lugares donde ellos no tenían agua para beber. No tenían comida para comer. ¿Les falló Dios? ¿Fallaron sus promesas? ¿No funcionaron?

Bueno, se nos recuerda que Jesús dijo en Mateo 6:25: «¿No es la vida más que la comida y el cuerpo más que el vestido?» Ves, este es el cuerpo físico, poniendo las cosas en perspectiva, es temporal, se va desgastando. Este cuerpo físico demanda que le alimentemos y le vistamos y que se le provea vivienda. Dios ha hecho provisión para nuestras necesidades diarias. Pero yo creo que Dios quiere que nosotras recordemos que la supervivencia de nuestro cuerpo físico no es nuestra mayor prioridad o nuestra mayor necesidad.

Ahora, cuando nosotras tenemos hambre, y digo esto con mucho cuidado porque nunca he estado en una posición donde yo no tuviera nada qué comer, pero algunas sí lo han estado y algunas que están escuchando este programa pueden estar en este mismo momento en esa posición. Pero el asunto es que la vida es más que este cuerpo físico, porque nuestros cuerpos físicos son la morada donde habita el alma, el espíritu. Y esa es la parte de nosotras que va a vivir para siempre.

Así que nosotras podemos mejor dejar que nuestro cuerpo físico muera de hambre antes que dejar que nuestro espíritu esté sin alimento y cuidado. ¿Puedes ver lo que yo estoy diciéndote aquí? El cuerpo físico no va a durar para siempre de todas maneras. Va llegar un momento cuando este cuerpo, esta tienda, esta persona de afuera va a morir. Pero hay un ser interior que va a vivir para siempre. Mi alma, mi espíritu va a vivir para siempre.

¿Qué tal si yo me ocupo de mi cuerpo físico, lo alimento, lo visto, lo ubico pero mi alma está hambrienta? Ves, hay algo más fundamental, una necesidad que es más que la provisión física. Por eso es que Dios dice en Deuteronomio 8:3: «Y te humilló, y te dejó tener hambre y te alimentó con el maná…, para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor».

Tu sustento físico no es tan esencial como tu bienestar espiritual. Algunas veces la privación física puede hacernos más conscientes de nuestras necesidades espirituales, más intencionales acerca de nuestro crecimiento espiritual y de nuestra santificación.

Yo pienso mientras veo las Escrituras, que nosotras tenemos que decir que en Su inescrutable sabiduría y plan, Dios puede en algunos momentos, dejar que sus hijos tengan hambre, que tengan necesidades básicas insatisfechas en esta vida. Hay algunos ejemplos en las Escrituras. Nosotras acabamos de ver algunos de ellos. Pero nosotras necesitamos recordar que en el peor de los casos, ese dolor, y la privación, son temporales.

Bajo ninguna circunstancia, sin embargo, Dios va a permitir que el alma de sus hijos perezca. Como sus hijas nosotras podemos confiar en que si llegamos a estar en un lugar donde Él permite que físicamente nos veamos limitadas, Dios tiene un propósito eterno y bueno en mente que es mucho mayor que la angustia momentánea.

Es por esto que podemos decir, sabiendo que tenemos un Padre que conoce nuestras necesidades, que le importamos, que provee para nosotras, pero «Señor aún si me traes a un momento de mi vida en el que por alguna razón tú determinas retener la provisión física, yo todavía estaré agradecida. Yo todavía confiaré en ti, todavía estaré contenta y te obedeceré. Yo todavía te diré, Padre nuestro que estás en los cielos, tú eres bueno. ¡Santificado sea tu nombre!»

Annamarie: ¿Cuántas veces has escuchado la oración «El Padre Nuestro»? ¿Habías pensado en lo que esta nos enseña acerca del dinero? Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado ayudando a ver cómo esta oración afecta nuestras finanzas y posesiones. Este programa es parte de la serie, «El Padre Nuestro». Hemos estado estudiando esta oración a lo largo de las últimas semanas, escuchando también algunas conversaciones que nos ayudan a hacer de esto algo personal.

Para escuchar cualquiera de los programas anteriores, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Solo escribes, «El Padre Nuestro» en el buscador, y tienes acceso a la serie y todos los programas dentro de la misma.

Queremos aprovechar para agradecerle a cada una de ustedes que nos anima a continuar produciendo estos recursos en español. Una oyente nos escribió:

«Gracias.....hermanas de RD (esto es, República Dominicana) por este ministerio de traducción y difusión de los estudios de Nancy, no saben cuánto necesitaba escuchar estas palabras!!!. Que el Señor haga su obra en mi vida y en las que por gracia, les son abiertos sus oídos y su corazón al Señor todo Santo!!!!»

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Algunas personas son precavidas, tienen listo un repuesto para reponer algo tan pronto se les acabe. Conozco a alguien que cuando se le acaba la pasta de dientes, el jabón o cualquiera de estas cosas, no tiene ningún problema porque ya tiene otra a la mano. Bueno, el Antiguo Testamento nos cuenta la historia de una mujer que no tenía ese lujo. Ella sacaba harina del fondo de su jarra todos los días. Aún así, no se le acababa. Escucha la historia completa, mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: «... y ella, él y la casa de ella comieron por muchos días. La harina de la tinaja no se acabó ni se agotó el aceite de la vasija, conforme a la palabra que el Señor había hablado por medio de Elías.

Annamarie: Escucha esta historia completa, mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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