Aviva Nuestros Corazones Podcast

El Padre Nuestro, día 22

Annamarie Sauter: El profeta Elías visitó a una viuda durante una hambruna, y ella sacaba harina de su frasco cada día, y no se le acababa...

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Es esto fe o qué?

Dios prometió: «No se acabará la tinaja. No se acabará la harina. No se acabará el aceite hasta el día en que termine esta hambruna».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nos sentimos bien cuando tenemos suficiente comida en la despensa para casos de emergencia, y dinero en el banco para cualquier eventualidad. Acumular posesiones puede traerte cierta paz, pero no necesariamente hará crecer tu fe. Hablaremos más acerca de esto al Nancy continuar en la serie titulada, «El Padre Nuestro».

Nancy: Probablemente te has preguntado cómo hemos podido durar una semana entera hablando acerca de «danos hoy nuestro pan de cada día» (Mat. 6:11). Hemos logrado hacer exactamente eso. Pero en esta porción del Padre Nuestro, quiero continuar con algunos otros pensamientos que han estado en mi corazón mientras he estado meditando en esa petición del Padre Nuestro.

Al orar, «danos hoy nuestro pan de cada día», estamos siendo retadas a pedirle a Dios cada día por las cosas que necesitamos en ese día. Se nos recuerda que estar pidiendo constantemente nos mantiene constantemente dependientes.

Yo no oro hoy, «Señor, dame lo que necesito para el resto de mi vida», y luego no oro más. Y no oro solo hoy que estoy desesperada, «danos hoy nuestro pan de cada día», pero mañana cuando tengo abundancia no oro por esto. Estamos llamadas a pedir continuamente, «danos hoy nuestro pan de cada día», para que recordemos que somos dependientes de Dios un día a la vez.

Pan diario. Esa frase en el texto original significa: «pan para el día venidero». Así que si estás orando esto en la mañana, significa, «dame lo que necesito para este día». Si estás orando esta oración en la noche significa, «Señor, dame por favor lo que necesito para el próximo día».

Cuando los hijos de Israel estaban en el desierto, en el Antiguo Testamento, Dios proveyó el pan diario para Su pueblo. Recuerdas en Éxodo 16 cómo Dios los llevó a un lugar donde no tenían ninguna provisión.

Ellos no podían ver de dónde iba venir su próxima comida. Estamos hablando de cerca de entre dos y tres millones de judíos en el desierto. Moisés los estaba guiando. ¿De dónde iba a sacar provisión para ellos? Digo, ellos estaban claramente en una posición en que si Dios no les resolvía, ellos se morirían de hambre.

Así que Dios les dijo, «les enviaré maná». El maná era la receta especial de Dios, una invención de Dios. Nadie más lo hubiera podido hacer. Nadie más lo hubiera podido proveer. Era una comida específica que no sabemos exactamente lo que era, lo que Dios proveía cada día.

Los hijos de Israel lo recibían diario. Ellos tenían que recogerlo diariamente. Se podía contar con él. Nunca dejó de llegar por los cuarenta años que duraron en el desierto.

Ellos tenían que salir y lo tenían que recoger cada día. Bueno en realidad, ¿cuántos días a la semana? Seis días a la semana porque en el sexto día Dios les suplía comida para dos días para que no tuvieran que recogerla el día de reposo. Este es un recordatorio importante para aquellas de nosotras que podemos ser adictas al trabajo y pensamos que necesitamos trabajar siete días a la semana para suplir nuestras necesidades… un pequeño recordatorio de la importancia del día de Shabat.

Pero ellos lo recogían cada día, seis días a la semana. Tenían que recolectar lo que necesitarían para ellos y sus familias ese día. Ellos tenían que recogerlo, pero el pan venía del cielo. Nadie podía decir, «fue mi éxito en la recolección de este pan que está alimentando nuestra familia». Era la provisión de Dios y ellos lo sabían. El pan venía del cielo sin ningún esfuerzo ni mérito propio, solo porque Dios cuidaba de ellos.

Cuando oramos, «danos nuestro pan de cada día», nos enfocamos mayormente en lo que está relacionado con nuestras necesidades físicas. Creo que eso es a lo que Jesús primariamente se refiere. Pero creo también que es una petición para todo lo que necesitamos en ese día. La provisión de Dios no solo para nuestras necesidades físicas, sino también para nuestras necesidades espirituales, emocionales, mentales y nuestra necesidad relacional.

¿Todo lo que necesito este día, Señor, lo puedes proveer? Es una oración para sustento, fuerza, gracia y sabiduría. Dios nos manda estas cosas en porciones diarias, asignaciones diarias.

Algunas de ustedes quizás toman vitaminas. Yo sé que yo lo he hecho en algunos momentos. Tengo diferentes vitaminas que tomo. En algunos casos se requiere tomar una al día, dos o tres o cuantas sean necesarias según los diferentes tipos. A veces las pongo en paquetes pequeños para poder tener mi paquete para ese día. Esa es mi asignación de vitaminas para el día.

Dios provee Su fuerza, Su sabiduría, y Su gracia en asignaciones diarias, en porciones diarias. Dios no me da la fuerza, la gracia y la sabiduría hoy para el próximo mes. Él me lo da en porciones diarias, paquetes diarios, asignaciones diarias.

Yo no necesito gracia hoy para las pruebas que enfrentaré mañana. Yo no necesito la sabiduría hoy para los problemas que tendré el mes que viene. Yo no necesito fuerzas hoy para la programación del próximo mes. Yo no necesito dinero hoy para las facturas del año que viene. Por eso me siento animada a pedirle a Dios por lo que es suficiente para hoy, confiando en que cuando llegue mañana, Dios proveerá todo lo que necesito para ese día.

Mientras oramos «danos hoy el pan nuestro de cada día», creo que es importante recordar también que no solo estamos pidiendo para nuestras propias necesidades, que es en lo que nos hemos enfocado este estudio hasta ahora, sino que también estamos pidiendo por las necesidades de otros en nuestra familia. Recuerda que esta es una oración de familia.

No hay pronombres personales en esta oración. Nunca dice yo o mi. Siempre es nuestro o nosotros. No es «dame hoy mi pan de cada día», sino «danos hoy el pan nuestro de cada día». Esa implicación me muestra que mientras pedimos, debemos hacerlo de una manera desinteresada y con un espíritu compasivo que se preocupa por las necesidades de los demás. No solo pido por mis necesidades. Mientras oro, le pido a Dios que supla tus necesidades.

Le estoy pidiendo a Dios que supla las necesidades de los hermanos y hermanas de nuestra familia en la fe en otras partes del mundo que yo ni siquiera conozco y que no conoceré de este lado del cielo. Este es un deseo, que todos los hijos de Dios a través de todo el mundo tengan qué comer y que tengan sus necesidades físicas básicas satisfechas.

Amigas, no podemos quedarnos sentadas y llenar nuestros estómagos e ignorar que otros pasan hambre. Jesús siempre estaba preocupado por las multitudes hambrientas. Eran los discípulos que decían, «que se vayan». Jesús les dijo, «denles de comer». Y si Él tenía que hacer un milagro para lograrlo, Él lo hacía. Jesús siempre trabajó para suplir las necesidades de las personas que estuvieran en Su camino.

Ese es el corazón de Cristo. Y para nosotras tener el corazón de Cristo en Su reino y Su voluntad y Su reputación, debemos cuidar no solo nuestras propias necesidades sino también las necesidades de otros.

De nuevo, estoy diciendo muchas cosas en esta serie que no son áreas donde lo he logrado, pero Dios me ha estado hablando mientras he hecho este estudio. Encuentro que el Espíritu ha estado tocando mi corazón y diciéndome, «Nancy, ¿estás consciente y te preocupas por las necesidades de otros en tu iglesia, creyentes en países del tercer mundo, y países asolados por la guerra? ¿Estás tan preocupada por sus necesidades así como lo estás por las tuyas?» ¿Eres tan fiel en orar por las necesidades de otros como lo eres por las tuyas?

Aún diciendo esto, estoy pensando en cómo oramos en nuestro ministerio para que Dios provea para la necesidades de Aviva Nuestros Corazones. Pero estoy sentada aquí pensando, «¿cuándo fue la última vez que oré para que Dios provea para las necesidades del ministerio de Kay Arthur o de Joni Tada o el ministerio de Chuck Swindoll o el ministerio de alguna otra persona en el cual no tengo nada que ver? ¿Estoy tan preocupada con que Dios supla sus necesidades así como quiero que supla las nuestras?

¿Deberías ampliar el alcance de tus oraciones para incluir más de la familia de Dios? Dios, danos hoy el pan nuestro de cada día. Es un espíritu compasivo, desinteresado, un espíritu que incluye a otros.

 Esto implica un espíritu generoso. ¿Estás dispuesta a que Dios te use para ayudar a las necesidades básicas de otros? Cuando estamos conscientes de la necesidad que otros en el cuerpo de Cristo tienen, una necesidad de albergue o comida o ropa, ¿no sería hipócrita orar, «danos hoy el pan nuestro de cada día», si tenemos más que suficiente pero no estamos dispuestas a compartir lo que tenemos con alguien que no tenga tanto, o con alguien que tenga una necesidad?

¿Cómo podemos pararnos en la iglesia, hombro a hombro con personas que tienen necesidades financieras, materiales, físicas extremas, teniendo más de lo que necesitamos, agarrarnos las manos y decir juntos «danos hoy el pan nuestro de cada día»? Y estamos diciendo, «gracias Señor, por el pan nuestro de cada día que Tú me has dado, pan diario suficiente para hoy y suficiente en mi nevera para los próximos seis meses», pero hay personas sentadas en algunas filas detrás de mí o en el otro lado del pasillo que no tienen suficiente para alimentar a sus cinco hijos el resto de la semana.

¿Cómo puede esto no importarme? ¿No es esto una llamada a ser generosa? Una de las cosas en las que mis padres fueron muy buenos, y yo traté de aprender a lo largo de los años, es a estar alerta y sensible a las oportunidades de compartir de lo que Dios me ha dado con otros, estar alerta a las necesidades.

Estaba parada hablando con una familia luego del servicio hace varias semanas y me percaté que había algunas necesidades materiales en esta familia. Ellos no hablaban de sus necesidades. Ellos no me estaban pidiendo nada. Pero a través de la conversación mi antena se subió y me di cuenta de que «aquí hay necesidades».

Bueno, alguien me acababa de dar dinero recientemente, por ninguna razón explicable. Yo estaba llevándolo en mi cartera esperando que el Señor me mostrara lo que Él quería que yo hiciera con este dinero, y sabiendo que no estaba destinado para mí y que era algo que Dios quería que compartiera. Lo tuve por semanas esperando que Dios me mostrara. Luego de hablar con la familia, fue tan claro para mí, «ahí es donde tiene que ir. Dios proveyó esta abundancia para ti, más de lo que necesitas, para que seas un canal para ministrarle a esta familia en su momento de necesidad».

Lo más probable es que el tiempo venga cuando esa familia tenga más de lo que necesita para ese día y Dios quiera usarlos como un medio de bendición para otras personas. Así que al ser generosas en suplir las necesidades de otros, aun cuando tenemos necesidades propias, Dios es fiel para proveer para nuestras necesidades diarias.

Hablamos en la última sesión acerca del profeta Elías y cómo vino la hambruna y la sequía, y Dios proveyó para su siervo. Él lo mandó a un arroyo. Y ordenó a los cuervos que lo sustentaran allí. Y Dios lo mandó a la casa de una viuda. Quiero retomar la historia esta vez desde la perspectiva de la viuda en 1 Reyes 17: 8-12:

«…la palabra del SEÑOR que vino a Elías diciendo: Levántate, ve a Sarepta. . . . he aquí, yo he mandado a una viuda de allí que te sustente. Él se levantó y fue a Sarepta. Cuando llegó a la entrada de la ciudad, he aquí, allí estaba una viuda recogiendo leña, y la llamó y le dijo: Te ruego que me consigas un poco de agua en un vaso para que yo beba. Cuando ella iba a conseguirla, la llamó y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Pero ella respondió: Vive el Señor tu Dios, que no tengo pan, solo tengo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la vasija y estoy recogiendo unos trozos de leña para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo…»

Su proveedor se había ido, su proveedor terrenal humano. Su esposo ya no estaba. Esta mujer era viuda.

«Solo tengo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la vasija y estoy recogiendo unos trozos de leña para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que comamos y muramos». Es todo lo que nos queda.

Desde una perspectiva humana, era su última cena.

Elías entonces dice en el versículo 13,

«No temas; ve, haz como has dicho, pero primero hazme una pequeña torta de eso y tráemela; después harás para ti y para tu hijo».

¿Puedes imaginarte estando en la posición de esta mujer? Esto es todo lo que te queda. Has sido despojada de tu esposo, tu proveedor humano. Tienes un hijo. No sabemos qué edad tenía. No sabemos cuánto comía. Pero sí sabemos que solo le quedaba una provisión mínima.

Ella no podía imaginar que más allá de eso, existiría alguna otra provisión. Ella aparentemente no tiene manera de adquirir una provisión adicional. Y aquí viene este profeta y le dice, «hazme pan». Y ella le dice, «esto es todo lo que tenemos, después de esto, nos vamos a morir». Y el profeta persiste, digo, ¿puedes imaginarte esto?

Elías tenía que saber que Dios lo estaba dirigiendo en este camino, porque sino cuán audaz tenía que ser decirle, «bueno, ¿antes de que hagas ese pan para ti y para tu hijo y se mueran, podrías hacerme a mi primero?» Sonaría muy egoísta. Pero Elías estaba siendo dirigido por el Espíritu de Dios para darle, no solo a la viuda una lección acerca de la providencia y la provisión de Dios, sino para darnos a nosotras que estamos leyendo este texto, una gran lección en cuanto al cuidado de nuestro Padre celestial.

Elías dijo,

«Primero hazme una pequeña torta de eso. Tráemela y después harás para ti y para tu hijo». (Pero esto no fue un desafío vacío, hueco. Estaba la promesa de Dios detrás de la petición. Porque Elías continúa diciéndole a la viuda),

«Porque así dice el Señor, Dios de Israel». (Hay alguien más aquí. Tu esposo puede haber muerto; yo puedo ser un profeta sumido en la pobreza, pero Dios está vivo y Él no está despojado. Él no está sin un centavo. Él no está sumido en la pobreza. Él todavía tiene mucho que proveer).

«Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “No se acabará la harina en la tinaja ni se agotará el aceite en la vasija, hasta el día en que el Señor mande lluvia sobre la faz de la tierra”».

¿Cuánto tiempo duró esta hambruna? ¿Te acuerdas? Tres años. No sabemos cuánto tiempo había recorrido hasta este punto. Pero esto podía ser un período extendido de tiempo.

Movida por la petición del profeta y la promesa de Dios, versículo 15: «Entonces ella fue e hizo conforme a la palabra de Elías». ¿Es eso fe o qué? Dios prometió,

«No se acabará la harina en la tinaja ni se agotará el aceite en la vasija, hasta el día en que el Señor mande lluvia sobre la faz de la tierra. Entonces ella fue e hizo conforme a las palabras de Elías, y ella, él y la casa de ella comieron por muchos días. La harina de la tinaja no se acabó ni se agotó el aceite de la vasija, conforme a la palabra que el Señor había hablado por medio de Elías».

Así que aquí está esta viuda, esta madre, esta madre soltera. Tenemos oyentes que son madres solteras escuchando nuestro programa y se pueden preguntar, «¿De dónde va a venir nuestra provisión?» Déjame decirte, el mismo Dios de Jacob que proveyó para las necesidades de esa madre soltera todavía está sentado en Su trono y Sus recursos no se han agotado en lo más mínimo desde entonces hasta ahora. Dios no solo tiene la intención de proveer el pan de cada día, sino que también quiere usarte a ti como un canal de generosidad y de bendición para suplir las necesidades de otros.

¿Tú sabes qué? Eso no tiene sentido. No puedes entender cómo esta mujer podía tener una tinaja de harina y una vasija de aceite que les duró para ella y su hijo y el profeta por todo el tiempo de la sequía. Ella tenía necesidades diarias. Ella tenía que alimentarse ella y su hijo y ahora el profeta, pero ella dio de lo poco que tenia aun sin saber de dónde vendría su próxima comida.

Pero Dios tenía su provisión diaria para sus necesidades, y nunca le faltó durante todo el tiempo que duró la sequía.

Vuelvo a Charles Spurgeon. Escucha lo que él tuvo que decir acerca de este pasaje. Él dijo,

Tú tienes necesidades diarias y porque ellas vienen frecuentemente tú temes que el barril de comida algún día se termine y la botija de aceite te falte. Descansa segura que de acuerdo con la Palabra de Dios este no será el caso. Cada día, aunque trae sus problemas, traerá su ayuda.

Y aunque debas vivir para superar en número a los años de Matusalén, y aunque tus necesidades sean tantas como la arena de la orilla del mar, la misericordia y la gracia de Dios durarán por todo el tiempo que tengas necesidad y nunca conocerás una verdadera carencia. Es mejor tener a Dios como tu guardián que el Banco de Inglaterra como tu posesión. Puedes gastar las riquezas de las Indias pero las infinitas riquezas de Dios nunca se agotarán.

¿Estamos dispuestas a que Dios nos provea justo lo que necesitamos hoy? ¿Orar esto sinceramente y creer que nuestras necesidades serán satisfechas? Yo sé que les estoy hablando a algunas mujeres solteras que pueden estar preguntándose, «más adelante en la vida, ¿quién proveerá para mi?». Madres solteras, viudas, personas con ingresos de jubilación limitados diciendo, «no sé cómo voy a hacer para satisfacer las necesidades». El Señor, el Dios de Jacob es tu Dios. Él proveyó en ese entonces; Él puede y proveerá para Sus hijos hoy mientras le pidan a Él.

Así que requiere que vivamos la vida un día a la vez. No es malo planificar, ahorrar, invertir. Lo que está mal es confiar en esas cosas, depender de ellas o demandarlas de Dios. ¿Y si Él solo quiere proveer hoy lo que necesito hoy, y mañana lo que necesito mañana?

Yo no creo que en la tinaja hubiera más que un puño de harina. Yo no creo que hubiera en la vasija más que un poco de aceite. Pero duró y duró y duró y duró, y cada día Dios lo reponía.

¿Le crees a Dios? ¿Crees que Dios suplirá tus necesidades hoy y mañana, cuando tengas una necesidad Dios la va a suplir? Al ver a Dios proveer nuestro pan de cada día, somos recordadas que Dios ha prometido proveer para todas nuestras necesidades, no solo las necesidades físicas, sino todas ellas. Él lo hará.

Y nos recuerda que al participar de la comida física para fortalecer y sostener nuestros cuerpos físicos, y al comer el desayuno, el almuerzo, la cena, la merienda, somos recordadas de que nuestras almas están sostenidas por el Pan de Vida. ¿Quién es el Pan de Vida? Jesús. La Palabra Viva, y por la Palabra de Dios escrita. Sabemos que:

«No solo de pan vivirá el hombre» (Mat. 4:4). Esta petición nos recuerda que necesitamos más que pan para sobrevivir. Necesitamos comer a diario, comida física para sostener nuestro cuerpo físico. Pero aún más, necesitamos diariamente recurrir a Cristo para que alimente nuestras almas por la fe.

Así que mientras oramos, «Señor, danos hoy el pan nuestro de cada día», estamos orando que Dios satisfaga y provea para nuestras necesidades físicas. ¿Pero no estamos orando también, «Señor, alimenta mi alma en este día? Aliméntame con Cristo quien es el Pan que descendió del cielo».

Al tomar a Cristo por la fe, al entrar Su Palabra en nuestro sistema, mientras comemos de Él y bebemos de Él, y lo tomamos como parte diaria de nuestra vida, Su vida es impartida en nosotras. Comemos esa comida física; y nos fortalece. Comemos comida espiritual; participamos de Cristo por la fe, y nuestras almas son fortalecidas.

Así que esta es una súplica a Dios para que alimente diariamente nuestras almas a través de Cristo mismo y recordemos que comer de Él es tan importante, y hasta más, que nuestra necesidad más básica en la vida.

¿Y sabes lo que sucede? Al formar parte de Cristo, al comer y Él ser nuestro banquete en nuestro espíritu y alma, lo que sucede es que no solo somos fortalecidas por Cristo para que podamos crecer espiritualmente íntegras, saludables y crecidas completamente, pero Él nos alimenta para que podamos ser una fuente de nutrición espiritual y vida y alimento para otros.

Así que Dios provee para nosotras físicamente, para las necesidades de este día, para que podamos ser generosas y dar para suplir las necesidades de otros. Pero Él nos provee a nosotras espiritualmente para que nuestras almas puedan ser enriquecidas, satisfechas, alimentadas y así poder ser una fuente de bendición y de nutrición para otros. Todo eso y mucho más está envuelto en esta petición, «danos hoy nuestro pan de cada día».

Annamarie: En medio de una semana llena de ocupaciones, cuando pienso en ir al mercado, las necesidades y las facturas… Necesito escuchar enseñanza como esta, de la Palabra de Dios. Nancy DeMoss de Wolgemuth regresará para orar con nosotras.

El programa de hoy es el número 22 en la serie, «El Padre Nuestro». Para escuchar o leer cualquier programa que te hayas perdido, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Y cuando nos visites asegúrate de echarle un vistazo a nuestra sección de blogs. Allí publicamos artículos que te serán de edificación; tenemos publicaciones para líderes de ministerio, mujeres en general, y para jóvenes.

Antes de orar con Nancy, recuerda que se avecina la conferencia True Woman ‘18. Sé parte de este evento, sin importar el lugar del mundo en el que te encuentres, a través de la transmisión en vivo. Para más información visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

Mañana reflexionaremos en lo que significa confiar en Dios para nuestro pan diario; especialmente cuando una familia crece de dos a tres a cuatro,¡hasta diez! Escucharemos de una mujer que lo ha visto suceder.

Ahora, aquí está Nancy para orar con nosotras.

Nancy: Padre, inclinamos nuestros corazones ante Ti y te damos gracias por Cristo, quien es el Pan del cielo. Que Él sea nuestro banquete. Somos recordadas de que las necesidades de nuestros corazones, almas y espíritu son mucho más importantes que las necesidades de nuestros cuerpos. Gracias a Ti por proveer para ambas.

Y como hemos orado algunas veces que esta comida nutra nuestros cuerpos y nuestros cuerpos para Tu servicio, oramos que Tú envíes a Cristo para nutrir nuestras almas y luego uses nuestras almas como un medio para dar vida y alimento a otros, por Cristo en cuyo nombre te lo pedimos, amén.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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